18 de abril de 2009

FILOSOFÍA ANTIGUA. Diferencias entre la filosofía política de Platón y Aristóteles


PRÓLOGO

Platón y Aristóteles, dos sistemas, dos visiones del mundo totales y absolutas; el resto, al buen decir de Whitehead [1], sólo notas a pie de página.
Toda introducción marca un comienzo, un desesperado intento de justificar lo que malamente hemos ido montado con nuestra pobre carpintería; la empresa es ardua, requiere de métodos de análisis y técnicas de ensamblaje complicadas: en efecto, corremos el riesgo de pecar de predecibles, mas no de triviales; el discurso mismo al que nos entregamos así nos lo impide. Pese a que el título de nuestro ensayo podría traernos a las mientes cierta obra de Hegel, y disculpando tamaña comparación, nuestro escrito en ningún momento hará apología de uno u otro autor, en tanto se limitará a ser mera exposición de las filosofías políticas de nuestros protagonistas, bien que bajo el aspecto externo del ensayo, esto es, del estudio monográfico de un tema y su consiguiente y más o menos personal plasmación sobre el papel, previa reflexión de la misma. Así y todo, asumimos que no tenemos nada relevante o valioso que decir sobre el tema objeto de nuestro estudio, a falta de pericia, de lecturas, de horas… a falta, en suma, de investigación, de una investigación consecuente al menos; esta observación no es un ejemplo de falsa modestia, sólo un hecho que resaltará a la vista de propios y extraños, pero que aceptamos como inevitable. El legado de los siglos . Recurriremos, por ende, a otras fuentes, a otros autores, para asentar en condiciones una construcción que desde el principio se diría efímera, poco sólida... Y sin que las limitaciones de espacio así nos lo impidan, el espíritu de síntesis deberá cuajar y aflorar si aspiramos a una cabaña resistente; ésa es nuestra pequeña gran ambición: hacer de lo breve, quizá de lo débil, algo dos veces bueno, tal vez consistente.

Sobre un esquema de lo más sencillo discurrirá nuestro ensayo, esquema cuyo curso beberá de las fuentes primordiales al caso, por descontado, sendas obras capitales de sus autores, la República y la Política, de Platón y Aristóteles respectivamente ; en un segundo plano y tras ellas, como referencias puntuales, tendremos bien a mano libros tales como las Leyes, como la Ética nicomáquea, amén de otras páginas relevantes para la aprehensión de nuestro tema de estudio .
Partiendo de estas bases, pues, el ensayo se desplegará sobre dos bloques, el primero de los cuales (Una aproximación) se centrará en las aportaciones a la filosofía política de Platón y de Aristóteles, independientemente, y su significación dentro de la historia de la filosofía desde el estudio de los textos y a través del tiempo como principales problemas; mientras que el segundo (Diferencias), más específico, hará la propio con las diferencias mismas, cotejadas y enfrentadas, anotando las influencias del maestro sobre el discípulo, de Platón y Aristóteles frente a frente en definitiva, mas sin omitir su significación en el ámbito de la Hélade , su razón de sí en cuanto tal, quedando si se precia una puerta abierta a otras voces de peso otrora influyentes .

I
UNA APROXIMACIÓN


Introducción: Ante los textos – De la lectura externa de los textos , primero, y de su consiguiente interpretación , segundo, cabe extraer un sentido único para cada uno de ellos, sentido que a su vez permita una rígida diferenciación entre ambos. La forma, en principio, no sería sino “cuestión de estilo”, mas para que el estilo supere su condición artificiosa de tal , se precisa de un significado que respalde la misma, que la haga posible más allá del propio texto. Se trata, una vez más, de un problema de lenguaje, por tanto de signo histórico, temporal . Y la pregunta que nos hacemos es: ¿cómo debe(ría)mos leer a Platón (y Aristóteles) sin “traicionarlo(s)”?; mejor, ¿es posible, dentro del propio enunciado, leer lo dicho (significado literal), lo no-dicho o lo quizá-dicho (significados metafóricos)? Vemos así que el principal problema pues es el propio texto , al que nos enfrenta lo uno (lo que creemos estar bien-leyendo) y lo otro (lo que se nos pasa por alto) irremediablemente desde el comienzo.
Sería indiferente estudiar la filosofía política sin más, de uno, de otro, y luego someterla a una diferenciación: no basta con fragmentar los textos y sobreponerlos y ver así en qué coinciden, en qué se oponen; juego estéril. Se requiere, primero, de disciplina para con el texto, una lente especial que lo perturbe, que lo muestre en sus múltiples caras: es el análisis del análisis, la crítica de la crítica. Decir que el estilo de Platón es poético y que el de Aristóteles científico, dar a entender que en uno prevalece el poeta y en otro el técnico, es perderse en el diletantismo seudointerpretativo que sólo parte de las superficies pulidas (esas evidencias vanas que el estilo parece mostrarnos) y no de la rugosidad del texto, del “fondo” del texto en “bruto”: la mente, abierta al mundo pero también al lenguaje, debe lidiar con ambos para llegar a un acuerdo consigo misma. El problema de toda interpretación es la interpretación de, el proceso de aproximación como medio para . Intentaremos acercarnos a la filosofía política de Platón, de Aristóteles, desde la base certera de que dicha filosofía política reposa sobre una filosofía que a su vez se configura como tal sobre la realidad de un texto filosófico (como evidencia del hecho filosófico).

1.- Platón, filosofía política

1. 1. - En el principio: juicio y condena de Sócrates – Sócrates marca un comienzo [2], el más trascendente acaso de la historia intelectual de Occidente. Sin él, Platón (y por descontado Aristóteles) sería(n) inconcebible(s); es el rizoma, la raíz principal que sostendrá el gran tronco sobre el cual Grecia llegará a dar sus más granados frutos filosóficos.
Todo el pensamiento político de Platón parte directa e indirectamente del de Sócrates ; de hecho, no podemos hablar de una filosofía política de Platón sin referirnos al pensamiento de Sócrates , con todas sus aparentes contradicciones. Al no haber dejado ningún texto escrito de su propia mano, la problemática ante el Sócrates filósofo deviene triple , mas esto, sin embargo, sería secundario aquí, puesto que lo que realmente importa, el momento clave que define a Sócrates [3] en toda su amplitud, es ese juicio y condena (399 a. C.) cuyas consecuencias marcarían profundamente el pensamiento de su más avezado discípulo. Siguiendo la esclarecedora lectura de Hannah Arendt, y ciñéndonos a su texto, la explicación al problema estaría empero en la oposición de dos parejas de términos antagónicos que vendrían a discernir todo el significado último del hecho político tal y como era confundido (que no concebido) en la antigua Grecia, a saber: verdad versus opinión , y persuasión versus dialéctica ; conceptos que Platón sistematiza de cara a una comprensión del trágico fin de su maestro, y por cuya naturaleza ingenua cayó en el “error” (“El error de Sócrates fue dirigirse a sus jueces de forma dialéctica… ”) que lo conduciría a la muerte. Trastornado sin duda por este dislate, Platón se replanteó de arriba abajo su sistema político: el resultado más patente de ello fue la República.

1. 2. - La República – Es el mayor empeño filosófico de Platón, su diálogo capital . Como ya se sabe, consta de diez libros, estando dedicado el primero de ellos a la justicia; al proyecto político en sí los tres siguientes; los libros V, VI y VII hacen lo propio centrándose en el fondo filosófico de su sistema político; los libros VIII y IX exponen las diversas formas de sistema político, desde su origen hasta su caída; y el último está dedicado a las recompensas que recibirá el justo . De forma sucinta y harto reduccionista, éste sería más o menos el plan ideal que traza la República. Mas por la enormidad de sus dimensiones, por la lectura atentísima que sin duda requiere, es una obra que desaconseja su estudio siquiera introductorio en esta breve aproximación . Pasaremos pues a introducir la filosofía política de Platón no a través de ésta sino de El Político.

