10 de marzo de 2013

Calanda en el cine: ‘Peppermint Frappé’. Reminiscencias de la villa en el filme de Carlos Saura ['Kolenda', Febrero 2013, nº 105]

·






Que Luis Buñuel -el mayor cineasta español y uno de los más sobresalientes del cinema universal- naciera en Calanda, ha tenido no pocas consecuencias para la villa, entre ellas su entidad icónica, posibilitada en buena medida por las producciones cinematográficas que, de un modo u otro, se han aproximado a ella. Entre los filmes que han tomado el objeto “Calanda” entre sus temas de inspiración, Peppermint Frappé (1967), del oscense Carlos Saura, se perfila como uno de los más valiosos y contundentes ejemplos de esta tendencia, no por limitada menos obvia. Mas antes de pasar a comentar los aspectos pertinentes de esta memorable cinta, admirada por un cineasta como Stanley Kubrick, realizaremos una breve y selectiva panorámica sobre las modalidades fílmicas que han tomado el objeto “Calanda” como motor filosófico, estético o meramente argumental.

Así pues, de tres modos, al menos, se ha aproximado el cine -en ficciones y documentales, largos o cortos- a Calanda: 1) explícitamente (léase de manera directa, bien mencionando el nombre de la población [El espinazo del diablo (Guillermo del Toro, 2001)], bien filmando su realidad física [Calanda (Juan Luis Buñuel, 1966)]); 2) implícitamente (de manera indirecta [p. ej. utilizando el sonido de los tambores y bombos de la Semana Santa en la columna sonora -La edad de oro (Luis Buñuel, 1930)-]); o 3) de forma soterrada (aludiendo conscientemente a alguna de sus señas de identidad [p. ej. la pierna amputada de Miguel Pellicer -Tristana (Luis Buñuel, 1970)-], o de sus lugares [p. ej. la Venta del Llopo -La vía láctea (Luis Buñuel, 1969)-], bien que sin identificar/singularizar el motivo en cuestión). Se observará que el grueso de los filmes referidos son obra del propio Buñuel. Pero la más significativa película en la que el objeto “Calanda” adquiere autonomía propia es Peppermint Frappé, cuarto largometraje de Carlos Saura y uno de los títulos capitales del denominado Nuevo Cine Español, por el que su autor se haría acreedor del Oso de Plata del Festival de Berlín a la mejor dirección, difundiendo, de paso, el fascinador poder catártico de los tambores de Calanda allende nuestras fronteras.

Planteada como homenaje a Luis Buñuel, a quien la película está dedicada, Peppermint Frappé presenta dos niveles de lectura complementarios (uno argumental, otro alegórico), desempeñando en ellos Calanda una función dramática de primer orden. En el plano argumental, Peppermint Frappé cuenta la historia de una obsesión que deviene transformación: la del médico conquense Julián (José Luis López Vázquez) por la joven -y rubia- mujer de su amigo de infancia Pablo (Alfredo Mayo), que acaba de regresar, recién casado, de un viaje por África. Julián, fetichista y apocado, afirmará conocer ya a la mujer de su amigo, a la que vio en Calanda, tocando el bombo un Viernes Santo. Pero ella negará haber estado allí; la ambigüedad, en consecuencia, se incrementará. Aturdido, Julián comenzará a proyectar la figura de la bella rubia, de nombre Elena, en la persona de su enfermera asistente, una muchacha tímida -y morena- llamada Ana, a la que someterá a un progresivo proceso de transformación (nota pertinente: sendas mujeres son interpretadas por la misma actriz, Geraldine Chaplin). Como se puede apreciar, resuenan aquí ecos de algunos títulos canónicos de Buñuel (Él [1953], Ensayo de un crimen [1955]) y, sobre todo, del extraordinario Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958) en particular, mas dotando al discurso de voz propia, al personalizar dichos elementos a la luz de la España de 1960, con todo cuanto ello presupone (fuerte presencia de la religión, represión sexual, atavismos de la burguesía de provincias, etc.). Pero la clave de este filme no reside tanto en lo que cuenta (de interés limitado), como en cómo lo cuenta, y es aquí donde Saura se erige en maestro indiscutible: en la entidad de su puesta en escena, y en el empleo de uno de sus elementos más perturbadores, significativos: Calanda.

Nunca antes, y hasta hoy nunca después, Calanda adquirirá tal presencia en un largo de ficción de esta categoría: hasta seis veces será mencionada la villa por los personajes durante la película, y hasta en tres ocasiones irrumpirá el sonido de los tambores y bombos de su Semana Santa en la columna sonora; los objetos -entre ellos un tambor con su pareja de palillos- y los detalles cruciales -la rozadura provocada por la maza del bombo entre los dedos índice y pulgar de Elena- no dejarán de aparecer y reaparecer, puntuando el curso del relato. Pero sin duda alguna, la secuencia más memorable del metraje no es otra que la que fuera filmada en Calanda -salvo esta secuencia clave, el resto de la cinta fue rodado en Cuenca y su provincia-: en ella vemos al personaje de Elena, en túnica blanca, tocando el bombo junto a una cuadrilla de tamborileros. Con una emulsión en blanco y negro -en poderoso contraste con el brillante colorido restante, salvo en otras dos breves secuencias en blanco y negro-, Saura sintetiza con precisión simbolismo y mito, pulsión y catarsis, sueño y realidad, confiriendo al acto de tocar el bombo o el tambor en el contexto de la Semana Santa calandina una dimensión profunda, no ya religiosa, sino metafísica, capaz de trastocar la percepción del sujeto afectado (Julián en este caso), su sentido de la realidad, y así el curso del relato. Ante una quiebra semejante, la memoria/desmemoria -tema habitual en Buñuel- lo determinará todo: no ya el paso del tiempo, sino las parcelas más remotas del subconsciente, del deseo. Como en El año pasado en Marienbad (Alain Resnais, 1961), al final sólo quedan los espacios, los lugares del pasado: ese lugar soñado/redivivo es Calanda, e igual que lo ha sido de Julián en la película, también lo fue de Luis Buñuel; Saura lo comprendió. Aquí reside la hermosa sustancia de una película memorable, compleja y sutil, nacida como homenaje a ese creador que fue don Luis Buñuel, un hombre cuya raíz calandina llevaría consigo hasta el fin de sus días.

 

No hay comentarios: