20 de abril de 2008

Presa la noche (Guión cinematográfico)

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SINOPSIS


El catedrático de origen argentino Emilio Crémer se ha jubilado. Sólo una cosa ansía antes de desaparecer de la escena, escribir algo sobre alguien. Y ese alguien resulta ser un director de cine del que apenas quedan referencias: Jesús Pascual. Parcialmente asesorado por su amigo el profesor Roberto Vendrell, Crémer decidirá empezar desde cero, para lo cual marchará al pueblo que vio nacer a Pascual, Alcorisa. Durante su viaje, Crémer irá anulando su visión subjetiva del mundo para hacerse con otra visión, igual de subjetiva, acaso más nostálgica y trágica. Canalizando sus sentimientos pasados a través del tango, que surgirá de improviso, como una llamada del subconsciente, Crémer comenzará a recordar fragmentos dislocados de su pasado en Argentina. Al llegar a Alcorisa, Crémer chocará con un medio de vida más pausado y estático. Recibirá con extrañeza el desconocimiento que sobre el cineasta se ciñe, en un pasado abocado al más inmediato olvido... Y estallarán sus recuerdos con la llegada de una orquesta de tangos argentinos, de entre cuyos componentes, uno especialmente le perturba, el de una extraña mujer que con progresiva intensidad irá confundiendo con otra que habitó en su pasado. Entre tanto, iniciará su estudio escrito sobre Pascual, pero la crisis, implacable, le impedirá expresar adecuadamente sus conocimientos. Tras asistir al concierto que la orquesta ofrece, Crémer sufrirá una caída abismal que marcará su progresivo declive intelectual. Poco a poco, Crémer iniciará una turbia relación con la cantante de tangos... Con la llegada de Vendrell y los rollos de las películas de Pascual al pueblo, la situación se complicará todavía más... Crémer perderá la ilusión por el cine del estudiado, centrándose por el contrario en un perverso acercamiento hacia la mujer de la orquesta. Pero tras un oscuro pasaje onírico, la situación se invertirá. Crémer resultará ser una víctima inconsciente, y ella, una especie de mujer fatal en la línea de la Salomé bíblica. Consciente del peligro que corre, Crémer decidirá quemar todo cuanto ha escrito sobre Pascual y adelantarse a la perversa mujer. Así, tomará la drástica decisión de secuestrarla, más con algún problema en el acto. Cogerá su coche y marchará sin saber a donde, con la mujer encerrada en el maletero... Caerá la noche. Crémer, habiendo perdido toda noción de la realidad, sorprenderá en su camino a un hombre, pero para no atropellarlo tendrá que esquivarlo, estrellando el auto en un árbol. El hombre se acercará a Crémer, y éste, al reconocer su rostro, aterrorizado, marchará corriendo por la carretera... creerá ser perseguido... cruzará un bosque... y finalmente llegará a una extraña casa de campo, lugar donde podrá encontrarse a sí mismo, tras un lacerante discurso dialéctico con un caricaturesco personaje que parece su reverso. Al día siguiente, Crémer despertará en el hospital, herido, y recibirá de Vendrell una desagradable noticia, la de una doble muerte, por un lado, la de la cantante de tangos dentro del maletero y, por otro lado, la de un vagabundo llamado Jesús Pascual al que Crémer atropello en su fuga. En un indescriptible tiempo muerto, Crémer, consciente de lo que ha sido su vida, decidirá sacrificarla en la prisión, donde morirá, abandonando el terrenal mundo que lo vio nacer para convertirse, incorpóreo e intemporal, en una imperecedera refulgencia cósmica.



SEC. 1. EXTERIOR. BÓVEDA CELESTE. NOCHE
Descollando en el cielo nocturno... las estrellas, pequeños e irregulares puntos de centelleante luz...
VOZ EN OFF DE CRÉMER
He de confesarles que nunca me han gustado los principios... pero por el principio empezaré.

SEC. 2. INTERIOR. AULA DE LA UNIVERSIDAD. DÍA
Argentino de origen, con más de sesenta años en su haber, Emilio Crémer, profesor de Historia del Cine, preside intenso su última clase. El aula, bien iluminada y espaciosa, con forma de hemiciclo, acoge a unos doscientos alumnos, que escuchan, expectantes, las últimas palabras de su profesor.
VOZ EN OFF DE CRÉMER
Ese viejo con aire perverso y decadente al que todos simulan escuchar... soy yo... ahora y aquí... espero no aburrirles con este disparatado rosario de tópicos, pero así aparece ante mis ojos mi vida... y quizá también aparezca en ella algún destello de la suya. Quizá...
De pie junto a la mesa, en el estrado, Crémer habla en un tono alto y directo sin coger el micrófono, haciendo más familiar así el momento. Su acento argentino todavía permanece vivo.
CRÉMER
La mejor virtud que yo poseo contiene cierto sabor a vicio... ¿Recordáis a Montaigne?... Haced de vuestra mayor virtud el gran vicio supremo, esa pléyade sumarísima donde vuestros más depravados y refinados vicios intelectivos... se den cita, ¡cual gran desmesura siente el obispo ávido al báculo dorado!
Entre los alumnos, en una de las primeras filas, el profesor Roberto Vendrell, de unos cuarenta años largos, más o menos elegante, escucha atento y con cierta incredulidad las palabras de su colega.
CRÉMER
Treinta años llevo aquí, pudriéndome lentamente, saboreando los infectos frutos del árbol maldito, malgastando estúpidamente mi vida, ¡y sólo tengo una, una!... Os pretendo enseñar ese abanico de naderías academicistas y desfasadas que imperan los tiempos... pero intentando, al menos, hacer del saber que nos prohíben ese vicio con doble fondo y filo... y me pregunto, con cierta duda, ¿a servido en esencia última de algo?... Muchos profesores se contentarán con encontrarse a primeros de mes un buen taco de billetes como retribución. Yo, no... pues antes prefiero morir crucificado con clavos herrumbrosos a vivir clavado desde el principio a esa cruz de papel a la que la gran mayoría se deja clavar... No os dejéis alienar... El mundo empieza en vosotros, y termina a un palmo de vuestra sombra.
Crémer baja del estrado, acercándose a sus alumnos, con aire seductor y a la vez sencillo.
CRÉMER
He sido vuestro profesor durante este curso... Y vosotros habéis sido mis alumnos... ¡plena evidencia! Ahora podéis juzgarme.
El tictac del reloj. Unos segundos de silencio prolongado. Ningún alumno hace uso de su derecho.
CRÉMER
¡Adiós a la adornada perorata!... Y antes de clausurar este curso recibid éste mi último consejo: Ser fuertes ante la nada y venceréis con el todo, pues Dios no es nada, y eso, lo hace grande... Es todo.
Sobrio, Emilio Crémer se da la vuelta, volviendo al estrado. Suena el timbre. Los alumnos aplauden con fuerza a su viejo profesor. Desde las gradas, Roberto Vendrell contempla satisfecho y a la vez envidioso la elegancia y buen gusto desplegados por el orador.

SEC. 3. INTERIOR. PASILLOS DE LA FACULTAD. ATARDECER
Crémer y Vendrell van caminando lentamente por los anchos pasillos del edificio. Todo está tranquilo. Algunas siluetas humanas se pueden divisar a lo lejos... Alguna pisada resuena de fondo... Algún silbido descoordinado, apagado y lejano...
VENDRELL
Don Emilio Crémer, más tremendista que nunca, dando muestras de supuesta honestidad en su autocomplaciente traca final.
Vendrell, con un aire entre divertido y grisáceo, da una palmadita en el hombro a Crémer, más bien neutral ante su pueril crítica.
VENDRELL
Ah, y de paso, metiendo a don Michel de Montaigne en el tinglado... ¡Increíble!
CRÉMER
Don Roberto Vendrell... he de confesarte que cada día me resultas más cargante, cargante... esa es la palabra. Me he limitado a cumplir con mis alumnos, triste futuro el que les espera. Ya sé que a ti los tuyos te importan un comino, posiblemente ni eso... Respecto a mi amigo Montaigne, empiezo a dudar seriamente que hallas entendido algo suyo en tu vida.
VENDRELL
¿Quién ha dicho eso?
El rostro de Vendrell empalidece.
VENDRELL
Eres un loco pasional, y eso te hace...
CRÉMER
¿Pasional?
Ironizando, Crémer se lleva las manos al corazón.
VENDRELL
Sí... Vivimos en un mundo donde apenas tienen cabida los locos funcionales, los esclavos del sistema, como yo, triste de mí, clavado a mí, según tú, ridícula cruz de papel.
Crémer lanza una carcajada de incredulidad.
CRÉMER
Tú lo has dicho. Quizá sea un loco pasional, pero loco y con pasión miro lo que me apasiona. Escucha... yo en mi vida he pensado siempre en lo mismo: el pensamiento, estípite primero de la existencia. Y eso... eso me ha hecho comprender superficialmente las mentiras de la vida... unas mentiras tremendas... un grotesco e infame carnaval de caretas de papel pintado a mano, barnizado por fuera, carcomido por dentro.
VENDRELL
Barnizado y carcomido, dos buenos adjetivos.
CRÉMER
Palabrería, Roberto... sólo escuchas mi palabrería... ¡ves al fondo!
Siguen pasillo adelante.

SEC. 4. INTERIOR. BIBLIOTECA DE LA FACULTAD. TARDE
En la biblioteca, rodeados por varias estanterías cargadas de libros, y sentados en una mesa, Crémer y Vendrell, bajo la tenue luz de una lámpara suspendida del techo, examinan un revoltijo de libros, algunos abiertos por la mitad, otros tantos cerrados.
VENDRELL
¿Un estudio monográfico?
Vendrell, sorprendido, mira con asombro a su compañero. Entusiasmado, el viejo profesor asiente con la cabeza.
CRÉMER
No quiero despedirme de este mundo sin antes haber trabajado sobre algo poco trabajado de forma libre y acorde con mis convicciones... Me temo que estamos ante un cineasta a todas luces curioso, minusvalorado y desconocido... creo.
VENDRELL
¿Crees?
CRÉMER
Pero que yo crea en algo, de todos modos, no...
VENDRELL
Ya... Me congratula que hables tan... claro... A menos que no sea más que pura dialéctica... palabrería barnizada.
CRÉMER
¿Palabrería? Quizá, y a partir de palabras se componen los libros... y de libros se llenan las estanterías.
Crémer coge del revoltijo un libro al azar, como ejemplo.
CRÉMER
Ves... Libros hay cientos, miles, millones, yo que sé... Pero casi ninguno menciona siquiera brevemente las películas de este señor... entre otras tantas cosas, claro. Y con el tiempo los libros se cubren de polvo, y se hacen polvo... y pasan a engrosar rápidamente una interminable y absurda lista de referencias imposibles. Nada de nada.
Deja el libro en el revoltijo.
CRÉMER
Te puedo asegurar que otros cineastas mucho más irrelevantes han tenido una consideración de la que éste no ha gozado. Sobre ellos se ha escrito, se ha comentado, se ha visto...
Vendrell mira a su compañero, titubeante. Mientras, éste saca de su carpeta una libreta con escritos a mano.
VENDRELL
Claro... de todo tiene que haber.
CRÉMER
Escucha.
Encuentra la página que busca. Saca del bolsillo de la camisa sus gafas.
VENDRELL
Y eso...
CRÉMER
Palabras, para que te vayas enterando del tema, o del “tontema”... o de lo que te quieras enterar...
Crémer se pone las gafas.
VENDRELL
Pues...
CRÉMER
Pues Jesús Pascual Aguilar nació en el pueblo turolense de Alcorisa, allá por el año 1912... Su padre era maestro. Tras los primeros años, pronto marchó a Barcelona, donde estudió Derecho... Padeció la Guerra Civil y sobrevivió a un fusilamiento. Al ser partidario del franquismo tuvo más facilidades para salir adelante... Entró en el mundo del cine en los años cincuenta escribiendo guiones, pasando a dirigir por vez primera en 1954, aunque sólo cinco desconocidos filmes: Elena, Escuela de periodismo, El azar se divierte, El ángel está en la cumbre y La banda del Pecas. Dejó de dirigir a finales de los sesenta. Luego le pierdo la pista, aunque escribió algún libro de escasa popularidad. Y murió en 1997. Su fin del mundo... Casi nadie se hizo eco de su muerte. En resumen...
Cierra la libreta, se quita las gafas. Vendrell muestra cierto interés por el biografiado.
VENDRELL
Es curioso... Todo un intelectual. Y dime, ¿por donde vas a empezar?
CRÉMER
Por el medio, quizá por el principio, pero nunca por el final... Prefiero la muerte para los postres, a ser posible poco azucarada, pero no por ello agriada.
Crémer deja marcada en su rostro una sonrisa en apariencia victoriosa.

