24 de julio de 2010

MIGAJAS. Del suicida (Apunte marginal)





Leonardo Alenza:
Sátira del suicidio romántico (1839)



El suicida es hombre preclaro: discierne en su muerte la cura a todos sus males efímeros. El suicida privilegia el instante a la totalidad de hechos arbitrarios; afirma la vida por sistema: amante del placer, sibarita ilustrado, acude a sí mismo para reafirmar su situación precaria.

Puesto que al suicida el mundo nada le ofrece, siquiera otra ínfima alternativa, el mundo mismo ante sus ojos se arruina.

El suicida es hombre de principios: principia la desesperación y el goce autodestructivos. El suicida se aproxima a Dios desde su miseria: dueño último de su carne pecadora, la sacrifica y la condena a la podredumbre postrera. No teme el instante, ni las consecuencias, sino su redención póstuma.

El suicida alza la vista más allá que el mediocre: participa de un holocausto que no le concierne: desprecia su carne porque en ella dormita el gusano; el gusano es la idea de su prójimo, de su patria, de su Dios inconexo. Nada le perturba ni disturba tanto como su sino: su único fracaso.

Atrapado en un mundo abyecto y pusilánime, el suicida hace del pretexto mortal justificante anodino para saciar su afecto anímico. Ante el consuelo del sepulcro, el suicida se afana de ser digno consolado. La nada no es sino recurso señero, habitáculo espléndido, nada indolora.

El suicida afirma la vida, pero la vida es negación perpetua: infierno de miserias, galería de crímenes injustificados, cadalso arbitrario, mentira repugnante… la vida niega al hombre vivo, desde la cuna hasta la tumba.


Zaragoza, 1 de julio de 2010
·
·
ANEXO
·
·

No hay comentarios: