8 de mayo de 2008

LAS EDADES DE LA VIDA (Guión cinematográfico, 2004)



Ø PRIMERA ÉPOCA: La Primavera

SEC. 1. EXT. PAISAJE DE MONTAÑA. AMANECER
Un paisaje de montaña, salpicado de vegetación abrupta y salvaje.
Las primeras luces del sol.
E insignificante, bordeando la falda de la montaña, la línea gris de la carretera: por ella, más insignificante aún, circula un automóvil.

SEC. 2. INT - EXT. AUTOMÓVIL DE JULIO. CARRETERA. AMANECER
Al volante de dicho automóvil va Julio, de treinta y cinco años, pintor paisajista.
Algo llama su atención. Aminora la marcha. Aparca a un lado de la carretera y baja del coche. Deslumbrado, mira al horizonte el majestuoso paisaje que se abre ante él.
De pronto, se escucha cada vez más próximo el ruido de un automóvil que se aproxima. Julio se da la vuelta e identifica al conductor.
El nuevo automóvil se detiene a escasa distancia de Julio. Del interior sale un hombre de intereses parecidos a los de Julio: Manuel, treinta años.
Cada uno va al encuentro del otro.
MANUEL
Fiel a la cita primaveral, ¿eh?
JULIO
Nunca he sido fiel a nada.
MANUEL
No te creo.
JULIO
Yo sí.
MANUEL
Amigo, cada vez vamos quedando menos... Para este año, al exponer mis cuadros de la temporada, la nueva crítica me despachó más pronto de lo habitual, ¡qué ya es decir! Y es curioso... ninguno de esos supuestos entendidos hizo un análisis profundo de lo que hice... Simplemente dijeron que era anacrónico... ¡y abocetado!
JULIO
Aspiramos a mucho y no llegamos a nada. Así es siempre la vida. A sus ojos, somos anacrónicos, y estamos, bien o mal nos parezca, superados. Lo nuestro es, diciéndolo gentilmente, artesanía. Valorarán antes cualquier mediocre fotografía instantánea que la mejor de nuestras telas. Ni tu puedes ser Turner... ni yo Friedrich. Pero eso poco nos puede importar.
MANUEL
Los maestros son los maestros, claro.
JULIO
Desde siempre.
MANUEL
Ya me verás por allí.
Manuel vuelve a su automóvil, arranca, y marcha carretera arriba.
Julio sigue junto al borde de la carretera, contemplando el paisaje.
Vuelve a vehículo y saca de la guantera una cámara de fotografiar automática. Regresa al borde la carretera y, acercándose el aparato a los ojos, toma una fotografía del paisaje.

SEC. 3. EXT. PLANICIE Y JARDINES. HOTEL DE MONTAÑA. DÍA
Julio llega al hotel de montaña. Aparca su automóvil en una planicie.
Sale del coche... y cruza el jardín, en dirección al hotel, situado en lo alto de una colina.

SEC. 4. EXT. TERRAZA. HOTEL. DÍA
En la terraza, tomando un café y fumando en pipa, descansa otro pintor habitual a la cita: Anders, calvo, con gafas, cincuenta años largos, acento inglés.
Aparece por la terraza Julio.
No tardan en reconocerse:
ANDERS
¿Julio?
JULIO (Sorprendido.)
¿Usted aquí de nuevo?
ANDERS
Al final me decanté por volver. Toma asiento. China caía lejos y mal a mi modesta cartera.
Julio toma asiento a su lado.
JULIO
Me alegro de verle. El año pasado fue muy productivo para nosotros, ¿recuerda?
ANDERS
Fue un buen año, aunque atrás queda. Este año me temo que estaremos mucho más tranquilos. Eres el cuarto en llegar, y por lo que me temo creo que también el último. La competencia será mínima.
JULIO
Buen síntoma. Aunque por el camino he coincidido con Manuel Sobrevila, un pintor muy competente, ¿no cree?
ANDERS
Sí, lo vi llegar al pobre. Arrastra varios fracasos, pero es fuerte y tiene una inútil voluntad por seguir tragando polvo. De poco le servirán tales virtudes... Está prácticamente acabado.
JULIO
Debería haber nacido lo menos hace doscientos años para ver recompensado su talento. Sería un respetable pintor de segunda fila.
ANDERS
Sin duda. Él hubiese sido buen discípulo de Cotman. Pero también lo hubieses sido tú... y yo, claro. Todos deberíamos tener cabida en este sucio mundo, pero no es así.
JULIO
¿Y qué es de usted?
ANDERS
Anda, tutéame de una vez, por favor. Somos amigos.
JULIO
Perdona, yo...
ANDERS
Ya, pecas de modestia. Eso es bueno en el taller, pero cada cosa a su tiempo... En fin, de mi vida es poco, muy poco, juraría que no es nada. Llegué ayer... y hoy he sacado el caballete, pero nada más. Esta tarde empezaré a trabajar. Quiero ir al valle. Ese maravilloso río pide ser pintado por mi impuro pincel.
JULIO
Es un lugar con posibilidades, aunque muy alejado... Bueno, voy a pedir habitación.
Julio se levanta de la silla.
ANDERS
Ya sabes, si te apetece venir esta tarde al valle conmigo, me lo dices y punto.
JULIO
Anders, cuenta conmigo.
ANDERS
Ah, y cuidado con la jovencita.
JULIO
¿Ariadna?
ANDERS
Ariadna.
Julio atraviesa la terraza y entra al hotel.

SEC. 5. INT. HABITACIÓN DE JULIO. HOTEL. DÍA
Sobre la cama están abiertas las dos maletas de Julio.
Él, sentado al escritorio, escribe en su diario:
VOZ EN OFF DE JULIO
26 de abril. Todavía recuerdo momentos del pasado cargados de significado...

SEC. 6. EXT. MONTAÑAS. DÍA
Las imponentes montañas, coronadas por una sugestiva neblina.
VOZ EN OFF DE JULIO
...Me hago preguntas, pero no acierto a encontrar una respuesta razonable que las satisfaga...

SEC. 7. EXT. RÍO. DÍA
El río, de caudal considerable, aparece flanqueado a sendos lados por abundante vegetación.
VOZ EN OFF DE JULIO
...Ni siquiera alcanzo a plantear esas sólidas preguntas que busco. Mis ambiciones de artista son tantas que no llego a imaginarlas.

SEC. 8. INT. HABITACIÓN DE JULIO. HOTEL. DÍA
Julio, sentado al escritorio, deja la pluma a un lado.
VOZ EN OFF DE JULIO
Reflexiono poco y hablo mucho. ¿Para qué sigo pintando?
De pronto, se escuchan tres golpes tras la puerta: alguien llama.
Julio se levanta y abre la puerta. Ante sus ojos aparece una bella joven de unos veinte años: Ariadna. Él se muestra algo abatido: la alegría inicial de la joven se apaga al verlo.
JULIO
Ariadna...
La joven entra. Julio cierra la puerta. Se abrazan...
ARIADNA
No me escribiste ni una carta en todo el año.
...y se besan.
JULIO
Me faltó el tiempo, y también las ganas. Quería verte así, frente a mí, y una carta poco podía hacer por ello.
ARIADNA
¿Eso es todo?
JULIO
Sí.
ARIADNA
No me engañes. Antes no eras así. Has cambiado... radicalmente.
JULIO
Todos cambiamos.
ARIADNA
Algo me ocultas. Pero no podrás engañarme. ¿Quién... es ella?
JULIO (Ríe, sorprendido ante la ingenua pregunta.)
¿Quieres saber su nombre?
Dolida ante la reacción de Julio, Ariadna se sienta sobre la cama.
JULIO
Se llama... Ariadna.
ARIADNA
¿Te ríes de mí?
Julio acerca su mano al rostro de la joven, la acaricia.
JULIO
No... Eres tú. ¿Quién iba a ser esa Ariadna sino?
ARIADNA
¿Y quién soy yo sino nadie?
JULIO
Eres Ariadna... ¿te parece poco?
Ariadna deja escapar una lágrima.
ARIADNA
No quiero resultarte insufrible, pero dime una cosa, ¿me sigues queriendo?
JULIO
Claro que te sigo queriendo.
ARIADNA
He estado un año a tus pies, esperándote... es mucho un año para mí, ¿no lo entiendes? Ya no soy una niña. Puedo...
JULIO
Ariadna, cariño, la verdad es bien distinta de lo que crees...
Ariadna se entristece todavía más... y comienza a entender.
ARIADNA
Julio, ¿de qué se trata?
JULIO
No podría aguantar ver como desperdicias tu vida por un triste pintor. Todavía no estamos en condiciones de llegar tan lejos. La vida es demasiado estúpida para tomársela en serio. ¿No tienes miedo del mañana?
ARIADNA
Amor...
JULIO
Ariadna...
Los dos se abrazan apasionadamente...
JULIO
Ariadna... Quiero que delante de mis amigos pintores no te muestres demasiado amable conmigo... Cuando se marchen... te lo explicaré. Soy muy vanidoso en esta clase de asuntos.
ARIADNA
No necesito explicaciones, ya me imagino de qué pie cojeas, amor.
...y se llenan de besos.