SEC. 5. INTERIOR. APARTAMENTO DE CREMER. NOCHE
Crémer coge media docena de libros viejos de una de las estanterías de su biblioteca, metiéndolos dentro de una bolsa. Sobre la mesa de trabajo, una maleta abierta, casi llena, con papeles, libros, útiles de escritura. Introduce la bolsa dentro de la maleta. La cierra con cierta dificultad.
CRÉMER (Para sí.)
Cuando todo empieza a ir ajustado termina por desajustarse...
En el suelo, preparada, otra maleta. Coge las maletas, apaga la luz y abandona el apartamento. Una vez fuera cierra la puerta con llave. Se arrodilla y deja la llave bajo la alfombra de entrada. Al levantarse mira las puertas de los demás vecinos.
CRÉMER
Ya sabéis donde está... Sólo tenéis que saberlo... La propiedad no es un robo, no es nada. ¡Adiós!
Baja las escaleras con las maletas, silbando algo indescriptible...

SEC. 6. EXTERIOR. AUTOPISTA. AMANECER
Un paisaje seco y escarpado. Y en medio, una imponente y horrible autopista saturada de automóviles. Ruido. Entre éstos, el coche de Crémer, que deja la autopista saliendo por un desvío con otros tantos coches.

SEC. 7. INTERIOR. COCHE DE CREMER. DÍA
Crémer agarra el volante con fuerza. La radio, encendida, a todo volumen. La ventanilla del auto, abierta. Lleva puestas las gafas. Mira al frente. La carretera está saturada de tráfico. Su rostro, sudoroso y tenso, deja entrever apasionamiento por lo que hace. El marcador de la velocidad ronda los 100.
VOZ DEL LOCUTOR DE RADIO
Y el número de accidentes aumenta de manera escandalosa, señores. Ya van más de veinte turismos estrellados en lo que llevamos de mañana... y la cifra sube para arriba...
Con una impensable risa macabra, Crémer desconecta la radio y presiona al máximo el acelerador. La velocidad se incrementa enormemente. El marcador sube a 160. Pulsa el claxon de forma repetida y absurda. Los conductores de los demás vehículos, evidentemente extrañados, aminoran su marcha, dejando paso a Crémer.

SEC. 8. EXTERIOR. APARCAMIENTOS. RESTAURANTE DE CARRETERA. DÍA
El sol abrasa. Crémer sale del coche. Una vez en pie, mira al reloj. Se quita las gafas. Saca de su bolsillo un pañuelo, pasándoselo por la frente.
CRÉMER
Doscientos kilómetros más.
Cierra la puerta del automóvil con llave y comienza a caminar hacia el interior del restaurante.

SEC. 9. INTERIOR. RESTAURANTE DE CARRETERA. DÍA
El reloj de pared del restaurante marca la una y media. Es un lugar espacioso y confortable. En el comedor no hay nadie. Crémer asoma curioso la cabeza. Un camarero, sentado en una de las mesas, lee el periódico mientras bebe con placer una copa de anís. Al percatarse de la presencia del cliente deja la lectura, acercándose con amabilidad a éste. De fondo se escucha un tango, Desde el alma, con la voz de Nelly Omar.
CAMARERO
Buenos días.
CRÉMER
Está tranquilo el servicio.
CAMARERO
Nos vamos defendiendo... Y bien, ¿qué desea?
Crémer detiene la conversación, abstraído por el tango.
CRÉMER
Nelly Omar.
CAMARERO
¿Cómo dice?
Se lleva la mano al oído durante unos segundos. El camarero mira con interés al extraño cliente.
CRÉMER
Desde el alma. Lo canta Nelly Omar. Escuche, escuche la letra, la música... las partes por el todo.
Los dos escuchan.
CRÉMER
Una de mis voces femeninas favoritas, sabe. ¿La conoce?
CAMARERO
No, no. Yo de tangos entiendo poco.
CRÉMER
Dice mucho... Un precioso y sencillo tango escrito desde el alma, con el alma... Es curioso... Me evoca mi tierra.
CAMARERO
¿Es argentino?
CRÉMER
Pampero, para ser más exactos.
CAMARERO
Se le nota en el acento.
CRÉMER
Se me nota en el acento...

SEC. 10. INTERIOR. COCHE DE CREMER. TARDE
Crémer conduce el automóvil. Mientras lo hace tararea la melodía del tango Desde el alma.

SEC. 11. EXTERIOR. CARRETERA. TARDE
La línea de la carretera se pierde en el horizonte. Al fondo, las grises montañas, apenas perceptibles. El coche de Crémer se aleja lentamente, cada vez más pequeño, más insignificante, devorado por los funambulescos contrastes de la naturaleza.

SEC. 12. EXTERIOR. CALLES DE ALCORISA. NOCHE
Crémer ha llegado a su destino. Por las calles de Alcorisa, estrechas y empinadas, a poca velocidad, el viajero conduce su coche con evidente torpeza, esquivando malamente los repentinos baches. Detiene el automóvil en un cantón. Sale del vehículo y se quita las gafas. Mira el reloj. Pasan diez minutos de las once. Por las calles apenas puede verse alguna presencia humana, sí un gato negro, estático e inquietante, en un balcón. Abre el maletero y saca el equipaje. Finalmente, suspira, tranquilo.
CRÉMER
Doscientos metros más.

SEC. 13. INTERIOR. RECEPCIÓN. FONDA DE ALCORISA. NOCHE
Crémer entra en la fonda del pueblo. El vestíbulo es pequeño y está cuidadosamente amueblado. El edificio, viejo, tiene un ambiente húmedo, muy fresco. En la mesa de recepción, una anciana de unos ochenta años largos, con los ojos cerrados, reza en voz baja el rosario. Al ver al desconocido deja sus oraciones.
CRÉMER
Buenas noches. ¿Es tarde?
Crémer deja las maletas en el suelo. Se acerca a la anciana.
ANCIANA DE LA FONDA
¿Quiere pensión?
CRÉMER
Algo discreto...
ANCIANA DE LA FONDA
Una habitación... Todas son igual de discretas.
La anciana saca de un cajón carcomido libreta y bolígrafo. Sobre la rugosa superficie de la libreta una araña emprende la fuga. La anciana la sorprende, aplastándola con el puño. Al ver el cuerpo espachurrado de la araña por la mesa, Crémer desvía la vista, evitando la repugnante imagen.
ANCIANA DE LA FONDA
¡Malditos bichos! Bien... pues dígame su nombre.
CRÉMER
Emilio Crémer. Crémer, con c.
La anciana, mientras lo escribe, lo repite despacio en voz baja.
ANCIANA DE LA FONDA
¿Es alemán?
CRÉMER
No, argentino.
ANCIANA DE LA FONDA
Eso para lejos... Bien, tiene la habitación número 1. No le costará encontrarla, es la primera que verá al subir esas escaleras. Es la mejor de la casa, tiene buenas vistas.
CRÉMER
Estupendo.
ANCIANA DE LA FONDA
Eso sí, imagínese que el poste de la luz no está, ya sabe...
Firme aquí abajo, en este cuadrado.
Acerca la libreta y el bolígrafo a su cliente, quien deja impresa en el papel una sofisticada firma. La anciana entrega a su nuevo huésped la llave de la habitación.
CRÉMER
Muy bien.
ANCIANA DE LA FONDA
Ande, pues váyase a dormir que es tarde. Le llevaré el desayuno a las ocho.
Crémer asiente.
CRÉMER
Buenas noches.
ANCIANA DE LA FONDA
Y rece, rece un Padrenuestro bien rezado... y vivirá un día más. Palabra de Dios.
Ante las ingenuas palabras de la anciana, Crémer ríe con cierta confianza.
CRÉMER
Cuentos de viejas, señora, ni caso...
Coge sus maletas y sube por las escaleras, camino de la habitación. La anciana vuelve a refugiarse en sus oraciones.
ANCIANA DE LA FONDA (En voz baja, para sí.)
Pobre ignorante...

SEC. 14. INTERIOR. HABITACIÓN 1. FONDA DE ALCORISA. DÍA
Es de día. Por la ventana, entre las cortinas, la luz del sol comienza a entrar con timidez. El reloj de pulsera de Crémer, sobre la mesilla, junto a una radio antigua, marca las ocho y cinco. Tendido sobre la cama, el profesor todavía duerme. La habitación, además de la cama y de la mesilla, tiene junto a la puerta de entrada una pequeña mesa de aseo con un espejo. De cara a la ventana, una amplia mesa de escritorio con una silla. De pronto, dos golpes en la puerta. Un momento de silencio. Dos nuevos golpes, más fuertes. Al segundo golpe se despierta sobresaltado, incorporándose de inmediato.
CRÉMER
Ya... ¡ya voy!
En pijama, descalzo por el suelo, se acerca a la puerta. Abre. Es la anciana, con la bandeja del desayuno. En la bandeja, sobre un tapete de tela, una taza de café con leche, dos terrones de azúcar, un plato con galletas, miel y una cuchara. Crémer, agradecido, coge el sustento.
CRÉMER
Gracias.
ANCIANA DE LA FONDA
¿Rezó anoche?
CRÉMER
Lo mismo que la araña a la que liquidó.
ANCIANA DE LA FONDA
¿Liquidación? Si se refiere al colchón, sepa que es nuevo, lo cambié la semana pasada, no sé, antes de lo de Tejero.
La anciana se da la vuelta, presta a marcharse.
CRÉMER
Un momento.
Ante la llamada de su cliente, ésta se da la vuelta.
ANCIANA DE LA FONDA
¿Sí?
CRÉMER
¿Cómo se llama?
La anciana sonríe. Crémer le devuelve otra sonrisa.
ANCIANA DE LA FONDA
Josefa.
CRÉMER
Y una pregunta más, Josefa. ¿Conoce usted a Jesús Pascual Aguilar?
La anciana repite el nombre despacio, pensando, mirando al suelo.
ANCIANA DE LA FONDA
Jesús Pascual Aguilar. No caigo. Dice que se llama... No, no caigo en quien pueda ser.
CRÉMER
¿Está segura? Este señor trabajó en el cine en los años cincuenta. Y nació aquí, en el año 1912. Casi de su quinta.
ANCIANA DE LA FONDA
No soy tan vieja, y no, no caigo. Ese ya estará en el cementerio... Pobrecillos, todas noches rezo por ellos.
La anciana, indiferente, se da la vuelta, marchándose escaleras abajo. Crémer cierra la puerta de su habitación. Deja la bandeja sobre el escritorio. Inquieto, se tumba sobre la cama. Cierra los ojos.

SEC. 15. EXTERIOR. CALLES DE ALCORISA. DÍA
Crémer pasea por las calles del pueblo, estrechas e irregulares. La arquitectura del común de las casas no pasa de ser mera edilicia. El tráfico es mínimo. Algún vecino cruza de vez en cuando la calle. Todo es monótono, tranquilo.

SEC. 16. EXTERIOR. VELADORES. ALCORISA. DÍA
En su discurrir por las calles del pueblo, Crémer llega hasta el centro del pueblo, al nivel de la carretera. Rodeada por una parca vegetación, una fuente con una vistosa pero no muy notable escultura, emite continuados y ridículos chorros de agua al aire, un poco desafiando a la seca naturaleza de la zona. Junto a ésta, varios veladores. Unas cuantas personas de variopintas formas reciben la brisa de la mañana, mientras, desafiando al detenido tiempo, beben algo... Entre los mismos veladores, bancos de madera... Sentados en ellos, algunos ancianos hablan. Crémer, buscando posibles pistas, no duda en acercarse a ellos. A muy pocos metros, duda, pero finalmente se decanta por preguntar a un jubilado de su edad que descansa en uno de los bancos, leyendo con curioso apasionamiento el ABC. Se acerca, directo pero educado.
CRÉMER
Buenos días.
El jubilado se percata de la presencia, levantando su mirada, antes detenida en la lectura de los textos. Deja el periódico a un lado.
HOMBRE DEL PERIÓDICO
Dirá...
CRÉMER
Mire, yo estoy, digamos, haciendo un estudio sobre un director de cine que nació aquí... Se llamaba Jesús Pascual. ¿Lo conoce?
HOMBRE DEL PERÍODICO
Del cine dice... ¿Aquí?
CRÉMER
Así es. Dirigió cinco películas.
Sorprendido, el jubilado se pasa la mano por la cabeza, intentando recordar.
HOMBRE DEL PERIÓDICO
¿Y dice que nació aquí?
CRÉMER
Murió hace unos años en Barcelona, pero sí, Alcorisa era su pueblo natal.
HOMBRE DEL PERIÓDICO
Dirigió películas... Pues no sé. Pregúntele a esos de allí. Seguro que sabrán algo. El más mayor tiene noventa y un años, no le va muy bien la cabeza, pero se defiende con el bastón.
Con la mano, al frente, el jubilado señala a tres decrépitos ancianos que reposan en un banco bajo el tórrido sol.
CRÉMER
Gracias.
HOMBRE DEL PERIÓDICO
No es nada. Hoy por ti y mañana por mí.
El jubilado vuelve a coger el periódico para centrarse en la lectura. Crémer se acerca hacia los ancianos.
CRÉMER
Hola.
Los tres lo saludan con un avezado gesto facial.
CRÉMER
¿Conocen ustedes por casualidad a Jesús Pascual?
ANCIANO 1
¿Dice algo?
CRÉMER
Jesús Pascual Aguilar, ¿lo conocen?
ANCIANO 2
A mí no me suena... ¿Y a vosotros?
ANCIANO 3
No.
CRÉMER
¿Están seguros?
ANCIANO 2
No.
El jubilado del periódico observa lo que ocurre. Se levanta, acercándose a Crémer.
HOMBRE DEL PERIÓDICO
Vaya al Ayuntamiento... Allí lo sabrán...
Resignado tras su pedestre investigación, Crémer asiente.