1. 3. - La lectura de Castoriadis – Uno de los analistas más atentos a la visión de Platón, Cornelius Castoriadis, en una suerte de obra que podemos considerar uno de los más atinados estudios sobre la filosofía política del maestro, expone tres razones de peso por las cuales se aproxima a ésta no a través de los textos punteros (la República, las Leyes), sino de un diálogo en apariencia periférico, El Político. Así, una de ellas, la primera , nos serviría también para nuestro ensayo: las susodichas dimensiones, es decir el control de los límites . En efecto, Castoriadis aspira a un análisis pleno, pormenorizado del texto de El Político . Y de este control de los límites, de esta parcelación de un terreno que cree no conocer todavía bien, extrae unas conclusiones cuando menos sorprendentes, por no decir inquietantes [4]. De nuevo, la duda… pero, ¿hasta qué límite nos es lícito dudar de nuestro límite? Una nueva relectura del texto ya no nos engaña: la clave no está en el discurso, sino en los conceptos que lo constituyen; al fin y tras larga dilación, Castoriadis se saca el as de la manga: de allí hay que partir.
La pregunta clave que nos haremos para afrontar el hecho político en la pólis no es sencilla: ¿Quién es idóneo para gobernar(la)? Platón se muestra de lo más ambiguo al respecto: frente al filósofo de la República y a los magistrados elegidos de las Leyes, se decide por el tejedor real en El Político. ¿Qué quiere decir con esto exactamente? Nada más que “el político es el tejedor real que entrelaza todas las artes necesarias para la vida de la ciudad, aunque no las teje tanto en su persona sino que permite más bien la coexistencia de esas diferentes artes en la ciudad ”. Como vemos, se trata pues de la definición del concepto de político como tejedor en su más último sentido .

2.- Actualidad de Aristóteles

La razón por la cual el hombre es un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier animal gregario, es evidente: la naturaleza, como decimos, no hace nada en vano, y el hombre es el único animal que tiene palabra .

ARISTÓTELES

No diremos nada nuevo si afirmamos que, en última instancia, el proyecto filosófico de Aristóteles estaba destinado a un proyecto filosófico-político sin precedentes que sólo podía ser concebido-y-aplicado mentalmente en la cabeza de un hombre genial. La actualidad de Aristóteles con respecto de Platón va más allá de los meros fines del pensamiento actual , cuyos intereses obviamente encuentran en Aristóteles algo más acorde con su forma de creer entender el mundo. Que el empirismo incondicional del primero deseche buena parte de los planteamientos míticos de su maestro es secundario: lo importante es la brutal síntesis a la que somete todo el aparato intelectual . La modernidad del pensamiento político de Aristóteles radica en su absoluta certeza de males, ésa a la que la maliciosa pluma de Chesterton se referiría en más de una ocasión . La delimitación. Al respecto, escribe Patocka: “Aristóteles dice que la vida política, la Política, es lo más elevado que hay, puesto que determina lo que está permitido y lo que está prohibido a los hombres en totalidad (el subrayado es nuestro), a todos en su conjunto, puesto que determina la manera en que los fines de su vida se armonizan entre sí, etc. Únicamente la Política, la ciencia del hombre de Estado, puede decidir esto [5]”.

II
DIFERENCIAS ENTRE LA FILOSOFÍA POLÍTICA DE PLATÓN Y ARISTÓTELES A TRAVÉS DE LA LECTURA DE LA REPÚBLICA Y LA POLÍTICA


A menos que los filósofos reinen en los Estados, o los que ahora son llamados reyes y gobernantes filosofen de modo genuino y adecuado, y que coincidan en una misma persona el poder político y la filosofía […] no habrá […] fin de los males para los Estados ni tampoco […] para el género humano .

PLATÓN, República

Unos gobiernan y otros son gobernados alternativamente, como si se transformaran en otros. Y del mismo modo entre los que mandan; unos ejercen unos cargos y otros, otros. Por lo tanto, de todo esto es claro que la ciudad no es tan unitaria por naturaleza, como algunos dicen, y que lo que llaman el mayor bien en las ciudades, las destruye. Sin embargo, el bien de cada cosa la salva .

ARISTÓTELES, Política

1.- Exposición del discurso – La primera y muy evidente diferencia entre los textos de Platón y Aristóteles, al margen de su vinculación con la filosofía política, es de signo expresivo: Platón recurre al diálogo, Aristóteles al tratado; he aquí la razón especial (en absoluto exacta) por la que se suele decir que Aristóteles fue el primero en sistematizar su filosofía, como si Platón no hubiera hecho lo mismo por otros medios no menos efectivos (ya que no “transparentes”). Las consecuencias de ello serán determinantes .

