26 de julio de 2008

URBANISMO. Apuntes para el estudio de una historia de la Teoría del Urbanismo



I. INTRODUCCIÓN

1. La ciencia urbana: concepto; metodología

Para estudiar el urbanismo de la ciudad se precisa conocer la forma primigenia de la misma; conviene, pues, diferenciar entre Historia Urbana (es decir el estudio de lo que acontece en el ámbito de la ciudad –demografía, política, etc.-), Historia de la Urbanística (el estudio de la historia de la ciudad como historia de la planificación: lo que hay y lo que pudo haber) e Historia del Urbanismo (el estudio de la forma de la ciudad y su evolución).
Para los griegos la ciudad era la asamblea de los ciudadanos y no el espacio.
En el siglo X no existe diferencia alguna entre arquitectura y urbanismo. La arquitectura siempre puede partir de cero: el urbanismo nunca (salvo en el caso de que la ciudad no exista).
Tan antigua como las ciudades es la historiografía urbana (las crónicas medievales, por ejemplo, sirven para conocer datos precisos). Los libros de viajes aparecen en el siglo XVIII. Los Viajes por España de Ponz como ejemplo. Un siglo después aparecerán las guías (Guía Municipal de Zaragoza, 1860), de inestimable valor. Ya en el siglo XX destacarán autores como Le Corbusier o Aldo Rossi, libros de arquitectos que pretenden hablar de la ciudad.

2. Del análisis de la ciudad

Analizar la ciudad es conocer su morfología urbana, la forma en definitiva.

COMPONENTES DE LA MORFOLOGÍA URBANA
• Entorno natural
• Plano
** Clases
+ Damero
+ Radioconcéntrico
+ Irregular
** Condicionantes
+ Geografía
+ Factores políticos
+ Factores religioso-mitológicos
+ Factores económicos
• Tipología y entramado
** Tipología
+ Edificación tradicional
+ Edificación individual
+ Edificación en altura
+ Edificación en precario
** Entramado
+ Cerrado
 Compacto
 En manzana
+ Abierto
 Ciudad jardín
 Bloque aislado
• Usos del suelo

El entorno natural viene dado por un conjunto de factores geográficos, desde el suelo hasta el clima, que condicionan el marco de la ciudad, cuyas condiciones materiales dependerán de su entorno. Existen diversos tipos de emplazamientos:
- Emplazamiento en alto. Atienden a una función defensivo-militar, de época medieval especialmente. Ejemplo: Cantavieja (Teruel)
- Emplazamiento junto a ríos. El río garantiza el abastecimiento de la ciudad, así como el transporte a través de éste. Ejemplo: Sevilla.
- Emplazamiento en relieves costeros. Ante el mar como forma defensiva. También como control desde puntos estratégicos del comercio marítimo.
La Teruel medieval cristiana se sitúa sobre una meseta: al estar en alto controla el territorio, mas la ciudad debe crecer y extenderse, por lo que las murallas deben ser rotas. De este modo, se va extendiendo, pero por donde el desnivel de la meseta es menor. La tecnología permitirá avanzar en este sentido. Se deducen así dos ciudades: la vieja y la nueva.

El plano es la combinación de espacios libres con espacios construidos. Ver la evolución es la cuestión del plano, que se hará a través de las siguientes clases:
- Plano en cuadrícula o en damero. Sus calles se cortan unas con otras en ángulo recto. La facilidad de ejecución es la cualidad más característica. También es fácil construir sobre estos planos, aunque tienen inconvenientes: comunica mal los extremos de la población, por lo que se crea la línea diagonal, que permite la comunicación con las zonas periféricas de la ciudad.
- Plano radioconcéntrico. Se adapta en función de vías radiales. Muy utilizado en Oriente Próximo, fue traído a Europa con las invasiones bárbaras (colocación de los carros en círculo). Suelen desarrollarse en torno a elementos centrales, tales como iglesias, castillos, etcétera. Vitruvio se refiere a esta disposición para la ciudad ideal.
- Plano irregular. Muy abundantes, responden a un crecimiento espontáneo, como el de Toledo. Los edificios se acoplan a las irregularidades. Muy típico del mundo musulmán: calles de trazado irregular, constantemente fragmentadas.
Los factores geográficos siempre contribuyen a que se opte por un plano u otro. En los frentes de mar, cuando se trata de un frente recto, las calles se articulan paralelas al mar (plano en damero), mientras cuando no es recto el frente, dada la existencia de formas como golfos y cabos, la ciudad se desarrolla a partir de éstos. Los ríos también condicionan el urbanismo: una ciudad construida junto a uno tiende al plano ortogonal. Si el río es curvo, la ciudad se adaptará a esa forma. Incluso las murallas y las carreteras pueden afectar al plano, haciéndolo lineal, caso de Puente la Reina (Navarra), condicionado por el Camino de Santiago.
Los factores político-religiosos son determinantes. En el caso de los políticos, afectan antes o después de las elecciones la evolución de la ciudad. Ya desde el origen de la ciudad se recurrió a este factor: arcos de triunfo, líneas rectas, escenografía, efectismo barroco (sobre todo en el Barroco como manifestación del poder del monarca, con afán por la monumentalidad, también perceptible en la posteridad, como en el caso de Brasilia –proyectos de Costa y Niemeyer-), etc. Cuando la ciudad va a representar el cosmos se decantará por el círculo, frente a la realidad terrestre, que es el cuadrado. La síntesis de sendos planos tiene una carga simbólica evidente.
Los factores económicos quedan determinados por la aparición del comercio, que determinará el crecimiento de la ciudad, desdoblando el plano inicial. El crecimiento de las mismas producirá el tráfico, que acortará las distancias en automóvil, mas alargando las distancias al llegar al centro, planteado como centro peatonal.

Respecto a la tipología y entramado, los gustos variarán conforme la sociedad se transforme. El entramado es la forma en que se ordenan o agrupan los edificios dentro de la ciudad. Existen dos tipos de entramado:
- De orden cerrado: un edificio junto a otro, sin espacio, y dentro de este orden, dos tipos de edificaciones: la compacta y la en manzana. La edificación compacta suele responder a ciudades antiguas, delimitadas por una muralla, caracterizadas por la ausencia de grandes espacios libres, con un máximo aprovechamiento del espacio. La edificación en manzana se caracteriza por la agrupación de casas alrededor de un patio central (caso de Barcelona), tratándose de un aprovechamiento del suelo típico de las ciudades y sus ensanches decimonónicos.
- De orden abierto: existen dos tipos de entramado abierto: la ciudad jardín y el bloque abierto. En la ciudad jardín los edificios se van situando con espacios libres entre ellos, a la manera de los Estados Unidos. Más higiénico y paternalista-empresarial para con los obreros para los que en principio se destinó. Howard es el teórico más destacado en este aspecto. Proliferan hoy en las periferias de las ciudades. En España destacan las aportaciones de Arturo Soria. Respecto al bloque aislado, se refiere a la torre aislada. Consiste en concentrar en poca superficie mucha superficie en altura, con la condición de que sobre espacio libre entre las construcciones. Gropoius, Mies van der Rohe y Le Corbusier, son los principales impulsores de este tipo de construcción, que en España tiene en Sáenz de Oiza y Moneo dos de sus nombres más destacados.
Sobre la tipología de la edificación, cuatro son los tipos de edificación, a saber: 1) Tradicional (la que se inscribe en un medio natural); 2) Individual (la vinculada al modelo de ciudad-jardín, realizada en la periferia); 3) En altura (bloques / torres aisladas); y 4) En precario (desde viviendas ínfimas –chabolas- hasta casas no adaptadas –casas en cascos históricos al borde de la ruina-).

Los usos del suelo configuran el paisaje urbano. Las ciudades se van transformando, de tal manera que las funciones urbanas van variando, debido a los movimientos internos de la misma, conforme avanza el tiempo.

3. De la planificación urbana

Vivir lo mejor posible implica controlar el entorno físico y los espacios construidos de la ciudad, así desde el principio de los tiempos. En los primeros estados de la humanidad el esquema era muy rígido. En la Grecia clásica y en el Imperio Romano ya existía una cierta voluntad por alcanzar la ciudad ideal. En la Edad Media la planificación prácticamente no existe, mientras que durante el Renacimiento y el Barroco las ciudades se planifican minuciosamente.
Platón, en el Libro V de las Leyes indica que la ciudad debe estar situada en el centro del país. La Acrópolis debe estar amurallada circularmente. La ciudad debe dividirse en 12 partes, a 420 parcelas por parte, sumando 5040 parcelas totales. Busca lo equitativo, al distribuir para cada propietario dos de esas parcelas totales, correspondiendo una al centro y otra a la periferia. Así introduce Platón el concepto de centralidad. La isla Atlantis y su palacio ilustran esta idea suya, aplicando las creencias mitológicas al plano. A partir del estudio del cosmos (regularidad y orden) plantea su ciudad ideal.
Vitruvio, en sus Diez libros de la arquitectura también describe así su ciudad ideal. Según él, debía ésta estar rodeada de murallas y torres, conformando el carácter defensivo. Basándose en una ciudad ideal, busca algo humanamente abarcable, sobre la base de un círculo divisible en 8 partes, como los vientos dominantes de la Rosa de los Vientos. Su ciudad no es una utopía social, sino formal.
En la Edad Media se va a seguir evocando la concepción de la Antigüedad. Se parte de lo ya conocido (el edificio) para establecer la ciudad. La tradición judía, con la representación de la Jerusalén Celeste, también contribuirá. En el monasterio, ciudad a pequeña escala, puede detectarse una búsqueda de este ideal. El plano de Saint-Gall busca componer una superficie con ejes de simetría, distribuyendo los espacios a la manera de los campamentos militares romanos, fáciles de montar en cuanto ordenados, manteniendo una jerarquía aplicada al espacio. El de Saint-Gall es el plano más antiguo que nos ha llegado.
 
 
En El buen gobierno en la ciudad (1338-40), pintado por Ambrogio Lorenzetti para el Palacio Público de Siena, se representa un ideal de ciudad. Este valioso documento visual se centra una concepción urbana óptima, desde lo humano a lo arquitectónico, pese a errores de perspectiva que se tienden a solucionar con altura, marcando la lejanía, como le ocurre a Grassi en su representación de Génova, de 1480.
La muralla, elemento protector de la ciudad, será el elemento que dicte las proporciones, enfrentándose al problema del crecimiento de la misma, al quedarse pequeña.
Aportaciones como las de Alberti o Filarete fueron decisivas a la planificación de la ciudad. Alberti, en su De re aedificatoria vuelve sobre Platón, insistiendo en la idea de centralización apuntada. Filarete plantea una ciudad ideal plenamente acotada, Sforzinda, llamada así en honor de los Sforza, que contempla todos los requisitos partiendo del círculo, e insertando una estrella de 8 puntos, síntesis de Platón y Vitruvio. Es la primera vez en que se planifica asumiendo el espacio campo-ciudad, más allá del cual está el caos. No es una Jerusalén Celeste, sino una ciudad humana, en la que la iglesia no ocupa el centro. La Casa del Vicio y la Virtud, de 10 plantas, ocupa un lugar significativo. Realiza colonias de obreros y artesanos, anticipándose al siglo XIX.
Leonardo da Vinci propondrá una sociedad jerarquizada, dedicando la parte subterránea de la misma al servicio y la mercancía, frente a la parte exterior, destinada a las clases privilegiadas.
Scamozzi, por su parte, recurre a otro espacio centralizado en su ciudad militar ideal, Palmanova, polígono de nueve lados con una plaza hexagonal en el centro en la que se situará el Ayuntamiento, sin olvidar las otras seis plazas menores, periféricas.
Raras fueron las propuestas ideales llevadas a la práctica. Una excepción fue Livorno en Italia o Naarden en Holanda. La geometría rige estos empeños, antes teóricos que prácticos.
El Barroco introduce la escenografía que lo caracteriza. Con ejes de perspectiva y puntos focales. Christopher Wren plantea un proyecto para Londres de 1666, aunque no se llevó a cabo, caracterizando el centro como lugar de trabajo y la periferia como lugar de vivienda, corrigiendo la situación de Londres. Karlsruhe, ciudad alemana de 1715, responde a un esquema de disposición radial, a la manera de la ciudad-jardín (3/4 partes de la misma son zonas verdes), típicamente barroca en su idea de centralidad.
En el siglo XIX se producen variaciones. La trascendencia que la Revolución Francesa supuso, potenciada por la Revolución Industrial, la valorización del suelo en tanto que dinero. Los socialistas utópicos, de formación ilustrada, parten de la supuesta bondad del ser humano ofreciendo soluciones que resultarán inviables.
Robert Owen (1771-1858), autodidacta, trabajó en la industria; comenzó proyectando escuelas, aunque también planteará los pueblos de unidad y cooperación, de forma cuadrada, situando, en tres de los lados, viviendas, mientras que en el lado restante, habitaciones. En el centro, la iglesia y la biblioteca. La agricultura será la base del desarrollo del pueblo (de unos 1.000 habitantes), que se producirá en sus alrededores. Este proyecto se llevó a cabo en New Harmony (Indiana) en 1825. Las causas de su fracaso fueron el desinterés humano así como el vandalismo.
François Marie Charles Fourier (1772-1837) intentó consolidar la relación existente entre pobres (productores) y ricos (consumidores) para el interés de ambos. No plantea la igualdad. Su propuesta es el Falansterio, de 1829, un “Palacio Social dedicado a la Humanidad”, destinado a 1.620 habitantes, basando en la agricultura su economía, aunque destacando la posibilidad de industria. Jean Baptiste Godin plantea algo parecido, el Familisterio, que fue llevado a la práctica en 1870. El motor de desarrollo es la industria. Funcionó durante algún tiempo.
James Silk Buckhingham publica en 1894 su propuesta de ciudad ideal: Victoria, para 10.000 habitantes, construida en pleno campo. De plan centralizado y forma cuadrada, ofrece empero mayor independencia a los individuos. Todos son copropietarios. Las casas se ajustarán a la renta percibida por cada habitante, viviendo los menos favorecidos en la periferia, más próxima al campo.
A partir del siglo XX la ciudad ideal pasará a entenderse como una columna mecanizada.
Ebenezer Howard propone, contra el hacinamiento, la ciudad-jardín, en 1898, tal y como es conocida. Propuesta muy original, que pretendía superar la miseria que había dejado la Revolución Industrial, partiendo de los beneficios dejados, en una ciudad con baja densidad de población y zonas verdes.
Antonio Sant´Elià plantea una propuesta futurista, cuya tecnología no se había alcanzado: es la Megalópolis, de 1914. Ciudad de rascacielos y pasos subterráneos, con robots en movimiento, dejando al hombre en segundo lugar. Algo parecido haría Fritz Lang en su filme Metrópolis.
Le Corbusier concibe ya proyectos de ciudades de tres millones de habitantes. Su proyecto de la ciudad está planteado en términos, estando dividida en cuatro partes: zona de viviendas, zona del centro, zona de expansión y zona de jardín. Son frustrados sus intentos. Quizá su ciudad de la India se aproxime a lo pretendido. Habrá que esperar a la nueva Brasilia para encontrar algo parecido.

