5 de julio de 2008

Escenas de luz en Villa Madama (Poemario completo, 2ª versión, 2005)




...los antiguos sabios solían a menudo retirarse en lugares semejantes, en los que recibían visitas de amigos valiosos y de parientes, y contando con casas, jardines, fuentes y lugares de recreo parecidos, y sobre todo con sus cualidades, podían conseguir fácilmente aquella vida feliz que aquí abajo puede obtenerse...

Andrea PALLADIO
Los Cuatro Libros de Arquitectura



I

PIEDRA, ALIENTO Y PALABRA



LLEGADA DEL VIAJERO

Ah del destino
Que nos ciega sin motivo
Aplacando nuestras armas tras la ecuanimidad del vencido
Dada por muerta su traza, luego asintiendo vencedor al vacío
Por tanto

¿Qué será de mí, crueles desatinos, en los futuros años malos?
¿Y de ellos, mis frugales devoradores, en la mañana de los tiempos nuevos?

Poco puedo imaginar al respecto, ni quiero ni siento
En la proclive, cadenciosa lactancia de esta mañana, para así darme
Yo, un Don Nadie, a tales desvelos

¿Mas no es este sentimiento abrasivo demasiado sentir por lo pronto?
Quizá, me dirán tras el scherzo, ellos, mis indiferentes, pero
¿Qué caldo tan espeso puede nublar mi escanciado, ebrio conocimiento?

Pregunto
Y helos en su respuesta:

¡Déjalo para otro! ¡Olvídalo por siempre!
Contempla esa roca de enfrente, silente
Y dime, dinos, respóndenos después si puedes, ¿quieres?
¿Acaso se mueve? Sigue quieta, sin apuro ni aplomo, aparenta
Pertrechada tras de nuestra indiferencia
¡Inocencia de roca! Pero inocencia

¿No es pues, esa roca, la roca de mi incertidumbre?
¿La roca que me niega e invita a seguir atento... para luego caer dormido?
No, tanta inocencia no


INSTANTÁNEA PRIMERA

Percibo por tus muros un sinfín de equidades a redescubrir

No es fruto mi asevero de la reflexión pausada, y sí destello
Inminente y del instante ajeno, embriagador hasta las formas
Superadas más allá del acabado origen, línea y punto sobre el plano maestro

La extraña sensación de unas arterias rojizas, formas orgánicas a la escucha
Se consuman de sustancia y me alimentan del néctar, inapreciable
De entrada, pero severo, y firme luego, más allá de toda abstracción humana

Son esos muros, sinfónicos y sin tara, exquisitos en su juego de limosnas
E inalcanzables en tanto aparentan escapar para retornar luego, girando
A las manos del instrumento solista que narra esa historia sin nombre ni regla
Fijada toda proporción mundana

Ni el mañana, ni los labios ausentes
Sabrán por sí mismos de suerte
El no sé qué de tu entraña
¡Oh, villa suburbana!


SIESTA DESDE LO ALTO

Abajo el Tíber declama
Y entre los matorrales, la llama
En efluvios, aromas de la vid a la copa

Sedienta mi paciencia, encuentro desierta la estancia
Del lecho garante, tumbado quedo ante el resoplar del aire
Sumido hasta el entrecejo, palpable la ensoñación y la noche

Noches sin luna oscurecen mi alma
Legañosa atmósfera en este oscuro resquicio con forma
Innato y a la par calculado, triste antro de mis designios vanos

Esculpo en mármol las páginas memorables de una vida. Sin memoria
Insto al recelo apacigüe su cólera bajo los hierros de la violencia
Pero es poco, ninguno incluso, el amor que por ellas siento

Entonces creo poder soñar, y mi ansia, más ancha que profunda
Me arrastra, devorándome a dibujar consigo la búsqueda infinita
De la gloria, tamaña palabra, más allá de la tumba
¿Dónde estabas, impredecible infeliz, para entonces perdido?

Ya es tarde empero
Aquí encerrado y oculto
Bajo el muro terreno
¿Dónde sino querría estar?

