10 de abril de 2008

VERDE FUEGO (Guión cinematográfico, 2005)

Cartel de la película FUEGO VERDE. ¿Alguien la recuerda?
ABRE DE NEGRO:
(Sec. 0)
Imágenes documentales de la selva en los albores del siglo XX.
Un reportero, micrófono en mano, se acerca a la cámara, dejando en segundo plano las imágenes documentales.
REPORTERO
- La humanidad asiste indiferente a su desenlace, y para ello pone las manos en el fogón, incansable aunque inconscientemente. Se han preguntado, estimados receptores, ¿qué es el miedo? No les daré una respuesta concreta, ya que sería absurdo, pero miren a su alrededor, sopesen la opinión de la multitud anulada, e intuyan que tras estas hermosas imágenes de una selva hoy por hoy extinguida se oculta algo mucho más hermoso: algo que va más allá de toda imagen. Dijo un anónimo pensador que una imagen no valía más que mil palabras, ya que lo artificial empieza justo ahí.
Un fondo verde esmeralda va eclipsando las imágenes documentales; sobre él se escucha "el ruido de la selva"; no tarda en aparecer sobreimpreso el siguiente contenido:
"Una lectura desde dentro no es PROBABLEMENTE una lectura"
DOCTOR BELIAL
ABRE DE VERDE:

SEC. 1. EXT-INT. JARDÍN CASTILLO - VESTÍBULO CASTILLO. DÍA

La quietud...
...y de pronto, irrumpe un ruido atroz: proviene del motor de un automóvil.
El automóvil se detiene a los pies del jardín.
A través de la radio conectada escuchamos por lo bajo pero con claridad la VOZ DEL REPORTERO.
VOZ EN OFF DEL REPORTERO
La pregunta es: ¿Sobreviviremos? La destrucción de los pulmones del mundo es el claro precedente a la temida pregunta. Ni los menos despiertos ignoran tan cruda realidad, pues la sienten. Todos la sentimos. El planeta no tardará en...
El conductor apaga la radio. Del automóvil sale un hombre de unos cincuenta años, ALEXÉI, de cuyo rostro, expresivamente envejecido y cansado, destaca una profunda cicatriz que lo divide en dos.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
El planeta no tardará en estallar. No podía ser otra...
Antes de avanzar hacia la entrada se queda unos segundos observando la fachada del edificio, mole inmensa de piedra.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
...y aunque tenía otros planes en la agenda, opté por ir al castillo sin saber muy bien para qué. A decir verdad, lo que me alertó fueron las cartas de mi hijastra Elena. En ellas aparecía lo inusitado, es decir, lo que de niña siempre me había negado de palabra.
ALEXÉI comienza a caminar en dirección a la puerta, a unos quince pasos de distancia.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Era difícil asumir el significado de sus incomprensibles propuestas... Parecían tramadas por un loco, por una mano perversa y enferma, amiga del doble juego, y eso... aunque no dejase de ser un segundo padre, me alarmó... Pero, ¿acaso esas cartas iban dirigidas a mí?
ALEXÉI llega a la puerta.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
¿No serían la correspondencia perdida de otro tiempo a su vez detenido tras la desaparición de su verdadero destinatario?
Toca el timbre dos veces.
Al poco, la puerta se abre: bajo el umbral, aparece GUARINO, el criado, un enano de unos sesenta años, de aspecto desagradable.
GUARINO (Haciendo un ademán con la mano.)
Le estaba esperando.
ALEXÉI pasa al interior.
GUARINO cierra la puerta con cierta dificultad.
ALEXÉI observa el enorme vestíbulo que se abre ante sus ojos.
Unas telarañas penden del techo: una ligera corriente de aire las remueve.
ALEXÉI (Impaciente.)
¿Y Elena?
GUARINO enciende las velas del candelabro.
GUARINO
Sigue en la biblioteca.
ALEXÉI
¿No vendió los libros?
GUARINO
A punto estuvo, pero encontró algo. Por lo que he podido observar lleva allí más de un mes encerrada. Salvo para comer y dormir... no sale apenas. ¡Malditos libros!
ALEXÉI se percata del candelabro.
ALEXÉI
Entiendo...
GUARINO (Con un tono algo jocoso.)
¿Usted?
ALEXÉI
¿Todavía no tienen luz eléctrica?
GUARINO suspira, asiente.
ALEXÉI
¿Y el timbre?
Las cinco velas ya están encendidas.
GUARINO
Fue un capricho de la señorita... Mejor dicho, una necesidad del servicio. Ya supondrá usted que las dimensiones de este castillo son enormes... y el oído a un servidor le comienza a fallar... pero para lo demás... velas.
ALEXÉI se encoge de hombros.
GUARINO
Es lo mejor. Alejan a los malos espíritus y encienden la cerrazón del alma. No importan las razones. Acaso primen en otras elevadas misiones, pero no aquí. Aquí nunca. De ningún modo. Sería contradecir la esencia del espíritu recogido y amigo del buen entendimiento. A la luz de las velas todo es más sentido.
ALEXÉI (Contrariado, casi tomándolo por un loco.)
Lléveme junto a ella, por favor.
GUARINO
Sígame.
Los dos se ponen en marcha. GUARINO primero, alumbrando con el candelabro y seguido de ALEXÉI.
GUARINO
Ya sabrá que en ocasiones los caminos más cortos se alargan incomprensiblemente. Yo le digo que a la luz de una vela incluso el más insospechado camino se vuelve manso y arañador...
Se pierden por un frío y oscuro pasillo.

SEC. 2. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. DÍA

La biblioteca es un oscuro rectángulo de grandes dimensiones. El perímetro está salpicado de estanterías llenas de libros. Al fondo, en el escritorio y a la luz de media docena de velas, ELENA, hermosa joven de escasos veinte años, pasa las páginas de un libro.
Se abre la puerta.
Aparece GUARINO, seguido de ALEXÉI.
GUARINO
Señorita Elena.
ELENA levanta la cabeza del libro.
GUARINO
El señor Alexéi.
ELENA se levanta y acude alborozada al encuentro de ALEXÉI.
ELENA
¡Alexéi!
En la página por la que está abierto el libro descubrimos un grabado del diablo.
ELENA y ALEXÉI se abrazan apasionadamente.
GUARINO se retira, cerrando la puerta tras él.
ELENA (Casi llorando.)
Por poco te pierdo, cariño.
ALEXÉI (Tierno, pasándole la mano por el cabello.)
No digas eso, no me has perdido, me tienes aquí, de carne y hueso, tan vivo como siempre, incluso más.
ELENA
De carne y hueso. ¡Qué bonitas palabras! De carne y hueso... palabras que aunque no siempre oportunas hoy y aquí no están de más. Y a todo esto, ¿sigues pintando?
ALEXÉI
Creo que la inspiración todavía no me ha abandonado... si a eso es a lo que te refieres. Han sido muchos los años de incertidumbre y decadencia, y ahora, después de todo, creo encontrar un buen apoyo en mi madurez para poder afrontar algo más importante y sustancioso. Pero el pasado, Elena... el pasado pesa, y mucho.
ELENA
Ya... Al morir mamá pensé que todo volvería a ser como antes... Pero no, y no me regañes... Yo te amo, Alexéi, te sigo amando... Siempre he querido apartarme de ti, haciendo honor a tus consejos, pero no he podido, ni puedo...
Lentamente, dejan de abrazarse.
ALEXÉI (Algo afligido.)
La muerte de tu madre supuso un duro golpe para mí... y me ayudó a mirar las cosas con otros ojos, más de cerca... pero la cercanía no es lo que parece. En ocasiones lo bello visto de cerca pierde toda su aura misteriosa, y se nos revela arbitrario y carente de sentido.
ELENA
No entiendo...
ALEXÉI (Cogiéndola del brazo.)
Elena, lo que quiero decir en pocas palabras es que aunque no seas hija mía por naturaleza... sí lo eres de mi difunta mujer, tu madre. ¿Todavía no lo entiendes?
ELENA, afligida, deja caer su cabeza sobre el hombro de ALEXÉI.
ELENA
Por el amor de Dios, no seas como los otros. ¡Esa mentalidad tan cerrada! Lo que entre vosotros surgiese no es de mi incumbencia, pero no seas tan rígido y míralo desde mi lado... No es tan difícil.
ALEXÉI (Volviéndola a abrazar.)
Lo intento, mi niña, lo intento... Los años pasan y pasan contra la voluntad de uno, y basta soñar en un brillante futuro para darse cuenta una vez conseguido el empeño de que lo que nos asfixió durante tantas horas no era tan importante como en realidad nos parecía...
ELENA
Alexéi, ven... Sentémonos. Hablemos sin tanto artificio retórico.
Van hacia una de las mesas próximas a la ventana.
ELENA
La vida no es una obrita de teatro en un acto.
Se sientan, cara a cara.
ALEXÉI
Es algo mucho más cercano a Chejov que a Shakespeare.
ELENA (Recitando con apropiada voz el conocido Soneto de Shakespeare.)
Mella, Tiempo voraz, del león las garras, / deja a la tierra devorar sus brotes, / arranca al tigre su colmillo agudo, / quema al añoso fénix en su sangre. // Mientras huyes con pies alados, Tiempo, / da vida a la estación, triste o alegre, / y haz lo que quieras, marchitando al mundo. / Pero un crimen odioso te prohibió: / no cinceles la frente de mi amor, / ni la dibujes con tu pluma antigua; / permite que tu senda siga, intacto, / ideal sempiterno de hermosura. // O afréntalo si quieres, Tiempo viejo, / mi amor será en mis versos siempre joven.
ALEXÉI, henchido de orgullo, coge a ELENA de la mano.
ALEXÉI (Tras una pausa.)
Precioso, precioso, pero entre Shakespeare y nosotros dista un tiempo viejo, y el sentir cambia... Elena, estoy preocupado.
ELENA
¿Es por mis cartas?
ALEXÉI asiente.
ALEXÉI
Unas cartas que han amargado mis últimos días. No diré nada más para no ofenderte.
ELENA (Irritada.)
Dime, ¿y qué querías que hiciese? Estaba cansada de suplicarte como una niña estúpida algo que sabía me ibas a negar.
ALEXÉI
Eres demasiado egoísta y tendenciosa. La vida de un pintor con ínfulas no es fácil, mi niña.
ELENA
Deja de llamarme mi-niña. ¡No soy ninguna niña! Soy una mujer, ¿no lo ves? De carne y hueso, ¿o es que no te gusto? Dime, ¿eh?
ALEXÉI (Cubriéndose la cara con las manos.)
No es eso, no es eso... ¡Por el amor de Dios!
ELENA
¿Eso es todo?
ALEXÉI
Claro que no es todo. ¿Qué podría ser todo en el caso de poder serlo?
ELENA
Será mejor que hables más claro, Alexéi.
ALEXÉI (Poniéndose en pie, dolido.)
Déjame, Elena, por favor... Estoy muy cansado... Ya hablaremos después. No quisiera estropearte la ilusión de mi regreso.
ELENA
Muy bien. Descansa. Encontrarás la habitación preparada. Todo estará en orden. Puedes estar seguro.
ALEXÉI abandona la biblioteca.
ELENA, sola de nuevo, vuelve al escritorio.
Ya sentada, y con el grabado del diablo a la vista, toma una tijera y lo recorta.

SEC. 3. INT. DORMITORIO ALEXÉI - PASILLOS CASTILLO. DÍA

ALEXÉI mira por la ventana. Ante sus ojos aparece un precioso paisaje: el lago, en primer término, y después, el bosque, inmenso.
La habitación es amplia y está ricamente decorada, con un gran predominio del color rojo. Sobre la cama está la maleta, todavía cerrada.
ALEXÉI pasa la cortina de la ventana y se acerca a la maleta. La abre y saca de ella la ropa, que deja cuidadosamente sobre la mesilla. Del bolsillo de una chaqueta saca un objeto envuelto en un trapo negro.
Lo desenvuelve: es una pistola. La empuña y apunta al espejo del armario empotrado: en él aparece reflejado.
De pronto, se escucha un ruido, seco y muy próximo. ALEXÉI, expectante, oculta la pistola bajo una camisa y, detenidamente, recorre visualmente la habitación.
El ruido de antes se repite: proviene del mismo armario empotrado.
ALEXÉI se acerca lentamente y... abre a la vez las dos puertas.
Sorprendido, descubre que al fondo algo se mueve. Lo agarra y con gran fuerza estira.
ALEXÉI (Violento.)
¡Te cogí!
Logra sacarlo: es un hombre de unos treinta años, sucio y lamentablemente vestido.
ALEXÉI (Algo asustado.)
¿Quién... es usted? ¿Qué... hacía dentro del armario?
El hombre, de nombre BORÍS, se acerca tembloroso a ALEXÉI y, sin poder apenas mirarle a los ojos, dice torpemente:
BORÍS
Busco la salida, sabe... llevo todo el día buscándola... por favor, ¿dónde está la salida?
ALEXÉI, que no da crédito a tales palabras, se inquieta y, presuroso, le vuelve a preguntar:
ALEXÉI
¿Quién es usted? ¿Cómo se llama? ¡Hable!
BORÍS, más tranquilo, alza la vista lentamente y responde:
BORÍS
Me llamo... Borís. ¡La salida! Por favor... ¡Una salida!
BORÍS se arrodilla, suplicante, casi besando los zapatos de ALEXÉI. Éste, desconcertado, vuelve sobre sus pasos hasta la cama, en la que se sienta.
BORÍS
¡La salida! Por favor...
ALEXÉI alarga su mano disimuladamente y alcanza la pistola, empuñándola... para poco después apuntar a BORÍS. Pero éste sigue arrodillado, sin despegar la vista del suelo.
ALEXÉI (Poniéndose en pie, endureciendo su voz.)
Usted es un ladrón, ¿no?
BORÍS, lleno de ira y contradicción, alza la cabeza y, al ver la pistola que le apunta, se levanta malamente y marcha corriendo, abandonando la habitación, pasillo adelante.
Pistola en mano, ALEXÉI lo persigue por el pasillo...
ALEXÉI
¡Borís! ¡Venga aquí! ¡Borís!
...pero pronto lo pierda de vista.
ALEXÉI
¡Borís!
Varios metros más allá, ALEXÉI llega a un cruce de tres pasillos.
El primer pasillo es el más oscuro. Apenas al fondo resplandece la llama de una vela solitaria.
El segundo pasillo lleva a unas escaleras.
El tercer pasillo, a diferencia de los otros, es curvo, y su luz es abundante.
ALEXÉI duda.

SEC. 4. INT. COMEDOR CASTILLO. ATARDECER

A la mesa, rectangular y muy larga, ALEXÉI y ELENA, cada uno en un extremo. Apenas se miran.
Llega GUARINO con dos bandejas.
Las lleva a sendos comensales...
GUARINO
Palomino al horno con especias, señores. Buen provecho.
...y se retira.
ALEXÉI bebe un sorbo de vino. ELENA coge cuchillo y tenedor y comienza a desmenuzar el alimento.
ALEXÉI inicia la conversación:
ALEXÉI
¿Te ocurre algo?
ELENA sigue comiendo.
ALEXÉI
¿Quieres venirte a vivir conmigo?
ELENA deja los cubiertos.
ELENA
¿Has pensado en eso?
ALEXÉI
A cada rato.
ALEXÉI se levanta y marcha hacía ELENA, sentándose a su lado, brazo a brazo.
ALEXÉI
Las distancias me abruman. ¿Para qué esta mesa absurda?
ELENA
¿Irás al Congo?
ALEXÉI calla durante unos segundos, encogiéndose de hombros tras la pregunta.
ELENA
¿Irás?
ALEXÉI vuelve a la conversación:
ALEXÉI
La selva me llama.¿No escuchas como la arruinan? Cada segundo cae un árbol que pide ser reflejado más allá de la simple imagen. Será la experiencia de mi vida.
ELENA
La perderás, y no serías el primero. ¡Qué originalidad!
ALEXÉI (Tras un breve silencio reflexivo.)
La estupidez humana no tiene límites. Es una constante que generación tras generación se regenera, asolando las tristes páginas de nuestra historia. Salimos de un siglo catastrófico para entrar en otro. ¿Crees que no soy consciente? Lo escucho a cada vuelta de esquina, me persigue incansablemente ese magma de horrores consentidos.
ELENA
Me destrozarías.
ALEXÉI
No es fácil decidir a la mesa con este suculento manjar recién cocinado.
ELENA
No vayas, por favor... Sería perderte estúpidamente. ¿He de insistir? ¿Qué le debes a esa gente? ¿Sacrificarás tu vida por... el maldito placer de pintar algunas telas sin alma?
ALEXÉI
¿Sin alma? ¿Y qué es el alma? ¿Dinero? El alma no es nada.
ELENA
Te quiero.
ALEXÉI
Es cierto, me quieres, pero no entiendo nada... y dime, ¿quién es ese extraño individuo que se esconde como una rata tras los armarios y dice llamarse... Borís?
ELENA
¿Borís? ¿Qué Borís?
ALEXÉI, enojado, se pone en pie.
ALEXÉI (Severo.)
Hablas de perderme estúpidamente y te regocijas a mi espalda ocultando un espía. ¿Qué Borís? Ya no eres una niña, Elena, pero te comportas como tal. Lo tienes en tu casa, ¿cómo no lo puedes saber?
ELENA
¿Qué insinúas mirándome con esa cara de pocos amigos?
ALEXÉI
No insinúo nada... pero me preocupas... ¿De qué selva me estás hablando? Hablemos con seriedad... Poco te pido. ¿Qué te ocurre? No te sigo. ¿A qué juegas? Ya no hablas, ni finges nada. Pareces inerte como la roca... e insensible como tu madre ante mis sentimientos. ¿Qué me quieres ocultar tras ese rostro de inocente damisela? Los años te han cambiado mucho por dentro... lo noto. ¿En verdad me sigues queriendo o lo dices sólo por complacerme? Y te lo pregunto esperando esa respuesta sincera que antes nunca me hubieras negado.
ELENA comienza a llorar tímidamente y se lleva la mano derecha al rostro: un llamativo anillo con una esmeralda engastada luce vivamente, llamando la atención de ALEXÉI.
ALEXÉI
Ahoga ese llanto fingido, mujer. Sigo siendo tu padrastro y no ese caprichoso amante de las noches de fiesta... borracha tu madre.
ELENA se pasa un pañuelo por los ojos.
ALEXÉI
¡Habla!
ELENA (Tras un prolongado silencio.)
Alexéi, yo...
ALEXÉI se vuelve a sentar a su lado, cogiéndola de la mano.
ELENA
No puedo. ¡No puedo!
ALEXÉI
Haz un esfuerzo, por favor.
ELENA
No puedo, no puedo... ¡no podría hacerlo!
ELENA se levanta con violenta...
ELENA
Lo que me pides supera mis márgenes. Así soy y así moriré.
...y abandona precipitada el comedor, dando un portazo al salir.
ALEXÉI, solo, detiene su mirada en la ventana: un destello blanco llama su atención, y se acerca.
Al llegar, descubre, sorprendido, una carta cubierta de una fina película de polvo. Lee:
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Para mi hijo Alexéi.
Tembloroso, la abre, y saca una hoja de papel viejo, apenas legible:
VOZ EN OFF DE ELENA
Hijo mío: La vida es cruel e indigna con los hombres de buena voluntad. Te veo ahora, y sonrío... sonrío de tanta felicidad.

SEC. 5. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA (UNOS 40 AÑOS ANTES)

En el jardín del mismo castillo. ALEXÉI, de niño, juega con un gato negro. Su MADRE, con escasos treinta años, sentada en un poyo ennegrecido, escribe una carta.
VOZ EN OFF DE ELENA
Tienes siete años, ¿recuerdas? Estamos en el jardín del castillo y juegas con el gato de la abuela. Lo acaricias. Su mirada te anima a seguir tocándolo. No es un despojo de la naturaleza: simplemente es y está en tus manos. Es precioso, frío y suave como la seda. No es poco para ser lo que aparenta.
El gato, en las manos de ALEXÉI, abre la boca, dejando al descubierto sus dientes.

SEC. 6. INT. COMEDOR CASTILLO. ATARDECER

ALEXÉI sigue leyendo para sí la carta:
VOZ EN OFF DE ELENA
Y sus garras, abiertas como cuchillas, te hacen sentirte fuerte. Quieres a ese animal. ¡Lo adoras! Necesitas de él, aunque no tanto de él como de sus garras. Necesitas lanzárselo a tu madre... A esa zorra, te dices... Deseas hacerlo ahora... pero algo te detiene... y el animal sigue, presa de la excitación, mostrando sus pasivas armas. Vamos, ¿a qué esperas? ¡Lánzaselo a la bestia!
Lleno de ira, ALEXÉI detiene la lectura y rompe la carta en pedazos que caen al suelo.

SEC. 7. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. TARDE

Sentada al escritorio, ELENA escribe.
De pronto, tiemblan las llamas de las velas.
ELENA deja la pluma en el tintero y se levanta.
Cruza la biblioteca y llega a un extremo: se detiene frente a uno de los armarios situados a ras de suelo. Se agacha.
ELENA (Al armario.)
¿Borís?
Se escucha un ruido que proviene de dentro.
Confiada, ELENA lo abre.
Pero al hacerlo, una enorme garra negra de gato la coge de la cintura, tragándola. ELENA grita desesperada, pero ya es tarde para que sus gritos sean escuchados: la garra se la ha llevado consigo.
Lentamente, y movidas por la corriente, las puertas del armario se cierran.

SEC. 8. INT. PASILLOS - CRUCE - HABITACIÓN DEL PEZ CASTILLO. TARDE

ALEXÉI, candelabro en mano, llega de nuevo al cruce de los tres pasillos.
Se queda quieto allí unos segundos, y con la otra mano, saca de su bolsillo la pistola. Fríamente, la observa, y vuelve a ocultarla.
Observa los tres pasillos detenidamente, y opta tomar el primero, el más oscuro. Comienza a caminar.
Conforme avanza, se percata de una ligera corriente de aire que inquieta el resplandor de las velas de su candelabro.
Al fondo, la vela solitaria sigue brillando.
ALEXÉI se detiene. A su derecha descubre una puerta en cuya hoja aparece tallado un pez. Pone su mano en el picaporte, y la abre...
Dentro, todo está oscuro. Ni la luz de sus velas logran aclarar apenas el espacio.
ALEXÉI entra. La luz de las velas le permite ver algunos muebles: estanterías y estanterías, llenas de libros.
Mientras la recorre, una corriente de aire apaga casi todas sus velas: todavía una sigue brillando. ALEXÉI detiene sus pasos.
Muy de fondo, un ruido parece recorrer la habitación.
ALEXÉI se inquieta, y pregunta:
ALEXÉI
¿Borís?
Y de repente, una voz extraña y apenas comprensible, murmura por lo bajo, muy por lo bajo:
VOZ
Alexéi... Alexéi...
ALEXÉI tiembla. Su acelerado corazón apenas puede soportar la violencia de tales palabras.
Hurga torpemente en su bolsillo y saca la pistola, apuntando al frente.
VOZ
Alexéi... Alexéi...
Entre tanto, deja el candelabro sobre un estante y, con sumo cuidado, arranca la única vela encendida para así poder encender las demás.
VOZ
Alexéi...
Encendidas las demás velas, ALEXÉI apaga la vela arrancada y la deja entre los libros.
Ahora el silencio es absoluto.
Comienza a caminar de nuevo. Los pasos son firmes, pero el suelo cruje.
ALEXÉI se para en seco. Siente algo, y pregunta:
ALEXÉI
¿Borís?
Acerca la lumbre a su hombro: ¡es una garra negra!
ALEXÉI lanza un grito terrible y marcha corriendo. En su fuga se le cae al suelo el candelabro. Las velas, de inmediato, se apagan. Todavía tiene la pistola en la mano, y antes de salir de la habitación, dispara al fondo dos veces.
Abandona despavorido la habitación.
Llega al cruce de los tres pasillos, y se detiene, tenso, con la respiración agitada.

