20 de mayo de 2010

MASA Y CONSUMO (Artículo)




Salvador Dalí: Juego lúgubre (1929)


El consumo es el distintivo ideológico de la masa. La masa aspira al consumo; en él se realiza.
El embrutecimiento de la masa es la condición básica de la misma. Mercado y producción sostienen su esencia mudable. La masa consume para ser asimilada y así regenerada en nuevas formas de masificación. Las masas dominan el mercado, y la ideología de éste es el consumo desideologizado, impenetrable, burdo.
Desde los tiempos de la industria casera, el hombre aspiró al consumo sectorizado. La mediación del mercader malbarató la producción individual. Pronto los rasgos tomaron forma diabólica: aparecía así el capitalista, y con él el despegue de la producción dada. De la iniciativa aislada a la dimensión de lo perverso no medió sino un impulso cierto: fue la apoteosis de la técnica la que impuso la Revolución Industrial, caldo de cultivo de las masas futuras.

La masa no es producto del azar, sino necesidad del progreso. El progreso económico aniquila la individualidad del sujeto creativo, vértebra en él el arraigo de lo que prontamente será desechado.
El consumidor no cree formar parte de una masa, es unidad incuestionable de un gusto prefijado.
El mercado ilimitado ratifica en el consumidor la idea de su personalidad inherente. La coyuntura liberal arropa así el capitalismo, cuyo fin último es el beneficio progresivo. Mercado y beneficio se complementan cual formas viables de conocimiento.
Masa y consumo pervierten la esencia del hecho humano. Como entidades cerradas y unificadas, sobreviven sin tara ante las crisis ideológicas.
El capitalismo fomenta la individualidad del sujeto en tanto consumidor invertebrado. La industria reestructura progresivamente los mercados de capitales. El mercado propicia en las masas el final de su conciencia histórica.
La masa se perpetúa en su miseria consumista; su única conciencia mercantil es desarrollo o subdesarrollo.
Industria, ciudad y sociedad burguesa no son sino elementos asociados encaminados hacia un mismo fin.
El capitalismo viola la unidad consustancial del hombre en tanto estimula en él su propia depredación.

Masa y consumo vehiculan un interés mutuo: la circulación de eventos tecnológicamente viables.


8 de mayo de 2010