5 de noviembre de 2017

FILOSOFÍA ANTIGUA. Comentarios y anotaciones a la "Carta a Meneceo" de Epicuro (2011)

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PRÓLOGO

Epicuro vivió, y sigue viviendo aún, desconocido de los que se llamaron y se siguen llamando epicúreos, y sin reputación entre los filósofos. El mismo olvidó su propio nombre: ésta fue la carga más pesada que se quitó de encima.

NIETZSCHE, El caminante y su sombra


La biografía de Epicuro se desarrolla en torno al llamado Jardín, centro espacial y espiritual de la ciencia epicúrea.
            Autor prolífico si los hubo, su producción se encuentra entre las más copiosas de la época[1]. Al parecer, su obra capital fue un libro[2] titulado Sobre la naturaleza, pero al no conservarse apenas nada del mismo[3], es preciso aproximarse a su pensamiento a través de otros trabajos mucho más modestos. Sea como fuere, el paso del tiempo apenas ha dejado un ínfimo muestrario de sus escritos, a saber:
                        - Carta a Heródoto
                        - Carta a Pítocles
                        - Carta a Meneceo
                        - Máximas Capitales
                        - Sentencias Vaticanas
            Las cartas y las Máximas se conservan en su integridad, mientras que de las Sentencias sólo quedan restos. Las obras más relevantes son las tres primeras cartas, cada una de ellas dedicadas a cuestiones varias. Junto a estás cinco referencias, pueden consignarse tres series de fragmentos:
                        - Fragmentos de obras varias[4]                       
                        - Fragmentos de cartas
                        - Otros fragmentos de procedencia desconocida
            Temáticamente, el trabajo de Epicuro[5] se divide en tres grandes disciplinas:
                        - Lógica (y Teoría del conocimiento)
                        - Física
                        - Filosofía moral
            Supeditadas a la filosofía moral, cada una de estas disciplinas presenta una serie de particularidades: la lógica, en tanto ciencia deductiva, y la física, van a suponer una manera de vehicular las cuitas de lo moral, a la que Epicuro se aferra vivamente.