SEC. 9. INT. VESTÍBULO CASTILLO. TARDE

GUARINO atraviesa el vestíbulo arrastrando un pesado saco negro.

SEC. 10. INT. DORMITORIO - ARMARIO ALEXÉI CASTILLO. TARDE

ALEXÉI, sentado en una silla, apunta con su pistola al armario. Le tiembla el pulso.
Pasados unos segundos, se levanta, acercándose al armario, intentando hacer el menor ruido posible, pese a su respiración entrecortada.
Mientras con la pistola sigue apuntando, pone su otra mano en el manillar y abre la puerta: el armario está vacío.
ALEXÉI suspira, algo más tranquilo... pero algo del interior perturba su tranquilidad.
VOZ EN OFF DE ELENA (Muy apagada.)
Es precioso, frío y suave como la seda... frío y suave... frío...
ALEXÉI deja la pistola sobre una silla y pasa al interior del armario. El armario es un cuadrado de pequeñas dimensiones, con muy poca ropa...
ALEXÉI se acerca a una chaqueta negra. La toca, mirándola angustiado.

SEC. 11. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA (UNOS 40 AÑOS ANTES)

ALEXÉI sigue jugando con el gato negro. Su MADRE, sentada en el poyo, ya no escribe la carta: lee un libro para su hijo, que no escucha.
MADRE
Cuando el diminuto niño de los cuernos serrados despertó estaba mojado. La lluvia no había sido piadosa con él, y su madre, que lo esperaba junto al señor del sombrero, no dejaba de hacer cosas raras con las manos. Pero el niño, que no era ciego, veía en esas manos las suyas...
Entonces, llega alguien: es el HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA, joven y apuesto.
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA (Arrogante.)
Buenos días, mamá.
MADRE (Divertida.)
¿Qué es eso de m-a-m-á si puede saberse?
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA (Acentuando la ironía.)
Será que me mimas mucho.
El gato negro muerde a ALEXÉI, y éste, enfadado, se lo quita de encima.
El HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA se acerca a ALEXÉI y le coge de la mano. La mano sangra.
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA (Con una sonrisa ambigua.)
Es un gato malvado, ¿no crees?
ALEXÉI, atónito, asiente.
Su MADRE se acerca a él y lo abofetea suavemente.
MADRE
¡Deja en paz al maldito gato!
Pero ALEXÉI, todavía más enfadado, le replica:
ALEXÉI
¡Tú no eres mi madre!
La MADRE entra en cólera y lo coge del pelo, llevándolo al interior del castillo.
MADRE (Enojada.)
Ven aquí, desgraciado.
ALEXÉI (Retorciéndose.)
¡Suéltame! ¡Suéltame!
MADRE
Te voy a moler a palos, niño estúpido. ¡Quieto!
ALEXÉI
¡¡No!!
MADRE
¡¡¡Sí!!!
El HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA se tumba sobre la hierba y comienza a reír. Es una risa grotesca y afectada.

SEC. 12. INT. ARMARIO - HABITACIÓN CASTILLO. TARDE

ALEXÉI sigue observando la chaqueta, pero, de pronto, una voz conocida le llama desde la habitación.
BORÍS (Apuntándole con la pistola.)
No le pondré la mano encima. De eso puede estar seguro. Soy persona pacífica y utilizo la violencia para pacificar mis estados, pero no necesito de ella ahora.
ALEXÉI reacciona lentamente: apenas da unos pasos para atrás, más cerca del fondo.
ALEXÉI
Eso me... me parece bien.
BORÍS sigue amenazante con la pistola.
ALEXÉI (Casi suplicando.)
Borís, yo... Sí, cometí un error al confundirlo con otro... pero no es así... ya que usted es otro más de nosotros, de la familia, ¿me entiende?
ALEXÉI da dos nuevos pasos hacía atrás, tocando fondo.
BORÍS
No entiendo. No puedo entender. No quiero entender.
Pero BORÍS, muy excitado, comienza a temblar.
BORÍS
No... ¿No escucha?
ALEXÉI
Deje de apuntarme con esa pistola, Borís.
BORÍS
¿No escucha la voz de las paredes?
ALEXÉI
¿Qué voz? ¿De qué voz habla?
BORÍS
¡Escuche! ¡Es la voz! ¡La maldita voz de las paredes! Es una voz salvaje que viene de muy lejos. ¡Estoy harto de esa voz! Acabará por volverme loco. ¡¡No puedo!!
Y al poco, BORÍS se lleva la pistola a la cabeza...
BORÍS
Tómeme el relevo.
...y dispara.
ALEXÉI
¡Díos!
Espantado, ALEXÉI cae sobre la pared, que resulta ser falsa, cayendo por un pasadizo que se pierde en las oscuras profundidades del castillo.
Todavía puede escucharse el eco de su grito al caer.
Tendido en el suelo de la habitación, en medio de un charco de sangre, yace BORÍS... muerto.

SEC. 13. INT. DORMITORIO MADRE CASTILLO. NOCHE (UNOS 40 AÑOS ANTES)

ALEXÉI niño, oculto bajo la cama, observa la escena que en el tocador se desarrolla:
Su MADRE, sentada, se peina. Y a su lado, el HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA, la observa reflejada en el espejo mientras con una mano acaricia su cuello.
Pero, inesperadamente, el HOMBRE saca de su chaqueta negra un cortaplumas y, acto seguido, le corta el cuello a la MADRE.
Brota la sangre mientras sucumbe el grito de ahogo de la víctima.
ALEXÉI contiene su grito.
El HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA abandona el dormitorio.

SEC. 14. INT. PASADIZO - DESPENSA - COCINA CASTILLO. TARDE

ALEXÉI baja a gran velocidad por el pasadizo-tobogán. Al final del trayecto se adivina un muro, pero ya no puede frenar. Ciertamente, se va a estrellar.
Y al llegar, rompe el muro: otra falsa pared de papel.
Abre los ojos. El aire está lleno de un polvo blanco: es harina.
Se pone en pie, y reconoce el lugar.
Atónito, asoma la cabeza por el lugar donde ha llegado. Es un túnel casi vertical que viene de muy arriba.
ALEXÉI sale de la despensa.
Está en la enorme cocina del castillo.
Los fogones están encendidos. Sobre ellos, dos grandes perolas.
ALEXÉI comienza a recorrer el enorme espacio.
Sobre las mesas, tablas de carnicero y carne despedazada y vísceras, entre abundantes ríos de sangre.
La repugnancia que ALEXÉI siente por tamaña carnicería le lleva a taparse la nariz con un pañuelo.
Al fondo, sobre un pequeño fogón, una sartén.
ALEXÉI se acerca... y descubre, sobrecogido, dos manos de mujer cortadas, que se fríen lentamente... y en una de ellas, un anillo, ¡el anillo con la esmeralda engastada de Elena!
Espantado, ALEXÉI da tres pasos para atrás, pero una mano inoportuna lo agarra de la mano. ALEXÉI da un leve grito.
Es GUARINO, el enano... pero todavía parece más pequeño que antes, y de sus ojos brotan lágrimas auténticas.
ALEXÉI
¿Qué es eso de la sartén?
Sin poder contener el llanto, GUARINO se lo dice:
GUARINO
Son las manos de la señorita, señor.
Desgarrado, ALEXÉI se cubre el rostro con las manos.
ALEXÉI (Casi tartamudeando.)
¿Y... dónde... está... ella?
GUARINO
No puedo decírselo. Es necesario... freírla por partes. Las partes, como ya sabrá, harán el todo, y de ellas...
Violentado, ALEXÉI coge del cuello a GUARINO y lo eleva un metro del suelo...
ALEXÉI
¡Sádico! ¿Qué estás diciendo? ¡Loco! ¡Maldito loco!
...y lo tira al suelo.
Lastimado, en el suelo, GUARINO acentúa su llanto:
GUARINO
Al final... no me verá, señor.
ALEXÉI
¿Qué quieres decir?
GUARINO
Me hago a cada segundo que pasa más pequeño, y más diminuto... y temo por mi futuro, señor. Llegaré a ser del tamaño de una pulga, de un gorgojo, señor... Por favor, ayúdeme, señor...
ALEXÉI (Sin quitar la vista de la sartén.)
¡Cierra la boca! ¿Son esas manos las suyas? ¡Habla!
GUARINO
Tengo miedo, señor.
ALEXÉI se arrodilla y, de nuevo, lo vuelve a coger del cuello.
ALEXÉI (Colérico.)
Conocías a Borís, ¿verdad? Por... última vez, ¿dónde está Elena? No lo repetiré... ¿Dónde está mi hija?
GUARINO, al borde de su resistencia, grita:
GUARINO
¡Muerta! ¡Muerta! ¡Ya descansa en paz! ¡Ya descansa! No saldrá del agujero, ¿le reconforta la idea? No saldrá... a menos que usted la saque de allí...
ALEXÉI
¡Mientes! ¡¡Mientes!!
ALEXÉI, atrozmente desconcertado, coge de la mesa más próxima un afilado cuchillo y se lo clava a GUARINO en el pecho.
GUARINO (Agonizante, con la voz progresivamente apagada.)
Sálvate si puedes... Estás condenado.
Tras un breve titubeo, GUARINO muere.
ALEXÉI le saca el cuchillo y, tras mirar fijamente el filo durante unos segundos, insoportablemente tenso, lo tira y exclama al aire:
ALEXÉI
¡¡Asesinos!! ¡Matadme! Matadme a mí...
Se escucha un trueno que anuncia el avenimiento de una tormenta.

SEC. 15. INT. PASILLOS - HABITACIÓN SIETE ESQUINAS CASTILLO. ANOCHECER

ALEXÉI corre por los pasillos: todos le resultan iguales. La lluvia resuena: los truenos se suceden con insistencia.
Sube por una escalera y, al poner el pie en el último escalón, escucha el maullido de un gato, distante, muy distante, pero certero y por ello escalofriante. Sigue su camino.
Atraviesa otro pasillo...
...y frente a él, inesperadamente, encuentra el cruce de los tres pasillos.
La vela del fondo del primer pasillo sigue resplandeciendo...
...pero, de golpe, y tras un chasquido seco, se apaga: parece haber sido soplada por algo.
ALEXÉI marcha corriendo en dirección contraria, pero al hacerlo, la extraña voz irrumpe de nuevo:
VOZ
Alexéi... Alexéi... Alexéi...
ALEXÉI se detiene, toma un candelabro que se consume sobre una estantería... y opta por entrar en una habitación.
Ya dentro, cierra la puerta.
Mira a su alrededor... y se percata, en apariencia incomprensiblemente aterrorizado, de que la habitación tiene siete esquinas.
ALEXÉI (Para sí.)
Díos... es la habitación de las siete esquinas...
De nuevo, el atroz maullido... pero próximo, muy próximo... demasiado próximo.
ALEXÉI, se arrodilla cuidadosamente... y al iluminar con el candelabro bajo la mesa, descubre un gato, negro y excitado, con las fauces abiertas... a punto de atacar...
¡Y ataca! El gato salta con una prodigiosa habilidad sobre ALEXÉI, clavándose a su cabeza salvajemente.
ALEXÉI grita... pero el animal sigue aferrado, arañando y mordiendo, del todo indolente para con su víctima.

