2 de mayo de 2008

HOGUERA EN EL INFIERNO (Guión cinematográfico)


A Jorge Vargas


SEC. 1. EXT-INT. JARDÍN CASTILLO - VESTÍBULO CASTILLO. DÍA
La quietud.
De pronto, irrumpe un ruido atroz: proviene del motor de un automóvil.
El automóvil se detiene a los pies del jardín, y de él sale un hombre de unos cincuenta años, ALEXÉI, de cuyo rostro, expresivamente envejecido y cansado, destaca una profunda cicatriz que lo divide en dos.
Antes de avanzar hacia la entrada se queda unos segundos observando la fachada del edificio, mole inmensa de piedra.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Fui al castillo de Voinitski sin saber muy bien para qué. La verdad es que recibía cartas de mi hijastra Elena con una insistencia antes desconocida...
ALEXÉI comienza a caminar en dirección a la puerta, a unos quince pasos de distancia.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
...Era difícil asumir el significado de sus incomprensibles palabras... Parecían cartas escritas por un loco, por una mano perversa y enferma, y eso... aunque no dejase de ser un segundo padre, me alarmó...
ALEXÉI llega a la puerta.
Toca el timbre dos veces.
Al poco, la puerta se abre: bajo el umbral, aparece GUARINO, el criado, un enano de unos sesenta años, de aspecto desagradable.
GUARINO (Haciendo un ademán con la mano.)
Pase, pase, llevo toda la mañana esperándole.
ALEXÉI pasa al interior.
GUARINO cierra la puerta con cierta dificultad.
ALEXÉI observa el enorme vestíbulo que se abre ante sus ojos.
Unas telarañas penden del techo. Una ligera corriente de aire las remueve.
ALEXÉI (Impaciente.)
¿Y Elena?
GUARINO enciende las velas del candelabro.
GUARINO
Está en la biblioteca. Lleva allí un mes encerrada. Salvo para comer y dormir... no sale apenas. ¡Malditos libros!
ALEXÉI se percata del candelabro.
ALEXÉI
¿No tienen luz eléctrica?
GUARINO suspira.
ALEXÉI
¿Y el timbre?
Las cinco velas ya están encendidas.
GUARINO
Fue un capricho de la señorita... Mejor dicho, una necesidad del servicio. Ya sabe usted que las dimensiones de este castillo son enormes... y el oído ya me falla... Pero para lo demás... velas.
ALEXÉI se encoge de hombros.
GUARINO
Es lo mejor.
ALEXÉI
Lléveme junto a ella, por favor.
Los dos se ponen en marcha. GUARINO primero, alumbrando con el candelabro y seguido de ALEXÉI.
Se pierden por un frío y oscuro pasillo.


SEC. 2. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. DÍA
La biblioteca es un oscuro rectángulo de grandes dimensiones. El perímetro está salpicado de estanterías llenas de libros. Al fondo, en el escritorio y a la luz de media docena de velas, ELENA, hermosa joven de escasos veinte años, pasa las páginas de un libro.
Se abre la puerta.
Aparece GUARINO, seguido de ALEXÉI.
GUARINO
Señorita.
ELENA levanta la cabeza del libro.
GUARINO
El señor ha llegado.
ELENA se levanta y acude alborozada al encuentro de ALEXÉI.
En la página por la que está abierto el libro descubrimos un grabado del diablo.
ELENA y ALEXÉI se abrazan apasionadamente.
GUARINO se retira, cerrando la puerta tras él.
ELENA (Casi llorando.)
Alexéi, cariño. Casi te pierdo.
ALEXÉI (Tierno, pasándole la mano por el cabello.)
No digas eso, no me has perdido, me tienes aquí.
ELENA
¿Sigues pintando?
ALEXÉI
Creo que la inspiración todavía no me ha abandonado... si a eso es a lo que te refieres.
ELENA
Ya... Al morir mamá pensé que todo volvería a ser como antes... Pero no, y no me regañes... Yo te amo, Alexéi, te sigo amando...
Lentamente, dejan de abrazarse.
ALEXÉI (Algo afligido.)
La muerte de tu madre supuso un duro golpe para mí... y me ayudó a mirar las cosas con otros ojos, más de cerca.
ELENA
No entiendo...
ALEXÉI (Cogiéndola del brazo.)
Elena, aunque no seas hija mía por naturaleza... sí lo eres de mi difunta mujer, tu madre. ¿No lo entiendes todavía?
ELENA, afligida, deja caer su cabeza sobre el hombro de ALEXÉI.
ELENA
Por el amor de Dios, no seas como los otros. ¡Esa mentalidad cerrada!
ALEXÉI (Volviéndola a abrazar.)
Lo intento, mi niña, lo intento...
ELENA
Alexéi, ven... Sentémonos.
Van hacia una de las mesas próximas a la ventana.
Se sientan, cara a cara.
ALEXÉI coge a ELENA de la mano.
ALEXÉI (Tras una pausa.)
Estoy preocupado.
ELENA
¿Es por mis cartas?
ALEXÉI asiente.
ELENA (Irritada.)
Dime, ¿y qué querías que hiciese? Estaba cansada de suplicarte como una niña estúpida algo que sabía me ibas a negar.
ALEXÉI
La vida de un pintor con ínfulas no es fácil, mi niña.
ELENA
Deja de llamarme mi-niña. ¡No soy ninguna niña! Soy una mujer, ¿no lo ves? De carne y hueso, ¿o es que no te gusto? Dime, ¿eh?
ALEXÉI (Cubriéndose la cara con las manos.)
No es eso, no es eso... ¡Por el amor de Dios!
ELENA
¿Eso es todo?
ALEXÉI
Claro que no.
ELENA
Será mejor que hables más claro, Alexéi.
ALEXÉI (Poniéndose en pie, dolido.)
Déjame, Elena... Estoy muy cansado... Ya hablaremos después.
ELENA
Muy bien. Descansa.
ALEXÉI abandona la biblioteca.
ELENA, sola de nuevo, vuelve al escritorio.
Ya sentada, y con el grabado del diablo a la vista, toma una tijera y lo recorta.

SEC. 3. INT. DORMITORIO ALEXÉI - PASILLOS CASTILLO. DÍA
ALEXÉI mira por la ventana. Ante sus ojos aparece un precioso paisaje: el lago, en primer término, y después, el bosque, inmenso.
La habitación es amplia y está ricamente decorada, con un gran predominio del color rojo. Sobre la cama está la maleta, todavía cerrada.
ALEXÉI pasa la cortina de la ventana y se acerca a la maleta. La abre y saca de ella la ropa, que deja cuidadosamente sobre la mesilla. Del bolsillo de una chaqueta saca un objeto envuelto en un trapo negro.
Lo desenvuelve: es una pistola. La empuña y apunta al espejo del armario empotrado: en él aparece reflejado.
De pronto, se escucha un ruido, seco y muy próximo. ALEXÉI, expectante, oculta la pistola bajo una camisa y, detenidamente, recorre visualmente la habitación.
El ruido de antes se repite: proviene del mismo armario empotrado.
ALEXÉI se acerca lentamente y... abre a la vez las dos puertas del armario.
Sorprendido, descubre que al fondo algo se mueve. Lo agarra y con gran fuerza estira.
ALEXÉI (Violento.)
¡Te cogí!
Logra sacarlo: es un hombre de unos treinta años, sucio y lamentablemente vestido.
ALEXÉI (Algo asustado.)
¿Quién... es usted? ¿Qué... hacía dentro del armario?
El hombre, de nombre BORÍS, se acerca tembloroso a ALEXÉI y, sin poder apenas mirarle a los ojos, dice torpemente:
BORÍS
Busco la salida, sabe... llevo todo el día buscándola... por favor, ¿dónde está la salida?
ALEXÉI, que no da crédito a tales palabras, se inquieta y, presuroso, le vuelve a preguntar:
ALEXÉI
¿Quién es usted? ¿Cómo se llama? ¡Hable!
BORÍS, más tranquilo, alza la vista lentamente y responde:
BORÍS
Me llamo... Borís. ¡La salida! Por favor... ¡Una salida!
BORÍS se arrodilla, suplicante, casi besando los zapatos de ALEXÉI. Éste, desconcertado, vuelve sobre sus pasos hasta la cama, en la que se sienta.
BORÍS
¡La salida! Por favor...
ALEXÉI alarga su mano disimuladamente y alcanza la pistola, empuñándola... para poco después apuntar a BORÍS. Pero éste sigue arrodillado, sin despegar la vista del suelo.
ALEXÉI (Poniéndose en pie, endureciendo su voz.)
Usted es un ladrón, ¿no?
BORÍS, lleno de ira y contradicción, alza la cabeza y, al ver la pistola que le apunta, se levanta malamente y marcha corriendo, abandonando la habitación, pasillo adelante.
Pistola en mano, ALEXÉI lo persigue por el pasillo...
ALEXÉI
¡Borís! ¡Venga aquí! ¡Borís!
...pero pronto lo pierda de vista.
ALEXÉI
¡Borís!
Varios metros más allá, ALEXÉI llega a un cruce de tres pasillos.
El primer pasillo es el más oscuro. Apenas al fondo resplandece la llama de una vela solitaria.
El segundo pasillo lleva a unas escaleras.
El tercer pasillo, a diferencia de los otros, es curvo, y su luz es abundante.
ALEXÉI duda.

