22 de marzo de 2012

Camino de Albalate, 1964-1965. El bienio dorado de la arqueología calandina (II) ['Kolenda', Febrero 2012, nº 101]

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Una de las grandes atracciones culturales que la ciudad de Teruel ofrece al visitante ávido de conocimiento, aparte de su celebérrimo patrimonio mudéjar, es el Museo Provincial de la ciudad, enclavado desde 1987 en la llamada Casa de la Comunidad, palacio de la segunda mitad del s. XVI cuya fabulosa fachada pétrea lo confirma como uno de los más sugestivos ejemplos de arquitectura renacentista en la provincia. Entre los muchos tesoros que alberga este museo, el de mayor calibre es el mosaico romano de la villa del Camino de Albalate, fechado entre los años 351-400 d. C., y culminación del ciclo arqueológico que cierra el museo en su cuarta y última planta.
De conformidad con lo ya apuntado previamente, no nos queda sino pasar a describir el mosaico, que aparece dividido en tres estancias claramente diferenciadas, a saber:
- Primera estancia: constituye la habitación más discreta del conjunto, cuyo espacio es de forma rectangular; su decoración musivaria incide básicamente en dos temas perfectamente desplegados: 1) banda de motivos vegetales con volutas; y 2) banda de trenzado de dos cabos. Por una puerta se accede a la siguiente dependencia.
- Segunda estancia: era la habitación principal de la villa, y artísticamente resulta la más notable; al margen de los motivos geométricos -líneas de rombos con círculos en sus vértices- y animales -pequeños delfines-, la decoración incluye, encuadrados en seis espacios -sitos en una orla dividida en dos paneles rectangulares yuxtapuestos-, la soberbia representación de seis animales, a saber: un caballo, un jabalí, una pantera, un león, un asno y un leopardo; cada uno de estos animales, de los que se ha intentado captar su movimiento, aparece realzado por un fondo paisajístico, lo que confiere al dibujo cierta continuidad espacial. Una escalera de dos peldaños, igualmente recubiertos de mosaico, conduce a la siguiente y última estancia.
- Tercera estancia: de forma semicircular, resulta materialmente la peor conservada, al carecer su pavimento de ciertos fragmentos musivarios; destinada posiblemente a la función de comedor -triclinium-, presenta una decoración constituida por tres bandas geométricas que encierran en su interior diversas formas (círculos, rectángulos, cuadrados, octógonos, etc.).
En cuanto a las dimensiones exactas del pavimento, y siguiendo aquí la información que nos suministra el Cer.es del Ministerio de Cultura (inventario 00636), presenta las siguientes medidas: altura: 3 cm; anchura: 6,89 m; área: 102,83 m²; y una longitud máxima de 15,45 m.
Junto al monumental mosaico, fueron apareciendo otros objetos de la época (ss. III-IV d. C.) de muy diverso signo, algunos de los cuales pueden verse hoy en las vitrinas del museo; entre los objetos más notables, algunos de ellos conservados fragmentariamente, figuran:
· Una pequeña escultura de mármol tallado -de 22,5 cm de altura- destinada a uso ornamental;
· Dos clavijas de sujeción -realizadas en cerámica- de las dobles paredes laterales por las que circulaba el aire caliente procedente del hipocausto;
· Un cuenco de cerámica con decoración por impresión a base de círculos punteados;
· Una vasija de cerámica vidriada, con escamas de barbotina, y que a nuestro juicio es la pieza más bella del ajuar;
· Un soporte de bronce destinado al equipamiento doméstico -sujeción para asa-;
· Un alfiler de hueso tallado, milimétricamente trabajado dadas sus diminutas dimensiones (0,5 cm de ancho x 4,2 cm de largo);
· Ladrillos de cerámica utilizados para la pavimentación de la villa.
Todos y cada uno de estos objetos están respaldados por una detallada bibliografía destinada en exclusiva a su concreto estudio.
Llegados a este punto, bien podemos reflexionar, ni que sea brevemente, sobre la Historia y el lugar del hombre en el mundo. Y la pregunta se desencadena por sí sola: ¿qué quedará de nuestra moderna civilización de aquí a dos milenios, qué restos materiales darán fe de ella? Nuestros fascinantes antepasados los romanos, esos epicúreos insaciables, hicieron acopio de gusto y sofisticación auténticos: cuanto nos ha llegado de su cultura, por poco que sea, es seductor y fiel a un canon de belleza, a unas ideas basadas en la armonía del hombre con el entorno; valores que nuestra época de plástico y acero desdeña -lo que ha marcado nuestros hábitos más íntimos de vida-: ayer fueron unas villas romanas el idílico recreo de nuestros antepasados, hoy apenas se aspira a unos apartamentos playeros en costas masificadas… El mosaico del Camino de Albalate nos invita a mirar al pasado de otro modo, para así reencontrarnos con ese tiempo pretérito en el que el hombre era educado para vivir, para aprehender la vida como una experiencia estética y realizable.




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1 comentario:

Mircea Barbu dijo...

Señor José Antonio Bielsa,
Visitando la página de don Nicolás Gómez Dávila en Wikipedia he llegado a su blog.
He de decirle que me conmueve seguir el rastro del pensador colombiano en sus textos.
En la actualidad vivo en Bogotá, ciudad que no sé si usted conoce, y leo compulsivamente los Escolios.
Ayer mismo merodeé por la casa que la familia Gómez Dávila tenía en el Nogal, barrio elegante del norte, y lamento informarle de que ahora es un edificio gubernamental.
La mayor parte de su legendaria biblioteca, eso sí, es accesible en la Biblioteca Luis Ángel Arango, en el centro histórico.
Algún día volveré a España, si necesita más bibliografía sobre Gómez Dávila, será un placer compartirla con usted –estoy recopilando bastantes textos sobre él.
Permítame que le recomiende, si no ha llegado ya a ellos, a otros dos grandes pensadores colombianos, Gutiérrez Girardot (conservador, polemista y crítico literario) y Estanislao Zuleta (marxista, freudiano y reverso intelectual de Gómez Dávila).
Un abrazo,