2.- Aspecto externo de la República y la Política – La exposición del propio discurso, por tanto, determinará la estructura; así, frente al aparente desbarajuste temático de Platón, Aristóteles ofrecerá (a primera vista) una mayor claridad/coherencia discursiva. Enfrentemos pues los contenidos generales de sendas obras capitales:

REPÚBLICA (Platón)

Libro I
(Sobre la vejez; la justicia; la justicia es la excelencia del alma)

Libro II
(Sobre la justicia [II]; dos tipos de Estado; los guardianes; representación de Dios en los textos)

Libro III
(Representación de los hombres en los textos; dicción de la poesía; melodías y ritmos; gimnasia y medicina; pruebas de los candidatos a gobernantes; mito de las clases)

Libro IV
(De la felicidad; pobreza y riqueza de los ciudadanos; la justicia en el Estado;
partes del alma y sus funciones; el principio de contradicción)

Libro V
(Sobre la mujer; los niños; la esclavitud; el filósofo y las Ideas; objeto del
conocimiento y objeto de la opinión)

Libro VI
(Del alma filosófica; ejercicio de la verdadera filosofía; la multitud ante la filosofía; alegorías del sol y de la línea)

Libro VII
(Alegoría de la caverna; estudios del filósofo)

Libro VIII
(De las clases de constituciones políticas)

Libro IX
(Del hombre tiránico; pruebas de la superioridad del justo sobre el injusto)

Libro X
(Sobre la poesía; inmortalidad del alma; recompensa del justo; Mito de Er)

POLÍTICA (Aristóteles)

Libro I
Comunidad política y comunidad familiar

Libro II
Exposición crítica de las constituciones más perfectas

Libro III
Teoría general de las constituciones a partir de un análisis de los conceptos de ciudad y ciudadano

Libro IV
Las diversas formas de las constituciones

Libro V
Sobre la inestabilidad de los regímenes políticos

Libro VI
Modos de organización y de conservación de la democracia y de la oligarquía

Libro VII
Descripción del estado ideal

Libro VIII
La educación de los jóvenes

Como podemos ver, el meditado plan de Platón, aunque inteligible, parece estar guiado por el azar del viento, es pues fiel a la sistemática oculta del diálogo . El tratado de Aristóteles, por el contrario, se atiene a una lógica por así decir narrativa de sus contenidos, en progresión escalar. Estas observaciones, aunque obvias , no nos deberían impedir entrever dos sistemas filosóficos personalísimos: la única diferencia es que mientras que uno va de lo concreto a la Idea, el otro parte de la Idea misma para desbrozar el camino hacia lo concreto. Platón idealiza, Aristóteles aplica [6].

3.- De las diferencias propiamente dichas

3. 1. - De la Pólis – La utopía platónica sólo pretende ilustrar la idea de la justicia como equilibrio. Pero en Aristóteles, que no apunta tan “alto” (o tan “bajo”) , su plan es de otra naturaleza; si no fuera porque corremos el riesgo de malbaratar su(s) tesis, podríamos decir que su intento es una puesta en práctica mental de algo con posibles. (No es decir mucho; valga la intención) La desapasionada exposición de Aristóteles huye de todas las convenciones frecuentes en ese adorablemente voluptuoso Platón que se regocija en las bellezas del texto. Mas éste último, y quizá por ello, llega más lejos en su discernimiento de la naturaleza de la pólis, de esa ciudad-estado que encuentra su inmejorable equivalente en el propio cuerpo humano ; de este sensual paralelismo estructural se ha escrito mucho, tal vez por sus ambiguas evidencias . Al esquema tripartito de Platón (deseo-sentimiento-razón), Aristóteles opone un dualismo en cierto modo paralelo a la idea platónica: virtud versus vicio. Por descontado, ambos planteamientos apuntan hacia la idea de bien, de soberano bien como fin último del hombre y, por tanto, también de la pólis.

3. 2. - De los gobernantes – El problema del gobernante es el de la justicia. La tentación natural del mal político, tan aireada en nuestros días , es la de la más sórdida corrupción puesta en marcha a través de los medios más pintorescos. Empero, la contradicción entre propósito y resultados (en el tiempo) alcanza a la propia ley, es decir al conflicto entre lo universal y lo particular, siempre irresoluble. En la República, si Platón aboga por el filósofo-rey, no es sino para desplazarlo al ámbito de lo mítico . En El Político (véase el texto de Castoriadis ), el problema se concreta en algo más certero, palpable. Mas Platón, al contrario que Aristóteles (que opta por la vía práctica de la virtud), afronta el problema del gobernante como si de un signo se tratase.