¿No es Villa Madama un lugar?
Tal vez una imagen mental
Ilusa estampa de mediocridad
Que los hombres, sí, esos de las carnes y los huesos
Pensaron desde su nicho de vanidad


EVOCACIÓN VERANIEGA

Así por tus pasillos los cabellos exclaman
Como destellos de frivolidad encorsetada
Preferiblemente lejana
Azuza los vientos, Margarita de Parma

Desmiente la mirada de la otra
La suavidad del cojín sobre la caña
Los inabarcables aleteos de esa moscarda
Tan molesta, pero tan sensata

Nada cae al vuelo
Y todo toca suelo
Es dulce y siniestro
¡Y embriaga!

Es fuego
Y brisa
Y tempestad
Desmesurada

Asientes. Caes
Vuelves sobre ti
Desfallecida
Ya no eres la misma
Ni lo serás
Tampoco lo quisieras

Algo te supera
Y aparta de los demás
Lo respiras, en la atmósfera
Entre la verdura. De la pendiente

Mas es pronto
Sobreponte
Mañana saludarás a poniente


INOPORTUNO PRESENTIMIENTO

Mis días están contados
También los tuyos, dulce esclava
Que de piedra te enraízas
Agachando una victoria ociosa, pero falsa

Es el sentir viejo que los otros para con sus penurias engendraron
La amenaza inminente del papel en blanco, a la deriva, fría
De un mismo destino por igualdad en la materia

Amargado, me rasgo, y exhalando fortuitas migajas
Salidas de esa indiferencia tuya que tanto me casa
Me adormezco, surcándome el pecho
Devorado en la consumación de noches templadas

Barro, mientras tanto
Mella de nuestros pensamientos
Puertas y ventanas sin tránsito
Un ir y un venir, descalzos
Por secas estancias, deshabitadas, de clavos
¡Y una herida! Sangre atrapada, inmaculada

¿Qué noche es ésta, que no anuncia su llegada?


ESPEJISMO DURANTE EL ALMUERZO

No bastará con sentir la retención de aire pasado

Ya ellos tomaron lo viejo prestado
Y nada pudo sobrevivir al plano
No tanto la villa en sí
En cuanto los villanos que dominaron
Sus lindes, negada invisible línea

Ya nosotros admiramos sin juicio
El reflejo de la época insinuada
Tras el cartón quejumbroso... de la obcecación

¡Y nada más lejano!
Así despertamos de nuevo
Siendo testigos de lo pretendido
Jamás de lo alcanzado
¡Que ya sobre su propio peso cayeron otras trazas mejor equilibradas!

Arquitectura de parecidos, pues, que sopesa su prestancia en la practicidad
Y no la encuentra más allá
De lo frustrante inacabado
Por ti

Sí, de ti, que hicieron radio anaranjado
Convulso tras las porfías y las rapiñas
Cadena de ilaciones a la coyuntura, luego vistoso
Cuán efímero rostro viste de ladrillo

No asenté jamás mis suelas, ni mis ojos
Lloraron tampoco el desgaste de esos suelos
Ni el ideal absoluto alcanzó a redescubrir, mero reflejo
La cumbre del inalcanzable Plinio, saco de tierra
A los pies de unos cimientos

Mas la retención de ese aire pasado, por prestado
Me ofusca y anima a seguir pensando, buscando
En lo muerto, y agotado


UN SORBO DE AGUA

Grises los días, negros los instantes

Es la mediocridad del mundo, la ineludible
E inestable violencia hermana, la que despedaza
Y son ellas, las primitivas, hijas de Urano y Gea
Las que sobre mi sangre anunciada estampan
Sello y hacha

La escena será, y el castigo
Aunque no merecido, sí se ajustará
Al fiero vulgo inmisericorde
Para que desde las líneas, marcadas
Aplauda, plena fijeza, mi extinción

Separada la cabeza del tronco, la espesura del cielo
Establecidos los márgenes, de lo inefable
A lo concreto, me sumiré sin preámbulos
En el desliz de verde sueño, pura raíz atravesada
Enfrascada en un tarro de cristal templado

Desde allí dentro creeré sintiendo el deseo
Las forjas viejas y el rezo del órgano
Placeres inconcebibles desde aquí abajo
Falsas señas del ser ilustrado

Mas, ¿de qué alardeáis sin son?
Sois ilusión, huero reclamo
Prueba inevitable del desengaño
Tras la breve, imperceptible fruición

Ah piedra y aliento y palabra


VIEJOS SONIDOS

Dejaste la puerta abierta
Entré

Ya allí, el frío
No del corazón, no
Ese no es digno de mención
El otro: espacio vacío y cítara

Los artilugios apartados
Dilatado el tiempo
Tensado por la otra mano
La que me arrastró, adentro

Salí
Pero los espacios
¡Ya no eran tales!
Eran miembros. Sueño
Y ahora estoy
Frente a esos muros
Preguntándome
¿Qué?


