28 de septiembre de 2011

FILOSOFÍA ANTIGUA. Anotaciones en torno a los fragmentos filosóficos de Filolao de Crotona





PRO-FORMA



"Hay razones que nos pueden."

FILOLAO, Sobre la Naturaleza


Las limitaciones inherentes a la naturaleza precaria de este escrito, pese a posibles entusiasmos vertidos en su progresiva ejecución, bien imposibilitan, a todas luces, un resultado satisfactorio: medirse -por innecesario que sea- con un Guthrie, con un Kirk, en este sentido, resultaría tarea vana, ya que lo que aquí va a aparecer remitirá, por más de un concepto, a escritos previos vinculados a determinados popes de los estudios científicos sobre los textos clásicos. Predominará, por tanto, un carácter introductorio/escolar, incapaz de competir con nada que no sea sino un vulgar remedo/refrito de las obras de referencia, mas con la peculiar condimentación a la que solemos someter estos desaguisados. Con esta benemérita cruz debemos cargar: meros plagiarios, nos someteremos a la huera reproducción de ideas ajenas, acometiendo la redacción del escrito sin otra esperanza que el entusiasmo intermitente. Condenados a la mediocridad de un empeño tan ambicioso como imposible, abordaremos el estudio de Filolao seguros de la inanidad de estas páginas sucesivas.


1. APROXIMACIÓN HISTÓRICO-FILOSÓFICA


Comenzaremos este apartado, de menos a más, recurriendo a tres grandes voces tomadas de entre las muchas que hacen lo propio en estas lindes, la primera de ellas introductoria/funcional, las postreras prominentes y visiblemente definitivas/autorizadas, así en torno a lo arriba encabezado sobre Filolao de Crotona y su pensamiento filosófico.


Ferrater Mora, la capacidad sintética del profesional


Meritorio trabajo el de don José Ferrater Mora fue su Diccionario de Filosofía, obra inmensa y descabellada en su ambición que fluctúa entre lo sublime y lo anodino, con entradas que ora satisfacen, ora saben a poco: palacio brutalmente saqueado por tres generaciones de pedantes, el Diccionario mantiene vigente su soberanía vernácula. La inspiración, al parecer, no le acompañó demasiado (¿sic?) en su redacción de la entrada destinada a Filolao de Crotona: si la brevedad es el alma del ingenio, don José ha triunfado, pues su entrada apenas acopia poco más de veinte líneas de prosa aséptica: no es mucho, a decir verdad, pero lo poco que llega a decir, más que orientar, desorienta a un lector crítico. Pero vayamos por/a (las) partes:
1) Cronología inconcreta: “fines del siglo V antes de J. C.”
2) Encasillamiento ambiguo: “uno de los primeros pitagóricos”.
3) Fuente relativamente valiosa aunque predecible: Diógenes Laercio, según el cual Filolao fue “el primero que sistematizó el pitagorismo, con la publicación de los ‘libros pitagóricos’.”.
4) Dualismo de la Naturaleza: “lo Ilimitado” versus “lo Limitado”.
5) Cosmología numérica: reducción al número de las características espaciales y del consiguiente desarrollo de los cuerpos en éstas.
6) Doctrina del mundo: el elemento central de la realidad es el fuego.
7) Doctrina del alma: el alma, prisionera del cuerpo.
Demasiadas cuerdas para un solo violín, en efecto. Lo biográfico, a fuerza de no saberse nada “a ciencia cierta”, ha quedado desplazado del texto a mera acotación formal y/o enciclopédica. Se citan dos nombres para reforzar lo hipotético de su biografía: el mentado Diógenes Laercio y Demetrio.


Guthrie, la voz de la razón


Encontramos las páginas más firmes y memorables escritas sobre Filolao en la obra capital de Guthrie. Pero de nuevo, las mismas inseguridades, las mismas conjeturas. Guthrie vierte algunos nombres, por eso de dar materialidad físico-carnal al investigado: Cebes, que al parecer escuchó al interfecto en Tebas; Diógenes, que apunta que Filolao se entrevistó con Platón; Aristóteles, que al citarlo al menos una vez en su Ética a Eudemo da a entender que lo había leído; Hermipo, un erudito de Alejandría que dice de Filolao que “escribió un libro”…
Llegados al testimonio de Hermipo, las razones para tomar en serio la obra escrita de Filolao se acrecientan enteros. Pero Guthrie, como queriendo ir todavía más lejos, sigue apuntando nombres de conocedores de Filolao: uno de ellos nos interesa especialmente, Demetrio de Magnesia, quien “alude también a un tratado sobre la doctrina pitagórica escrito por Filolao y cita la frase con que se abre el mismo”. Esa frase dice así: “La naturaleza que hay en el cosmos se formó a partir de factores ilimitados y limitantes, al igual que la totalidad del cosmos y todas las cosas que hay en él.” Meramente la apuntamos, pues en ella reside gran parte de la verdad del pensamiento filosófico contenido en los escritos seguros de este autor.


