11 de diciembre de 2015

CINÉMA BIS. Joe D'Amato (1936-1999)

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Realizador cinematográfico italiano, de nombre real Aristide Massaccesi. Fue el más prolífico destajista del cine italiano en el último cuarto del siglo XX, con alrededor de doscientos filmes como director en su haber; desempeñó asimismo cometidos de director de fotografía, guionista, montador, asistente de dirección y actor. La calidad cinematográfica fue ajena a sus intereses: indiferente al menor atisbo de puesta en escena, de posibilidad de estilo o de mera tentativa de factura industrial, D'Amato involucionó de un academicismo rutinario a las más profundas simas de abyección creativa, atrapado en sus últimos años en subproductos pornográficos destinados al vídeo. No obstante, una serie de singularidades, de aspectos insólitos y contraculturales, reivindican su figura entre algunos sectores de cinéfilos. 

Debuta como director en 1972. Su primera película destacable es La muerte sonríe al asesino (1973), dominada por la magnética presencia del gran actor Klaus Kinski. No obstante, tras este trabajo que apuntaba algunas maneras, D'Amato se hunde rápidamente en el cine de explotación más burdo. La flauta del éxito comercial le sonará con Emanuelle negra se va al Oriente (1976): se trata de la segunda entrega de una nueva serie en clave racial obviamente deudora de la execrable y germinal Emmanuelle de Jaeckin: la Emanuelle negra interpretada por Laura Gemser. Alentado por la buena acogida del filme, D'Amato volverá a la carga con un puñado de nuevas entregas sobre el personaje privadas del menor interés, con la excepción, quizá, de Emanuelle y los últimos caníbales (1977), imposible mixtura de erotismo y canibalismo, perpetrada con especial oportunismo tras el auge del subgénero "cine de caníbales". Su ritmo de trabajo se recrudece: en 1980 dirige nueve filmes. En consecuencia, la calidad de su cine sigue descendiendo. Y, contra todo pronóstico, la condición de "autor de culto" comienza a irrumpir entre los consumidores del vídeo: tras la sala de cine, sus películas parecen gozar de una "segunda vida" en los estantes del videoclub, auténticos balones de oxígeno del celuloide barato durante la década de 1980. Aunque suele firmar sus películas con seudónimos dispares, David Hills, Alexander Boroscky, James Burke, su no-estilo ya aparece plenamente codificado: realice un filme erótico del calibre de Calígula 3 o una seudo-fantasía heroica como Ator el poderoso (1982), el sello D'Amato persiste impasible: una absoluta incoherencia interna, un paupérrimo no-sentido del espacio fílmico, una perpetua sumisión a los golpes de efecto, sin mayor consistencia. Al igual que Lucio Fulci en sus inextricables filmes terroríficos rodados entre 1980 y 1982 (por lo demás los más valorados de su filmografía), la obra de Joe D'Amato gana en adeptos conforme sus resultados, en un sentido normativo, son cada vez más contrarios a la mera razón. 

La década de 1990, en fin, supone la apoteosis de todos estos tics: va abandonando poco a poco el cine hasta instalarse en el vídeo, lo que le permite acoplarse a unas condiciones bien peculiares de trabajo: rodajes relámpago, presupuestos mínimos, absoluto desprecio de las reglas escolares del cine; pasión, en definitiva, por filmar, por practicar un voyerismo narcotizador y turbio, meramente respaldado por el pretexto industrial. De aquí a su prematura muerte, la existencia de Joe D'Amato se limitará a grabar plano tras plano, película tras película: en 1996, 23 filmes; en 1997, 26; en 1998, 22. 


En Epdlp:

Joe D'Amato


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