VISIÓN EN EL TEATRO

Sol: ausencia
Presiento el advenimiento
Sobre mis restos aplastados
En un mar florido
De recursos violados

Tendido en este teatro
Expuesto a tus rayos
Visualizo la mezquindad desde lo alto
Sumisa en el instante
De la escena, y los rostros

Es un cuadro invisible
Aunque hermoso, y envolvente
Pues exclama su melancólico credo
Sobre mi memoria, enterrada
Revolviéndola

Y me viene del horizonte esa tarde
La del timbrazo aniquilador
Sentado a la mesa con el libro de las esferas
Y un hueso en la mano
Dos monedas de antes de la guerra
Y la mecha larga
Junto a la caja, cerillas

Exploté en una lejana tarde
¿Qué sobrevive en mí?


LA ÚLTIMA CENA (A LA MEMORIA DE RAFAEL)

Extintos quedarán los muros en la perdición de nuestros desvelos

Nunca existió verdad alguna digna de llamarse así
Verdades a medias como la vida, racimos de uva
Copas de tesitura, sueño de contrastes
Ajada diversión nocturna. Media vida

Ya queda menos para el desenlace
Pero después
Abotargados y dormidos
¿Qué será después?

Me imagino allí, arriba, en la noche columpiado
Subido a lomos del cometa
En el vestir despojado, unido por entero
Al fuego a consumir

Es un preámbulo, sin leños, ni chispa
La furia imposible del quejido, abrasador
Del placebo de sentirse vivo
En la palpable ausencia

Mas, ¿qué luz de inefable presteza renace de nuevo en mí?
No es luz de ahora, pero ya estuvo aquí
Dueña de sí
Viva

Triste sombra de mis antepasados: ¡sepúltame!

Triste sombra mía: ¡apártate!


EL VIAJERO ABANDONA VILLA MADAMA

¡Es la muerte!
¿Qué probabilidad de duda cabía?
Pero, ¿qué razón?
¿Qué arraigo me inmuniza en su contra?

¿Será que viene a llevárseme a oscuras?
¿En mi juventud, necia e inmadura?
Es
La idea, la repugnante
Posibilidad de ser, de estar; por ahora

Falso destello de pronto
El muelle se rompe
Reitera el reloj su cuchillada diaria
¿Qué repite el reloj en su cuchillada?

¡Liberadme! Vosotros
Los fantasmas otoñales
¡Desveládmelo ahora!
Y no esperéis a la invernal mañana
Que del presunto misterio
Si lo hubiera
De este imprevisible desfalco, por siempre
En buena hora saldría: antes muerto
Que joven y estúpido y ciego

¡Niebla en la tiniebla!
¿Qué? ¿Quién?
Nadie, nada
¿Y después?
Después, ¿sería después ahora? ¿Qué sería?

Lo único importante resultará no serlo: el instante
Aquí


II

CINEMATOGRAFÍA (ARTE Y SUSPENSE)



UNA FOTOGRAFÍA

No al instante
Sin causa
Ni efecto
Y sí imagen, una
La risa del cielo
Todo el espacio concentrado
En un tiempo ínfimo, bobinado
Helo en su plenitud
Y la vida intacta

Un rollo de película sostendría, en las manos
Tumbado sobre el lecho amargo
Mohíno en la miseria del viejo año
Vuelo de moscas
Abiertos los batientes
Salvado de todo ataque
¡Filmo al mismísimo diablo!