SEC. 17. EXTERIOR. CALLES DE ALCORISA. DÍA
Crémer camina por el centro urbano, buscando el Ayuntamiento. Llega a una plaza, descubriéndolo al fondo. Se va aproximando. Entra.

SEC. 18. INTERIOR. DESPACHO DEL ALCALDE. AYUNTAMIENTO DE ALCORISA. DÍA
Por la ventana entra buena luz. Cara a cara, a la mesa, Crémer y el alcalde. El alcalde, de unos treinta años, bolígrafo en mano, mira con sumo interés a Crémer.
ALCALDE
Pues no sabíamos nada... Así que tenemos un paisano del cine y nosotros sin saberlo.
CRÉMER
Mi idea es escribir un libro sobre Pascual, centrándome en su cine y su persona, sus intereses culturales e ideológicos, ya sabe, captar la situación histórica y social de entonces. Pero tengo que investigar más a fondo, por eso he venido aquí de propio, a las raíces.
ALCALDE
Entiendo...
Al despacho entra la secretaria, con un libro antiguo y recio en la mano, entreabierto por una página.
CRÉMER
Esta es tierra de cine. Ya ven, a pocos kilómetros más allá, Buñuel. Es una lástima que esté muerto. Los reconocimientos siempre llegan tarde... y a veces ni eso.
La secretaria se acerca a la mesa.
SECRETARIA
Su Acta de Nacimiento.
ALCALDE
A ver...
La secretaria deja el libro sobre la mesa, a la vista de Crémer y el alcalde. El alcalde se lo acerca. Comienza a leer con entusiasmo.
ALCALDE
Bien, veamos... En el folio número 15... Sí. Jesús Pascual Aguilar. En Alcorisa, a las 9 del día 12 de febrero de 1912, ante don Rafael Aznar Gómez, Juez municipal, y don José Felez Felez, Secretario, compareció... don Ambrosio Pascual... ¡Nuestro hombre! No cabe la menor duda, tal y como usted dice.
El alcalde da la vuelta a la página. En la esquina superior del margen sorprende la nota de defunción del cineasta.
ALCALDE
¡Joder! Y murió, es cierto. Ni nos enteramos... Lo que son las cosas.
CRÉMER
Lea esa anotación...
ALCALDE
Defunción. Nota. En la página 516 del tomo 888 del Registro Civil de Barcelona consta inscrita... la defunción de Jesús Pascual Aguilar, acaecida el día 16 de julio de 1997. A 14 de abril de 1998. Firmado por el aquí firmante, fulano de tal. Curioso...
CRÉMER
Señor alcalde, puede estar seguro de que sacaremos del olvido a Pascual... Presa está quedándosenos la noche.
SECRETARIA
Amén.

SEC. 19. INTERIOR. HABITACIÓN 1. FONDA DE ALCORISA. NOCHE
Sentado en la mesa escritorio, a la luz de una lámpara, Crémer observa el panorama visible desde la ventana, abierta de par en par. El cielo, negruzco, salpicado de pequeños puntos luminosos, estrellas en la noche, atravesado por el poste de luz eléctrica. El sonido de algún grillo. Sobre la mesa unos cuantos folios en blanco, una pluma y tinta. Coge la pluma. Escribe: “Vida y obra de Jesús Pascual”. Se para a pensar un momento. Indeciso, se levanta de la silla, camina despacio por la habitación. Mira la radio de la mesilla, se acerca y la enciende. Al hacerlo surge del altavoz la voz de Nelly Omar, cantando el tango Desde el alma. Crémer vuelve al escritorio. Tacha lo escrito y hace del papel una bola, tirándola al suelo. Sobre folio nuevo escribe: “Presa la noche”.

SEC. 20. INTERIOR. RECEPCIÓN. FONDA DE ALCORISA. NOCHE
Sentada a la mesa, con el rosario en las manos, la anciana lleva su mirada al techo. De fondo se escucha el tango.

SEC. 21. EXTERIOR. CALLES DE ALCORISA. NOCHE
Bajo la noche estrellada, el pueblo, iluminado por algunas improvisas farolas. Las calles están desiertas. De fondo, destacando en el silencio, puede escucharse, muy distante pero presente, el tango Desde el alma, resonando ilícito en la mitad de la noche.

SEC. 22. INTERIOR. HABITACIÓN 1. FONDA DE ALCORISA. AMANECER
Los primeros rayos de luz comienzan a iluminar la habitación. Crémer, tendido en la cama, duerme. Sobre el escritorio... un montón de folios escritos a mano. La letra de Crémer: “Presa la oscuridad, escapó la luz...”

SEC. 23. EXTERIOR. VELADORES. ALCORISA. DÍA
En uno de los veladores, Crémer toma un café. A sus ojos, todo parece estar igual. La misma fuente, los mismos ancianos sentados en los bancos, el mismo jubilado leyendo el ABC, el mismo tiempo, veraniego. Poca gente. Mientras da el último sorbo al café, descubre, iluminando su rostro, el camión de una orquesta ambulante, acercándose, en cuyo colorista letrero se lee “Del pasado”. El vehículo se detiene. De ella baja la orquesta completa, con sus respectivos instrumentos. Se sitúan frente a los veladores, sentados sobre taburetes de madera. De entre los seis componentes del grupo aparece una hermosa y joven mujer, la voz solista femenina. Una larga cabellera negra, unos treinta años, todo esplendor. Comienzan a sonar las primeras notas del tango Adiós Pampa mía. Y con las notas, surge la sutil voz. Crémer sonríe a la mujer. Ella, cantando, le devuelve otra sonrisa. Él, nostálgico, cierra los ojos, marchando con la música a otra parte.

SEC. 24. EXTERIOR. CALLES DE BUENOS AIRES. AÑOS 60. DÍA
Emilio Crémer, maleta en mano, con cuarenta años menos, pasea por su ciudad acompañado por su viejo profesor Julio, entrañable anciano de casi ochenta años, que apoya sus pasos sobre un bastón.
JULIO
Emilio, pese a todo, te voy a echar mucho de menos.
CRÉMER
Don Julio...
JULIO
No sientas nada. Sáciate... Y cuando lo hagas, no dejes de mirar atrás, y morirás feliz, pues el que muere por amor a la virtud, no perece, no perece nunca. Me lo dijo Plauto. Yo no pude seguir sus palabras, pero me quedé con ellas.
CRÉMER
Intentaré buscar a Plauto, maestro.
JULIO
Búscalo, más no te quemes al intentarlo... Sigue adelante, sigue, alumno... amigo.
CRÉMER
Adiós.
Se dan un sentido abrazo. Crémer deja atrás a su maestro. Sigue en línea recta por la calle, perdiéndose entre la inmensa multitud. El anciano Julio observa, quieto, apoyado sobre su bastón, como su alumno se va para no volver.
JULIO
Adiós... dulce príncipe.

SEC. 25. EXTERIOR. VELADORES. ALCORISA. DÍA
Crémer abre los ojos. El tango ha terminado. La gente de los veladores aplaude efusiva. Los músicos agradecen las loas mientras van plegando sus bártulos. La mujer cantante, de espaldas, se recoge la melena. Crémer se levanta del velador, acercándose a ésta.
CRÉMER
Del pasado.
NELLY
Eh...
Sobresaltada, la mujer se da la vuelta.
CRÉMER
¿Argentina?
Con el pelo ya recogido, esboza una sonrisa acartonada.
NELLY
Argentina, ¿y vos?
Sin mediar respuesta, Crémer da una vuelta completa alrededor de la mujer, cargada de acotaciones animales.
CRÉMER
¿Cómo os llamáis?
Intimidada, se sonroja.
NELLY
Ne... lly.
La joven se encoge de hombros.
CRÉMER
Nelly... Eso si que es argentino. Me llamo Emilio, Emilio Crémer.
NELLY
Encantada.
CRÉMER
¿Estáis de paso?
NELLY
Más o menos, unos días.
CRÉMER
Fantástico.
Con prisa, Nelly hace ademán de marcharse.
NELLY
Nos vemos... Chao.
La joven se da la vuelta y sube al camión. Sus compañeros ya están dentro.
CRÉMER
Nelly... Cecilia.
El vehículo arranca.

SEC. 26. INTERIOR. DESPACHO DEL ALCALDE. AYUNTAMIENTO DE ALCORISA. DÍA
Sentados a la mesa, Crémer y el alcalde.
ALCALDE
He dejado el asunto a disposición del Círculo de Cine. Desde esta tarde tiene las puertas abiertas...

SEC. 27. EXTERIOR. FUENTE. CALLES DE ALCORISA. DÍA
Crémer, contemplativo, se detiene ante una fuente. Moja sus manos en el chorro.

SEC. 28. INTERIOR. MILONGA “AZUL”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. NOCHE
La mano de Crémer bajo un chorro de cristalina agua. La sala de baile está casi a rebosar. Junto a la fuente, en una mesa, Crémer está sentado junto a una joven morena de gran parecido con Nelly, Cecilia. Sobre el tablado, bajo una farola, un intérprete canta el tango Caminito, pretendiendo emular a Carlos Gardel, más logrando un notable parecido. Las guitarras le acompañan. Crémer se levanta de la silla, ofreciendo su brazo al de su compañera. Ella lo acepta cariñosa.

SEC. 29. EXTERIOR. FUENTE. CALLES DE ALCORISA. DÍA
Crémer quita la mano del evocador chorro de agua. Mira al frente... y se marcha.

SEC. 30. EXTERIOR. CALLES DE ALCORISA. DÍA
Acercándose a la fonda en la que está instalado, Crémer sorprende al lado de la casa el camión de la Orquesta “Del pasado”. En la puerta, tomando el sol, Nelly.
NELLY
¿Usted por aquí?
CRÉMER
Yo por aquí. Me hospedo en la 1, es la habitación con mejores vistas de la casa.
NELLY
Nosotros también nos hospedamos aquí... Qué coincidencia.
CRÉMER
Nelly... cantáis muy bien.
Nelly sonríe.
NELLY
¿Lo dice en serio?
Cremer se acerca a la joven. Ella, algo intimidada pero no retraída, hace lo mismo.
NELLY
Esta noche actuamos... Cuento con verle... Será mi invitado de honor... Así verá... si lo hago... bien.
CRÉMER
Allí estaré.
Él acaricia su nariz. Casi por inercia acercan sus rostros. En el último momento no llegan a tocarse. Por la puerta aparece un hombre de unos treinta y tantos años, Carlos, la voz masculina del grupo.
CARLOS
Nelly, venga, que nos llama la señora Josefa para comer.
Carlos se acerca... Nelly y Crémer se distancian ligeramente, con cierto y surreal disimulo.
NELLY
Ah, Carlos... Mira, este es... Emilio, un amigo, es de Buenos Aires. Se hospeda aquí.
Crémer se acerca con amabilidad a Carlos, y Carlos hace lo mismo. Se dan un beso.
CARLOS
Fenómeno, un paisano nuestro por estas tierras de España.
CRÉMER
La verdad, ya llevo aquí muchos años, pero no me quito Argentina de la cabeza... De aquí para allá, entre tangos y política... estamos jodidos.
CARLOS
Pero la tierra es la tierra, y como nuestra madre, no hay más que una, amigo Emilio.
CRÉMER
Razón no os falta... Nelly me ha dicho que sois un gran intérprete del tango.
Halagado, Carlos sonríe.
CARLOS
Todavía no lo sé. Mi madre me puso de nombre Carlos, ya sabe, por Gardelito. Era una enamorada de aquel hombre. Quería ver en mí a su sucesor, o algo así, y aquí estoy, pasando más penas que glorias, casi viviendo lo que canto... Pero me gusta... Y el arte no me lo quita nadie... Y luego tengo a mi Nelly. Sí, no he nacido en la época adecuada, pero no puedo quejarme.
CRÉMER
Le envidio, Carlos.
NELLY
No os pongáis tan dramáticos...
CARLOS
Eso, dejémonos de penas y vamos a dentro.
Entran en la fonda.

