5 de marzo de 2011

Sobre Juan de Sesé, compositor calandino. Tras la pista de un ilustre desconocido ['Kolenda', Febrero 2011, nº 97]

·

Calanda alumbró en 1640 a Gaspar Sanz, su músico más universal y mentado. Nada hacía pensar que en menos de un siglo nuestra villa vería nacer a otro maestro ilustre capaz de competir con el anterior en talla y significación: nos referimos a Juan de Sesé y Balaguer (1736-1801), compositor y organista que fue, en justa correspondencia, uno de los más relevantes y apreciados de la España de su tiempo.

Pero a diferencia de Gaspar Sanz, revalorizado y asentado en el repertorio, el caso de Sesé es hoy un misterio, acrecentado sin duda por el paso del tiempo: el grueso de su producción permanece en paradero desconocido o, en el peor de los casos, se considera perdida -algo en cierto modo recurrente, dada la negligencia del pueblo español con su patrimonio musical-; su biografía, aunque más documentada que la de Sanz, no resulta mucho más transparente; y por si fuera poco, Sesé es un completo desconocido, incluso entre los iniciados. Ahora bien, su importancia nunca ha sido cuestionada: Juan de Sesé es el otro calandino que ostenta, junto a Gaspar Sanz, el privilegio de gozar de entrada en el monumental diccionario musical británico Grove (edición de 1980), cuyos veinte tomos concentran lo más selecto de la música internacional. Por otra parte, algunos de los mejores bibliógrafos y eruditos clásicos sobre la materia, como Félix Latassa, Baltasar Saldoni, Narciso Hergueta e Hilarión Eslava, no han discutido su enorme importancia, subrayando su entidad artística y hondura intelectual. Y, ya en un plano más anecdótico, nuestro principal historiador local, Mosén Vicente Allanegui, tampoco ha escatimado elogios en las escasas líneas que le ha destinado. También Calanda, en los últimos tiempos, le ha rendido inequívoco tributo, bien dedicándole una calle, bien dando nombre a su coral. No es poco, a decir verdad, para tratarse de un gran desconocido. Pero, ¿quién fue Juan de Sesé -o Sessé, como lo citan algunas fuentes-?

Nuestro imaginario viaje en el tiempo se remonta a la Calanda de la primera mitad del siglo XVIII, a un 24 de mayo de 1736, día en que nació Juan de Sesé y Balaguer. De sus primeros años en la villa nada sabemos, aunque la imaginación no nos impida especular, acaso con resultados estériles... Lo que sí es seguro es que nuestro paisano completaría sus estudios en Zaragoza, decantándose en principio hacia la rama de las letras, su vocación primera, si bien se terminará imponiendo en él el músico. Pero será su traslado a Madrid el que marque sus años de consagración y apogeo al ser nombrado maestro de capilla de San Felipe Neri y, finalmente, vicemaestro de la Real Capilla desde 1769 hasta su fallecimiento, acaecido el 17 de marzo de 1801. Fue este importantísimo último cargo, uno de los más codiciados entre los músicos de entonces, el que posibilitaría su despegue como compositor, y a cuya obra nos referiremos a continuación. Sobre su vida privada, el investigador Antonio Martín Moreno apunta algunos datos relevantes: “A diferencia de otros músicos de la Real Capilla, Juan de Sessé estuvo casado en dos ocasiones, la primera con Magdalena Beltrán, de la que tuvo dos hijos, Basilio y José, y la segunda con María Antonia de Llana”; uno de estos hijos, Basilio, llegará a ser, como su padre, uno de los organistas más reconocidos de su tiempo.

Como compositor, y a diferencia de Gaspar Sanz, vinculado a una sola obra, -si bien inmensa, la Instrucción-, Juan de Sesé fue un autor prolífico que practicó su arte en las más variadas formas instrumentales (divertimentos, minuetos, corales, fugas, sonatas, cuartetos, etc.), publicando con cierta frecuencia sus obras entre 1773 y 1790 en las prensas madrileñas de Copin; citemos, como refuerzo, algunos de sus trabajos más relevantes: Doce minuetos para clavicordio (1774), Versos de órgano para días solemnes (1776), Ocho divertimentos para clave o forte-piano (1784), etc. Mención especial merecerían, de no estar perdidas, sus sonatas para violín y viola y, sobre todo, sus seis cuartetos, que de conservarse ocuparían un lugar prominente en el catálogo español dedicado a esta compleja forma, la más seria y aristocrática de la música de cámara.

Nos quedan de Sesé, frente a tantas páginas desaparecidas, sus Seis fugas para órgano y clavicordio, Op. 1 (1773) y el Cuaderno tercero de una colección de piezas de música para clavicordio, forte-piano y órgano, Op. 6 (1790), junto a algunas piezas sueltas, como el Preludio, Largo e Intento, tal vez su timbre de gloria, que de cuando en cuando ejecutan los virtuosos del órgano histórico en los recitales de música de iglesia española. No es mucho mientras no se redescubran otros manuscritos, se reabran nuevas investigaciones, pero sí lo suficiente como para devolverle a este perdedor de la Historia de la Música su merecido puesto de honor.

Calanda y Juan de Sesé lo merecen: abrir nuestros oídos y nuestra mente a la verdadera música, al genuino arte del que Calanda es garante. No es tarea fácil, pero sí necesaria en un mundo dominado por los más aberrantes sonidos facturados por la industria de consumo.

No hay comentarios: