19 de febrero de 2016

CINÉMA BIS. Lucio Fulci (1927-1996)

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Realizador italiano, destacado exponente del cinema fantaterrorífico europeo durante la década de 1980. Cursa estudios de medicina, mas su interés por el cine le conduce a éste desempeñando cometidos como asistente de dirección. 

Debuta como director en 1959 con la comedia Contrabando en Nápoles, primera entrega de una veintena de títulos en este género, en el que se desenvuelve como eficiente artesano: dinámicas y funcionales, aunque mediocres, estas piezas distarán mucho de alcanzar la brillantez de las de su maestro Steno, quedando por lo demás a años luz de los logros obtenidos por el extraordinario Monicelli; sea como fuere, y pese a lo anodino de sus resultados, estos trabajos le permitirán a Fulci curtirse en la realización como un profesional muy sólido. Tras algún western menor, como Las pistolas cantaron la muerte (1966), en el que ya se percibe su viraje hacia la crudeza de las imágenes y los excesos argumentales, Fulci acomete la realización de su primer trabajo considerable, Una historia perversa (1969), que marca el comienzo de su segunda etapa, virtualmente antitética de la previa, dominada por entretenimientos amables. Será el descubrimiento de la violencia el que desencadene su controvertida reputación posterior. Acaso impulsado por sus vivencias como estudiante de medicina, Fulci incidirá en la filmación muy naturalista de vísceras y sangre, preferiblemente humanas, pero también de animales, como ya aparece con audacia inusitada en el desigual giallo Una lagartija con piel de mujer (1971), mostrando varios canes viviseccionados que le llevarán a comparecer ante los tribunales (dado el realismo de éstos, que resultarán una feliz creación del ingenio de los efectos especiales Carlo Rambaldi). De 1972 data su mejor obra, Angustia de silencio, brutal giallo rural que rubrica su gusto por la crudeza y el tremendismo, a partir de un guión muy sólido en el que la ambigüedad y el juego de apariencias conforman una trama de inequívoco sabor latino. 

Tras el paréntesis supuesto por el estimable díptico constituido por Colmillo Blanco (1973) y La carrera del oro (1974), sobre Jack London, Fulci entrega la discutible Siete notas en negro (1977), irregular puzzle terrorífico lastrado por sus efectismos gratuitos y una confusión narrativa que bien parece preludiar el comienzo de su tercera y última etapa, cuyo indudable arranque es Nueva York bajo el terror de los zombies (1979), atona e insustancial secuela no oficial del notable Zombi de George A. Romero, pero que logrará un éxito inesperado, condicionando así la carrera futura de Fulci y desencadenando, en consecuencia, una oleada de imitaciones a cual más impresentable. Admirado por unos pocos y denostado por el grueso de la crítica, Fulci alcanzará el cenit de su peculiar "prestigio" con la entrega de su denominada "Trilogía de las Puertas del Infierno" -obviamente influenciada por la (por entonces incompleta) trilogía sobre "Las Tres Madres" de Dario Argento-, e integrada por Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980), El más allá (1981) y Aquella casa al lado del cementerio (1981): inconsistentes en el plano meramente argumental, inextricables en la puesta en escena, muy sanguinolentas en suma, no carecen del todo de interés, acumulando algunas ideas, algunos planos inquietantes, en medio de una carnicería de disparates y truculencias gore. Tras El destripador de Nueva York (1982), último filme considerable de su autor, acaso el más violento (que no sangriento) de toda su filmografía, Fulci se hunde en la insignificancia, acometiendo engendros en cadena, domesticados y burdos, como Murderock - Danza mortal (1984), paupérrima imitación del no menos paupérrimo éxito de temporada Flashdance, o la ridícula Zombi 3 (1988), improcedente continuación de su gran éxito de una década atrás, de cuyo rodaje tuvo que retirarse por problemas de salud. 


En Epdlp:

Lucio Fulci



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