3 de mayo de 2010

GEORGES MÉLIÈS (Colección de artículos biográficos - Cineastas - No. 3)



Georges Méliès
(Francia, 1861 - 1938)


Cineasta, actor, dibujante e ilusionista francés, uno de los más relevantes pioneros del arte cinematográfico. Nacido en París, Méliès, especialmente dotado para el dibujo, forjó su vocación teatral prontamente, llegando a ser director del Teatro Houdin. El cinematógrafo no fue en principio sino una posibilidad de cara a ampliar sus recursos teatrales. Sus primeras experiencias fílmicas carecen de particular interés, tratándose de copias de los ensayos previamente realizados por Edison o los Hermanos Lumière sobre asuntos de actualidad o ficciones elementales. La determinación de construir en 1897 unos estudios en su finca de Montreuil marcará el comienzo, por lo demás efímero, de su época de esplendor, dominada por la utilización de novedosos trucos y argumentos progresivamente volcados a la fantasía o la ciencia ficción. De sus más de quinientos filmes, perdidos en su gran mayoría, el más característico de todos ellos es Viaje a la luna (1902), muy representativo de su no-estilo, y cuyo sentido de la puesta en escena, esencialmente teatral, tiene todos y cada uno de los “defectos” o cualidades de este cinema incipiente: planos generales fijos -la cámara pasa a ocupar el lugar del espectador en la butaca del teatro-; solapamiento temporal -repetición del mismo suceso entre el final y el comienzo de dos planos distintos-; o nula utilización del montaje como elemento narrativo-diferenciador, esto es tratando los posibles y así múltiples puntos de vista más allá de la mera sucesión de escenas. Cualidades fílmicas, en efecto, que impiden hablar de puesta en escena cinematográfica propiamente dicha, tratándose más bien de la trasposición mimética de los recursos teatrales al cine en manos de un primitivo. Sea como fuere, Méliès no evolucionó más allá de estos planteamientos, y su envoltura formal pronto quedó obsoleta; a este estancamiento creativo se sumó cierta penuria económica que le llevaría a la bancarrota en sus años postreros. Su última experiencia cinematográfica tendría lugar en 1913. La importancia de Méliès reside no tanto en sus aportaciones al lenguaje cinematográfico, escasas e intuitivas, como en su visionaria utilización del cinema como espectáculo, inyectando a sus trabajos un impulso narrativo antes inusitado. Reivindicado por los surrealistas, ensalzado unánimemente como uno de los maestros del Séptimo Arte, Méliès otorgó al cine su fascinante poder de ensoñación a través de una concepción del trabajo artesanal, casi casera; de aquí su inconfundible sello, su infantil ingenuidad, pero sobre todo su entidad artística, vigente al menos en sus más memorables logros, en sus más imperecederas imágenes.