SEC. 31. INTERIOR. COMEDOR. FONDA DE ALCORISA. ATARDECER
Crémer y la orquesta al completo en el comedor de la fonda. Los postres han terminado. Josefa va recogiendo los platos. Nelly y Crémer no pueden dejar de mirarse. Carlos se levanta.
CARLOS
Y ahora, un tango para nuestro amigo Emilio, que bien se lo merece.
Crémer, agradecido, acepta el gesto de Carlos, levantándose también.
CRÉMER
¡Y por Argentina!
Crémer vuelve a tomar asiento. Los componentes del grupo van sacando los instrumentos. Cada uno se prepara, unido a su bártulo. Horacio al violín, Miguel a la guitarra, Edmundo al bandoneón, Felipe al contrabajo y Máximo a un pequeño piano de facturación casera, parecido a un clavicordio.
CARLOS
Noches de Colón. ¡Adelante!
La orquesta comienza a tocar. La anciana escucha desde la puerta, ajena. La exquisita música va expandiéndose con peculiar resonancia por la habitación. A través de la ventana un anciano transeúnte observa y escucha. Nelly y Crémer siguen mirándose, con implacable y masoquista fuerza, prolongando el tiempo, ardiendo en él. Carlos, de pie, toma respiración... Y entra, con una voz sobrecogedora, apasionada. Conforme la letra avanza Nelly y Crémer se miran con mayor intensidad, intentando superar esa barrera invisible que los separa. La calidez del momento tiene algo de frío. Pero la emoción que experimentan todos anula cualquier frialdad. Y en un poderoso todo de armonía la joven y el viejo se dejan llevar por los sonidos del tango.

SEC. 32. INTERIOR. CÍRCULO DE CINE. ALCORISA. TARDE
Una espaciosa y cómoda sala rectangular con butacas. Al fondo, la pantalla de cine. Se abren las puertas del fondo del recinto. Entran una docena de personas. Entre ellas, Crémer. El grupo de cinéfilos se sienta en las butacas. Presidiendo la reunión, el director del Círculo, Lauro, de pie. Crémer, a su lado, también de pie, observa como los demás asistentes centran su mirada en él. El director del Círculo, de unos cincuenta años, muy bien vestido, imponente, inicia su discurso.
DIRECTOR DEL CÍRCULO
Estimados amigos, hoy es un día especial para todos nosotros. Hemos perdido demasiado tiempo visionando esos impecables clásicos de la Hammer, y lo hemos pasado muy bien con Drácula y la Momia, desde luego, pero nuestra ignorancia y nuestro olvido nos ha llevado a descuidar algo mucho más cercano y autóctono, algo que teníamos en casa y hemos dejado en el trastero. Aquí, a mi izquierda, tienen un rostro nuevo, el de un catedrático de cine... el de un hombre inteligente y sensato... el de una persona con buenos ojos que ha tocado la idea de rescatar a una persona antes para nosotros desconocida, sí, un paisano nuestro llamado Jesús Pascual. Este gran hombre de nuestro pueblo murió hace pocos años, en la oscuridad. Y nosotros, nada agradecidos, le dejamos morir en el olvido, sin reconocerle nada. Ahora ya es tarde... Pero más vale un homenaje póstumo que un olvido seguro... creo que si no llega a ser por este hombre que ven a mi lado, posiblemente el olvido hubiese sido absoluto.
Crémer, halagado y algo nervioso por las finas palabras del director, toma el relevo. Los asistentes le aplauden con energía durante un breve pero sentido momento. El director del Círculo toma asiento en una butaca. Crémer inicia su charla.
CRÉMER
La verdad... Yo sólo me he limitado a remover papeles viejos, en fin, a cambiar de lugar el polvo. Pero Jesús Pascual siempre ha estado ahí, esperando que alguien lo redescubra. Lo mismo sus películas, sus libros, y su pueblo, Alcorisa, que antes desconocía y ahora sorprendo, fascinado, por su belleza natural y sus gentes. Hablar aquí, en el pueblo natal de Jesús Pascual, me resulta muy grato, bueno, sinceramente no sé lo que me resulta, pero espero no hacer el típico y aséptico discursito de conferenciante de feria... La primera película de que vi de Jesús fue El azar se divierte. Una deliciosa comedia... Ese billete falso que se escapa, que no se deja coger, que se escapa, que se sigue escapando, y que al final... Nada es lo que parece... Es algo difícil de explicar. ¡Cuanta razón tuvo aquel que dijo eso de que más vale una imagen que mil palabras!
Crémer, algo emocionado, no puede ocultar su apasionamiento. Sus gestos, sus palabras...
CRÉMER
Aunque yo prefiero quedarme en la imaginación...
Todos, absorbidos por su invitado, dejan en su mirada un rastro de copioso regocijo.
CRÉMER
Con nuestro empeño pondremos a Pascual en el lugar privilegiado que se merece. Proyectaremos sus películas, conseguiremos sus escritos, le daremos en su pueblo una cátedra de aire divino y sentimental... Gracias a todos.
El director del Círculo se incorpora.
DIRECTOR DEL CÍRCULO
Y además, don Emilio, me han contado que está escribiendo un libro sobre Pascual, ¿no es así?
CRÉMER
Un libro que todavía no es libro.
DIRECTOR DEL CÍRCULO
Todo proceso requiere una transformación.
CRÉMER
¡Y una transgresión!

SEC. 33. EXTERIOR. PLANICIE. AFUERAS DE ALCORISA. NOCHE
La actuación de la Orquesta “Del pasado” está a punto de comenzar. Todo el tinglado está instalado a punto, desde las luces hasta los altavoces, al detalle. Frente al escenario, varias largas filas de funcionales sillas de plástico, con el público, no más de trescientas personas, cubriendo casi todo el espacio. De la oscuridad del fondo aparece a lentos pasos Crémer, acercándose hasta las primeras filas. Toma asiento. Del rojo telón del improvisado escenario aparece el rostro de Nelly, recién maquillado. Las luces se intensifican. El sonido de los altavoces se activa. Y se abre el telón. Rodeando el centro del escenario, la orquesta al completo: Horacio al violín, Miguel a la guitarra, Edmundo al bandoneón, Felipe al contrabajo y Máximo al piano de cola de la orquesta. Carlos, vestido con un frac, hace su aparición, acercándose al micrófono, en el centro del espacio. El público aplaude. Crémer guarda silencio.
CARLOS
¡Buenas noches, Alcorisa!
El aplauso del público se repite, con mayor intensidad que la de antes.
CARLOS
En esta noche de verano, evocando a Argentina, os vamos a deleitar con un repertorio del mejor arte de nuestra tierra sureña. Y para empezar, nada mejor que escuchar un puro tango argentino al viejo estilo, uno de los imborrables, de los buenos, de esos que todos tenemos en la cabeza como icono de nuestras vidas... Con todos ustedes, ¡Nelly!
Del telón interior sale Nelly, con un aire ingenuo y tremendamente provocativo, vestida un poco al estilo de Libertad Lamarque en el Gran casino de Luis Buñuel.
CARLOS
Sombras nada más. ¡A por ella con arte!
Carlos le deja el puesto.
NELLY
Buenas noches.
Nelly, mirando al público, se fija en la presencia de Crémer, quien le hace una discreta seña con la mano. Ella agarra el micro y le mira a los ojos. El tango arranca. Los ojos de Crémer, afectados de nostalgia, comienzan a humedecerse.

SEC. 34. INTERIOR. MILONGA “AZUL”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. NOCHE
Con cuarenta años menos, Crémer baila con Cecilia, la joven morena tan parecida a Nelly. En el escenario, una intérprete canta Sombras nada más. Al fondo, la orquesta.

SEC. 35. EXTERIOR. PLANICIE. AFUERAS DE ALCORISA. NOCHE
Nelly sigue cantando. Crémer se lleva el pañuelo a los ojos.

SEC. 36. INTERIOR. MILONGA “AZUL”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. NOCHE
Cecilia y Crémer siguen bailando. De repente ella detiene sus pasos y... mirando a Crémer a la cara, sin quitarle los ojos, intentado decir algo entre el bullicio... se desploma. Él la agarra con fuerza, pero ya es tarde... está en el suelo. La intérprete sigue cantando. Al percatarse de lo ocurrido, la gente acude. El tango sigue su curso.

SEC. 37. EXTERIOR. PLANICIE. AFUERAS DE ALCORISA. NOCHE
El sudor recorre el rostro de Crémer. No puede aguantar más la intensidad del momento, del tango. Se levanta de la silla y se va. Nelly sigue cantando, pero al ver marcharse a Crémer deja entrever en su rostro una cierta decepción.

SEC. 38. INTERIOR. MILONGA “AZUL”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. NOCHE
Larga en el suelo, en una inerte contorsión, Cecilia yace muerta, con los ojos abiertos, con una expresión neutral, marmórea. Crémer, de pie frente al cuerpo, rodeado de gente, se lleva la mano al pecho. Mira hacia atrás y tras unos segundos de duda, enfrentado a las frías miradas de los allí presentes, echa a correr. Nadie lo detiene en su fuga.

SEC. 39. EXTERIOR. CALLES DE ALCORISA. NOCHE
Crémer camina por las calles del pueblo.

SEC. 40. EXTERIOR. CALLES DE BUENOS AIRES. AÑOS 60. DÍA
Llevando la maleta, con paso ligero, el joven Crémer detiene su andar y mira, nostálgico, hacia atrás. En la lejanía, su viejo profesor Julio, de pie, apoyado sobre su bastón, le sigue con la mirada. Se dan un último saludo a distancia, un cruce mental de miradas. Crémer se vuelve al frente. Toma la primera bocacalle que encuentra... y desaparece entre la multitud.

SEC. 41. INTERIOR. HABITACIÓN 1. FONDA DE ALCORISA. NOCHE
Crémer, sentado al escritorio, sujetando la pluma en su mano, mira pensativo un folio en blanco. De pronto, un imprevisto golpe de inspiración. Escribe: “Buscar en el cine de Pascual claves intelectuales es algo más bien improbable, pues su narrativa, sencilla y ligera, sensitiva, tiene mucho más que ver con un tango argentino...” Crémer levanta su mirada del papel, llevándola por la ventana, mirándose a sí mismo, reflejado en el cristal.
MÁS TARDE:
Dos golpes secos en la puerta. Un breve silencio. Dos nuevos golpes. Crémer deja en la mesa la pluma tumbada, se levanta y va hacia la puerta. Abre. Es Nelly.
CRÉMER
Nelly...
NELLY
Te marchaste... me dejaste. Eres un...
CRÉMER
Es algo que me viene de dentro... No lo puedes entender. Me llama mi compañero el Miedo.
NELLY
¿Me tienes miedo?
CRÉMER
No lo entiendes... No es a ti. No puedo ni quiero fallar a su cita.
NELLY
Emilio, yo...
CRÉMER
Nelly, por favor, venid conmigo.
Nelly entra, resentida y cabizbaja. Crémer cierra la puerta con cerrojo.
CRÉMER
Yo no quise haceros daño. Nelly... yo os amo... yo os deseo, yo os desearía hasta en la muerte.
Se hace el silencio. Sorprendidos, mirándose con una expresión de dolor, se abrazan.
CRÉMER
No, no digas nada... no digas nada, nada, nada... Sueña con las gárgolas de Notre-Dame... Voy a volverme loco... No sé lo que me pasa. Todo va tan... deprisa.
Aferrados, dejan caer sus cuerpos sobre la cama. En el escritorio, de la pluma brota una gota de tinta.