Cuando la ciudad, en el siglo XIX, se vea como algo unitario, se realizarán las planificaciones en términos generales. En cada país se irán estableciendo instrumentos de planeamiento. Durante los años 40-50 se pondrán en vigor las leyes de planeamiento en Europa. En España, cuatro serán las leyes más importantes: la del Plano Geométrico, de 1846, Real Orden que especifica que todas las grandes ciudades deben realizar un plano que detalle todo; trabajo muy costoso del que pocos se dieron por aludidos; la del Plano Geométrico de la Población, de 1848, que se extiende a todas las capitales de provincia; la de Ensanche, de 1864, como consecuencia del crecimiento de la ciudad, por lo que se realizarán los ensanches como solución al tráfico masivo. El ensanche de Barcelona, de Cerdá, será el gran ejemplo español, ya que utiliza el sistema de manzanas. Esta ley será sustituida por la de Ensanche de 1866.
Tras la Guerra Civil, en 1939, tiene lugar un Plan Nacional de Urbanización. Se habla de transformación, pero no pasa a mayores. Los arquitectos formados en el racionalismo para el España nueva resultarán algo contradictorio, puesto que el arte degenerado así tachado por el nazismo también incluía al racionalismo. El Plan de Reconstrucción Nacional pretendía dotar de vivienda a aquellas clases meno favorecidas. En 1961 se producirá el Plan de la Vivienda, evitando el ascensor (como elemento de lujo) y proponiendo edificios muy elementales. En 1956 se aprueba la Ley del Suelo con la llegada del turismo. El suelo será clasificado, de acuerdo con el plan general, de urbano, urbanizable o no urbanizable, así como unas normas subsidiarias de tipo A o B para estos suelos.

4. Formas básicas que configuran la ciudad

La plaza, la calle y la trama configuran la ciudad. En el Racionalismo (años 20, siglo XX) se cuestiona la plaza y la calle, al considerarse vacíos y otorgando toda importancia al edificio.
La plaza es la agrupación de edificios en torno a un espacio libre, delimitándolo. Su origen tiene relación con dos elementos: la señalización del espacio a partir de un elemento (obelisco, etc.) y el cierre (elemento delimitador). Su función, pues, no es y a diferencia de la calle, pasar, sino estar. El tamaño tiene que estar limitado, así como debe realizarse algo en ella. Debe tener un acceso fácil, pero el número de accesos debe estar también limitado. Por otra parte, tendrá un símbolo de significación público. Si en la ciudad la plaza ha perdido gran parte de su significado (al desarrollarse sus funciones en otros lugares), en el pueblo en menor medida, aunque sigue siendo necesaria como marco ensalzador y agrupador. La plaza característica que acoge iglesia y ayuntamiento puede absorber, con orden, diversos elementos opuestos.
(Evolución) – En ciudades neolíticas se hacía ya una cierta distinción entre calles y plazas, que eran lugares de intercambio y actividad. Ya en Grecia se manifiesta la idea de polis griega, que va unida al territorio como los ciudadanos. En la acrópolis se van a disponer los templos, como ciudad de los dioses. El ágora es la plaza pública en la que se desarrollan las actividades humanas más destacadas (políticas, sociales y económicas). El ágora es el centro de la vida ciudadana, y aunque no es una plaza no es amorfa. En época helenística se entenderá ésta como lugar estético, para lo cual se trazarán perspectivas. – En Roma, el Foro de César vendría a ser el sustituto del ágora griega. Constituye una gran plaza, mucho más cerrada, buscándose ya ese elemento de cierre. El foro se irá haciendo cada vez más complejo, y cada emperador decidirá tener uno con su nombre (Augusto, Trajano, etc.). – En época medieval la iglesia y el castillo determinarán el centro de la ciudad, rodeada por murallas. Tres tipos de plazas encontramos: la del mercado, la de la iglesia y la del castillo, todas ellas realizadas a la medida del hombre. En la plaza de Pisa se ha excluido lo no religioso, mas los edificios que la componen no delimitan, están. – En las ciudades islámicas la plaza es como un patio al que se accede a través de calles cubiertas. Acostumbran estar en las afueras de la ciudad, recordando su función de mercado (zoco). – En el Renacimiento comienza la remodelación de lo hecho. Así, se abren nueva calles y plazas nuevas, que servirán de marco a nuevos edificios. – La plaza barroca incidirá más en la presencia estética de la misma, siendo abiertas o cerradas. – El siglo XIX traerá consigo grandes obras, como la Plaza de la Ópera de París, que han dado ha esa ciudad su imagen decimonónica. Si el Renacimiento y el Barroco remodelan, el XIX destruye. En este siglo, las nuevas plazas dejan de lado las viejas actividades (iglesia, etc.), e incluso aparecen plazas de tráfico, donde el hombre ya no tiene cabida.
(Elementos que dan forma a la plaza) – El cerramiento de superficies frontales y laterales, cuya relación define lo que será la plaza. Del modo que la cierren, cambiará la forma. – Los huecos se evitaban, y cuando se abría uno medianamente grande, se realizaba un edificio de cierre. En otras formas se recurría al hueco en turbina, sin sensación de continuidad. – Las esquinas potencian el aislamiento del espacio central, existiendo varios tipos de esquinas, así algunas destacan el centro, otras un edificio importante al que da vista a través de la perspectiva, e incluso se dan plazas abiertas por un lado. – El tamaño afectará a la plaza, desde una plaza de grandes dimensiones (Plaza Roja de Moscú) hasta otra de mala resolución (Plaza del Pilar de Zaragoza). La dimensión ideal es de una escala de 2 x 3 m. – Según la forma, puede ser: a) un cuadrado (tiene su origen en Londres, contribuyendo a la organización; acostumbra tener una zona ajardinada en el centro); b) un rectángulo [2/3, ½, 2/5 son las medidas más abundantes, hechas para ensalzar un edificio determinado], en el que se introduce siempre mobiliario urbano (fuentes, farolas, etc.) que sirven como puntos focales; c) en forma de L, fusión de dos plazas rectangulares (el edificio más significativo estará en el punto de fusión); d) triangular (regular o irregular); e) circular, que admite pocas variaciones por su igualdad. El centro se marca con facilidad; f) plazas irregulares, originadas espontáneamente, abundan en las ciudades históricas.
La calle, camino y lugar, depende de los edificios que la flanqueen. Sus características básicas son el espacio construido más el movimiento o transporte. Une el plano con lo construido, llevando a un punto, luego sirviendo como elemento de tránsito. En las sociedades más primitivas no había calles. En la Edad Media tendrá cierta importancia al utilizarse como lugar de acogimiento (oficios, etc; Calle de las Armas, de los Aguadores, etc.) durante el Renacimiento y el Barroco se teatraliza. Los edificios toman conciencia de fachadas al servicio y en función de la calle. La calle, en beneficio de la fachada de los edificios, tal y como se articulan éstos, será percibida como más o menos ancha. El predominio de verticales y horizontales determinará que la calle sea más larga o más corta. La calle en curva resultará más corta. El mismo espacio se modifica también con o sin mobiliario urbano.
Respecto al jardín, ya los egipcios, mesopotámicos y egipcios lo conocían. El jardín mediterráneo es un espacio humano al servicio del hombre, geométrico, a diferencia de los jardines chinos y japoneses, no geométricos ni al servicio de la arquitectura, sino de la naturaleza. En la Edad Media serán los claustros de los conventos los únicos jardines detectados. La invasión islámica introducirá una nueva forma de asumir el jardín. Con el Renacimiento el jardín estará de nuevo al servicio de la arquitectura, culminando su decorativismo en el Barroco. Durante el siglo XIX se optará por un jardín sin líneas, libre. En el siglo XX el racionalismo plantea una ciudad de torres llena de zonas verdes.


II. ASENTAMIENTOS URBANOS DE LA ANTIGÜEDAD

5. Primeros asentamientos urbanos

Hacia el 3.00 a. C. aparecen los primeros asentamientos urbanos en las zonas de Mesopotamia, Egipto, India, China y Sudamérica-Centroamérica. Desde los inicios del hombre hasta el neolítico apenas difiere de cualquier otro animal. Con las glaciaciones el hombre pasa a vivir en las cuevas. En el neolítico el hombre comienza a plantar como recolector, sin olvidar la domesticación de los animales. A partir de este momento se socializa, apareciendo el clan. El nomadismo irá desapareciendo al asentarse, apareciendo así el asentamiento, generalmente consistente en casas agrupadas aparentemente de manera anárquica, sin plaza ni calles. A partir de ese año 3.000 comenzarán a producirse grandes cambios, entre ellos el aumento de la población, las influencias religiosas, una tecnología determinada, así como la jerarquía poblacional. En 2.750 Sargón funda Akad, próxima a Babilonia y capital del estado sumerio. Se trata de una ciudad-estado, regida por un rey. La dinastía de Akad fue derrocada y el poder pasó a Ur, que pasará hacia 2.110 a ser la capital del estado sumerio: Ur, sita entre Irak y a medio camino entre Bagdag y el Golfo Pérsico. El zigurat es lo único que hace pensar que hay algo, ya que puede confundirse (la excavación) con la naturaleza. Cada casa de adobe duraba unos 75 años, comenzado a partir de ese tiempo a derruirse. Sobre esta casa se construía otra nueva, utilizando los restos de la vieja como cimientos.
La ciudad de Ur en Irak tiene tres partes básicas: ciudad amurallada, temenos (recinto sagrado) y ciudad exterior. Del temenos se conserva bien el zigurat, de época de Nabucodonosor. La parte de barrios residenciales presenta caminos de comunicación. Las casas, de dos alturas, con techumbre plana, desde el momento en que la lluvia es escasa, cumplen un papel necesario. La galería era de madera. Al conocerse textos sobre cómo debían ser las casas, se ha reconstruido el esquema de cómo eran a partir de los restos encontrados en las excavaciones. El patio interior sirve para crear un microclima. Fuera del temenos no se distingue un espacio religioso. En cambio, los comercios aparecen esparcidos por toda la ciudad. Estas casas representan lo que es una ciudad frente al origen.
Babilionia (Irak) es la gran ciudad de Mesopotamia. El río Eúfrates la dividía en dos al pasar por su centro. Rodeada por una muralla, se sabe poco de los barrios residenciales. La zona más excavada es la palaciega. La parte del zigurat es la mejor conservada. Las casas conservadas son las de los altos funcionarios y los sacerdotes, ya que estaban realizadas con elementos mejores. Las calles son serpenteantes. Se estima que llegase al medio millón de habitantes.
Jerusalén fue excavada por Charles Warren en 1886 siendo entonces un cúmulo de edificios semiderruidos. El templo de Jerusalén, reconstruido una y otra vez, y el palacio real, aparecen como elementos destacados. Lo que hoy queda de este templo es el Muro de las Lamentaciones.
En Egipto, como en Mesopotamia, se da una civilización fluvial, aunque en lo urbano son opuestas: las ciudades en Egipto prácticamente no existen, puesto que la Corte es itinerante. Frente al zigurat mesopotámico y sus palacios, el mundo egipcio rechaza las grandes construcciones para la vida, dejándolas para la muerte en las tumbas y los templos funerarios. Los asentamientos urbanos, en adobe, eran pequeños y efímeros, y por ello no queda nada.
Tel-el-Amarna (Egipto) fue ocupada durante 40 años a orillas del Nilo. Amenofis IV / Akenatón, el faraón hereje, la construye como sustitución de Tebas, aunque al fallecer dos años después del inicio de la construcción, deja de ser ciudad real. Esta ciudad fue hecha con cierta perspectiva de durabilidad, dejando entre los edificios un espacio que pensaba se iría ocupando. Un recinto de planta cuadrangular ocupado por casas dispuestas en hileras como barrio obrero recuerda al de Kahun, en el que ya había una jerarquización en tres clases. Los restos descubiertos en Tel-el-Amarna y Kahun hacían pensar en una ciudad egipcia, pero no es así, ya que éstas son casas para obreros sin más. Es una forma funcional de hacer barata y rápida su construcción.

6. Las ciudades de la antigua Grecia

El urbanismo griego es consecuencia de cómo se concibe la vida en Grecia. Zona montañosa, con apenas zonas fértiles (valles, mesetas aisladas), serán pequeñas ciudades-estado sitas en esas zonas fértiles las más características. Tiene un régimen de funcionamiento novedoso. Todos los habitantes tenían voz y voto. Atenas, Siracusa y Agrigento eran las ciudades de mayor tamaño. Como ciudades pequeñas, tenían un autogobierno. Por el clima, se reunían al aire libre. Su nivel de vida era bajo, lo que daba una calidad de existencia reposada (un trabajador dedicaba unos 150 días al año a su trabajo) y ociosa. Los buenos materiales, como el mármol, confortaban la arquitectura. Los edificios públicos lo eran para todos, siendo vistos en relación entre unos y otros. El griego pasaba más tiempo en los edificios públicos que en su vivienda, lo que explica la mala calidad de estas últimas: se contrasta así la magnificencia de los edificios públicos frente a los privados.
La civilización minoica, en Creta, fue fundada por inmigrantes del Asia Menor. Hacia 1500 – 1550 a. C. se produce el máximo auge con el Palacio de Cnosos. La ciudad minoica se desarrolla alrededor del palacio, entendido como espacio abierto. La ciudad de Cnosos, sita al norte del centro de Creta, es un punto estratégico. Por la distancia entre unos puntos y otros no se sabe si eran pequeñas aldeas. El primer palacio data del año 2000 a. C., aunque lo que mejor conocemos es el segundo palacio, que también fue destruido, quizá también por un terremoto, aunque no se puede destacar que fuera destruido para sacar sus materiales. De adobe, su plano es laberíntico. La ciudad minoica no necesitaba murallas, puesto que estaba lo suficiente protegida. Además de Cnosos, destaca Gurnia, cuyo palacio estaba en la cima de una colina. De la casa, tiene el mégaron, que es la parte más destacada.
La civilización micénica, con influencias de la minoica, está más enraizada con las penínsulas. Su mejor momento se produce en el siglo XVI. Frente al refinamiento minoico, los micénicos son un pueblo guerrero, y sus ciudades no pasaran de ser espacios amurallados con un castillo. El arqueólogo Henry Schliemann en 1884 excavará Micenas. Destaca de esta ciudad la Puerta de los Leones, realizada con mejores materiales y trabajada con mayor intensidad en la parte de sus muros. La ciudadela se fortificó entre el 2000 – 1600. En ese momento Micenas debía ser una ciudad muy poblada, pero poco sabemos sobre la realización de las construcciones: las entradas se situaban en el piso bajo o el superior, el patio o mégaron estaba en el centro. En el año 1100 la ciudad fue destruida tras un problema civil. En el año 468 a. C. todavía se tiene constancia de que había algo, pasando luego al olvido. Tirinto era la segunda capital tras Micenas. Rodeada por unas murallas de entre 6 y 10 metros de altura, con corredores interiores. En la zona sur se sitúa el palacio y los edificios públicos, frente a la zona norte, en la que están las viviendas. El mégaron es el centro de la casa, donde se reúne la familia y se coloca el hogar. En el año 1150 se destruyó el palacio, aunque se siguió habitando entre los años 900 y 600 a. C.
Dentro de las ciudades griegas destacan dos partes: la acrópolis y el ágora. Los elementos básicos de la misma son: la muralla (casi todas las ciudades griegas están amuralladas), la acrópolis (zona religiosa en la que se sitúan los templos. Es el núcleo de la ciudad. Se situaba en lo alto, de acuerdo con lo que fue la primitiva ciudad, mas al ir creciendo se desbordó al carecer del espacio, por lo que desapareció el empleo de viviendas, dedicándose únicamente a lo religioso. A partir de los siglos VI y V aparecerían importantes edificios fuera de la acrópolis. Se impone así el empleo de una muralla más allá de la acrópolis, sinónimo de democracia. Las murallas se realizan dejando espacio para el crecimiento. Frente a la muralla romana, la griega se adopta más al terreno), el ágora (centro neurálgico de la ciudad, lugar de reunión permanente de los ciudadanos), las zonas de fines lúdicos, las zonas residenciales o viviendas (las comodidades domésticas no existen. Son casas modestas, con las habitaciones dispuestas alrededor del patio. Las plantas son diferentes en todas casas) y el recinto industrial (fuera de la muralla).
Dos son los tipos de crecimiento de la ciudad: planificado y de crecimiento orgánico.
Entre las planificadas, dos son los ejemplos: Mileto, con 100.000 habitantes, y Priene, con 4.000.
Mileto es considerada la cuna del urbanismo moderno, y su creador, el padre de la cuadrícula. Destruida en el siglo V por los persas, es una ciudad de origen orgánico. Cuando en el año 479 se reconstruya, se partirá de un nuevo plan, encargado a Hipódamo de Mileto, que recurre a la retícula, ya utilizada con anterioridad, aunque él la utilizó con una mayor organización. La Mileto inicial está situada en una colina (la acrópolis), llevándose luego a la península. Junto al ágora, en el centro de la ciudad, tres zonas residenciales claramente delimitadas. La cuadrícula hipodámica indica que los edificios se ordenan siguiendo una ordenación. Las calles, con aceras, de acuerdo a su importancia, tenían unas medidas diferentes: 4 metros de anchura las secundarias y 8 las principales. Se disponía de abastecimiento de agua y alcantarillados. La altura de las casas era de una planta. Siguiendo este esquema se construyeron otras ciudades en Grecia, como Olynthos, que apenas duró cien años; de planta regular y organizada en bloques, con calles tiradas a cordel (o rectas). Estas calles, además, estaban orientadas N-S y E-O, siendo las primeras de 6 metros y las segundas de 5. Ciudad agrícola, con algunas manufacturas llevadas por mano de obra agrícola. Las edificaciones en su práctica totalidad eran viviendas que giraban en torno a un patio. El andrón (lugar de recibimiento de los amigos), y la sala de huéspedes, solían estar decoradas con pinturas, que manifestaban según su lujo la categoría de la casa.
La ciudad de Priene (Turquía), en principio también realizada a la manera orgánica, conoció en el año 350, no obstante, una nueva reconstrucción: se construyó una nueva ciudad en zona abrupta y escarpada, aterrazando el espacio en 4 amplias terrazas. Las calles principales tenían una anchura de 7 metros, frente a las secundarias, de 4. Con unas 400 casas para 4.000 habitantes. El ágora, en el centro, ocupaba unas diez manzanas. Para adaptarse al terreno, las calles utilizaban escaleras. Destaca el área del mercado, zona columnada cubierta. La vivienda típica tenía la entrada en un lateral, estando el patio en el centro.
Atenas, por contra, es una ciudad de crecimiento orgánico, y nunca tuvo un planeamiento de conjunto, incluso tras ser destruida por los persas, siendo reconstruida como antes siguiendo el criterio de rapidez. La acrópolis era el primitivo poblado, una de las fortalezas más sólidas del mundo antiguo, con una ladera considerable. De 320 x 130 metros. En 2.800 a. C. ya existía una ocupación. En 1.581 se realizó, oficialmente, la fundación de Atenas. La ciudad va creciendo en autoridad y en extensión, siguiendo el crecimiento orgánico, de modo que la Acrópolis pasó a ser el recinto sagrado de la ciudad. El ágora, lugar de mercado, evolucionará. Cuando la vía Panateneica arranque hacia la Acrópolis, allí se situará el ágora. De hacia el siglo VII a. C. datan los restos más antiguos del ágora. En las colinas próximas a la acrópolis se situaba el barrio obrero, de arquitectura pobre: se construye con un zócalo de mampostería de piedra, evitando así la humedad y el roce, y el resto se hace con adobe.

