27 de marzo de 2011

Fray Manuel García Miralles, O.P. - Notas

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Firma de Fray Manuel García Miralles (arriba)
y texto autógrafo del mismo (abajo), dedicado a José Arbiol Sanz.
[Biblioteca de José Arbiol Sanz]


APUNTE BIOGRÁFICO

Manuel García Miralles (n. Ciudad Real; 1918 - f. c. 1970) fue un escritor y dominico español, otrora considerado uno de los mejores historiadores de la Orden. Ingresó en la Sociedad Mariológica en 1954. Fue miembro numerario del Instituto de Estudios Turolenses. Dejó artículos de temática religiosa -especialmente mariológica- y otros escritos de asuntos históricos y biográficos, muchos de ellos relacionados con el devenir histórico-religioso de la provincia de Teruel. Vinculado fraternalmente a la villa de Calanda (Teruel), escribió una historia sobre ésta.

LISTADO DE OBRAS (Selección)

Libros

- El misterio de la Asunción en S. Vicente Ferrer, RET, 1951.
- El obispo Pérez del Prado, Madrid, 1953.
- Adoratriz en cruz, Valencia, 1959.
- Influjo de María en la producción de la gracia sacramental, EM, 1960.
- Los dominicos de la provincia de Aragón en la persecución religiosa de 1936, F.E.D.A., Valencia, 1962.
- La orden de predicadores en la provincia de Teruel, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1964.
- Historia de Calanda, Tipografía Artística Puertes, Valencia, 1969.
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Artículos

- La Orden de Predicadores en su aportación al triunfo de la Inmaculada
- Fuentes mariológicas españolas dominicanas
- María en la Sagrada Escritura, según los exegetas y escritores dominicos (ss. XIII-XVII)
- María en "La Sagrada Pasión de Nuestro Señor Jesucristo" de Pedro Juan Mico (1492-1555)
- María, señal de firme esperanza y de consuelo para el pueblo de Dios que peregrina en la tierra
- María en la Sagrada Escritura, según los escritores dominicos: San Vicente Ferrer (1350-1419)
- Espiritualidad mariana, como respuesta afectiva a la asociación de la Virgen a los misterios de Cristo: su estudio e historia
- El Espíritu Santo y María en la doctrina de San Luís Bertrán
- Un movimiento actual de espiritualidad mariana: Equipos del Rosarío
- Influjo de María en la producción de la gracia sacramental
- La perseverancia en el sacerdocio y la devoción a María
- La actitud de entrega o donación personal a María
- El Rosario en familia
- Novena en honor del bienaventurado Joaquín Royo
- ¿El Beato Miguel de Fabra, castellano, catalán o aragonés?
- La personalidad de Gil Sánchez Muñoz y la solución del Cisma de Occidente (Teruel, 1954)
- Los dominicos en Albarracín (Teruel, 1956)
- Los dominicos en Alcañiz (Teruel, 1958)
- Apuntes para la historia del convento de San Raimundo de Teruel (Teruel, 1958)
- Noticias de los conventos dominicos turolenses en su asistencia a España en la Guerra de la Independencia (Teruel, 1959)
- Orígenes de la iglesia de Santa María de Albarracín: sus primeros obispos; sus capillas (Teruel, 1960)
- Los dominicos en Montalbán (Teruel, 1961)
- Linajes de Albarracín: la casa de los Dolz de Espejo (Teruel, 1965)
- El cardenal de Bello (Teruel, 1969)
- Turolenses ilustres: Domingo Anadón (Teruel, 1970)

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Zaragoza, marzo de 2011
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18 de marzo de 2011

PEQUEÑO DICCIONARIO DE URBANIDAD (Divertimento) · I

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María Dolores Arbiol
Bodegón
Año: c. 1990 - Material: Carboncillo sobre lámina de papel
Medidas: 35 x 50 cm.
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A
Árbol (maldito): realidad inevitable a la que tienden las manos curiosas y hambrientas del hombre.

B
Bodegón: despensa disecada.

C
Conversación: diálogo imposible entre dos ficciones posibles.

E
Ejercicio (de estilo): juguete destinado a juegos jugosos que se derrite en sí mismo como la nieve bajo el calefactor.
Escenas (macabras): dícese de aquéllas en las que queda enmarcada cualquier estamp(id)a humana.
Escuela: episodio cruel en la vida de toda persona sensible y/o sensata.
Estado: máquina asesina cuyo fin último es la negación del Hombre en beneficio del Pueblo.

F
Fama: epidemia del siglo de la que casi nadie quiere estar vacunado.
Fantasma: lo cubre una sábana blanca, generalmente con dos agujeros en la parte superior.
Fantasmas: pululan por los espacios públicos (y del sueño) como plaga de langosta.
Fútbol: mecanismo alienante que embrutece y tonifica el espíritu.
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H
Humanidad: en cien años (y un año), un desierto de osamentas.