3. 3. - De los ciudadanos – En tanto que no son autosuficientes (autárquicos), son sociales, egoístamente sociales ; así, indica Platón, son los ciudadanos de la pólis. Aristóteles distinguirá entre ciudadanos y no-ciudadanos; a este segundo grupo pertenecen las mujeres y los esclavos. El grupo que aquí nos interesa es el primero, que a su vez se divide en dos subgrupos: el de los ciudadanos dirigentes, por un lado, y el de los ciudadanos mandados, por el otro. Mas, propiamente, ¿qué es según Aristóteles un ciudadano? Lógicamente, sólo puede ser aquél que tenga la virtud necesaria para llevar una vida política activa . Sin embargo, la división entre dirigente y mandado, más allá de su certera operatividad política, da a entender ese sempiterno algo , algo que tiene mucho que ver, en efecto, con el grado de virtud adquirido. En su idea del ciudadano, Aristóteles, tomando de su más inmediato entorno la multiplicidad de tipos, llega más lejos que Platón en su confirmación de las evidencias terrenas.

3. 4. - Del Estado ideal – En tanto que ideal, el Estado ideal es una utopía, pero puede abrazarse la idea, hacerse en cierto grado posible, así de modo aproximativo. Para Platón, el éxito del hecho político radica en la autonomía del Estado: esa autonomía es el equilibrio mismo que garantiza la salud del cuerpo, de la pólis. Con un mayor bagaje político consecuencia del estudio particular de las más variadas constituciones, Aristóteles llega hasta lo concreto y confirma cómo las formas adecuadas de gobierno son la monarquía, la aristocracia y la democracia; cada una de ellas queda a su vez matizada por una forma de equilibrio cuya quiebra supondría la degeneración de éstas en tiranía, demagogia y oligarquía.

3. 5. - El lugar del filósofo – Ni Platón ni Aristóteles dejan lugar a dudas: el lugar del filósofo es otro; casi se puede decir que cual hombre de un mundo ultraterreno está más allá de este mundo . Si para Platón “filósofo es aquel que ha ascendido a la contemplación de la Idea de Bien [7]”, para Aristóteles es una forma de vida, la más plena de todas , realizable por tanto dentro de unos límites concretos. Pero dichos límites concretos escapan a la pura objetividad de los hechos, en tanto que para su realización requieren de una visión subjetiva de los mismos .

4.- Algunas conclusiones – Las conclusiones primeras ante esta introducción son amargas, y puestos a sincerarnos… ni siquiera son conclusiones, sino viejas vueltas a empezar sobre lo mismo. Hemos confirmado, una vez más, cómo conforme el texto de nuestro ensayo avanzaba, los problemas seguían pegados al papel, impotentes, reiterativos, sin posibilidad apenas de emanciparse de su débil nexo de unión: la filosofía ó la vida. Ni las preclaras mentes de Platón ni Aristóteles han podido evitar el desastre. Sus grandiosos textos, lo más granado de la Humanidad, apenas son algo más que papel impreso para filólogos y estudiosos. Las diferencias propiamente dichas han terminado resultando parecidos. Ambos hombres plantean los mismos problemas, uno llega más lejos que otro en uno u otro aspecto, pero los resultados siguen siendo los mismos, casi los mismos. A la vista del terrorífico mundo que nos rodea, el inmenso legado de Platón y Aristóteles adquiere la consistencia de la sombra entre la niebla. Y sin embargo, es nuestra única salvación si queremos seguir siendo hombres. El entrañable Carl Sagan se refería en uno de sus últimos ensayos a la ciencia como una luz en la oscuridad. Podemos hacer nosotros lo mismo con la filosofía.

[] NOTAS

[1] El gran neopositivista escéptico se refería en su cita tan sólo a Platón (“la totalidad de la filosofía occidental como comentario marginal del texto de Platón”); la perspectiva del tiempo, empero, nos impide omitir a Aristóteles; en este sentido, la famosa Escuela de Atenas de Rafael es algo más que una brillante ilustración de esta polémica partidista ya un tanto trasnochada.

