15 de junio de 2010

Apuntes marginales en torno al arte de Pablo Ruiz Picasso (1881 - 1973)


Etapas:
· 1889-1900: Primeras obras
· 1901-1904: Período Azul
· 1904-1906: Período Rosa
· 1907-1917: CUBISMO
> d. 1907: Período Negro
> d. 1909: Cubismo Analítico
> d. 1912: Cubismo Sintético
· 1918-1936 [Entreguerras]: Clasicismo y Surrealismo
· d. 1945: Después de la II Guerra Mundial
> Reinterpretaciones/Homenajes

Obras características:
· 1896 - Primera comunión
· 1896 - Retrato de la madre del artista
· 1897 - Ciencia y caridad
· 1900 - En el Moulin de la Galette
· 1901 - Mujer con cigarrillo
· 1903 - La vida
· 1903 - La tragedia
· 1904 - Celestina
· 1904 - La planchadora
· 1905 - Mujer en camisa
· 1905 - Acróbata y joven arlequín
· 1905 - Familia de acróbatas
· 1905 - Retrato de Benedetta Canals
· 1906 - Retrato de Gertrude Stein
· 1907 - Autorretrato
· 1907 - Las señoritas de Avignon
· 1907 - Composición con calavera
· 1907 - Cabeza de hombre
· 1910 - Retrato de Ambroise Vollard
· 1910 - Retrato de Kahnweiler
· 1913 - Guitarra
· 1914 - Vive la France
· 1921 - Tres músicos
· 1922 - Dos mujeres corriendo en la playa
· 1923 - La flauta de Pan
· 1929 - Desnudo en la playa
· 1937 - El Guernica
· 1951 - Masacre en Corea (retoma a Goya)
· 1955 - Mujeres de Argel (Delacroix)
· 1957 - Las Meninas (Velázquez)
· 1961 - El almuerzo sobre la hierba (Manet)

Sin Picasso, el mayor pintor del siglo XX como ya se sabe -por una vez la historia oficial parece no equivocarse, al menos en un terreno tan problemático como es la Historia del Arte-, sería imposible aprehender la pintura contemporánea mundial... Su arte, que no puede estudiarse sin tener en cuenta sus consabidas raíces españolas, es una ilustración de esa máxima picassiana de que “lo importante es crear, detenerse es perecer”. Picasso, que ha influido en casi todos los movimientos del arte contemporáneo, es por otra parte un gran experimentador: de aquí su multiplicidad de estilos, su negación a encasillarse, puesto que a lo largo de su evolución irá dando distintas formas a su lenguaje artístico, por lo que es difícil hallar una línea clara en la evolución de su arte. La propia cronología no hace sino confirmarlo: Picasso desarrolla su labor creativa en un siglo de cambios vertiginosos, inenarrables, en uno de cuyos extremos -finales del siglo XIX- todavía se seguía pintando con los mismos esquemas heredados del Renacimiento, mientras que en el otro -década de 1970- se asiste a la desmaterialización de la obra, a su inevitable aniquilación: es decir, va desde el cuadro de caballete hasta el llamado arte conceptual. Entre ambos momentos se produjo una transformación de aceleración tan inaudita como jamás pudo conocer el hombre. Por ello, Picasso, en definitiva, representa al artista moderno por excelencia, al último de los grandes artistas. Y aunque su obra ofrece un lenguaje innovador y de ruptura, nunca pierde el horizonte del lenguaje clásico, de la tradición sabia e imperecedera: una manera de trabajar donde se utiliza la simetría, el volumen, la frontalidad, la perspectiva cónica-central, la representación mimética de objetos, es decir, los elementos mismos de la retórica artística. Y sin embargo clásica es también aquella obra que mediante recursos estilísticos anticlásicos puede conseguir lo que los objetos son sin adjetivar, per se; se elimina la adjetivación prescindiendo del tiempo. Es decir, cuando Picasso pinta una guitarra, pinta la esencia del instrumento, no la guitarra concreta. Aunque siempre se mantiene en el horizonte de la referencia figurativa, roza la tentación de abstracción en ocasiones, pero nunca llega a ser abstracto.