(No: no utilizo máquina tal: el lápiz me invade, opera e incita)

Soy su enemigo en la torpeza
Pago la deuda de perder: así el tiempo
Garrapateando
Torpemente
Los restos de árboles talados
Blanco de sus leños
Salvación de ahorcados

Villa Madama se me presenta plana: colgada del corcho, sus vistas
Es una fotografía: un fotograma enorme: 7 x 13 centímetros
Arrugada por los bordes, sucios
De tanto dedo pulgar, mano
Tras mano: la encontré
Entre las páginas del libro abierto
Sobre cuya portada: Historia
Leí, sí, y asintiendo
La vi: nada me hizo temblar
Quizá el peso de un cadáver (entre tupidas líneas no más)
Un sopor de cientos de años
Apergaminado en el viciado poso infecto
De los libros apartados: Histeria de carcoma: no dejes ni la coma
No es Villa Madama un lugar: y sí imagen, 7 x 13


ROMPIENDO LA QUIETUD

Y helos también en su impertinencia
Profesional inconsecuencia
Que de su necia sumisión al medio
Arruinan de miedo al espectador medio
No tanto por lo que hacen
Ya que no hilan sino deshacen
Lo poco, lo misérrimo y único
De sus artes: las llaman

Toman una cámara y se la llevan al hombro
Dicen “Claqueta”
Cae la vieja
Se nos retuercen las vísceras, de asco al verlos
Empecinados
En su vacío
Mimético y enrevesado
De artistas en lo infinito encuadrado

Ah falsos cineastas y manipuladores del otro
Que removéis el barro para hacer máscara del tiempo
Para ahogarnos, lentamente, en la vulgaridad de vuestro
¿Podría acaso llamarse?
Pensamiento

Mas por mi parte ya nada me conmueve
Apenas una imagen viva
La de mi silueta en el espejo
Respuesta irrefutable
De toda impertinencia aquí (d)escrita


SATURACIÓN

¿Cómo, entonces, habremos de madurar nuestra memoria?

Es una historia sin precedente
Nacida a la sombra de otras historias
Siempre viejas, no tan rotundas
Y por contra acabadas

Mas la pregunta
Carente de destinatario ahora
Me induce a pensar lo contrario

En una época confusa e irrespirable
Delimitada por la avaricia más taimada
Surge, a modo de respingo, el esperado abrazo
En forma de arco iris
Luminoso sobre la meseta
Llamándonos, llamándome, llamándote

Todo en superficie es hermoso
Florituras y círculos volátiles
Un festín colorista de gratas podredumbres
Impresas, a plomo inmutable, sobre nuestras
Frentes. Rezan las lápidas:

No es el fin
Mañana empiezo de nuevo
¿Qué no puedo sentir?


¿LO INEFABLE?

De ellos
Nada quedó en lo concreto
El instante en mucho, sobre el aire desdibujado
Las aristas de una imagen, ya imperceptible
Al fondo del polvoriento álbum, de la indefinición
Ignorada por desconocida: todavía

El sentimiento de
¿De qué sentimiento?
No es sentimiento
Es algo, pero mayúsculo

Demasiado impredecible
Inapreciable en el giro
Idealizado
Para dañarlo
En la palabra
Que no es otra
Ni otra
Que la que quiso ser
Y por lógica, quizá
Fue
Mas ya no es
Agotada en el tiempo
Su tiempo
Y en sí misma

Pero es en ella
Únicamente
¿Quién lo podría dudar?
Arte y artificio del
Arte Último
Más allá de sí
Punto de encuentro
Entre lo humano
Lo divino inaccesible
E inefable


DESENGAÑO

Trina la calavera
Por un dilema
Y en nuestro tormento
Aquí cimientas, negras
Cuencas

No a una pasión inútil
Todo menos lo fútil
Es sentirse preso
A la sombra de sus dominios, unos
En la ignorancia

De saberse uno
Inmutable, íntegro
En la cercanía
Protegido
Del resto, pero

Por ahora, sí
Y no más allá
De aquí
De esta línea rasgada, invencible
De éstos, instantes de nada

¿Bastará esperar a la crecida para retornar sobre aguas ahogadas?


SIN MIRAR ATRÁS

¿Qué no hice que ahora tanto me ceja?

