15 de marzo de 2010

OCURRENCIAS INVERNALES (Aforismos, sentencias, ocurrencias, bromas) MMX

Los Pirineos - Escarrilla (Huesca)
(Fotografía del autor)

OCURRENCIAS INVERNALES

Despojada de todo ornato, la forma remitía a sí misma: los cráneos, vaciados del más ínfimo pensamiento, se agolpaban a las puertas de la gran mole capitalista.

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Principal benefactor del fracaso nacional: el estómago subalimentado del Estado.
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La idiotez no garantiza la calidad del hombre, pero arraiga en él su sentido de la supervivencia.
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Las nubes, conciencias pasajeras, son al cielo lo que los perniles son al secadero: sed de hoy, hambre del mañana.
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Triunfo fúnebre: morir recuperando la vida no vivida.
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Bastaba un punto de apoyo, un mísero y débil punto de apoyo, para quebrar la estructura: era un espíritu lisiado al que le habían arrancado su prótesis.
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Nada es: todo parece; incluso la no-pipa de Magritte.
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Al caminar por las desiertas calles de la ciudad, entre el ruido abrasador de los camiones, de las hélices rugientes de los refrigeradores… el joven pintor experimentó el inefable deseo de extinguirse en el negro del cielo, cuya carbonilla había convertido su percepción en una mina de irrespirable crueldad.
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Tenían dignidad: exigían una explicación: eran sindicalistas.
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Bastaba con apretar el botón del juguete para confirmar que también ellos eran imbéciles: toda su vida la habían consumido intentado no desaprender eso: apretar el botón del puñetero juguete.
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“Lo aburrido de aburrirse es esperar a que el aburrimiento degenere en pensamiento” (De un político astuto a su rebaño de televidentes)
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“Podríamos ser hombres, pero preferimos ser animales, permanecer animales, aniquilar animales” (De un activista pro-vida a un médico abortista)
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Pintura de caballete: cuando el pintor tenía los píes pegados al suelo, o el mundo no se había des-apegado del hombre.
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El sueño de un sindicalista es al sueño de todo sindicalista: ocho horas de oscuridad, dieciséis de tinieblas.
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Entre el gris muy oscuro y el casi negro existe una grad(u)ación: el funcionario.
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Si las nóminas hablasen…
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No se le puede pedir a un filósofo hacer filosofía cuando a lo que más llega es a hacer butifarras filosóficas, ¡y qué butifarras!
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La vida no es fácil en propósitos: la vida es un difícil despropósito al que abocados caminamos entre bocado y bocado.
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Interludio coyuntural: “¿Quieres alcanzar el cielo? ¿Quieres pisar la luna? ¿Quieres lo imposible? Ábrete una cuenta naranja”
(De un banquero embaucador a un proletario sin blanca)
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Ayer coleccionaba violines / Hoy arrienda pisos / Mañana venderá hasta las cuerdas (con las que se ahorque)
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Amasó una inmensa fortuna / Dejó una inmensa fortuna.
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Fue un hombre íntegro... mientras no acomodó un céntimo en el bolsillo.
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Los días fluían iguales unos a otros mientras la Muerte pasaba de largo. Pero la noche que cruzó el umbral de su puerta, María pensaba que venían “de la tele”: quería concursar en “El Juego de tu vida”. DEP.
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Era un desafío, allí estaban Malagana y Pancaliente; pero de pronto, Malagana cayó al suelo, y Pancaliente quedó frío.
(Antonio Bielsa Alegre)
*Concierto-Fantasía, Op. 56 (P. I. Tchaikovsky): intento desesperado de alcanzar las estrellas sin lograr siquiera despegar del suelo.
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La melancolía invadió su alma: tuvo la desgracia de no nacer en su época.
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Por extraño que parezca, todavía es posible encontrar en este mundo un mundo imposible.
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Creer en Dios o declararse ateo en poco se diferencian a la hora de la verdad: la perversa inanidad de la mentira nunca mostraría su genuina cara a los hambrientos de Dios / de no-dios.
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Marcha fúnebre: por espacio de cuatro segundos iban y venían las sombras de los encapuchados. La mueca, atroz. La hora, aquí y ahora.
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En el desierto lamentable del mundo, exorcizo la indolencia de mi carne lamentando lo más estúpido de todo: ser hombre.
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Rodeados de roedores y roídos de lepra, asimos nuestra carga putrefacta, creyendo vanamente que algún día el tiempo recompensará nuestra miseria.
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Amamos la belleza de las estatuas porque ellas jamás digirieron el mármol que alimentó sus bocas.
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Lo que más me pesa de ser: he aquí mi carga, mi tortura, mi lastimosa conciencia.
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Durante años creíste ser hombre de bien: por ello mismo descubriste con infalible ojo el mal en el otro.
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De poco le sirve al hombre reír: en breve su risa se tornará mueca fúnebre.
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Al tomar la pluma y sentir el fracaso literario de su carne, descargó sobre el papel en blanco su gran sentimiento de impotencia ante la vida:
Memorias del subsuelo.
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Las malas novelas, como las malas personas: apestan el ambiente, se extinguen en su inmundicia, desaparecen para siempre.
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¿Qué quedará de mis errores? ¿Qué perdurará de mi gran error? Quedará lo que todavía no ha perdurado.
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Sentí la impotencia de la carne, la llamada del sueño, el agotamiento físico de mi cuerpo perecedero: tan sólo la muerte me ayudó a entender.
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Tan sólo el Amor no perece. En la eternidad de nuestra casa, el Padre.
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Un mundo mejor, en la casa del Padre: la idea del Cielo, del Cristo, como retorno a la infancia del hombre: nuestra casa, papá y mamá.
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En un mundo que desoye la voz de lo espiritual, el hombre sólo puede ser un lisiado moral, un absurdo terrorífico.
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La mentirá alimentó mi carne: mas cuando viejo y enfermo, el Espíritu vino a mí, despertó en mí, dormido como había estado.
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Cada día que despierto es un día terrible: más de seis mil millones de almas, a la deriva, despiertan junto a mi soledad.
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La experiencia del vacío es la puerta a la experiencia de la fe.
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Sólo una cosa sensata puede hacer un hombre razonable en el instante de su muerte: santiguarse y entregar su alma al Padre. Con fe o sin ella.
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La vanidad terrena y un montón de huesos poco o nada dicen de un hombre particular, mas ¿en qué montón de huesos no ha habitado la más inmensa, satánica vanidad?
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Viví sin cargar con la cruz: nací para llevarla, pero el mundo me la arrebató de mi costado.
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Ante la muerte, todos los epitafios callan.
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Darle alguna justificación a la vida es la más clara prueba de no haber comprendido nada, absolutamente nada.
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El trabajo agotador y la necesidad del sueño: razones por las cuales los días pasan iguales unos a otros, ansiando el tiempo que nos es robado; así el trabajo: gran secuestrador de la vida de los hombres.
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La "religión" que predicaban no era otra que la religión de la mentira, construida sobre las grandes palabras.
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Mejores páginas de una vida: aquéllas que jamás fueron escritas.
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Invierno MMX