SEC. 16. INT. DORMITORIO MADRE CASTILLO. NOCHE (UNOS 40 AÑOS ANTES)

ALEXÉI niño sigue oculto bajo la cama.
El HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA acaba de abandonar el dormitorio.
Sentada en la silla, y sobre un charco de sangre, la MADRE, muerta...
En el espejo se refleja el blanquecino rostro de la MADRE... y también sus ojos, abiertos.
Todavía asustado, ALEXÉI sale de su escondrijo.
Sobre la cama, el gato negro. Maúlla.
ALEXÉI lo coge violentamente y lo acerca al rostro de su desaparecida MADRE. El animal comienza a excitarse en las movedizas manos del niño.
ALEXÉI (Imitando -en cursiva- la voz de su madre.)
¿Ya no me dices nada, mamá? Me gustas más así, estás muy, muy calladita... ¡Cállate! ¡Te voy a moler a palos, desgraciado! No eres el hijo que yo quería... Yo no quería un hijo sucio y atolondrado... Sigues siendo la misma, mamá, pero no debes regañarme así, yo te quiero mucho... Díos mío, hazme el favor y llévatelo contigo y con los demás niños de su especie... Es un engendro de la naturaleza... ¿Qué portaron mis entrañas?
El gato araña a ALEXÉI, y éste, súbitamente agresivo, lo lanza contra el espejo del tocador, haciéndolo añicos.
Un rictus perverso se dibuja en su rostro, dividido en dos tras el arañazo.

SEC. 17. INT. PASILLOS - BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE (UNOS 40 AÑOS ANTES)

ALEXÉI arrastra el cuerpo de su madre por el pasillo que conduce a la biblioteca.
Al llegar a la puerta, ALEXÉI se ayuda con sus piernas y abre con la mano libre la puerta. Entra, arrastrando lentamente el cuerpo.
Dentro de la biblioteca, se libera por un momento del cuerpo y examina el lugar.
Se acerca al extremo más próximo y detiene su mirada en los armarios que a ras de suelo sirven de base a la estantería.
ALEXÉI abre el armario: dentro, un estante cargado de viejos libros.
Con cuidado, saca los libros.
Arranca el falso fondo... acerca la vela... y asoma la cabeza.
Una gruta subterránea se pierde en las profundidades, más allá de los cimientos del castillo.
Tiembla la llama de la vela.
ALEXÉI vuelve junto al cuerpo de su madre... lo arrastra hasta el armario... y, con gran esfuerzo, logra pasarlo por el armario.
El cuerpo se precipita en las profundidades...

SEC. 18. INT. HABITACIÓN SIETE ESQUINAS. NOCHE

ALEXÉI, con el rostro ensangrentado, se retuerce por el suelo entre estertores de indescriptible dolor.
Abre los ojos... y al abrirlos, descubre, impresionado, un rostro que ya conoce de algo...
Es el HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA, en nada envejecido, que lo mira en pie a escasos metros, esbozando en su rostro una forzada sonrisa, mientras con la mano sostiene el candelabro. HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¿Te acuerdas de mí?
ALEXÉI (Con gran esfuerzo.)
¿Quién... es usted?
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¿Qué importa eso ahora? Soy.
ALEXÉI intenta decir algo... pero un angustioso presentimiento le detiene.
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Era un gato malvado, y no me hiciste caso... ¿Te duele?
La pregunta cala hondo en ALEXÉI:
VOZ EN OFF DEL HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¿Te duele?
ALEXÉI intenta moverse, pero fracasa en su intento: además de tener la cara llena de arañazos, su cuerpo sangra...
ALEXÉI
Sí... Usted... usted mató a mi madre esa noche...
...y sus manos...
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
La noche de la liberación. ¿No era eso, niño iluso, lo que tanto deseabas?
...no tiene manos, ¡han sido seccionadas con precisión maestra!
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Después de todo, el restante tiempo de tu existencia, ciertamente, no ha pasado siquiera de mediocre... Ambición, ¿eh?
Al verse sin ellas, al principio casi sin respiración, ALEXÉI grita horrorizado...
ALEXÉI
¡¡Las manos!!
...y comienza a llorar desesperado, retorciéndose como un reptil mutilado.
ALEXÉI (Es un grito desgarrador y definitivo.)
¡¡¡Mis manos!!!
HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA (Riendo.)
Grita, condenado, grita... que ni las mangas de tu camisa te escucharán.

FUNDE A VERDE.

SEC. 19. INT. HABITACIÓN HOSPITAL (HABITACIÓN SIETE ESQUINAS CASTILLO) - PASILLOS CASTILLO. NOCHE

Postrado sobre una cama, duerme ALEXÉI, vendado y, efectivamente, sin manos... apenas unas vendas fingen torpemente la apariencia de manos.
La habitación, de paredes blancas y mobiliario intercambiable, responde a las señas de un hospital.
Una ENFERMERA se acerca, y poniendo su mano en la frente del paciente, lo invita cariñosamente a que se despierte.
ENFERMERA
¿Alexéi? Despierte... ya pasó todo.
ALEXÉI va abriendo los ojos...
...hasta poder entrar en razón.
ENFERMERA
¿Le duele?
ALEXÉI
¿Qué? ¿Dónde estoy?
ENFERMERA
Está en el Hospital... ¿se encuentra bien?
ALEXÉI, temeroso de lo peor, logra con no poco esfuerzo levantar sus dolidos brazos...
ALEXÉI
¡Las manos! ¡¡Mis manos!!
ENFERMERA
Tranquilo, Alexéi... tranquilícese, por favor... Tuvimos que... que amputárselas para salvar su vida... ¿no lo entiende?
ALEXÉI
¡Dios! ¡¡Dios!!
A la habitación entra un doctor, físicamente idéntico al HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA.
DOCTOR BELIAL
¿Qué diablo pasa aquí?
La ENFERMERA se percata de su llegada.
ENFERMERA (Muy afectada.)
Ah, Doctor Belial... el paciente... hable con él... Es terrible, ¿verdad?
DOCTOR BELIAL (Sobrio.)
Lo es.
La ENFERMERA se retira.
ALEXÉI (Llorando.)
No... No... Mis manos...
El DOCTOR BELIAL se acerca a la cabecera de la cama y, sin titubeos, explica a su paciente la "realidad" de su estado.
DOCTOR BELIAL
Alexéi, seré breve. La vida en sí misma es la más absurda de las repeticiones disfrazadas de pesadilla, y como niños, la abrazamos y no la soltamos hasta que ella nos abandona... Unos campesinos completamente desconocidos encontraron su coche estrellado contra un muro en un cruce de carreteras, y allí estaba usted, en un revoltijo de hierros y Dios sabe qué...
ALEXÉI (Desconcertado ante tales palabras.)
No... eso es imposible...
DOCTOR BELIAL
Pero así ocurrió, y lo sacaron, tuvieron la delicadeza de sacerlo... Lo sacaron como pudieron, sí, y con más mala gana que buena disposición, desde luego, pero lo sacaron y nos lo trajeron aquí... y luego se largaron, de vuelta a sus faenas. ¡Pobres infelices! Eran buena gente y supieron hacer un trabajo limpio. De eso hará ya lo menos una semana. Su estado entonces era deplorable, y sus manos daban verdadero asco...
ALEXÉI (Mirando fijamente al doctor.)
Yo a usted lo conozco...
DOCTOR BELIAL
¡Tonterías! Lo anestesiamos y... Manos fuera. No quedaba otro remedio. Créame, eran... completamente inútiles. Estaban destrozadas, podridas, con la carne descoyuntada y los huesos pulverizados... no podía ir a ningún sitio así. Era la única opción razonable. Cortar, vendar, y a otra cosa.
ALEXÉI mira a su alrededor...
...y aprecia que la habitación tiene siete esquinas.
DOCTOR BELIAL
Descanse. Tómese una buena ración de...
ALEXÉI
¿Dónde estoy?
DOCTOR BELIAL
Lo siento por usted, pero, créame... más lo siento por su paleta. Una lectura desde dentro no es probablemente una lectura. El pintor al principio pinta por vocación, es decir, por pura diversión... pero luego, luego todo se torna gris, oscuro, y los otros intereses... ¿Todavía no lo entiende?
ALEXÉI
Por el amor de Dios, no sea como los otros.
DOCTOR BELIAL
Ni lo intento, amigo.
El DOCTOR BELIAL le da la espalda a su paciente y abandona la habitación.
MÁS TARDE:
ALEXÉI sigue tumbado sobre la cama.
A la habitación entra una mujer con un gato negro entre sus brazos.
ALEXÉI la mira contrariado y descubre que no es otra que su MADRE a la edad de veinte años cortos.
La MADRE se sienta a los pies de la cama... y por lo hinchado de su vientre, percibimos que está embarazada.
El gato se escabulle bajo la cama.
De puro impresionado, ALEXÉI no puede siquiera abrir la boca.
MADRE (Distante.)
Resulta curioso... pero antes de parirte... quería abortar... Lo tenía claro, claro que el aborto estaba muy mal visto entonces... pero en nuestra corrompida familia de alacranes, sociedad de cadáveres... eso era algo mucho más trascendente... Y naciste, maldita mi suerte. Fue entonces cuando creí descubrir lo equivocada que estaba. Corrías por los pasillos como un niño idiota... y el corazón, esa víscera engañosa y voluble, se me inflaba de orgullo, una alegría extraña y pasajera que me llenaba de incertidumbre llegada la noche. Era un falso momento. Pero nada más. Un momento de instinto primario.
La MADRE pasa su diestra por su vientre hinchado.
MADRE (Fingiéndose maternal.)
Pero los tiempos han cambiado. ¿Recuerdas, mi niño, lo pequeño que eras? Y ahora... te tengo aquí, aquí dentro, con las dos manitas bien puestas, bien formadas, bien dispuestas... ¡Qué hermosa escena para los de fuera! ¿Sabes lo desagradable y repugnante que puede llegar a ser un embarazo no deseado? No lo sabes bien. Engendras un tumor que te destroza la vida para perpetuarla, pero es el aburrimiento, esa secuencia de escalas, el primer vínculo que te paraliza, negándote el verdadero mundo que creíste haber buscado.
ALEXÉI despega, al fin, los labios:
ALEXÉI
Tú nunca fuiste una madre, arpía.
Pero ella ni lo escucha; sigue imanada a su monólogo:
MADRE
¿Puede una madre en su finita bondad, me pregunto, sacrificar su vida en beneficio de un retoño desagradecido y rastrero? La verdadera respuesta es, por mucho que otros tantos quieran ocultarlo, un ¡no! Acabaron las lecciones de humildad.
La MADRE se pone en pie, saca de su enagua blanca un puñal...
MADRE (Con el rostro desencajado.)
Ya no quedan madres...
...e, impulsada por una fuerza sobrehumana, lo clava sobre su vientre, retorciéndolo dentro, en repugnante chorrear de sangre y líquidos... Cae al suelo, retorciéndose arrítmicamente, entre estertores de terrible sufrimiento.
Un estremecimiento atroz inmoviliza a ALEXÉI.
Tras unos segundos de insoportable angustia, ALEXÉI se pone en pie como mejor puede y, esquivando el cuerpo de su agonizante MADRE, abandona la habitación.
Al salir sus dudas quedan resueltas: todavía sigue dentro del castillo.
Sigue pasillo adelante, pero un inefable pálpito le lleva a detenerse.
Un trueno resuena, muy próximo.
ALEXÉI se arrodilla y, alzando los brazos que culminan en muñones, exhala al aire un grito desgarrador.
De la oscuridad sale un silbido, y con él, el DOCTOR BELIAL: amistoso, posa su mano en el hombro de ALEXÉI, pero éste, temeroso, vuelve hacía atrás, quedándose arrinconado bajo el umbral de una puerta.
DOCTOR BELIAL
Contaba con su buena voluntad, Alexéi... pero no llegué imaginar que nosotros los médicos le repugnásemos tanto, ¡y a sus cincuenta años bien entrados!
ALEXÉI (Mientras, ayudándose de la pared, se pone en pie.)
No tan bien entrados, doctor. Los años pasan deprisa, pero no tanto como uno quisiera.
DOCTOR BELIAL
Es cierto, pero pasan, ¡y qué difícil es aprovecharlos sacando algo que no sean pulmones e hígados!
ALEXÉI
Es usted un cerdo.
DOCTOR BELIAL
Y de pata negra... Ah, se me olvidaba... hablé con su hijastra...
ALEXÉI
¿Elena?
DOCTOR BELIAL
Ella... desea hablar con usted... Le está esperando.
ALEXÉI
¿Dónde?
DOCTOR BELIAL
¿Dónde? Busque...
El DOCTOR BELIAL marcha silbando pasillo adelante.

SEC. 20. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI entra en la biblioteca, libre de presencia humana alguna.
Apenas un par de velas iluminan al fondo el escritorio.
ALEXÉI se acerca y encuentra sobre el escritorio un grueso cuaderno. Lee la etiqueta de la tapa:
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Diario de Elena.
Toma asiento, y pese a su mutilación, logra abrirlo con los dos brazos.
El texto, escrito a mano, también tiene apegadas imágenes. Una de ellas, llama su atención: es el grabado del diablo.
ALEXÉI comienza a leer:
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Las paredes tiemblan, los días se acortan hasta llegar la noche, y tras el tímido resplandor de una vela, algo inquieta incomprensiblemente mi estancia en este lugar. Al principio todo parece humano y sencillo, nada más lejano. Es un miedo tan inextricable como coherente, lo que todavía me hace pensar que soy...

SEC. 21. INT. DORMITORIO ELENA CASTILLO. NOCHE

Elena, sentada en su cama y con el cuaderno abierto sobre las piernas, escribe a pluma.
VOZ EN OFF DE LA MADRE
...humana, nada más incierto. En pocas palabras: escribo desde el desconocimiento procurando inútilmente acercarme a una posible respuesta que logre tranquilizar mi conciencia... pero quizá eso sea demasiado pedir para una mente poco acostumbrada al ejercicio de la reflexión sin conllevar aburrimiento...

SEC. 22. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI, concentrado, no aparta los ojos del texto:
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Lo primero que me perturbó fue la coincidencia. Desde mi primera noche entre estas horrendas siete paredes no he logrado alcanzar ni el más nimio de los sueños tranquilos. Todo son pesadillas y sobresaltos. Pesadillas y sobresaltos sin tregua.

SEC. 23. INT. PASILLOS CASTILLO. NOCHE

ELENA, candelabro en mano, camina por los pasillos en camisón. Una cierta corriente moviliza al aire sus cabellos.
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Ya no duermo apenas... Ni siento esos pequeños movimientos que en ocasiones, y por mediación de la corriente, hacen crepitar ciertas tablillas de madera de procedencia desconocida. Sigo pensando que todo ha sido el desenlace de un momento, pero algo se desliga de lo que intuyo, desdiciéndome... Me deslizo como un fantasma por los pasillos laberínticos e interminables de esta casa-castillo... y siempre llego al mismo sitio, cíclica e inevitablemente.
ELENA llega al cruce de los tres pasillos.

SEC. 24. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI sigue leyendo...
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Es al llegar allí... y un estremecimiento indefinible, algo que no comprendo ni quiero comprender, eriza mis músculos y roe mis huesos... El sitio no es tal al principio. Supera su condición sobrepasando la trivialidad de esta dimensión. Se manifiesta en lo menos tangible de mi ser. Parece una estancia inaccesible llena de un aire denso que llama al otro lado silbando una estupidez infantil enterrada en el olvido.
...pero, movido por algún extraño presentimiento, abandona la lectura... y fija su vista al fondo de la biblioteca.
VOZ EN OFF DE LA MADRE
De todos los que allí abajo se hundían... salió uno. ¿Qué Borís? ¿Qué respuesta esperabas, mi querido Alexéi?
ALEXÉI se pone en pie y comienza a caminar en dirección hacia el armario.
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Salió uno: él de sí mismo.
Llega, y dado el impedimento que le supone carecer de manos, lo abre con la boca, clavando sus dientes en el manillar.
ALEXÉI descubre un armario vacío... y sin falso fondo.
Comienza a golpear, pero todo resulta inútil.
Decide probar con el pie, y da varios taconazos al fondo...
Convencido de su error, ALEXÉI se pone en pie...
...pero al darse la vuelta, descubre una figura envuelta en sombras.
La figura se le acerca, y a la luz, muestra su rostro: es el DOCTOR BELIAL, pero vestido a la manera del HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA.
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Eterno niño iluso, ¿qué buscas sin manos por ese armario? ¿No ves que ya estás dentro? De nada te servirá buscarle otro fondo al fondo. Es inútil.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
¿Y cuál es su fondo?
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¿Qué fondo? Yo no tengo fondo... Soy fondo.
ALEXÉI
Es el fondo de la superficie, falso ciertamente... ¿en verdad esto es el mal llamado infierno?
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Los indicios me animan a pensar que el infierno está mucho más abajo.
ALEXÉI
Se está contradiciendo, ¿no cree?
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
No es nada fácil perderse en la encrucijada. ¿Qué se siente sin manos? No me lo digas. Es fácil deducirlo. Te sientes anulado, y por eso te reprochas a ti mismo algo que en el fondo es irreprochable ya que se regenera en la propia naturaleza que nos envuelve. Es la naturaleza artificial del pecado. No existe ley humana que se le resista. Nos censuraremos siempre, y nuestros ojos serán los dictadores de nuestra palabra, aunque su peso no sea superior al del papel.
ALEXÉI
Guárdese sus comentarios, maldito. Nada me repugnaría más que salir de esta pesadilla guardando un recuerdo de su inexistente presencia.
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
No me ofende, me anima a seguir silbando. Es una contradicción mínima en mi caso. No le inspiro confianza, es cierto, pero usted, ciertamente, tampoco me la inspira. Somos como dos caras de la misma moneda. Engañamos a la vista y al tacto, pero aunque ciegos y mutilados, percibimos la sonrisa de un tercero.
ALEXÉI
Es una sensación que todos hemos experimentado, lo intuyo. Algo nos detiene, y no podemos avanzar, pero no es por nosotros... No nos sobra impulso ni nos falta, simplemente quedamos atrapados sin darnos cuenta. ¿Qué cargo tiene usted aquí?
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Esa pregunta supera mis márgenes... pero mire, mire ahora que puede por el armario, y quizás así resuelva su pregunta sin jugarme la reputación.
ALEXÉI vuelve junto al armario... y, con un simple empujón, hunde el falso fondo.
Al asomarse al agujero con el que se abre la gruta, el DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA se acerca...
DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
¡No tocará suelo!
y cogiéndolo de las piernas, lo empuja...
Se escucha el grito de Alexéi perdiéndose en las profundidades.
A escasos metros del armario, el gato negro devora una rata moribunda.

SEC. 25. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA

ALEXÉI, con sus manos intactas, pinta un lienzo sobre el caballete. Es una vista idílica del paisaje. Sentada en el poyo y leyendo un libro está ELENA.
ALEXÉI aparta su vista de la tela y observa a su hijastra...
...pero algo extraño quiebra la amable expresión de su rostro.
En efecto, ELENA no se mueve, carece de movimiento.
ALEXÉI se acerca a ella...
ALEXÉI
¿Elena?
...y descubre que ELENA no es de carne y hueso, sino de porcelana.
ALEXÉI, tembloroso, coge el libro: es el Diario de Elena.
Lo abre por una página al azar, y lee:
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Lo peor de todo no es pisar tierra, ni ignorar lo que vendrá después. Lo peor de todo es creerse uno fuerte y dueño de sus actos, de sus pensamientos y de sus consecuencias. Pero eso no es lo peor. Lo peor empieza después, al descubrir que todo se queda en el reflejo de la multitud, que nada es propio...
Pero el Diario se le cae de las manos.
Siente algo que de él empuja hacia bajo; es una fuerza extraña que perciben sus huesos y retuercen sus músculos. Agacha la cabeza y mira al suelo: sus piernas ya no son las de antes: son de algo parecido a la cera, derritiéndose lentamente y mezclándose entre la hierba.
ALEXÉI grita inútilmente:
ALEXÉI
¡¡No!!
Las piernas ya se han derretido por completo. Ahora su cuerpo arranca a la altura de la cintura, y sigue derritiéndose lenta pero inexorablemente.
Ya no puede ni hablar; apenas sí mover los labios para no conseguir el mínimo sonido.
Todo su alrededor es cera esparcida...
...y ahora, sus brazos también se derriten...
...y también el cuello, quedando su cabeza pegada a la altura del suelo.
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Luego lo peor de todo es ser su esclavo para toda la eternidad...
De repente, deja de derretirse: ALEXÉI es una cabeza viva que clavada al suelo intenta en vano articular sus blancuzcos labios para no decir nada.
VOZ EN OFF DE LA MADRE (Resonante.)
...para toda la eternidad... toda la eternidad...
De pronto, aparece por la puerta de acceso al castillo un personaje que ya conocemos de algo: es GUARINO, en cuya mirada para nada oculta un odio indescriptible para con lo que queda de ALEXÉI, a quien se acerca y, en un tono jocoso, planta su pie junto a su cabeza.
GUARINO (Sin apartar la vista del horizonte.)
Tenía miedo. ¿No puede hablar? Tranquilo, muy pronto podrá... Al principio todos lo pasan mal, aunque después... Ya irá viendo, ya... No es agradable, créame. Pero la vista es dócil y a poco que haga se adapta, entre los condenados, entre los que no volverán a ver la luz. Vamos, abra los ojos, mire ese sol maravilloso que en poco ya no volverá a ver, ¿a qué espera?
Pero ALEXÉI ni se esfuerza en mirar. Sus pensamientos están en otra parte.
GUARINO
Hidrógeno, helio, etcétera... Son tonterías, ¿verdad? No es necesario ver el sol para pensar la estrella. Ambas se complementan y son una. Una y Otra. Un lado que no quiere despegarse del otro que, por el contrario, lo desprecia. Bueno, se le acabó el tiempo.
GUARINO se agacha, recoge la cabeza de ALEXÉI y la coloca sobre una bandeja de plata.
GUARINO
Yo perdono, amigo, pero no olvido, y usted me asesinó con una indolencia horrenda para ser hombre de artes, y eso, créame, no se lo desearía ni a mi peor enemigo... y a gustos...
ALEXÉI le lanza a GUARINO una mirada despectiva.
GUARINO (Serio.)
Yo no mate a Elena, señor. Fue ella la que buscó su propia muerte sobrepasando la línea...
Y sin más, GUARINO comienza a caminar hacia el castillo con la bandeja que lleva la cabeza de ALEXÉI.
GUARINO
No es bueno tentar al diablo en períodos de crisis.
Entran, y tras ellos, la puerta se cierra.
Un grito terrible se produce en el interior.
Al cerrarse la puerta descubrimos que el jardín deja de ser tal: es un espacio de fuego donde todo arde: la Elena de porcelana, el caballete con el lienzo y las pinturas, el Diario...

SEC. 26. INT. COMEDOR CASTILLO

Sobre la larga mesa rectangular, aparecen reunidas cuatro cabezas sobre cuatro bandejas: ALEXÉI, su MADRE, ELENA y BORÍS. Cabezas llenas de vida, que pestañean, fruncen el ceño y se retuercen, aunque no pueden hablar.
A un lado y de pie, observando tranquilamente la escena, GUARINO.
GUARINO
Por cada segundo se retrasa un minuto, pero no se impacienten, pronto vendrá el señor Belial, tan imposible como presente.
Y, efectivamente, en ese mismo instante aparece por la puerta el DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA (BELIAL desde ahora), vestido con un traje de chaqueta negro y con un gato negro entre sus brazos.
BELIAL (A Guarino, con desprecio.)
Apártate de mi vista.
GUARINO hace una torpe reverencia...
GUARINO
Sí, mi señor.
...y se retira.
BELIAL
Mal habla el que a tiempo no aprendió a escuchar. Peor escucha el que privado de oído murió.
BELIAL toma asiento presidiendo la mesa y deja el gato sobre la mesa, a su lado. Las cabezas miran al animal con resentimiento.
BELIAL lanza una terrible carcajada al aire.
BELIAL
¡Malditos descabezados! Malditos y a la vez simpáticos. Es curioso, no mirasteis nunca con la cabeza bien puesta vuestro papel en el mundo de arriba, y ahora, en el de más arriba...
El gato deja su posición reposada y comienza a recorrer la mesa.
BELIAL (Mirando a Elena.)
Ciertos juegos en manos de jovencitas no hacen sino más divertido el placer de observarlas. ¿Qué me dice, Elena? De niña gozó de todos los caprichos, de todas las caricias, del vacío más lleno e inconsecuente, y ahora... ¿Descontenta? No tiemble... mire a los otros, pobres sombras.
El gato se detiene escrutando con su inquietante mirada a BORÍS.
BELIAL (A Elena.)
Pobres y vulgares sombras. No intente responderme. No podrá.
El gato levanta su garra derecha y la posa con sumo cuidado sobre la nariz de BORÍS, quien asustado cierra los ojos.
BELIAL (Al gato.)
Vamos, minino, dale a ese blasfemo lo que se merece por nada. ¡Vamos! No desdeñes el alcance de tus instintos...
El gato arranca de su víctima la pata con violencia y al hacerlo le causa un profundo arañazo...
BELIAL (Nuevamente al gato.)
¡No ofendas esas garras que llevas y que para empresas tales fueron creadas!
Al poco, enfurecido como una bestia, el gato se agarra a la cabeza, mordiéndola hasta desgarrar nariz y ojos... tirándola de la mesa... y, dado el salto, devorándola a mordiscos en el suelo. BORÍS comienza a gritar: los gritos son cada vez más constantes... hasta que, poco después, concluida la violencia, cesan.
BELIAL ríe tranquilamente: es esa sonrisa afectada que ya conoce ALEXÉI.
La cabeza de BORÍS es una masa pastosa que se expande repugnantemente en el suelo.
BELIAL
Carbono lo llaman, y en ciertos estados resulta de lo más intercambiable...
El gato sube a la mesa, volviendo de nuevo al lado de BELIAL, quien cariñoso, lo coge de una pata, pata que muestra sus desgarradoras y ensangrentadas uñas.
BELIAL
La ciencia nos ha arruinado a todos, y los infames, tarde o temprano, recibirán su castigo. Él era el primero, y también el más primario, lo que no quiere decir nada. Era, y ya no es, pero sigue siendo. Era un niño ofensivo que atentaba con su presencia mi ánimo. Ni él sabía lo importante que era.
ALEXÉI escucha molesto, incapaz de comprender el fondo de las palabras. Su MADRE mira con fijeza a ELENA, que aterrorizada, llora discretamente, trasluce su desconcierto en una mueca de insufrible desconfianza.
BELIAL
Sois tres ratas, tres, trescientas ratas asquerosas que eliminaré sin contradecir las reglas de mi juego. ¿No os veis? ¡Miraos en el otro! Toda vuestra simpleza descansa en vuestras insultantes cabezas. Cabezas, soportes de miseria y vulgaridad. ¿No os avergonzáis de tan vergonzosa naturaleza? ¡Humana naturaleza! Si no sois más que desecho y degradación. Ni al lado del Bien... ni del Mal, siquiera. En vuestra indiferencia lográis atentar contra los dos territorios que desde vuestra estupidez teológica diferenciáis como Cielo, por un lado, e Infierno, por otro... Caras inevitables de una misma moneda. ¡Tonterías! La madre que quería abortar. El hijo que se regodeó del asesinato de su madre y escupió sobre su tumba alegremente. La hijastra del hijo de la madre, que en su ingenuidad quiso pronunciar en vano el nombre del Malo. ¿Qué no sois sino la reunión de la estupidez simplificada que sobre la tierra pesa? Os odiáis y os amáis según intereses absurdos que en vuestra vida absurda da coherencia al absurdo del absurdo... ¡Os desafío!
Entonces, BELIAL se transforma en una instantánea llamarada que envuelve a la habitación entera en llamas... y con ellas y entre gritos desesperados, desaparecen las cabezas...

FUNDE A VERDE.

SEC. 27. LLANURA DE FUEGO

Bajo un rojizo cielo de irrespirable atmósfera irrumpe una inmensa llanura envuelta en un todo armónico de fuego.
Por uno de los muchos caminos que arrancan de las profundidades sale una carreta tirada de dos bestias negras sin cabezas. Encerrados en jaulas individuales, una veintena de individuos se retuercen de dolor a cada embestida... Entre ellos está ALEXÉI, atado de manos y semidesnudo, lleno de moratones y sangrando por el cuello, rodeado de cadenas.
Al lado del camino, en un lago de lava dos seres deformes se bañan entre gritos terribles de agonía.
En el otro extremo de la carreta está ELENA, también semidesnuda y herida; sangra su cuello.
Los cuerpos ardientes de los dos seres deformes del lago se disuelven pasando al aire. Una corriente de gas arrastra las cenizas hasta la carreta.

SEC. 28. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI despierta entre sudores sobresaltado tras una pesadilla.
A su lado y en camisón, cogiéndolo de la mano, ELENA.
ELENA (Tranquilizadora.)
Vamos, Alexéi, despierta, despierta... Es un mal sueño, y estás aquí, conmigo. Soy yo.
ALEXÉI (Muy nervioso.)
No puede ser, Elena, no puede ser. Lo he visto. ¡Lo he visto!
ELENA (Progresivamente inquieta.)
¿Qué has visto?
ALEXÉI saca de entre las mantas sus manos y las observa. Se sorprende al descubrir que todavía las conserva.
ALEXÉI (Tras un breve silencio.)
Pecaría de impreciso si me pusiese a describirte mis fantasías. No tienen palabras las fantasías de un loco. Ni las tuvieron ni las tendrán.
ELENA
Haz un esfuerzo, por favor.
ALEXÉI
No puedo, no puedo...
ALEXÉI se levanta con violencia de la cama y abandona precipitado su habitación. Da un portazo al salir.
ELENA, sola, detiene su mirada en la ventana: un destello blanco llama su atención, y se acerca.
Al llegar, descubre sorprendida que proviene del lago. La luna está llena, y su reflejo se adentra, resplandeciente, en las aguas del lago.
ELENA abandona el dormitorio.

SEC. 29. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. NOCHE

Arrodillado, a la luz de unas velas, ALEXÉI busca dentro del armario el agujero que conduce a la gruta. Mas de nada sirve: un fondo plano y duro anticipa la presencia del muro.
VOZ DE ELENA
¿Qué buscas?
ALEXÉI se gira precipitadamente y encuentra a ELENA bajo el marco de la puerta, candelabro en mano.
ELENA
Dudo de la supuesta franqueza de tus palabras, Alexéi. ¿Qué pretendes hacerme creer? Hablemos con seriedad...
Irritado, ALEXÉI se pone en pie, y con la voz alta, le replica:
ALEXÉI
No sigas por ese camino, por Dios. Sabemos que aquí pasa algo... algo extraño...
ELENA
Pero, dime, ¿qué es eso que tanta inquietud te produce?
ALEXÉI (Comenzando a temblar, comenzando a sudar.)
Desde el principio sospeché que me ocultabas algo. ¿Qué podía ser? A cada rato me preguntaba lo mismo de manera inconsciente y distanciada. Por momentos intuía que me estabas tendiendo una trampa... pero me equivoqué. Tú también estabas dentro de la encerrona que nos habían tendido. ¿Quién? No lo sé.
ELENA deja el candelabro sobre la esquina de la estantería y se acerca lentamente a ALEXÉI.
ALEXÉI
Es algo que excede mi entendimiento... Quizá sea la casa. Quizá tenga algo que ver con ese enano malvado que dice ser tu criado. No lo sé.
ELENA, junto a ALEXÉI, pasa su mano por la húmeda frente de éste.
ELENA (Sonriendo ambiguamente.)
Mi amor, mi ingenuo amor, ¿acaso ya no me quieres?
De pronto, del interior del armario surge un sonido que al poco reconocemos: es el maullido de un gato.
ALEXÉI, aterrorizado, se vuelve.
ALEXÉI (Mientras los maullidos se intensifican.)
¿Lo escuchas, Elena?
ELENA asiente... y apartándose de ALEXÉI, se acerca al armario... mete sus brazos dentro... y del interior saca un gato negro.
ALEXÉI (Desfallecido.)
Deshazte de esa bestia, cariño.
Al oír tales palabras, el gato, como comprendiendo la ofensa, abre sus fauces y, enseñando sus garras, salta de los brazos de ELENA para caer con incontenible furia sobre el rostro de ALEXÉI.
El grito estremecedor de ALEXÉI.

SEC. 30. INT. CRUCE DE LOS TRES PASILLOS - HABITACIÓN DEL PEZ CASTILLO. NOCHE

En la oscuridad de la noche, a la luz de una vela que lleva en su diestra, ALEXÉI niño, firme en el centro del cruce de pasillos, escucha una indefinida voz que lo llama con monótona insistencia:
VOZ
Alexéi... Alexéi...
Tentado, ALEXÉI comienza a andar, encaminándose por el primer pasillo, el más oscuro, ya no digamos en la noche.
Al fondo, la vela solitaria resplandece, y aunque su llama es pobre, ilumina pobremente a modo de punto de fuga.
La monocorde voz insiste, cada vez más próxima, elevada:
VOZ
Alexéi... Alexéi...
Al llegar a la altura de la puerta en cuya hoja aparece tallado un pez, se detiene.
Pone su mano en el picaporte, y abre.
Dentro, sentado en una silla de ruedas, está su decrépito TÍO, físicamente idéntico a BORÍS.
TÍO
Alexéi... Alexéi...
ALEXÉI se acerca a su TÍO.
ALEXÉI
¿Qué pasa, tío?
TÍO (Cogiendo a su sobrino del brazo.)
Es tu madre, Alexéi.
ALEXÉI observa extrañado a su TÍO: intuye que algo le oculta.
TÍO
Quiere acabar con tu tío... Quiere matarme.
El TÍO insiste:
TÍO
Escucha... Debes creer en mis palabras, Alexéi. No hablo por hablar. Mira, mira...
El TÍO saca de la manta sus manos...
TÍO (Llorando.)
¡Ya no tengo... manos!
...que no son tales, por mutiladas.
ALEXÉI se estremece...
TÍO
Me las cortó mientras dormía. Me drogó durante la cena. No viste la copa que me hizo beber. Mira, mira de lejos lo que tienes tan cerca, por favor.
...y abandona corriendo la habitación.
TÍO
¡Alexéi! ¡Vuelve, Alexéi!

