18 de junio de 2012

Un jurista calandino del siglo XIX. A propósito de Julián Pastor y Alvira (1820-1893) ['Kolenda', Mayo 2012, nº 102]



Hacia 1900, si a un estudiante español de Derecho romano se le preguntase sobre qué autor pergeñaba sus apuntes, la respuesta más probable hubiera sido: “Julián Pastor y Alvira”; lo que seguramente no sabría, sin embargo, era que este excepcional jurista y catedrático había nacido en Calanda... Pero de eso ya ha pasado más de un siglo, y desde entonces el nombre de este calandino ha ido sumiéndose, como el de tantos otros, en las sombras del olvido. Aunque hoy apenas se le recuerde y sus libros no aguarden sino en los depósitos de las bibliotecas, esperando a que algún interesado dé con ellos, lo cierto es que la obra de este autor ha sido desplazada de la especialidad por otros textos más recientes, más próximos al sentir de la modernidad, ávida de libros recién impresos, de urgente novedad.

Pero antes de hundirse en semejante olvido, Julián Pastor y Alvira gozó de un prestigio póstumo de al menos cuatro décadas. Para hacerse una idea de la imagen que se tenía de su figura, basta con leer el artículo que la Enciclopedia Espasa de comienzos del pasado siglo le dedica (vol. XLII, Barcelona, 1920, p. 659): se citan, con desigual precisión, algunos datos afines a su labor docente, enumerándose una lista de obras; se menciona su lugar de fallecimiento, pero se ignora el de nacimiento; prevalecen, de manera soterrada, algunas lagunas: sí, la obra Pastor y Alvira gozaba hacia 1920 de cierta resonancia, pero su autor era realmente un desconocido. ¿Quién era -y he aquí la pregunta central de este artículo reivindicativo- este jurista?

Julián Pastor y Alvira nació en Calanda, el 27 de enero de 1820; costumbre habitual entonces, fue bautizado en la iglesia parroquial al día siguiente. De sus primeros años en Calanda poco podemos apuntar: su destino sería Zaragoza, donde durante tres años estudiará humanidades y latín en el colegio de las Escuelas Pías; esta formación primera se complementaría con otros tres años de estudios de Filosofía en el Seminario de San Valero. Pero sus estudios definitivos los hará en Madrid: siete cursos de Jurisprudencia en la Universidad Central, culminados con el grado de licenciado, que le fue otorgado el 19 de agosto de 1843.

No nos detendremos tanto en su discurrir académico (brillante pero intercambiable como el de tantos altos funcionarios aplicados) como en su labor de escritor, que lo diferencia singularmente de la legión de juristas y catedráticos. Mas antes de pasar a comentar las obras, de su biografía académica bien merecerían citarse los siguientes momentos: nombrado doctor en Derecho en 1853, trabajará en varias cátedras como interino hasta 1856; al año siguiente ganará por oposición la cátedra de Derecho romano de la Universidad de Zaragoza, pasando con el tiempo a explicar esta misma asignatura en la Universidad Central de Madrid. Entre medias, al fin, abordará la escritura, firmando manuales, recopilaciones, tratados y discursos, uno de ellos tan significativo como el "Discurso de apertura de la Universidad de Zaragoza en el año de 1866 a 1867".

De entre sus libros, mención especial merece la Historia del Derecho Romano, prodigio de síntesis y claridad discursiva, dominada por una prosa espléndida, cuya portentosa sintaxis y concordancia en la construcción de las frases acreditan sobradamente a Pastor y Alvira como verdadero orfebre de las letras. La Historia aparece dispuesta en dos partes, una primera centrada en “El derecho exclusivamente romano”, y una postrera que hace lo propio con “El derecho romano modificado por el de gentes y por el cristianismo”; cada una de estas partes contiene varios títulos, divididos a su vez por capítulos, sucesivamente compuestos por secciones; asimismo, un título preliminar introduce y afianza los contenidos inmediatos de la obra: apuntemos, a modo de ejemplo, un fragmento del prólogo, donde don Julián explica su visión del objeto de estudio: “El Derecho es la expresión de la conciencia y de la manera de ser de un pueblo que no cambian repentinamente al capricho o el azar, sino que se verifican con extremada lentitud y bajo la influencia de acontecimientos que la Providencia ordena para la realización de sus altísimos designios” (Madrid, 1922, 5ª ed., pp. 6-7).

Pero la obra capital de Pastor y Alvira es el Manual de Derecho Romano según el orden de las instituciones de Justiniano (1888), trabajo inmenso y sin precedentes -la cuarta edición, de 1914, acopia un total de 735 páginas-, tal vez igualado pero todavía no superado, que imperó durante más de medio siglo entre los planes de estudio de las facultades de derecho españolas, figurando como el título más autorizado dedicado al Derecho romano; dividido en tres libros, subdivididos a su vez en varios títulos, el Manual trata cuestiones relacionadas con los derechos en general, las personas físicas y jurídicas, y las cosas, incidiendo en los derechos reales (posesión, propiedad, prenda e hipoteca, etc.), las obligaciones (convenios, contratos, pactos, etc.), los derechos de familia (matrimonio, patria potestad, tutela, etc.), las sucesiones por causa de muerte y los legados, entre otros asuntos de importancia. Lejos de estar ante una obra meramente histórico-revisionista, el Manual mantiene su vigencia soberana, ratificando a los ciudadanos de Roma como los verdaderos padres del Derecho, cuya tradición jurídica -pese al oscuro paréntesis supuesto por la Edad Media- alcanza hasta nuestros días.

Tras este triunfo destinado a durar en el tiempo, a Julián Pastor y Alvira le restaba un lustro de vida: ya había dicho cuanto tenía que decir, y a su realizada carrera, coronada al fin por una obra maestra de la prosa jurídica, poco más podía añadir. Falleció en Madrid, el día 3 de octubre de 1893, y fue enterrado en el Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena.