13 de noviembre de 2015

URBS CAESARAUGUSTA, CIRCA MMXV

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 Al recuerdo de la Zaragoza histórica, pilarista y castiza, baluarte de la Hispanidad y Santuario de la Raza. 

A esa Gran Urbe que fue y que empero ya no es sino pútrido despojo agonizante, devorado por los necrófagos de la impiedad, el laicismo y los tubos de escape.



Monstruo de obscenidad,
Enclave demoníaco, hollín
De nuestro espíritu, luto
Perpetuo y enquistado, vil
Disparo en el alma, exangüe.

Callejeo por tus inmundos
Intestinos, siempre reo,
Cual hostigado instrumento
De tu brutal trato, perdido
Entre la burocracia y el pánico.

El miedo, la codicia y el Horror
Riegan tus sacrílegos glóbulos,
Al tiempo que un hedor de
Muerte, harta nuestro apetito
Pragmático, irrecuperable.

Todo en este industrial osario
Está atravesado: del recién
Abortado al moribundo,
Del politicón al meteco, todo
Supura vergonzante eficiencia.

El alambre que tanto atraviesa
Es la lepra de hoy ayer inoculada;
Su composición, simple: soberbia
E imbecilidad, narcisismo y colorete,
Satisfacción, dúplex y Progreso.

Todo en este fúnebre nicho
Debe ser computado; la muerte
Y el muerto, la vida arrancada,
La risa canalla, el oro y la médula,
Aplastados los cuerpos, ¡clavos!

Cae una lágrima. Tiembla la bolsa.
Un magnate se agita. Escupen humo
Cien mil ciento trece chimeneas
Sobre la crin de mi caballo rojo.
Guarde Dios a las escolopendras. 


15 de marzo de 2015

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