7 de marzo de 2012

Serie 'Pintores del Premio de Roma' (Epdlp) - Nº 2: Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson

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El sueño de Endimión (1791)



Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson
(Francia, 1767-1824)


Pintor e ilustrador francés, figura relevante del período de transición habido entre el neoclasicismo de Jacques-Louis David y las primeras manifestaciones del romanticismo pictórico galo. Sus comienzos aparecen dominados por el estilo de su maestro David, cuya influencia nunca le abandonaría. La fama le llegará en 1789, al ganar el Premio de Roma por su obra José reconocido por sus hermanos. El giro hacia el romanticismo lo marca El sueño de Endimión (1791), donde la caligrafía del clasicismo ya aparece violentada en aras de una nueva plástica, más etérea e inestable, y en la que el tema no es sino un pretexto para la evocación de una atmósfera de irreal subjetividad. Con esta obra, firmada a los veinticuatro años de edad, Girodet llegaba al límite de sus posibilidades expresivas. En los años que le restaban de carrera no entregaría nada mejor. Desde entonces habría de reiterar el insuperable modelo, o bien regresar sobre sus pasos hacia el neoclasicismo de su maestro. A medio camino entre tales presupuestos se sitúa una de sus mejores telas, El entierro de Atala (1808), obra de raro equilibrio y magistral empleo de la luz, pero que nada nuevo añade a El sueño de Endimión. Tras este relativo triunfo, Girodet engrosará su producción con algunos opúsculos de átona suntuosidad, donde los asuntos literarios y la teatralidad compositiva se manifiestan aparatosamente, como bien ilustra su último timbre de gloria, Los insurgentes de El Cairo (1810), perfecto muestrario de todos los clisés de la pintura de historia de David. Menor atractivo presentan sus retratos de personalidades de la época, en los que los intereses oficiales y la pompa escenográfica van de la mano. La década de 1810 supone el comienzo de su decadencia, dedicando su tiempo mayormente a la ilustración de libros. Sus últimas obras, entre las que podemos mencionar Pigmalión y Galatea (1819), adolecen de la estrechez de miras del ilustrador convencional, no tanto en las calidades técnicas -en cualquier caso bien inferiores- como en el espíritu esgrimido, completamente aburguesado, acartonado y trivial. Girodet falleció en París, el 9 de diciembre de 1824.


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