Late mi corazón sin fuerza
Y de mis oraciones
Ancladas en el pasado inexacto
El odio fermenta

He aquí la desdicha
Ya nada me sabe a néctar
En los agrios roces de la mano experta
A la luz visible de luces entredichas

Por derecho me agarro a lo desecho
Arrastrándome
Encadenados
Nosotros, los vientos

Pero nada en el camino nos afirma
Tampoco nos niega
Soplándonos
La insuficiencia de nuestras viandas

Apago la lámpara: la apagas
Tumbado sobre la llama
Respiro de lo irrespirable
Sí, ya será demasiado tarde: tarde para empezar


UN FOTOGRAMA

De entonces recuerdo una luz truncada

Sobre el cojín y la caña
Su cuerpo pretérito

Los aires del campo
Aromas resecos

Toda la dilación del momento, suspenso


III

OTROS ESPACIOS, OTROS VIAJEROS



I

Llega el momento
Me atas las sandalias
Te dobla el viento
Acaricio estos labios, sedientos

Seguimos juntos
De las cadenas
Esperando
Sepultados, por todo el barro

Deja que decidan ellos
Pero en lo restante
En lo auténtico inalterable
¡No te aflijas, oculta mi nombre!


II

Nuestra pasión nace de una misma carencia
Doble sentimiento de ausencia
Allí, en lo profundo
De la fruición, el goce

Nuestras almas van parejas en la línea peregrina
Apuntando al cielo
Volatilizadas sus flaquezas
Hasta adentrarse en la incontinencia

Pues los caminos engañan
También los hombres y sus lanzas
Que ahora soplan amenaza
¡Ya después ríen la farsa!


III

Rezando al aire me derrito
Entre tus leños de fuego hermano
Hibridación, fundamentada en lo que veo
Y siento. También mis pómulos, heridos
A barro cocido sabrán

Deslizo mi lengua sobre tus púas
La desplazo hasta extinguirte, fuego último
Rojo en la soledad del ombligo
Martirizando cicatrices de noche
En plicas de amor indudable

Ya heredamos de nuestros padres los días
Propiedades y vacíos terrenos
Sin sentir nada, dueños de todo, aquí
Ah desplazada muchacha, ¡aquí y en este instante!
Ínfimo que todo lo colma. Que nada lo aprueba


IV

Cae la tarde y descansamos
A la sombra de este viejo olivo
Despertando el temor de los pájaros
Acariciando al caracol sus cuernos
En diversión constante
Necesitados de otro calor

Mañana amanecerá temprano, me miraste
Iremos juntos a la vereda, de nuevo
A esparcir nuestro amor sobre las rocas
A orillas de un riachuelo sin horizonte
Solitario, imposible en su salpicar
Sediento de otro palpitar

Mas no nos adelantemos al momento
Que ya mañana seremos, ristras
De un viaje sin destino, pleno
Por los confines irresolutos
De esta vida, de virtud y tortura
Por estas grietas, en este rostro tuyo

Me tumbo sobre la arcilla
Te acoplas a mi lado, me miras
No veo en tus ojos sino niebla
Desgaste, intermitentes estampas
Campestres y urbanas, viradas
De un rojo a sangre y espada

Parecemos dos cadáveres, marcas
De espacios ausentes, edificados
Y redimidos, desde la lejanía
Desde sus esquivas miradas
Desde esta indiferencia
Puntual. Blanca


V

¡Oh, axioma arquitectónico inviolable!
Que en anchura y profundidad te igualas
Al férreo principio articulador del espacio
Sin destacarte, libre de ambages

Un efecto óptico para el más noble
Este espacio, central, flanqueado
Por esas manos tuyas que acogen
En sus palmas lo infalible, e inexorable
De las líneas sublimes

No habrá más recursos aparentes
En la erigida construcción maciza
Todavía intacta, refleja, mas no allá
En sus puertas, fustes y ventanas
Ínfimos pedazos de la herida
Que no todo descansa en la óptica, en efecto
Ah de Borromini
A la manera de una galería
Paulatinamente estrechada

Ya basta por el momento
Cierto es que en el ahora
No se intuya ni constate
La flacidez de un acceso
Ayer tapiado


VI

Sentimiento de angustia: pesantez de lápidas y rosarios
La percepción inevitable de nuestra caída: en esta hora
Por esas láminas de orgánica tristeza, firme a la vista
Ojos llenos de lluvia, meteórica