7. El urbanismo de la España prerromana

Las ciudades tienen las trazas de surgir espontáneamente en el lugar propicio. Esta anarquía urbanística en su ausencia de calles y dispersión generalizada, debe estudiarse en función de la planta de la casa. Encontramos pues dos tipos de ciudades según esta función: las casas de planta rectangular y las de planta circular.
Entre las ciudades de planta rectangular está Cortes de Navarra, reconstruida desde cero con cada destrucción, canon de casas alargado, perdurando hacia el siglo XIX, zócalo de piedra y un interior dividido en dos partes: vestíbulo y sala. Otro ejemplo sería el de Azaila (Teruel), en la que existe una calle principal de trazado no recto, muy romanizada, así como el de Numancia (Soria), ciudad ibero-romana, con presencia de calles que siguen los de la ciudad indígena anterior, ensanchándolos, y con una arquitectura muy pobre, cubierta con ramas y barro.
Entre las ciudades de planta circular (o tendentes al circulo), se caracterizan por estar sus casas muy unidas unas junto a otras, presentando un asentamiento confuso. Se suelen construir en lugares cercanos a cauces de agua, utilizando cercas defensivas. Estos enclaves suelen ser denominados castros; en el norte especialmente. En Coaña (Asturias), y como ejemplo, se da este caso, con viviendas construidas en piedra granítica. Se encontró aquí una vivienda bien conservada, de 4 metros, lo que posibilitó acercarse a la forma original. Se cubrían las casas con un techo cónico con ramas. Los restos más antiguos datan del siglo I a. C. No hay indicios de calles, aunque sí espacios libres entre casa y casa. Se rodea el poblado de una cerca para acentuar la protección. La cronología es dudosa, conociéndose los estadios más nuevos.
De las ciudades exógenas, destaca la labor púnica y griega. Como sabemos por testimonios escritos, Málaga o Cádiz fueron fundadas por los cartagineses, siendo ciudades de crecimiento orgánico, aunque no quedan restos.

8. El desarrollo urbano bajo Roma

Las ciudades romanas suelen ser ordenadas, aunque Roma, debido a su origen, formación y desarrollo, resulta caótica y por tanto opuesta a lo acostumbrado, amén de muy poblada (1.200.000 habitantes). Para mantener su dominio, Roma fundó campamentos (castra), prácticamente iguales y de perímetro recto, de carácter provisional: ésta es la base de una futura ciudad permanente, aunque otras se funden, ya sea por razones económicas (intercambios comerciales, etc.), ya políticas (conquista del territorio, etc.). Los asentamientos romanos se realizan a partir de un perímetro cuadrangular, con cuatro calles mayores que se cruzan en un mismo punto central, generando dos vías básicas: el cardo y el decumano, en cuyo cruce se situará el foro. A esto cabe añadir las restantes calles. En un desnivel solía situarse el teatro.
Pompeya (Italia), que fue sepultada tras la erupción del Vesubio, es considerada por ello la ciudad romana “completa”, al quedar sepultada / protegida por la erupción, que respetó bien el conjunto. Pero esto puede inducir a error, pues Pompeya es una ciudad residencial, por lo que el nivel de vida en ésta era muy alto. El decumano máximo, asfaltado, está diferenciado para el peatón y el tráfico rodado, flanqueado por viviendas. El anfiteatro aparece ligeramente separado, siendo de gran tamaño con respecto de la ciudad.
Frente al urbanismo, la comunicación fue otro de los puntos fuertes en los que Roma centró su interés al construir una red de carreteras que comunicaba sus principales ciudades. Tipos:
- Colonial: creadas ex novo; sus habitantes tienen los mismos privilegios que los que viven en Roma.
- Municipia: centros trivales; asumían cierto rango, pero no disfrutaban de los mismos privilegios.
- Civitates: centros administrativos; con una cierta capa de romanización.
Los campamentos generales tienen un carácter antes ofensivo que defensivo. Las ciudades están situadas en lugares llanos, especialmente por su accesibilidad, en contraste con las ciudades indígenas anteriores, sitas en lugares escarpados y de difícil acceso, que con la romanización serán abandonados. El esquema romano es más rígido que el griego, desde el momento en que la geometría es fundamental.
Marzabotto (Italia), de distribución regular, delata un plano regular: orientación N-S y E-O. Las viviendas responden a la estructura tradicional mediterránea, con un patio interior, algunos comunes a varias casas, al parecer de planta baja.
Roma, llamada la ciudad de las siete colinas, por estar su origen en siete aldeas distintas. Las siete colinas, de escasa altura, son montículo con laderas escarpadas. Hacia el año 753 a. C. se sabe ya de la existencia de aldeas. El Palatino y el Capitolio son las colinas más importantes. A éstas se les unirá la del Quirinal. Con el crecimiento se unirán, formando una unidad continua. De esa unidad que se extenderá a las otras cuatro, surgirá Roma. En el siglo V, las viviendas comienzan a escasear. Se crea un problema: en 456 se les ocurre hacer de la colina del Aventino un espacio parcelado, dando espacio gratuito a los plebeyos, que aumentaron en número venidos de fuera al saber que daban tierras gratuitamente. Las casas, sitas al azar, con calles sin nivelas y trazado anárquico (las más anchas no pasaban de 4 metros), eran de adobe y madera, todo de muy mala calidad. Se llegaban a construir casas de hasta nueve alturas, también en adobe y madera, por lo que los derrumbamientos eran frecuentes. Al carecer de ordenanzas de construcción, valía todo. Los incendios también eran frecuentes. Habría que esperar hasta época republicana para alcanzar su esplendor. Consiguió tener magníficos edificios, pero no calles, que continuaron siendo irregulares. El foro de César fue el primero que se construyó en Roma. El espacio del foro era muy congestionado. Se iniciará un programa de remodelación que durará 150 años, que además de mejora es de adecuación. La Basílica Emilia se sitúa en un lugar comprado a particulares por el Estado, para embellecer la ciudad con un edificio público, sito al otro lado del foro. Comprada en el año 46, la Basílica Julia será el siguiente empeño. El templo de Julio César se erige en el lugar en el que fue asesinado. Con Augusto, Roma pasa a ser la capital del Imperio, embarcándose en un proyecto de engrandecimiento. Divide la ciudad en 14 regiones, vigiladas por puestos de guardia, a la manera de un cuerpo de bomberos. La población alcanza el millón de habitantes. El incendio del año 64, probablemente fortuito, y que duró ocho días, destruyó 3 barrios completos, dejando otras 7 zonas en mal estado. De este modo la coyuntura para la reconstrucción de la ciudad es favorable con planos, es decir de modo preconcebido, ensanchando calles y porches.
Cabe distinguir entre la domus y la ínsula, casa de ricos la primera, casa común de viviendas la segunda. La domus, de planta única, dispone de varias habitaciones abiertas a uno o varios patios de los que toma luces y ventilación, por lo que no necesita ventanas exteriores, generando intimidad. La ínsula, por contra, sí está abierta al exterior, aunque también disponga de un patio en el centro. Las habitaciones (cenacula) lo rodean. Fue creciendo en altura, llegando a los 20 metros (unas siete plantas) con César, mientras que Trajano la redujo a 18 metros. Los materiales eran pobres (madera y adobe). Disponían de calefacción, pero por su mala calidad (fuego sin proteger) eran frecuentes los incendios. No había suministro de agua para las plantas superiores. Ostia es la ciudad que mejor explica las viviendas populares de Roma, como barrio marítimo que era.
De los foros imperiales, destacan los de Julio César, Augusto, Vespasiano, Nerva y Trajano, cuyo foro es el más notable, proyectado por Apolodoro de Damasco, que optó por nivelar el terreno y mantener un eje de axialidad.
Roma comienza a expandirse por Europa y el norte de África, entendido la urbanización como romanización. El augur predecía si la fundación iba a ser favorable o no, indicando el sitio exacto y el momento: en un punto se construía el templo, marcando además el perímetro, señalizado por los bueyes. Fijado éste, se hacía la limitatio, que es la división de la ciudad en cuatro partes, con el cardo y el decumano. En esta intersección se producía el foro. Al final de cada calle se situaban las cuatro puertas de entrada a la ciudad. Esta división en cuarteles permanecerá en España hasta el siglo XIX; luego serán distritos. Las calles secundarias se realizaban después, que darían lugar a las ínsulas. Este esquema tan rígido no será siempre seguido.
Timgad (Argelia) quedó abandonada, lo que mantuvo el lugar intacto. Fundada en el año 100 d. C. por Trajano, su planta es casi cuadrada, aunque se le fueron añadiendo espacios. El plano, que sigue un planteamiento en cuadrícula, consta de 11 calles, que interseccionadas, dan ínsulas de unos 20 metros de largo. Las calles principales, muy bien pavimentadas, estaban además drenadas.

9. Las ciudades hispanorromanas

La romanización de Hispania se entendió como prolongación de Roma, sumergiéndose en ella. El latín se instaura, y como cuna de emperadores, su pertinencia es máxima, pero la que conquista fue lenta, dándose hasta el siglo I d.C., cuando casi toda la península estuvo en manos de los romanos. En el mundo romano, las ciudades son la base del imperio. La creación de ciudades responde a la estructura piramidal, de modo que la ciudad domina el territorio. El modelo que Roma impone en Hispania es el mismo: ortogonal. La geografía es desigual, mas con todo se hizo, marcando la Historia del Urbanismo Español, que tanto debe al romano. En el año 206 a. C. se crea Itálica. César y Augusto serán los impulsores más destacados. El primero, con 9 colonias romanas y 9 ciudades con derecho latino, el segundo con 15 de cada. El esquema administrativo impuesto en España tenía tres provincias: la Tarraconense, la Lusitania y la Bética. Tarraco, Emerita Augusta y Colonia Patricia son las tres capitales de las tres provincias, que a su vez se dividen en conventos. En origen, estas ciudades tienen el rango de colonias desde el primer momento. Dos son los modelos de ciudades: las creadas ex novo, y las condicionadas por la ciudad anterior, dándose aquí una romanización enturbiada.
Entre las creadas ex novo, Zaragoza o Caesaraugusta, fundada en el año 25 a. C. por Augusto en un lugar privilegiado, a orillas de tres ríos: el Ebro, el Gállego y el Huerva, así como en una encrucijada de caminos. Sus primeros pobladores fueron de la IV, VI y X Legiones. Del año 700 a. C. datan los primeros restos de Zaragoza. La Zaragoza romana responde a este esquema: el decumano máximo está clocado paralelo al río, así como el cardo, orientado a él. El foro, en la intersección de ambos. Dimensiones: 900 x 500 m (en los puntos extremos). Cuatro eran las principales puertas. Se concibieron dos foros: el colonial (de la ciudad) y el conventual (del convento). Un puente-acueducto, con una estructura de madera sobre unos pies de piedra, llevaba un tubo de plomo. Con Tiberio se llevaron a cabo reformas: las cloacas, de enorme tamaño, cuyo sistema se hizo pensando a largo plazo, en opus cementicium, cuyo gran colector desemboca en el río Ebro; un nuevo aterrazamiento del foro, que asume las funciones jurídicas, administrativas y religiosas, con un sistema de pórticos para tiendas. Bajo la plaza de San Bruno apareció una zona comercial. El teatro ocupaba cuatro manzanas. Se realizaron amplios aterramientos para nivelas el terreno. Se trata de una copia del Teatro de Marcelo de Roma, conservándose parcialmente. En época antonina la muralla está prácticamente ya acabada. A finales del siglo III el peligro de las invasiones amenaza. Se decidirá reedificarla, superponiéndola, rellenando de escombro el hueco entre la muralla del siglo II y la del siglo III. Al ser la piedra escasa, se tomó algo del puente de piedra. Las necrópolis, posiblemente cinco; la oriental ocupaba unos 30.000 m2. También había termas.
Itálica, como ciudad residencial, recuerda a Pompeya. Fundada entre 206 – 205 a. C. por Escipión. Bajo Adriano, y a inicios del siglo II, fue nombrada colonia. De mediados del siglo II a. C. es el documento más antiguo, en el que aparece como vicus civium romanorum. Las calles, perfectamente alineadas y cortadas, en ángulos rectos, acogen espaciosos edificios. La amplitud de las calles no se debía a una cuestión de tráfico, sino de prestigio. Las casas de Itálica responden al esquema habitual de villa: patio interior rodeado de habitaciones, con gran decoración musivaria. El anfiteatro aprovecha el desnivel de la pendiente para asentarse. En el tránsito del siglo II al III se vio la necesidad de amurallar la ciudad. Conquista en 711 por los musulmanes, pasa a ser cantera para Sevilla.
Emerita Augusta o Mérida (Badajoz) nació para acoger a los veteranos de las Legiones V y X. Capital del convento emeriteral, pasará a ser la capital de Lusitania. El decumano cruza el puente sobre el río Guadiana. Harto expoliada, debía tener entre 26 y 28 Ha. La planta tiene una forma irregular. Del año 12 a. C. datan las monedas, lo que indica que la fundación debía ser anterior. Teatro, anfiteatro y circo, así como tres acueductos (conservados dos) tenía. El teatro, construido por Ágripa, aprovecha el desnivel para situar las gradas. El anfiteatro, muy bien conservado y de grandes dimensiones. Algunas casas se conservan, como la del Mitreo, con el arranque de los muros y hasta las pinturas.
Barcino o Barcelona, del 13 al 7 a. C., aparece flanqueada por dos ríos. Su geografía determinó su estructura. La Barcino romana, amurallada, presenta el habitual cardo y decumano, siendo este último todavía hoy visible. Ciudad de unas 10 Ha. de perímetro, la muralla tenía un grosor de 1´30 x 2 m, según las zonas, así como cuatro puertas, e ínsulas bastantes regulares. De vida tranquila, fue destruida en el siglo III, acumulándose en las cloacas los restos del siglo I. Tras esta destrucción, se reforzaron las murallas, añadiendo torreones.
Entre las ciudades condicionadas por las construcciones anteriores están Sevilla y. Tarragona. La red urbana de Hispalis o Sevilla aparece condicionada por el yacimiento ibérico. Ocupado ese espacio, y en la zona más central, se coloca el foro. La zona portuaria se sitúa junto al Guadalquivir. El foro republicano se abandona en beneficio del foro imperial. De Tarraco o Tarragona, cuando los romanos llegan está ocupada. De esta ciudad previa poco queda, no más restos muebles. Lo primero que se crea es un presidium militar en la zona más alta, germen de la futura ciudad, que se extenderá hasta la costa, creando una zona portuaria, esencialmente de carácter comercial. En el año 27 a. C. pasará a ser la capital de la zona tarraconenste. La muralla delata dos fases: una romana (1ª fase) y otra de las guerras celtibéricas (2ª fase). Junto al puerto se situará un foro colonial. Extramuros de la ciudad se situará el teatro, que debió ser un gran edificio. Apenas queda nada. El anfiteatro, fuera del muralla también, es de grandes dimensiones. En época visigoda se construyó una basílica sobre él, para conmemorar el martirio del obispo Fructuoso.