SEC. 4. INT. COMEDOR CASTILLO. ATARDECER
A la mesa, rectangular y muy larga, ALEXÉI y ELENA, cada uno en un extremo. Apenas se miran.
Llega GUARINO con dos bandejas.
Las lleva a sendos comensales...
GUARINO
Palomino al horno con especias, señores.
...y se retira.
ALEXÉI bebe un sorbo de vino.
ELENA coge cuchillo y tenedor y comienza a desmenuzar el alimento.
ALEXÉI inicia la conversación:
ALEXÉI
¿Te ocurre algo?
ELENA sigue comiendo.
ALEXÉI
¿Quieres venirte a vivir conmigo?
ELENA deja los cubiertos.
ELENA
¿Has pensado en eso?
ALEXÉI
A cada rato.
ALEXÉI se levanta y marcha hacía ELENA, sentándose a su lado.
ALEXÉI
Las distancias me abruman. ¿Para qué esta mesa absurda?
ELENA
¿Irás al Congo?
ALEXÉI
De ti depende.
ELENA
No irás. Por favor, no vayas... Sería perderte estúpidamente. ¿Qué le debes a esa gente? ¿Sacrificarás tu vida por el placer de pintar algunas telas sin trascendencia?
ALEXÉI
De acuerdo, me has convencido.
ELENA
Te quiero.
ALEXÉI
Pero, dime, ¿quién es ese extraño individuo que se esconde como una rata tras los armarios y dice llamarse Borís?
ELENA
¿Borís? ¿Qué Borís?
ALEXÉI, enojado, se pone en pie.
ALEXÉI (Severo.)
¿Qué Borís? Ya no eres una niña, Elena, pero te comportas como tal. Lo tienes en tu casa, ¿cómo no lo puedes saber?
ELENA
¿Qué insinúas mirándome con esa cara de pocos amigos?
ALEXÉI
No insinúo nada... pero me preocupas... Hablemos con seriedad... ¿Qué te ocurre? No te sigo. ¿A qué juegas? Ya no hablas, ni finges nada. Pareces inerte como la roca... e insensible como tu madre ante mis sentimientos. ¿Qué me quieres ocultar tras ese rostro inocente? Los años te han cambiado mucho por dentro... lo noto. ¿En verdad me sigues queriendo o lo dices sólo por complacerme? Y te lo pregunto esperando esa respuesta sincera que antes nunca me hubieras negado.
ELENA comienza a llorar tímidamente y se lleva la mano derecha al rostro: un llamativo anillo con una esmeralda engastada luce vivamente, llamando la atención de ALEXÉI.
ALEXÉI
Ahoga ese llanto fingido, Elena. Sigo siendo tu padrastro y no ese caprichoso amante de las noches de fiesta, borracha tu madre.
ELENA se pasa un pañuelo por los ojos.
ALEXÉI
¡Habla!
ELENA
Alexéi, yo...
ALEXÉI se vuelve a sentar a su lado, cogiéndola de la mano.
ELENA
No puedo.
ALEXÉI
Haz un esfuerzo, por favor.
ELENA
No puedo, no puedo... ¡no puedo!
ELENA se levanta con violenta y abandona precipitada el comedor. Da un portazo al salir.
ALEXÉI, solo, detiene su mirada en la ventana: un destello blanco llama su atención, y se acerca.
Al llegar, descubre, sorprendido, una carta cubierta de una fina película de polvo.
Lee:
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Para mi hijo Alexéi.
Tembloroso, la abre, y saca una hoja de papel viejo, apenas legible:
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Hijo mío: La vida es cruel e indigna con los hombres de buena voluntad. Te veo ahora, y sonrío... sonrío de tanta felicidad. Tienes siete años, ¿recuerdas? Estamos en el jardín del castillo de Voinitski...

SEC. 5. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA (UNOS 40 AÑOS ANTES)
En el jardín del mismo castillo. ALEXÉI, de niño, juega con un gato negro. Su MADRE, con escasos treinta años, sentada en un poyo ennegrecido, escribe una carta.
VOZ EN OFF DE LA MADRE
...y juegas con el gato de la abuela. Lo acaricias. Su mirada te anima a seguir tocándolo. Es precioso, frío y suave como la seda.
El gato, en las manos de ALEXÉI, abre la boca, dejando al descubierto sus dientes.

SEC. 6. INT. COMEDOR CASTILLO. ATARDECER
ALEXÉI sigue leyendo para sí la carta:
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Y sus garras, abiertas como cuchillas, te hacen sentirte fuerte. Quieres a ese animal. ¡Lo adoras! Necesitas de él. Necesitas lanzárselo a tu madre... A esa zorra, te dices... Deseas hacerlo ahora... pero algo te detiene... y el animal sigue, presa de la excitación, mostrando sus armas. Vamos, ¿a qué esperas? ¡Lánzaselo a mamá!
Lleno de ira, ALEXÉI detiene la lectura y rompe la carta en pedazos que caen al suelo.

SEC. 7. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. TARDE
Sentada al escritorio, ELENA escribe.
De pronto, tiemblan las llamas de las velas.
ELENA deja la pluma en el tintero y se levanta.
Cruza la biblioteca y llega a un extremo: se detiene frente a uno de los armarios situados a ras de suelo. Se agacha.
ELENA (Al armario.)
¿Borís?
Se escucha un ruido que proviene de dentro.
Confiada, ELENA lo abre.
Pero al hacerlo, una enorme garra negra de gato la coge de la cintura, tragándola. ELENA grita desesperada, pero ya es tarde para que sus gritos sean escuchados: la garra se la ha llevado consigo.
Lentamente, y movidas por la corriente, las puertas del armario se cierran.