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1889-1900: PRIMERAS OBRAS
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Las primeras obras de Picasso muestran una perfecta asimilación de la pintura academicista, así como un profundo conocimiento de la pintura modernista, de los impresionistas y postimpresionistas, siendo la influencia de Toulouse-Lautrec cierta. Su primera exposición individual tiene lugar en Barcelona en 1900, ciudad a la que la familia se había trasladado en 1895. Iniciado en la pintura de la mano de su padre (José Ruiz Blasco, profesor de dibujo) en la escuela de Bellas Artes de La Lonja, Picasso ingresará más tarde en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. De este período sus obras más significativas son Ciencia y caridad (1897) y En el Moulin de la Galette (1900), auténticas piezas maestras en las que un pintor de menos de veinte años consigue decir algo nuevo y definitivo sin quedarse en la nimiedad de los mimetismos, por otra parte bien propios de una edad parca en verdaderos genios.
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1901-1904: PERÍODO AZUL
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Entre los años 1901 y 1904 Picasso estudia, al parecer, a los postimpresionistas, especialmente a Degas, Gauguin y los Nabis. Característica del período la ilustran sus cuadros, dominados por un predominio del color azul y matices temáticos como la amargura, reflejados en sus composiciones habitadas por figuras decadentes, una humanidad derrotada bien propia de su tiempo. Refleja bien este sentimiento su obra maestra La planchadora (1904), óleo gestado a partir de estudios de Degas, que representa a una mujer triste, anulada por un trabajo mediocre y espantoso; ni que decir tiene que aquí Picasso fue más allá de la mera anécdota para captar con inaudita precisión un estado de degradación universal, propio de una humanidad enferma, de un mundo agónico y miserable. No menos sugerente, Mujer con camisa (1905) confirma que Picasso está empezando a transgredir las normas de representación académicas, atreviéndose a mostrar el cuerpo desde un punto de vista frontal mientras que el rostro y el pecho están vistos de perfil. El malagueño no ha inventado todavía nada -este tipo de representación hunde sus raíces en la civilización egipcia-, pero ha conseguido crear una forma congruente.
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1904-1906: PERÍODO ROSA
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En 1904 Picasso se instala definitivamente en París, en un barracón de Monmartre. Comienza a frecuentar un círculo de amistades de artistas e intelectuales. A partir de 1905 comienza el endulzamiento de su pintura: el color azul comienza a mezclarse con un predominante color rosa en diferentes gamas. La temática de este período está tomada de Seurat y Toulouse-Lautrec: el circo y sus personajes, pero con un marcado acento patético. No presenta una novedad notable con respecto a la etapa anterior, sino más bien un cambio de sensibilidad hacia una visión más romántica de estas tristes vidas, hecho con una exquisita habilidad que sabe aprovechar los progresos de simbolistas y postimpresionistas. Representativa de este período es su obra Familia de acróbatas (1905).
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1907-1917: CUBISMO
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En 1905, mientras pinta en rosa, hay un apreciable cambio en la temática, que se interpreta como una primera fase clásica o “Época Pompeyana”: Picasso se interesa por la pintura griega y, sobre todo, por la escultura y pintura egipcias, en busca de un primitivismo. A partir del soberbio Retrato de Gertrude Stein (1906) se aprecia un nuevo curso en la pintura de Picasso: avanza hacia un sentido escultórico primitivo, con un canon que rompe con el clasicismo, y abandona la gama de rosas para entrar en los tonos ocres, rojizos. El año 1907 pasará a la historia como el año del nacimiento del Cubismo. Por entonces Picasso es ya un pintor de peso, con nombre, prolífico autor de más de dos centenares de óleos, así como de acuarelas, de pasteles, grabados y aguafuertes. A partir de ahora Picasso innova radicalmente en los problemas de la representación espacial de la forma: la prueba más patente de ello va a ser Las señoritas de Avignon.