III. LA CIUDAD MEDIEVAL

10. De la formación de la ciudad medieval y de la consolidación de las ciudades

Las oleadas bárbaras y la asimilación el cristianismo aceleraron la caída del Imperio Romano. Toda la administración romana se perderá, y sus edificios dejarán de ser utilizados o serán readaptados. La superioridad romana sobre los bárbaros delatará ese abandono: emplearán lo romano en lo que conviven, pero sin saber qué función tenía. Al disminuir la población, la ciudad irá despoblándose, bien que los habitantes han partido al campo, bien se han concentrado en una parte de la ciudad. La romanización de estos lugares llegará en algunos hasta el siglo VIII. Aparecerán diferencias regionales. A partir del siglo X los invasores se estabilizarán. Dos son pues los tipos de ciudad: la cristiana y la islámica.

La ciudad islámica es identificable como un conglomerado caótico de casas. Este desorden, en cierto modo, no es tal, ya que en su contexto cultural (no el cristiano) son coherentes al seguir el mandato de Dios: no existe una ciudad perfecta. Si para el cristiano el modelo de ciudad es la Jerusalén Celeste, para el musulmán sólo existe el Jardín del Edén. Civilización nómada, su ideal es el oasis. La muralla es elemento prioritario: sirve como defensa, que no como delimitación, al contrario que para los cristianos, que es signo de sacralización y ciudad defendida: suelo sagrado versus suelo no sagrado. Como ejemplo, Fez (Marruecos). El núcleo de la ciudad islámica es la medina (recinto intramuros), dentro de la cual no hay un principio que ordene el espacio. La alcazaba (en la periferia, se comunica con el mundo exterior, y como queda lejos, se construye un segundo elemento: el Palacio del Gobernador) y la mezquita mayor (se construía antes que las casas por iniciativa pública: frente a los restantes edificios, solía colocarse en un punto central) son los espacios principales. El zoco es un conjunto de callejones y no una plaza en la que se sitúan las tiendas, talleres y tenderetes. La alcaicería es un mercado especializado en la seda y otros materiales ricos, de calles cubiertas, siendo un espacio que se cierra por la noche, al vender productos más caros, siendo de propiedad real. La maliki es la escuela jurídica, y rechaza cualquier norma no escrita en El Corán, que no señala ninguna norma estrictamente urbana. La musallah no es una plaza como tal, pero sirve para realizar actividades varias. La ciudad de Bagdad (fundada por Al Manssur en 772), con forma de círculo, fue identificada como una especie de paraíso: 2300 metros de perímetro y 4 puertas, orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. En el centro, el palacio califal y la mezquita. La casa, de herencia greco-latina, es muy importante en la ciudad islámica. De cara al exterior no indica lo que contiene en su interior. El suelo se podía adquirir libremente, pagando por los metros deseados, sin que se desperdicie. En el interior están los patios que permiten la ventilación. Los adarves son calles interiores que dan acceso a las casas, a la manera de estrechos pasadizos. Las manzanas de casas, pues, pueden crecer indefinidamente. El jardín tendrá agua. En el patio se desarrollará la verdadera fachada. La casa islámica podía aumentar en extensión o en altura. Cada habitación respondía a su función según su situación. El mobiliario utilizado es muy ligero y transportable. Según la hora del día, una habitación puede trasladarse de un lado a otro, según la estación del año. Se busca que la casa sea casi un fuerte.
En la ciudad cristiana, a diferencia de la islámica, sí existe un ideal: la Jerusalén Celeste, referida en el Apocalipsis de San Juan, con hincapié en el número 12 y la centralización, microcosmos que acoge al cosmos o lo semeja. El límite es lo primero que se hace para levantar una ciudad. La bendición del sacerdote sacralizaba el suelo. Difiere el interior del exterior, puesto que el origen del mundo debía asemejarse al origen de la ciudad. La iglesia será el centro de la misma, el eslabón entre el hombre y Dios. La puerta de la iglesia se orientaba hacia el O, manteniendo una orientación E-O.
En esencia, dos son las clases de ciudad medieval: las que evolucionan desde otra, como Ratisbona y Florencia, y las creadas desde cero, o de nueva planta. Ciudades como Ratisbona (Alemania) se rodean de una nueva muralla más poderosa que la muralla medieval; este esquema es muy frecuente. En Chester (Gran Bretaña), los romanos aportaron una pequeña capa de romanización; toda se distingue el cardo y el decumano. París también sigue el esquema, aunque condicionada por el río.
El siglo IX representa el siglo de la anarquía (por demasiados poderes): son muy intensos los ataques por hacerse con el poder. Muchas murallas se rehicieron, derribando casas construidas junto a éstas. Muchos monasterios se reformaron, pasando a ser palacios. El conocido Monte Saint-Michel (Francia) era entonces una isla, protegida así por el mar y el desnivel de tierra. Al amparo del mismo se fue construyendo un pueblo, que así se protegía de los ataques. Este burgo es frecuente en la Edad Media. En Luesia (Zaragoza), el castillo de los duques del siglo IX se construyó en lo más alto de una colina. Alrededor del castillo se construyeron las casas, adecuándose a las curvas de nivel. Junto a la presencia militar se desarrollará una industria artesanal. Durante la 2ª mitad del s. XII, el crecimiento llegará a la linde del camino, claro que por otra parte el peligro es menor.

Cinco son las formas de ciudad, a saber: 1) encerradas, 2) nucleadas, 3) cuadradas, 4) lineales y 5) diseminadas o dispersas –generalmente aldeas-.
Respecto a las bastidas, los principios de este tipo de ciudad son los siguientes: se tratan de fundaciones nuevas, generalmente, luego nacen con un plano previo; realizadas en retícula, ciudades con tramos ortogonales (por división en parcela); existe un incentivo para que se habiten, bien la corona, un noble, etc. Se construyen especialmente en Francia, Inglaterra y Gales. El rey cede las tierras y financia la construcción de la muralla. En caso de conflicto, la bastida tiene que ponerse al servicio del rey. Las bastidas dominarán el territorio, tratándose de centros de producción agrícola y militar. Monpazier (Francia), del s. XIII, es un ejemplo de bastida francesa: de traza rectangular, distribuida en parcelas, a diferencia del modelo de bastida inglesa, la francesa no suele tener castillo. Cada habitante tiene que construir su casa, mas los edificios de uso público –iglesia, casa consistorial-, deben construirlos entre todos. No todas las parcelas fueron ocupadas. Aigues-Mortes repite el esquema: tiene plaza mayor e iglesia, en las que confluyen las demás calles. Existe muralla, aunque carece de castillo. Winchelsea (Inglaterra) constituye otro ejemplo de bastida. Caernarvon, como bastida galesa, se destaca de las francesas por su castillo. El condestable del castillo tenía poder sobre los civiles. En estas bastidas no se admiten ni galeses (pese a estar en Gales) ni judíos, sólo ingleses libres. Ciudades creadas con fines comerciales. Por ello se suelen instalar en rutas comerciales. La proximidad de la ruta y el curso del agua son características necesarias.

11. Sobre las ciudades medievales españolas

La romanidad en España fue asimilada por los visigodos, cuya ciudad no estaba concebida. Así, entre los siglos V – VIII, estos poblados se construían en zonas defensivas, siguiendo el esquema del castra romano. Se limitaron, pues, a habitar las ciudades romanas, que estaban despobladas por la inestabilidad del momento. Las murallas, además, estaban en mal estado. Barcino, por ejemplo, siguió creciendo, como también Hispalis, pero esto no era habitual. Toledo (s. VI) se convirtió en la capital político-religiosa hispano-visigoda. Una de las primeras obras en las que se centra es la catedral. La nueva muralla duplica el tamaño de Toledo... Los árabes que llegaron fueron pocos, siendo generalmente norteafricanos los incorporados. Estos ejércitos entran en un país debilitado: la conquista de 711 y un dominio que durará hasta 1492 en el Reino de Granada hablan por sí solos. El Corán, que enfatiza, lo doméstico, definirá la vida musulmana, caracterizada por la intimidad. Europa languidece entre los siglos VIII – X, no así España, que coloca a la cabeza cultural de Europa. Córdoba será la ciudad más importante... La Kordhoba visigoda fue tomada en 712. Fue adquiriendo importancia, hasta hacerse capital. En el siglo X y con los Omeyas alcanza su mejor momento. La Córdoba islámica destaca por su medina, que ocupaba la Córdoba romana: una calle la cruzaba de N a S. Es la más importante de toda la ciudad. Incluye la mezquita mayor y el alcázar. En el siglo X el alcázar no da solución al problema espacial. Abderramán construirá una ciudad administrativa: Medina-at-zahara. El shanib duplica el espacio inicial. Junto a este arrabal había otro: el de Shaqunda, que fue arrasado en el siglo IX.
Respecto a Zaragoza, durante los dos primeros siglos de dominio musulmán no se altera su trama romana. En el siglo X la ciudad comienza a sufrir transformaciones con su crecimiento, abriéndose calles, etc. En esencia, se divide en cuatro partes: barrio mozárabe, medina, judería y arrabales. En el siglo XI Zaragoza alcanza su mejor momento en época musulmana. A la medina se añadirán los arrabales. Por esto se construirá una segunda muralla fuera del recinto primitivo. El cardo y el decumano, así como las cuatro puertas de la muralla, siguieron igual. El suelo, de época musulmana, está 2 m. por debajo de la superficie actual, e incluso a la misma altura en algunas partes. Las casas se construyen sobre las romanas por aterrazamiento: ya derribadas, se aplanan sus restos. El zoco (en la zona de La Seo), dejará de ser una zona comercial, pasando a zona de clérigos: la catedral y el palacio episcopal lo definen. El arrabal de Sinhaya se convertirá en el lugar donde vivan los musulmanes tras la conquista. Los mozárabes estaban recluidos en la mozarabía, sita en la zona del Pilar actual. Hasta el siglo X los mozárabes estaban dispersos. Los judíos también tendrán un barrio propio, en el extremo opuesto al barrio mozárabe. Más aislados, la zona se cerraba de noche. El arrabal de curtidores, el de la zona de San Miguel, el de la Sinhaya y el de la Aljafería son los más destacados. Bajo San Pablo, en Santa Engracia y en la Puerta de Valencia, se situaban los cementerios. Al-Musara, junto a la Aljafería, era un espacio abierto en el que se realizaban ejercicios ecuestres. El 19 de diciembre de 1118, Alfonso I el Batallador toma posición en la zuda, palacio del gobernador. Se fijaron condiciones: los musulmanes podían vivir un año más, y si no se habían ido en este tiempo, tenían que pasar a vivir al arrabal de Sinhaya. Dentro del barrio podían tener sus propias leyes, siempre y cuando no afectasen a los cristianos. Los judíos siguieron como estaban al considerarse beligerantes, ni a favor de unos ni de otros, pero económicamente importantes. Se conservó el puente y la muralla, como elementos a defender. Se siguieron manteniendo las cuatro puertas, entre ellas la de Toledo, flanqueada por dos torreones.
En el primer tercio del siglo XIV se producirá una depresión económica que detendrá el crecimiento de las ciudades. Entre 1547-48 tiene lugar la epidemia de peste, deteniéndose el crecimiento. El precio de los productos aumenta. Aparecen las técnicas financieras. Una legislación y una tecnología que progresa lo determinan todo: los medios de comunicación, a través de las vías, propiciarán la difusión de las ideas, abriendo las mentes. Venecia y Brujas se convertirán en las capitales de la comunicación. Las clases económicas se enfrentarán, mas triunfarán los poderosos. La cultura, hasta entonces patrimonio de la iglesia, se abrirá al mundo laico. Se crearán universidad laicas, así como nuevas ciudades. Nuremberg se convertirá en el centro de comunicaciones de la Europa central, siendo así zona de producción metalúrgica a escala internacional. Junto a ésta, Avignon, sede papal. La idealización descriptiva decaerá hacia el naturalismo.


IV. LAS CIUDADES DE LA EDAD MODERNA

12. Del Renacimiento a la ciudad del poder absoluto

Las fortalezas influyeron en la forma de la ciudad. Comenzarán a aparecer estudios urbanos para mejorarla. La calle empieza a ser considerada y adquiere un valor estético: los elementos caracterizadores que aparecen son las líneas de perspectiva, los arcos de triunfo (que sin aislar dan forma al espacio), así como los edificios de cierre, en los que la calle concluye. Roma y París intervienen directamente en la red básica de la ciudad posterior. El renacimiento concibe la calla como un todo arquitectónico. Conforme vaya avanzando la época moderna se tiene más en cuenta la continuidad de los edificios. Esto hará que los efectos de perspectiva se enfaticen, dando la sensación de calles terminadas, y añadiendo por ello el material urbano de rigor (obeliscos, arcos, fuentes, etc.), incitando al paseante a entrar en ella. El eje de simetría determinará la composición en el barroco: el goce por la simetría frente a la incitación a entrar en el espacio que caracteriza al renacimiento.
En el renacimiento ya se distinguen las funciones y los espacios de la plaza. El ideal de anchura de la plaza es el equivalente a tres veces la altura de los edificios que la cierran, puesto que menos de tres o más de seis veces son proporciones desagradables visualmente. La ordenación del Patio del Belvedere de Bramante es bastante satisfactoria con respecto a este caso, al superar las irregularidades, salvadas por medio de escaleras.

Tres son los ángulos básicos de visión para ver un edificio en una plaza:
45º (visión dinámica: ángulo de visión incompleto que requiere del movimiento de la cabeza para abarcar el espacio). [_ 1 / 1
27º (visión estática: ángulo de visión perfecto por el que se verá el edificio sin necesidad de movimiento de cabeza). [__ 1 / 2
18º (visión de conjunto y laterales estática: se verá el edificio y lo que tiene a los lados). [___ 1 / 3

DIFERENCIACIÓN Renacimiento* – Barroco**
*Urbanismo cerrado / **Urbanismo abierto
*Estatismo / **Dinamismo
*Individualizado / *Globalizado

Las primeras notas urbanísticas novedosas se darán en Roma y en París, con el pontificado de Sixto V (1585-1590) y con la llegada al trono de Enrique IV (1593-1610), respectivamente.