SEC. 8. INT. PASILLOS - CRUCE - HABITACIÓN DEL PEZ CASTILLO. TARDE
ALEXÉI, candelabro en mano, llega de nuevo al cruce de los tres pasillos.
Se queda quieto allí unos segundos, y con la otra mano, saca de su bolsillo la pistola. Fríamente, la observa, y vuelve a ocultarla.
Observa los tres pasillos detenidamente, y opta tomar el primero, el más oscuro. Comienza a caminar.
Conforme avanza, se percata de una ligera corriente de aire que inquieta el resplandor de las velas de su candelabro.
Al fondo, la vela solitaria sigue brillando.
ALEXÉI se detiene. A su derecha descubre una puerta en cuya hoja aparece tallado un pez. Pone su mano en el picaporte, y la abre...
Dentro, todo está oscuro. Ni la luz de sus velas logran aclarar apenas el espacio.
ALEXÉI entra. La luz de las velas le permite ver algunos muebles: estanterías y estanterías, llenas de libros.
Mientras la recorre, una corriente de aire apaga casi todas sus velas: todavía una sigue brillando. ALEXÉI detiene sus pasos.
Muy de fondo, un ruido parece recorrer la habitación.
ALEXÉI se inquieta, y pregunta:
ALEXÉI
¿Borís?
Y de repente, una voz extraña y apenas comprensible, murmura por lo bajo, muy por lo bajo:
VOZ
Alexéi... Alexéi...
ALEXÉI tiembla. Su acelerado corazón apenas puede soportar la violencia de tales palabras.
Hurga torpemente en su bolsillo y saca la pistola, apuntando al frente.
VOZ
Alexéi... Alexéi...
Entre tanto, deja el candelabro sobre un estante y, con sumo cuidado, arranca la única vela encendida para así poder encender las demás.
VOZ
Alexéi...
Encendidas las demás velas, ALEXÉI apaga la vela arrancada y la deja entre los libros.
Ahora el silencio es absoluto.
Comienza a caminar de nuevo. Los pasos son firmes, pero el suelo cruje.
ALEXÉI se para en seco. Siente algo, y pregunta:
ALEXÉI
¿Borís?
Acerca la lumbre a su hombro: ¡es una garra negra!
ALEXÉI lanza un grito terrible y marcha corriendo. En su fuga se le cae al suelo el candelabro. Las velas, de inmediato, se apagan. Todavía tiene la pistola en la mano, y antes de salir de la habitación, dispara al fondo dos veces.
Abandona despavorido la habitación.
Llega al cruce de los tres pasillos, y se detiene, tenso, con la respiración agitada.

SEC. 9. INT. VESTÍBULO CASTILLO. TARDE
GUARINO atraviesa el vestíbulo arrastrando un pesado saco negro.

SEC. 10. INT. DORMITORIO - ARMARIO ALEXÉI CASTILLO. TARDE
ALEXÉI, sentado en una silla, apunta con su pistola al armario. Le tiembla el pulso.
Pasados unos segundos, se levanta, acercándose al armario, intentando hacer el menor ruido posible, pese a su respiración entrecortada.
Mientras con la pistola sigue apuntando, pone su otra mano en el manillar y abre la puerta: el armario está vacío.
ALEXÉI suspira, algo más tranquilo... pero algo del interior perturba su tranquilidad.
VOZ EN OFF DE LA MADRE (Muy apagada.)
Es precioso, frío y suave como la seda... frío y suave... frío y suave...
ALEXÉI deja la pistola sobre una silla y pasa al interior del armario. El armario es un cuadrado de pequeñas dimensiones, con muy poca ropa...
ALEXÉI se acerca a una chaqueta negra. La toca, mirándola angustiado.

SEC. 11. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA (UNOS 40 AÑOS ANTES)
ALEXÉI sigue jugando con el gato negro. Su MADRE, sentada en el poyo, ya no escribe la carta: lee un libro para su hijo, que no escucha.
MADRE
Cuando el diminuto niño de los cuernos serrados despertó estaba mojado. La lluvia no había sido piadosa con él, y su madre, que lo esperaba junto al señor del sombrero, no dejaba de hacer cosas raras con las manos. Pero el niño, que no era ciego, veía en esas manos las suyas...
Entonces, llega alguien: es el HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA, joven y apuesto.
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA (Arrogante.)
Buenos días, mamá.
MADRE (Divertida.)
¿Qué es eso de m-a-m-á si puede saberse?
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA (Acentuando la ironía.)
Será que me mimas mucho.
El gato negro muerde a ALEXÉI, y éste, enfadado, se lo quita de encima.
El HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA se acerca a ALEXÉI y le coge de la mano. La mano sangra.
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA (Con una sonrisa ambigua.)
Es un gato malvado, ¿no crees?
ALEXÉI, atónito, asiente.
Su MADRE se acerca a él y lo abofetea suavemente.
MADRE
¡Deja en paz al maldito gato!
Pero ALEXÉI, todavía más enfadado, le replica:
ALEXÉI
¡Tú no eres mi madre!
La MADRE entra en cólera y lo coge del pelo, llevándolo al interior del castillo.
MADRE (Enojada.)
Ven aquí, desgraciado.
ALEXÉI (Retorciéndose.)
¡Suéltame! ¡Suéltame!
MADRE
Te voy a moler a palos, niño estúpido. ¡Quieto!
El HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA se tumba sobre la hierba y comienza a reír. Es una risa grotesca y afectada.

SEC. 12. INT. ARMARIO - HABITACIÓN CASTILLO. TARDE
ALEXÉI sigue observando la chaqueta, pero, de pronto, una voz conocida le llama desde la habitación.
BORÍS (Apuntándole con la pistola.)
No le pondré la mano encima. De eso puede estar seguro.
ALEXÉI reacciona lentamente: apenas da unos pasos para atrás, más cerca del fondo.
BORÍS sigue amenazante con la pistola.
ALEXÉI (Casi suplicando.)
Borís, yo... Sí, cometí un error al confundirlo con otro... pero no es así... ya que usted es otro más de nosotros, de la familia, ¿me entiende?
ALEXÉI da dos nuevos pasos hacía atrás, tocando fondo.
Pero BORÍS, muy excitado, comienza a temblar.
BORÍS
¿No escucha?
ALEXÉI
Deje de apuntarme con esa pistola, Borís.
BORÍS
¿No escucha la voz de las paredes?
ALEXÉI
¿Qué voz? ¿De qué voz habla?
BORÍS
¡Es la voz! ¡La maldita voz de las paredes! ¡Estoy harto de esa voz! ¡Me voy a volver loco! ¡¡Es insoportable!!
Y al poco, BORÍS se lleva la pistola a la cabeza y dispara.
Espantado, ALEXÉI cae sobre la pared, que resulta ser falsa, cayendo a un pasadizo que se pierde en las oscuras profundidades del castillo.
Todavía puede escucharse el eco de su grito al caer.
Tendido en el suelo de la habitación, en medio de un charco de sangre, yace BORÍS... muerto.

SEC. 13. INT. DORMITORIO MADRE CASTILLO. NOCHE (UNOS 40 AÑOS ANTES)
ALEXÉI niño, oculto bajo la cama, observa la escena que en el tocador se desarrolla:
Su MADRE, sentada, se peina. Y a su lado, el HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA, la observa reflejada en el espejo mientras con una mano acaricia su cuello.
Pero, inesperadamente, el HOMBRE saca de su chaqueta negra un cortaplumas y, acto seguido, le corta el cuello a la MADRE.
Brota la sangre mientras sucumbe el grito de ahogo de la víctima.
ALEXÉI contiene su grito.
El HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA abandona el dormitorio.