No lloró por mí: a ti me acojo
Hija de un mar de idas, venidas
Prisionera del cruce de caminos: a elegir uno, de uno
Diría el fraile acabado: morir tienes, lo sabes


VII

Siguen los muros el perímetro
Siguen al polvo mis huesos
En perspectiva casi plana
De ilusión y efectismo

Nada más lejano, creed
Que ya anunciaron a trompa
El motivo de orgullo más aberrante
Falso, respirable por los bordes

En España todavía nos queda Trajano, dice ese parcial anciano
Olvidando los rizomas de otras esencias, ensalzando
Ah del perdurable Sancho Ramírez, empero
Que tras masacrar, limar las asperezas de otra, idéntica carne
Prolongó los desmanes de un vacuo movimiento

Así el Mediterráneo se cubrió: sigue cubierto de nuestra sangre
Y empapa, un continuo trampantojo lacerante
Lapidando color y línea, difuminando
Líneas de vieja memoria. En atroz muerte

Pero así es
Fue y será
La razón de este viaje
En quietud
Continua e inaplazable


VIII

Soñaste que mis días se acababan
Y cierto era: a la derrota me ceñí, sí
A sus devoradoras circunstancias
Que aunando tiempo espaciado
Me atravesaron. No lo dudaron

Tampoco tú, sumiso desairado
Sentiste el menor desarraigo, no
Hacia una humillación incurable
Apartándome de este lado
Atravesándome. Luego dudaste...

Y seguiste dudando, aunque ya era tarde...
Y ahora un dolor en la espalda
En mi nombre, todas las noches
Ausente pero dueño de voz clara
En palabras cortantes que desatan

No busques pues arrepentimiento y confesión
Tampoco un plazo de plácida omisión
Aferrado a ese imprevisto, sigue así... pero mira
Y descúbrete: en este espejo por punto, infundado
Más certero, que noche larga no acorta sin ventanas


IX

Sentado a la mesa
Con la mirada en la ventana
Y el cuaderno entre las manos
Veo caer la lluvia, intimidándola

Mis ideas son mínimas
Abotargado sigo en la pendiente
Salpicado de cieno y sombras
A la orilla de un camino, por ventura

La hoja viste de blanco
Ni el lapicero afilado me inquieta
Ya nada me turba en este pequeño espacio
De irrespirable, inmaculada contención

Quizás pese un contratiempo
Una escena del pasado atrapada
Ilesa todavía en mi laberinto de memoria
Hormiga perdida en la mitad de una pradera

Cae la lluvia, es una evidencia
El cielo está teñido, de nubes
Un manto cubre las estrellas
También sus voces, sus alas y sus diademas

Es precioso contemplar así esta pintura
Contentado por una jarra de lluvia
Dos panecillos resecos y el racimo de uva
Este sencillo bodegón, a la tinta desnuda

Ah tiempo, negro
Ah personas, frías
Ah tristeza, inseparable
¿A qué me recuerda esta pintura?


X

¿A qué me recuerdan estas luces y estas sombras de idéntica monotonía?

¿A qué?

¿A la fogosidad de unos cabellos rizados tras el baño salado?

¿A los amarillentos recortes del periódico?

¿A los ojos risueños de mi prima de abajo?

¿A los patinadores atrapados en el hielo del televisor?

¿Al gorrión en su vuelo, liberado?

¿A la Octava Sinfonía de Beethoven durante el sueño?

¿Al entierro de un tío lejano?

¿Al polvoriento álbum de fotografías en blanco y negro?

¿A la carta de un amigo de los buenos años?

¿Al rosario bendecido de la abuela beata?

¿A los ojos muertos de una muñeca de trapo?

¿Al pelmazo de los ojos cerrados?

¿A las pueriles escapadas por el tejado?

¿A éstos, pequeños, mínimos detalles que hoy atrapo y mañana esparzo?


XI

Sentimiento de liberación: ligereza de cánticos en el aire
Toda la suavidad intuida más allá de esta línea
De los hierros al óleo en estos balcones
Respirables incluso en la distancia de los porches

Abro la ventana: asoma esta cabeza que llevo
Un temor distante me roza, aquí dentro
Pero no es suficiente, no
Necesito de otros mayores
Y a desplegar las alas me dispongo, ¡ahora!