El urbanismo en Roma, bajo Sixto V
 
El precedente del urbanismo romano está en la Villa Montalto, de Domenico Fontana para Sixto V. En el jardín de la Villa Montalto el eje longitudinal dominante atraviesa el edificio: cruza un eje transversal y se prolonga hasta un punto de observación. El urbanismo de Roma seguirá estas pautas.
La influencia del cristianismo en Roma es inmensa; a su regreso a Roma tras pasar una larga estancia en Avignon, la despoblada ciudad comienza una nueva ampliación bajo el papado de Martín V (1417-1425). El papado creará un programa de 3 puntos que servirá a los papas sucesores: 1) incremento del patrimonio papal, implicado en la construcción de palacios e iglesias; 2) incremento del patrimonio familiar; 3) urbanismo, concerniente a la población, de los servicios que afectan a ésta.
La principal pretensión de la mejora del urbanismo romano con Sixto V no es otra que la de comunicar las más importantes basílicas de devoción. Algunas de las aportaciones son la finalización de Santa María del Popolo, el abastecimiento de agua (construye el Agua Felice), la realización de uno de los primeros lavaderos públicos, la transformación del Coliseo en una fábrica textil (que no se llevó a cabo), el intento de repoblación de zonas desabitadas, la pavimentación de 125 calles, y la difusión turística mediante folletos para los peregrinos de las 7 principales basílicas. De las calles, la Strada Felice es el eje dorsal de Roma. Con Sixto V la ciudad alcanzará los 100.000 habitantes.

El urbanismo de París, entre Enrique IV y Luis XIV. La plaza real francesa
 
El modelo de plaza real francesa procede del soberano Enrique IV. Estos modelos se colocarán en lugares concretos, como los nuevos barrios. Una nueva forma de embellecer la ciudad y cuyo fin es la exaltación real, amén de servir de tiempo de ocio. Sus características son: 1) planta de forma regular geométrica; 2) las viviendas son continuadas y uniformes; y 3) la estatua real, en el centro, simboliza la cabeza de la “pirámide”, continuada en las viviendas, que simbolizan la nación unida. Los precedentes de este tipo de plaza están en Italia y los Países Bajos, aunque la novedad aquí presente es que todos los edificios apiñados serán iguales. He aquí algunos ejemplos:
- Plaza Dauphine (1604-1614): sita en el extremo de la Cité, obra de Fontaine y Marchand. Dada su situación, su forma es un triángulo que se acomoda al espacio. Tiene 3 calles, dos en los muelles y la restante atraviesa la base y el vértice. Se repite un módulo de viviendas. La estatua, en el Puente Nuevo (vértice de la plaza), sirve como elemento de exaltación real.
- Plaza Royale (hoy Plaza de los Vosgos, 1603-1612): el proyecto es de Louis Metezeau. De forma cuadrada y viviendas de fachada continua. En la parte baja están las arcadas de los soportales, dos pisos de viviendas y tejados de pizarra, en materiales baratos. Los dos pabellones reales, sitos frente a frente, logran armonizar en el conjunto, pese a destacarse en altura y ornato.
- Plaza de las Victorias (1682-87): primera de las dos plazas de Luis XIV (la otra es la Vendôme), ambas obra de Jules Hardouin-Mansart. La aquí referida, de planta circular e integrada por varias calles que comunican con la ciudad, utiliza piedra clara, el material más noble. Las viviendas, iguales todas, con almohadillado horizontal, con dos pisos superiores con orden gigante. El tema es propagandístico: la exaltación del rey, por lo que se magnifica. La estatua original fue destruida en la Revolución.
- Plaza Vendôme o de Luis el Grande (desde 1698): el proyecto se inicia en 1682; en un segundo proyecto de 1698 se modificó lo realizado, quedando como hoy está materializado. En origen rectangular, varió al achaflanarse, pasando a tener una disposición octogonal. Una vía longitudinal atraviesa la plaza. Pese a su forma, es homogénea, manteniendo las mismas alturas (tres), materiales, etc. en el centro aparecía la estatua de Luis XIV a caballo, representado como emperador romano. Durante la Revolución fue destruida, siendo sustituida por la columna de Austerlitz. Las funciones de la plaza, aparta de viviendas para alquiler, consistían en albergar bibliotecas, embajadas, la Casa de la Moneda, viviendas para embajadores y altos cargos, etc.
- Plaza de la Concordia (1755-75): para la realización de esta plaza se realizó un concurso al que accedieron 60 arquitectos, de los que ganó Jacques-Ange Gabriel. Sita entre Tullerías y los Campos Elíseos, ocupaba un lugar de transición. Paisaje y arquitectura cerrarán el conjunto. Surgen dos problemas: definir la plaza sin separarla de los jardines de Tullerías, y marcar los cuatro ejes / vías que inciden en este espacio. En 1755 comenzaron las obras, con la colocación de la estatua de Luis XV, justo en la intersección de dos ejes. Un foso de 5 metros de profundidad y 18 de anchura rodea la plaza, estando recubierto de césped. El foso se acabaría rellenando. La estatua sería sustituida por el obelisco de Luxor.
Estas plazas aparecen como productos insolidarios con el medio, acaso con la excepción de la Plaza de los Vosgos, que logró dotar al barrio de cierta entidad.

Origen de Londres
 
La ciudad se conformará al lado del río Támesis. La actividad mercantil irá multiplicándose debido a los talleres de los suburbios, que escapan al control de los gremios del centro. En consecuencia los precios bajan. De 1580 data la proclama de la reina Isabel, en la que se impide que se construya un edificio a menos de tres millas de las puertas de la ciudad. La Ley de 1615 aumenta a siete millas la distancia. Los nuevos barrios son los que fundamentalmente se desarrollan.
Desde los primeros años del siglo XVII se abren en el tejido urbano londinense elegantes plazas como el Convent Garden (1630) y el Lincoln Inn´s Field (1640), de Inigo Jones, donde las reminiscencias del Renacimiento italiano, y de Palladio en particular, se mezclan con las características de las plazas reales parisinas.
Covent Garden, plaza que antaño fue jardín de convento, en 1553 son los terrenos cedidos al Conde de Bedford por la Corona tras comprarlos al convento. A partir de 1603 se empezaron a construir casas sin planeamiento. El IV Conde de Bedford pensó que ese suelo debía ser ubanizado, por lo que pidió una licencia. Se impuso que Inigo Jones fuera el arquitecto. Inicialmente tenía forma rectangular. En los lados N-E se levantaron casas que armonizaban entre sí. Al S se encontraban los jardines de Bedfordhouse. En el lado O, otra construcción que no rompía la armonía: la iglesia. La influencia de la Plaza de los Vosgos pesa. En principio se destino para clases altas. En 1703 se derriba Bedfordhouse y en la parte más próxima a la plaza se construyen viviendas de menor calidad. El hecho de que ya a principio del siglo XVIII esta zona hubiera decaído, amén de que se hubieran hecho otras plazas, hizo que decayera. También sirvió de mercado la plaza. Los tenderetes comienza a sustituirse por edificios permanentes. Tras los soportales se abrirán cafés, lugares para gente de teatro. En el siglo XIX se construyó el Teatro Real y la Ópera Real.
Lincoln Inn´s Field, de poder real, apenas daba ingresos a la Corona. William Newton solicitó a la Corona estos terrenos para construir casas, pero dejando una plaza, al no ser terreno suyo. N, E y O se ocuparon, dejando el lado sur libre.
Pero es sobre todo en Bloomsbury Square (1661) y en St. James Square (1665) donde se dibuja la tipología urbanística que caracterizará la edificación de los barrios ingleses de los siglos XVIII y XIX. Lo que distingue a los squares es la claridad de la forma planimétrica, generalmente rectangular o cuadrada, la armonía de las edificaciones y la calle o avenida característica que entra por el centro.
En 1666 Londres sufre un gran incendio, que comenzó el 2 de septiembre y que cuatro días más tarde estaría controlado. 13200 edificios fueron destruidos. En definitiva, destruyó la ciudad. Carlos II publica una proclamación en la que se exigían una serie de requisitos por la mejora del urbanismo, prohibiéndose las construcciones en madera, así que la construcción se haga con cierto decoro y belleza. Se nombran dos comisiones: los Fiducidarios o representantes del rey, y los representantes de los ciudadanos. Las posibilidades son reconstruir tal como era o reconstruir desde cero, con nueva planta. Varios firmantes presentan proyectos:
John Evelyn propone uno de carácter lineal.
Robert Hook, como profesor de geometría, aplica una reconstrucción de líneas perpendiculares.
Valentine Knight, militar, se centró en la parcelación del terreno, con calles perpendiculares, y añadiendo secundarias a las principales.
Newcourt propone un plan que recuerda al de Hook, al sustentarse en la cuadrícula, basando el espacio en cuatro manzanas.
Christopher Wren (1632-1723) es el autor del proyecto más satisfactorio y aceptado. Es la solución de un matemático al urbanismo londinense. Parte de cómo cubrir un espacio irregular con formas geométricas básicas: casas rectangulares, cruces de calles ortogonales, prominencia del centro comercial... Una retícula básica es la línea principal, a partir de la cual se insertan calles y plazas. La irregularidad del terreno impide alcanzar la perspectiva de las líneas de cornisa. La influencia mediterránea es importante, puesto que las soluciones de Roma son tenidas en cuenta. Las anchuras de las calles serán las siguientes: principales (30 m), secundarias (15 m) y callejones (5 m). No se llevó a cabo con precisión, oscilando las anchuras entre los 4 y los 15 metros.

13. Las nuevas ciudades en Norteamérica e Hispanoamérica

Si la conquista del norte está llevada a cabo por una iniciativa privada, por contra la del sur es de iniciativa real, y con doble objetivo: conquistar el espacio en el menor tiempo posible para así crear una nueva ruta hacia Indias. España, de enormes proporciones entonces, tenía un ejército de mercenarios a los que tenía que pagar, por lo que necesitaba el botín, lo que implicaba el dominio sobre los pueblos conquistados. Frente al sometimiento también está el proceso de evangelización. Si en el norte se parcelaba el terreno y los viajeros lo habitaban, creando los colonos ciudad de manera lenta, en el sur las ciudades son plazas fuertes en un terreno hostil. Lo que se pretende es que la ciudad sea defendible. Se ha buscado un cierto paralelismo con la conquista romana, pero esta queda lejos, ya que los romanos no excluían a los autóctonos como sí hacían los españoles en América, cuyas ciudades militares devendrán ciudades administrativas. En las Leyes de Indias se exige que las ciudades fundadas se tracen ‘a cordel’, comenzando del centro, con la plaza principal, especificándose que en caso de crecimiento, el centro tiene que seguir quedando como tal. Este valor del centro será decisivo. Al proponer un modelo en damero como el español, se han encontrado precedentes en el modelo campamental romano y en el modelo de la Reconquista.
Pero también en el N se recurrió al mismo esquema basado en la cuadrícula (Filadelfia, por William Penn, se basa en un plano parcelario), que más allá del origen histórico, es de naturaleza práctica y que debía tener un sistema didáctico. Mar del Plata (Argentina) ejemplifica como la ciudad actual es todavía fiel al modelo hispano: la cuadrícula como seña de identidad. Ciudades a veces alejadísimas una de otra mantenían esta característica en la trama, que tras la desaparición del dominio colonial hispano se mantuvo. En América, por tanto, el plano es independiente, más allá de la arquitectura, y la cuadrícula el punto común.
Las ciudades mineras, sitas en lugares montañosos (Andes), se sitúan en los fuertes desniveles, casi en precario sus casas, unas sobre otras y sin planificación urbanística alguna. Para proteger la mina y el comercio se construían fuertes exentos uno de otro, creando así una ciudad a partir de la unión de estos fuertes. En 1572 se funda Potosí (Bolivia), ciudad de fundación real, que en origen es un damero, dada su procedencia hispana. El centro, la parte más importe con su plaza en la que se concentran los edificios principales, en torno a la cual se desarrolla el conjunto, determina la importancia social de cada habitante: la proximidad al centro así la determina: españoles, criollos e indígenas, por orden de proximidad-lejanía. Empero, los que más vivían en la plaza eran los indígenas. En las ciudades portuarias, las plazas estaban junto a la costa, frente al mar, lugar de trabajo. A partir de lo viejo se irá creando lo nuevo. Conventos y monasterios establecen un escalón intermedio entre lo interno (indígenas) y el centro (residencia de españoles).
En la zona central se mantiene el damero, pero conforme vamos a la periferia éste se desarticula; los suburbios carecen de hitos relevantes (salvó algún arco de entrada o ermitas), tratándose de zonas de escaso mantenimiento e infraestructuras.
La plaza mayor, el elemento más significativo de Hispanoamérica, se va a convertir en un modelo estructural. Su forma cuadrangular, patio de patios, condicionará las partes restantes, siendo habitual entenderla como lugar de estancia y paso. La plaza es la simbiosis del poder laico-religioso (palacio del virrey e iglesia), y concentra el ornato urbano. Está tratada en las Ordenaciones, de acuerdo con el rey, teniendo en cuenta los más diversos fines: debía estar porticada, ya que favorecía los fines comerciales; mas entre ésta y la plaza mayor española hay una diferencia, como más adelante se verá: en España se concebía la plaza de manera insolidaria con respecto al exterior, lo que no ocurría en América.

14. Desarrollo urbano de las ciudades españolas en la Edad Moderna

Si en Europa en la Edad Media se forma la ciudad para desarrollar sus posibilidades en la Edad Moderna, en España esto no ocurre: las desamortizaciones de Madoz y Mendizábal del siglo XIX, derribando dentro de la ciudad conventos, resumen la idea de que las ciudades se hicieron dentro de sus propias murallas.