SEC. 14. INT. PASADIZO - DESPENSA - COCINA CASTILLO. TARDE
ALEXÉI baja a gran velocidad por el pasadizo-tobogán. Al final del trayecto se adivina un muro, pero ya no puede frenar. Ciertamente, se va a estrellar.
Y al llegar, rompe el muro: otra falsa pared de papel.
Abre los ojos. El aire está lleno de un polvo blanco: es harina.
Se pone en pie, y reconoce el lugar.
Atónito, asoma la cabeza por el lugar donde ha llegado. Es un túnel casi vertical que viene de muy arriba.
ALEXÉI sale de la despensa.
Está en la enorme cocina del castillo.
Los fogones están encendidos. Sobre ellos, dos grandes perolas.
ALEXÉI comienza a recorrer el enorme espacio.
Sobre las mesas, tablas de carnicero y carne despedazada y vísceras, entre abundantes ríos de sangre.
La repugnancia que ALEXÉI siente por tamaña carnicería le lleva a taparse la nariz con un pañuelo.
Al fondo, sobre un pequeño fogón, una sartén.
ALEXÉI se acerca... y descubre, sobrecogido, dos manos de mujer cortadas, que se fríen lentamente... y en una de ellas, un anillo, ¡el anillo con la esmeralda engastada de Elena!
Espantado, ALEXÉI da tres pasos para atrás, pero una mano inoportuna lo agarra de la mano. ALEXÉI da un leve grito.
Es GUARINO, el enano... pero todavía parece más pequeño que antes, y de sus ojos brotan lágrimas auténticas.
ALEXÉI
¿Qué es eso de la sartén?
Sin poder contener el llanto, GUARINO se lo dice:
GUARINO
Son las manos de la señorita, señor.
Desgarrado, ALEXÉI se cubre el rostro con las manos.
ALEXÉI (Casi tartamudeando.)
¿Y... dónde... está... ella?
GUARINO
No puedo decírselo. Es necesario... freírla por partes.
Violentado, ALEXÉI coge del cuello a GUARINO y lo eleva un metro del suelo...
ALEXÉI
¡Sádico! ¿Qué estás diciendo? ¡Loco! ¡Maldito loco!
...y lo tira al suelo.
Lastimado, en el suelo, GUARINO acentúa su llanto:
GUARINO
Al final... no me verá, señor. Me hago a cada segundo que pasa más pequeño, y más diminuto... y temo por mi futuro, señor. Llegaré a ser del tamaño de una pulga, señor... Por favor, ayúdeme...
ALEXÉI (Sin quitar la vista de la sartén.)
¡Cierra la boca! ¿Son esas manos las suyas?
GUARINO
Tengo miedo, señor.
ALEXÉI se arrodilla y, de nuevo, lo vuelve a coger del cuello.
ALEXÉI (Colérico.)
Conocías a Borís, ¿verdad? Por... última vez, ¿dónde esté Elena? No lo repetiré... ¿Dónde está mi hija?
GUARINO, al borde de su resistencia, grita:
GUARINO
¡Muerta! ¡Muerta! ¡Ya descansa en paz! ¡Ya descansa!
ALEXÉI
¡Mientes! ¡¡Mientes!!
ALEXÉI, atrozmente desconcertado, coge de la mesa más próxima un afilado cuchillo y se lo clava a GUARINO en el pecho.
GUARINO (Agonizante, con la voz progresivamente apagada.)
Sálvate si puedes, cabrón.
GUARINO muere.
ALEXÉI le saca el cuchillo y, tras mirar fijamente el filo durante unos segundos, insoportablemente tenso, lo tira y exclama al aire:
ALEXÉI
¡¡Asesinos!! ¡Matadme! Matadme a mí...
Se escucha un trueno que anuncia el avenimiento de una tormenta.

SEC. 15. INT. PASILLOS - HABITACIÓN SIETE ESQUINAS CASTILLO. ANOCHECER
ALEXÉI corre por los pasillos: todos le resultan iguales. La lluvia resuena: los truenos se suceden con insistencia.
Sube por una escalera y, al poner el pie en el último escalón, escucha el maullido de un gato, distante, muy distante, pero certero y por ello escalofriante. Sigue su camino.
Atraviesa otro pasillo...
...y frente a él, inesperadamente, encuentra el cruce de los tres pasillos.
La vela del fondo del primer pasillo sigue resplandeciendo...
...pero, de golpe, y tras un chasquido seco, se apaga: parece haber sido soplada por algo.
ALEXÉI marcha corriendo en dirección contraria, pero al hacerlo, la extraña voz irrumpe de nuevo:
VOZ
Alexéi... Alexéi... Alexéi...
ALEXÉI se detiene, toma un candelabro que se consume sobre una estantería... y opta por entrar en una habitación.
Ya dentro, cierra la puerta.
Mira a su alrededor... y se percata, en apariencia incomprensiblemente aterrorizado, de que la habitación tiene siete esquinas.
ALEXÉI (Para sí.)
Díos... es la habitación de las siete esquinas...
De nuevo, el atroz maullido... pero próximo, muy próximo... demasiado próximo.
ALEXÉI, se arrodilla cuidadosamente... y al iluminar con el candelabro bajo la mesa, descubre un gato, negro y excitado, con las fauces abiertas... a punto de atacar...
¡Y ataca! El gato salta con una prodigiosa habilidad sobre ALEXÉI, clavándose a su cabeza salvajemente.
ALEXÉI grita... pero el animal sigue aferrado, arañando y mordiendo, del todo indolente para con su víctima.

SEC. 16. INT. DORMITORIO MADRE CASTILLO. NOCHE (UNOS 40 AÑOS ANTES)
ALEXÉI niño sigue oculto bajo la cama.
El HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA acaba de abandonar el dormitorio.
Sentada en la silla, y sobre un charco de sangre, la MADRE, muerta...
En el espejo se refleja el blanquecino rostro de la MADRE... y también sus ojos, abiertos.
Todavía asustado, ALEXÉI sale de su escondrijo.
Sobre la cama, el gato negro. Maúlla.
ALEXÉI lo coge violentamente y lo acerca al rostro de su desaparecida MADRE. El animal comienza a excitarse en las movedizas manos del niño.
ALEXÉI (Imitando la voz de su madre.)
¿Ya no me dices nada, mamá? Me gustas más así, estás muy calladita... ¡Cállate! ¡Te voy a moler a palos, desgraciado! No eres el hijo que yo quería... Yo no quería un hijo sucio y atolondrado... Díos mío, hazme el favor y llévatelo contigo y con los demás niños de su especie...
El gato araña a ALEXÉI, y éste, súbitamente agresivo, lo lanza contra el espejo del tocador, haciéndolo añicos.
Un rictus perverso se dibuja en el rostro de ALEXÉI.

SEC. 17. INT. PASILLOS - BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE (UNOS 40 AÑOS ANTES)
ALEXÉI arrastra el cuerpo de su madre por el pasillo que conduce a la biblioteca.
Al llegar a la puerta, ALEXÉI se ayuda con sus piernas y abre con la mano libre la puerta. Entra, arrastrando lentamente el cuerpo.
Dentro de la biblioteca, se libera por un momento del cuerpo y examina el lugar.
Se acerca al extremo más próximo y detiene su mirada en los armarios que a ras de suelo sirven de base a la estantería.
ALEXÉI abre el armario: dentro, un estante cargado de viejos libros.
Con cuidado, saca los libros.
Arranca el falso fondo... acerca la vela... y asoma la cabeza.
Una gruta subterránea se pierde en las profundidades, más allá de los cimientos del castillo.
Tiembla la llama de la vela.
ALEXÉI vuelve junto al cuerpo de su madre... lo arrastra hasta el armario... y, con gran esfuerzo, logra pasarlo por el armario.
El cuerpo se precipita en las profundidades...

