26 de marzo de 2015

"ÚLTIMO ENCUENTRO CON ANDRÉ COLERA", en 'La herradura oxidada', nº 8, Marzo 2015.

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Montecarlo, viernes de verano;
Orden, quietud y prodigalidad,
Mística del dado, beldad
Infecta, oro al contado.

Allí lo encuentro, tumbado
En el canapé, bajo el friso,
Esperando cual jovial cocodrilo
A cierta damisela congoleña.

No es un Hermes de Olimpia,
Sino un cínico burlón, francolín
Y madrigalista, decimonónico
Esteta, voluptuoso decápodo.

Ama el caviar y la pedagogía
Como nosotros amamos
El hexámetro y la utopía,
Meyerbeer, Musset, Roma.

Gusta de niñas y de matronas,
De provectos himeneos y odas
Cardenalicias, de boyantes
Artificios y magras falenas.

Al depositar la copa de borgoña,
Me identifica, bostezante, detenta
La soberanía de lo impalpable,
Con precisión meridiana sonríe.

- Bonjour, mon ami.
Él es, André Colera, promotor
De lo efímero inefable, mecenas
De pintores, captor de meretrices.

- Bonjour, André.
Percibo su alma ebria, atormentada,
Un vacío de existente condenado,
Mortuorio pálpito veneciano.

Y recuerdo, los días recuerdo,
Las lúbricas violencias de saldo,
Oraciones fúnebres por Apolo
Entre bodegones y salmos.

Revivo olvidos, caen sus brutales
Arengas, propósitos hueros,
Una retahíla de viejos proyectos,
Frustrados por la mortal ambición.

Recuerdo su devoción por el Papa,
Su encuentro dialéctico, leve,
Con un suicida ilustre, llamado
Michelstaedter, mi amigo.

Y recuerdo que estoy olvidando
Que en este instante aquí lastimoso
Él me mira, esperando, elegíaco,
No la muerte, sino a su musa negra.

Mas ya es tarde para litigios.
Su congoleña viene a nuestro encuentro.
Un frío de siglos el instante lividece.
Sólo me queda una palabra: MERCI.


2014

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