SEC. 9. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. ATARDECER
Sentados alrededor de una gran mesa redonda, comen los postres los cuatro pintores paisajistas llegados: Anders, Julio, Manuel y Polanco, un octogenario anciano en plena decrepitud física. Polanco habla, Anders y Julio lo escuchan, Manuel lo evita.
POLANCO (Con la mirada perdida.)
Serán los años, pero el suicidio llama a los balcones de mi cabeza cada vez con mayor insistencia. El temblor de mis manos ante el pincel, la frialdad de mis razonamientos ante la tela... Es una especie de necesidad, pero la estúpida voluntad de vivir que me agarra a este mundo me impide dar el paso que daría un valiente... Hijos míos, además de ser un mal pintor... soy un cobarde.
ANDERS
Amigo Polanco, sepa que coincido con su manera de pensar: La vida es, si me permiten la expresión, una mierda.
POLANCO
Se la permito con mucho gusto.
A la mesa se acerca Ariadna con una bandeja sobre la cual hay cuatro tazas de café. Ella y Julio se miran con detenimiento, intentando ahondar con sus miradas en el pensamiento del otro.
POLANCO
Y usted, amigo Julio, ¿qué piensa al respecto?
Julio sigue centrado en la joven, que no tarda en retirarse.
POLANCO
Por su aspecto juraría que no se encuentra muy bien.
Julio reacciona:
JULIO
Perdone...
POLANCO
Y bien, ¿qué opinión tiene del decisivo acto de suicidarse?
JULIO
Lo defiendo, me parece razonable y justificado. Cuando uno ya está harto de vivir... para qué seguir. Es una forma noble y digna de dejar... de existir. De este tema ya han escrito la mayoría de los realmente grandes, ¿qué puede añadir un pobre infeliz como yo?
POLANCO
Pero infeliz o no, vayamos más allá. Lo que quiero plantearle ahora es sí usted recurriría al suicidio ante una situación, pongamos por caso, muy desesperada.
ANDERS
Una pregunta con miga.
Julio guarda un breve silencio.
JULIO
Y eso qué más da...
POLANCO
Usted sabrá.
JULIO
Me faltaría el valor necesario para afrontarlo. Desde niño me condicionaron para ver en el suicidio un acto detestable, una ofensa a Dios... un sacrificio sin recompensa.
POLANCO
Le comprendo. Yo también fui educado en el cristianismo, aunque el vacío espiritual que he arrastrado en esta vida me sitúa en un punto privilegiado de la parcela de los indiferentes. No comprendo nada. No espero nada.
ANDERS (A Polanco.)
Y ahora le pregunto yo, ¿qué utilizaría para suicidarse?
POLANCO (Pensativo.)
Una cuerda, probablemente.

SEC. 10. EXT. VALLE. TARDE
Por el valle, junto al río, caminan Julio y Anders, cada uno con sus respectivos bártulos: caballetes, maletas, etc.
Anders se detiene...
ANDERS
Me quedo aquí.
...y despliega el caballete. Julio sigue caminando.
JULIO
Seguiré río abajo. Regresaré en función de la luz, quizá a eso de las seis, no más tarde. Creo que podemos fiarnos de las nubes.
ANDERS
Te esperaré.

SEC. 11. EXT. TERRAZA. HOTEL. DÍA
En la terraza del hotel, el anciano Polanco coloca sobre el caballete un lienzo. Frente a él despuntan las imponentes montañas.

SEC. 12. EXT. VALLE. TARDE
Julio sigue caminando junto al río... No tarda en descubrir un lugar afortunado. Se detiene y sitúa el caballete.
VOZ EN OFF DE POLANCO
Dices que de la sepultura no vienes,
Mas de la tierra de tus ojos dudo,
Una tierra seca y apegada,
Una tierra que desdeñas,
Pero a la que aferrado en cuerpo te siento.

SEC. 13. EXT. MONTAÑA. TARDE
Manuel sube la montaña con sus bártulos por una pequeña senda.
VOZ EN OFF DE POLANCO
De tu boca con silencios me hablas,
Y no creo apenas entender nada,
Pues si acaso de esa nada algo entendiera,
No me costaría entrever tu origen,
Sepultura de tierra.

SEC. 14. EXT. VALLE. TARDE
Anders prepara sobre la paleta los colores.
VOZ EN OFF DE POLANCO
Replegado a tu lecho de duda,
Contemplando a oscuras el aire que nos enlaza,
No pido a Dios ni al diablo,
A nadie del mundo si quiera,
Que comprenda nuestro vínculo.

SEC. 15. EXT. TERRAZA. HOTEL. TARDE
Polanco, pincel en mano, lanza "alla prima" la primera pincelada sobre la tela: es una alargada línea negra. Entre tanto, termina de recitar su poema:
POLANCO
Unidos de la mano nos iremos,
Una noche de invierno cualquiera,
Al abrigo que tanto te llama,
Bajo el cálido musgo sobre el que la cruz,
Siempre clavada, despunta sus armas.

SEC. 16. INT. HABITACIÓN DE ARIADNA. HOTEL. TARDE
Ariadna descansa tumbada sobre la cama.
Del techo, una araña se descuelga, cayendo sobre la cama, a escasos centímetros de las piernas de Ariadna.

SEC. 17. EXT. VALLE. TARDE
Julio, frente al lienzo, paleta en mano, contempla el paisaje. Dispuesto a dar la primera pincelada, coge el pincel y lo frota sobre el color azul pálido.

SEC. 18. EXT. TERRAZA. HOTEL. TARDE
La alargada línea negra sigue sin modificación sobre el lienzo de Polanco, quien cesa su actividad dejando el pincel y la paleta sobre una mesa.
El anciano saca de su bolsillo un lapicero y sobre el lienzo, bajo la línea negra, escribe: "A in Arcadia ego"
Escrita la frase, alza su mirada a las montañas... y se retira al interior del hotel.

SEC. 19. INT. HABITACIÓN DE ARIADNA. HOTEL. TARDE
Ariadna sigue tumbada sobre la cama.
Al poco, descubre sobre la manta la araña: no duda en aplastarla con la mano.
De fondo, se escucha un ruido reconocible: el de la caída de algún objeto.
Ella, tras limpiarse la mano, se levanta de la cama, abandonando su habitación.

SEC. 20. INT. PASILLOS Y HABITACIÓN DE POLANCO. HOTEL. TARDE
Ariadna cruza el pasillo... y encuentra entreabierta la puerta de la habitación de Polanco. Se acerca lentamente.
Al abrir la puerta, encuentra a Polanco colgado de la lámpara, muerto, moviéndose como un péndulo, un metro sobre el suelo, donde aparece tirada una silla.
Ariadna entra a la habitación y se detiene a un palmo del finado. Su expresión es fría, incluso indiferente.
Sobre la cama hay un violín al que le falta una cuerda: la cuerda está atada al cuello del pintor.
La mirada de Ariadna parece querer profundizar en los ojos del muerto, medio abiertos.

SEC. 21. EXT. VALLE. TARDE
Anders, con su obra bastante avanzada, deja de pintar y mira el reloj: son las seis y media.

SEC. 22. EXT. MONTAÑA. ANOCHECER
Manuel baja por la senda de la montaña con sus bártulos.

SEC. 23. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
El reloj marca las diez.
Sentados a la mesa: Anders y Manuel. El primero fuma en su pipa, el segundo ojea con desinterés una revista. Frente a ellos, apoyada en la pared, Ariadna.
ANDERS (A Ariadna.)
¿Ha llamado a la policía?
ARIADNA
Varias veces, pero no me han cogido el teléfono.
ANDERS
Quién lo iba a decir...
Manuel se desprende de la revista y se pone en pie, dispuesto:
MANUEL
Voy a buscar a Julio.
ARIADNA
Es preferible que no salga de aquí. De noche...
ANDERS
¿De noche? Ya... No, será mejor que nadie salga. Julio ya mayor. Si algo detesta es que lo traten como a un niño. Me dijo que en función de la luz volvería a las seis... No me cuesta nada imaginármelo ahora pintando un nocturno junto a la orilla del río.
MANUEL
Ojalá aciertes.
Manuel vuelve a sentarse.
ANDERS
No puede ser otra cosa... Un golpe de inspiración es suficiente para olvidarte de todo. Pero lo de Polanco es... El pobre ya había reflexionado mucho sobre el tema... Díos mío... La conversación de hace cuatro minutos parecía tan banal.
MANUEL (A Ariadna.)
¿Todavía sigue como lo encontró?
Ariadna asiente a la pregunta de Manuel.
MANUEL
¿No sería mejor...?
ANDERS
La policía se encargará de eso. Es un suicidio, no un asesinato.
MANUEL
Lo sé... pero antes, me cueste lo que me cueste, quiero verlo.
Manuel se levanta y marcha camino de la habitación de Polanco.
Anders y Ariadna quedan solos, junto a la lumbre de la chimenea.
ANDERS
Tiene usted mucho valor. No debe ser fácil vivir aquí, en lo alto de estas montañas, sin la compañía de nadie.
ARIADNA
Me he acabado acostumbrando. Todas las noches, antes de irme a la cama, hablo conmigo misma. He aprendido a no aburrirme.
Ariadna se acerca a la chimenea y aviva el fuego con el fuelle.
ANDERS
Envidio su madurez.
ARIADNA
No le creo.
ANDERS
Créame. Por fuera es una niña, pero por dentro su cerebro debe estar en plena ebullición...
ARIADNA
No diga tonterías. De lo que usted piensa de mí a lo que late en mi interior hay una distancia abismal.
ANDERS
Sigo confiando de mi palabra.
ARIADNA
¿Era amigo de Polanco?
ANDERS
Amigo, amigo... no. Discípulo, sí. Era un pintor irregular aunque en ocasiones también brillante. Le faltaba pulir su talento, pero sabía acabar sus cuadros con mucho esmero. Viendo su última tela, la que nos acaba de dejar, me pregunto, por primera vez, ¿quién demonios era?
ARIADNA
¿Y ya ha encontrado la respuesta a tan difícil pregunta?
ANDERS
No... creo que no, y me temo que nunca la encontraré.
Manuel regresa horrorizado, toma asiento y saca de su pitillera un cigarrillo. Lo enciende, y se lo lleva a la boca. Anders apaga su pipa y se la mete al bolsillo de la chaqueta.
ANDERS
Manuel, ¿qué te pasa?
MANUEL
Es... insoportable. Su cuerpo pende de un hilo invisible, como de telaraña. Su rostro está blanquecino y sus labios parecen hundidos. Sus párpados... sus ojos todavía brillan en la oscuridad... Es horrible. Parece, parece haberse dejado en la punta de lengua una última frase por decir.
Ariadna coge el badil y remueve las cenizas del hogar.
ANDERS
Además de pintor también era poeta. Quizá guardase un último verso escrito en su rostro.
ARIADNA
¿Y quién sabría leerlo?
ANDERS
El olvido.
MANUEL
Temo por Julio. ¿Dónde puede estar? Es muy tarde... y los lobos... Me he enterado de que por aquí abundan.
ANDERS
No puede tardar en volver.
MANUEL (A Ariadna.)
Será mejor que llame de nuevo a la policía.
ARIADNA
Puedo intentarlo de nuevo, aunque ya es muy tarde, y no serviría de nada. La distancia y el camino hablan. Aunque llamemos y nos atiendan no vendrán. Esto no es la ciudad.
ANDERS
Tiene razón Ariadna. Lo mejor será esperar. Y mañana ya veremos.
MANUEL
Deja para mañana lo que hoy puedas hacer y ya será tarde.
ARIADNA
No teman por Julio. Él es... un espíritu libre.
ANDERS
Cuando de verdad pinta, tiene la inspiración de un poeta. Sabe llenar el vacío de la existencia gracias a esos momentos de sublimidad a la que pocos tienen acceso en vida.
Violentado, Manuel se pone en pie...
MANUEL
Estoy harto de escuchar sus retóricos comentarios. ¡Sean prácticos!
...y se marcha, pero entonces suena el timbre tres veces.
Manuel se para en seco. Anders se pone en pie. Ariadna, resuelta, deja la chimenea y marcha hacia la puerta de entrada.
Anders y Manuel guardan silencio, mientras esperan expectantes la llegada de Ariadna...
Al poco, Ariadna llega con Julio, quien sangra por la cabeza, además de andar con una ligera cojera. Anders y Manuel se acercan y lo ayudan a postrarse en un sofá.
JULIO
Me atacaron...
ANDERS
¿Quién?
JULIO
No lo sé.
MANUEL
¡Explíquese!
JULIO
Estaba oscuro. Corría junto al río. Algo sopló a mi cuello, quizá incluso me chupó la mano... tenía la mano mojada. Me marché, pero en mi huida tropecé y caí por el barranco. Sangraba... Luego tomé la senda de la montaña, pero todavía me perseguían. Me daba miedo mirar atrás... Así que decidí tirarme al suelo, cerrar los ojos y... aunque en apariencia no había nadie, sí había alguien... oculto tras las piedras... ¡Las ventanas! ¡Cerrad las ventanas!
Anders y Manuel no reaccionan.
ARIADNA
¡Debemos cerrar las ventanas! ¡Vamos!
Mientras Julio tiembla aterrorizado sobre el sofá, los tres cierran las contraventanas.
JULIO
Los cerrojos. ¡Poned los cerrojos!

SEC. 24. EXT. JARDINES. HOTEL. NOCHE
Desde el exterior, las luces del hotel disminuyen poco a poco al ser cerradas las contraventanas.
En los jardines, pese a que no vemos apenas nada dada la oscuridad de la noche, podemos escuchar pisadas sobre la espesa hierba.

SEC. 25. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
En pleno silencio y en torno al sofá sobre el que reposa Julio están sentados Anders y Manuel. Ariadna, junto a la chimenea, teje a mano una tela.

SEC. 26. INT. HABITACIÓN DE POLANCO. HOTEL. AMANECER
De pie sobre la cama, dos guardias civiles descuelgan de la lámpara con gran esfuerzo a Polanco. Ariadna mira bajo el marco de la puerta las dificultosas maniobras.
VOZ EN OFF DE JULIO
27 de abril. Ayer se suicidó el pintor Alberto Polanco.

SEC. 27. INT. PASILLOS. HOTEL. AMANECER

Por los pasillos camina en pijama Anders.
VOZ EN OFF DE JULIO
Decía que era viejo y le temblaban las manos al coger el pincel.

SEC. 28. INT. HABITACIÓN DE JULIO. HOTEL. AMANECER
Julio yace despierto sobre la cama.
VOZ EN OFF DE JULIO
Y no se engañaba. Supo ver con los ojos limpios que se acercaba su hora. Paradoja de paradojas: A vencido a la muerte muriendo.
Se levanta y se acerca al gramófono, situado junto a la ventana. Lo enciende y coloca un disco. Irrumpe el Kirie de Mozart.
Julio vuelve a tumbarse sobre la cama. Cierra los ojos.
Y mezclándose con la música, la voz del finado Polanco recita uno de sus poemas:
VOZ EN OFF DE POLANCO
No es sangre lo que de aquí sale,
Es la rabia reprimida de mi hermano,
El silencio del friso erosionado,
La lucha perpetua que siempre perdemos,
Las cenizas de mi cuerpo esclavo.


SEC. 29. EXT. MONTAÑAS. AMANECER
VOZ EN OFF DE POLANCO
Acaso la muerte silenciará mi habla,
Y el tiempo de mí hará olvido,
Mas en nada temo al mañana,
Un mañana de víctimas y verdugos,
Un mañana que hoy amanece temprano.

SEC. 30. EXT. RÍO. AMANECER
VOZ EN OFF DE POLANCO
Como la serpiente que se muerde cerrada,
Y al igual que la noche da paso al día,
Nada espero encontrar en esa otra vida,
Nada que valga la pena contemplar,
Cuán el azul del cielo al ciego nada le es.


SEC. 31. INT. HABITACIÓN DE JULIO. HOTEL. AMANECER
Julio sigue tumbado sobre la cama. El Kyrie sigue su curso.
VOZ EN OFF DE POLANCO
Y con la cruz al pecho clavada,
Ajeno al hierro frío de la medalla,
En tierra fértil seré enterrado,
Y del mismo modo que en vida fui utilizado,
También muerto seré explotado.

SEC. 32. EXT. TERRAZA. HOTEL. TARDE
Anders, Julio y Manuel, sentados alrededor de una de las mesas, conversan mientras beben café. Se muestran fríos, obviamente afectados por lo ocurrido.
ANDERS
Ya está. Todos sentiremos su ausencia estos primeros días, pero después... Era un gran hombre que no supo trascender su condición de artista.
MANUEL
Deja al poco artista que era y ve a la persona que no fue. Polanco sabía muy bien que en la posteridad no se le recordaría ni por su pintura ni por su huella humana... ¡Era el ser más apático que conocí en mis años de estudio!
JULIO (Molesto ante tales palabras.)
Ya sabemos que acostumbras cambiarte la chaqueta tan pronto como tienes ocasión, pero explícame la razón de esa por ahora injustificada aversión hacia Polanco que sientes.
MANUEL
Basta con ver sus pinturas... Ellas hablan guardando el más discreto de los silencios.
ANDERS
Tranquilícense, por favor.
JULIO
Lo estás juzgando equivocadamente, y eso a mí me parece una ofensa con alguien que acaba de morir hace pocas horas.
MANUEL
Yo no lo tacho de nada, me limito a decir que como artista no dio pie con bolo en su vida, y además, el muy ruin, se aprovechó de los que en verdad valíamos.
JULIO (Sorprendido ante tanta desfachatez.)
¿Qué?
MANUEL (Simulando divertirse.)
¿Me vas a contar algo nuevo ahora?
ANDERS (Alarmado ante la degeneración de la conversación.)
No empecéis otra vez a discutir.
JULIO (Sobrio y sangrante con Manuel.)
Sí... El egocentrismo es terrible. No consiento que ensucies la labor artística de Polanco. Era mediocre, pero estoy seguro de que tú no llegarás nunca a la altura de sus talones, pues, como ya me dijo Anders ayer, ¡estás completamente acabado!
ANDERS (Cambiando por completo.)
¡Yo no dije eso! Nunca hablo a espaldas de nadie, Julio.
JULIO
Claro que lo dijiste. Ahora resultará que miento.
ANDERS
¡Por favor!
JULIO
No intentes disimular tus palabras. Nuestro comportamiento pueril de ahora dista mucho de corresponderse con nuestra presunta profesión de artistas. Pero, ¿somos artistas o pedantes charlatanes de taberna?
Manuel se levanta con su taza de café en la mano y...
ANDERS
¿Qué haces?
MANUEL
Lo que hace un fracasado como yo... ¡Arte!
...vacía el contenido sobre las cabezas de Anders y Julio.
ANDERS
¡Mierda!
Manuel tira al suelo la taza y abandona la terraza a paso ligero.
JULIO
Maldito fantoche.
Y Anders y Julio se levantan con violencia, sacudiéndose de sus cabezas el líquido caliente.
ANDERS (Muy irritado, a Julio.)
Hablas demasiado. No debías haberme mencionado. Ese hombre está acabado, es una evidencia, y te sobraba haber metido leña al fuego.

SEC. 33. INT. HABITACIÓN DE MANUEL. HOTEL. TARDE
Manuel llega a su habitación, cierra la puerta con llave y se tumba en la cama, cubriendo su cabeza con la almohada, mientras dice, histérico:
MANUEL
Malditos, malditos...

SEC. 34. INT. HABITACIÓN DE JULIO. HOTEL. TARDE
Las manos de Julio colocan un disco en el gramófono. Baja la aguja e irrumpe el Dies irae de Mozart.

SEC. 35. INT. HABITACIÓN DE MANUEL. HOTEL. TARDE
De fondo puede escucharse la música. Manuel reacciona violentamente:
MANUEL
¡Maldito idiota! ¡Quita eso! ¡Quítalo!...

SEC. 36. EXT. TERRAZA. HOTEL. TARDE
Desde su silla, Anders escucha la mezcla de música y gritos.
Se pone en pie y entra al interior.

SEC. 37. INT. HABITACIÓN DE JULIO. HOTEL. TARDE
Sentado al escritorio, Julio escucha impasible la música así como los gritos de Manuel.
De pronto, se escucha un sonoro disparo.
Julio abandona su habitación. El disco sigue en marcha.

SEC. 38. INT. PASILLOS. HOTEL. TARDE
Julio, Anders y Ariadna golpean la puerta de Anders. Nadie responde. De fondo se escucha el Dies irae.
ANDERS
¡Manuel! ¡Manuel! ¡Abre la puerta!
Mas nadie responde.
ANDERS (A Ariadna.)
Habrá que derribarla.
Ariadna asiente.
ANDERS (A Julio.)
Ayúdame.
JULIO
¿Cómo?
Anders descuelga un hacha decorativa de la pared...
ANDERS
¡Así!
...y asesta cuatro golpes seguidos a la puerta.
Julio le coge el hacha a Anders y termina de traspasar la puerta con tres nuevos golpes.
Ariadna mira a través del agujero de la puerta. Al volverse, coge horrorizada a Julio del brazo.
ARIADNA (En voz baja, para sí.)
Las sábanas...

SEC. 39. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
Julio está sentado en uno de los sillones, en silencio, con la mirada perdida en las baldosas del suelo.
Anders habla con el sargento de la guardia civil.
SARGENTO
¿Y no sabían nada de la pistola?
ANDERS
En ningún momento nos la mencionó.

SEC. 40. INT. LAVADERO. HOTEL. NOCHE
Bajo la tenue luz de una bombilla, Ariadna lava con jabón las sabanas ensangrentadas. Los movimientos de la joven son convulsos, su excitación, plena.