J
Job: uno de los contados hombres que murieron la vida con conocimiento de causa.

M
Manifiesto: escrito mojado en sangre de autómata cuyas propias tesis invalidan la circulación sanguínea.
Marx: icono de masas caracterizado por una grata barba blanca y un cartelito apócrifo que-dicen-que-dice: “La religión: opio del pueblo”.
Marxismo: corriente de (re)pensamiento cuyas ventanas, una vez abiertas de par en par, no dejan de golpear en las contraventanas.
Matarife: médico sin titulación oficial aparente.

N
Naturaleza: terror circunstancial de cuyas blancas babas emana la esencia de lo natural: ese impulso irrefrenable.

P
Pecado: lacra que se crece por dentro, corroe la espiritualidad antes inmaculada, borra la huella de Dios.
Personalidad: esa gran desconocida.
Prestigio: operación de maquillaje consistente en desmaquillar la verdadera esencia del hombre, así la vanidad.
Prisión: jardín de infancia sin la pretensión de serlo.
Pueblo: caldo informe graso en continuo proceso de fermentación.

T
Televisión: realidad-ficción a 25 horrores por segundo.


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10 de marzo de 2011

MIGAJAS. Número y estadística (Apunte marginal en clave paródica)

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Cartel de la película Cuando el destino nos alcance (Richard Fleischer, 1973), premonitoria cinta de ciencia-ficción en torno a los problemas provocados por la superpoblación.




La sociedad moderna se ha ido reduciendo progresivamente a remolinos de animales en celo.

Nicolás Gómez Dávila



Al igual que los cuinos en putrefacción más apestosos, nuestro devastado y superpoblado planeta es un repulsivo hervidero de gusanos, de animales en celo retozantes que procrean y procrean para generar muerte y, ya de paso, arrastrar consigo la civilización camino de su inevitable, pronta extinción: la vacía inanidad de las estadísticas, una vez más, acude a nuestro encuentro. Y las cifras estimativas, por sí solas, dicen suficiente: en la atea China, cuyo cuartel ya supera los 1.335.000.000 de sometidos, una víctima nace cada 1,9 segundos, mientras que otra fallece cada 3,4 segundos. En su aciaga gran vecina, la India, que no tardará mucho en superarla en población -ya rebasa los 1.184.000.000 de habitantes-, las cifras son todavía, si cabe, más inquietantes: 1,3 segundos es lo que "tarda" un nuevo hindú en venir al mundo, y 3,6 segundos en desaparecer. Estos dos colosos infernales, donde la superpoblación campa a sus anchas, contribuyen en buena medida a que la población del planeta siga en alza, aproximándose a la aterradora cifra de 7.000.000.000 de seres humanos. ¡Y pensar que bajo el cráneo del grueso de todas estas vidas absurdas -más o menos conscientes, más o menos intercambiables-, late una idea de individualidad que jamás se realizará fuera de un determinismo soberano! Fuera de estos dos núcleos saturados de partos y muerte, de sangre y fuego fatuo, el resto del globo no ofrece un panorama mucho más alentador: ese desconocido e inmenso continente llamado África, en cualquier caso, monopoliza a este respecto en lo que a cifras exorbitantes se refiere: Nigeria, con sus más de 154.000.000 de habitantes, computa un fallecimiento cada 12,7 segundos, casi el doble de tiempo de lo que tarda en venir al mundo otro innecesario niño: 5,7 segundos. Al otro lado del Atlántico, en el continente americano, tres países superpoblados y con unas emisiones de dióxido de carbono alarmantes, imperan en lo que a contingentes poblacionales se refiere: Estados Unidos, con más de 311.000.000 de habitantes; Brasil, que ya supera los 202.000.000 de cuerpos; y en tercer lugar, México, con 113.000.000 de cabezas. El único continente “soportable” -demográficamente hablando, al menos- es Europa, cuya población, en virtud de su avanzado grado de civilización (sic), mantiene un equilibrio “sostenible” en su crecimiento poblacional, presentando algunos países un afortunado crecimiento negativo, debido al envejecimiento de su población, tal y como ocurre en Italia, Austria, Alemania, Polonia, Hungría o Grecia; en otros países, como en España, el crecimiento es positivo, aunque poco pronunciado, pero es crecimiento al fin y al cabo: ni que decir tiene que la actual población española, con sus más de 46.500.000 individuos -un nacimiento cada minuto, un fallecimiento cada 1,3 minutos-, es claro reflejo de una aberrante gestión política -la regulación de la inmigración- cuya finalidad última aterraría a ciertos progresistas imbuidos de buenas intenciones, ora paternalistas, ora solidarias. Simultáneamente en el mundo, en apenas una hora, en torno a 6.500 personas han muerto… pero más de 15.000, entre tanto, habrán abierto los ojos en su lugar; así apuntado, nacen a escala global, día a día, más del doble de los individuos que mueren, y esto, debidamente perpetuado en el tiempo, está degenerando en algo a todas luces insostenible. Si a este hecho sumamos la enorme cantidad de vertidos tóxicos que son arrojados a la biosfera, la susodicha superpoblación, inevitablemente, tenderá a sufrir un evidente empeoramiento de la calidad de vida (que ya es decir): a escala planetaria, en torno a 3.500.000 toneladas de dióxido de carbono son vertidas a la atmósfera cada hora. Y obviamente, esta cifra meramente simbólica aumentará conforme la población vaya ascendiendo, conforme la siempre renovada juventud vaya haciendo del coito inconsecuente punto alfa y omega de su debilidad mental.