SEC. 18. INT. HABITACIÓN SIETE ESQUINAS. NOCHE
ALEXÉI, con el rostro ensangrentado, se retuerce por el suelo entre estertores de indescriptible dolor.
Abre los ojos... y al abrirlos, descubre, impresionado, un rostro que ya conoce de algo...
Es el HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA, en nada envejecido, que lo mira en pie a escasos metros, esbozando en su rostro una forzada sonrisa, mientras con la mano sostiene el candelabro. HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¿Te acuerdas de mí?
ALEXÉI (Con gran esfuerzo.)
¿Quién... es usted?
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¿Qué importa eso ahora?
ALEXÉI intenta decir algo... pero un angustioso presentimiento le detiene.
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Era un gato malvado, y no me hiciste caso... ¿Te duele?
La pregunta cala hondo en ALEXÉI:
VOZ EN OFF DEL HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¿Te duele?
ALEXÉI intenta moverse, pero fracasa en su intento: además de tener la cara llena de arañazos, su cuerpo sangra...
ALEXÉI
Sí... Usted... usted mató a mi madre esa noche...
...y sus manos...
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¿No era eso, niño iluso, lo que tanto deseabas?
...no tiene manos, ¡han sido seccionadas con precisión maestra!
Al verse sin ellas, ALEXÉI grita horrorizado...
ALEXÉI
¡¡Las manos!!
...y comienza a llorar desesperado, retorciéndose como un reptil mutilado.
ALEXÉI (Es un grito desgarrador y definitivo.)
¡¡¡Mis manos!!!
FUNDE A NEGRO.

SEC. 19. INT. HABITACIÓN HOSPITAL (HABITACIÓN SIETE ESQUINAS CASTILLO) - PASILLOS CASTILLO. NOCHE
Postrado sobre una cama, duerme ALEXÉI, vendado y, efectivamente, sin manos... apenas unas vendas fingen torpemente la apariencia de manos.
La habitación, de paredes blancas y mobiliario intercambiable, responde a las señas de un hospital.
Una ENFERMERA se acerca, y poniendo su mano en la frente del paciente, lo invita cariñosamente a que se despierte.
ENFERMERA
¿Alexéi? Despierte... ya pasó todo.
ALEXÉI va abriendo los ojos...
...hasta poder entrar en razón.
ENFERMERA
¿Le duele?
ALEXÉI
¿Qué? ¿Dónde estoy?
ENFERMERA
Está en el Hospital de Voinitski... ¿se encuentra bien?
ALEXÉI, temeroso de lo peor, logra con no poco esfuerzo levantar sus dolidos brazos...
ALEXÉI
¡Las manos! ¡¡Mis manos!!
ENFERMERA
Tranquilo, Alexéi... tranquilícese, por favor... Tuvimos que... que quitárselas para salvar su vida... ¿no lo entiende?
ALEXÉI
¡Dios! ¡¡Dios!!
A la habitación entra un doctor, físicamente idéntico al HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA.
DOCTOR BELIAL
¿Qué pasa aquí?
La ENFERMERA se percata de su llegada.
ENFERMERA (Muy afectada.)
Ah, Doctor Belial... el paciente... hable con él, es terrible, ¿verdad?
DOCTOR BELIAL (Sobrio.)
Lo es.
La ENFERMERA se retira.
ALEXÉI (Llorando.)
No... No... Mis manos...
El DOCTOR BELIAL se acerca a la cabecera de la cama y, sin titubeos, explica a su paciente la "realidad" de su estado.
DOCTOR BELIAL
Alexéi, seré breve. La vida en sí misma es la más absurda de las pesadillas, y como niños, la abrazamos y no la soltamos hasta que ella nos abandona. Unos campesinos encontraron su coche estrellado contra un muro en un cruce de carreteras, y allí estaba usted, en un revoltijo de hierros y Dios sabe qué...
ALEXÉI (Desconcertado ante tales palabras.)
No... eso es imposible...
DOCTOR BELIAL
Pero así ocurrió, y lo sacaron... Lo sacaron como pudieron, y con más mala gana que buena disposición, nos lo trajeron aquí... y se largaron, de vuelta a sus faenas. ¡Pobres infelices! De eso hará ya lo menos una semana lo menos. Su estado entonces era deplorable, y sus manos...
ALEXÉI (Mirando fijamente al doctor.)
Yo a usted lo conozco de algo...
DOCTOR BELIAL
¡Tonterías! No quedaba otro remedio. Créame, eran... completamente inútiles. Estaban destrozadas, con la carne descoyuntada y los huesos pulverizados no podía ir a ningún sitio. Era la única opción razonable.
ALEXÉI mira a su alrededor...
...y aprecia que la habitación tiene siete esquinas.
DOCTOR BELIAL
Descanse.
ALEXÉI
¿Dónde estoy?
DOCTOR BELIAL
Lo siento por usted, pero, créame... más lo siento por su paleta.
El DOCTOR BELIAL le da la espalda a su paciente y abandona la habitación.
MÁS TARDE:
ALEXÉI sigue tumbado sobre la cama.
A la habitación entra una mujer con un gato negro entre sus brazos.
ALEXÉI la mira contrariado y descubre que no es otra que su MADRE a la edad de veinte años cortos.
La MADRE se sienta a los pies de la cama... y por lo hinchado de su vientre, percibimos que está embarazada. El gato se escabulle bajo la cama.
De puro impresionado, ALEXÉI no puede siquiera abrir la boca.
MADRE (Distante.)
Resulta curioso... pero antes de parirte... quería abortar... Claro que el aborto estaba muy mal visto entonces... pero en nuestra corrompida familia de alacranes... eso era algo mucho más trascendente... Y naciste. Fue entonces cuando creí descubrir lo equivocada que estaba. Corrías por los pasillos como un niño idiota... y el corazón, esa víscera engañosa y voluble, se me inflaba de orgullo, una alegría extraña y pasajera que me llenaba de incertidumbre llegada la noche.
La MADRE pasa su diestra por su vientre hinchado.
MADRE (Fingiéndose maternal.)
¿Recuerdas, mi niño, lo pequeño que eras? Y ahora te tengo aquí dentro, con las dos manitas bien puestas... ¡Qué hermosa escena para los de fuera!
ALEXÉI despega, al fin, los labios:
ALEXÉI
Tú nunca fuiste una madre...
MADRE
¿Puede una madre en su finita bondad sacrificar su vida en beneficio de un retoño desagradecido y rastrero? La verdadera respuesta es, por mucho que otros tantos quieran ocultarlo, no. ¡No!
La MADRE se pone en pie, saca de su enagua blanca un puñal, e, impulsada por una fuerza sobrehumana, lo clava sobre su vientre, retorciéndolo dentro, en repugnante chorrear de sangre y líquido. Cae al suelo, retorciéndose arrítmicamente, entre estertores de terrible sufrimiento.
Un estremecimiento atroz inmoviliza a ALEXÉI.
Tras unos segundos de insoportable angustia, ALEXÉI se pone en pie como mejor puede y, esquivando el cuerpo de su agonizante MADRE, abandona la habitación.
Al salir sus dudas quedan resueltas: todavía sigue dentro del castillo.
Sigue pasillo adelante, pero un inefable pálpito le lleva a detenerse.
Un trueno resuena, muy próximo.
ALEXÉI se arrodilla y, alzando los brazos que culminan en muñones, exhala al aire un grito desgarrador.
De la oscuridad sale el DOCTOR BELIAL: amistoso, posa su mano en el hombro de ALEXÉI, pero éste, temeroso, vuelve hacía atrás, quedándose arrinconado bajo el umbral de una puerta.
DOCTOR BELIAL
Contaba con su buena voluntad, Alexéi... pero no llegaba imaginar que nosotros los médicos le repugnásemos tanto, ¡y a sus cincuenta años bien entrados!
ALEXÉI (Mientras, ayudándose de la pared, se pone en pie.)
No tan bien entrados, doctor. Los años pasan deprisa, pero no tanto como uno quisiera.
DOCTOR BELIAL
Al grano... Ah, se me olvidaba... su hijastra... Elena... desea hablar con usted... Le está esperando.
ALEXÉI
¿Dónde me espera?
DOCTOR BELIAL
¿Dónde? Busque...
El DOCTOR BELIAL marcha pasillo adelante.

