31 de agosto de 2013

FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA. Comentarios y notas al capítulo I, "El origen de la negación", de la Primera parte, "El problema de la nada", de la obra 'El ser y la nada', de Jean-Paul Sartre

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COMENTARIOS & NOTAS
AL CAPÍTULO I, “EL ORIGEN DE LA NEGACIÓN”,
DE LA PRIMERA PARTE, “EL PROBLEMA DE LA NADA”,
DE LA OBRA EL SER Y LA NADA, DE JEAN-PAUL SARTRE (Ed. Losada)

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Sartre divide el capítulo I de la primera parte, “El origen de la negación”, en cinco subcapítulos/segmentos:
            1) La interrogación
            2) Las negaciones
            3) La concepción dialéctica de la Nada
            4) La concepción fenomenológica de la Nada
            5) El origen de la Nada

Estos segmentos no son acumulativos ni independientes, sino que suponen, cada uno, la superación del previo.

Vamos a intentar explicarlos ofreciendo tres perspectivas interrelacionadas:
            A) Los conceptos que van apareciendo conforme el texto se “construye”
            B) Las ideas más importantes en la elaboración del discurso
        C) La síntesis, o una síntesis al menos, de lo que el autor confirma

+ En el 1er segmento, 
LA INTERROGACIÓN,

Sartre parte del ser y, en un intento de abrirse una perspectiva histórica, nos remite a Descartes.

Descartes prolonga la idea dualista platónica del alma y el cuerpo. Pero a Sartre esta simplificación ya no lo sirve. De hecho, elogia el método de Descartes, pero no puede defender sus conclusiones. Su propio siglo se lo impide.

Para Sartre la conciencia es un abstracto. Y lo concreto es el hombre en el mundo. De aquí se extraen tres elementos: el hombre, el mundo, y la relación que los une. En la página 42, línea 18, Sartre se pregunta: “¿Qué deben ser el hombre y el mundo para que la relación entre ambos sea posible?”. Como Descartes, Sartre parte aquí de las evidencias empíricas: es decir, lo que él denomina “soy yo”, con su consiguiente captación del momento concreto, de este momento mismo, en el mundo.

Y al participar de este presente perpetuo, surge la interrogación, que es el concepto medular de este segmento.

¿Qué es la interrogación? Es la pregunta del ser por el ser, no del hombre con el ser-en-sí, sino del ser entendido en su dimensión trascendente. Si recordamos, en un sentido kantiano trascendente es lo que está más allá del ser, constituyendo una prolongación que supera su propio límite, en oposición a trascendental, que es aquella que abarca toda la totalidad del ser y lo constituye.

No obstante, Sartre entiende la interrogación como una variedad de la espera, en tanto que el sujeto espera una respuesta del ser interrogado. Interviene aquí el elemento inaprensible del tiempo. La espera, dentro de sus límites, posibilita la aparición del no-ser como veremos luego.

El tema de la espera, por otra parte, es asunto bien recurrente en la literatura de la época, de la que Sartre participa (p. ej. el teatro del absurdo de Beckett, Ionesco, Artaud, etc.). Pero aquí ocupa un lugar secundario.

En la página 43, línea 15, Sartre simplifica la resolución a este asunto categóricamente: “espero una respuesta del ser interrogado. Es decir que, sobre el fondo de una familiaridad preinterrogativa con el ser, espero de este ser una develación de su ser o de su manera de ser. La respuesta será un sí o un no”.

Pero la respuesta suele ser negativa: “No”, “Nada”, “Nadie”, “Nunca”. Aunque en principio no comporte que así lo sea.

Al plantear la existencia de un no-ser, Sartre alude al ámbito de la subjetividad del propio individuo. Pero lo que media entre el ser, el no-ser y su realidad, con independencia de la subjetividad el sujeto, obliga a introducir una tercera variante: el no-ser con limitación.

Sartre recurre a un artefacto literario, que denomina “Ser pura ficción” como paliativo para enmascarar la negación, sin suprimirla.

De todo esto podemos concluir que la interrogación es el proceso dialéctico que lleva al ser de su realidad empírica a la superación de unos límites insertos en la nada, entendiendo la nada como algo posterior al ser. La nada no es el no-ser, que puede estar fuera de nosotros y en nosotros, al menos en potencia, sino nuestra interrogación sobre el ser concreto.

+ En el 2º segmento, 
LAS NEGACIONES,

Se afirma que la Nada tendría su origen en los juicios negativos. Un juicio negativo es aquel que contiene una función proposicional del tipo de “x no es”.

Pero la Nada carece de cualquier realidad, aunque sea una estructura de lo real.

El problema de la Nada implica el problema del no-ser, aunque ambos sean antitéticos.

Sartre introduce el concepto de destrucción, que no debe confundirse con el de modificación. Por ejemplo: un terremoto no destruye una estructura geológica, meramente la transforma. Para que el concepto de destrucción intervenga, es precisa una relación entre el hombre y el ser. En palabras de Sartre, pág. 47, últimas líneas: “el ciclón puede traer consigo la muerte de ciertos seres vivos, esta muerte no será destrucción a menos que sea vivida como tal”.

Descubierto esto, Sartre propone el concepto de frágil, como elemento consustancial del propio ser: en tanto que el ser porta en su ser la posibilidad de no-ser, se define como frágil. La fragilidad es lo que define al hombre, y esta fragilidad es trascendental a él, no tanto en un sentido kantiano como parte del principio de lo real. Y fuera del ser está la nada.

