21 de junio de 2008

FILOSOFÍA MEDIEVAL. Averroes y la "Exposición de la 'República' de Platón"



·


















I
EL AUTOR
AVERROES: VIDA Y OBRA

Entre los filósofos árabes españoles que de los siglos X al XIII arraigaron por nuestras tierras, Averroes es el más destacado. Julián Marías nos ofrece un conciso y efectivo retrato de éste; dice así: “Averroes (Ibn Rochd) nació en Córdoba en 1126 y murió en 1198. Fue médico, matemático, jurisconsulto, teólogo y filósofo; tuvo el cargo de juez y estuvo en favor y en desgracia, según las épocas. Averroes es el Comentador por excelencia durante toda la Edad Media: Averrois, che ´l gran comento feo, dice Dante en la Divina Comedia. También escribió tratados originales”. Aunque escasa, no es parca la información biográfica aportada: su propia amplitud de conocimientos ya define bien al hombre, y con él su mente inquieta de humanista; que fuera perseguido por librepensador y que llevara una vida errante hasta establecerse finalmente en Marrakech, donde murió, no hacen sino reafirmar esta idea.
Averroes fue además el gran comentador de Aristóteles en la Edad Media, si bien la enormidad de su producción abarca varias disciplinas del saber. Así, y siguiendo la distribución de sus obras propuesta por el especialista Miguel Cruz Hernández, las obras de nuestro filósofo pueden compartimentarse en las siguientes secciones, a saber: 
1) Obras filosóficas; 
2) Obras teológicas; 
3) Obras jurídicas; 
4) Obras astronómicas; 
5) Obras fisiológicas; y 
6) Obras médicas. 
Asimismo, el susodicho estudioso propone otras dos secciones destinadas, por una parte, a las obras atribuidas a Averroes, y por la otra, a las obras apócrifas. Y aunque se conservan de los originales algunos manuscritos árabes, la mayor parte de sus escritos nos han llegado a través de traducciones hebreas y latinas.
Pasemos pues a continuación a centrarnos en la obra de Averroes que aquí nos ocupa, comentario perteneciente a las obras filosóficas y que responde al título de Exposición de la ‘República’ de Platón.

II
LA OBRA
LA EXPOSICIÓN DE LA ‘REPÚBLICA’ DE PLATÓN

INTRODUCCIÓN A LA EXPOSICIÓN

De entrada, y como Averroes indica en una parte del libro, es preciso recordar que el propósito de escritura de esta Exposición no fue otro que el de la carencia del texto de la Política de Aristóteles, al que el autor no tuvo acceso. Así, partió de la Ética nicomáquea de Aristóteles y de la República de Platón para la configuración de su investigación ética, y esto se trasluce en que el texto de la Exposición, además de ser un comentario al Platón de la República, lo es también al Aristóteles de la Ética nicomáquea, autor predilecto de Averroes como ya es sabido.

ESTRUCTURA FORMAL DE LA EXPOSICIÓN
Y COTEJO CON LA DE
LA REPÚBLICA

La Exposición se divide en tres tratados, cada uno de ellos a su vez dividido en varios apartados: así, el primer tratado consta de treinta y ocho apartados; el segundo de diecisiete; y el tercero de veintisiete. Obviamente, esta división obedece a criterios temáticos de orden práctico, quedando el primero circunscrito al ámbito de los diferentes estratos de lo social y su constitución ideal, el segundo a las actividades intelectuales ligadas al gobernante, y el tercero a las diversas sociedades imperfectas con sus respectivos sistemas políticos.
Por contra, y aunque Averroes la siga de cerca, la República se divide en diez libros, escritos empero en la forma predilecta de su autor, el diálogo. De forma circular, Platón expone su discurso del siguiente modo: el primer libro lo dedica a la justicia; los tres siguientes al proyecto político en sí; los libros V, VI y VII se centran en el fondo filosófico de su sistema político; los libros VIII y IX hacen lo propio con las diversas formas de sistema político, desde su origen hasta su caída; y el último, cerrando el círculo abierto con el primero, está dedicado a las recompensas que recibirá el justo. Tanto este último libro como el primero son sistemáticamente ignorados por Averroes, al no concordar con su visión política, tal y como indica al final del libro (tratado tercero, apartado 27). De los restantes libros, al primer tratado compete el libro II; al segundo, los libros VI y VII; y al tercero, los libros VIII y IX. Los restantes libros no citados desempeñan un papel menor.

