7 de junio de 2008

CINE. 'Tristana', de Luis Buñuel




Introducción al filme

Tras Viridiana (1961), que no sería estrenado en España hasta 1977, negada además su nacionalidad hasta 1982, máxime y pese a tratarse de su segundo film en suelo español realizado, Buñuel no encontró mejor salida que la de volver a México y, ya allí, consolidar su futura carrera cinematográfica entre este país y, tras la frustrada experiencia del incompleto Simón del desierto (1965), Francia, al que iría a parar para la realización de sus últimos y ambiciosos trabajos, con la excepción del que aquí nos lleva, netamente español, sito pues entre La vía láctea y El discreto encanto de la burguesía: Tristana (1969), breve vuelta a sus orígenes y nuevo acercamiento a la literatura de Pérez Galdós (autor al que ya había adaptado, con la consecuente personalización, en su etapa mexicana en Nazarín, de 1958, a partir de la novela homónima), obra por la que ya había mostrado interés con anterioridad (“...’Tristana’ la iba hacer en 1952 con Ernesto Alonso y Silvia Pinal... Sólo me interesaba el detalle de la pierna cortada”), y no tanto por la novela en sí sino por ese detalle de la pierna cortada, tan personal y que tanto tiene que ver con él y su Calanda natal, al aludir indirectamente al milagro de Miguel Pellicer, acaecido en dicha población la noche del 29 de marzo de 1640 y al que supuestamente la Virgen del Pilar le restituyó la pierna tiempo ha amputada como consecuencia de un atropellamiento de carro; “en cualquier caso, Buñuel, como buen calandino, se tomaba el milagro muy en serio”, apunta Sánchez-Vidal.
De este modo, tras el consiguiente proceso de preproducción, y todavía con el escándalo Viridiana en el recuerdo como prejuicio pese a la inicial aceptación por parte de la Administración franquista de que Buñuel realizase el film en su tierra, mentes retrógradas (las de la Junta de Clasificación y Censura de la Dirección General de Cinematografía) alegaron tras prohibir el guión que la película y, más en concreto “la moral de Buñuel”, en obvio servilismo para con la Iglesia Católica, “no coincide con la moral cristiana... ni desde luego con la moral habitual española”... Tras varios incidentes de este tipo el film logró salir adelante, rodándose entre los meses de octubre y diciembre de 1969... Con todo el revuelo producido, no es de extrañar que se le concediese la calificación administrativa de Interés Especial, siendo elegida además para representar a España en los premios de la Academia de Hollywood, llegando a estar nominada para el Oscar al mejor film de habla no inglesa.
Al generalizado éxito crítico conseguido se sumaron ciertas voces que entendieron el alcance político del film, esto es su dimensión de metáfora político-social. Así, para Julio Pérez Perucha, el filme de Buñuel describe “...una sociedad represiva, frustrada y asfixiante, en la que cualquier noble empeño está condenado al fracaso y toda rebelión abocada a la esterilidad...” (El Urogallo, nº 2, Mayo de 1970), opinión que en poco difiere de la de Manuel Rotellar: “...mantiene el tono crítico que tanta fama ha dado a nuestro paisano, insistiendo en la pintura de una sociedad española del primer cuarto de siglo, cuando la ciencia del disimulo y la apariencia reprimían buena parte de la vitalidad de nuestras gentes en una hipócrita mansedumbre a ciertos principios y conductas”. En efecto, Tristana, con toda la sutil intención imaginable, puede visionarse como replica y a la par reflejo de esa sociedad represiva, frustrada y asfixiante producto de la dictadura franquista a la vez que ese primer cuarto de siglo; “la historia se repite”, he aquí de nuevo el tópico.
En lo estrictamente cinematográfico, más allá de cualquier clave político-coyuntural, Tristana es la gran obra que el tiempo ha confirmado y cuyos méritos están contenidos en la maestría de su puesta en escena, de su empleo del lenguaje cinematográfico en suma. Con un sabio empleo del plano secuencia, pero sin omitir esos planos de detalle tan sugestivos en momentos puntuales que lo caracterizan, el film se articula a la manera de un tiempo muerto (se cierra como se abre, volviendo a un tiempo impreciso) en el que los personajes transitan sin modificar la antigua Toledo (en la novela la acción transcurre en Madrid), conteniendo en su interior una historia de obsesión sexual determinada por las convenciones sociales. Pero por encima de todo esto, Tristana es un film en el que Buñuel pudo centrar su atención en ciertos detalles que en su juventud le inquietaron y que, utilizados con su maestría, enriquecieron el discurso del film sin resultar obvios, como, por ejemplo, la significativa secuencia en la que Tristana (Catherine Deneuve) y don Lope (Fernando Rey) visitan la tumba del cardenal Tavera en el toledano Hospital de Afuera, y a la que el cineasta le dedica al rostro del cardenal un primer plano frontal en el que “se ve la piel traslúcida, el comienzo de la putrefacción” (Buñuel), y que sirve como contraposición al plano en el que las cabezas del cardenal y Tristana se encuentran, descubriendo ésta algo en esa desagradable cabeza de alabastro que inconscientemente asocia con don Lope, logrando así una metáfora maestra en la que se logra sintetizar el sentido (uno de los muchos sentidos, ciertamente) buscado(s) por el cineasta.

Bibliografía consultada

• BERMÚDEZ, Xavier, Ciclo Buñuel. 7 películas para un centenario (1900-2000), Madrid, Diorama, 2000, pp. 57-62.

• BUÑUEL, Luis, Mi último suspiro, Barcelona, Plaza y Janés, 2001, 3ª edición, pp. 289-291.

• CASTRO, Antonio (ed.), Obsesiones Buñuel, Madrid, Ocho y medio, 2001, pp. 144-161.

• HERNÁNDEZ RUIZ, Javier, y PÉREZ RUBIO, Pablo, Diccionario de aragoneses en el cine y el vídeo, Zaragoza, Mira Editores, 1994.

• MESSORI, Vittorio, El gran milagro, Barcelona, Planeta, 1999, pp. 128-131.

• PÉREZ PERUCHA, Julio (ed.), Antología crítica del cine español. 1906-1995, Madrid, Cátedra / Filmoteca Española, 1997, pp. 674-676.

• PÉREZ TURRENT, Tomás, y DE LA COLINA, José, Buñuel por Buñuel, Madrid, Plot Ediciones, 1999, 2ª edición, pp. 155-160.

• ROTELLAR, Manuel, Aragoneses en el cine, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, 1972.

• SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, El mundo de Luis Buñuel, Zaragoza, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 2000, 2ª edición.

• SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel, Madrid, Cátedra, 1999, 3ª edición, pp. 271-278

• SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, y ROTELLAR, Manuel, Aragón en homenaje a Luis Buñuel, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1983.

• V. V. A. A, Historia del cine español, Madrid, Cátedra, 2000, 3ª edición.

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