SEC. 31. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI niño duerme: por su agitación intuimos una pesadilla.
Una luz cada vez más próxima a la cama ilumina su rostro.
Una mano se posa sobre su frente.
VOZ DE LA MADRE
Alexéi, mi niño, despierta.
ALEXÉI abre los ojos. Su MADRE está a su lado, sentada a los pies de la cama.
MADRE (Con lágrimas en los ojos.)
El tío acaba de morir.
Pero ALEXÉI permanece en apariencia indemne.
MADRE
¿No oyes lo que te digo?
Súbita e inexplicablemente, la MADRE se torna histérica, y cogiendo a ALEXÉI del cuello, grita violenta:
MADRE
¡Maldito niño egoísta! ¿Te lo contó todo, verdad? ¡Sí!
ALEXÉI reacciona.
ALEXÉI (Casi ahogado por las manos de su madre.)
Su...él...ta...me...
De pronto, irrumpe en la habitación una corriente de aire...
...y su MADRE desaparece, "transformándose" en el aborrecible gato negro.
ALEXÉI tira al animal de la cama.
ALEXÉI
¡Fuera!
Al mirarse al espejo del armario empotrado, descubre un profundo arañazo que rasga en dos su rostro.

SEC. 32. LLANURA DE FUEGO - GRUTA DEL FÓSFORO

La carreta tirada por las dos bestias negras sin cabezas sigue su curso.
Los condenados, vociferantes, siguen retorciéndose en un todo absurdo.
El encadenado ALEXÉI, con serias ampollas por todo su cuerpo, mira al suelo: es una superficie repugnante de larvas rojizas...
ELENA, medio asfixiada, procura escapar de las garras de un hombre deforme que, desde la jaula de al lado, la manosea con sus extrañas manos: dos amenazantes ganchos de hierro.
La carreta toma un camino secundario y se adentra por un desnivel bajo tierra, entrando a una profunda gruta por cuyas paredes de fósforo se retuercen varios seres extraños que nacen de las misma, pegados a ella sus gelatinosos cuerpos.

SEC. 33. INT. PASILLOS CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI adulto corre despavorido y con el rostro ensangrentado por los pasillos...

SEC. 34. CRUCE DE GALERÍAS. GRUTA DEL FÓSFORO

La carreta se detiene en un cruce de galerías.
Los brazos de los condenados se retuercen de dolor entre los barrotes de la carreta.

SEC. 35. INT. CRUCE DE LOS TRES PASILLOS - HABITACIÓN DEL PEZ CASTILLO. NOCHE

...ALEXÉI cruza corriendo el cruce de los tres pasillos hasta llegar a la puerta del pez tallado.
Abre la puerta, y entra...
...descubriendo a su TÍO de hace cuarenta años, sin manos, atado de la cintura... y con un cuchillo clavado en el pecho.

SEC. 36. CRUCE DE GALERÍAS - BOCA DEL INFIERNO

Varios diablos van bajando de la carreta las jaulas con los encadenados.
El diablo que lleva la que porta a ALEXÉI es el primero en acercarse a la boca del infierno: una enorme cabeza de gato con las fauces abiertas.

SEC. 37. INT. PASILLOS CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI adulto corre despavorido y con el rostro ensangrentado por los pasillos.

SEC. 38. BOCA DEL INFIERNO

ALEXÉI enjaulado es devorado por la enorme cabeza de gato entre terribles gritos que resuenan.
SEC. 39. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI niño sigue mirándose al espejo: del profundo arañazo que rasga su rostro brota la sangre en abundancia.
ALEXÉI adulto entra a la habitación, descubriéndose en su pasado. Empero, ALEXÉI niño no advierte la presencia de su "yo adulto".
Destrozado por algún oscuro presentimiento, ALEXÉI adulto, cae al suelo, derrumbándose sobre sus piernas, y comienza a llorar sin despegar la cabeza del suelo.

SEC. 40. BOCA DEL INFIERNO

Engullido ya ALEXÉI, la enorme cabeza de gato se cierra entre opulentas emanaciones de gas.
Poco a poco la oscuridad ensombrece sus fauces.
Irrumpe el "ruido de la selva".

FUNDE A VERDE.

SEC. 41. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI niño sigue mirándose al espejo: del profundo arañazo que rasga su rostro brota la sangre en abundancia.

SEC. 42. INT. PASILLOS CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI adulto corre despavorido y con el rostro ensangrentado por los pasillos.

SEC. 43. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI niño duerme: por su agitación comprendemos que está pasando por una pesadilla.
ALEXÉI abre los ojos. Su MADRE está a su lado, sentada a los pies de la cama.
MADRE (Con una sonrisa en el rostro.)
El tío esta mejor, Alexéi.
ALEXÉI sonríe, y se abraza a su MADRE.

SEC. 44. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA

De pronto, irrumpe un ruido atroz: proviene del motor de un automóvil.
El automóvil se detiene a los pies del jardín, y de él sale un hombre de unos treinta años, ALEXÉI, de cuyo rostro, entre indiferente y arrogante, destaca una profunda cicatriz que lo divide en dos.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Ya estuve aquí en otra ocasión. Sigo estando todavía. Pero, ¿qué hago aquí?

SEC. 45. INT. PASILLOS CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI adulto corre despavorido y con el rostro ensangrentado por los pasillos.

SEC. 46. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA

ALEXÉI comienza a caminar en dirección a la puerta, a unos quince pasos de distancia.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Y la pregunta es la misma. Una pregunta que camina en dirección a idéntica respuesta. Somos como dos seres distintos, y a medida que avanzamos descubrimos que nada ha cambiado. Acaso nuestra presencia, nuestro condenado estado de ánimo.

SEC. 47. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. NOCHE

ALEXÉI niño sigue mirándose al espejo: del profundo arañazo que rasga su rostro brota la sangre en abundancia.

SEC. 48. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA

ALEXÉI llega a la puerta.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
¿Qué es llegar tarde a una cita?
Pone la mano sobre la hoja: la puerta está abierta.
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Volver la vista al pasado y descubrir, destruir, un recuerdo terrible... Descartar las peores cartas y dar un paso adelante, un paso en falso. ¿Todavía he de creer esa vieja historia? No es posible.
Entra.

FUNDE A VERDE.

SEC. 49. INT. BIBLIOTECA CASTILLO. DÍA

ELENA y ALEXÉI (a los veinte y treinta años, respectivamente) se abrazan apasionadamente.
ELENA (Segura de sus palabras.)
Nunca te perderé, ¿verdad?
ALEXÉI (Tierno, pasándole la mano por el cabello.)
Todos algún día nos hemos de perder. Todo ello es consecuencia de nuestra ambición.
ELENA
¿También mamá?
ALEXÉI (Contrariado, asiente.)
Tu madre es una arpía, cariño. No alcanzarás nunca a comprender lo podrida que está por dentro. En lo superficial es asequible, y eso no la distingue de otras muchas. Pero más allá, es decir...
Lentamente, dejan de abrazarse.
ELENA
No entiendo...
ALEXÉI (Cogiéndola del brazo.)
No has de entender, procura sentir. Ella no es una mujer... normal. ¿No lo sientes todavía?
ELENA, afligida, deja caer su cabeza sobre el hombro de ALEXÉI.
ELENA
Por el amor de Dios, explícamelo.
ALEXÉI (Volviéndola a abrazar.)
Por ese mismo amor no podría... Es algo que me supera, que me desplaza. Ni yo... ni nadie, absolutamente nadie, podría explicarte algo tan terrible y a la vez tan pacífico. No, no está tamaña explicación al alcance de las palabras ni de los humanos. Requiere de algo superior. De la Palabra.
ELENA
¿Y una imagen?
ALEXÉI
Ni una imagen.
Lentamente nos vamos alejando de ellos para descubrir sobre la mesa, a la luz de las velas, un libro: en la página por la que está abierto aparece un grabado del diablo.

SEC. 50. INT. DORMITORIO ALEXÉI CASTILLO. DÍA

ALEXÉI pasa la cortina de la ventana y se acerca a la maleta. La abre.
De pronto, se escucha un ruido, seco y muy próximo. ALEXÉI, expectante, recorre visualmente la habitación.
El ruido de antes se repite: proviene del armario empotrado.
ALEXÉI se acerca lentamente y... abre a la vez las dos puertas.
Sorprendido, descubre que al fondo algo se mueve: es un gato devorando una rata, ensangrentadas sus fauces.
ALEXÉI (Irritado.)
Repugnante animal...
El gato, presintiendo algo quizá, abandona su escondrijo, luego la habitación, para salir al pasillo.
ALEXÉI, inquieto, se mira las manos, y acercándose al descoyuntado cuerpo de la rata, no puede sino lanzar una grotesca carcajada.

SEC. 51. INT. PASILLOS - CRUCE - HABITACIÓN DEL PEZ CASTILLO. DÍA

Por los pasillos del castillo corre el gato recién salido del armario... toma el cruce de los tres pasillos... y entra en la habitación del pez tallado en la hoja de su puerta, entreabierta.

SEC. 52. INT. COMEDOR CASTILLO. ATARDECER

A la mesa, rectangular y muy larga, juntos, uno al lado del otro, ALEXÉI y ELENA. No dejan de mirarse: ELENA bebe un sorbo de vino.
ELENA (Volviendo al plato, cuchillo y tenedor en mano.)
¿Sueñas todavía con ir al Congo?
ALEXÉI (Masticando.)
Es un sueño de infancia, y no existe mayor decepción que un sueño trasladado a la realidad del presente adulto.
ELENA
La realidad. ¡Qué estupidez de niños!
ALEXÉI
Los adultos igual somos niños, querida, pero reflejamos nuestras pasiones mermando el carácter mítico que de niños vislumbrábamos en nuestros inocentes sueños.
ELENA
Aunque bien es cierto que estamos curados de esa desidia y crueldad que, simplificando, caracteriza a las tribus de la infantil África dormida. ¿No es retórico?
ALEXÉI
Profético, diría yo.
ELENA
Oficio de pedantes, mi niño. Lo dice un escritor en la página de viajes.
Los dos, divertidos, comienzan a reírse entre dientes, cada vez con mayor insistencia... Es algo glacial y burdo.
Y de pronto, ELENA cesa bruscamente su inepta risa, y dice:
ELENA (Manteniendo una expresión fría, distante.)
Soñé que te apuñalaba, y al hacerlo, es cierto, disfrutaba como nunca. Era algo extraño, aunque satisfactorio. Sí... La sangre salía de tus vísceras como el vino sale del tonel reventado. ¿No es divertido? Eras un surtidor asqueroso, mi niño, y yo, yo era una serpiente condenada a arrastrarse por toda la eternidad...
ALEXÉI escucha atónito, incapaz de levantar la vista del plato.
ELENA (Progresivamente precipitada.)
La sangre... ¡Era sangre! El sentimiento de culpa no aparecía... no podía aparecer por ninguna parte. Es precioso, frío y suave como la seda, me decía... y yo... yo no era, sino mis manos, ellas, mis manos, que parecían querer decirme algo por boca de otras manos, tomándose por su propia letra el puño... el puño inspirador, y siempre llego al mismo sitio, ¿no me escuchas? El pecado no encontrará redención tras el arrepentimiento. Caeremos como moscas sobre la trampa, y serán ellos, los demás, nuestros hijos, los que se alimenten de nuestro cadáver, saciando su sed de frustración y desengaño.
Al fin, ALEXÉI levanta la vista del plato, y con escrutadora mirada, le pregunta a ella:
ALEXÉI
¿Qué se esconde tras de ti?
ELENA guarda silencio, evitándolo con la mirada.
ALEXÉI
Dime, ¿a qué sitio llegas siempre? No puedes seguir callada. Sabes que soy ignorante y carezco de los fundamentos mínimos para acercarme a esa parcela peligrosa del conocimiento en la que todo lo auténtico confluye en dirección a un mismo lago.

