2 de septiembre de 2017

RESEÑA. "La mujer fácil" (1909), de Alberto Insúa






La mujer fácil fue la comentada novela que aireó el nombre de Alberto Insúa entre el público patrio de comienzos de siglo, un público tan adicto a las baratijas y los secretos de alcoba como el de nuestros días, aunque más exigente en cuanto a las calidades del producto que se le servía en bandeja (de bronce, que no de caucho sintético). El propio autor, altisonante, nos advierte en el preclaro prólogo de su obra, como viniendo a decir que, con tal título... ya quedan todos avisados. Habla el primer Insúa, literato joven, de escasos veinticinco años, ambicioso y con el talento suficiente como para poner en pie una estructura con cierta prestancia. Las influencias de Insúa en este trabajo, por lo demás, resultan reconocibles: el naturalismo galo, nuestro Felipe Trigo, ciertas reminiscencias de la bohemia española, una sarta de lugares típicos y tópicos entre los bon vivant de otrora. Pero todo este artefacto literario, todo este trajín de idas y venidas, de adulterios y concupiscencias, toda esta estructura, decimos, adolece de grandes defectos: el mayor de ellos, el más acusado, no es otro que la galería "cartón piedra" de personajes inconsistentes, tanto el protagonista -un lúbrico impasible, aunque con su honor a cuestas- como la mujer "fácil" del título, que no es una, sino media docena de señoritas y señoras de muy buen ver, tipos femeninos más o menos desarrollados, más o menos bosquejados (desde la ingenua hasta la ninfómana, pasando por la reprimida), pero sin alma. ¿Merece la pena detenerse en el argumento, predecible y trivial? La prosa es correcta, sí, harto cuidada, incluso. Los diálogos, algo retóricos unos, bien fáciles otros, pecan de escasa naturalidad (caso de no sumirse en la parodia propia del sainete, como ocurre con el primo andaluz del protagonista, un calavera bastante bien dibujado; ¿una influencia del juguete cómico acaso?). El liberalismo del protagonista, sus constantes ataques a los beneméritos valores tradicionales -cuya legítima esposa encarna-, terminan por hacer flaco favor al curso del relato: narración de los éxitos y fracasos amatorios de un hedonista de manual, quien en su presunta ilustración de dichos contra-valores, deviene insufrible caricatura de una moral tan inconsecuente como coyuntural. Un final cobarde, sin apenas castigo aparente sobre el aburguesado aprendiz de don Juan -y por ende privado de la moraleja de rigor-, sume la novela en el callejón sin salida de los esteticismos inanes. Así y todo, La mujer fácil, "novela erótica", no está mal, se lee con agrado y es interesante hasta el punto final, ratificando a Insúa como un estimable novelista de segunda fila; lo que, bien mirado, no es poco.  

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