13 de julio de 2013

MOMENTOS MUSICALES, UNA ANTOLOGÍA - Nº 1: 'Szomorú Vasárnap', de Rezső Seress

·

Cortesía de www.youtube.com

Szomorú Vasárnap (1933) 
Rezső Seress


Domingo triste (Szomorú Vasárnap), de Rezső Seress, fue algo más que una canción de moda, que una trivial pieza de salón henchida del más hueco neorromanticismo, que un pretexto edulcorado y varios suicidios auténticos entre tanto: en realidad fue el único golpe maestro de un músico mediocre y frustrado, mas fascinador con todo, Rezső Seress, creador sin numen que, no obstante, aquí logró decir algo, ofreciendo, para nuestra suerte, la pura destilación sonora de una época agónica y desesperada...

(Mucho se escribió, se escribe, y se escribirá, sobre esta canción y su contexto histórico-político-social; omitiremos, pues, reiterar lo archisabido...)

Sobre unos versos en verdad vulgares del poetastro László Jávor, Seress construye una melodía catártica y, a su manera, resonante. Repetitiva, sombría, de un patetismo poco menos que de bazar, la música, con todos sus defectos y subrayados, logra enternecernos, elevándose por encima de la música de salón (por mucho que, al fin y al cabo, no sea sino música de salón). Se diría que es el tema, tan enfático en su expresividad y recargado en su simplicidad, lo que atrapa la atención del oyente.

Su escritura, aunque escolar (nos encontramos lejos del virtuosismo de un Rachmaninov), no le impide a Seress vigorizar con cierto aplomo un texto tan estereotipado como facilón; los versos de Jávor, por lo demás, no resultan muy felices:

El domingo es triste, mis horas son de insomnio
Amado, las sombras con las que vivo son infinitas
Pequeñas flores blancas nunca te despertarán
Allá donde el coche fúnebre de la tristeza te ha llevado
Los ángeles no tienen intención de resucitarte
¿Se enfadarían si pienso en reunirme contigo?

Domingo triste

Triste es el domingo, entre las sombras lo paso entero
Mi corazón y yo hemos decidido que se acabe todo
Pronto habrá velas y oraciones tristes lo sé
Déjalos, que no haya lágrimas, déjalos que sepan que estoy contenta de ir
La muerte no es para soñar, en la muerte yo te acaricio
Con el último suspiro de mi alma te bendeciré

Domingo triste

Soñando, sólo estaba soñando
Despierto y te encuentro dormido en lo profundo de mi corazón, aquí
Querido, espero que mi sueño nunca te atormente

Mi corazón te está diciendo cuanto te quise

(Aunque la traducción mate el hipotético esplendor del poema original):

"Szomorú Vasárnap száz fehér virággal, Vártalak, kedvesem, templomi imával, Álmokat kergető vasárnap délelőtt, Bánatom hintaja nélküled visszajött.
Azóta szomorú mindig a vasárnap, Könny csak az italom, kenyerem a bánat... Szomorú vasárnap.
Utolsó vasárnap, kedvesem, gyere el; Pap is lesz, koporsó, ravatal, gyászlepel, Akkor is virág vár, virág és - koporsó, Virágos fák alatt utam az utolsó.
Nyitva lesz szemem, hogy még egyszer lássalak, Ne félj a szememtől, holtan is áldalak... Utolsó vasárnap."


Queda, en cualquier caso, la música, bonita que no bella, expresiva que no profunda, lacrimógena que no patética. Queda la melodía que arrastró al suicidio a un puñado de personas olvidadas, en un contexto donde éste era una de tantas opciones para escapar del tedioso y embrutecedor presente. Queda la única obra memorable de uno de tantos músicos fracasados de ayer. Quede pues todo ello.   

·