22 de junio de 2010

ESCOLIOS MMX · Pliego tercero

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Al encuentro insospechado de su asesino
(2010)
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[fotografía del autor]
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Nada integra problemas ni los soluciona: todo problema es solución encubierta.
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Un fracaso inmerecido libera al triunfador de la estupidez perpetua.
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Aspirar a la medianía preludia bajezas futuras.
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Soporífera es la espera eternizada, fulminante la sentencia.
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La vida se impone, pero la muerte prevalece.
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Lo importante (es) lo omitido.
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No ser jueces, sino testigos silenciosos de una comedia abortada.
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El marco legal enmarca ilegalidades transitorias.
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Siempre se compara a la baja, y al final nadie sabe nada.
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La corrección política oculta desencanto de renegado.
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Los ideales democráticos beben de aguas fecales.
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El hombre de bien no pertenece a su tiempo: desarraigado espacio-temporal de un concepto falsificado, vincula su problema al de otras épocas, reconociendo su destino desventurado.
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(Interludio cómico) Sueños, aspiraciones… vana pretensión de hoja muerta: en la sonrisa de tu boca, amigo, implícita queda la mueca fúnebre de esqueleto que culminará, ay, tus días.
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La consolidación del prestigio cristaliza en el deceso.
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El escritor fraudulento desacredita la escritura al servirse de ella con fines perversos. Sus miserias, invariablemente mezquinas, apestan hasta los márgenes.
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Prolongado ad nauseam, el discurso del político se pudre en ramificaciones desarraigadas.
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La vistosa desfachatez del político radica no tanto en su naturaleza miserable y rastrera como en la credibilidad que confiere a un discurso, de puro alambicado y surrealista, directamente cómico.
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Ver hablar a un político sin oír lo que dice es ejercicio suficiente para comprender que lo que dice no merece ser escuchado.
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Todo argumento dirigido al pueblo es un argumento contra el pueblo.
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Al pueblo se lo compra con dinero, y por bien poco.
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Un gusto execrable rara vez se equivoca.
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Cuando una puerta se cierra, otras dos se abren; de lo contrario nadie saldría de casa.
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La falacia del historiador posibilita que el historiador sea comprendido incluso entre quienes nunca existirán.
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Un buen argumento es una buena excusa para defender una perfecta masacre.
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El único distintivo ideológico de las masas es la estupidez: en su monopolio reposa el aciago destino del mundo.
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Una bolsa llena de dinero es el mejor argumento para arrastrar a un hombre hacia la muerte segura: prostituiría incluso su más preciado bien en el caso de que lo tuviera, pero nunca su máximo, contante y sonante bien.
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Las masas siempre se saldrán con la suya mientras un látigo las dirija.
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La bobería del alumno va pareja a la metodología del profesor.
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Un profesor que se llame a sí mismo “profesional” es sólo un imbécil al cuadrado.
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En las escuelas se imparte pillería y se aprende pornografía.
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Tedio de prisionero e hiperactividad de esclavo rigen la vida del moderno.
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El policía se aprovecha de la corrupción reinante para imponer su ley en nombre de la Ley.
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La sempiterna chulería del policía es carta de presentación de su nulidad uniformada.
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El policía, lo mismo que el médico, condena su alma entre pozos de hedor y cumbres de crueldad; lo sucio y lo enfermo habitan el corazón de su(s) cometido(s).
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El único amigo verdadero del policía es el perro policía -debidamente vacunado contra la rabia-.
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El hombre más vil es el que sucumbe al influjo de las masas, recrea sus ilusiones en objetos comunes y exorciza sus diablillos en vulgaridades presupuestas.
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El hombre moderno nace lisiado, sobrevive cansado y perece, al fin y al cabo.
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La vida del moderno empieza en la diversión, culmina en el coito y se desvanece en el trabajo.
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Junio de 2010