COMENTARIOS
A LA CARTA A MENECEO

En efecto, la Carta a Meneceo compendia los asuntos morales de Epicuro, su discurso de la ética: por una parte, es un escrito didáctico destinado a sacar de la oscuridad al interfecto; por el otro, una justificación de sus principios lógico-físicos, asentados en su ética en virtud de un paralelismo que los aproxima a la naturaleza de la libertad humana, eje cardinal de su problemática moral. Así y todo, el sujeto está sometido al devenir del mundo, a un cierto sometimiento que determina sus posibilidades: Epicuro, por tanto, cuestiona el principio de causalidad, que desdeña por su determinismo.
            La esencia de la ética de Epicuro reside en el principio de la libertad, que es la capacidad de superar el determinismo al que parecen estar sometidos los vivientes. Libertad implica también tener responsabilidades, cargar necesariamente con unos principios que trascienden la propia vaciedad de responsabilidades, tal y como sucede en el mundo de los animales inferiores, carentes de responsabilidades. Ser libre significa poder elegir, afirmar nuestra humanidad por medio del discernimiento de lo más oportuno, algo íntimamente relacionado a las cuitas morales que se fraguan en el cerebro pensante y se realizan en el plano ontológico de los entes, allí donde el ser puede realizarse, ser libre.
            La carta es uniforme filosóficamente: todas sus partes ofrecen aspectos que reiteran y afirman los planteamientos del autor: es decir, debería ser estudiada en su totalidad. Empero, de los cinco bloques seleccionados (132, 133, 134 y 135), el primero no hace sino reforzar la prudencia como mayor bien, cotizando por encima de la filosofía: “Por ello la prudencia es incluso más apreciable que la filosofía; de ella nacen todas las demás virtudes, porque enseña que no es posible vivir feliz sin vivir sensata, honesta y justamente, ni vivir sensata, honesta y justamente sin vivir feliz”. El objetivo final es la virtud, dado que ella nos conducirá de lleno a la felicidad en el vivir. Esta afirmación tiene consecuencias de amplia magnitud, no tanto por su significación intrínseca, como por su ruptura con una tradición sólidamente arraigada en la filosofía griega, y que el Estagirita lleva a su última expresión: Epicuro aboga por las ciencias prácticas, subordinando a éstas las teoréticas. Convencionalmente, esta opción ha sido considerada por la filosofía académica como un paso atrás con respecto al gran sistema aristotélico: lo sea o no, ello no invalida el esfuerzo de Epicuro como precedente de los filósofos terapéuticos postreros.
            La clara oposición a las maneras vitales de Epicuro y su secuela/escuela el epicureismo, por el contrario, deben buscarse en el antitético estoicismo: el bloque 133 invita a la reflexión de estas variantes, enumerando los aspectos más deseables para con el buen vivir, y que van desde tener opiniones piadosas de los dioses a la omisión del pensar en el destino, que coarta y constriñe al viviente convirtiéndolo en una suerte de depósito de dolores: “Porque ¿a quien estimas mejor que a aquel que sobre los dioses tiene opiniones piados y ante la muerte es del todo impávido, que tiene en cuenta el fin de la naturaleza y ha captado que el límite de los bienes es fácil de colmar y de obtener y que el límite de los males tiene corta duración o produce ligero pesas; que se burla del destino por algunos considerado como señor supremo de todo diciendo que algunas cosas suceden por necesidad, otras por azar y que otras dependen de nosotros[6]…”; se trata, pues, de tener opiniones piadosas sobre los dioses -lo que significa que epicureismo no era sinónimo de ateísmo- así como desvincularse de los terrores psicológicos que la muerte nos trae a las mientes, pues el instante mortal, entre la vida y la muerte, suele inclinar la segunda sobre la primera, y ya se sabe que la muerte misma es ausencia de aquello que bien pudiéramos llamar sensibilidad, percepción y/o enraizamiento a la carnal miseria de los seres terrenos, del fin de todo lo que fue, es y será: asumir el efímero cotidiano cual parte constituyente de la materia mudable.
            Ante los terrores de la muerte, por ende, surge una cierta consolación de lo que se tiene y a lo que se aspira: todo es fácil de colmar, y la duración de los males tiende a ser corta, por tanto soportable, y cuanto más insoportable, más corta todavía. En el ínterin quedará la abolición de todo determinismo; se afirma cual constante recurrente/negación de los sufridos principios estoicos.
            Abolido el azar y sus influjos sobre el sujeto epicúreo, que tilda al sujeto estoico de irresponsabilidad al defender tales presupuestos, en tanto implicará una necesidad superior, lo cual es inconcebible, ya que si así fuera, nuestra actuación estaría privada de cualquier posibilidad de dirección personal, anulándose cualesquiera opción vital, desde el sentido de la elección a los planteamientos morales: el hombre descendería al estrato de los demás animales, sometido al determinismo causal de la naturaleza. Esta problemática vehicula el bloque siguiente, el 134, que exacerba la crítica del previo, pero centrando su ataque no tanto en el determinismo estoico como en los panegiristas del mismo, ávidos sin duda de una explicación más acorde a la insignificancia de los seres, su imposible posibilidad de modificación: “Un hombre tal, que no cree que el azar…”: Epicuro se aferra al discurso de la inmanencia antes que al puro determinismo pasajero, prefiriendo las creencias del vulgo en torno a los dioses y sus mitos -que implican ellas mismas una suerte de anulación por efecto del aplacar-, por una parte, que al pensamiento estoico en su vertiente científica, de puro cerrado impasible al temor humano.
            Parejas ideas dominan el bloque 135: “estima mejor ser desafortunado con sensatez que afortunado con sensatez; pero a su vez es preferible que en nuestras acciones el buen juicio sea coronado por la fortuna”. Esta idea, por el contrario y en la primera frase, aproxima el pensamiento epicúreo al pensamiento estoico basado en la resignación, si bien es difícil emitir la razón de ello: en algunas ocasiones, sendas vertientes se solapan. La segunda frase ya es propia de Epicuro, e impensable en un Epicteto, ya que toma las acciones como motores, principios propios del juicio, de la suerte en el acontecer de la empresa individual.
            Cierra la exposición con una recapitulación redundante, donde el carácter terapéutico de la misiva cristaliza en su doble función didáctica y apologética: “Así pues, estas cosas y las que a ellas son afines medítalas día y noche contigo mismo y con alguien semejante a ti y nunca, ni despierto ni en sueños, sufrirás turbación, sino que vivirás como un dios entre los hombres. Pues en nada se asemeja a un ser mortal un hombre que vive entre bienes inmortales”.

[] ANOTACIONES MARGINALES[7]
A LA CARTA A MENECEO

Bloques 132-135: Tener en cuenta que la carta da respuestas a la filosofía moral que desarrolla Epicuro. En ella, amén de las características dominantes en torno a la vida, es preciso (entre)leerla como respuesta contra la ortodoxia de la otra gran escuela, el estoicismo.

Bloque 132: se vislumbra el principio rector de la ortodoxia epicúrea, que es la moral. Destaca Epicuro una virtud que, por ser tal en cuanto a la moral, es esencial: la prudencia. Encontramos un giro radical con respecto a las escuelas predecesoras de la época clásica, principalmente la aristotélica, para la que no era la virtud moral la que primaba, sino la sabiduría, virtud asociada a las ciencias teoréticas que priorizaba en el Liceo.

Por consiguiente: la Sofía como excelencia del conocimiento físico, pues, da paso en el epicureismo a la Phronesis como excelencia del conocimiento moral.

Descubrimos una nueva sensibilidad en Epicuro; fundamentos:
            - Sócrates como referente de la tesis.
            - Vida feliz = vida virtuosa; unanimidad de tesis.

Bloque 133: la muerte, noción central en Epicuro. La muerte es fuente y fundamento del temor y de la infelicidad por antonomasia en los hombres. El modo de vida de Epicuro se plantea como respuestas a los temores que cesarían con la muerte.
            Así y todo, el bloque 133 apunta unos rasgos del modo de vida. Varias son las tesis:
- Primera: Tener opiniones piadosas sobre los dioses (por lo tanto no son ateos [los epicúreos] como se creía, porque para éstos [los dioses] no se preocupaban de los humanos.
- Segunda: Ante la muerte es del todo impávido, dice/aconseja: no tener miedo a la muerte (la física se perfila aquí).
- Tercera: Cuando dice que tiene en cuenta el fin de la naturaleza, lo que dice es cómo una forma de asumir nuestra naturaleza mudable, natural, etc., puede llevarse a cabo.
- Cuarta: El límite de los bienes, fáciles de colmar, dice, pues, en tanto que límite.
- Quinta: El límite de los males, de corta duración, ligero pesar: son soportables.
- Sexta: niega la existencia del destino, del determinismo, etc. Cuando habla de que algunos consideran al destino como señor supremo, se refiere a los estoicos, que pusieron en el centro de su filosofía éste.

Epicuro: posición indeterminista.
            La de Epicuro fue la primera teoría física que defiende la indeterminación: la libertad de los humanos es el asunto central.
            En Epicuro la subordinación de la física a la filosofía moral equivale a poner a la libertad del ser humano por encima de todo.
            La subordinación de la física a la filosofía moral parte del principio de libertad del ser humano. Si el ser humano es libre, el cosmos debe comportarse libremente.

Ser humano / ser libre = materia libre = átomos en movimiento no predeterminado*

*Epicuro tomó de:
Demócrito (la materia) + Aristóteles (elementos de física)

El humano es un ser atómico, por lo tanto la libertad queda dentro de su naturaleza.

Nota bene: Hasta el siglo XX no se han retomado estas posturas físicas indeterministas. Siglo XX: La ley natural necesaria se suprime por leyes estadísticas.

Cuando actuamos constreñidos por la necesidad no podemos postular la necesidad.
Lo que está en nuestras manos no tiene dueño, por lo cual le acompaña la censura o la alabanza.

Bloque 134: el destino del que hablan los físicos en la ley natural de los científicos estoicos; Universalidad o principio de causalidad (estoicos): todo ocurre por una causa anterior, aquí el destino de los físicos.

Bloque 135: (coda)

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NOTAS


[1] Diógenes Laercio le atribuye la autoría de unos 300 libros (léase rollos).
[2] Realmente 37 libros, lo que da muestra del saber enciclopédico que los antiguos griegos habían llegado a acumular.
[3] Sólo se han podido reconocer de este magno empeño unos minúsculos fragmentos correspondientes a los libros I y XI.
[4] Entre ellas: Sobre el fin de las cosas, Contra Teofrasto, Compendio Pequeño, etc.
[5] Aspecto abarcable al común de sus coetáneos: el pensamiento filosófico de época helenística presenta una división canónica.
[6] Clara alusión a Epicteto, el estoico esclavo, autor del Enquiridión, compendio de cincuenta y dos enseñanzas donde queda resumido el estoicismo en todos sus matices y variaciones posibles.
[7] Tomadas a vuelapluma como introducción a los comentarios. Más que un recalentamiento de lo previamente escrito, supone la idea desnuda sobre la que hemos dispuesto los comentarios. Su pertinencia resulta, por ende, necesaria, al completar/complementar lo ya apuntado.


14 de junio de 2011

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