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> d. 1907: PERÍODO NEGRO: LAS SEÑORITAS DE AVIGNON
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En 1907 ve la luz su obra Las señoritas de Avignon: todo en ella está violentamente geometrizado, a partir de triángulos, con agudos esquivamientos, no siendo fácil determinar los límites entre el fondo y las figuras. Tal y como nos han enseñado, con esta obra se inicia el Cubismo -al menos si se analizan las dos figuras femeninas de la derecha y el bodegón-. Existen múltiples interpretaciones de la obra: “cuadro inacabado” (Kahnweiler); “obra de transición, todavía no Cubista” (Barr); etcétera; interpretaciones estériles. En cuanto al tema de la obra, la escena transcurre en lo que parece ser un prostíbulo, y en ella aparecen cinco mujeres y un pequeño bodegón en la parte inferior. Sin embargo, en los dibujos preparatorios también aparecían unas figuras masculinas -un marinero y un estudiante- que en la obra definitiva serían, con buen criterio, omitidas; consigue así Picasso captar en el espectador el efecto de que, en lugar de contemplar una habitación con unas prostitutas, pase éste a ser mirado por ellas. Esta inversión, este posicionamiento, anuncia uno de los rasgos fundamentales del siglo XX. Y es que los aspectos dominantes de la obra son el primitivismo y la disgregación espacial. El primitivismo se advierte en el rostro de las mujeres y en el uso de la combinación de colores (ocre-rosado y azul claro). El primitivismo de los rostros tiene una doble vertiente: las dos figuras de la derecha muestran una relación más clara con la escultura negra (máscaras); las dos centrales y la de la izquierda remiten a la estatuaria ibérica. El interés de Picasso en este tipo de arte radica en el sentido totémico, en las formas simplificadas. La disgregación espacial es posible gracias a que Picasso introduce diferentes puntos de vista en atención a una composición autónoma respecto de la percepción naturalista. La obra ofrece innovaciones en el empleo del color, consiguiendo crear la respiración del blanco, que no es pintado: deja una zona en blanco, entre dos colores, de forma que se ve el lienzo y pasa a convertirse en un elemento plástico en sí mismo. Introduce así la sensación de profundidad por medio del cuadro.
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> d. 1909: CUBISMO ANALÍTICO
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En 1908 Picasso se asocia con George Braque en una unión que durará hasta la I Guerra Mundial: el malagueño se va a interesar por la figura escultórica y al trasladar ese interés al cuadro bosquejará el llamado Cubismo Analítico. Para él el análisis significa disgregación del todo, separación de las partes: esta fase intenta un análisis fragmentario de la realidad visual. Siguiendo a los sempiternos manuales, las características del Cubismo Analítico son las siguientes:
- Análisis fragmentario de la realidad visual, dividiéndola en múltiples facetas (técnica del facetado: un modo de visión por parcelas): la figura se destruye en diferentes y pequeños planos exclusivamente pictóricos, logrados con trazos de dibujo y pinceladas cortas levemente moduladas, que crean el volumen según la intensidad del color y la luz. Este sistema de representación no ilusionista permite al observador asumir la condición de plano del cuadro, la bidimensionalidad.
- Cromatismo austero (tricromías: ocres, verdes y grises)
- Anti-ilusionismo: subordinación de la realidad a la unidad estructural del cuadro.
- Eje vertical-horizontal que determine el eje de la figura, desjerarquizando los puntos de vista posibles, pues todos están presentes (hasta ahora la pintura había ofrecido una visión frontal).
- Temas: figura humana, bodegón o naturaleza muerta. En la última etapa de esta fase se utilizarán objetos pegados a los cuadros, desde periódicos hasta cajetillas de tabaco, entre otros.
El Cubismo Analítico queda recogido en numerosas obras a lo largo de los años que van de 1909 a 1912; entre las más representativas figura el Retrato de Kahnweiler (1910).
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> d. 1912: CUBISMO SINTÉTICO
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El Cubismo Sintético no es tanto un análisis de la naturaleza observada como una recopilación de elementos plásticos de cualquier tipo (es decir, un collage) con vistas a la creación de una realidad puramente pictórica y pretendidamente original: se comienza a abandonar el análisis del objeto para captar su fisonomía esencial. Los cuadros ganan en soterrado humor, en dinámica vivacidad. Bien representativas de este período son sus obras Guitarra (1913) y Vive la France (1914).
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1918-1936 [Entreguerras]: CLASICISMO y SURREALISMO
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En 1919 se inicia una nueva etapa, caracterizada por una doble fórmula: por una parte, formas escultóricas e imágenes de una grandiosidad que ha sido definida, no sin cierta estrechez de miras, como neoclásica; por la otra, un cubismo desarrollado de múltiples formas y maneras, pero siempre renovado. Reacción natural de un gran artista ante el devenir de la creación artística: acaso desconcertado por los nuevos rumbos que están tomando las creaciones vanguardistas, Picasso decide volverse reaccionario, clásico con conocimiento de causa, y para ello vuelve a la pintura, a la historia de la pintura, reflexionando sobre ella, pero desde una perspectiva privilegiada, tal y como su condición de genio le permite. Junto a este resurgir del clasicismo, Picasso también experimentará por un tiempo con el surrealismo, manteniendo buenas relaciones con los miembros del grupo; pero su aportación en este terreno es de segundo orden.