SEC. 41. EXT. TERRAZA Y PLANICIE. HOTEL. NOCHE
Dos guardias civiles acompañados de un médico sacan en una camilla el cuerpo muerto de Manuel envuelto entre sábanas y lo llevan a una camioneta apostada en la planicie.
Entre tanto, el sargento de la guardia civil dirige su palabra a Anders, Julio y Ariadna:
SARGENTO
El cuerpo hablará. Buenas noches.
JULIO
Buenas noches.
ANDERS
Si nos necesita, ya sabe...
SARGENTO
Descuide, desde ahora les tendremos muy controlados. Duerman tranquilos... a menos que no tengan la conciencia tranquila.
JULIO (Indignado.)
Y bien tranquila que la tenemos.
SARGENTO
Eso espero.
El sargento se marcha. Anders, Julio y Ariadna vuelven al interior.

SEC. 42. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
Los tres personajes están reunidos junto al fuego. Ariadna agarra el atizador con su mano y dibuja formas espontáneas en la ceniza esparcida por el suelo. Anders habla. Julio se limita a escuchar.
ANDERS
Hace unas horas Polanco, y ahora Sobrevila. Del primero se escribirá poco. Del segundo la historia ya ha pasado de largo. Pero ya es tarde para buscar sentido al arte... pues el arte, amigos míos, ha muerto... El arte que se hace ahora es mierda, y la mierda, como todo en este mundo sin entidad humana, ya tiene precio. No nos queda nada por hacer... acaso autodestruirnos. Algunos alienados sobrevivirán miserablemente montando fraudulentas instalaciones realizadas para buscar allí, en el exterior, el éxito efímero de la estupidez, que no para lo realmente importante: la búsqueda interior del artista. Yo...
Julio, cansado de escucharlo, lo interrumpe:
JULIO
Mi cabeza va a estallar de un momento a otro. No puedo seguir escuchando esos discursos tan obvios. No sigas, por favor.
ANDERS
Como tú piensa la inmensa mayoría, pero la verdad no está en las cifras.
JULIO
Háblame con tu silencio, nada más.
ANDERS
Deja el silencio para los muertos.
JULIO
¿Muertos?
ANDERS
Exprésate mejor, amigo. ¿Te consideras acaso un muerto?
Ariadna deja caer de su mano el atizador. Su rostro empalidece. Y añade, con la voz apagada:
ARIADNA
¿Todavía no saben que existen muertos que sin tener razón son más razonables que los vivos?
Y tras la extraña pregunta, el silencio.

SEC. 43. EXT. JARDINES. HOTEL. NOCHE
En el jardín, sobre la hierba, escuchamos unas pisadas, las mismas de la noche anterior, lentas y continuadas.

SEC. 44. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
Los tres siguen junto al fuego. Ariadna sigue inquietando a sus oyentes:
ARIADNA
No me creen, ¿verdad?
Anders esboza una sonrisa acartonada.
ANDERS
Siga, siga...
ARIADNA
Cuando era niña vivía con mi madre aquí. Pasábamos muchas noches junto a este mismo fuego que tenemos aquí delante. Nuestra vida era monótona y sin ningún atractivo particular, hasta el último año.
ANDERS
¿El último año?
ARIADNA
El año que murió mi madre.
Sorprendido ante la tremenda nueva noticia, Julio aviva su interés por la conversación de Ariadna.
La joven se inclina, coge de una caja un tronco, lo tira al fuego y sigue con su relato:
ARIADNA
Dijo el médico que mi madre se había suicidado, pero yo sabía que mentía. Era una mentira tremenda: que tuviese las venas cortadas no quería decir nada. Mi madre nunca se hubiese suicidado. La conocía muy bien, y ella..
Emocionada, Ariadna dejar escapar algunas lágrimas, discretas.
ARIADNA
...me quería con locura. Aquella hipótesis era inconcebible. Y la rechacé, aunque nadie me hizo caso. A los dos días de morir mi madre, me enteré de que en el pueblo habían visto a un desconocido.

SEC. 45. EXT. TERRAZA. HOTEL. NOCHE
En la terraza, sobre las baldosas, escuchamos las pisadas.

SEC. 46. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
Ariadna sigue con su relato. Anders y Julio escuchan expectantes.
ARIADNA
Era huérfana, y tenía once años...

SEC. 47. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE (10 AÑOS ANTES)
Sentada en el mismo lugar, junto al fuego, la niña Ariadna dibuja líneas con el atizador sobre la ceniza desparramada por el suelo.

SEC. 48. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
Ariadna prosigue con su relato:
ARIADNA
...y en el pueblo había visto a alguien. ¿Quién podía ser? No tardaron en llegarme datos sueltos, pequeñas informaciones que no me decían nada, pero que me daban verdadero miedo. Decían que iba vestido de negro y que parecía una sombra salida de la noche. Las muertes comenzaron a sucederse indiscriminadamente bajo la forma de suicidios. Aunque todo aquello carecía de la menor consistencia, una noche...

SEC. 49. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE (10 AÑOS ANTES)
La niña Ariadna sigue dibujando líneas con el atizador. Pero de pronto se escucha un ruido de cristales rotos. Ariadna empuña bien el atizador y se pone en pie.

SEC. 50. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
Conforme Ariadna evoca su pasado Julio comienza a sudar. Anders se muestra en apariencia frío. ARIADNA
Creía, sin necesidad de verlo, que aquella noche venía a por mí.

SEC. 51. INT. PASILLOS. HOTEL. NOCHE (10 AÑOS ANTES)
Con el atizador bien empuñado, la niña Ariadna camina por el pasillo hasta detenerse en una puerta: el dormitorio de su madre.
Tras unos segundos de quietud, pone su mano en el picaporte y abre la puerta. Una corriente de aire le llega a la cara: los cristales de la ventana están rotos. Enciende la luz. Y, horrorizada, sin atravesar el marco de la puerta, descubre sobre las sábanas blancas de la cama de su madre una gran mancha de sangre, rojiza y reciente. Aterrorizada, la niña Ariadna se queda en silencio, incapaz de articular palabra alguna.

SEC. 52. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
Ariadna llega al final de su evocación:
ARIADNA
Me equivoqué, y no vino a por mí. Sobre la cama en la que asesinó a mi madre degolló a tres conejos. A la mañana siguiente encontré en la terraza los cuerpos de los animales. Nadie quiso saber nada, acaso porque ya lo sabían todo. Tres días después mi tío vino a recogerme.
Impresionado, Anders aplaude, y añade:
ANDERS
Tres conejos degollados sobre una cama. Realmente extraña ocurrencia la de aquel tipo.
Por su parte, Julio mira conmovido a Ariadna mientras guarda silencio. Pero entonces suena el timbre tres veces seguidas. Todos se inquietan.
JULIO
¿Quién puede ser a estas horas?
ARIADNA
Ahora lo sabremos.
Ariadna se levanta, pero Julio la interrumpe:
JULIO
Iré yo.
ARIADNA
Te acompaño.
ANDERS (Bromeando.)
Tened cuidado, ¿eh?
Julio y Ariadna abandonan la habitación.
Anders saca del bolsillo su pipa, la enciende y comienza a fumar.
Al poco regresan Julio y Ariadna acompañados de un vagabundo anciano de unos sesenta años que apoya sus pasos sobre un largo bastón de madera.
JULIO (Al anciano.)
Pase, pase.
ANCIANO
Gracias.
El anciano, en cuyas manos lleva guantes negros, deja su bastón en el suelo y toma asiento frente a la chimenea, a escasos metros de Anders, quien lo mira inquieto. Julio y Ariadna vuelven a sus sitios.
ARIADNA (A Anders.)
Es un anciano vagabundo que busca techo esta noche.
Anders asiente. El anciano sonríe y añade, mostrando en sus palabras convicción y sabiduría.
ANCIANO
A primera vista todos dicen lo mismo de mí. Pero soy algo más que un anciano vagabundo que busca techo esta noche.
Anders se muestra interesado.
ANDERS
¿Y qué es entonces?
El anciano, sin quitar su vista del fuego, responde a la pregunta:
ANCIANO
Prefiero no saberlo.
Anders estalla riéndose violentamente. Julio empalidece. Ariadna, nerviosa, no levanta la vista del suelo.
ANDERS
¿Prefiere no saberlo?
El anciano mira a Anders con desprecio.
JULIO
Anders, no sigas.
ANDERS
Sí... lo mejor será no seguir, claro.
Y Anders se hunde en el silencio. Ariadna levanta la vista del suelo.
ARIADNA (Al anciano.)
¿Quiere habitación?
ANCIANO
No, no la necesito, pero gracias de todos modos, encantadora joven.
Ariadna sonríe a medias. Y el anciano, animado, comienza a hablar para los tres:
ANCIANO
¿Saben ustedes quienes son los selenitas?
Anders, desconcertado ante la pregunta, mira a Julio.
JULIO
Los habitantes de la Luna.
ANCIANO
Así los llaman. Por las noches, cuando duermo al raso, bajo la bóveda del cielo, y la luna esta llena, puedo verlos a ellos sobre la superficie. Son muy pequeños, pero los llego a ver. Son los selenitas, los habitantes de la luna.
ANDERS (En voz baja.)
Viejo loco...
ANCIANO (A Julio.)
¿Le gusta la astronomía?
JULIO (Dudando.)
¿La astronomía? Bueno, algo. De pequeño tuve un telescopio, pero no llegué a apuntar bien ni una vez.
ANCIANO
¿Les puedo contar una historia?
Julio y Ariadna asienten. Anders mira para otro lado.
El anciano comienza su historia:
ANCIANO
Hace muchos años...
Pero Anders se pone en pie y lo interrumpe:
ANDERS
Señores, buenas noches.
JULIO
Buenas noches.
ARIADNA
Buenas noches.
ANCIANO
Procure antes de acostarse mirar bajo la almohada.
ANDERS
Adiós.
ANCIANO
Adiós.
Irritado, Anders abandona la habitación.
Julio y Ariadna centran su interés en el anciano, quien vuelve a reiniciar su historia:
ANCIANO
Decía que hace muchos años...

SEC. 53. INT. PASILLOS. HOTEL. NOCHE
Anders atraviesa el pasillo y se detiene en la puerta de su habitación. De su bolsillo saca la llave y la mete en la cerradura.
VOZ EN OFF DEL ANCIANO
...cuando el poder no era otra cosa que el hábil manejo de la violencia...