Durante la primera mitad del siglo XV, las ciudades españolas como europeas pasarán a situarse en lugares llanos, sin peligro de ataques por tanto, al abandonar las situaciones estratégico-defensivas anteriores. La muralla asume ahora un valor fiscal (para con la entrada de productos a la ciudad y su previo control previo pago de un impuesto) y sanitario (para que en caso de epidemia la ciudad sea cerrada por razones de seguridad). El crecimiento de las ciudades llevará a soluciones tales como los ensanches y, fuera de las puertas, los arrabales, que al ir creciendo también serán considerados y amurallados, ampliándose así las dimensiones de la ciudad (también por motivos fiscales). En ciudades castellanas surgirá la plaza mayor, que se construirá a la salida de la misma y al amparo de la puerta. Este lugar pasará, tras la demolición de las murallas y ampliación de los arrabales, a ser céntrico. Suele ser un espacio irregular, sin forma e indiferenciado en origen, y tiene en Valladolid uno de los mejores ejemplos: unos edificios configuran el espacio, bastante descontextualizado del entorno. La calle mayor surge entonces, calle que puede partir de otro anterior. Respecto a los barrios, suelen ir vinculados a un convento, y se los denomina por su vinculación con éste. Se construirán casas de mayor tamaño. A la salida de las ciudades se solían colocar cruces o humilladeros, lugares en los que los caminantes se arrodillaban tras un viaje: es una forma de dignificar la entrada a la ciudad. Se derriban las casas viejas al haber más dinero para construir otras, en buena medida por la llegada de capital de América, lo que permite utilizar los mejores materiales, así como una decoración en las portadas con escudos o emblemas de la familia propietaria. Las calles se van a intentar ennoblecer (ordenar), de acuerdo con un trazado recto y fachadas uniformes. Las plazas, regulares y tendentes al cuadrado, están determinadas por las fachadas. Las ciudades comienzan a rellenarse. El concepto de urbanismo tiene una manera más pintoresca de entenderse. En el siglo XVII la ciudad comienza a amontonarse, tendiendo todo a la fragmentación. Arquitectura y urbanismo corren parejos. En el Barroco se pretenderá unir los centros de atracción, esto es los recorridos del rey, procesionales, etc., que condicionarán las calles, por consiguiente las más importantes de la ciudad. Con los Borbones se realizarán obras de ornato. El espíritu ilustrado luchará contra los desórdenes anteriores, buscando la claridad. Algunas de las más destacables casas consistoriales datan de esta época (ej.: Lugo).
El comercio como punto de contacto y el cambio político (varias ciudades sirven de corte, que es itinerante con los Reyes Católicos) serán determinantes. Madrid, a mediados del siglo XV, no es más que un lugar de caza para los reyes. Un siglo después, en 1561, Felipe II declara un decreto en el que Madrid es designada capital. Su población era de 20.000 habitantes. Lo que explica tal condición es que se sitúa en un punto céntrico. Si se hubiera elegido otra ciudad más importante que había servido de corte –Zaragoza, Sevilla, etc.- hubiesen surgido competencias, problema que se evitó escogiendo una ciudad salida de la nada. En 1600 la población había aumentado a 100.000 habitantes. Desde sus comienzos Madrid tendrá un urbanismo de urgencia, comenzando a surgir casas de una planta. Esto determinará que hasta mediados del siglo XIX esta ciudad sea desdeñada; tendrá que esperarse a la desamortización de los conventos a mediados del siglo XIX para mejorar su aspecto.
Barcelona despegará a lo largo del siglo XVIII gracias al comercio con América. Como consecuencia, sus murallas serán destruidas, dando paso al ensanche.
Sevilla, a partir del descubrimiento de América, potenciará su crecimiento. Si en 1530 su población era de 60.000 habitantes, cincuenta años después el número se duplica. Su pasado medieval islámico es asumido, tomándolo como punto de partida. La creación de la Fábrica de tabacos, con la calle de San Fernando, supondrá uno de los más importantes proyectos urbanísticos. La alameda de Hércules, supuesto fundador de Sevilla, proporcionará a la ciudad un espacio verde y de esparcimiento.
La plaza mayor española va a ser la aportación urbanística más destacada. Son actuaciones aisladas que se llevan a cabo sin tener en cuenta el contexto, dado que no se pretende enlazar con otros lugares de la ciudad, es decir, se trazan y no se modifican los entornos. Así, en tramas medievales se insertarán plazas modernas sin que nada se modifique. Estas plazas se caracterizan por su forma (cuadrangulares o rectangulares), apropiada en tanto que en ellas se realizaban determinadas celebraciones. Su origen está en la plaza del mercado (en ellas se celebraban torneos, corridas de toros, bailes, etc.). Por ejemplo, el 6-II-1481, seis herejes son quemados en la Plaza Mayor de Sevilla; estos autos de fe serán entendidos como espectáculo, por lo que el espacio de la plaza mayor será preparado. La primera de las plazas que se realizó siguiendo criterios así entendidos es la de Valladolid: perfectamente regular, rectangular y cerrada. En 1581 Felipe II había mandado que se ordenase la madrileña Plaza del Arrabal, que acabará siendo la Plaza Mayor: antes de esto se ampliaron los espacios con la adquisición de unos terrenos. La obra data de 1617, de acuerdo con los planos de Juan Gómez de Mora. El significativo edificio llamado Casa de la Panadería, con el balcón real, constituía el edificio más importante de la plaza. Se trata de un ejemplo de plaza escenario, y nada tiene que ver con el exterior.
En Zaragoza, el plano de 1712 la muestra con dos recintos murados. A finales de la Edad Media se crean dos ensanches.


V. LA CIUDAD CONTEMPORÁNEA

15. Ciudad y revolución industrial

El fenómeno de la ciudad contemporánea va ligado indudablemente a la revolución industrial. Si en 1600 el 1´6% de la población mundial vivía en ciudades y, en 1800, el 2´2%, es decir un mínimo porcentaje y un mínimo aumento en dos siglos, la repentina subida del porcentaje se explicará por dicha revolución industrial: la llegada masiva de gente será el principal motivo de crecimiento; Europa, continente eminentemente agrícola, dejará de serlo de este modo. El factor básico fue el carbón, primero como fuente de energía y, a partir de 1825, debido a su aplicación para el funcionamiento de los medios de transporte. Londres, en apenas cinco décadas, doblará su población, alcanzando los dos millones. Frente a los ritmos de crecimiento, cabe restar la alta mortalidad, que con todo no frenará el crecimiento. Por otra parte, las máquinas agrícolas sustituirán a la mano de obra, generando paro en gran cantidad, lo que implicará la marcha de los pueblos a las ciudades.
La localización de la industria en el medio urbano presenta los siguientes factores positivos:
• Utilización de las infraestructuras existentes,
• Cercanía a los mercados de consumo,
• Cercanía a los focos de innovación y desarrollo tecnológico,
• Cercanía a los centros financieros, y
• Disponibilidad de mano de obra barata y abundante.
Por contra, la contaminación atmosférica y acústica, así como los vertidos tóxicos lanzados a las aguas, deteriorarán la calidad de vida de sus habitantes. El hecho de que inicialmente no existan medios de transporte colectivo (así hasta fines del siglo XIX) impedirá una comunicación fluida. El ferrocarril llevará mercancía y personas hasta la periferia, mas muy pronto quedará la estación dentro de la ciudad, debido al crecimiento de la misma.
La base del planteamiento moderno se hará partiendo del pensamiento ilustrado; el tema de la ciudad, conforme al crecimiento, tendrá diversos puntos de vista. El hecho del cambio, de que el fenómeno iniciado es imparable, marcará un nuevo paso. Aparecerán intentos de volver a formar una ciudad idílica, así como críticas políticas que arrancan muchas veces contra el sistema de producción capitalista (La situación de la clase trabajadora en Inglaterra, de Engels, 1845). Las propuestas utópicas serán muchas (familisterio, falansterio, etc.), con poblaciones reducidas, en claro intento de volver a una sociedad humana basada en la agricultura. Tales ideaciones proponen ordenar el caos de la ciudad, cuyas casas son construcciones insatisfactorias, de ínfima calidad higiénica y dudosa fabricación. El centro de las ciudades, por consiguiente, pasará a ser un bien escaso.
La especulación del suelo determinará que se construya de manera más densa, lo que creará gravísimos problemas sanitarios. Las mismas enfermedades de la Edad Media, pero ahora en lugares insalubres, multiplicarán sus nefastas consecuencias. Tendrá que surgir así la urbanística moderna. Desde el segundo tercio del siglo XIX se crean comisiones que acuden a visitar las viviendas obreras, se escriben informes como el de Engels en los que se intenta ver el pulso de las ciudades; Lord Chadwick escribió el Informe de las condiciones sanitarias de la clase obrera. Males que pretendían paliarse con la legislación.
La tierra iba de acuerdo con un número de escaños, pero las desigualdades eran muy fuertes al ser determinante el factor económico (mucha tierra para poca población, como en los pueblos). La ley terminó por suprimir esto: se pretende así igualar en poderes a los terratenientes con los comerciantes e industriales, quitándoseles a muchos pueblos el escaño en beneficio de la ciudad, más poblada y con menor espacio.
En 1833 Lord Ashley promulgará una ley sobre el trabajo en las fábricas. Se regularán las horas de trabajo, reduciéndolas progresivamente. Se creará un cuerpo de inspectores para hacer efectiva dicha ley. En 1835 se erigen las nuevas administraciones, que sustituirán a las anteriores, de carácter feudal; tendrán que dar cumplimiento a las exigencias locales, dando lugar a los consistorios. Surgirán grupos de especuladores-constructores, partidarios del mayor número de viviendas al menor costo y en el mínimo espacio para venderlas al mayor precio. La planta tipo era de 12 m2, siendo viviendas de una única habitación. Los problemas urbanísticos no se distinguían de los arquitectónicos. La falta de espacios libres será el gran problema. Una mala higiene dará como resultados epidemias. Las “viviendas acordes con la legislación” se reconocen por la uniformidad y sentido de la planificación, empezando a tomar conciencia urbanística.
En España, los mayores problemas de hacinamiento ocurrirán en Madrid y Barcelona. En el siglo XIX, aunque la industria tiene un papel decisivo, el peso económico lo tiene la agricultura. En el siglo XIX se diagnostica cómo están las ciudades: lo que se va a establecer son planeamientos de carácter higienista. Cosas tales como los alcantarillados serán puntos de preocupación. Por otra parte, se asiste a un cambio de mentalidad. La pobreza pasa a entenderse como miseria, en tanto que mal, por lo que debe ser reducido / solucionado. El concepto de urbanística tal y como lo conocemos empieza ahora, abarcándolo todo, de lo estético a lo social. El urbanista deberá tener en cuenta las múltiples problemáticas e intereses. Las reformas urbanas ya no tienden hacia la forma perfecta: se modifica constantemente la ciudad del hombre actual en una ciudad que almacena siglos de historia.

16. Planificación urbana en la segunda mitad del siglo XIX

La Revolución de 1848 es una revolución popular de consecuencias inéditas: el referente de la Revolución Francesa es un bosquejo de ésta. La sublevación de las clases populares afectará al urbanismo de las ciudades, urbanismo este que a lo primero que va a atender es a la doble función de lo privado y lo particular, de manera que los bienes de los primeros no se pierdan. Esta burguesía controlará determinadas zonas y mantendrá sus prioridades sobre la ciudad: los burgueses, dueños del dinero que les da la industria, deducen que deben invertir en el suelo urbano, buscando su rentabilidad. El urbanismo relega a un lado la utopía y la crítica radical. Se intentará, simplemente, arreglar lo que no funciona, entendiéndose así la ciudad como máquina, desde el punto de vista de un empresario, obviando cualquier posibilidad de ciudad ideal. Se impondrán unos objetivos para la ciudad, a saber:
I.- Facilitar y racionalizar los procesos productivos (actuaciones programadas e interrelacionadas)
II.- Facilitar el transporte de mercancías y personas dentro de la ciudad y de la inmediata periferia (aperturas viarias a través de los cascos antiguos y creación de nuevas avenidas de acceso)
III.- Facilitar las relaciones funcionales imprescindibles (producción / distribución / consumo)
IV.- Asegurar el control social a partir de nuevos organismos de intervención.
V.- Ordenar y crear un nuevo espacio social representativo de la nueva sociedad burguesa.
Entre las actuaciones más significativas del siglo XIX destacan las de París, Viena y Barcelona.

• París
 
Pasa de la Edad Moderna a la Contemporánea con la Revolución Francesa, dando como resultado sorprendente un Imperio. Vendrán luego dos Revoluciones (de 1830 y 1848), conflictos estos que impedirán que se realicen obras importantes. Los bienes nacionales (monarquía e iglesia sobre todo) pasaran a ser propiedad del Estado. Para ello, la Comisión de los Artistas propondrá la renovación de determinadas zonas de la ciudad tomadas al clero. La megalomanía de Napoleón determinará el gusto del plano. Éste, que quería hacer de París la capital del Imperio, no tuvo en cuenta que el precio de la guerra era harto elevado, por lo que el urbanismo quedó en un segundo plano. La remodelación del eje Louvre-Tullerías es la obra más significativa. Las fachadas para la calle de Rivoll son unitarias (diseñadas por Percier y Fontaine). La calle se concluirá en época de la Restauración. Esta zona se completará con la mencionada unión Louvre-Tullerías, eliminando para ello las manzanas de viviendas populares. Se elegirá el proyecto de Percier y Fontaine, pero las obras no se inician, y las transformaciones se reducirán al Arco de Carrousel (conmemoraba la victoria de Austerlitz) y la calle Imperial. Las pretensiones de Napoleón fracasarán. Con la Restauración monárquica se vuelve a lo anterior, pero el poder aristocrático fracasará definitivamente con la Revolución de 1830, poniendo en primer plano a la burguesía. Habrá que esperar a la llegada de una figura clave: Haussmann, máxima autoridad en tanto que Prefecto del Sena.
Cuando George-Eugène Haussmann presta juramento como Prefecto del Sena (29 de junio de 1853) enuncia en el curso mismo de la ceremonia la finalidad que pretende perseguir y los medios a adoptar en el ámbito de sus grands travaux, ambicioso programa de transformaciones que se extiende a la totalidad del área metropolitana.
Las formas morfológicas adoptadas por Haussmann están inspiradas en la Roma de Sixto V, en el Versalles de Le Nôtre y, en un sentido más amplio en el culto a la simetría barroca, pero, en cualquier caso, su propuesta no tiene antecedentes, ya que es la manera misma de pensar la ciudad la que cambia. La moderna idea de metrópoli, entendida como máquina urbana en la que la red de infraestructuras (de las calles y los equipamientos) asume una inédita preeminencia jerárquica. La arquitectura queda subordinada al dominio del trazado viario. Los propios monumentos del pasado, elegidos como puntos focales de las perspectivas, quedan reducidos al carácter aislado de signos visuales en un paisaje metropolitano radicalmente renovado. La hostilidad de gran parte de los contemporáneos contra el gran démolisseur es, por tanto, comprensible como melancolía por la erradicación de los valores de la ciudad preindustrial. Muy pronto, sin embargo, la desconfianza se trocará en entusiasmo por parte de ésos mismos. Un dato a destacar: el trazado de la metrópoli haussmanniana es cualquier cosa menos indiferente a la estructura urbana preexistente, a la cual se superpone. En muchos aspectos, incluso, el núcleo histórico es notablemente potenciado como centro (político, comercial y social) del nuevo asentamiento urbano. Haussmann planteará razones varias para llevar a cabo su proyecto, empezando por la seguridad (basada en la avenida, de gran espacio y que permitía al ejército actuar, evitando además la posibilidad de barricadas, típicas de calles estrechas) y la higiene (demoliendo las zonas insalubres). Prevalece sobre éstas la razón práctica básica: la venta del suelo como razón de riqueza. Y aunque Haussmann nunca hable del embellecimiento de París, sus contemporáneos lo percibirán. El protagonista no será tanto el monumento como la monumentalidad difusa.

• Viena
 
En la primera mitad del siglo XIX Viena muestra una singular conformación urbana determinada por la historia de sus fortificaciones. El trazado de las murallas del siglo XVIII (Linenwall) había encerrado, en efecto, un vasto territorio urbano que incluía, además de los suburbios (s. XVII), el núcleo histórico original (Altstadt), encerrado a su vez en el perímetro de las murallas renacentistas. El tejido residencial había venido así densificándose por un lado a lo largo de la faja adyacente al Linenwall y por otro en el interior del núcleo antiguo, dejando sin edificar una amplia banda intermedia verde (Glacis), de una anchura entre los 800-1400 metros. Cuando, hacia mediados de siglo, se impone la urgencia de una transformación de Viena capital adecuada a las exigencias estructurales de la época, la zona del Glacis ofrece la ocasión para un programa de intervención.
Una primera hipótesis de proyecto tendente a realizar una cinta anular de transportes públicos y de zona verde dispuesta a lo largo del eje mediano del Glacis se debe a los órganos estatales en 1857. Pero sólo después de un concurso internacional para el plan de ampliación de Viena, convocado al año siguiente, encuentra su definición proyectual la edificación del Ring. Las ideas surgidas en el concurso (en el que participan más de 80 proyectistas), y en particular las manejadas por los tres primeros clasificados, son reelaboradas y recompuestas por el arquitecto Löhr, asistido por una comisión (formada por funcionarios ministeriales y por los propios autores de los proyectos). En el programa ejecutivo, cuatro quintas partes del Ring quedan reservadas a los equipamientos colectivos y a los monumentos simbólicos y representativos, destinando sólo una quinta parte a edilicia residencial altamente privilegiada. La venta de los terrenos concedidos a los constructores privados alimenta en parte la financiación de las obras.