Animal quejumbroso y miserable, el llamado ser humano posmoderno, tratado en conjunto, resulta más letal y mortífero que una plaga de termitas. Su magnífico hábitat, este planeta milagroso tan apto para su existencia -al menos hasta hace unos decenios-, se afirmará en breve como su tumba, cual telúrica mortaja: sepultura masiva a la par que lecho coital, nuestro planeta nos sobrevivirá indiferente, dejando la puerta abierta a futuros entes rectores: ayer hicieron lo propio los dinosaurios, ahora el hombre tiene el efímero dominio, pero tal vez mañana…

Zaragoza, 10 de marzo de 2011



Fuente:
(extracto empírico; datos tomados el día 10 de marzo de 2011):

5 de marzo de 2011

Sobre Juan de Sesé, compositor calandino. Tras la pista de un ilustre desconocido ['Kolenda', Febrero 2011, nº 97]

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Calanda alumbró en 1640 a Gaspar Sanz, su músico más universal y mentado. Nada hacía pensar que en menos de un siglo nuestra villa vería nacer a otro maestro ilustre capaz de competir con el anterior en talla y significación: nos referimos a Juan de Sesé y Balaguer (1736-1801), compositor y organista que fue, en justa correspondencia, uno de los más relevantes y apreciados de la España de su tiempo.

Pero a diferencia de Gaspar Sanz, revalorizado y asentado en el repertorio, el caso de Sesé es hoy un misterio, acrecentado sin duda por el paso del tiempo: el grueso de su producción permanece en paradero desconocido o, en el peor de los casos, se considera perdida -algo en cierto modo recurrente, dada la negligencia del pueblo español con su patrimonio musical-; su biografía, aunque más documentada que la de Sanz, no resulta mucho más transparente; y por si fuera poco, Sesé es un completo desconocido, incluso entre los iniciados. Ahora bien, su importancia nunca ha sido cuestionada: Juan de Sesé es el otro calandino que ostenta, junto a Gaspar Sanz, el privilegio de gozar de entrada en el monumental diccionario musical británico Grove (edición de 1980), cuyos veinte tomos concentran lo más selecto de la música internacional. Por otra parte, algunos de los mejores bibliógrafos y eruditos clásicos sobre la materia, como Félix Latassa, Baltasar Saldoni, Narciso Hergueta e Hilarión Eslava, no han discutido su enorme importancia, subrayando su entidad artística y hondura intelectual. Y, ya en un plano más anecdótico, nuestro principal historiador local, Mosén Vicente Allanegui, tampoco ha escatimado elogios en las escasas líneas que le ha destinado. También Calanda, en los últimos tiempos, le ha rendido inequívoco tributo, bien dedicándole una calle, bien dando nombre a su coral. No es poco, a decir verdad, para tratarse de un gran desconocido. Pero, ¿quién fue Juan de Sesé -o Sessé, como lo citan algunas fuentes-?

Nuestro imaginario viaje en el tiempo se remonta a la Calanda de la primera mitad del siglo XVIII, a un 24 de mayo de 1736, día en que nació Juan de Sesé y Balaguer. De sus primeros años en la villa nada sabemos, aunque la imaginación no nos impida especular, acaso con resultados estériles... Lo que sí es seguro es que nuestro paisano completaría sus estudios en Zaragoza, decantándose en principio hacia la rama de las letras, su vocación primera, si bien se terminará imponiendo en él el músico. Pero será su traslado a Madrid el que marque sus años de consagración y apogeo al ser nombrado maestro de capilla de San Felipe Neri y, finalmente, vicemaestro de la Real Capilla desde 1769 hasta su fallecimiento, acaecido el 17 de marzo de 1801. Fue este importantísimo último cargo, uno de los más codiciados entre los músicos de entonces, el que posibilitaría su despegue como compositor, y a cuya obra nos referiremos a continuación. Sobre su vida privada, el investigador Antonio Martín Moreno apunta algunos datos relevantes: “A diferencia de otros músicos de la Real Capilla, Juan de Sessé estuvo casado en dos ocasiones, la primera con Magdalena Beltrán, de la que tuvo dos hijos, Basilio y José, y la segunda con María Antonia de Llana”; uno de estos hijos, Basilio, llegará a ser, como su padre, uno de los organistas más reconocidos de su tiempo.