SEC. 54. INT. SALÓN-COMEDOR. NOCHE
Junto a la luz del fuego, el anciano sigue contando su historia...
ANCIANO
...existió en algún lugar de la Europa de la Edad Media un hombre que, ayudado por Satanás, alcanzó la gloria.

SEC. 55. EXT. PRADERA EN ALGÚN LUGAR DE EUROPA. DÍA (S. XII)
Tumbados sobre la hierba, dos muchachos vestidos con pobres vestimentas hablan mientras miran las nubes.
MUCHACHO 1 / ABEL
¿Crees que después de esta vida está Dios?
MUCHACHO 2
No lo sé, pero eso dice el cura.
MUCHACHO 1 / ABEL
¿Te importa mucho lo que diga ese cerdo?
MUCHACHO 2
No.
El primer muchacho se incorpora y coge a su compañero del brazo.
MUCHACHO 1 / ABEL
Escúchame, Abel.
El segundo muchacho reacciona ante la inminente excitación del primero.
MUCHACHO 2
¿Qué?
MUCHACHO 1 / ABEL
Dios no existe. No existe.
MUCHACHO 2
¿Cómo puedes saber eso?
MUCHACHO 1 / ABEL
Lo sé.

SEC. 56. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
El anciano prosigue contando la historia:
ANCIANO
Aquel muchacho se llamaba Abel... y a diferencia de los demás, siempre durmió con un ojo abierto.

SEC. 57. EXT. HUERTO. ABADÍA. DÍA (S. XII)
Abel ayuda a uno de los monjes de la abadía a sembrar la tierra. El monje, quien se muestra amistoso con el joven, cesa en su actividad.
MONJE
Paremos un momento, Abel.
ABEL
Sí, padre.
MONJE
Y dime, ¿a qué oficio quieres dedicarte?
ABEL
Quiero ser pintor, padre.
MONJE
Dios te ha dado una inteligencia suprema. No le defraudes.
ABEL
Dios es sabio por naturaleza y sabe escoger con mano maestra a sus humildes siervos.
MONJE
Tiemblo por tu alma altiva, hijo mío.

SEC. 58. INT. IGLESIA. DÍA (S. XII)
Sobre unos andamios trabajan Abel y sus dos discípulos, pintando la bóveda del ábside. Abel lleva el pincel en la mano. Sus discípulos preparan la pintura.
VOZ EN OFF DEL ANCIANO
En un tiempo mínimo Abel se convirtió en un maestro pintor de cierto éxito.

SEC. 59. EXT. CAMINO. TARDE (S. XII)
Abel y sus discípulos van montados en una carreta llevada por un agotado burro.
El cielo amenaza tormenta.
ABEL
Amigos, creo que el diablo va a estar de nuestra parte.
DISCÍPULO 1
¿Cómo dice, maestro?
ABEL
Si nos cae la terrible tormenta que presiento... me temo que no saldremos de aquí.
El discípulo que dirige la carreta anima al animal:
DISCÍPULO 2
¡Arre! ¡Arre!
El animal aligera escasamente el paso.

SEC. 60. INT. HABITACIÓN DE ANDERS. HOTEL. NOCHE
Anders entra a su habitación. Enciende la luz.
VOZ EN OFF DEL ANCIANO
¡Y acertó! El diablo estuvo de su parte.

SEC. 61. EXT. CAMINO. TARDE (S. XII)
La tormenta ha estallado.
La carreta corre a cierta velocidad por el camino, pero una de sus ruedas choca con una gran piedra.
La carreta se sale del camino y cae por un terrible precipicio.

SEC. 62. INT. SALÓN-COMEDOR. HOTEL. NOCHE
El anciano da por concluida la historia. Julio lo mira desconcertado. Ariadna no deja de mirar al fuego.
JULIO
¿Eso es todo?
ANCIANO
Todo. ¿Esperaba algo distinto?
JULIO
Sí. Una historia forjada en la tradición popular.
ANCIANO
Mis historias se forjan en mi imaginación. Yo imagino, y el resto es historia.
Ariadna se levanta...
ARIADNA
Me voy a dormir. Tengo que madrugar. Buenas noches.
ANCIANO
Buenas noches.
JULIO
Buenas noches.
...y se marcha, dejando solos a Julio y al anciano.
VOZ EN OFF DE JULIO
28 de abril.
ANCIANO
En sus ojos leo algo borroso.
VOZ EN OFF DE JULIO
Estoy aguantando a un viejo detestable al que odio profundamente.
ANCIANO
Un pasado extraño, ¿me equivoco?
JULIO
¿Quiere que le cuente mi vida?
ANCIANO
No es necesario. Su vida es suya.
VOZ EN OFF DE JULIO
Quiere decirme algo sin necesidad de decírmelo. No sé a que juega. Y eso me irrita.
ANCIANO
Sepa que el camino más corto no siempre es el más corto.
JULIO
¿Qué me quiere contar?
ANCIANO
Nada.
VOZ EN OFF DE JULIO
Se acabó.
JULIO
En ese caso, me voy. Buenas noches.
Julio se pone en pie y se marcha. El anciano, irritado, añade:
ANCIANO
Espera un momento.
Julio se vuelve al anciano.
JULIO
¿Qué quiere?
ANCIANO
Ven... y lo sabrás.
Julio se acerca al anciano, el cual lleva su mano derecha al bolsillo del pantalón.
JULIO
Hable...
El anciano se levanta bruscamente, saca del bolsillo una navaja desplegada y se la clava a Julio en el cuello. Julio cae al suelo, sangrando en abundancia. El anciano se agacha y le musita al oído:
ANCIANO
¿Dónde-está-el-dinero?
Julio intenta gritar, pero apenas puede hablar. El anciano insiste:
ANCIANO
¿Dónde? ¡Habla!
Al fin, Julio muere desangrado. Su cuerpo aparece rodeado por un charco de sangre.
El anciano se quita la máscara que cubre su rostro: descubrimos que en realidad es un joven de unos veintitantos años.

SEC. 63. EXT. TERRAZA. HOTEL. DÍA
Ariadna y Anders conversan fríamente sentados a la mesa:
ANDERS
¿Qué piensa hacer ahora?
ARIADNA
No lo sé...
ANDERS
¿No tiene algún familiar?
ARIADNA
Sí, pero ha pasado tanto tiempo... Prefiero no remover el barro.
ANDERS
Ya...
ARIADNA
Aunque tampoco me queda nada que por hacer aquí.
ANDERS
¿Lo quería de verdad?
ARIADNA
Lo era todo para mí.
ANDERS
Hubiese sido afortunado con usted durante algunos meses, e incluso algunos años, pero no durante toda la vida. Él era un hombre muy variable, amante de la soledad.
ARIADNA
Nunca lo sabré. Julio siempre fue una persona difícil.
ANDERS
No quiero eternizar más mi estancia aquí.
Anders se levanta.
ARIADNA
¿Se marcha?
ANDERS
Sí.
ARIADNA
¿Volveremos a vernos algún día?
ANDERS
Algún día. Adiós.
Anders coge sus dos maletas, a los pies de la mesa, y se marcha.
Ariadna esconde su cabeza entre sus puños cerrados y comienza a llorar.
Poco después se escucha el ruido del automóvil de Anders marchar.
Irrumpe el Sanctus de Mozart.
Ariadna alza su cabeza, se seca las lágrimas y mira al cielo: el disco solar resplandece en todo lo alto.

Ø SEGUNDA ÉPOCA: El Verano

SEC. 64. EXT. CLAUSTRO. CONVENTO. DÍA
Junto a la fuente, dos jóvenes monjas mulatas rodean a la superiora, una erguida mujer blanca de cincuenta años de aspecto severo.
SUPERIORA
Quiero que dejéis esos rosales en condiciones. Todo debe lucir en su justa medida. Debemos agradar al señor arzobispo, no lo olvidéis. De él depende nuestro porvenir.
Al claustro llega otra monja mulata, dirigiéndose a la superiora:
MONJA
Madre, ha llegado la nueva aspirante.
SUPERIORA
Muy bien. Llévala a mi despacho y que espere sentada. En diez minutos estaré con ella.
La monja asiente y marcha sobre sus pasos.

SEC. 65. INT. DESPACHO DE LA SUPERIORA. CONVENTO. DÍA

La nueva es Ariadna, que espera nerviosa la llegada de la superiora sentada frente a la mesa.
Ariadna se va fijando en los peculiares objetos que pueblan la habitación: un pájaro disecado... un libro cerrado cubierto de polvo... y un crucifijo de plata reluciente colocado en lo alto de la pared.
Al poco, entra la superiora. Ariadna hace ademán de levantarse, pero la superiora la detiene:
SUPERIORA
No, no se levante.
La superiora toma asiento al otro lado de la mesa y, deslumbrada por la belleza, comienza a analizarla con la vista. Ariadna, molesta, baja su vista.
SUPERIORA
Así que tú eres la nueva. Sabes, eres muy guapa para entrar en un convento.
Ariadna alza la vista, todavía más molesta.
SUPERIORA
No te escandalices, hija mía, no te escandalices. Hoy por hoy la fe es algo... improbable. Y es triste, pero es la cruda realidad cotidiana. Somos una comunidad pequeña. La poblamos yo y siete hermanas más, mulatas todas ellas. Ya las irás conociendo, son buenas chicas. Las pobrecillas tuvieron una infancia difícil y, aunque en principio iban destinadas a la prostitución, la suerte quiso que aterrizasen una tras otra aquí, en esta santa casa que seguro conoció mejores días.
ARIADNA
No se equivoque conmigo, por favor.
SUPERIORA
No, contigo no me equivocaré. Pero dime, ¿qué es lo que buscas aquí?
Ariadna guarda silencio.
SUPERIORA
No lo sabes, ¿verdad?
Ariadna sigue guardando silencio.
SUPERIORA
Todas pasamos por lo mismo, créeme. Yo llegué aquí a tu edad, guiada por mi desinterés hacia la vida mundana. Era egoísta, orgullosa y necia. Llegué incluso a albergar la esperanza de ser algún día santa. Pero el tiempo, y el aburrimiento, me abrieron los ojos. Quiero, hija mía, que antes de dar este paso, reflexiones cuidadosamente durante un mes de estancia. Vivirás con nosotras, como nosotras, y elegirás lo que más te llame.
ARIADNA
Sí, madre.