Kirk y Raven (y Schofield), más allá de la duda


Junto a los apuntes biográficos, los autores vindican su buen hacer por medio de una selección de textos, mina copiosa de datos. Y llaman la atención sobre la precariedad inevitable del objeto de estudio, acotando empero su entidad primerísima: “Subsisten, por fortuna, algunos fragmentos auténticos del principal filósofo pitagórico de la parte final del siglo V, Filolao”; estos fragmentos, fuera de su contexto genuino, se tornan incomprensibles sin una apoyatura óptima.
Así y todo -y en lo que ahora concierne-, en lo biográfico los autores se muestran bastante aproximativos: sitúan a Filolao entre los coetáneos de Sócrates, prolongando lo ya dicho por Guthrie. Pero las citas que aportan, omitiendo por razones obvias al ya evidente/sobreentendido Diógenes Laercio, son escasas, a saber: Platón en su Fedón, Hermipo y… Apolodoro de Cícico, oscuro escribidor. Predomina la duda, pues, en torno a la existencia certera o hipotética del autor, aunque todo se decante al sí.
En cuanto a los fragmentos seleccionados, recurren a una serie de temas constantes en Filolao, a saber:
1) Limitadores e Ilimitados;
2) El número;
3) Naturaleza y harmonía (sic).
Sobre la procedencia de dichos fragmentos y su significación filosófica, prevalecen serias dudas en cuanto a la autenticidad se refiere, si bien deben destacarse los dos puntos de vista de Burkert, que establecen, por un lado, que “el libro de Filolao era la fuente principal de la versión aristotélica del Pitagorismo” o, en su defecto y por el otro lado, que “Filolao alumbró verdaderamente ‘la filosofía del Límite e Ilimitado y su harmonía a través del número’ en su forma abstracta…”


2. LA OBRA ESCRITA (CONSERVADA) DE FILOLAO


Filolao, como venimos insinuando y al fin afirmamos, es el principal teórico del Pitagorismo: de él proviene el grueso del pensamiento de esta escuela tan ambigua. Sin embargo, lo relativamente poco conservado apunta hacia una multiplicidad de lecturas abiertamente problemáticas. Apoyándonos en el valioso -aunque para algunos voceros de la modernidad, ya obsoleto- libro Los presocráticos, del FCE, y a tenor de la traducción y selección efectuada para el mismo por Juan David García Bacca, reduciremos nuestro estudio a las dos obras de Filolao por él tratadas: la primera de ellas es la gran obra, Sobre la naturaleza; la segunda no augura méritos inferiores y responde al título de Bacantes.