• Barcelona
 
El plan de ampliación de Barcelona elaborado por Ildefonso Cerdà y Suñer en 1859, a pesar de mostrar algunos indirectos puntos de confluencia con el plan de Hobrecht en cuanto a ingeniería funcional de la máquina urbana, se diferencia de éste en un punto decisivo: la propuesta de innovación tipológica del edificio urbano. Al edificio de varias plantas y patio cerrado –que representa el módulo más ampliamente difundido de la expansión decimonónica- se contrapone el tipo de edificios abiertos, realizados sobre sólo dos lados de la parcela edificable y destinado a jardín la parte restante del terreno. Se anuncia así la idea de la “ciudad radiante”, esto es, el principio de la estrecha integración de la alta densidad de habitación con los amplios espacios verdes.
Esta propuesta práctica de la visión funcionalista aparece motivada desde el punto de vista teórico como un retorno a los principios primordiales de la planificación urbana, con vistas a una tendencial “ruralización” de la ciudad. Se trata, sin embargo, de una idea que se queda como ocasión perdida, acaso por su propia precocidad. El hecho es que las sucesivas reglamentaciones edilicias autorizan la edificación completa de la manzana sobre el modelo del edificio en patio cerrado, que responde mejor a los mecanismos de la explotación intensiva de la renta del suelo. Queda así eliminado uno de los pilares básicos del armazón teórico del plan. Lo que resiste, por contra, es el rigor del trazado en damero. La concepción del asentamiento es deducida, a su modo, del esquema de la planificación urbana premedieval. El sistema hipodámico, considerado más lógico en su simplicidad, es sometido sin embargo a una notable dilatación dimensional (que alcanza los 20 m. de anchura en las calles corrientes y los 60 o incluso los 80 m. en los ejes principales) y a una parcial rectificación (los ángulos de las manzanas son achaflanados para favorecer el desarrollo del tráfico y mejorar la estética de las uniones). En absoluto casual es la ordenación del damero, que sigue criterios heliotérmicos para la defensa contra los vientos dominantes y criterios astronómicos; se ve interrumpido, de hecho, sólo por dos grandes arterias diagonales trazadas sobre la línea imaginaria del meridiano y el paralelo terrestre. Anticipándose a la época se introduce también el estudio sociológico de la red de interrelaciones entre “continente” (la realización urbana) y “contenido” (la población residente), que se traduce operativamente en una estimación detallada de los equipamientos colectivos a adoptar para cada uno de los doce barrios en que se subdivide la ciudad, concebidos como unidades de vecindad. Para Cerdà, liberal de izquierdas, su ciudad es también un teorema que desarrolla linealmente los ideales progresivos del igualitarismo: ello explica el carácter homogéneo de su ideograma urbano. A los sentimientos del arte urbano, Cerdà opone el cálculo científico del perfecto “funcionamiento de la ciudad-máquina”. El primer objetivo es la adecuación de la red viaria al “desarrollo de los medios de locomoción”; el segundo es la revisión de las tipologías edilicias.

• La emulación haussmanniana en Europa: Roma y Milán
 
Una vez decidido el traslado de capitalidad de Florencia a Roma, comienza el proceso urbanístico de modernización, pero sin que el peso del antiguo Imperio Romano decaiga. Haussmann recomendó no tocar nada de la Roma antigua, creando otra nueva. Pero su propuesta no se consideró. El primer plano oficial para Roma, redactado por Alessandro Viviani en 1873, yuxtapone lo antiguo con lo nuevo, ampliando sus dimensiones. Pero más allá de los límites del plano ocurre un problema de edificabilidad. Se crean dos ejes mayores viarios (ensanche del Corso [N-S] y eje E-O). Se marca una segunda cruz menor, en iguales sentidos. Las plazas se convierten en centros neurálgicos. Un segundo plano, de 1883, el Plan regulador para Roma, también de Viviani, responde más a una necesidad de carácter económico, bien que para dar salida al capital, justificando dónde fue a parar el dinero. Hacia fines de la década de los 80, el Testaccio, único barrio obrero que se propone, podría haber acogido a buena parte de la población, pero no progresa rápidamente. Aislado por el río y la zona arqueológica e industrial, marcando una clara marginación, se convertirá en el barrio de la miseria. Del monumento a Vittorio Emanuele II, en 1880, dos años después de la muerte del rey, se convoca un concurso en el que se deja total libertad. Las críticas de algunos intelectuales chocaron. Se presentaron 293 proyectos, apareciendo todos ellos cargados de simbolismo. Henry Paul Nénot ganó el primer premio. Se trata de un semicírculo con un arco de triunfo, y frente a él, un pilón. Al final, y por razones políticas, no se llevó a cabo, bien que por la nacionalidad francesa del autor. En consecuencia, se convoca un segundo concurso, en el que se especifica el lugar. Los antiguos concursantes situaron su proyecto entre la ciudad vieja y la nueva, como ya lo había hecho Nénot, simbolizando el punto de unión. Los ganadores del segundo premio del primer concurso, Piacentini y Ferrari, fueron los vencedores del segundo concurso. Será un proyecto con muchas transformaciones. La zona del monte capitolio y la estatua ecuestre serán el lugar y la forma exigidos. Ahora bien, hubo que destruir un gran número de casas, palacios y calles, por falta de espacio. Durante la construcción surgen problemas técnicos, entre ellos la aparición de pozos. Las figuras serían dispuestas según sus méritos intelectuales, militares o de puro valor. En 1914 se inauguró, ocupando tres veces más de lo que se había pensado en principios, con un coste cuatro veces más elevado del previsto.
La ciudad de Milán presenta un centro muy denso tras una primera línea de fortificación, frente a una periferia más despoblada, y abarcada por una segunda línea de fortificación. La burguesía comenzará a realizar actividades comerciales, y ya con la unificación italiana, se convierte en una de las ciudades más destacadas. Más que ordenar urbanísticamente la ciudad, se pretende crear un espacio significativo. En 1881 se convoca un concurso para la Ordenación de la plaza del Duomo, al que se presentan 18 proyectos, sin asignarse un primer premio, mas destacándose uno en particular, el realizado por Megnoni, que plantea reordenar el espacio entre la plaza del Duomo y la Scala mediante un brazo. Frente a la catedral, un edificio de cierre que delimite el espacio, y frente al Duomo, el Palacio de Independencia, edificio de central importancia y en cierto modo representante de la burguesía. En 1889, la Academia convocará un nuevo concurso para la ordenación de la plaza. En los últimos años del siglo XIX Milán despega. De una manera desordenada, se construyen edificios, siempre de carácter especulativo, tomando unas dimensiones masivas. Finalmente, en 1884, se encarga a Cesare Beruto un Plan regulador para Milán, que presenta a la administración en 1885. Es una franja de entre unos 500-600 m. No presenta ninguna novedad urbanística, tratándose de una malla ortogonal, fragmentos que se sitúan siguiendo un esquema radial mediante manzanas que se irán reduciendo en pequeñas partes.

• Las coordenadas de la exposición cuantitativa de las metrópolis: Londres y Berlín
 
De Londres, que durante la segunda mitad del siglo XIX presenta un gran crecimiento, resulta difícil identificar su centro en el plano. Lo más destacado será el crecimiento de la periferia. El desarrollo del ferrocarril tendrá gran éxito como medio de transporte, ayudando a crear la ciudad. En principio funcionaban ómnibus, tirados por animales. El primer metro, o comunicación subterránea, data de 1863, que atravesaría la ciudad de norte a sur, haciendo el transporte accesible a un mayor número de clases sociales (con la excepción de las más bajas), dado el precio del billete. En 1871, el precio del suelo era de 1 es a 100, de la periferia al centro, diferencia de precio que compensaba el precio del transporte. Se reestructuran los barrios existentes para construir nuevas casas, muy sencillas, de 30m2, suponiendo un gran alcance con respecto a aquellas viviendas de una sola habitación.
Respecto a Berlín, en 1862 Hobrecht recibe el encargo de realizar un plan urbanizador. El plan prevé una dimensión de 4 millones. Consiste en manzanas rectangulares seriadas, de unos 200-400 metros de largura. Estas mayas se interrumpen por plazas y otros espacios. Se concede gran importancia a las infraestructuras (tranvías, tirados por tracción animal, p. ej.) Berlín, pues, se transforma a partir de este momento enormemente. Los bloques de pisos, en altura, ejemplifican la densificación de la ciudad: calles estrechas y patios minúsculos, etc.

17. Experiencias urbanísticas en el cambio de siglo

• La ciudad lineal de Arturo Soria
 
El 6 de marzo de 1882 es la fecha del primer artículo en el que se describe la imaginaria ciudad lineal de Arturo Soria, en El Progreso, periódico editado en Madrid por el partido progresista-demócrata español: “Una única calle de quinientos metros de anchura y de la longitud necesaria: esta será la ciudad del futuro. Colocad en medio de esta tira trenes y tranvías, conducciones para el agua, el gas... edificios para los diversos servicios municipales... y estarán resueltos todos los complejos problemas... Nuestro proyecto une las condiciones higiénicas del campo con las grandes metrópolis”. La idea (división por lotes / zonificación por manzanas, variedad de viviendas [de mejores a peores, sin discriminar su situación], triangulación del territorio [en el centro de éstas se colocarán las explotaciones agrícolas])es repetida y desarrollada en un artículo posterior ese mismo año, y en varios otros escritos, hasta dar vida, a partir de 1897, a toda una revista dedicada al tema, La Ciudad Lineal.
El polo ideológico no es Engels, sino Progress and Poverty, de Henry George y, de manera más general, el pensamiento progresista, al que Arturo Soria se había adherido desde su adolescencia. Pero, sobre las motivaciones ideológicas, prevale el gusto “fantacientífico” por la invención, típico de la época. Su ciudad parece un ingenio mecánico, una máquina urbana “vertebrada”, con una anchura meticulosamente fijada a partir de cálculos “neo-pitagóricos” y una longitud sin límites; un gran vial arbolado hasta donde se extiende la vista, recorrible a pie, en bicicleta o en tren.
A pesar del tono utópico, el proyecto de Soria no cayó en el vacío (se plantearon 6 ciudades lineales en principio). En julio de 1894 se inician las obras para la construcción, en la periferia de Madrid, de un fragmento demostrativo de la ciudad lineal, concebido como una banda urbana de 48 kilómetros a lo largo de un anillo ferroviario de circunvalación que, uniendo los pueblos satélites ya existentes (las ciudades punto, que se irán envolviendo, como Fuencarral y Pozuelo de Alarcón) habría estado a su vez unido a la capital por una línea de tranvía que desde el pueblo de la Concepción habría llegado al área central del Prado.
La iniciativa fue coordinada por el propio Soria, que, después de haber obtenido la concesión para el tren-tranvía de circunvalación fundando la Compañía Madrileña de Urbanización (sociedad por acciones cuyo objetivo es el establecimiento y explotación de la ciudad lineal), procede a la adquisición de los terrenos mediante negociaciones privadas. Las dificultades financieras determinan un drástico redimensionamiento del programa, que se reduce a la realización de un tramo de alrededor de cinco kilómetros, con una línea de tranvía tirado por caballos, un teatro y varios servicios colectivos.
A partir de 1908 se plantea construir un segundo tramo, pero el excesivo precio de los terrenos dada su revalorización lo impidió, quedando el proyecto de Soria antes en algo teórico que en algo propiamente realizado.
 
• La ciudad jardín de Ebenezer Howard
• Raymond Unwin y Barry Parker
 
En 1898, Howard publica un libro (Tomorrow: A Peaceful Path to Real Reform) que será reeditado cuatro años después con el título de Ciudades jardín del mañana. Se le tachará de utópico y hasta visionario, aunque sus intenciones son bien “realistas”. El sentido último de la propuesta de Howard reside, justamente, en una mediación pacífica entre los dos “imanes” contrapuestos de la ciudad y del campo, esto es, en la ideación de un tercer “imán” capaz de asumir los requisitos positivos de ambas condiciones (las ventajas higiénicas del hábitat rural y la red de intercambios sociales del hábitat urbano), dando como resultado la Teoría de los 3 Imanes (Ciudad + Campo = Ciudad-jardín). Se trata pues de una atenta y selectiva síntesis de lo ya pensado, como él mismo pone de manifiesto cuando sostiene que el proyecto de ciudad jardín “combina los aspectos sobresalientes de diversos esquemas.., y los combina de tal modo que asegura los mejores resultados de cada uno, eliminando los peligros y las dificultades... perceptibles”.
Cada núcleo satélite tendrá un área de dotación territorial de 6.000 acres (2.428 Ha.), 1.000 de los cuales harán de terreno urbanizable, inmersos en una banda de terreno agrícola de 5.000 acres, con un umbral demográfico fijado en 32.000 habitantes, 2.000 de ellos residentes en la zona agrícola. El dato relevante está, justamente, en el principio de la rigurosa limitación del crecimiento urbano. Howard evita lo que considera el “error” de los pensadores utópicos –su insistencia en la “comunión de bienes”- exaltando, por contra, el derecho individual a la posesión de una casa y un espacio de tierra.
 
 
Antes de su encuentro con Howard, en la labor de Raymond Unwin y Barry Parker, que trabajaron juntos en la creación de ciudades-jardín “conociendo el pasado de manera imaginativa”, hay que destacar la realización en 1902 de su primer encargo importante: la ciudad-jardín de New Earswick, embrión de obras futuras, tratándose aquí de un pueblo al amparo de una fábrica de chocolates. Esta ciudad-jardín, sita entre dos lugares (la fábrica y York) y separada de éstos por un cinturón agrícola, consta de casas dispuestas en hileras (bien abiertas a calles lineales o a patios comunes), estando la naturaleza perfectamente integrada: se pretende que la naturaleza sea algo connatural. El único problema es el referido a la calidad del diseño, tan alta que sólo era accesible a clases pudientes.
El encuentro de Unwin y Parker con Howard se produce en 1904, cuando éste (y Ralph Nelville, presidente de la Garden City Association) les encarga redactar el plano del asentamiento de Letchworth Garden City, ciudad-jardín a 56 kilómetros de Londres para 30.000 habitantes. Se plantearon tres problemas: 1º) carencias de estructuras productivas; 2º) se construyeron pocos servicios públicos; y 3º) abundancia de casas unifamiliares. No es, pues, una ciudad propiamente dicha, al carecer de la autonomía de Londres, lo que supondrá que su crecimiento sea muy lento y que sus habitantes, en principio, sean artistas de clase media cansados de Londres. Para evitar este encasillamiento, se volverán a construir casas de peor calidad / más bajo coste, destinadas a trabajadores. Letchworth presenta más inconvenientes: el centro no permite un tráfico fluido, y con el tiempo se construirán arquitecturas seudo-modernas completamente opuestas a lo pensado en origen. Unwin y Parker querían obviar las diferencias de clase, pero no lo consiguieron.
Con todo, Unwin y Parker plantearon en 1905 el prototipo de lo que sería más tarde el suburbio-jardín: sobre un terreno de unas 100 Ha., y para 8.000 habitantes, el pueblo suburbano de Hampstead. En este caso, la imagen del pueblo rural es evocada con consciente determinación proyectual: debe comunicar un sentido de tranquilidad visual, y ello es logrado en buena medida por la independencia entre casa y calle, con base en un urbanismo de formas geométricas claras.