SEC. 66. INT. CAPILLA. CONVENTO. NOCHE
Una poderosa llama consume una vela.
Ariadna, vestida con los hábitos de novicia, medita sentada frente al sagrario. En la capilla no hay nadie más.

SEC. 67. INT. HABITACIÓN DE ARIADNA. CONVENTO. NOCHE
La habitación es austera, de paredes blancas y sencillo mobiliario: un armario con un gran espejo, un escritorio, una mesilla y la cama, sobre cuya cabecera cuelga un crucifijo de madera. Una lámpara de pobre luz ilumina el espacio.
Ariadna se contempla desnuda en el espejo.

SEC. 68. INT. CAPILLA. CONVENTO. AMANECER
Ariadna y las demás monjas meditan en silencio la oración de la mañana.

SEC. 69. INT. COMEDOR. CONVENTO. AMANECER
Ariadna y las demás monjas desayunan. La madre superiora y dos de las monjas mantienen entre sí una banal conversación. Las demás las escuchan, excepto Ariadna, que no desplaza su mirada del tazón de leche.
SUPERIORA
Han de regar más a menudo las flores.
MONJA 1
Las regamos a diario.
SUPERIORA
El señor arzobispo no quedó muy satisfecho de ese aspecto.
MONJA 2
Pero el señor arzobispo elogió nuestro jardín, ¿no lo recuerda?
SUPERIORA
No me discuta, hermana.
Ariadna termina de beberse el tazón de leche.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
Pensaba encontrar aquí dentro algo distinto. Y he terminado por encontrar lo mismo de siempre. Mujeres vacías de espíritu, tan inconsistentes como el vapor. ¿Y dicen ser siervas de Dios?
La superiora se pone en pie...
SUPERIORA
Muy bien. Recoged la mesa.
...y se acerca a Ariadna, dirigiéndole la palabra:
SUPERIORA
Ariadna, quiero hablar contigo. Ven a mi despacho a las nueve.
ARIADNA
Sí, madre.
La superiora abandona el comedor.

SEC. 70. INT. DESPACHO DE LA SUPERIORA. CONVENTO. DÍA
Sentadas a la mesa, cara a cara, Ariadna y la superiora:
SUPERIORA
Ya han pasado unos meses desde tu ingreso, y sigues como al principio. No te has adaptado.
ARIADNA
No, madre
SUPERIORA
Habla claro, hija mía... háblame claro. ¿Qué te dice este lugar?
Ariadna guarda silencio, aunque la respuesta puede adivinarse en su rostro.
SUPERIORA
¿Te dice algo? No te dice nada, ¿verdad?
ARIADNA
No es eso.
SUPERIORA
¿Qué es entonces?
ARIADNA
No sabría decirlo. Mi vida es tan banal. Cada uno de mis actos contradice mi voluntad. Nada tiene sentido. Amanece y me levanto. Rezó, como y trabajo... y anochece, y me acuesto. ¿Vale la pena sacrificarse para tan poco?
SUPERIORA
¿Y qué quieres más?
ARIADNA
Perdone mi altivez, madre, por favor...
SUPERIORA
Estas perdonada, hija mía. Lo me cuentas no es nuevo para mí. A lo largo de nuestras absurdas vidas todos pasamos por eso. Basta con reflexionar un mínimo para hundir todos nuestros proyectos, nuestras grandes aspiraciones que no tardarán en irse al traste. No somos nada, y eso... nos hace grandes.
ARIADNA
Pero yo no quiero ser grande, madre. Yo sólo quiero ser, tener una entidad humana que justifique mi existencia, al menos para mí. ¿Tan inútiles son las pesadas rejas de este convento?
SUPERIORA
Lee la Biblia. Quizá en sus textos encuentres la respuesta que buscas.
ARIADNA
Sería un gran alivio, pero yo no encuentro en ese elevado libro nada más que palabras, frases y sin sentidos que en mucho distan de la realidad de la vida.
SUPERIORA
Tu juventud disculpa tu ignorancia... y tu miedo espanta tu frágil fe. El peso de los años afeará tu rostro, y seguramente incluso tu alma, pero abrirá puertas nuevas en tu pensamiento.
ARIADNA
¿Qué me quiere contar a estas alturas?
SUPERIORA
Cuando yo tenía tu edad, y poco antes de ingresar en esta orden, quiso Dios hacerme madre. Había quedado embarazada. Lloraba noche tras noche, pero mi alegría era inmensa. Dios se había dignado hacer de mí una madre. ¿Cuál sino puede ser el mayor goce de una mujer viva?
La superiora, emocionada, comienza a llorar con ligereza, alternando en su discurso palabras y lágrimas:
SUPERIORA
Y aunque contaba con el apoyo de Dios, así como con el de mi amado, la humanidad estaba en contra nuestra. Una historia del medioevo.
La emoción de la superiora es trasmitida a Ariadna.
SUPERIORA
La vida de mi hijo peligraba. ¿Te das cuenta? Yo no me di cuenta entonces, y de pronto, todo se fue al traste. Aquellos hipócritas cristianos me obligaron a abortar. Me obligaron a matar. Y maté. ¡Maté!
La superiora estalla en el llanto, ocultando sus ojos tras sus manos, retorcidas de dolor.
Ariadna le ofrece un pañuelo. Ella lo acepta y se seca las lágrimas.
SUPERIORA
Fui tratada... como una bestia. Arrastré las consecuencias de no estar casada. A él no lo volví a ver nunca más, pero supongo que le iría mejor que a mí. Desde aquel momento Dios desapareció de mi vida, ¿entiendes? Desapareció por completo, y aquí me tienes. ¿No es contradictorio? Los tiempos han cambiado mucho desde entonces... para bien o para mal, eso ya no lo sé.

SEC. 71. INT. HABITACIÓN DE ARIADNA. CONVENTO. NOCHE
Ariadna está sentada en el escritorio.
Del cajón saca un cuaderno y un lapicero.
Abre el cuaderno. Coge el lapicero y comienza a escribir.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
15 de octubre. Son tan pocas las cosas que puedo contar, y tantas las que me gustaría inventar. Hoy la madre superiora...

SEC. 72. INT. DESPACHO DE LA SUPERIORA. CONVENTO. NOCHE
La superiora está sentada a la mesa, tranquila. En su mano tiene una caja de pastillas.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
...me ha hablado de Dios. Para ella Dios ya no es nada. ¿Y qué es para mí? Para ella al menos significó algo alguna vez, pero para mí nunca significó nada. Dios es la ausencia del vacío.
Coge papel y pluma y comienza a escribir:
VOZ EN OFF DE LA SUPERIORA
No juzguéis los pobres resultados. Nunca en esta vida me propuse ser nadie. Pero no creáis que me marcho con la conciencia tranquila.

SEC. 73. INT. HABITACIÓN DE ARIADNA. CONVENTO. NOCHE
Ariadna cierra el cuaderno. Se levanta de la silla y se acuesta en la cama. Apaga la luz.
VOZ EN OFF DE LA SUPERIORA
Creo que con este sacrificio definitivo dejo algo en este mundo sin acabar. No sabría decir que es, pero eso poco importa ahora. En cinco minutos dejaré de existir. Seré un nombre escrito sobre una lápida. Y en poco tiempo mi ausencia será mi mejor presencia. La nada inmortalizará mi retrato en el barro. Lo siento por vosotras, mas no lo sintáis por mí. La vida es absurda. Con o sin Dios, nada la justifica. Abrid los ojos y no miréis con superficialidad el devenir del mundo. No os durmáis en la estupidez a la que os veo tan agarradas.

SEC. 74. INT. DESPACHO DE LA SUPERIORA. CONVENTO. NOCHE
La superiora pliega el papel y lo introduce en un sobre.
VOZ EN OFF DE LA SUPERIORA
No dejéis que los infieles os duerman en la estupidez del sueño pagano. Pensaré en vosotras.

SEC. 75. EXT. CEMENTERIO. CONVENTO. DÍA
El ataúd donde reposa la superiora es depositado en un agujero. Dos enterradores lo bajan con la ayuda de unas cuerdas. El resto de la comunidad de monjas observa las maniobras. Entre ellas no está Ariadna.
Las paladas de tierra se suceden una tras otra.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
Y de pronto, quiso la suerte...

SEC. 76. EXT. CARRETERA. TARDE
El cielo está nublado.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
...cerrar un círculo abierto.
Por una poco transitada carretera camina Ariadna. Lleva una maleta.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
El ruido del azar.
El ruido de un automóvil irrumpe de fondo. Ariadna se detiene a la espera de ser acogida.
El coche para.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
Y cambié de dirección.
Ariadna descubre sorprendida al conductor: es Anders.

Ø TERCERA ÉPOCA: El Otoño

SEC. 77. INT. AUTOMÓVIL DE ANDERS. TARDE
Al volante, Anders. En el asiento del copiloto, Ariadna. El primero fija su vista en la carretera.
ANDERS
Y aquí de nuevo nos encontramos. Algo me dijo que nuestro encuentro sería algo parecido a una carretera entre la niebla.
ARIADNA
¿Qué ha sido de su vida en estos meses?
ANDERS
Poca cosa que revista un interés mínimo. Si por casualidad algún día tuviese un biógrafo, el pobre no sabría siquiera que título ponerle a las tapas. ¡Me río de mi vida!
ARIADNA
Sus cuadros hablarán. ¿Qué ha pintado de interés?
ANDERS
Amiga, siento defraudarla, pero me he visto obligado a dejar la pintura. En un tiempo mínimo las cosas se han complicado lo indecible.
ARIADNA
Lo siento mucho.
ANDERS
Eso dicen todos los que no me dicen nada.
ARIADNA
¿No significo nada para usted?
ANDERS
No lo sé.
ARIADNA
¿Y a qué se dedica ahora?
ANDERS
Trabajo en una tintorería. Y cobro bastante, créame... Me limito a hacer lo que me dicen que haga, sin más. ¿Verdad que estoy completamente alienado?
ARIADNA
La verdad...
ANDERS
No, no se esfuerce en intentar agradarme. A mí, sinceramente, ya no me agrada nada.
ARIADNA
¿Y no puede regresar a su tierra?
ANDERS
Yo no tengo patria. Y si la tuviese, la repudiaría. Igual me da vivir aquí que en China. Y bien, cambiemos de disco... Hábleme de usted, ¿qué ha sido de su vida?
ARIADNA
Se reirá de mí si le cuento en qué he malgastado mi tiempo.
ANDERS
Lo dudo. Bastante tengo ya con el mío.
ARIADNA
He estado como novicia en un convento.
ANDERS
¿Ese es el motivo de risa?
ARIADNA
Sí.
ANDERS
Así que novicia, eh.
ARIADNA
Ya ve...
La conversación se detiene durante unos segundos.
Gotas de lluvia comienzan a estrellarse sobre el cristal.
Anders activa el limpiaparabrisas.
ANDERS
¿Todavía piensa en lo ocurrido?
ARIADNA
A cada momento del día que pienso.
ANDERS
Quítese esos fantasmas de la cabeza. Mándelos a la mierda.
ARIADNA
No puedo.
ANDERS
Inténtelo.
ARIADNA
Anders, ¿cree usted que somos personas?
ANDERS
No lo sé, nuestra voluntad está tan anulada.
ARIADNA
Yo creo que no. No somos sensatos. Nos complicamos la vida con estupideces. Actuamos como animales. Somos más necios que ellos. Lo que realmente es importante pasa ante nuestros ojos imperceptible. ¿Me comprende?
ANDERS
¿Le... te apetece un café?