2.1. FRAGMENTOS EN TORNO A SOBRE LA NATURALEZA Y SUCESIVO ESTUDIO


De los opúsculos conservados de Filolao, este libro se perfila como el más importante de su producción, decisivo para alcanzar a comprender de forma global el conjunto de su visión del mundo.
Sea como fuere, el discurso de Filolao es dualista, delimitando precisamente los conceptos de limitado e ilimitado a la luz de su valoración de los entes materiales: “La Naturaleza se constituye en este Mundo por coajuste de ilimitado y limitado; y así están constituidos el Mundo entero y todas las cosas que en el mundo se hallan”. Esta ambivalencia se justifica por la imposibilidad de un ente espacialmente fijo, ya que “Si todas las cosas fuesen ilimitadas, no habría ni objeto con que comenzar a entender”; se precisa la marca limitadora, la seguridad de lo finito numerado.
Filolao encuentra en el número la apoyatura a su explicación de la dimensión terrenal del mundo. Para él, todo lo cognoscible tiene número, puesto sin número no habría modo alguno de aprehender cosa posible. El dualismo de Filolao también afecta de lleno al número, que como la Naturaleza, presenta parejas características formales: “El número tiene dos especies eidéticas propias: impar y par, y una tercera mezcla de entrambas: la par-impar. Y en ambas especies eidéticas hay muchas formas que por sí mismo indica cada número”.
La Teoría de la Naturaleza de Filolao necesita del principio de la Armonía para afianzarse en el terreno de lo práctico como una realidad del conocer: es decir, la Naturaleza permite un conocimiento no sólo humano, sino también divino, en cuanto reflejo de lo que está más allá de nuestra percepción empírica más prosaica: “Respecto de Naturaleza y Armonía se han las cosas de la siguiente manera: la persistencia de las cosas es eterna, y la naturaleza misma permite un conocimiento divino y no humano, sino superior a él; mas no podría “haber” cosa alguna ni resultar para nosotros “cognoscible” si no se diese tal persistencia en las cosas limitadas o ilimitadas de las que se compone el mundo”.
Capital importancia tiene para nosotros el sistema armónico de Filolao, donde quedan esbozados los principios del arte musical. Mas aunque se trate de un mero bosquejo, un embrión todavía informe, las intuiciones de Filolao preludian la escritura musical tal cual la conocemos hoy: lo poco que ha llegado hasta nosotros de la denominada música “clásica” de la antigua Grecia, así lo acredita.
Pasando al problema del número, Filolao afirma la excelencia del número diez como suprema verdad: “Sin el diez no hay cosa que esté definida, clara y distinta. Que, por su naturaleza, es el número fuente de conocimiento; y para el totalmente desorientado y para el ignorante en todo, guía y maestro”. La vinculación de los números con aspectos materiales también encuentra su ambivalencia en la moral. Por otra parte, el simbolismo oculto de los números no es ajeno a Filolao, quien somete tales a una lectura mística luego recurrente. La valoración del número en Filolao va más allá de la mera lucha de contrastes, ocultando una ética matemática en cuyos márgenes se perfila una metafísica precaria: “Lo falso no toca ni con un soplo al número; que por naturaleza están en guerra y enemistad número y falsedad; la verdad, por el contrario, es para la raza del número como de casa e innata”.
Más convencional resulta la física cósmica de Filolao, dominada por el número 5 y basada en la compartimentación de la unidad, y que a tenor de esta división deja entrever claramente sus influencias: “Cinco son los cuerpos de la Esfera: los que se encuentran dentro de la Esfera son Fuego, Agua, Tierra, Aire; y el quinto es el remolque de la Esfera”. Ese quinto elemento, en efecto, es el éter, que explica la sustentación de la Esfera en medio del espacio.
Parejos presupuestos se vislumbran en la antropología del autor, regida por el número 4, aunque igualmente unitaria: “Cuatro son los principios del animal racional: cerebro, corazón, ombligo y vergüenzas. El cerebro es principio de la inteligencia; el corazón, del alma y de la sensación; el ombligo, del enraizamiento y crecimiento del embrión; las vergüenzas, el principio de todos ellos, que todos ellos dan flores y renuevos”. Una vez más, el ente material encuentra su vínculo en el elemento moral que lo acredita en su función última. En este sentido, la visión de Filolao es de un materialismo soterrado, aunque predomine, pese a todo, un sesgo idealista que anticipe por más de un concepto a Platón, al parecer lector de nuestro autor, quien ya proclamó la “cárcel del cuerpo”.


2.2. FRAGMENTO EN TORNO A BACANTES Y SUCESIVO ESTUDIO


En su actual estado, resulta de menor entidad filosófica que el previo Sobre la naturaleza, y sin embargo no puede prescindirse de su lectura para captar el sistema de Filolao, la profundidad de su pensamiento; por desgracia, lo poco que se conserva de la misma limita mucho su comprensión.
La idea esencial remite, de nuevo, a la unidad, tema habitual de los presocráticos, a la que todo tiende y de la todo proviene, en la que todo está interrelacionado, de los particulares al absoluto que el orden conlleva: “El Mundo está unitariamente ordenado. Mas comenzó a hacerse desde el medio y, según la misma cuenta y razón, hacia arriba y hacia abajo, porque las partes sobre el medio están dispuestas simétricamente respecto de las partes bajo el medio… que una misma es la relación de todas respecto del medio”. Pero la escasez de material no permite aventurar una explicación más sólida sin plantarse de lleno en el terreno de la especulación.


BIBLIOGRAFÍA


Fuente


GARCÍA BACCA, J. D. (ed.), Los presocráticos, FCE, México, 2004, cap. “Fragmentos filosóficos de Filolao”, pp. 297-307.


Estudios


FERRATER MORA, J., Diccionario de Filosofía, vol. 2, Ariel, Barcelona, 1998, p. 1267.
GUTHRIE, W. K. C., Historia de la Filosofía griega, vol. 1, Gredos, Madrid, 1991, pp. 312-316.
KIRK, G. S., RAVEN, J. E. y SCHOFIELD, M., Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1987, pp. 455-491.

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