Como compositor, y a diferencia de Gaspar Sanz, vinculado a una sola obra, -si bien inmensa, la Instrucción-, Juan de Sesé fue un autor prolífico que practicó su arte en las más variadas formas instrumentales (divertimentos, minuetos, corales, fugas, sonatas, cuartetos, etc.), publicando con cierta frecuencia sus obras entre 1773 y 1790 en las prensas madrileñas de Copin; citemos, como refuerzo, algunos de sus trabajos más relevantes: Doce minuetos para clavicordio (1774), Versos de órgano para días solemnes (1776), Ocho divertimentos para clave o forte-piano (1784), etc. Mención especial merecerían, de no estar perdidas, sus sonatas para violín y viola y, sobre todo, sus seis cuartetos, que de conservarse ocuparían un lugar prominente en el catálogo español dedicado a esta compleja forma, la más seria y aristocrática de la música de cámara.

Nos quedan de Sesé, frente a tantas páginas desaparecidas, sus Seis fugas para órgano y clavicordio, Op. 1 (1773) y el Cuaderno tercero de una colección de piezas de música para clavicordio, forte-piano y órgano, Op. 6 (1790), junto a algunas piezas sueltas, como el Preludio, Largo e Intento, tal vez su timbre de gloria, que de cuando en cuando ejecutan los virtuosos del órgano histórico en los recitales de música de iglesia española. No es mucho mientras no se redescubran otros manuscritos, se reabran nuevas investigaciones, pero sí lo suficiente como para devolverle a este perdedor de la Historia de la Música su merecido puesto de honor.

Calanda y Juan de Sesé lo merecen: abrir nuestros oídos y nuestra mente a la verdadera música, al genuino arte del que Calanda es garante. No es tarea fácil, pero sí necesaria en un mundo dominado por los más aberrantes sonidos facturados por la industria de consumo.

1 de marzo de 2011

ANTE LA TUMBA DE UN POETA OLVIDADO (Poema, 2010)

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La tumba de un poeta olvidado (2010)
[fotografía del autor]
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·Los versos son versos,
Y van al aire,
Allí donde el mar, libre,
Se disuelve en la noche.

Cantor de silencios, decían,
En vida fuiste,
Dejando por escrito, leve,
La esencia de tus huesos.

Todo eran palabras,
Y entre dos suspiros latía,
Apacible o sofocado, cierto,
Tu corazón melancólico.

Te aferraste a la métrica,
Al claro academicismo,
Mientras afuera, algunos,
Apedreaban tus horizontes.

En tus veranos italianos -c. 1901-,
Marchabas con los cuadernos,
Inéditos, bajo el brazo,
Presto a verter tu alma.

Las horas, frente al papel,
Se iban pasando, certeras,
Como fragmentos de eternidad
Recuperados por todo lo alto.

Los versos se iban, así,
Encadenando unos a otros;
Todo era ley natural,
Mesura y orden cósmico.

Envejeciste escribiendo,
Odas y sonetos, rimas,
Himnos y elegías, retazos
De palabras inevitables.

No era la noche, cálida,
Tu afable consejera,
Sino los círculos de amigos,
Las mesas de los casinos.

Europa resplandecía,
Y pronto el brillo incendiario
Abrasó plumas, cortinas y quimeras,
Quebrando el soneto y la lira.

Tu muerte accidental ¡ay!
Puso imprevisto punto y final
A una obra, triste, que no daba,
Bien lo sé, más de sí.

Con honores fuiste enterrado
En una tumba de mármol,
Decorada con estuco y laureles,
Y la musa vestida con pan de oro.

Tres días después de tu muerte,
Algunos de tus poemas -no los mejores-
Eran aquí o allá recitados
Por lerdos voceros rasgados.

Pero a las tres semanas,
-ni una menos-, tu tumba
Era otra, y tu nombre
Uno de tantos entre los poetas.

En apenas dos décadas, acierto,
Ya nadie recordaba tu nombre,
Y tu poesía, muerta,
Yacía entre el polvo de los estantes.

De eso hace ya un siglo.
Hoy, tu tumba está agrietada,
Y apenas puede leerse el nombre.
Los versos, amigo, sólo son versos.
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Venecia, 21 de diciembre de 2010
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