[2] “El abismo entre filosofía y política se abrió históricamente con el juicio y la condena de Sócrates, que en la historia del pensamiento político representa el mismo papel de punto de inflexión que el juicio y la condena de Jesús en la historia de la religión”, así en ARENDT, H., La promesa de la política, Ediciones Paidós, Barcelona, 2008, p. 44.

[3] Véase FOUCAULT, M., Discurso y verdad en la antigua Grecia, Paidós Ibérica, Barcelona, 2004, pp. 125-141; p. 135: “Sócrates no sólo es capaz de dar él mismo cuenta de su propia vida, sino que tal cuenta es visible en su conducta, ya que no hay la más mínima discrepancia entre lo que dice y lo que hace. Es un ‘mousikós anér’. En la cultura griega, y en la mayor parte del resto de diálogos de Platón, la frase ‘mousikós anér’ señala a una persona que es fiel a las musas -una persona instruida en las artes liberales-”.

[4] CASTORIADIS, C., Sobre El Político de Platón, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2002, pp. 26-27: “En un primer momento, cuando leemos el diálogo, nos decimos que marcha muy bien, que es cosa de Platón o de las idiosincrasias de Platón. En un segundo momento, la cosa no funciona en absoluto. Después, en un tercer momento, recuperamos una especie de estructura; y en un cuarto nivel, nos damos cuenta de que esa misma estructura entraña fallas muy profundas que no son obra del azar; son fallas del pensamiento de Platón y quizá de todo pensamiento”. ¡Hasta cuatro niveles! Sin poder seguir muy bien aquí al detector Castoriadis, creemos averiguar a qué se refiere: ¿no estaría Platón, durante la redacción de su diálogo, en lucha continua por no desaprender todo cuanto antes había dicho (República) y que ahora le resultaba ajeno, irreconciliable con su nueva visión política de las cosas?

[5] PATOCKA, J., Platón y Europa, Ediciones Península, Barcelona, 1991, p. 193: “Y sin embargo, para Aristóteles la vida para la comunidad no es la forma de vida más elevada. En este punto tan esencial ha conservado algo de la herencia de Platón. Aunque sin hablar de un filósofo-rey, Aristóteles continúa refiriéndose a la doctrina platónica en la medida en que dice que el hombre de Estado también de tomar en consideración la vida filosófica, que no le es licito ignorarla”.

[6] Y lo que aplica no son sino Ideas a un programa “realista”: toda la Política lo es, un programa en continua transformación hacia el perfeccionamiento del hombre. Si la República concluye con la meditación sobre el Mito de Er, la Política lo hace con la cuestión de la educación de los jóvenes, esto es el inmediato mañana terreno. Estos dos finales, tan opuestos, no son en absoluto gratuitos, sino que explicitan los intereses supremos de sus autores, pese a los muchos puntos en común que los hermanan.

[7] MAS TORRES, S., Ethos y Pólis. Una historia de la filosofía práctica en la Grecia clásica, Istmo, Madrid, 2003, p. 181: “Sin embargo, y aun al precio de su propia felicidad, no puede quedarse aquí, tiene que volver a bajar al fondo de la caverna pues la misión del filósofo platónico no es individual, sino colectiva. Dicho de otra forma: el filósofo, de contemplador (teórico), ha de convertirse en político”. Podemos apuntar sin miedo a equivocarnos que la misión del filósofo-político, del verdadero filósofo-político, es una misión suicida, sin vuelta atrás. Pocas veces el mito explicó con tal precisión algo tan escabroso.

BIBLIOGRAFÍA

ARISTÓTELES, Política (trad. de Manuela García Valdés), Gredos, Madrid, 2004.

Asombroso tratado, con el cual Aristóteles lo explica prácticamente todo acerca de la política y sus diversas formas de puesta en práctica. A través del implacable análisis lógico del autor, se toma la política como la ciencia rectora o primera, quedando así las restantes a ella subordinadas. Aristóteles llega a la conclusión de que las tres formas adecuadas de gobierno son la monarquía, la aristocracia y la democracia.

AVERROES, Exposición de la República de Platón (trad. de Miguel Cruz Hernández), Tecnos, Madrid, 2001.