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1937: EL GUERNICA
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Al estallar en España la Guerra Civil, Picasso toma partido por la República, que le nombra director del Museo del Prado, cargo que empero no llegó a desempeñar. El impacto de este hecho le llevará a realizar -por encargo de la República y para el pabellón de España en la Exposición Universal de París de 1937- su obra maestra absoluta, El Guernica, la más compleja y asombrosa de sus creaciones, tan radicalmente distinta a la pintura histórica tradicional. Cuadro monocromo, es una suerte de alegato contra la agresión fascista en España y, más esencialmente, contra la guerra en su sentido más universal. Emerge así una obra pacifista en la que la violencia y el horror son los protagonistas, bien presentes a través de unos medios muy depurados y directos: pocos elementos y colores, ningún relieve, notable carga expresiva. De grandes dimensiones -349 x 777 cm.- en tanto que está creado para la colectividad, fue concebido como cartel publicitario para poner de manifiesto la barbarie del bombardeo de Guernica, ocurrido el 26 de abril de 1937 en esta población ante cuyo famoso roble los monarcas españoles y sus representantes juraban los fueros vascos. El tema escogido fue el mencionado bombardeo por los aviones nazis. La fuerza de la brutalidad cruel del hecho es reflejada en símbolos como el toro, frente a otros opuestos, como la mujer caída con el niño en brazos. Sin concesiones a un cromatismo banalizador, todo aparece pintado de blancos, negros y grises, salvo algunas leves notas de azul, que no hacen sino subrayar la ausencia de color, de vida. Obra harto elaborada y en absoluto caótica, El Guernica es, como tantas veces se ha dicho, todo un ejemplo de equilibrio y orden: por su composición cuidada al milímetro y capital significación, es la obra definitiva del sistema picassiano, su más ambicioso empeño, su más evidente y desgarrador logro.
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> d. 1945: Después de la II Guerra Mundial
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Al finalizar la infausta II Guerra Mundial, Picasso se afilia al Partido Comunista francés; realizará algunas obras de carácter propagandístico como Matanza en Corea (1951), plenas en virtudes e inventiva, pero que poco añaden a su obra previa. A mediados de la década de 1950 comienza una etapa de "encuentros" con los clásicos, en la que dedica series a artistas tan diferentes entre sí como Velázquez -Las Meninas-, Delacroix -Mujeres de Argel- o Manet -El almuerzo sobre la hierba-. Se trata de unas reinterpretaciones personales de las obras referidas, nuevas entregas de sus rasgos de estilo, siempre renovadas y originales sin pretenderlo, ejecutadas por una mano maestra y genial que no ha perdido en absoluto el vigor de la juventud. Sólo de Las Meninas de Velázquez llegará a arrojar al mundo 58 telas, introduciendo algunos elementos nuevos, algunas licencias tales como la utilización del formato horizontal en lugar del vertical empleado por Velázquez en el original... Durante sus últimos años hasta su fallecimiento en 1973, Picasso cultivará el grabado, la cerámica, en una síntesis de cuanto ha ensayado a lo largo de su trayectoria artística y en un intento de resumir la dualidad de la existencia, esa dualidad presidida por el dolor y la alegría, la desesperación y la esperanza, tópicos universales que todo manual reitera, pero que no está de más recordar aquí.
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Zaragoza, 15 de junio de 2010
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NOTA BENE: el siguiente texto no es sino una síntesis en absoluto original de fuentes varias, muchas de ellas asimiladas por la fuerza de la costumbre, cliché tras cliché, si bien en un intento de depuración realizado por mero divertimento, así como remedo didáctico del mediocre, escasamente didáctico y a ratos ilegible texto de 'GEOGRAFÍA E HISTORIA, Temario Volumen IV. Historia del Arte y Mundo Actual', de Manuel Pérez Sánchez y co., alguna de cuyas frases hemos fusilado sin que ello implique plagio alguno -aquí queda dicho-, de puro repetidas de un autor a otro tal y como están, mas con la intención acaso un tanto pretenciosa por nuestra parte de ilustrar con claridad y sencillez un asunto no por complejo rara vez estudiado con acierto.