SEC. 78. EXT. CAMPO. AMANECER
Anders y Ariadna pasean por el campo...
ANDERS
¿De verdad que deseas seguir mis pasos?
ARIADNA
Sí.
ANDERS
Mi destino está en una ciudad contaminada e inhumana. ¿Eso quieres?
ARIADNA
No me queda otra opción.
ANDERS
Entonces, me sigues por eso... Ya no tienes donde caerte muerta y he de ser yo quien te sirva de soporte, ¿verdad?
ARIADNA
No te equivoques, Anders. Yo no soy esa clase de mujer sumisa y estúpida que se somete a un hombre a cambio de un trozo de pan. Olvida los tópicos. A nosotros nos unen claras afinidades electivas.
Detienen sus pasos junto a un árbol centenario. Anders apoya su mano en el tronco.
ANDERS
¿Te dice algo este árbol?
ARIADNA
¿Qué me estás contando ahora?
ANDERS
Nada. ¿Qué te he de contar? Eres demasiado superficial.
Siguen caminando.
ARIADNA
Puede que sea superficial, pero nacer humano limita mucho...
ANDERS
Creo que nuestra relación no tiene ninguna salida, ¿lo has pensado bien?
ARIADNA
Ayer, en el café, creí que hablabas en serio. ¿Qué te pasa?
ANDERS
Mi vida con una mujer sería demasiado difícil.
ARIADNA
¿Crees que a mí sí me resultaría fácil?
ANDERS
Cada uno sigue su dictado.

SEC. 79. INT. AUTOMÓVIL DE ANDERS. TARDE
Anders y Ariadna prosiguen su viaje.
ARIADNA
¿Aceptas?
ANDERS
Sería precioso, desde luego.
ARIADNA
Deja tu absurdo trabajo. Deja la ciudad. Déjalo todo. Y vente conmigo. Vivamos lo poco que nos queda en condiciones humanas.
ANDERS
Todo tiene un precio.
ARIADNA
La vida es una, y el tiempo no vuelve sobre sus pasos.
ANDERS
Es fácil hablar, cariño, pero tengo tantas y tan absurdas responsabilidades encima que no hacen más que atravesar y atravesar mi cabeza.

SEC. 80. EXT. CALLES. CIUDAD. DÍA
Por las ruidosas y saturadas calles de la ciudad caminan entre la masa Anders y Ariadna.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
Y nos dejamos arrastrar. La inercia, la fricción, la nada. Aquellos términos que hasta entonces habían carecido de sentido para mí empezaron a resultarme familiares mientras caminaba por aquellas calles deshumanizadas.
La comunicación entre ellos dos queda prácticamente anulada: quieren decirse algo, aunque sus palabras quedan silenciadas a gestos.

SEC. 81. INT. APARTAMENTO DE ANDERS. CIUDAD. DÍA
Anders y Ariadna llegan al impersonal apartamento del primero: él es el primero en entrar.
ANDERS
Pasa.
ARIADNA
Así que has malvivido todo este tiempo encerrado en este miserable agujero.
ANDERS
Una auténtica mierda, ¿verdad? Noche y día rodeado de gente insoportable, a derecha e izquierda, por arriba y por abajo. Estas colmenas humanas en mucho me recuerdan a los nichos apilados de los cementerios. Una lápida con flores y detrás una comunidad de gusanos.

SEC. 82. INT. DORMITORIO. APARTAMENTO DE ANDERS. DÍA
Anders prepara la maleta, abierta sobre la cama. Ariadna espera contemplándolo bajo el marco de la puerta.
ANDERS
¿De qué me sirve esta ropa? No me sirve de nada. Es el maldito soporte material de cada día. ¡Es deprimente!
ARIADNA
Pero no puedes prescindir de ella, estás sujeto a ella. Sentirías vergüenza de no llevarla puesta encima.
ANDERS
Puedo prescindir de ella... claro que puedo. ¡La dejo aquí!
Anders tira la maleta con la ropa al suelo.
ANDERS (Muy excitado.)
¡Marchémonos!
Abandonan el dormitorio.

Ø CUARTA ÉPOCA: El Invierno

SEC. 83. INT. AUTOMÓVIL DE ANDERS. TARDE
Al volante, Anders. A su lado, Ariadna ojea una revista. Anders la mira de reojo.
ANDERS
Me obligas a prescindir de mis ropas y...
Ariadna levanta la vista del papel.
ARIADNA
Claro que puedo.
ANDERS
Demuéstrame que esa revista no significa nada.
ARIADNA
Muy bien.
Ariadna tira con insolente descaro la revista por la ventanilla.
ANDERS
Así está mejor, mucho mejor.
ARIADNA
También podemos deshacernos del coche, ¿no?
ANDERS
Sí, claro. Y también podemos caminar arrastrándonos por la carretera como dos vagabundos.
ARIADNA
No quería decir eso.
ANDERS
Aún no ha llegado el momento de quitarnos esta chatarra de encima, pero pronto, muy pronto, andaremos desnudos por los bosques, comeremos mora y nos bañaremos en cristalinas aguas de manantial.
ARIADNA
Y nuestros cuerpos desnudos irán a la par que nuestras almas puras. Precioso, pero nada realista, amigo.
ANDERS
Me gusta idealizar las cosas. No lo puedo remediar.

SEC. 84. EXT. PRADERA. AMANECER
Anders y Ariadna descansan sobre el suelo de una extensa pradera.
A su lado, el automóvil. De fondo, algunas vacas.
ANDERS
¿Verdad que son hermosas las vacas? ¿Verdad que dan mucho alimento?
ARIADNA
Detrás de cada verdad...
ANDERS
Ya...
Anders se pone en pie y marcha junto a las vacas.
Se acerca a una... y agachado comienza a beber leche exprimiendo una de las ubres. El animal no opone resistencia.
Irrumpe el Alegro con brío de Vistas al mar, de Eduard Toldrá.
Ariadna descubre sorprendida a Anders... y va junto a él, para acabar mamando de la misma vaca... La leche comienza a correr por el cuello de Ariadna, quien, harto excitada, empieza a desvestirse, provocando al reprimido Anders, que no tarda en despojarse también de sus ropas...
Juntos, Ariadna y Anders, comienzan a retozar debajo de la vaca.

SEC. 85. EXT. SENDA. DÍA
Anders y Ariadna, ya sin el automóvil, caminan por una empinada senda que va en dirección a una montaña.
Se detienen.
ARIADNA
¿Hechas de menos tu coche?
ANDERS
No, pero quiero más.
ARIADNA
¿Más?
ANDERS
Sí, más.
Anders agarra a Ariadna del brazo y la tira al suelo, en mitad de la senda. Comienza a desvestirla.
ARIADNA
¡No seas animal! ¡Animal!
ANDERS
Sí, soy un animal. ¡Somos dos animales preludiando una cópula!
ARIADNA
¡Me estás violando, pedazo de cerdo!
ANDERS
Sí, eso es lo que quieren todos animales. ¡Sí!
ARIADNA
Está bien...
Ya desnudada y con las ropas rotas, Anders se quita las suyas y, mecánicamente, inicia de nuevo...

SEC. 86. EXT. MONTAÑA. AMANECER
Anders y Ariadna, en la cima de la montaña, contemplan el amanecer.
ARIADNA
¿Has visto algún amanecer tan de cerca?
ANDERS
No.
ARIADNA
¿Te gusta?
ANDERS
No. No me puede gustar. Me hace bajar. Y veo lo mismo: el maldito amanecer, un nuevo día de caos horrendo, ruidos de bloques metálicos expulsando humo, basura y más basura... Prefiero ser animal puro, despojado de toda esa quincalla que con tan grotesca superficialidad maquilla nuestras grises máscaras.
ARIADNA
Amor, eres todo un maestrillo.
ANDERS
¿Acaso no llego a maestro?
ARIADNA
No, pero lo haces muy bien.
ANDERS
Es cierto, soy afortunado en eso.
ARIADNA
Pues demuéstramelo de nuevo.
ANDERS
¡No! Estamos en lo alto de esta montaña. Algún águila podría vernos.
Ariadna estalla riendo.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
Habíamos acabado definitivamente por perder la brújula. Yo aún me lograba dar cuenta de la absurda situación, pero era feliz. Por contra, él ya se había integrado espiritualmente en el reino animal.

SEC. 87. EXT. PRADERA. TARDE
Anders y Ariadna comen hierba "a cuatro patas".
VOZ EN OFF DE ARIADNA
Comenzamos a comportarnos como verdaderos animales. La hierba cruda era deliciosa. Nunca antes la había probado.
De pronto, Anders detiene el movimiento de sus mandíbulas.
ANDERS
Casémonos...
ARIADNA
¿Ahora?
ANDERS
Ahora.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
E iniciamos así el más disparato de los rituales paganos. Todo consistió en beber agua de un manantial próximo que él había descubierto hacía escasas horas.