SEC. 42. INTERIOR. RECEPCIÓN. FONDA DE ALCORISA. DÍA
Crémer baja por las escaleras, algo adormecido pero alegre, tarareando desigual un tango. En la mesa de recepción está Josefa, imbuida en su eterno rosario. Crémer se acerca.
CREMER
Buenos días, Josefa. ¿Un nuevo día?
Sin quitar las manos del rosario ni levantar la vista, la anciana atiende a su cliente.
ANCIANA DE LA FONDA
¿A dormido a gusto?
CRÉMER
Mejor que ayer, y espero que peor que mañana. ¿El teléfono?
Josefa estira el brazo, rosario en mano, indicando el lugar.
ANCIANA DE LA FONDA
Tenga cuidado, no le dé una descarga eléctrica. No va muy fino, sabe. Aquí conforme la dueña se hace más vieja todo va peor...
CRÉMER
No diga eso... Está como una sirena recién salida del baño.
ANCIANA DE LA FONDA
No me vengas con cuentos.
Crémer se acerca al teléfono. Saca de su bolsillo la agenda. Busca en la letra “v”. Con su letra: “Roberto Vendrell”, seguido del número de teléfono. Descuelga el auricular y marca el número. A los pocos segundos descuelgan el aparato del otro lado.
VOZ DE VENDRELL
¿Sí?
CRÉMER
¿Ya has leído algo de Montaigne?
VOZ DE VENDRELL
Montaigne... Me ha dado por sus Ensayos, ¿qué te parece?
CRÉMER
Es una buena opción, desde luego...
VOZ DE VENDRELL
Sigues siendo el eterno pedante de siempre... ¡Ni en vacaciones!
CRÉMER
Mira, Vendrell, te llamo para que me hagas un favor.
VOZ DE VENDRELL
¿Es algo de Pascual?
Por las escaleras baja el pianista de la Orquesta “Del pasado”, Máximo, camino de la calle. Al pasar al lado de Crémer lo saluda, rozándole con su mano ligeramente la cintura.
CRÉMER
Hasta luego, Máximo.
VOZ DE VENDRELL
¿Máximo?
CRÉMER
Perdona, Roberto. Sí, es sobre Pascual. Acude a la Filmoteca lo más pronto que puedas. Allí están al corriente. Diles que te envío yo. Huelgan comentarios.
VOZ DE VENDRELL
Perfecto.
CRÉMER
Bueno, tengo prisa. ¡Adiós!
Crémer cuelga el aparato.
CRÉMER
Llegaremos a tiempo a ver la película. Llegaremos a tiempo.
SEC. 43. INTERIOR. CINEMA “CISNE NEGRO”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. TARDE
Entre los pocos asistentes a la proyección del filme, en una de las filas intermedias, el joven Crémer, su profesor Julio, en el centro, y su hija, Cecilia, la joven morena de la Milonga “Azul”. Las luces se van apagando.
CRÉMER
Don Julio, ¿cree que esta película vale la pena? No tiene pinta de ser muy buena, ¿verdad?
Sin dejar de mirar a la pantalla, Julio responde sobrio y contundente a su alumno.
JULIO
Nunca he sentido particular admiración por las dotes interpretativas de Libertad Lamarque, pero canta como una diosa... Ya juzgarás después... Quizá valga la pena.
Cecilia lanza una flecha a favor del comentario de Emilio.
CECILIA
No sé, padre, pero me da la impresión de que Emilio no anda muy descaminado. El título ya dice poco a favor del filme, Yo, pecador... Es de lo más temible.
JULIO
No me seas simple, hija mía. No existe película que por mala que sea no oculte algo bueno.
Las luces van apagándose. La oscuridad. De la cabina de proyección surge el gran chorro de luz “creadora”. Las primeras imágenes, acompañadas de los primeros sonidos, comienzan a configurarse en la pantalla.

SEC. 44. EXTERIOR. VELADORES. ALCORISA. TARDE
Crémer está sentado en uno de los veladores, con los ojos cerrados, quizá soñando despierto. En ese instante pasa por la carretera un bonito coche rosa, deteniéndose, del cual sale Roberto Vendrell, quien ha encontrado con inusitada brevedad a Crémer.
VENDRELL
¡Montaigne!
Sobresaltado, Cremer abre los ojos y se levanta, esbozando una sonrisa en su rostro.
CRÉMER
¡Pascual!
Reencontrados, se dan un abrazo de amigos.
CRÉMER
¿Cómo ha ido todo?
VENDRELL
Como la seda.
CRÉMER
¿Todo?
VENDRELL
Ven y mira.
Los dos se acercan al llamativo automóvil de Vendrell, quien abre el maletero. Crémer asoma la cabeza.
VENDRELL
Qué maravilla, ¿verdad?
Dentro, en cinco fundas viejas, las películas que dirigió Pascual, con sus respectivos títulos escritos a mano sobre cada una de las fundas.
CRÉMER
Esperemos que sirva...

SEC. 45. INTERIOR. CÍRCULO DE CINE. ALCORISA. TARDE
Sentados en las butacas, el director del Círculo de Cine, los demás miembros del Círculo, el alcalde, Vendrell... y Crémer. El proyeccionista, desde la cabina, activa la máquina. Las luces de la sala se van apagando. El ruido del proyector, mecánico y repetitivo. Todos esperan expectantes. Vendrell no puede dejar de mirar a Crémer. La sala queda completamente a oscuras. El rayo de luz sale de la nada. Y en pantalla...
ELENA
Comienzan a surgir los primeros fotogramas de la primera película de Pascual, de 1954, en blanco y negro.

SEC. 46. INTERIOR. CINEMA “CISNE NEGRO”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. TARDE
Sentados en las butacas, Crémer, Julio y Cecilia visionan sin quitar el ojo de la pantalla la película Yo, pecador. Julio no puede evitar llevarse de vez en cuando el pañuelo a los ojos.

SEC. 47. INTERIOR. CÍRCULO DE CINE. ALCORISA. NOCHE
Desde la cabina de proyección, el proyeccionista descubre la segunda película de Pascual con una sonrisa en el rostro. En las butacas, los allí sentados ríen con gusto.
ESCUELA DE PERIODISMO
Imágenes del segundo largometraje de Pascual, del año 1956, en blanco y negro.

SEC. 48. INTERIOR. CINEMA “CISNE NEGRO”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. TARDE
Crémer, Julio y Cecilia asisten sobrecogidos al clímax final de Yo, pecador. Los efectos lacrimógenos de la cinta surten efectivos sobre ellos. Julio llora con intensidad. Cecilia no alcanza a su padre, pero sus lágrimas son certeras. Crémer no puede contenerse más, y estalla.

SEC. 49. INTERIOR. CÍRCULO DE CINE. ALCORISA. NOCHE
Las risas de los espectadores son todavía más notables. Crémer, ante la aceptación del filme, visiona satisfecho el gracioso torrente de fotogramas. El alcalde se agarra al director del Círculo en un tremendo e incontenible ataque de risa.
EL AZAR SE DIVIERTE
Imágenes del tercer filme de Pascual, del año 1957, en blanco y negro. En pantalla, el mismísimo Jesús Pascual.

SEC. 50. INTERIOR. CINEMA “CISNE NEGRO”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. TARDE
La película ha terminado. La gran mayoría de los asistentes llora desconsolada. Crémer, Julio y Cecilia hacen lo mismo. En cuanto las luces se encienden sus llantos decrecen ligeramente... La magia ha sido superada.

SEC. 51. INTERIOR. CÍRCULO DE CINE. ALCORISA. NOCHE
Los espectadores, abstraídos, miran apasionados la pantalla. Crémer, atrapado por las imágenes, se muerde premioso las uñas.
EL ÁNGEL ESTÁ EN LA CUMBRE
Imágenes del clímax final del cuarto largometraje de Pascual, del año 1958, en blanco y negro.

SEC. 52. EXTERIOR. ENTRADA. CINEMA “CISNE NEGRO”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. TARDE
Acabada la película, Crémer, Julio y Cecilia la comentan satisfechos. La gente sale sollozante del cine. El ruido es tremendo.

SEC. 53. INTERIOR. CÍRCULO DE CINE. ALCORISA. NOCHE
El público mira con deleite las últimas imágenes de la película. El proyeccionista enciende la luz de la cabina, preparándose para desactivar el motor.
LA BANDA DEL PECAS
Los créditos finales del quinto y último largometraje de Pascual, del año 1966, ya en color.
Las luces de la sala se van encendiendo. Todos, entusiasmados, aplauden, entronizando póstumamente a Pascual.

SEC. 54. INTERIOR. HABITACIÓN 1. FONDA DE ALCORISA. AMANECER
Crémer y Nelly están en la cama, dormidos. Las primeras luces de la mañana comienzan a iluminar la habitación. Crémer es el primero en abrir los ojos. Al hacerlo, se levanta de la cama, acercándose al escritorio. Sobre éste, folios y folios escritos. Toma asiento y coge la pluma. Escribe: “Pero, ¿quién era realmente Jesús Pascual?” Detiene la pluma. Mira por la ventana. Sobre su hombro Nelly posa su mano.

SEC. 55. INTERIOR. DESPACHO DEL ALCALDE. AYUNTAMIENTO DE ALCORISA. DÍA
Crémer y el alcalde, sentados a la mesa, frente a frente. La secretaria busca algo en un armario.
ALCALDE
Y las hizo uno de nuestro pueblo. Son, son fantásticas, geniales...
CRÉMER
Todavía conservan su encanto, es cierto, el sello de la época persiste intacto...
ALCALDE
Hemos pensado dar inicio al ciclo cuando usted tenga terminado el libro. Es la mejor forma de sacar más jugo, ya sabe, más partido al tema...
CRÉMER
Estoy en ello. Es un trabajo muy laborioso y apenas tengo fuentes sólidas en que basarme... Hace mucho tiempo que no cogía una pluma.
ALCALDE
Es jodido, ya... ¿pero podrá terminarlo pronto?
CRÉMER
¿Pronto? Un día, un mes, ¿un año?
A la secretaria se le cae al suelo una carpeta. En su caída, se desparraman los folios por el suelo.
CRÉMER
Se hará lo que se pueda, pero no se impacienten... Contra más prisas... Este asunto me va a llevar mucho trabajo.

SEC. 56. EXTERIOR. VELADORES. ALCORISA. DÍA
Crémer y Vendrell están sentados en uno de los veladores, tomando cada uno un Martini seco. De fondo se escucha el tango Volver, con la voz de Carlos Gardel.
VENDRELL
Espero con impaciencia tu estudio sobre Pascual, ¿qué tal lo llevas?
CRÉMER
Todavía no me lo he probado, pero tengo fe en que calce bien.
VENDRELL
¿Un 44?
CRÉMER
Réstale un número.
Vendrell se bebe de un trago la copa.
VENDRELL
Pues el 43... A todo esto, tengo curiosidad en saber quien esa mujer con la que tanto hablas.
CRÉMER
No lo entenderías, no insistas, es algo... pasajero.
VENDRELL
Venga, Emilio, no te cortes, coño, que soy tu mejor amigo. ¡Camarero, otra copa!
El camarero, a escasa distancia, asiente receptivo la indicación de Vendrell.
CRÉMER
No sé que decirte, desde que llegué aquí, no sé... las cosas se ha nido presentando muy extrañas... Ha sido como hacer un viaje al pasado. Y uno de los motivos de ese viaje ha sido ella.
VENDRELL
¿Por una mujer?
CRÉMER
¿Recuerdas a Salomé?
El camarero se acerca al velador con una nueva copa de Martini. La deja sobre la mesa.
VENDRELL
Gracias... ¿Salomé?
Vendrell le da al camarero una propina.
CRÉMER
Ella es...
VENDRELL
Ya... Un lastre, un lastre que te está impidiendo hacer lo que tienes que hacer, ¿no es así?
Crémer da un último sorbo a la bebida.
CRÉMER
Quizá, quizá no acabe ese estudio del que tanto se habla, pero... la amo...
VENDRELL
Amor... ¿a tu edad? Profesor, ¡te jubilaste hace cuatro días! Recapacita, estas haciéndote viejo, y la edad a todos nos hermetiza. Intenta salir de esa estúpida crisis cuanto antes, pero procura mantener la cabeza sobre los hombros, Bautista.
CRÉMER
Desde que la conozco soy más impulsivo, es raro, pero disfruto de la oscuridad, del silencio, de los viejos tangos que hacía tiempo no escuchaba... de los bajos placeres de la carne... ¿Escuchas este tango?
Vendrell estrena la nueva copa. De un largo sorbo la rebaja hasta la mitad.
VENDRELL
Amigo, eres un romántico de vía estrecha, pero no te dejes arrastrar por los sentimientos fáciles... Ya ves como acabaron los románticos de segunda en liza. Nada es nada...
Crémer deja de escuchar a Vendrell. De pronto, comienza a tararear al tango.
VENDRELL
Nada de nada...

SEC. 57. INTERIOR. HABITACIÓN 1. FONDA DE ALCORISA. NOCHE
Crémer está sentado en el escritorio, con la pluma detenida en la mano, goteando tinta sobre el folio en blanco, en un tiempo muerto. Por la ventana abierta entra una cálida brisa nocturna. El silencio es máximo. La luz, mínima, envuelve el lugar en violentos claroscuros.
CRÉMER (Enfrascado.)
¿Quién soy yo?
Violentado, coge la pluma con fuerza, aplastando la punta de ésta sobre la mesa. Tiene las manos manchadas de tinta.
CRÉMER
¡Imbécil!
Nelly, tumbada sobre la cama, indefinida en la oscuridad del ángulo, se levanta, acercándose a Crémer, cogiéndolo del brazo.
NELLY
¿Vienes?
Crémer se gira, mirándola a los ojos, agresivo.
CRÉMER
¡Voy!

