29 de abril de 2011

Apunte biográfico: Henri Roorda (1870-1925)

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Henri Roorda
(Suiza, 1870-1925)



Matemático, pedagogo y escritor suizo de origen holandés. De tendencias anarquistas, comenzó a escribir a temprana edad, vinculándose a los movimientos revolucionarios anticolonialistas en boga entonces. Licenciado en Matemáticas por la Universidad de Lausana, dedicaría sus esfuerzos principalmente a la docencia, aplicando en la medida de lo posible los presupuestos antiautoritarios vertidos por Jean-Jacques Rousseau en su obra emblemática Emilio; fiel reflejo de estas ideas, su producción ensayística incluye títulos tales como L’École et l’apprentissage de la docilité (1898), Mon internationalisme sentimental (1915), Le pédagogue n'aime pas les enfants (1917), À prendre ou à laisser (1919), Le Roseau pensotant (1923) o Le Rire et les rieurs (1925), entre otros. Sin embargo, la obra más significativa de Henri Roorda es el inclasificable y estremecedor relato autobiográfico Mi suicidio (1925), de prosa desnuda y arrollador discurso: en él, y en una suerte de confesión de extrema lucidez, el autor desgrana las razones que le van a llevar a cometer suicidio; Roorda, de temperamento vitalista y en plena posesión de sus facultades físicas y mentales, acabaría con su vida -de un disparo en el corazón- el 7 de septiembre de 1925, a los 54 años de edad.



Mi suicidio

(fragmento)


“Tras haber trabajado arduamente durante treinta y tres años, me siento cansado. Pero todavía tengo un apetito magnífico. Y es este apetito el que me ha hecho cometer muchas estupideces. Felices sean aquellos que tienen un mal estómago, pues siempre serán virtuosos.
Tal vez no seguí bien las reglas de la higiene. Parece ser que los que viven de manera higiénica pueden llegar a una edad avanzada. Pero ésta es una tentación que nunca he sentido. En adelante quisiera llevar una existencia cómoda y, especialmente, contemplativa. Con la embriaguez de espíritu, con fugaces emociones, desearía, de la mañana a la noche, admirar la belleza del mundo y saborear algunos de los "alimentos terrestres".
Pero, si permaneciera en la tierra, no tendría la vida fácil que tanto me tienta. Y es que todavía debería realizar, durante mucho tiempo, tareas monótonas y soportar penosas privaciones para reparar las faltas que he cometido. Prefiero desaparecer.”


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