Podemos afirmar que el estado predominante del hombre a través de los tiempos es la no existencia. Una vida humana, por breve que sea, va de la nada al ser, estando abocada al no-ser, antes de extinguirse en la nada, una vez su imagen ha sido borrada de la mente de los demás sujetos conscientes que llegaron a tener noticia de ella. Mientras quede algún historiador con memoria en la tierra, el ser de Herodoto persistirá en el tiempo. Pero la divisa común de las multitudes humanas es la nada, no como multitudes, sino como partes concretas de un abstracto indiferenciado.

Vemos así como espera, destrucción y fragilidad suponen elementos de una misma construcción abarcable a todos los entes, sea una persona, una mesa o un carburador.

El problema de la nada nos conduce al de la ausencia. Sartre lo ejemplifica con gran precisión al hacer intervenir en su discurso el personaje-pretexto de Pedro. Hay dos partes, el todo y el fondo. Si hemos quedado con Pedro en el café y Pedro, que es la forma principal, no está allí, la ausencia de Pedro se torna una presencia. El fondo sería lo que de estar Pedro supondrían los demás elementos (mesas, tazas, gente, lámparas, etc.). Al llegar al café y no hallar a Pedro, al dirigir la mirada a todos esos objetos, uno por uno, la presencia de Pedro se acrecienta con respecto a todos ellos. Se destaca como nada sobre el fondo del café. Aquí está el principio de nihilización. Pág. 52, final del penúltimo párrafo: “La condición necesaria para que sea posible decir no es que el no-ser sea una presencia perpetua, en nosotros y fuera de nosotros; es que la nada infeste al ser”. 

+ El 3er segmento, 
LA CONCEPCIÓN DIALÉCTICA DE LA NADA,

Está fundamentado en Hegel. En este segmento Sartre nos confirma el origen del título de la obra que nos ocupa, que extrae de una frase de la Lógica de Hegel, en la que el filósofo alemán escribe: “Nada hay en el cielo y en la tierra que no contenga en sí el ser y la nada”.

Tras explicar en líneas generales la teoría del ser en Hegel, Sartre propone algunas modificaciones. Para Hegel el ser y la nada son abstracciones vacías, tanto el ser como la nada. Para Sartre, en cambio, el ser es, y la nada no es. Le reprocha Sartre a Hegel que olvide que el vacío es siempre vacío de algo. Esto implica que el no-ser es vacío de ser.

Obviamente Hegel habla del ser de su sistema, un ente abstracto.

+ El 4º segmento, 
LA CONCEPCIÓN FENOMENOLÓGICA DE LA NADA,

Se diferencia del tercero por la perspectiva filosófica: si en el previo recurre a la dialéctica hegeliana, aquí hace lo propio con la fenomenología, acudiendo a Heidegger.

A diferencia de Hegel, en cuyo sistema perviven residuos escolásticos, para Heidegger, tanto el ser como el no-ser ya no son abstracciones vacías.

Se trae aquí, a propósito del concepto de dasein, el “ser-ahí”, una posibilidad de encontrarse frente a la nada y descubrirla como fenómeno, que Heidegger identifica con la angustia.

Una afirmación llama la atención: pág. 59, línea 9: “La Nada no es: se nihiliza. Está sostenida y condicionada por la trascendencia”. En esto llegamos al concepto de “ser-en-el-mundo”, que conlleva el problema de lo real.

Sartre viene a definir lo real como la tensión resultante de las fuerzas antagónicas entre el ser y el no-ser.

La idea de que sólo en la nada puede ser trascendido el ser se refleja en que, como escribe Sartre en la pág. 59, “el hombre está siempre separado de lo que él es por toda la amplitud del ser que él no es”. Aquí se resume el concepto de ipseidad en Heidegger.

En resumen: la nada rodea al ser por todas partes, y el propio ser expulsa la nada.

Al final del segmento, Sartre resume en una línea la tesis de éste subcapítulo, pág. 64: “La nada, si no está sostenida por el ser, se disipa en tanto que nada, y recaemos en el ser”. Es una especie de círculo vicioso, sin posibilidad de continuidad más allá de la repetición infinita.

+ En el 5º segmento, 
EL ORIGEN DE LA NADA,

Se parte de la idea de que la nada carece de cualquier relación con el ser. Y surge la pregunta: ¿de dónde viene?

De esta pregunta resulta una continuación: la nada no es, ni se nihiliza, sino que se nihiliza. Sin embargo, tiene su origen en el ser, sin que esto implique contradicción con lo antes dicho, al poder existir un Ser (Sarte utiliza aquí la mayúscula) que pueda soportarla. Pero este Ser con mayúscula no es Dios, sino un Ser con respecto a la Nada, de acuerdo con el enfoque ateo de Sartre. Pero al ser cerrada la, digamos así, comunicación entre el Ser y la Nada, esto puede convertirse en una larga serie de círculos concéntricos, así hasta el infinito. En pocas palabras: ese Ser es su propia Nada. 

Esto le lleva a Sartre al estudio de la angustia, que compara entre las filosofías de Kierkegaard y Heidegger. Para el danés, la angustia lo es ante la libertad, mientras que para el alemán, lo es ante la captación de la nada. Para Sartre sendas perspectivas se implican mutuamente.

Cabe distinguir además entre los conceptos de angustia y de miedo. Pág. 74, comienzo 3er párrafo: “la angustia se distingue del miedo en que el miedo es miedo de los seres del mundo mientras que la angustia es angustia ante mí mismo”. Caso del vértigo, que es angustia en la medida en que el sujeto teme arrojarse al precipicio, no caerse, tal y como plantea Hitchcock en la película Vértigo.


Por ende, la angustia es el propio sujeto, transportado a la existencia como conciencia de ser. 

Zaragoza, 7 de noviembre de 2012
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