SEC. 53. INT. PASILLOS - CRUCE - HABITACIÓN DEL PEZ CASTILLO. NOCHE

Una presencia invisible (la cámara) nos arrastra con ella por los pasillos mientras musita una estremecedora voz (de la madre y de Elena):
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Conoces el castillo, y sus pasillos, arterias de un mismo sistema. No importa llegar, lo importante es estar, y estar implica no poder llegar. Eso sería demasiado pedir, ¿no crees?
Llegamos al cruce...
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Los mejores pretextos son siempre los más inoportunos, más aún cuando el que te oye no es ese miserable al que te has dirigido.
...y encaminándonos hacia la habitación del pez...
VOZ EN OFF DE ELENA
No me mires con esa cara, Alexéi. Todavía eres un niño perdido en su peor pesadilla, y de las pesadillas no se sale desde dentro ni se entra por afuera.
...y entramos: todo está oscuro... y nos detenemos.
VOZ EN OFF DE LA MADRE
Tócame los ojos y mírame a la cara. ¿Qué es lo que ves? Es cierto, no ves nada. Pero, ¿qué querías ver? ¿Te lo cuento? ¿No está demasiado oscuro?
Y de pronto, de fondo, se escucha algo, distante, pero cada vez más próximo: es el maullido de un gato, del mismo gato.

SEC. 54. INT. DORMITORIO MADRE CASTILLO. NOCHE

Sentada en la silla, y sobre un charco de sangre, la MADRE, muerta...
En el espejo se refleja el blanquecino rostro de la MADRE... y también sus ojos, abiertos.

SEC. 55. INT. HABITACIÓN DEL PEZ CASTILLO. NOCHE

Todo sigue oscuro. La voz ha cesado y el gato sigue maullando, pero cada vez más distante, hasta extinguirse.
Y a los pocos segundos... sus espacios se iluminan... por un candelabro: el que ALEXÉI niño lleva en la mano mientras observa atónito a su decrépito TÍO, que llorando (con las manos intactas) en la silla de ruedas, se retuerce de dolor.
TÍO
Alexéi... me muero... Alexéi... compadécete de tu desgraciado tío, por favor... Ayúdame, te lo suplico...
ALEXÉI asiente. El TÍO se sonríe.
Sobre la mesa, una pistola.
TÍO
¿Ves esa pistola? Muy bien, muy bien... Pues... apúntame con ella... y sin pensártelo, dispara. Yo no puedo, ni tengo el valor suficiente, para hacerlo... Y no es miedo.
ALEXÉI vuelve a asentir.
TÍO
Muy bien, muy bien.
ALEXÉI deja sobre la mesa el candelabro y, lentamente, pone sus manos sobre el arma, mirándola con detenimiento, tocándola...
TÍO
Vamos, Alexéi, sé rápido. No me alargues el sufrimiento.
...pasando el dedo por el gatillo...
TÍO
Esta preparada, Alexéi. No te hagas esperar. ¡Dispara!
...y disparándose contra su propia cabeza tras haber apretado imprudentemente el gatillo. El TÍO grita horrorizado mientras ALEXÉI cae al suelo como un muñeco de trapo.
Un maullido, único y desgarrado, antecede a la oscuridad plena en la que se sume la habitación. De nuevo, la oscuridad... y el silencio.

SEC. 56. INT. COMEDOR CASTILLO. ATARDECER

A la mesa, brazo con brazo, ALEXÉI (con sus cincuenta años) y ELENA.
Hablan, pero no oímos nada: "el ruido de la selva" lo invade todo.
De pronto, ALEXÉI fija su mirada en la mano derecha de ella: un verde penetrante se apodera de su mirada: es el anillo con la esmeralda engastada.

FUNDE A VERDE.

SEC. 57. EXT-INT. SELVA - CABAÑA (CONGO). TARDE

Llueve sobre la verdusca inmensidad de la selva.
Abajo, las gotas se estrellan sobre el frágil tejado de juncos de una cabaña.
Dentro, y entre constantes goteras, DOS HOMBRES de espaldas, vestidos de explorador, flanquean de pie a un hombre debilitado, sucio y ensangrentado: es ALEXÉI, tendido sobre una camilla, inconsciente, entre regulares temblores, enfermo y malherido.
HOMBRE 1
¿Saldrá?
HOMBRE 2 (Acentuando la gravedad de sus palabras.)
De esa picadura no ha salido nadie, y algo me dice que el remedio de ese salvaje servirá de poco. De aquí a una hora se verá.
HOMBRE 1
¿Sabes de algún familiar?
HOMBRE 2
Apenas hablamos durante el recorrido, pero poco después de caer tras ser picado por la serpiente, ya semiinconsciente, farfulló entre dientes el nombre de una tal Elena.
HOMBRE 1
¿Su mujer?
HOMBRE 2
No estaría seguro.
HOMBRE 1
¿Y los documentos?
HOMBRE 2
Dijo que los perdió en la tormenta, ¿no es extraño? ¿Qué podría ocultar?
HOMBRE 1 (Hurga en su bolsillo... y saca algo.)
Encontré esto tirado en el sendero. Era suyo, sin duda. Lo sorprendí mirándolo hace tres noches.
El objeto es un anillo: concretamente uno con una esmeralda engastada. El HOMBRE 2 lo coge y, detenidamente, lo observa... para descubrir, sorprendido, un detalle...
HOMBRE 2
¿No es fascinante?
...y mostrándoselo al HOMBRE 1, descubrimos por el reverso del anillo una inicial: la E de Elena.
A ras de suelo, ALEXÉI sigue temblando, pero entre mayores estertores, si cabe, que los de antes.
MÁS TARDE:
Entre goteras, la respiración de ALEXÉI parece extinta, su blanquecino rostro aparece inmóvil, ya nada disloca de sufrimiento su cuerpo: está muerto.
Junto a los HOMBRES exploradores, un TERCER HOMBRE, también de espaldas... pero cuyos rasgos físicos (de pronto, su perfil a la sombra) nos resultan sin duda conocidos: será al hablar cuando definitivamente lo reconozcamos.
HOMBRE 2 (Indiferente.)
Supuse que no saldría.
HOMBRE 1 (Impresionado.)
Ha sido terrible. La espuma de su boca... y ese líquido repugnante...
HOMBRE 3 / DOCTOR BELIAL / HOMBRE DE LA CHAQUETA NEGRA
Aquí terminó su viaje. Es un ser sin vida, una sombra anónima, sin documentación ni conocidos, por lo que les propongo que olvidemos el asunto. De nada nos serviría un escándalo tan gratuito. Al cese de la lluvia volveremos al camino, y el tiempo lo enterrará, y con él también sus pertenencias, cuadros y anillo incluidos. Es el vacío encarnado en el cuerpo apagado de un hombre. Les puedo asegurar que de aquí a tres días nuestra conciencia ya estará limpia. Salgamos de aquí.
Y sin discutir su palabra, salen los dos tras la sombra del tercero, dejando al inerte ALEXÉI.

SEC. 58. INT. PASILLOS - CRUCE CASTILLO. NOCHE

La presencia invisible (la cámara) nos arrastra de nuevo con ella por los pasillos... hasta llegar al cruce y detenerse, mientras la voz de Alexéi resuena, tranquila y resoluta:
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
Aquí terminó su viaje. Es el vacío encarnado en el cuerpo apagado de un hombre. Y la pregunta es la misma. ¿Quién llega tarde a la última cita?

SEC. 59. INT-EXT. CABAÑA - SELVA (CONGO) - TARDE

Sobre el rostro insensible de Alexéi revolotean varias moscas...
VOZ EN OFF DE ALEXÉI
¿Qué es salir y entrar sin tener conciencia de ello?
Pero de pronto, interrumpiendo la infecta presencia de los insectos, entran a la cabaña TRES ANTROPÓFAGOS que, con suma destreza y experimentado olfato, toman al finado de los pies y de la cabeza, sacándolo afuera entre sonidos inquietantes de desconocido significado.
En el exterior, inapreciable sendero impenetrable de maleza, un GRUPO de unos diez salvajes de la misma tribu recibe calurosamente la mercancía que sacan ansiosamente los otros tres.
Bramando de nuevo los mencionados sonidos indescifrables, marcha el semidesnudo y pintarrajeado GRUPO entre la maleza adelante llevando el cuerpo por todo lo alto, sobre los estirados brazos.

SEC. 60. EXT. POBLADO ANTROPÓFAGO. ANOCHECER

Bajo la lluvia, el cuerpo de Alexéi yace sobre una especie de altar ritual.
Una MULTITUD de antropófagos, a su vez rodeada de toscas cabañas de madera, rodea el cuerpo.
DOS ANTROPÓFAGOS protegen de la lluvia una pequeña hoguera.
Todos braman sonidos parecidos, pero de pronto, algo, una presencia, los hunde en el más absoluto silencio.
Tras una corriente de ceniza aparece el JEFE DE LA TRIBU, otro salvaje más, aunque con mayores aditamentos decorativos, entre ellos varios collares de huesos, supuestamente humanos.
El JEFE DE LA TRIBU se acerca al altar, e iniciando el extraño ritual, musita para sí algunos sonidos casi en estado de trance.
La extenuada MULTITUD alza al cielo los brazos entre gritos de indescriptible violencia.
MÁS TARDE:
A la luz de la hoguera TODOS devoran partes de lo que fue el cuerpo de Alexéi: un NIÑO sacia su apetito devorando una mano, una ANCIANA raspa con su hosca dentadura lo que parece ser un pie, el JEFE DE LA TRIBU engulle lo que parece ser el corazón...
VOZ EN OFF DE BELIAL
Los infames recibirán su castigo.
La más sangrienta e inmunda de las orgías aparece ante nuestros ojos en su totalidad, en su repugnante apogeo.
VOZ EN OFF DE BELIAL
Ni él sabía lo importante que era.

FUNDE A NEGRO.

SEC. 61. EXT. JARDÍN CASTILLO. DÍA

La quietud...
...y de pronto, irrumpe un ruido atroz: proviene del motor de un automóvil.
El automóvil se detiene a los pies del jardín.
A través de la radio conectada escuchamos por lo bajo pero con claridad la VOZ DEL REPORTERO.
VOZ EN OFF DEL REPORTERO
Toquemos madera. El planeta estalló a tiempo. No quedó nadie sobre su tronco.
El conductor apaga la radio. Del automóvil sale un hombre de unos cincuenta años, ALEXÉI, de cuyo rostro, expresivamente envejecido y cansado, destaca una profunda cicatriz que lo divide en dos.
Antes de avanzar hacia la entrada se queda unos segundos observando la fachada del edificio, mole inmensa de piedra.
ALEXÉI comienza a caminar en dirección a la puerta, a unos quince pasos de distancia.
Llega a la puerta. Toca el timbre dos veces.
Al poco, la puerta se abre: bajo el umbral, aparece GUARINO, el criado, un enano de unos setenta años, de aspecto desagradable.
GUARINO (Haciendo un ademán con la mano.)
Le estaba esperando.
ALEXÉI pasa al interior, y con él, la puerta se cierra.
Sobreimpreso:
Amén.
Nuevas imágenes documentales de la selva amazónica: destrucción y miseria en los albores del siglo XXI.
El reportero aparece de nuevo ante la cámara, micrófono en mano, dejando en segundo plano las imágenes documentales.
REPORTERO
Sería arriesgado anticiparse a los resultados, pero una de las cartas parece haberse jugado. La pregunta vuelve sobre sí misma: ¿Qué hacemos aquí no estando? La respuesta fue tema de una época, ¿y seguimos creyendo en épocas?

- Fin -


Año 2005

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