RESUMEN DEL CONTENIDO DE LA EXPOSICIÓN

Más que una relectura crítica del texto de Platón, la Exposición de la ‘República’ de Platón es un compendio propio del pensamiento político de Averroes a la luz de la coyuntura islámica entonces imperante, lo que, más que como comentador de Platón, confiere a nuestro autor valía de filósofo, esto es voz propia, pese a la referencia que Platón implica; estamos, por ende, no ante un mero comentario, sino ante una “corrección” del texto griego a la luz del presente histórico de Averroes.
En el tratado primero, nuestro filósofo medita sobre los diferentes estratos de la sociedad poseedora de una constitución ideal, y lo hace iniciando su tesis con la afirmación de que la complejidad de la perfección humana postula la comunidad social. Aunque sin atenerse a un orden lineal, pero con la República de Platón como eje rector, el autor irá refutando esta idea a lo largo de varios apartados en los que se tratará el tema del individuo en sociedad y el sostenimiento económico y demográfico de la misma en la sociedad ideal propuesta (3. Las diferencias individuales potenciadas por la condición social; 33. Equilibrio social e individual; 36. La cohesión social; 23. Nadie debe poseer bienes privados; 24. Sobre la moneda; 25. El número de artesanos debe ser adecuado a las necesidades sociales; 27. Dimensiones de la sociedad modelo; 35. Control de la natalidad), así como los fundamentos morales de ésta (4. Las virtudes en el hombre y en la sociedad; 5. Desarrollo de las virtudes en los ciudadanos; 10. Las supersticiones no deben ser enseñadas a los niños; 12. La moral no se apoya en la espera de recompensas sensuales). Delimitados estos aspectos generales, Averroes pasa a centrarse en los estratos o grupos sociales y el tipo de formación que deben recibir, empezando por el militar (6. La formación militar; 13. Formación viril de los guardianes; 16. El modo de la formación física; 22. De la vivienda y propiedades de los guardianes; 37. El ejemplo de los guerreros; 38. Los límites de la guerra), y prosiguiendo con el de los intelectuales, ya sean los poetas y los músicos (7. La formación poética-musical; 14. Crítica de los poetas árabes y de las representaciones teatrales; 15. Formación musical), o los filósofos (8. La formación filosófica), los médicos (17. El derecho y la medicina señales de la imperfección social; 18. Papel del médico en la sociedad modelo), los jueces (19. El juez en la sociedad modelo) y los gobernantes (20. Condiciones de los gobernantes). Tampoco olvidará a la mujer (34. De la condición de la mujer), ofreciendo una postura bastante ecuánime de ésta para la época. La cuestión de las virtudes (29. La prudencia; 30. La fortaleza; 31. La templanza; 32. La justicia), ya hacia el final del tratado, será otro de los puntos capitales para la aprehensión de la sociedad ideal que Averroes propone a través de su visión revisada del texto de Platón.
En el tratado segundo la referencia a Platón es más completa (incluyendo una re-interpretación del mito de la caverna: 12. El sentido del mito de la caverna), siendo comentados los aspectos intelectuales ligados a la figura del gobernante. Tras una explicación de los principios del mismo en cuanto tal (1. El gobernante filósofo; 2. De las cualidades del gobernante), Averroes apunta el porqué de la escasa consideración de la filosofía de cara a la política coetánea (3. Por qué las sociedades actuales no reciben beneficio alguno de los filósofos y de la sabiduría), incidiendo en las páginas postreras en la figura del hombre y del sabio como entidades intelectuales destinadas a un fin (4. Del fin último del hombre y del sabio; 7. Fin del hombre y felicidad humana; 11. Sobre cuál sea la índole de la perfección última), así como en las diversas actividades ligadas a éste como sujeto intelectual (8. Las artes prácticas y la política; 9. Las ciencias teóricas y la política; 10. Las artes prácticas y las virtudes están regidas por el saber teórico) y la formación de algunos saberes (13. La formación matemática; 14. La formación poético musical) antes de alcanzar un retiro, aunque Platón lo refiera al gobernante, al que los ciudadanos habrían de presentar ofrendas ciertos días como recordatorio de su labor (15. Retiro y honra de los gobernantes). El tratado concluye su exposición con un llamamiento a la virtud (16. El modo posible de realizar la sociedad modelo).
En el tratado tercero y último son tratadas las sociedades imperfectas con sus respectivos sistemas políticos y el porqué de esto (1. Las sociedades imperfectas; 9. La transformación de las sociedades; 18. Lucha entre pobres y ricos; 23. La existencia de sociedades y hombres imperfectos no supone su naturalidad), así como las diferentes formas de gobierno, su formación y tránsito hacia otras nuevas entendidas como consecuencia de las previas: la timocracia (3. La timocracia) y su paso a la plutocracia (12; Paso de la timocracia a la plutocracia; 4. La plutocracia); la sociedad demagógica, su forma y transformación en tiranía (14. El paso a la sociedad demagógica; 5. La sociedad demagógica; 6. La sociedad demagógica es una asociación accidental; 15. En la sociedad demagógica existen todo tipo de hombres; 17. El tránsito a la tiranía; 19. Transformación de la sociedad demagógica en tiranía); la tiranía misma (7. La tiranía; 20. Cómo se llega al modo de ser tiránico; 21. Infelicidad del tirano; 22. La dialéctica del amo y del esclavo); la sociedad hedonista (8. La sociedad hedonista); y la oligarquía (10. La oligarquía; 11. El tránsito a la oligarquía; 13. Características del individuo oligárquico). Averroes culmina su complejo estudio con una apología del placer intelectual (25. El placer intelectual es la más alta felicidad), donde lo confirma como la más alta forma para alcanzar la felicidad, prolongando pues en esta idea la estela de Platón: “Tal sucede con la felicidad intelectual respecto de los otros gozos, pues estos gozos desaparecen rápidamente al estar mezclados con sus contrarios, mientras que el placer intelectual no tiene contrario”.

ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES

Pese a que el lugar de España en la historia de la filosofía (durante los últimos siglos y con respecto a Europa) no sea aparentemente sino de segundo orden (y no sólo en el campo de la filosofía, también en el de la música, el de las ciencias, con la excepción de las artes y la literatura, en los que España es potencia incuestionable), la presente lectura de Averroes, nuestro mayor filósofo no cristiano nacional, nos confirma, una vez más, que las profundas raíces del pensamiento español se hallan en la Edad Media, y no sólo del pensamiento filosófico, también del musical (Cabezón, Victoria) y científico (Servet). España, acaso el país más original de Europa, y por tanto del mundo entero, ha podido erigirse en tal por su muy particular multiculturalidad, por la no armoniosa pero sí fructífera convivencia de tres dispares y riquísimas culturas (cristianos, musulmanes y judíos) que fortalecieron su recio tronco. Los frutos han sido considerables: Averroes es uno de los más granados de ellos. El islamismo tiene en él a su filósofo de cabecera; España, a uno de sus pensadores más profundos y consecuentes, más genuinamente españoles. Pero lo más sorprendente, lo más sintomático de la decadencia intelectual y moral de nuestro tiempo, es la absoluta indiferencia actual hacia un filósofo de la categoría de Averroes, y con él a otros tantos filósofos islámicos nacidos en suelo patrio, figuras tales como Avempace, Ibn Tufayl, Abenalarif, Abenmasarra o Abenarabi, entre otros, lo cual es una injusticia y un menoscabo para la cultura española. Es evidente, por tanto, que la Exposición de la ’República’ de Platón de Averroes es una obra subestimada en el panorama filosófico español, en cuanto ninguneada fuera de los ámbitos más especializados (¿podría no ser de otro modo?). Averroes no sólo demuestra ser el mejor comentador de Platón (o uno de los mejores al menos), sino que consigue articular todo un sistema filosófico a través de su comentario, actualizando a su momento histórico el texto griego. Lo más inaudito es comprobar cómo Averroes, en su saber multidisciplinar, no sólo dedicó sus investigaciones a la filosofía: el médico, el teólogo, el astrónomo y el jurista afloran durante la lectura por doquier. Pretendiendo abarcarlo todo, Averroes abarcó el Todo, tal fue la suerte de su triunfo intelectual, su inmarchitable vigencia, su puesto entre los grandes filósofos de Occidente.

·