1 de julio de 2008

LA ÉTICA GRIEGA, por Emilio Lledó




• RESUMEN •
sobre la conferencia del día 5 de mayo de 2008 en CAI Zaragoza, a las 19:30 h.
Ciclo: La Ética - Siglo XXI
Tema de la conferencia: LA ÉTICA GRIEGA
Conferenciante: Emilio Lledó


Tras la presentación y los ornamentos laudatorios de rigor del presentador para con el conferenciante, el profesor Lledó comienza la que parece será su última conferencia, tal y como al final de la misma advertirá, reflexionando sobre los conceptos de verdad y mentira a la luz de nuestra época, y lo hace evocando a Nietzsche a través de su máxima “Las palabras son monedas que han perdido su troquelado”: metáfora aplicable a la inconsistencia del lenguaje de nuestro aciago presente, en una época donde la identidad de las palabras se ha perdido casi por completo. Para respaldar su tesis, Lledó, de acuerdo con el tema de la conferencia, promete refutarla cotejando el no-pensamiento actual, desgastado a través del lenguaje de hoy, con la ética griega antigua. Recuerda a los presocráticos, que hablaban de los elementos, en tanto que “somos los elementos que hemos denominado”. Con esto refuta que, a lo largo de tantos siglos, los conceptos esenciales están desgastados, de puro utilizados, viendo aquí uno de los problemas de la ética contemporánea: el uso no-pensado de las palabras. Advierte que nacer en una lengua es un azar, lo que viene a no tener importancia, puesto que lo que verdaderamente nos constituye como personas es lo que pensamos: así, la llamada libertad de expresión sería, según Lledó, una nimiedad frente a la verdadera libertad: la libertad de pensamiento. Pensar no está de moda, y el profesor ante su alumnado, en cuanto parte mínima de la enseñanza actual, apenas tiene nada que hacer al lado de los mecanismos de difusión más poderosos (TV, radio, prensa, etc.). Lledó propone pues una lucha por la expresión contra las frases hechas (pensar en los conceptos desde resquicios nuevos), y para ello traslada su mirada a ese pasado: la Grecia antigua.

Según Lledó, no hay una ética antigua ni una ética moderna, puesto que esto es un problema constante, eterno: acaso se hayan añadido nuevas obras (la de Spinoza, la de Kant), pero la variación ha sido mínima: de los antiguos griegos a nuestros días han trascurrido veinticuatro siglos, y pese a ello, Lledó encuentra más “vivos” los textos antiguos que los actuales, que le saben a cartón-piedra. En su defensa de los textos antiguos, Lledó reivindica un texto concreto: el Gorgias de Platón. Y enlaza su discurso planteando una de las grandes preguntas formuladas por Sócrates: “¿Cómo hay que vivir?”. Ésta es la pregunta esencial, una pregunta en apariencia trivial, pero de peso capital para la ética. En su andadura por los textos griegos, el conferenciante recuerda que los griegos escribían para hablar, y que no existe la palabra “ética” en cuanto tal en Aristóteles, quien sólo la emplea dos o tres veces refiriéndose a las costumbres, pese a que dicha palabra dé título a una de sus grandes obras. Y mirando más atrás, recuerda a Homero, que la empleó para designar la guarida del animal (he aquí el primer significado), esto es un lugar de paz que creaba un hábito / costumbre en cuanto espacio ideal de protección.

Esto le da margen para un pequeño aunque pertinente excurso donde reflexiona sobre la violencia de los video-juegos y su vinculación con los reflejos condicionados (Paulov).

Sigue destacando una observación de los griegos: la insolidaridad descubierta. “La guerra es el padre de todas las cosas”: lo que conduce al sueño de la justicia (la justicia como amistad extendida). Así, según Platón (República, Libro II): “La política surge porque somos indigentes”. Frente a esta indigencia, el sueño griego inventa el sueño de la abundancia: esto les llevó a la techné: allí donde no llegaba la mano, llegaba la flecha: así fue creada la polis democrática. Lledó discierne de esto que la base de la política es la educación. En consecuencia, el descubrimiento de la miseria intelectual como resultado del relativismo subjetivo de los sentidos posibilita asimismo la posibilidad de la epistemé. No tarda, así, en surgir la idea del “conócete a ti mismo”, pero ¿cómo es posible esto? Para ver quién soy debo mirarme en el amigo, el alter ego. El descubrimiento de la indigencia sólo puede superarse con la educación. La amistad, que apareció mucho antes que la justicia, es el eje esencial de la moral, pese a las muchas limitaciones existentes (el dolor, la enfermedad, el hambre, la muerte…).

Lledó defiende la lectura como instrumento ilustrador, y añade que una imagen NO vale más que mil palabras. Tenemos, dice, que ser lenguaje, palabra.

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