SEC. 20. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE
ALEXÉI entra en la biblioteca, libre de presencia humana alguna.
Apenas un par de velas iluminan al fondo el escritorio.
ALEXÉI se acerca y encuentra sobre el escritorio un grueso cuaderno. Lee la etiqueta de la tapa:
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Diario de Elena.
Toma asiento, y pese a su mutilación, logra abrirlo con los dos brazos.
El texto, escrito a mano, también tiene apegadas imágenes. Una de ellas, llama su atención: es el grabado del diablo.
ALEXÉI comienza a leer:
VOZ EN OFF DE ELENA
Las paredes tiemblan, los días se acortan hasta llegar la noche, y tras el tímido resplandor de una vela, algo inquieta incomprensiblemente mi estancia en este lugar. Es un miedo tan inextricable como coherente, lo que todavía me hace pensar que soy...

SEC. 21. INT. DORMITORIO ELENA CASTILLO. NOCHE
Elena, sentada en su cama y con el cuaderno abierto sobre las piernas, escribe a pluma.
VOZ EN OFF DE ELENA
...humana. En pocas palabras: escribo desde el desconocimiento procurando inútilmente acercarme a una posible respuesta que logre tranquilizar mi conciencia... pero quizá eso sea demasiado pedir.

SEC. 22. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE
ALEXÉI, atento, no quita los ojos del texto:
VOZ EN OFF DE ELENA
Desde mi primera noche entre estas horrendas siete paredes no he logrado alcanzar ni el más nimio de los sueños. Todo son pesadillas...

SEC. 23. INT. PASILLOS CASTILLO. NOCHE
ELENA, candelabro en mano, camina por los pasillos en camisón. Una cierta corriente moviliza al aire sus cabellos.
VOZ EN OFF DE ELENA
...pesadillas y falta de sueño. Ya no duermo apenas... Ni siento las piernas. Me deslizo como un fantasma por los pasillos laberínticos e interminables de esta casa-castillo... y siempre llego al mismo sitio.
ELENA llega al cruce de los tres pasillos.

SEC. 24. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE
ALEXÉI sigue leyendo...
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Es al llegar allí... y un estremecimiento indefinible, algo que no comprendo ni quiero comprender, eriza mis músculos y roe mis huesos...
...pero, movido por algún extraño presentimiento, abandona la lectura... y fija su vista al fondo de la biblioteca.
VOZ EN OFF DE ELENA
De todos los que allí abajo se hundían... salió uno. ¿Qué Borís? ¿Qué respuesta esperabas, mi querido Alexéi?
ALEXÉI se pone en pie y comienza a caminar en dirección hacia el armario.
Llega, y dado el impedimento que le supone carecer de manos, lo abre con la boca, clavando sus dientes en el manillar.
ALEXÉI descubre un armario vacío... y sin falso fondo.
Comienza a golpear, pero todo resulta inútil.
Decide probar con el pie, y da varios taconazos al fondo...
Convencido de su error, ALEXÉI se pone en pie...
...pero al darse la vuelta, descubre una figura envuelta en sombras.
La figura se le acerca, y a la luz, muestra su rostro: es el DOCTOR BELIAL, pero vestido a la manera del HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA.
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Eterno niño iluso, ¿qué buscas sin manos por ese armario? ¿No ves que ya estás dentro? De nada te servirá buscarle otro fondo al fondo. Es inútil.
ALEXÉI
¿Y cuál es su fondo?
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¿Qué fondo? Yo no tengo fondo... soy el fondo.
ALEXÉI
El fondo de la superficie. De lo más falso... ¿en verdad esto es el infierno?
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Nunca lo sabré, pero los indicios me animan a pensar que el infierno está mucho más abajo.
ALEXÉI
Se está contradiciendo, ¿no cree?
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
No es nada fácil perderse en la encrucijada.
ALEXÉI
Es una sensación que todos hemos experimentado. Algo nos detiene, y no podemos avanzar. ¿Qué cargo tiene usted aquí?
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Esa pregunta supera mis márgenes... pero mire ahora por el armario, y quizá resuelva su pregunta sin jugarme la reputación.
ALEXÉI vuelve junto al armario... y, con un simple empujón, hunde el falso fondo.
Al asomarse al agujero con el que se abre la gruta, el DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA lo empuja...
Se escucha el grito que se pierde en las profundidades.
A escasos metros del armario, un gato negro devora una rata moribunda.

SEC. 25. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA
ALEXÉI, con sus manos intactas, pinta un lienzo sobre el caballete. Es una vista idílica del paisaje.
Sentada en el poyo y leyendo un libro está ELENA.
ALEXÉI aparta su vista de la tela y observa a su hijastra...
...pero algo extraño quiebra la amable expresión de su rostro.
En efecto, ELENA no se mueve, carece de movimiento.
ALEXÉI se acerca a ella...
ALEXÉI
¿Elena?
...y descubre que ELENA es de porcelana; no así el libro.
ALEXÉI, tembloroso, coge el libro: es el Diario de Elena.
Lo abre por una página al azar, y lee:
VOZ EN OFF DE ELENA
Lo peor de todo no es pisar tierra, ni ignorar lo que vendrá después. Lo peor de todo es...
Pero el Diario se le cae de las manos.
Siente algo que de él empuja hacia bajo; es una fuerza extraña que perciben sus huesos y retuercen sus músculos. Agacha la cabeza y mira al suelo: sus piernas ya no son las de antes: son de algo parecido a la cera, derritiéndose lentamente y mezclándose entre la hierba.
ALEXÉI grita inútilmente:
ALEXÉI
¡¡No!!
Las piernas ya se han derretido por completo. Ahora su cuerpo arranca a la altura de la cintura, y sigue derritiéndose lenta pero inexorablemente.
Ya no puede ni hablar; apenas sí mover los labios para no conseguir el mínimo sonido.
Todo su alrededor es cera esparcida...
...y ahora, sus brazos también se derriten...
...y también el cuello, quedando su cabeza pegada a la altura del suelo.
VOZ EN OFF DE ELENA
Lo peor de todo es ser su esclavo para toda la eternidad...
De repente, deja de derretirse: ALEXÉI es una cabeza viva que clavada al suelo intenta en vano articular sus blancuzcos labios para no decir nada.
VOZ EN OFF DE ELENA (Resonante.)
...para toda la eternidad... toda la eternidad...
De pronto, aparece por la puerta de acceso al castillo un personaje que ya conocemos de algo: es GUARINO, en cuya mirada para nada oculta un odio indescriptible para con lo que queda de ALEXÉI, a quien se acerca y, en un tono jocoso, planta su pie junto a su cabeza.
GUARINO (Sin apartar la vista del horizonte.)
Tenía miedo. ¿No puede hablar? Tranquilo, muy pronto podrá... Al principio todos lo pasan mal, aunque después... Ya irá viendo, ya. No es agradable, créame. Pero su sitio está aquí, entre los condenados, los que no volverán a ver la luz. Vamos, abra los ojos, mire ese sol maravilloso que en poco ya no volverá a ver, ¿a qué espera?
Pero ALEXÉI ni se esfuerza en mirar. Sus pensamientos están en otra parte.
GUARINO
Bueno, se le acabó el tiempo.
GUARINO se agacha, recoge la cabeza de ALEXÉI y la coloca sobre una bandeja de plata.
GUARINO
Yo perdono, amigo, pero no olvido, y usted me asesinó con una indolencia horrenda para ser hombre de artes, y eso, créame, no se lo desearía ni a mi peor enemigo.
ALEXÉI le lanza a GUARINO una mirada despectiva.
GUARINO (Serio.)
Yo no mate a Elena, señor. Fue ella la que buscó su propia muerte sobrepasando la línea...
Y sin más, GUARINO comienza a caminar hacia el castillo con la bandeja que lleva la cabeza de ALEXÉI.
GUARINO
No es bueno tentar al diablo en períodos de crisis.
Entran, y tras ellos, la puerta se cierra.
Un grito terrible se produce en el interior.
Al cerrarse la puerta descubrimos que el jardín deja de ser tal: es un espacio de fuego donde todo arde: la Elena de porcelana, el caballete con el lienzo y las pinturas, el Diario...

