14 de febrero de 2010

Colección de artículos biográficos: Música - No. 1: Mieczyslaw Karlowicz

Mieczyslaw Karlowicz
(Polonia, 1876-1909)

Compositor neorromántico polaco, uno de los más brillantes orquestadores de comienzos del siglo XX. Hijo de un filólogo y compositor diletante, Karlowicz vivió en el ambiente propicio para el desarrollo de sus facultades musicales. En 1887 comenzó estudios de violín, y más tarde haría lo propio con los de composición, que culminarían en Berlín de la mano de Heinrich Urban. Vinculado al Grupo Joven Polonia, cuyo miembro más destacado era Karol Szymanowski, fuerza dominante del sinfonismo polaco de comienzos de siglo, el pensamiento musical de Karlowicz guarda fuertes puntos de conexión con la filosofía de Arthur Schopenhauer, introduciendo en sus temas inquietudes panteístas y un estudio sonoro de la naturaleza en toda su magnificencia. Su estilo, deudor de la estética de Wagner y Tchaikovsky, pero adoptando elementos de Richard Strauss y Alexander Scriabin, prolonga la estela abierta por el arte wagneriano, aunque manteniendo sus características nacionales propias. Sus primeros trabajos, ensayos correctos pero sin gran personalidad, como el Concierto para violín, Op. 8 (1902), no aportan nada nuevo al repertorio postromántico, pero sus últimos trabajos van a renovar de manera decisiva el sinfonismo polaco; en efecto, el corazón de la obra de Karlowicz se encuentra en sus seis magistrales poemas sinfónicos, compuestos entre 1904 y 1909: Olas recurrentes, Op. 9; Cantos Eternos, Op. 10, la más ambiciosa de sus partituras, en tres movimientos; Rapsodia lituana, Op. 11, en la que utiliza temas extraídos de los cantos populares lituanos; Stanislas y Anna Oswencimowie, Op. 12, su obra maestra; Preludios a la Eternidad, Op. 13; y Episodio durante una mascarada, Op. 14, que al quedar inacabada por la muerte del compositor, terminaría Grzegorz Fitelberg. Denominador común de estos seis poemas sinfónicos es el empleo de la orquesta gigante postromántica, su relativamente larga duración -de poco más de 10 minutos el más breve a la media hora de los Cantos eternos-, así como la transparencia y colorido orquestales, recordando en mucho a los poemas sinfónicos de Richard Strauss, de los que descienden. Karlowicz, la gran promesa de la música polaca, murió en los montes Tatras a causa de una avalancha de nieve. Tenía solamente 32 años.

En Epdlp: http://www.epdlp.com/compclasico.php?id=5242