30 de junio de 2015

ENCUENTROS con Dick Verdult: Dick el Demasiado, Calanda y el CPI

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Calanda, verano de 2012. Una ardiente mañana de agosto, un señor oriental de mediana edad -presumiblemente japonés- bajó del autobús de línea bolsa en mano y, aproximándose a mí, me preguntó:
            - Favor, ¿decirme podría dónde encuentro CPI?
            Asaltado ante tan extraña pregunta, respondí:
            - ¿El CPI? ¿No querrá usted decir… el CBC?
            Pero el japonés, erre que erre:
            - No, no, CPI, CPI…
         Ignoro qué ocurrió luego: él marchó calle Ramón y Cajal abajo y yo seguí mi camino en dirección a la estafeta. Aquel extranjero buscaba algo, y no era el famoso CBC, sino algo llamado “CPI”. ¿Qué era el CPI? Casi tres años tardaría en averiguarlo.



Zaragoza, 11 de marzo de 2015. De camino por la zaragozana calle de Tomás Bretón, hago escala en la librería alternativa de mi buen amigo Javier “Viriato” Cinca. Allí, en amigable diálogo con él, está hablando un señor de figura imponente y voz memorable. Viriato, presto, me presenta al desconocido:
            - …he aquí un todoterreno del arte contemporáneo: Dick, Dick Verdult… Además, creo que vive por tu pueblo, ¿no es así, Dick?
            - Así es -afirma Dick-, yo paso largos tiempos en Calanda, allí tengo mi estudio… el CPI.
            ¿El CPI? ¿De qué me sonaba aquello? No tardó en llegarme a las mientes la pasada y curiosísima anécdota. ¡El CPI!
            La sorpresa llegaba al fin a su punto culminante. Dick, con su acento tan holandés, mas con un dominio de nuestra lengua impecable, me descifró al fin el enigma: el CPI no es sino el Centro Periférico Internacional, cuya sede está en Calanda. Sin embargo, todavía no salía de mi asombro: yo, calandino inveterado, no tenía ni la más remota idea de qué se trataba aquello. Y contra todo pronóstico, su propio artífice me lo estaba desvelando.
            Atados los cabos y estrechadas las manos, no quedaba sino prepararlo toto para un encuentro posterior, con toda seguridad y a ser posible en Calanda (y así sería: un segundo encuentro, muy breve, tendría lugar el día de Viernes Santo; y un tercero, más prolongado y formal, durante el verano). Fue así como conocí personalmente a Dick Verdult, quien también gusta de llamarse Dick “El Demasiado”. ¿Qué decir más de él, ni que sea para que calandinos -y no calandinos- se vayan familiarizando con su obra y su persona, apenas conocidas en el contexto de la villa?


Haremos bien en definir a Dick Verdult (Eindhoven, 1954) como un rompemoldes, un iconoclasta, un heterodoxo incombustible, cuya obra, inclasificable y versátil, abarca las más variadas disciplinas, así: 1) música [entre otras cosas, es el inventor de todo un género musical: la cumbia experimental, o “cumbia lunática”, que supone una compleja hibridación entre la música electrónica y el folclore tropical más profundo, y que ha difundido por todo el mundo gracias a su propio sello discográfico, además de los celebérrimos Festicumex, o Festivales de Cumbia Experimental, que tienen lugar desde 1996]; 2) cine [se le deben varios filmes “underground” encasillables en la más radical vanguardia cinematográfica de los años 1970-1980]; 3) pintura, escultura y cerámica [que desarrolla como mera extensión de sus inquietudes plásticas, dentro de los límites de la figuración, y con un gusto por el color muy español]; 4) poesía [es autor de poemarios experimentales como “Poemas feos para todos”, etc.]; 5) instalaciones [la última de ellas es “Happy Thatchercide” (2015), asombrosa fantasmagoría desplegada en una fortaleza militar]; amén de una sarta de manifestaciones que omitiremos computar, por diversas y arriesgadas de acotar en un género determinado… Esta labor creativa, bien conocida en el plano internacional -por decenas de miles seguidores de todo el mundo- y alejada de cualquier institución estatal (vía subvenciones y demás monsergas), está al margen de cualquier tendencia o partidismo. Crítico, paródico, irónico, paradójico, conceptual al tiempo que artístico, montaraz o urbanita, aúna las más diversas influencias sin traicionarse nunca a sí mismo. De ubicarlo en alguna corriente, diríamos de él que es un “neo-surrealista a medio camino entre el dadaísmo y el pop art”, lo cual no es mucho decir tratándose de un inclasificable. Lo más acertado, empero, sería decir que Dick Verdult es sencillamente Dick “el Demasiado”; con eso, creemos, debería estar dicho todo. Ni que decir tiene que buena parte de su obra ha sido pensada y producida en Calanda, y que Calanda, por tradición y por naturaleza, es pródiga en hitos surrealistas. ¿Debemos recordar una vez más la figura -siempre presente por Dick- de ese coloso llamado Luis Buñuel? Porque Dick es de los Países Bajos, sí, pero también calandino de espíritu. Que el Centro Periférico Internacional se ubique en Calanda y no en Fiscal o Mesones de Isuela no es cosa aleatoria.
            Más que un contrapunto al famoso CBC, el CPI es todo un desafío al sentido común, un poco a la manera del Cono que Thomas Bernhard ideó para su novela Corrección. ¿Espacio dedicado exclusivamente al pensamiento? ¿Respuesta concreta y categórica contra la visión “normalizada” de la vida en Occidente? ¿Pura provocación? Explorando por ese artefacto llamado Internet, no es raro encontrar algunas fotografías, algunos escritos, incluso publicidad satírica (es decir, publicidad contra la publicidad), contracultural en suma, en la que podemos leer, por ejemplo, esta información promocional a propósito del CPI: “90 metros cúbicos para servirles y electricidad, libros, un público o silencio total (la organización se encargará de que no suceda nada)”. Lo que está claro es que a Dick humor no le falta: muy al contrario, lo derrama por doquier.
            Como Satie, como Stockhausen, como don Luis Buñuel, Dick Verdult / Dick el Demasiado, ha descubierto todo un mundo él solo. Ha sublimado las lecciones de los viejos maestros de la vanguardia con una finalidad en absoluto gratuita: denunciar, con felicísimo tacto satírico y proverbial sentido del humor, la atrocidad del mundo moderno, amodorrado en una moral hedonista sin otro porvenir que su propio colapso nervioso. Por eso, Verdult, recibiendo influencias dispares y heterodoxas (de la moral cristiana y de la filosofía budista, sobre todo), ha logrado codificar tal denuncia en un objeto bien peculiar: la angosta casa-cueva ubicada en la calle de Los Caños que da nombre al CPI. Calanda, de este modo, pasaría a ser sede central del pensamiento mundial. Y Dick Verdult, para bien y sólo para bien, es el autor de todo ello. 





Kolenda nº 116, pp. 16-17.

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