SEC. 58. INTERIOR. CASA DE JULIO. BUENOS AIRES. AÑOS 60. NOCHE
Crémer, en el pasillo de la casa de Julio, mira una fotografía colgada en la pared de Cecilia. Se abre la puerta del fondo del pasillo. Por ella sale su profesor Julio, acercándose a él.
JULIO
Ven.
Julio se da la vuelta, volviendo a la habitación del fondo. Crémer, tras un momento de respiración contenida, sigue los pasos del primero. Al llegar a la puerta se detiene, indeciso, pero da el paso decisivo y entra. La habitación, de atmósfera expresionista, es el salón de la casa, malamente iluminado por unas cuantas velas. En el centro de la habitación, un ataúd, abierto. Rodeándolo, Julio y algunas personas más. Crémer se acerca para ver al finado. Es Cecilia. Su rostro, gris y frío, con los ojos abiertos, perturba a Crémer, quien violentado por la terrible imagen se aparta del ataúd, arrinconándose en una oscura esquina.

SEC. 59. INTERIOR. HABITACIÓN 1. FONDA DE ALCORISA. NOCHE
Crémer se mira al espejo de la mesa de aseo. Se gira y va hacia la cama, sobre la cual yace el cuerpo semidesnudo de Nelly, con los ojos abiertos, mirando con fijación al techo, ausente... muerta. Se arrodilla a los pies de la cama, contempla de arriba abajo el fenecido cuerpo.
CRÉMER
¿Dónde acaba la primavera?
En necrófilo gesto, empieza a chupar lentamente con su lengua las irregulares formas del cuerpo muerto de Nelly. Inicia su recorrido lamiéndole las marcadas arterias del cuello, bajando poco a poco, succionando sus marchitos senos, su ombligo profundo, adentrándose más abajo...

SEC. 60. INTERIOR. HABITACIÓN 1. FONDA DE ALCORISA. NOCHE
Crémer duerme en la cama. De pronto, sobresaltado, se despierta, incorporándose bruscamente, sudoroso e incómodo.
CRÉMER
¡No!
Su mente se va despejando. Vuelve a recostarse.
CRÉMER
Los mecanismos de la representación teatral. ¡Dios!
Todo ha sido una pesadilla.

SEC. 61. INTERIOR. COMEDOR. FONDA DE ALCORISA. DÍA
En silencio, rodeando la mesa, Crémer, Vendrell, Carlos, Nelly y los demás miembros de la Orquesta “Del Pasado”. De pie, Josefa va preparando el desayuno. Carlos rompe el silencio.
CARLOS (A Crémer y Vendrell.)
Amigos, esta noche partimos para otras tierras.
Crémer, al oír las palabras, mira a Nelly entristecido, pero ella lo ignora. Vendrell, por el contrario, sonríe.
VENDRELL
¿Y a qué tierras vais?
CARLOS
Al sur, acercándonos cada vez más a nuestras raíces... Tierras más calientes esas... a ver si podemos levantar la pasión que aquí no hemos levantado.
VENDRELL
España es tierra de pocos tangos argentinos, aquí nos tiran más los tangos flamencos. Pero a mí, la verdad... me repelen por igual.
CARLOS
Lo que os falta a vos son las ganas, un poco más de disposición al arte...
Crémer tose, intentado llamar la atención de Nelly, más sin lograrlo. Visto lo cual, interviene.
CRÉMER
Paisanos... amigos, ¿podríais concederme un último deseo?
Al fin Nelly mira a Crémer... áspera.
CARLOS
No faltaría más... Decid, decid.
CRÉMER
Muchas gracias, yo...
CARLOS
Y bien...
CRÉMER
Un tango, un tango cantado por Nelly... Desde el alma. Ese es mi deseo.
CARLOS
Claro, amigo, lo que vos pidáis.
El rostro de Nelly pasa a ser agresivo, lanzando una mirada agresiva a Crémer.
NELLY
A ese... el tango se lo cantará la puta de su madre.
Carlos agarra a Nelly de los brazos, impresionado ante sus palabras, del todo inéditas en ella.
CARLOS
¡Nelly!
NELLY
¡Dejadme!
Vendrell, intrigado, mira de reojo a Crémer, quien se levanta, acercándose a Nelly.
CRÉMER
Decidme, Nelly, yo...
Ella se suelta de los brazos de Carlos, poniéndose en pie. Encarada a Crémer, Nelly lo araña en el cuello.
NELLY
¡Rastrero!
Los demás miran, incapaces de comprender la escena. Vendrell reacciona, levantándose y logrando separarlos.
VENDRELL
Ya está bien...
Máximo ayuda a Vendrell.

SEC. 62. EXTERIOR. JARDÍN. ALCORISA. TARDE
Crémer y Vendrell pasean por los senderos de un jardín del pueblo, arbolado y sombrío.
VENDRELL
Esa Salomé es peligrosa, terminará por cortarte el cuello. Agradece que este sea su último día aquí. Acaba con lo de Pascual... y vale.
CRÉMER
Ayer tuve un sueño morboso y enfermizo... delicioso como el pan de Viena.
VENDRELL
Cuéntamelo.
CRÉMER
No, pero te voy a contar algo parecido.
Vendrell asiente, dando vía libre a Crémer en su evocación.
CRÉMER
Recuerdo que... cuando vivía en Argentina, hace ya más de cuarenta años, entablé una gran amistad con un profesor. Aquel hombre, ya mayor, sensible y humilde, marcó en demasía mi personalidad... Era una especie de esteta del simbolismo. Nuestra amistad iba mucho más allá de ser una buena relación entre maestro y alumno, era una extraña relación entre amigos, muy rara y magnética. Este profesor del que te hablo tenía una hija muy inteligente de mi edad, se llamaba Cecilia.
VENDRELL
¿Se llamaba?
CRÉMER
Murió.
VENDRELL
Ah... ¿He de sentirlo?
Crémer, imbuido en sus recuerdos, ignora la grotesca pregunta de Vendrell.
CRÉMER
Hace unos días apenas recordaba el rostro de Cecilia. Tenía de él una imagen lejana, difusa e idealizada... hasta que se presentó ella.
VENDRELL
Salomé.
CRÉMER
Ella...
MÁS TARDE:
Crémer y Vendrell siguen caminando... y encuentran un banco de piedra, en el que se sientan, prosiguiendo su conversación.
CRÉMER
Es todo tan provocativo y apetecible...
VENDRELL
Casualidades, simples casualidades, no busques más allá...
CRÉMER
Contra más viejos nos hacemos más lejos buscamos... es natural... El tiempo apremia.
VENDRELL
Aún con todo lo que me has contado, sigo teniendo una duda.
CRÉMER
¿Sólo una? Bien...
VENDRELL
¿Qué le motivó a ella en el desayuno a tratarte así? Parecía querer comprar a Herodes.
El rostro de Crémer empalidece.
CRÉMER
Roberto... no sigas, me está empezando a doler la cabeza...
VENDRELL
Eso será que sientes el filo cercano.

SEC. 63. INTERIOR. HABITACIÓN 1. FONDA DE ALCORISA. TARDE
Crémer está sentado en el escritorio. La ventana está abierta. Sobre la mesa, dentro de una funda de cartón, su estudio sobre el cine de Jesús Pascual. Lo abre. Dentro, unas cuantas decenas de folios escritos a mano. Saca del cajón del escritorio un mechero. Lo enciende, acercándolo al papel. El fuego comienza a extenderse. La llamarada se hace cada vez más notable. CRÉMER
Se acabó, se acabó de una vez. El filo del hacha...
El fuego prácticamente se ha consumido. Sobre el escritorio quedan las cenizas. Crémer se levanta de la silla y abandona la habitación.

SEC. 64. INTERIOR. PASILLOS. FONDA DE ALCORISA. TARDE
Crémer se desplaza a lentos pasos por los pasillos de la fonda, procurando hacer el menor ruido posible. De fondo, se escuchan unos pasos que se acercan lentamente. Al oírlos, se esconde tras una cortina, en un hueco de la pared. Por el pasillo, la anciana Josefa pasa con un cepillo bajo el brazo tarareando un tango. Una vez ya ha pasado, sale. Sigue el pasillo hasta llegar al fondo, deteniéndose frente a la habitación número 6. Golpea con los nudillos de la mano dos veces. Se oyen crujir del interior los muelles de la cama. Unos pasos van acercándose a la puerta. Al abrirse poco a poco la puerta, se entreve el rostro de Nelly. Ésta, al ver a Crémer intenta cerrar la puerta, pero él logra vencerla. Ella da un grito quebrado, detenido por las manos de Crémer, que cierra la puerta.

SEC. 65. INTERIOR. HABITACIÓN 6. FONDA DE ALCORISA. TARDE
Nelly yace tumbada sobre la cama, atada de manos a la cabecera y con la boca vendada. Crémer, en los pies de la cama, agarra a ésta con las manos de los tobillos. Ella lo mira con un rictus masoquista. Él procura aparentar tranquilidad.
CRÉMER (En un tono confidencial.)
No, no creas que te voy a dejar escapar, esta vez no te dejaré escapar... He estado esperando muchos años este momento, Cecilia, amor.
Nelly detiene su llanto. Los pasos de alguien se acercan a la habitación. Dos golpes secos sobre la puerta. Ella intenta despojarse de la venda que cubre su boca. Crémer, algo nervioso, se abalanza sobre ella, tapándole la boca con las manos. Los muelles de la cama producen en ligero crujido. Un nuevo golpe, seguido esta vez de la voz de Carlos.
VOZ DE CARLOS
Nelly, soy yo.
Nelly intenta gritar, más no puede, pues Crémer presiona con sus manos su boca.
VOZ DE CARLOS
¿No queréis salir? Anda, salid, que nos espera Jerez.
Crémer, excitado, grita nervioso.
CRÉMER
¡Cállate!
Carlos insiste.
VOZ DE CARLOS
Eh... Nelly, yo sé que vos estáis en esta habitación con Emilio.
Nelly consigue despojarse de la cuerda a la que están atadas sus manos.
VOZ DE CARLOS
Venga, cariño, ya me canso de esperaros... Y vos, Emilio...
Crémer se percata de las manos desatadas de Nelly. Ella se las lleva a la boca, quitándose la venda.
NELLY
¡Carlos!
Carlos oye el grito desesperado de Nelly.
VOZ DE CARLOS
¡Nelly!
Nelly se incorpora con violencia y da un mordisco a Crémer en la oreja, quien reacciona derribando a Nelly de un instintivo y brutal cabezazo.
VOZ DE CARLOS
¡Abridme la puerta! Nelly, Nelly, ¡abridme la puerta!
Nelly está inconsciente sobre la cama. Crémer se incorpora, dirigiéndose a la puerta. La abre de golpe y agarra a Carlos del cuello.
CARLOS
Vos...
Aprovechando el desconcierto de Carlos, incapaz de haber asumido todavía la escena, Crémer le asesta otro cabezazo, dejándolo tumbado en el suelo. Coge en brazos a Nelly de la cama. Carlos se recupera al poco del golpe y agarra a Crémer de una pierna, pero éste le sacude con la otra en la cabeza, dejando nuevamente tumbado, inconsciente. Con el cuerpo de Nelly a rastras, Crémer abandona la habitación.

SEC. 66. INTERIOR. RECEPCIÓN. FONDA DE ALCORISA. TARDE
Josefa está en la mesa de recepción, durmiendo la siesta, con el rosario en las manos. Crémer baja con cuidado por las escaleras, llevando en brazos a Nelly. Algún crujido al bajar las escaleras rompe el apacible silencio. La anciana sigue dormida. El raptor abandona la fonda.

SEC. 67. EXTERIOR. CALLES DEL PUEBLO. ALCORISA. TARDE
La calle está despejada de gente. Crémer consigue escabullirse sin ser visto por entre los callejones con la joven en sus brazos. Un gato negro se cruza en su camino. Llega al cantón donde tiene aparcado su automóvil, cubierto por una fina capa de polvo. Saca las llaves del coche y abre el maletero, donde mete a Nelly como un equipaje más. Cierra el maletero con llave y entra en el auto. Arranca y se marcha, rompiendo al salir con las ruedas una maceta del suelo, casualmente con flores secas.

SEC. 68. EXTERIOR. CARRETERA. NOCHE
La noche está entrada. Las estrellas. Entre árboles y rocas, una carretera local. Los faros de un coche comienzan a iluminar de improviso el asfalto. Es el auto de Crémer. De pronto, un grito, fuerte y roto. Crémer da un frenazo y para el coche en seco. Sale al exterior, acercándose poco a poco al maletero. Al llegar se detiene. Acerca su cabeza al metal, apoyando una de sus orejas, intentando escuchar algo. Se escucha un llanto suave y amargo.
CRÉMER
Silencio... ¡Cállate!
El llanto cesa. Extrañamente atemorizado ante el inquietante silencio, Crémer vuelve al interior. Arranca.