Obra de lo más singular. El propósito de escritura de esta Exposición no fue otro que el de la carencia de la Política de Aristóteles, a la que Averroes no tuvo acceso. Por ello, partió de la República de Platón, así como de la Ética nicomáquea de Aristóteles, para la configuración de su investigación ético- política.

CALVO, T., De los sofistas a Platón: política y pensamiento, Editorial Cincel, Madrid, 1986.

Tal y como el título indica, un estudio sobre la filosofía política de los sofistas (Protágoras, Gorgias) y Platón. Bien estructurado, claro, ameno.

CASTORIADIS, C., Sobre El Político de Platón (trad. de Horacio Pons), Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2002.

Siguiendo la estela de Hegel, el libro compendia siete lecciones impartidas por Castoriadis en 1986. Un fascinante y radical acercamiento a la filosofía política de Platón a través de uno de sus textos menos frecuentados, El Político.

COPLESTON, F., Historia de la filosofía, vol. 1 (trad. de Juan Manuel García de la Mora), Ariel, Barcelona, 1984.

Espléndida historia de la filosofía en varios volúmenes, obra capital de su autor; en el primero de ellos, dedicado a Grecia y Roma, Copleston, con su proverbial lucidez y abertura de miras, desentraña las ideas esenciales de Platón (parte III) y Aristóteles (parte IV), brillando de modo regular y sin altibajos.

FERRATER MORA, J., Diccionario de filosofía, 4 vols., Ariel, Barcelona, 2004.

Diccionario de lo más relevante dentro del panorama filosófico español, escrito a lo largo de varios decenios por su finado autor con pulso firme y vigor inusitados, logrando conferir al texto una unidad de estilo sin fisuras. Por motivos obvios, una obra de referencia. Copiosa bibliografía.

JAEGER, W., Paideia: los ideales de la cultura griega (trad. de Joaquín Xirau y Wenceslao Roces), Fondo de Cultura Económica, México D. F., 2006.

Fuente riquísima, la monumental obra maestra de Jaeger emerge hoy como uno de los textos inapreciables de cara al estudio de la formación del hombre griego y, por extensión, de su cultura. Especialmente importantes para la confección de nuestro ensayo los libros tercero y cuarto.

MARÍAS, J., Historia de la filosofía, Revista de Occidente, Madrid, 1941.

Obra clásica, acaso superada por otras muchas en profundidad, pero grata por su concisión y claridad. Especialmente destacable el capítulo dedicado a Aristóteles, al que Marías no duda en considerar “la figura más grande de la filosofía griega, y aun tal vez de toda”.

MAS TORRES, S., Ethos y Pólis. Una historia de la filosofía práctica en la Grecia clásica, Istmo, Madrid, 2003.

Estimable ensayo, que investiga con resultados loables la filosofía política de la Grecia clásica, apuntando interesantes observaciones a través de la detenida lectura de los textos originales.

PLATÓN, República (trad. de Conrado Eggers Lan), Gredos, Madrid, 2003.

La obra capital del inconmensurable Platón y uno de los más eximios textos sobre filosofía política jamás escritos. En la forma de diálogo característica del autor, sorprende todavía hoy por la preclara sistematización de sus ideas acerca del equilibrio del Estado ideal, al equipararlo con el equilibrio individual: en este equilibrio, en esta separación de funciones, radica la supervivencia de la nación y sus habitantes.

STRAUSS, L., La ciudad y el hombre (trad. de Leonel Livchits), Katz Editores, Buenos Aires, 2006.

Obra memorable. En una introducción y tres partes (I. Sobre la Política de Aristóteles; II. Sobre la República de Platón; y III. Sobre la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides), Leo Strauss medita sobre la filosofía política clásica teniendo en mente las ambiguas formas de la política actual.

VERNANT, J.-P., Los orígenes del pensamiento griego (trad. de Marino Ayerra y Carlos Gómez González), Paidós Ibérica, Barcelona, 1992.

Brillante ilustración de las claves del pensamiento griego a través de su historia, haciendo especial hincapié en el concepto de “pólis”, piedra clave del hecho político, al que está dedicado el capítulo cuarto; es de destacar asimismo la implicación filológica de Vernant, llegando al fondo de cada uno de los términos griegos referidos.