18. La ciudad entre las dos guerras mundiales

ARQUITECTURA RACIONALISTA

A partir de los años 20 los arquitectos racionalistas aspirarán a la redefinición de la ciudad. En sus ensayos teóricos, Behrens impulsará los nuevos barrios; Fritsch planteará la ciudad del futuro; Oppenheimer la comunidad residencial, etc. La I Guerra Mundial marcó en Alemania un antes y un después al padecer el menosprecio extranjero. Esta situación supondrá que Alemania se incorpore a la racionalización del trabajo. Consecuencia de ello es la siedlung.
La Gross-Siedlung, construida en Berlín entre 1925 y 1931 por Taut, en colaboración con su hermano Max y con Martin Wagner, es el más célebre de los barrios realizados por éste. Consiste en hileras de casas de 2-3 alturas, agrupadas en torno a una parte central –es decir, bloques de pisos en forma de herradura que rodean un lago -. A cada lado del complejo hay una estación de metro. El tejado en pendiente es sustituido por el tejado plano, característico a partir de ahora. Se experimentan avances técnicos de taylorización de la obra (repetición de sólo cuatro tipos de viviendas, lo que permite fabricar los materiales en serie, abaratando costes). Este proyecto lo hizo Taut después de viajar a Inglaterra. Allí conoció el modelo de la ciudad-jardín, y puesto que vio que aquella tipología era la adecuada, decidió trasladarla al continente. Walter Gropius, que dirigió la Bahuaus, proyecto su edificio, siendo el impulsor de esto. Bahuaus proyectaba todo, tanto el edificio como su mobiliario. Para esto se seguirá el sistema de construcción modular, con la ventaja de producir viviendas a muy bajo precio.
Entre 1926-28 se pone en marcha uno de los barrios de Gropius: Siedlung Törten en Dessau, cuyo planeamiento urbanístico utiliza todavía el concepto de barrio rural: crea una pequeña plaza con una cortina de casas.
La Siedlung Dammerstock en Karlsruhe, para la que Gropius se presentó a concurso ganando, supone un paso más allá. Es un barrio funcional, buscando la interrelación entre espacio vial y espacio construido. Unas calles perfectamente definidas para unos bloques en línea, manteniendo una distancia de acuerdo con la altura. Están situados siguiendo ejes heliotérmicos, de modo que se aproveche al máximo la luz solar tanto de la mañana como de la tarde. Los servicios colectivos se concentran en la periferia. En cuanto a la tipificación de unidades de habitación, se recurre a la seriación, como montaje en cadena.
La Siedlung Siemmenstadt en Berlín, barrio de viviendas para los empleados de la firma Siemens, de Scharoun y Gropius, se adapta al paisaje. Si las anteriores estaban subordinadas a la arquitectura, aquí se tiene en cuenta el entorno.
Quedó en proyecto la Spandau-Haselhorst, en la que propone un bloque de 12 plantas de altura, en tanto que para evitar el problema del espacio. No se llevó a cabo por la altura y por la necesidad de ascensor (lo consideraron lujoso para los obreros).
La Weissenhofsiedlung (1925-27), de Mies van der Rohe, construida en Stuttgart, fue entendida como un barrio para celebrar una exposición de arquitectura. Mies, al aceptar el proyecto, asume el carácter experimental del mismo. La primera idea se concibe como un tejido residencial compacto, adaptado a las curvas de nivel de la colina en la que está. En la parte más alta se sitúa un edificio, el más alto, de acuerdo con la concepción antigua de las catedrales. En 1926 rehace la disposición y decide que ciertos arquitectos realicen edificios exentos para el conjunto (entre ellos: Le Corbusier, Taut, Gropius, Scharoun...); cada una de estas casas, al tratarse de edificios-modelos exentos para ser vendidos en tanto que exposición, evita cualquier subordinación con las demás. Deciden como elemento común utilizar el tejado plano y el blanco como color. Se convertirá así en el decálogo de la arquitectura racionalista. Y en julio de 1927 se inaugura, recibiendo 20.000 visitantes por día. Este conjunto, al estar al servicio de la arquitectura, carece de carácter urbano; no más pretende ser un fragmento de ciudad futura.

• Le Corbusier (1887-1965)
 
Se trata probablemente del último creador relevante de modelos de ciudad ideal. De sus modelos se desprenderán proyectos de ciudad para todo el mundo.
La Ville Contemporaine (1922), modelo expuesto en París en el Salón de Otoño y publicado en libro, fue pensado para una ciudad de 3 millones de habitantes, como París, a la que tuvo de referencia (aunque siendo aplicable a cualquier lugar). Para ello, elige un territorio llano, siendo la forma de la ciudad la retícula: en el centro estarán los rascacielos, y rodeándolos, calles: el centro es un rectángulo en dirección E-O, con 2 ejes que dividen la ciudad en 4 partes iguales. Junto al centro, y frente a cada una de las esquinas, 4 centros secundarios. Por el trazado, recuerda a la Filadelfia trazada por Penn. En esencia, Le Corbusier articula la ciudad como relación entre el centro (para 1 millón de habitantes) y la periferia (2 millones). Las dimensiones de la ciudad son de 17´8 x 11´4 Km. Con conceptos modernos, aplica las bases de la ciudad radioconcéntrica, de tal manera que distingue tres zonas (de dentro afuera), a saber:
• Ciudad de los negocios (en el centro, como motor de la misma, y destacada por los rascacielos);
• Edificios abiertos (que van configurando grecas); y
• Edificios cerrados (en cuartel)
La Ville Radieuse (1935), modelo publicado en el libro de título homónimo, es realizo teniendo en mente Moscú; la vuelve a emplazar en un territorio llano, como la anterior. Su orientación es lo único determinante. Es un modelo que puede ser aplicado en ciudades formadas (se aplica, por ejemplo, a Buenos Aires). La disposición espacial de sus partes, siguiendo un eje vertebrador, es la siguiente:
• Cabeza directora, o ciudad de negocios, con 14 rascacielos de 220 m. distribuidos en 16 cuarteles, en dos de los cuales no se construirá rascacielos, permitiendo un único eje;
• Franja vacía / zona residencial;
• Faja de 800 metros;
• 4 grandes sectores residenciales en 4 cuarteles: con comercios en los bajos; todo ello superponiendo una maya girada 45º, y en el centro, el llamado Gran Centro Cívico;
• Faja de 800 metros;
• Área industrial: industria ligera
• Área industrial: industria pesada
 
 
Las Unités d´Habitations son concebidas como pequeñas ciudades verticales. En el desolador panorama de las reconstrucciones posbélicas, destaca como único verdadero escape innovador el programa ideado y sólo parcialmente ejecutado por Le Corbusier a partir del prototipo realizado en Marsella entre 1945 y 1952. El encargo se le hace a Le Corbusier en agosto de 1945 por el entonces ministro de Reconstrucción Raoul Dautry.
La Unidad de Marsella se enmarca, pues, en el vasto programa nacional de edificación de carácter social. Tras algunas vacilaciones sobre la localización se decide, finalmente, la construcción de un único bloque para 1600 habitantes, destinado a acoger a parte de la población trasladada desde la zona del Viejo Puerto (arrasada por los bombardeos). Dispuesta en dirección oblicua al boulevard Michelet, según la orientación “racional” N-S, toma cuerpo así la obra. Cuando se la observa, parece un “gran buque” separado del suelo por su 34 pilotis que sostienen un “suelo artificial”. Autosuficiente y climatizada artificialmente, podría virtualmente “viajar” a cualquier clima y “anclar” en cualquier lugar. El sol artificial sostiene el entero microsistema urbano. Las células de viviendas están prefabricadas en construcción ligera y calibradas en sus medidas a partir de las reglas proporcionales del “Modulor”. Le Corbusier proyecta 23 tipos diferentes de vivienda. La célula-tipo, para una familia con cuatro hijos, se compone de tres núcleos: el espacio-living, esto es, la entrada, la cocina, la zona de comedor y el salón de estar de doble altura; el espacio-noche, formado por un dormitorio y el baño; y el espacio-añadido, formado por otros dos dormitorios. La célula-tipo se configura, en suma, como un único gran ambiente de característica forma en “L”.
En consecuencia, a media altura del bloque demostrativo de Marsella (es decir, en la banda intermedia entre los pisos 7º y 8º) Le Corbusier prevé el establecimiento de una serie de servicios comunes (tiendas, bar restaurante, quiosco de prensa, floristería, oficina de correos) que, en la práctica, se instalarán solo en parte y que serán bien pronto desmantelados. Pero el centro de las actividades comunitarias se sitúa en la cima, sobre la gran terraza: un solarium, una piscina, una guardería infantil, gimnasio y un teatro al aire libre rodeado por un muro rompevientos.

FASCISMO ITALIANO, NAZISMO ALEMÁN, ESTALINISMO RUSO

• El fascismo italiano
 
Musolini, en el discurso pronunciado en el Campidoglio el 31 de diciembre de 1925, con su subida al poder, afirma que pretende convertir Roma en la capital-símbolo del fascismo, recuperando para ello los monumentos de la Roma antigua, de modo que “todo lo que a su alrededor creció en los siglos de decadencia debe desaparecer”.
Se recurrirá para ello a los arqueólogos Antonio Muñoz y Corrado Ricci, que iniciarán con frenético activismo la demolición, liberando los Foros de Trajano, de César y de Augusto (a partir de 1924); después, el teatro de Marcelo (1926), el Foro de Nerva (1928), etc.
Habrá que esperar, sin embargo, a la definitiva aprobación en mayo de 1931 del Plan regulador de Roma, de Marcello Piacentini, para ver la más sistemática puesta en práctica de esta estrategia que instrumentaliza a la propia arqueología como pretexto para la puesta en escena de un plan paranoico. El diseño del plan se puede reducir esquemáticamente a tres ideas básicas:
1) demoler para modificar el centro histórico,
2) la expansión compacta de la ciudad confiada predominantemente al tejido residencial de las palazzine de condominio (destinadas a las capas de empleados),
3) y la edificación, a lo largo de la última faja periférica, de borgate (preparadas para acoger, junto al proletariado de nueva inmigración, a la “plebe” expulsada del centro como consecuencia de las obras de “clareamiento”.
Alberto Calza Bini, del Instituto de las Clases Populares, plantea reservar el centro para las clases privilegiadas, mientras que las populares tendrán que irse a la periferia. Se crea así el esquema del poblado fascista. Para ello habrá que ruralizar al proletariado, dándole la tierra para sujetarlo a ella.
Para realizar la Vía del Imperio se demolieron 5.500 viviendas, quedando sólo un 20% sin derribar. Se reordenará también entorno al monumento de Victorio Emanuel, y se despejará el monumento / mausoleo a Augusto. 27.000 m2 de viejas construcciones desaparecieron en 1934. En 1936 comenzó a llevarse a cabo el Corso del Rinacimiento. También se ordena el Mausoleo de Adriano.
El proyecto de la demolición de la spina de los Borgo Nuevo y Viejo, pretendiendo así ensalzar la Plaza de San Pedro con el Castillo de Sant´Angelo, será llevado a cabo por Piacentini y Spaccarelli. Eliminarán para ello edificios notables del intermedio, y realinean las fachadas que componen la nueva avenida. Se opta por realizar dos edificios a la manera de saledizos que marquen la separación; esto culmina, metafórica y literalmente, el abrazo entre la Iglesia y Musolini, definiéndolo la Iglesia como “de altísimo sentido espiritual”.

• El nazismo alemán
 
En comparación con las transformaciones de la Roma fascista, la transformación de Berlín en capital-símbolo del Tercer Reich deseada por Hitler fue muy menor. El lema “mi casa, mi castillo” será una constante. Este romanticismo chocará con la arquitectura oficial, que en mucho recuerda al clasicismo. Es decir, el contraste entre los polos extremos, el del gigantismo clasicista de la arquitectura urbana, por un lado, y el del romanticismo de la arquitectura rural, por el otro, es reordenado por la red de autopistas, diseñada sobre el territorio como una malla de dominio no sólo bélico sino también estético.
El arquitecto oficial del régimen será Albert Speer, autor del Plan de transformación de Berlín, de 1936. Elevado a la edad de sólo treinta años a la categoría de primer arquitecto del Reich (por indicación de Goebbels), Speer ya había destacado como escenógrafo de las ceremonias nazis en Nüremberg, uniendo hábilmente en el Zeppenlinfeld (1934-1937) una sofisticada atención por los avances técnicos y el culto arcaico a la durabilidad de los materiales lapídeos.
De la vocación escenográfica de Speer surgirá la hipótesis de la “refundación nazi” de Berlín mediante aperturas de vías y edificios colosales. El plan de transformación la capital del Reich se basa en el cruce de dos grandes eje viarios que habrían debido unirse triunfalmente en el centro de la ciudad (en el que se situaría el Centro de Reunión del Partido, con capacidad de contener a 150.000 personas bajo la cúpula más grande [de 250 metros] concebida en la historia), así como con el anillo de autopistas e, idealmente, a través de éste, con todo el territorio del imperio.
En 1937 Hitler proclama la apertura de las grandes obras de transformación de Berlín. Pero, aparte de la nueva Cancillería de Vosstrase (1938) y de unas pocas obras iniciales de transformación urbana (como la rectificación de un tramo del Spree), Albert Speer logra realizar bien poco de su diseño de la nueva Berlín. La atención de Hitler se concentra muy pronto en los planes de guerra, iniciando la fanática aventura de la “conquista del mundo” con la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939. El propio Speer se ve obligado en 1942 a dejar definitivamente su cargo de inspector general de construcciones para convertirse en ministro de Armamentos y Municiones...

• El estalinismo ruso
 
La tercera ciudad emblemática de los años treinta es Moscú. Aunque sólo en la segunda posguerra será llevado a término el vasto programa de transformación de la ciudad en capital-símbolo del “socialismo realizado”, es en 1935 cuando se aprueba, bajo el poder político de Stalin, el Plan que pone las bases técnicas e ideológicas de la profunda modificación del asentamiento urbano preexistente.
Fundada a comienzos del siglo XII a orillas del Moscova, la ciudad había crecido a lo largo de los siglos en torno al núcleo fortificado del Kremlin (centro del poder político y religioso al mismo tiempo) según un proceso de agregación de partes urbanas estrechamente entrelazadas y sin embargo reconocibles en su identidad: la ciudad tártara, la ciudad blanca, la ciudad de tierra y más allá del Moscova. Los desarrollos de los siglos XVIII y XIX y las propias modificaciones terciaras de los primeros decenios del siglo XX habían dejado intacto el carácter arcaico y semirrural de la ciudad. En suma, más que una gran ciudad en sentido europeo, Moscú se presentaba todavía, a ojos de Walter Benjamín, como una gran concatenación de aldeas.
La deliberación sobre el Plan de Moscú viene precedida por un debate que iniciado por las propuestas de Sakulin en 1918, terminará por implicar a una significativa representación de proyectistas procedentes de otros países europeos. Entre finales de los años veinte y principios de la década de los treinta a Rusia llegan Ernst May, Hannes Meyer, Martin Wagner y Mart Stam, en otros. En el debate sobre la transformación de Moscú participarán también Wright y Le Corbusier, aunque sin intervenir directamente en el concurso de 1931-32. Las radicales propuestas, en especial de Le Corbusier, quedarían en nada, en buena medida por el alto grado de destrucción propuesto.
El mayor artífice de su planeamiento urbano será Vladimir Semenov, pionero del movimiento de la ciudad-jardín en Rusia y autor del ensayo publicado en 1945 sobre los Principios de la estructura constructiva urbana soviética. El proyecto de Semenov parte del presupuesto de compactar la ciudad confiriéndole el carácter de organismo unitario. Para conectar entre sí las partes se prevé una clásica red de arterias anulares y ejes radiales que convergen hacia el Kremlin. Pese a que está prevista una gran ampliación (casi el doble del área construida preexistente), el crecimiento urbano determinado por el prodigioso ascenso demográfico (450.000 habitantes en 1863 frente a los 3.600.000 de 1933) queda circunscrito dentro de los límites rigurosos de un perímetro circular, rodeado por un cinturón verde de grandes parques de una anchura de 10 kilómetros. Habiendo descartado la hipótesis del desarrollo lineal o estelar, la interrelación entre la ciudad y el territorio agrícola se confía a una potenciación de las infraestructuras de transporte ferroviario. De ahí la importancia que asume el Metro como simbólica “puerta” de acceso a la ciudad, cuya imagen (en mal entendido deseo de gratificar la victoria del proletariado) terminará por quedar sobrecargada de oropeles ornamentales, cayendo en la emulación de los salones de baile del antiguo régimen...


NOTA: El presente escrito no es sino un resumen de las notas tomadas a vuelapluma y de los fragmentos de autores y libros compilados durante las lecciones de la asignatura de Teoría e Historia del Urbanismo impartidas en la Universidad de Zaragoza durante el curso 2005 - 2006.