22 de mayo de 2008

Elegía romana y Doble coda. Acaso el susurro de la juventud florida


Sir Lawrence Alma-Tadema: Las rosas de Heliogábalo (1888)



No adornéis mi tumba
con gladiolos ni violetas.

Tan sólo dejad que crezca la hierba
para así en ella
mi espíritu renazca.

Pero no olvidéis que un día,
cuando el sol asome tras la tormenta,
y los pajarillos canten,
glorifiquen la belleza nueva,
que con ese día habrá llegado mi amada,
nostálgica de un inerte recuerdo.

- ¡Treinta años han pasado! -dirá
la desventurada frente a mi tumba.

Treinta, sí, ¡qué bien los has contado!

Y alargando el arrugado brazo,
arrancará el último rastrojo, ¡el último!

- ¿Es esto lo único que de ti queda,
desgraciado sufriente mío? -Y sí,
eso y nada más se llevará bajo el brazo.

Y en casa, sentada al fin ante su memoria,
quizá incluso abatida, piense, se pregunte:

- ¿Por qué, Amor, por qué no oí
el susurro de la juventud florida?
¿Por qué no? ¿Por qué?



DOBLE CODA

Al divino Goethe: FAUSTIANA

Si vendiendo mi alma al diablo
pudiera hacer tu corazón mío,
¡con qué gozosa alegría
pagaría el tributo al Malo!

¡Ay! Todo mi ser está podrido,
¿no oyes, astuto Satán,
lo que te estoy pidiendo?
Sólo eso a cambio de mi alma.

Treinta años de felicidad en la tierra
a costa de mi condenación eterna.

Treinta primaveras de amor
por un infierno abrasador.

Treinta vueltas al sol
junto a la fuente de mi calor.

¿Oyes a tu siervo, Satán,
o es que te haces el sordo?

¡Díos mío, qué enfermo
podrido y vacío y sediento
estoy por dentro!

Si al menos el jarabe de Amor
pudiera curarme de esto,
¡cantando pondría mi alma a salvo!



Telón: UNA DEFINICIÓN INGENUA DEL AMOR

Amor es imagen resplandeciente,
rostro de mujer incandescente.

Jamás rima ni conduce a Roma,
por más de aquellos peregrinos
que en Él se enzarzan
hoy por dar con esa mora,
mañana con ese ramo,
o con cualquier otra
espinosa forma de simulacro.

¡Qué mal conocen a Amor!

Bajo toda leve apariencia,
oculta queda la llama
estremecedora de su conciencia.

Somos débiles ante sus ojos,
frágiles como tallos de amapola,
efímeros cual miel de colmena,
caduco así el fruto hoy caído.
¡Así es su ciencia!

Amor nos quema y nos enfría,
arde en nosotros para luego helarnos.

No sospecha ni de sí mismo.

La seguridad de su éxito
es su inmortalidad,
y el precio de nuestras vidas,
su única verdad.

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