SEC. 88. EXT. MANANTIAL. TARDE
Junto al manantial, Anders y Ariadna.
ANDERS
De esta agua pura que bebamos nacerá nuestra unión con los elementos de la naturaleza. Bebamos.
Y beben a la vez, acercando sus cabezas al chorro.

SEC. 89. INT. CUEVA. NOCHE
En el interior de una considerable cueva, semidesnudos, Anders y Ariadna descansan tumbados, alrededor de un pequeño fuego.
VOZ EN OFF DE ARIADNA
Acabamos por instalarnos en una cueva. Y como nuestros antepasados, aprendimos a dominar el fuego. Para nuestra suerte teníamos a mano un mechero.
ARIADNA
¿Crees que podremos sobrevivir aquí el resto de nuestros días?
ANDERS
¿Sobrevivir? Dirás... ¡vivir! ¿No te parece esto vida? Libres de toda cadena, contemplando un exquisito fuego y no un televisor de plástico. Ariadna, querida, lo nuestro está aquí, entre los elementos. Agua para beber, fuego para calentarnos, aire para respirar y tierra para alimentarnos. Lo tenemos todo, absolutamente todo, ¿no crees?
ARIADNA
Todavía no me he adaptado. No sé...
ANDERS
¿Qué necesitas? ¿Una cama? ¿Un médico? ¿O una caja de compresas?
ARIADNA
No es eso.
ANDERS
¿Qué es entonces?
ARIADNA
Los demás, mis enemigos... La humanidad y no un águila ni una cabra.
ANDERS
Niña, nunca cambiarás.
ARIADNA
¡Hazme cambiar!
Anders se pone en pie.
ANDERS
Pues actuemos.
ARIADNA
Muy bien, puedes joderme, pero mis palabras son firmes y resolutas.
Ariadna se agarra a las piernas de Anders.

SEC. 90. EXT. CUEVA. DÍA
Junto a la puerta de la cueva, Anders y Ariadna afilan con piedras largos palos de madera.
ANDERS
Leí un libro. En él te contaban los métodos de caza de nuestros antepasados.
ARIADNA
¿Crees qué podremos?
ANDERS
Lo tenemos muy fácil, niña. Nosotros nos enfrentaremos a una cabra, no a un mamut.

SEC. 91. EXT. VALLE. DÍA
Anders y Ariadna se ocultan tras una roca. A escasos cinco metros de ellos hay una cabra.
Él se pone discretamente en pie y, empuñando su arma, la lanza sobre el animal. Pero la vara no se ha clavado y el animal ha escapado.
ARIADNA
Creo que tendremos que afinar nuestros métodos.

SEC. 92. EXT. CUEVA. TARDE
Anders y Ariadna sacan provecho de la cabra muerta. Por un lado, Ariadna alisa la piel. Por el otro, Anders trocea con una piedra afilada la carne.
ANDERS
Respecto a la carne, ¿la querrás cruda o pasada por el fuego?
ARIADNA
Qué pregunta... ¡Frita!
ANDERS
Muy bien. Pero yo la comeré cruda. Debemos ejercitar los dientes, niña. Desde ahora en adelante, nuestro poder reside en nuestras manos y en nuestros dientes. Manos para agarrar y dientes para despellejar.
ARIADNA
Eso que dices es un disparate. Te lastimarás los dientes.
ANDERS
Me queda la voluntad.
ARIADNA
Sí, claro... pero mastica bien.

SEC. 93. INT. CUEVA. NOCHE
Ariadna pasa por el fuego un trozo de carne ensartada en un palo. Anders mastica con efusiva fuerza un sanguíneo trozo de carne crudo. Los dos van vestidos con la piel de la cabra.
ARIADNA
¿Está bueno?
Anders, sin dejar de masticar, responde a la pregunta:
ANDERS
Bueno sería poco decir. Está riquísimo. ¡Prueba a comer la carne así! Tiene mucho más alimento, sabe a carne de verdad, a carne que huele a campo.
Ariadna coge su trozo y muerde. Saborea el supuesto manjar con particular desgana.
ARIADNA
Le falta sal y aceite.
ANDERS
No, no le falta nada. Es delicioso.
ARIADNA
Te digo que le falta sal y aceite.
ANDERS (Señalando con el dedo a la pared de la cueva.)
Esa pared tiene buen salitre.
ARIADNA
¿Insinúas que voy a sacar la sal de esa asquerosa pared?
ANDERS
No insinúo nada, sólo te digo que tienes la sal a mano. Respecto al aceite, lo podemos sacar de unas plantas que...
ARIADNA
¡Cállate! Esta situación está empezando a aburrirme.
ANDERS
Eres débil, Ariadna, muy débil.
ARIADNA
¿Débil? No estoy loca.
ANDERS
Así nunca podrás ser feliz.
ARIADNA
¿Se puede ser feliz comiendo carne cruda y vistiendo sucias pieles de cabra?
ANDERS
Se puede ser ciego y esclavo de tanta nadería material. Y ahora... escúchame. Yo aquí no retengo, eres libre de irte cuando quieras, pero recuerda que fuiste tú la que me hizo abandonar mi plan de vida anterior.
ARIADNA
Sabía que me saldrías con esas. Pero es cierto, tienes razón... Soy débil, y este modo de vida es demasiado duro para mí.
ANDERS
Muy bien. Piénsatelo esta noche, y mañana será otro día.
Anders se tumba sobre la roca. Ariadna tira el trozo de carne al fuego.

SEC. 94. EXT. CUEVA Y PRADERA. AMANECER
Junto a la puerta de la cueva, Anders y Ariadna seleccionan en dos grupos palos de diferente grosor.
ANDERS
Puedes irte entonces.
ARIADNA
No quiero.
ANDERS
¿Te contradices?
ARIADNA
No puedo dejarte.
ANDERS
Aléjate de mí. Deja esos palos y lánzate al camino. ¡Vuelve a tu vida absurda!
Violentada, Ariadna se pone en pie y da una patada a un montón de palos.
ARIADNA
Muy bien. Me voy ahora.
ANDERS
Vete y no vuelvas.
Ariadna se marcha por la pradera.
Anders recapacita, y la llama:
ANDERS
¡Ariadna! ¡Vuelve!
Ariadna, ya a cierta distancia, se vuelve. Anders insiste:
ANDERS
¡Ven!
Pero lo ignora y sigue caminando.
Anders se pone en pie y corre tras ella... hasta alcanzarla.
La agarra del brazo.
ANDERS
No hablaba en serio. Nos necesitamos. Los dos somos Uno.
Ariadna comienza a llorar, cayendo sobre los brazos de Anders.
ARIADNA
Eres un cerdo.
Conmovido, Anders le acaricia la frente.
ANDERS
Los dos cojeamos de la misma pierna, niña.
ARIADNA
Puedes irte con tus cojos a cazar cabras, idiota.
ANDERS
Tú eres mi coja, y tú cazarás conmigo.
ARIADNA
Eres un cerdo.
ANDERS
Lo soy, pero te quiero.
ARIADNA
Guarda tus gazmoñerías para otra zorra.
ANDERS
Mis gazmoñerías son para ti. Perdóname.
ARIADNA
Cerdo.
ANDERS
Te quiero, zorra.
Los dos acaban por abrazarse.

SEC. 95. INT. CUEVA. NOCHE
Ariadna y Anders comen carne cruda alrededor del fuego.
ANDERS
Veo que te gusta, ¿eh?
ARIADNA
Me gusta más pasada por el fuego.
ANDERS
No te dejes engañar. Recuerda que tenemos que volver al origen.
ARIADNA
¿Quieres qué dejemos incluso de hablar como personas?
ANDERS
Con el tiempo dejaremos de hablar, sí. Nuestro proceso de animalización va sobre ruedas.
ARIADNA
Puro teatro.
ANDERS
No te equivoques. Vestidos o sin vestir, somos animales. A-n-i-m-a-l-e-s. Librémonos entonces de tanta máscara. Simplemente, aceptémonos.
ARIADNA
Esta carne está asquerosa.
Ariadna tira el trozo al fuego.
ANDERS
No se juega con la comida en tiempos de carestía.
ARIADNA
¿A esa carroña le llamas comida?
ANDERS
Carroña o no, bien que la comería un buitre. ¿Acaso has de ser tú menos que un él?
Anders coge un palo y lo clava en la carne. Se la lleva a la boca y muerde.
ANDERS
Exquisita.
ARIADNA
Finísima.
ANDERS
¿Te burlas de mí?
ARIADNA
Eres un animal.
Anders aparta la carne y se pone en pie.
ANDERS
Bueno, creo que ya es hora de que los cerdos y las zorras se acuesten, ¿te parece?
Anders agarra a Ariadna del pelo.
ARIADNA
¡Suéltame!
ANDERS
¿Quieres jugar?
ARIADNA
¡No! ¡Suéltame! ¡Animal!
ANDERS
Eso es un sí.

SEC. 96. EXT. PRADERA. AMANECER
Amanece sobre la pradera. La calma es casi absoluta. Un viento grácil estremece la hierba. Algún pájaro asoma fugaz por el plano.

SEC. 97. INT. CUEVA. AMANECER
La hoguera prácticamente se ha extinguido.
Anders y Ariadna yacen recostados sobre el desnudo suelo rocoso de la cueva, pero no tardamos en advertir una ligera huella: el paso del tiempo. Sus cuerpos, ennegrecidos, cubiertos de suciedad, así como de pelo, resultan particularmente llamativos.
Ariadna abre los ojos... y se levanta, pero, significativamente, lo hace "a cuatro patas".
Se acerca a Anders y lo despierta dándole un mordisco en la pierna. Anders reacciona con un truculento bramido, poniéndose en pie, igualmente "a cuatro patas".
Entre ellos no existe comunicación verbal alguna. Todo queda reducido a grotescas muecas, de carácter abiertamente simiesco.
Anders agarra con ostensible violencia un palo del suelo y lo lanza sobre Ariadna, dándole en la espalda. Ella, no menos animal que él, reacciona cogiendo del suelo una piedra de un palmo de diámetro. Acto seguido, la lanza contra su "adversario", dándole en la cabeza. Anders cae al suelo: su cabeza sangra.
Ariadna se acerca y pone su mano sobre la frente de Anders.
Impulsada por una indescriptible fuerza, Intenta articular palabra:
ARIADNA (Con gran esfuerzo.)
A... An...
E insiste:
ARIADNA
An... Anders...
Pero Anders no reacciona: está muerto.