SEC. 26. INT. COMEDOR CASTILLO
Sobre la larga mesa rectangular, aparecen reunidas cuatro cabezas sobre cuatro bandejas: ALEXÉI, su MADRE, ELENA y BORÍS. Cabezas llenas de vida, que pestañean, fruncen el ceño y se retuercen, aunque no pueden hablar.
A un lado y de pie, observando tranquilamente la escena, GUARINO.
GUARINO
No se impacienten, pronto vendrá el señor Belial.
Y, efectivamente, en ese mismo instante aparece por la puerta el DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA (BELIAL desde ahora), vestido con un traje de chaqueta negro y con un gato negro entre sus brazos.
BELIAL (A Guarino, con desprecio.)
Vete.
GUARINO hace una torpe reverencia...
GUARINO
Sí, mi señor.
...y se retira.
BELIAL toma asiento presidiendo la mesa y deja el gato sobre la mesa, a su lado. Las cabezas miran al animal con resentimiento.
BELIAL lanza una terrible carcajada al aire.
BELIAL
¡Malditos descabezados! Es curioso, no mirasteis nunca con la cabeza bien puesta vuestro papel en el mundo de arriba, y ahora...
El gato deja su posición reposada y comienza a recorrer la mesa.
BELIAL (Mirando a Elena.)
Ciertos juegos en manos de jovencitas no hacen sino más divertido el placer de observarlas. ¿Qué me dice, Elena?
El gato se detiene escrutando con su inquietante mirada a BORÍS.
BELIAL (A Elena.)
No intente responderme. No podrá.
El gato levanta su garra derecha y la posa con sumo cuidado sobre la nariz de BORÍS, quien asustado cierra los ojos.
BELIAL (Al gato.)
Vamos, minino, dale a ese blasfemo lo que se merece. ¡Vamos!
El gato quita la pata con violencia y al hacerlo da un profundo arañazo a BORÍS...
BELIAL (Nuevamente al gato.)
¡No ofendas esas garras que llevas y que para empresas tales fueron creadas!
Al poco, enfurecido como una bestia, el gato se agarra a la cabeza, tirándola de la mesa y devorándola a mordiscos en el suelo. BORÍS comienza a gritar: los gritos son cada vez más constantes... hasta que al final cesan.
BELIAL sonríe tranquilamente: es esa sonrisa afectada que ya conoce ALEXÉI.
La cabeza de BORÍS es una masa pastosa que se expande repugnantemente por el suelo.
El gato sube a la mesa, volviendo de nuevo al lado de BELIAL, quien cariñoso, lo coge de una pata, pata que muestra sus desgarradoras y ensangrentadas uñas.
BELIAL
Los infames recibirán su castigo. Él era el primero, y también el más primario. Era un niño ofensivo que atentaba con su presencia mi ánimo. Ni él sabía lo importante que era.
ALEXÉI escucha molesto, incapaz de comprender el fondo de las palabras. Su MADRE mira con fijeza a ELENA, que aterrorizada, llora discretamente, trasluce su desconcierto en una mueca de insufrible desconfianza.
BELIAL
Sois tres ratas, tres ratas asquerosas que eliminaré sin contradecir las reglas de mi juego. ¿No os veis? ¡Miraos en el otro! Toda vuestra simpleza descansa en vuestras insultantes cabezas. Cabezas, soportes de miseria y vulgaridad. ¿No os avergonzáis de tan vergonzosa naturaleza? ¡Humana naturaleza! Si no sois más que desecho y degradación. Ni al lado del Bien... ni del Mal, siquiera. En vuestra indiferencia lográis atentar contra los dos territorios que desde vuestra estupidez teológica diferenciáis como Cielo, por un lado, e Infierno, por otro... Caras inevitables de una misma moneda. ¡Tonterías! La madre que quería abortar. El hijo que se regodeó del asesinato de su madre y escupió sobre su tumba alegremente. La hijastra del hijo de la madre, que en su ingenuidad quiso pronunciar en vano el nombre del Malo. ¿Qué no sois sino la reunión de la estupidez simplificada que sobre la tierra pesa? Os odiáis y os amáis según intereses absurdos que en vuestra vida absurda da coherencia al absurdo del absurdo. ¡Me dais asco!
Entonces, BELIAL se transforma en una instantánea llamarada que envuelve a la habitación entera en llamas... y con ellas y entre gritos desesperados, desaparecen las cabezas...
FUNDE A NEGRO.

SEC. 27. LLANURA DE FUEGO
Bajo un cielo rojizo de irrespirable atmósfera irrumpe una inmensa pradera envuelta en un todo armónico de fuego.
Por uno de los muchos caminos que arrancan de las profundidades sale una carreta tirada de dos bestias negras sin cabezas. Encerrados en jaulas individuales, una veinte de individuos se retuercen de dolor a cada embestida... Entre ellos está ALEXÉI, atado de manos y semidesnudo, lleno de moratones y sangrando por el cuello, rodeado de cadenas.
Al lado del camino, en un lago de lava dos seres deformes se bañan entre gritos terribles de agonía.
En el otro extremo de la carreta está, también semidesnuda y herida, ELENA. Sangra su cuello.
Los cuerpos ardientes de los dos seres deformes se disuelven pasando al aire. Una corriente de gas arrastra las cenizas hasta la carreta.

SEC. 28. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. NOCHE
ALEXÉI despierta entre sudores sobresaltado tras una pesadilla.
A su lado y en camisón, cogiéndolo de la mano, ELENA.
ELENA (Tranquilizadora.)
Vamos, Alexéi, despierta, despierta... Es un mal sueño, y estás aquí, conmigo. Soy yo.
ALEXÉI (Muy nervioso.)
No puede ser, Elena, no puede ser. Lo he visto. ¡Lo he visto!
ELENA (Progresivamente inquieta.)
¿Qué has visto?
ALEXÉI saca de entre las mantas sus manos y las observa. Se sorprende al descubrir que todavía las conserva.
ALEXÉI (Tras un breve silencio.)
Pecaría de impreciso si me pusiese a describirte mis fantasías. No tiene palabras las fantasías de un loco. Ni las tuvieron ni las tendrán.
ELENA
Haz un esfuerzo, por favor.
ALEXÉI
No puedo, no puedo... ¡no puedo!
ALEXÉI se levanta con violencia de la cama y abandona precipitado su habitación. Da un portazo al salir.
ELENA, sola, detiene su mirada en la ventana: un destello blanco llama su atención, y se acerca.
Al llegar, descubre sorprendida que proviene del lago. La luna está llena, y su reflejo se adentra, resplandeciente, en las aguas del lago.
ELENA abandona el dormitorio.