En el aire, precipitado
Caigo, caigo, caigo
Y no toco suelo
Es agrio y confiado
¡Y resucita a un muerto!

Es el momento. Del aire
Del pentagrama lisiado
Una melodía discordante nacida del sueño
Trascendido por todos estos pájaros, recios
A mí pegados, con sus alas y sus picos desgastados

Descubro desde lo alto todo borroso, lo más
Instrumentos inútiles de esta civilización
La insostenible presión de este cielo plegado
Su ineficacia de plomo sobre puentes de algodón

Llega la música, e identifico sus giros
Es la Cuarta del ruso, y me retuerzo
Moderato con moto, del susto
Sobre mi silla de cañas, clavando el cuchillo
Dentro de este tarro de rica mermelada

Lo noto. Percibo la mirada de la abuela
La del rosario bendecido: se ríe la muy beata
¿De qué? No importa, la dejo con su risa y su rosario
Que bastante tengo con este bollo a la rica ciruela


XII

Veo
La vista engaña
Pero eso poco importa
Perdido sobre esta indolente tumbona
Todo se me antoja distante y a la par cercano
También los reflejos del sol sobre las grises chimeneas
Por muy inclinadas y ennegrecidas que sus bocas se presten
Todo en esta irregularidad con forma de montaña
Nevada por arriba y empedrada por abajo
Es apetecible a nuestros ciegos ojos
Que de tanto ver mal supusieron
Ya en hora tarda empero
De la llegada del frío
En las voces
Del valle
Cabras
Casas
Paz
Y
Muerte


XIII

Quince oscuros objetos descubro sobre la tabla:

Un reloj de pulsera, quieto, entre las cuatro y las cinco

Dos pañuelos manchados, de sangre, sobre mis iniciales

Tres balas, las tres tumbadas, silenciosas

Cuatro páginas del diario, en blanco

Cinco tablillas rojas, escritas. Leo:

“No disparen”, en la primera

“¡Fuego!”, en la segunda

“Muerto queda”, en la tercera

“Bien le está”, en la cuarta

“Necesito una aspirina”, en la quinta

No entiendo nada: el sueño me pierde

Y suspiro, metiéndome vestido entre las mantas

Miro el reloj: ya marca las dos, y cuarto, ah

Pero es muy tarde, y apago la luz, casi a ciegas

Tengo tanto sueño, tanto pesar, tanto

Que lo mejor sería no despertar...

“No despierten”, soñaré entonces


XIV

Caminando por el cementerio
Cuesta abajo, cruce tercero
Encuentro tras el primer ciprés
El lugar de tu eterno sueño

El ángel petrificado vigila
Sin desplazar la vista del nombre
Escrito a plomo, grafía a grafía
Con esa hojarasca de los días

Me agacho y deposito estas rosas
En agua junto al descolorido retrato
De ese rostro tuyo que ahora es calavera
Despojo mineral de la miseria

Cierto es que en vida no pasaste de mediocre
Triste arquitecto de la edilicia. Y triste marido
Atrapado en el vinagre de una mujer infame
Limpiándote las narices, medio ahogado
Después de tantos baños de codicia

Poco, amigo, nos dirán de ti las musas
Que no levantaste obra que hoy en pie se sostenga
De tanto agachar esa calavera ¡viste este agujero!
La noche del accidente, un martes de nieve rosada
Traída toda la arena del Sahara, para edificarte
Aquí y en este mismo suelo, tu obra magna

Yo hice el resto, es cierto, y no me arrepiento
Pues por este rostro, por esta tierra, por esta nada
Caldo de hongos, vertical de grietas, ¡cenizas!
¿Qué no daría de mi nombre al tuyo?
¿Qué no? Ya que de lágrimas no dispongo
Conténtate con estas manos mías
Viejas en los bolsillos, pero tranquilo
Que ya mañana, y Dios mediante
Serán pasto de otros hongos, de otras rosas
De otros juicios. Mas no aquí, nunca aquí
Suelo de podredumbre humana


XV

Nada dará fruto ni excedencia
Tras la agonía de nuestra miseria
La devastación acicalará sus raíces
Cebándose de lleno en la comisura
Aferrándose por siempre
Cual punto no despega por ausente

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