26 de agosto de 2012

MIGAJAS. Del 'Ecce homo' del Santuario de la Misericordia de Borja: Modernidad y mistificación (Excurso coyuntural)

 ·

Fotografía: J. A. Bielsa


La modernidad es pródiga en aberraciones y dislates de toda laya; es pródiga en vidas minúsculas y vacíos colectivos; gusta de lo pequeño y de lo soez; su divisa es la estupidez y el chiste fácil. Su razón de ser, al fin y al cabo, es el negocio del dólar y del crimen, del robo y la humillación sistemática. El gallinero de Internet, brutal espejo de la anodina sustancia de nuestro efímero presente, bien ilustra esta tendencia, no por deprimente y mezquina menos propia de nuestra grosera época: consumir, en el mínimo espacio de tiempo, el mayor número posible de eventos intercambiables y baratijas democráticas, de informaciones indiferentes en un contexto de soledad, agonía y muerte.

Los sucesos vinculados a la presunta restauración (a lo sumo seudo-restauración) del Ecce homo del Santuario de la Misericordia de Borja (Zaragoza), insignificante pintura al temple obra del pintor Elías García Martínez (1858-1934), y acometida por la borjana Cecilia Giménez, octogenaria a la sazón aficionada a la pintura, han desencadenado un fenómeno mediático tan curioso como alarmante, característico por lo demás de nuestro tiempo: la mistificación de un hecho que no tuvo lugar sino en el subconsciente colectivo.

No nos detendremos en la génesis obscena de este producto prefabricado por Internet y demás medios de comunicación de masas (televisión, prensa, radio), tan obvia y epidérmica como cualquier bluf de saldo... Sí nos detendremos, en cambio, en la mecánica diabólica que ha propiciado este falso prestigio, esta nada revestida -al menos más allá de la vulgar humorada- de profunda reflexión sobre los límites del arte, del papel del autor y de la recepción de la obra allí donde las fronteras del espacio y del tiempo han sido, por así decir, cuasi abolidas. 

En apenas unos minutos, la "restauración" de la obra ha dado la vuelta al globo: más de 160 países se han hecho eco de la noticia... Los titulares de los periódicos (impresos o digitales) no han necesitado del texto, siempre redundante: les ha bastado el efecto/efectismo inmediato de un par de imágenes: el antes de... y el después de... La pintura antes y después de la susodicha "restauración". A partir de aquí, el espejismo ha cuajado debidamente... por virtud de la maquinaria industrial del mundo de la información, implacable y veloz como el rayo: fulminante e imperceptible, puro fuego de artificio.


La obra original, competencia del mentado García Martínez, creador sin numen, no destaca sino por su abierto anacronismo: datada a comienzos del siglo XX, cae de lleno en las estériles parcelas del kitsch, de la baratija intrascendente y modesta, directa y funcional: la ilustración, harto estereotipada aquí, del tema del Ecce homo, del que tantas obras maestras ha dado Occidente. El paso del tiempo ha posibilitado el resto: del progresivo deterioro del original, a la no menos regresiva -por insistente y aciaga en el devenir de los años- intervención de la "restauradora", la señora Cecilia.

El resultado carece de interés: no es nada, todo lo más una chapuza ridícula y grotesca; puro reflejo de nuestro mundo: y en él cree reflejarse (en tanto se identifica, o así) el vulgo, esa mayoría muda a la que ponen voz los telediarios, las encuestas... y los fusiles. He aquí la mecánica diabólica: una vez más, es el diablo, probablemente (Bresson) el que dispone las piezas de manera tan burda y siniestra, que todo adquiere diabólica forma y eficacia en el curso de los acontecimientos: en su puesta en escena invisible, en su accidental fuerza en cadena, reside el secreto del éxito último de esta producción maléfica y global: la conquista del tiempo ajeno, la narcotización del moderno, la idea de la muerte de las ideas en un mundo agotado y agónico tras las grandes orgías de los siglos... y por ventura risueño y feliz, dichosamente feliz, como Ulises.



25-26 de agosto de 2012
·