SEC. 29. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE
Arrodillado, a la luz de unas velas, ALEXÉI busca dentro del armario el agujero que conduce a la gruta. Mas de nada sirve: un fondo plano y duro anticipa la presencia del muro.
VOZ DE ELENA
¿Qué buscas?
ALEXÉI se gira precipitadamente y encuentra a ELENA bajo el marco de la puerta, candelabro en mano.
ELENA
Dudo de la supuesta franqueza de tus palabras, Alexéi. ¿Qué pretendes hacerme creer? Hablemos con seriedad...
Irritado, ALEXÉI se pone en pie, y con la voz alta, le replica:
ALEXÉI
No sigas por ese camino, por Dios. Sabemos que aquí pasa algo... algo extraño...
ELENA
Pero, dime, ¿qué es eso que tanta inquietud te produce?
ALEXÉI (Comenzando a temblar, comenzando a sudar.)
Desde el principio sospeché que me ocultabas algo. ¿Qué podía ser? A cada rato me preguntaba lo mismo de manera inconsciente y distanciada. Por momentos intuía que me estabas tendiendo una trampa... pero me equivoqué. Tú también estabas dentro de la encerrona que nos habían tendido. ¿Quién? No lo sé.
ELENA deja el candelabro sobre la esquina de la estantería y se acerca lentamente a ALEXÉI.
ALEXÉI
Es algo que excede mi entendimiento... Quizá sea la casa. Quizá tenga algo que ver con ese enano malvado que dice ser tu criado. No lo sé.
ELENA, junto a ALEXÉI, pasa su mano por la húmeda frente de éste.
ELENA (Sonriendo ambiguamente.)
Mi amor, mi ingenuo amor, ¿acaso es que ya no me quieres?
De pronto, del interior del armario surge un sonido que al poco reconocemos: es el maullido de un gato.
ALEXÉI, aterrorizado, se vuelve.
ALEXÉI (Mientras los maullidos se intensifican.)
¿Lo escuchas, Elena?
ELENA asiente... y apartándose de ALEXÉI, se acerca al armario... mete sus brazos dentro... y del interior saca un gato negro.
ALEXÉI (Desfallecido.)
Deshazte de esa bestia, cariño.
Al oír tales palabras, el gato, como comprendiendo la ofensa, abre sus fauces y, enseñando sus garras, salta de los brazos de ELENA para caer con incontenible furia sobre el rostro de ALEXÉI.
El grito estremecedor de ALEXÉI.

SEC. 30. INT. CRUCE DE LOS TRES PASILLOS - HABITACIÓN DEL PEZ CASTILLO. NOCHE
En la oscuridad de la noche, a la luz de una vela que lleva en su diestra, ALEXÉI niño, firme en el centro del cruce de pasillos, escucha una indefinida voz que lo llama con monótona insistencia:
VOZ
Alexéi... Alexéi...
Tentado, ALEXÉI comienza a andar, encaminándose por el primer pasillo, el más oscuro, ya no digamos en la noche.
Al fondo, la vela solitaria resplandece, y aunque su llama es pobre, ilumina pobremente a modo de punto de fuga.
La monocorde voz insiste, cada vez más próxima, elevada:
VOZ
Alexéi... Alexéi...
Al llegar a la altura de la puerta en cuya hoja aparece tallado un pez, se detiene.
Pone su mano en el picaporte, y abre.
Dentro, sentado en una silla de ruedas, está su decrépito TÍO, físicamente idéntico a BORÍS.
TÍO
Alexéi... Alexéi...
ALEXÉI se acerca a su TÍO.
ALEXÉI
¿Qué pasa, tío?
TÍO (Cogiendo a su sobrino del brazo.)
Es tu madre, Alexéi.
ALEXÉI observa extrañado a su TÍO: intuye que algo le oculta.
TÍO
Quiere acabar con tu tío... Quiere matarme.
El TÍO insiste:
TÍO
Escucha... Debes creer en mis palabras, Alexéi. No hablo por hablar. Mira, mira...
El TÍO saca de la manta sus manos...
TÍO (Llorando.)
¡Ya no tengo... manos!
...que no son tales, por mutiladas.
ALEXÉI se estremece...
TÍO
Me las cortó mientras dormía. Me drogó durante la cena. No viste la copa que me hizo beber. Mira, mira de lejos lo que tienes tan cerca, por favor.
...y abandona corriendo la habitación.
TÍO
¡Alexéi! ¡Vuelve, Alexéi!

SEC. 31. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. NOCHE
ALEXÉI niño duerme: por su agitación comprendemos que está pasando por una pesadilla.
Una luz cada vez más próxima a la cama ilumina su rostro.
Una mano se posa sobre su frente.
VOZ DE LA MADRE
Alexéi, mi niño, despierta.
ALEXÉI abre los ojos. Su MADRE está a su lado, sentada a los pies de la cama.
MADRE (Con lágrimas en los ojos.)
El tío acaba de morir.
Pero ALEXÉI permanece en apariencia indemne.
MADRE
¿No oyes lo que te digo?
Súbita e inexplicablemente, la MADRE se torna histérica, y cogiendo a ALEXÉI del cuello, grita violenta:
MADRE
¡Maldito niño egoísta! ¿Te lo contó todo, verdad? ¡Sí!
ALEXÉI reacciona.
ALEXÉI (Casi ahogado por las manos de su madre.)
Su...él...ta...me...
De pronto, irrumpe en la habitación una corriente de aire...
...y su MADRE desaparece, "convirtiéndose" en el gato negro.
ALEXÉI tira al animal de la cama.
Al mirarse al espejo del armario empotrado, descubre un profundo arañazo que rasga en dos su rostro.

SEC. 32. LLANURA DE FUEGO - GRUTA DEL FÓSFORO
La carreta tirada por las dos bestias negras sin cabezas sigue su curso.
Los condenados, vociferantes, siguen retorciéndose en un todo absurdo.
El encadenado ALEXÉI, con serias ampollas por todo su cuerpo, mira al suelo: es una superficie repugnante de larvas rojizas...
ELENA, medio asfixiada, procura escapar de las garras de un hombre deforme que, desde la jaula de al lado, la manosea con sus extrañas manos: dos amenazantes ganchos de hierro.
La carreta toma un camino secundario y se adentra por un desnivel bajo tierra, entrando a una profunda gruta por cuyas paredes de fósforo se retuercen varios seres extraños que nacen de las misma, pegados sus gelatinosos cuerpos a la misma.

SEC. 33. INT. PASILLOS CASTILLO. NOCHE
ALEXÉI adulto corre despavorido y con el rostro ensangrentado por los pasillos...

SEC. 34. CRUCE DE GALERÍAS. GRUTA DEL FÓSFORO
La carreta se detiene en un cruce de galerías.

SEC. 35. INT. CRUCE DE LOS TRES PASILLOS - HABITACIÓN DEL PEZ CASTILLO. NOCHE
...ALEXÉI cruza corriendo el cruce de los tres pasillos hasta llegar a la puerta del pez tallado.
Abre la puerta, y entra...
...descubriendo a su TÍO de hace cuarenta años, sin manos, atado de la cintura... y con un cuchillo clavado en el pecho.

SEC. 36. CRUCE DE GALERÍAS - BOCA DEL INFIERNO
Varios diablos van bajando de la carreta las jaulas con los encadenados.
El diablo que lleva la que porta a ALEXÉI es el primero en acercarse a la boca del infierno: una enorme cabeza de gato con las fauces abiertas.

SEC. 37. INT. PASILLOS CASTILLO. NOCHE
ALEXÉI adulto corre despavorido y con el rostro ensangrentado por los pasillos...

SEC. 38. BOCA DEL INFIERNO
ALEXÉI enjaulado es devorado por la enorme cabeza de gato entre terribles gritos que resuenan.

SEC. 39. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. NOCHE
ALEXÉI niño sigue mirándose al espejo: del profundo arañazo que rasga su rostro brota la sangre en abundancia.
ALEXÉI adulto entra a la habitación, descubriéndose en su pasado. Empero, ALEXÉI niño no advierte la presencia, de su "yo adulto".
ALEXÉI adulto, destrozado por algún oscuro presentimiento, cae al suelo, derrumbándose sobre sus piernas, y comienza a llorar sin despegar la cabeza del suelo.


FIN