SEC. 69. INTERIOR. COCHE DE CRÉMER. NOCHE
Con su mirada puesta en la carretera, Crémer conduce el coche, atento a la carretera, tenso y sudoroso, transluciendo su tragedia interior.
CRÉMER
El filo del hacha...
SEC. 70. EXTERIOR. CARRETERA. NOCHE
El automóvil de Crémer atraviesa fugaz la carretera. En la cuneta, un conejo blanco observa el paso del automóvil.

SEC. 71. INTERIOR. COCHE DE CRÉMER. NOCHE
Crémer, al volante, sigue con la mirada puesta en la carretera.

SEC. 72. EXTERIOR. CARRETERA. NOCHE
El automóvil de Crémer atraviesa fugaz la carretera. En la cuneta, otro conejo blanco observa el paso del automóvil.

SEC. 73. INTERIOR. COCHE DE CRÉMER. NOCHE
Crémer, al volante, sigue con la mirada puesta en la carretera. De pronto, una figura humana, saliendo del bosque, se planta en medio de la carretera, iluminada por los faros con especial violencia. Sorprendido, Crémer esquiva la aparición, saliéndose de la carretera y estrellándose contra un árbol... Tras el golpe... el silencio. La figura se acerca. Crémer, con sangre en la boca, lo mira con incómoda fijación. Éste se va acercando poco a poco a él, apoyando sus pasos en un bastón. Al ver bien definido su rostro, Crémer se estremece. Es su viejo profesor de Argentina, Julio. El anciano, blanquecino y con la mirada desviada, se acerca a la ventanilla, abierta, y agarra a Crémer del cuello.
JULIO
He pasado unas largas vacaciones con Plauto en ese lugar que aquí llamáis con tanto desatino Infierno.
Desasosegado, Crémer es incapaz de articular palabra alguna. El anciano sigue agarrándolo del cuello con insólita fuerza.
JULIO
Y ahora, saca a mi hija del maletero... o el hacha te cortará el cuello...
Las palabras del anciano horrorizan a Crémer, quien intentando rebelarse se despoja de las manos opresoras y abre la puerta del coche con furia, tirando al anciano al suelo. Crémer sale corriendo del coche, marchando carretera adelante...

SEC. 74. EXTERIOR. CARRETERA. NOCHE
De la oscuridad de la noche, Crémer aparece, andando a paso ligero, desesperado, mirando hacia atrás de vez en cuando.

SEC. 75. EXTERIOR. CARRETERA. NOCHE
Cansado, Crémer deja de correr. Se detiene en medio de la carretera y toma respiración. De fondo se escucha el monocorde rumor de los grillos, el apagado soplido del viento, el zumbido de algún insecto... Crémer, inquieto, comienza a andar con calma... Inesperadamente, irrumpe del silencio un chirriante ruido, un ruido de motor. Hostigado, se da la vuelta, mirando al negruzco fondo donde se pierde la carretera, fondo del que proviene el ruido. No se aprecia nada extraño... pero sí el ruido, cada vez más próximo y amenazador. De repente, surgen del negruzco fondo dos luces amarillas. Conforme se van acercando aumentan de tamaño, y el ruido, retumbante, se va haciendo cada vez más insoportable. Crémer, aterrorizado, incapaz de afrontar la situación, no tarda en percatarse de que ese “monstruo mecánico” es su coche estrellado, progresivamente más veloz, más cercano... dirigido a él. En el último instante, ante el brusco destello de las luces, Crémer se tira con cierta habilidad a la cuneta. Antes de precipitarse en el suelo, el coche pasa fugaz.

SEC. 76. EXTERIOR. CARRETERA. NOCHE
Crémer camina por la carretera, temeroso, en medio de la oscuridad de la noche.

SEC. 77. EXTERIOR. CARRETERA. NOCHE
Crémer sigue caminando. Algo, un conejo, quizá una liebre, atraviesa veloz la carretera. Crémer detiene sus pasos y se sienta en el asfalto. Le duelen los pies. Se quita los zapatos.

SEC. 78. EXTERIOR. CARRETERA. NOCHE
Crémer yace tumbado en el suelo... Está dormido... De forma casi imperceptible, sobre su cuello pasa un animal... o algo parecido. El breve rozamiento despierta a Crémer, molesto.
CRÉMER
Te vi... te vi... ¡te vi! Ese filo, ¡no!
Se calza los zapatos. Furioso e irracional, Crémer se pone en pie, dando vueltas sobre sí mismo, intentando comunicarse con un alguien oculto entre la oscura maleza del bosque.
CRÉMER
¡Sal de tu agujero! No tengo miedo... sois todos iguales...
Recibe como respuesta el más absoluto de los silencios.
CRÉMER
Es fácil atemorizar a la víctima... es muy fácil, basta con dejar que se arrastre...
Se pone a andar, hacia adelante, de la oscuridad hacia la oscuridad.
CRÉMER
El miedo... El miedo no existe, simplemente se piensa, y vale... Soy idiota... Cuentos de críos...
De pronto, irrumpe una música de fondo, un tango. Se escucha muy suave y lejano. Crémer detiene sus pasos.
CRÉMER
Cuentos...
Adereza el oído, e identifica el tango. Es Desde el alma, cantado no por Nelly Omar, sino por la embrujadora Nelly.
CRÉMER
Cecilia...
Identificada la voz, Crémer sale de la carretera, lanzándose al bosque, a la búsqueda de la voz.

SEC. 79. EXTERIOR. BOSQUE. NOCHE
Crémer corre por el bosque, esquivando los árboles y los arbustos, las rocas y los baches del terreno. De fondo, todavía se escucha la voz de Nelly, distante y apagada.

SEC. 80. EXTERIOR. BOSQUE. NOCHE
Crémer sigue corriendo por las irregularidades del bosque, fatigado. La voz de Nelly ya no se escucha. Fuera del movimiento de sus desesperados pasos, lo demás es silencio. En su precipitado andar choca con una rama del suelo, cayendo por un barranco. En su caída, Crémer da un desgarrador grito de dolor.

SEC. 81. EXTERIOR. BOSQUE. NOCHE
Crémer, maltrecho y herido, se arrastra lentamente por el suelo del bosque. Sobre una roca, un hermoso sapo devora con instintivo placebo un insecto con alas.

SEC. 82. EXTERIOR. BOSQUE. NOCHE
Apoyado sobre una rama con forma de bastón, Crémer, encorvado y dolido, avanza por entre la maleza del bosque. Al fondo, algo brilla. Crémer se acerca poco a poco, y al hacerlo, distingue en ese brillo unas luces, unas luces artificiales y rojas.

SEC. 83. EXTERIOR. BOSQUE. NOCHE
Crémer descansa, sustentado por el tronco de un árbol. Frente a él, en medio de un descampado, una gran casa de campo, muy iluminada, de la cual sale un bullicio considerable. Crémer se despoja de su provisional bastón y, con cierta dificultad, se acerca a la casa.

SEC. 84. EXTERIOR. PORTAL. CASA DE CAMPO. NOCHE
Frente a la puerta, indeciso, Crémer toca el timbre. Al poco rato abre la puerta un hombre mayor, de su edad, vestido a la antigua usanza.
MAYORDOMO
Ah, llega muy tarde... llevan esperándolo toda la noche... Entre, vamos... La fiesta está en marcha.
Aturdido e incapaz de comprender la situación, Crémer entra.
CRÉMER
¿Qué es todo esto?
El mayordomo, sin darle respuesta, lo agarra del brazo y lo mete dentro de la casa.

SEC. 85. INTERIOR. SALÓN. CASA DE CAMPO. NOCHE
En el salón, colorista y caprichosamente iluminado, un tumulto de gente, ampulosamente vestida y a la que no se le puede ver la cara, cubierta con máscaras y envuelta en sombras, entrechoca sus copas, celebrando algo que se nos escapa de las manos. Por la puerta, junto al mayordomo, entra Crémer. El mayordomo, intentando imponer orden, se adelante dos pasos.
MAYORDOMO
¡Ha llegado el señor!
Los allí presentes aplauden pujantes. El mayordomo abandona el salón. Crémer, quieto, mira a todos lados, intentado ver algún rostro, más sin ver más que máscaras, iguales, caricaturescas e infames.
CRÉMER
¿Qué es todo esto?
Al articular su pregunta los aplausos se disipan. Crémer deja entrever en su rostro un rictus de desconfianza. De entre la extraña masa humana surge un hombre ataviado con un grotesco antifaz.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Hemos empezado sin usted... ¿Sabrá disculparnos?
Crémer, con el rostro interrogante, se queda en silencio durante unos largos segundos, contemplando la siniestra careta del extraño sujeto.
CRÉMER
¿Puedo hacerte una pregunta?
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¿Sólo una?
CRÉMER
¿Quién... eres?
El hombre del antifaz da por respuesta una insultante carcajada, carcajada que se prolonga en las igualmente insultantes carcajadas del restante auditorio. El ruido se torna insoportable. Crémer, sin más fuerzas, cae desmayado al suelo.

SEC. 86. INTERIOR. DORMITORIO. CASA DE CAMPO. NOCHE
Luces tenues. El dormitorio, amplio y decorado con rancia gracia kitsch. Sobre una mesilla, un falsamente antiguo tocadiscos... Y la ridícula cama, sobre la cual duerme Crémer.

SEC. 87. INTERIOR. MILONGA “AZUL”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. NOCHE
Sentada en una mesa, en la sombra, escuchando las primeras notas de un tango, reposa estática y vehemente Cecilia.

SEC. 88. INTERIOR. DORMITORIO. CASA DE CAMPO. NOCHE
Sobre la cama, Crémer, dormido, sueña...

SEC. 89. INTERIOR. MILONGA “AZUL”. BUENOS AIRES. AÑOS 60. NOCHE
Sentada en una mesa, en la luz, escuchando las últimas notas de un tango, reposa estática y vehemente Nelly.

SEC. 90. INTERIOR. CASA DE JULIO. BUENOS AIRES. AÑOS 60. NOCHE
Crémer, en el pasillo de la casa de Julio, mira un cuadro pintado al óleo con un florero marchito. Se abre la puerta del fondo del pasillo. Por ella sale su profesor Julio, acercándose a él.
JULIO
Ven.
Julio se da la vuelta, volviendo a la habitación del fondo. Crémer, tras un momento de respiración contenida, sigue los pasos del primero. Al llegar a la puerta se detiene, indeciso, pero da el paso decisivo y entra. En el centro de la habitación, un ataúd, abierto. Se acerca. Es Nelly. Su rostro, gris y frío, con los ojos cerrados, atrae a Crémer, quien sereno, se acerca al cuerpo de la joven muerta, poco a poco, dándole finalmente un cándido beso en la frente.

SEC. 91. INTERIOR. DORMITORIO. CASA DE CAMPO. NOCHE
Se abre la puerta del dormitorio. Aparece el hombre del antifaz. Se acerca despacio e imperceptible a Crémer, largo en la cama, imbuido en sus profundos sueños.

SEC. 92. EXTERIOR. BOSQUE. NOCHE
Crémer corre por el bosque, esquivando los árboles y los arbustos, las rocas y los baches del terreno. De fondo, comienza a escucharse el Tango de Albeniz.

SEC. 93. INTERIOR. DORMITORIO. CASA DE CAMPO. NOCHE
El hombre del antifaz inserta un disco en el tocadiscos. Irrumpen las primeras notas del Tango de Albeniz.

SEC. 94. EXTERIOR. BOSQUE. NOCHE
Conforme el tango se va escuchando mejor... la oscuridad aumenta.

SEC. 95. INTERIOR. DORMITORIO. CASA DE CAMPO. NOCHE
El hombre del antifaz se sienta en la cama. La música despierta apacible a Crémer, quien, sin incorporarse, inicia la conversación con el desconocido.
CRÉMER
Pensé que todo había sido un sueño...
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Pensó bien.
CRÉMER
No... La vida no es ningún sueño.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Entonces, ¿qué es?
CRÉMER
Una pesadilla... una pesadilla sin principio ni final, la turbación de mirar al suelo y no ver nada, sapos y conejos.
El hombre del antifaz ríe febrilmente.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¿Le asusta mi máscara?
CRÉMER
Esa mirada ambigua, oscura... tal vez.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¿Le asusto?
CRÉMER
No.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Ah... Le asusto... es honesto.
CRÉMER
Y yo... ¿le asusto?
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¿Usted? Me tiene aterrorizado.
CRÉMER
Lo sabía... El miedo no se siente... se oculta.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¿Me ha leído?
CRÉMER
¿Escribe?
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Solía escribir... con la boca... con el alma.
CRÉMER
¿Y qué escribía... con el alma?
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Poemas, poemas lentos, cartas sin fondo, telarañas descosidas, ¡patrañas!
CRÉMER
Yo empecé a escribir muy temprano, demasiado temprano... Pero lo dejé cuando descubrí lo mejor de Huysmans... Fue un golpe terrible.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¡Usted no ha leído a Cervantes!
CRÉMER
Casi acierta... Leí las dos primeras páginas del Quijote.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
A contrapelo es una obra maestra, no está de más reconocerlo, pero las dos primeras páginas del Quijote son más pesadas que el Ara de la Paz Augusta.
El hombre del antifaz ríe con desvergonzada desfachatez mientras se gira con momentánea ligereza de espaldas, mirando el tocadiscos. La aguja sobre el disco.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¿Le gusta este... tango?
Dubitativo ante lo desconocido, Crémer se detiene a escucharlo.
CRÉMER
¿Es... un tango?
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Es un tango de Albeniz.
CRÉMER
¡Ah, Albeniz! No lo parece.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Es curioso... el eminente Emilio Crémer... recibiendo lecciones musicales de un... ¡profano!.
CRÉMER
Nuestra ignorancia es ilimitada, carbono reciclado y amado... Yo no soy ningún sabio, ni lo seré... Los sabios no existen... acaso los sofistas, los impostores y los muertos de ultratumba.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¿Y Dios?
CRÉMER
Su ignorancia también es... ilimitada, ¡divina luz!
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Ser fuertes ante la nada y venceréis con el todo, pues Dios no es nada, y eso... lo hace... ¿grande?
CRÉMER
¿De qué me habla?
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¿No lo recuerda? Fueron las últimas palabras que pronunció en su última clase. Gran expectación la de aquel día... Todo un panteón de bestias amansadas.
CRÉMER
Es cierto... lo olvidé. ¿Estaba entre las bestias?
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Profesor... ¡se contradice!
CRÉMER
Palabras en el tiempo... Nada.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Bestias, palabras... Ni mármol duro ni eterno, ni Albeniz ni la pintura... Nada puede con ellas.

SEC. 96. EXTERIOR. BALCÓN DEL DORMITORIO. CASA DE CAMPO. NOCHE
Crémer reposa sosegado en el balcón del dormitorio, echado sobre una confortable hamaca, mirando la bóveda celeste. Las estrellas, algún imprevisto y fugaz meteoro.

SEC. 97. INTERIOR. SALÓN. CASA DE CAMPO. NOCHE
En la fiesta del salón, los invitados, envueltos en sus trajes de ensueño y con sus variopintas y anónimas máscaras, bailan por parejas un espléndido vals, Sobre las olas. En un lateral del salón, la orquesta, mayestática y apasionada, guiada bajo la afanosa batuta del director.

SEC. 98. EXTERIOR. BÓVEDA CELESTE. NOCHE
Las estrellas...

SEC. 99. INTERIOR. SALÓN. CASA DE CAMPO. NOCHE
La fiesta, la orquesta y los bailarines.

SEC. 100. INTERIOR. PASILLOS. CASA DE CAMPO. NOCHE
De fondo se escucha el vals. Crémer, acercándose a la música, avanza por los pasillos de la casa, largos y oscuros, casi fantasmales.

SEC. 101. INTERIOR. SALÓN. CASA DE CAMPO. NOCHE
La fiesta al completo.

SEC. 102. INTERIOR. ANTESALA AL SALÓN. CASA DE CAMPO. NOCHE
Crémer está de pie ante la puerta de acceso al salón. Se agacha con ligereza y observa a través de la cerradura, descubriendo la fiesta en pleno auge. Entre los enmascarados bailarines, Crémer divisa al hombre del antifaz, agarrado a una mujer joven... Impulsado por una extraña fuerza, Crémer pone su mano en el picaporte y abre la puerta. Entra...

SEC. 103. INTERIOR. SALÓN. CASA DE CAMPO. NOCHE
Y se planta en medio del jolgorio. Los bailarines detienen su baile. La orquesta deja de tocar. Crémer, irreverente, afronta la situación.
CRÉMER
¿Qué es todo esto?
Por la puerta de entrada, con un andar precipitado, entra el mayordomo.
MAYORDOMO
Señor, es su fiesta... ¿No lo recuerda?
El hombre del antifaz sale de entre el tumulto, dirigiéndose a Crémer. El mayordomo se aparta.
HOMBRE DEL ANTIFAZ (Imitando con descaro a Crémer.)
¿Qué es todo esto?
Crémer mira estupefacto al hombre del antifaz.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Don Emilio Crémer... ¡me das pena! No te has enterado ni del prólogo... quizá ya sea tarde para lo demás.
CRÉMER
Habla más claro...
HOMBRE DEL ANTIFAZ
¿Se puede hablar más claro que mil estrellas resplandecientes en la noche? Yo creo que no.
El hombre del antifaz se acerca a Crémer.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Mil estrellas en la noche... Miles de millones de estrellas encendidas. Todas son distintas y banales, más nos parecen iguales e importantes. ¿Por qué?
El hombre del antifaz ríe con desfachatez.
HOMBRE DEL ANTIFAZ
Mírate... y míranos... Esa es la respuesta a tu simple pregunta.
Crémer, abatido, deja caer su mirada al suelo. El hombre del antifaz hace una señal al director de orquesta.
HOMBRE DEL ANTIFAZ.
Maestro... ¡adelante!
La orquesta arranca de nuevo con otro vals. Los bailarines vuelven a sus puestos. Los sonidos se vuelven armónicos y musicales. El mayordomo, compasivo, se acerca a Crémer.
MAYORDOMO
Ánimo, no se torture tanto.
CRÉMER
¿Tanto me torturo?
MAYORDOMO
Toda su vida. Ríase de la farsa... y dance, dance.
El mayordomo abandona el salón. De entre los bailarines enmascarados surge una joven muchacha... enmascarada.
MUCHACHA ENMASCARADA
Te odio, mi amor.
Crémer asiente... Aferrados el uno al otro, comienzan a bailar con cierta dinamicidad, entremezclándose con los demás bailarines, perdiéndose poco a poco de vista entre el ordenado tumulto humano...

SEC. 104. EXTERIOR. BÓVEDA CELESTE. NOCHE
Las estrellas, bajo el compás del vals, también bailan en la bóveda...

SEC. 105. EXTERIOR. CARRETERA. AMANECER
Con las primeras luces del sol, un nuevo día... La vegetación del bosque, la humedad mañanera, la carretera... y el coche de Crémer, estrellado contra un árbol de la cuneta. Dentro del coche, con la cabeza pegada al volante, Crémer, herido e inconsciente. A pocos metros del automóvil, tras el árbol, sangre... y el cuerpo muerto de un anciano, cuyos rasgos físicos tienen un gran parecido a los del viejo profesor de Crémer, Julio.

SEC. 106. INTERIOR. HABITACIÓN 564. HOSPITAL. TARDE
Crémer reposa tendido en una de las camas de una de tantas habitaciones de un intercambiable hospital. Sentado en una silla, frente a él, Vendrell, posa afligido ante la desdicha.
VENDRELL
La encontraron muerta dentro del maletero.
CRÉMER
¿Cómo... estaba?
VENDRELL
Muy mal... llena de magulladuras por todo el cuerpo, por la cabeza y por el torso.
Al escuchar las estremecedoras palabras de Vendrell, Crémer, muy dolido, deja brotar unas lágrimas.
CRÉMER
Díos... La maté yo.
Vendrell le da un pañuelo. Crémer se frota los ojos.
VENDRELL
Ya han identificado al anciano vagabundo... El disfraz humano es papel pintado.
Pero Crémer, abstraído, no escucha a Vendrell.
CRÉMER
Soy un asesino...
VENDRELL
Es extraño... aquel hombre se llamaba Jesús Pascual...
Al oír el nombre de Jesús Pascual, Crémer reacciona, aturdido.
CRÉMER
Je... sús... Pas... cual...
VENDRELL
Una macabra coincidencia. Al oírlo me empezó a doler la cabeza...
Crémer agarra de la mano a Vendrell. Los dos se miran con recóndita intensidad.
CRÉMER
He fracasado, quienquiera que sea, he fracasado. Roberto... ¿Soy alguien?
Crémer deja marcada en su rostro una sonrisa amarga. Vendrell aguarda en silencio, incapaz de dar con una respuesta lúcida.
CRÉMER
Mi vida ha sido una consecuencia de mi estupidez, una gran farsa... Ríete de mí... yo qué siempre he detestado la autocompasión... ahora, ya ves... tengo que recurrir a ella. ¡Cuán triste es el misterio humano!
VENDRELL
Emilio, no le des más vueltas... Acabarás por volverte loco, y la locura es el peor pozo al que podemos caer en vida... ¡Resiste!
CRÉMER
Lo intento.
VENDRELL
Pues sigue así, ¡joder!
CRÉMER
Créetelo, pero, con sus baches, este viaje me ha servido de mucho... Vine a buscar a un muerto del que no encontraba nada... y he terminado por encontrarme...
Crémer se queda en silencio, pensativo.
VENDRELL
Descansa...
Vendrell se levanta de la silla, presto a marcharse.
CRÉMER
¡Roberto!
Vendrell, de espaldas a Crémer, tiene el picaporte de la puerta en la mano.
VENDRELL
¿Sí?
CRÉMER
Suerte.
Ante la respuesta, Vendrell se da la vuelta. Crémer cierra los ojos.
VENDRELL
Gracias.
Vendrell abandona la habitación.

SEC. 107. INTERIOR. HABITACIÓN 564. HOSPITAL. ANOCHECER
Desde la cama, Crémer observa expectante a través de la ventana el paisaje: una triste ciudad moderna, sumida en el caos cotidiano, regida por el ruido y el humo. Al fondo, en el cielo, tonos sepias y garzos se entremezclan con el grisáceo vaho que expulsa la ciudad.
VOZ DE CRÉMER
Emilio Crémer... ¿quién eres?
La respuesta, un prolongado silencio... silencio que se cierra sobre el paisaje urbano, amortiguado por el cristal.

SEC. 108. EXTERIOR. CARRETERA. AMANECER
Un paisaje seco y escarpado. Y en medio, una imponente y horrible autopista saturada de automóviles. Entre éstos, una camioneta. La camioneta toma un desvío, saliendo de la autopista.

SEC. 109. EXTERIOR. DESCAMPADO. PRISIÓN. DÍA
La camioneta se detiene ante unas verjas. Dentro está la prisión. Dos guardas salen del automóvil y abren la puerta trasera. De la oscuridad del interior, junto a tres guardas, sale Crémer, encadenado. La violencia de la luz del sol le lleva a cerrar los ojos. Las verjas se abren.
GUARDA 1 (A Crémer.)
Aquí termina tu viaje.
Sumiso, Crémer cruza la verja, acompañado por dos guardas. Al fondo le espera la imponente prisión, una inmensa y calculada mole de hierro y hormigón.
CRÉMER (Para sí.)
El viejo tenía razón... El Infierno.

SEC. 110. INTERIOR. CELDA 86. PRISIÓN. NOCHE
Una bombilla con débil luz pende del techo. La celda es fría y austera. Crémer está tumbado sobre el catre, observando las irregularidades del techo, pequeños puntos como estrellas. Pero en realidad Crémer no está observando nada... está muerto... con los ojos entreabiertos, mirando nada. Un fulminante ataque, quizá, halla acabado con su vida... Irrumpen las primeras notas del Tango de Albeniz.

SEC. 111. EXTERIOR. BÓVEDA CELESTE. NOCHE
Las estrellas, brillantes y majestuosas las unas, apagadas y minúsculas las otras...
VOZ EN OFF DE CRÉMER
Aquí estoy de nuevo... luces de la oscuridad... Y me pregunto, ¿donde estoy? Aquí... allá... Nada de nada, nadie de nadie, ¿verdad?

SEC. 112. INTERIOR. CELDA 86. PRISIÓN. NOCHE
Entre los muertos brazos de Crémer, una carpeta de cartón. En el centro de la misma, escrito a pluma con su letra, en mayúsculas, se lee: “Presa mi noche. Emilio Crémer”.

SEC. 113. EXTERIOR. BÓVEDA CELESTE. NOCHE
Las estrellas... Un meteoro cruza fugaz el cielo visible, desapareciendo, extinguido, en la oscuridad.
VOZ EN OFF DE CRÉMER
¿De qué le sirve a la estrella fugaz desaparecer en la nada? Un segundo de belleza... una vida, un instante de inadvertido esplendor... ¡y adiós! No lo entiendo.

SEC. 114. INTERIOR. CELDA 86. PRISIÓN. NOCHE
Los ojos entreabiertos del finado Crémer... la inquietante mirada de un muerto.

SEC. 115. EXTERIOR. BÓVEDA CELESTE. NOCHE
Las estrellas...
VOZ EN OFF DE CRÉMER
Nunca me han gustado los finales cerrados, la verdad, pero cada vez que lo pienso, me digo... ¿Qué es un final cerrado? No lo sé... es extraño el chorro de la vida... Quizá... no exista un final. Quizá... todo sea un empezar de nuevo... un empezar ahora y aquí... Quizá...

SEC. 116. INTERIOR. CELDA 86. PRISIÓN. NOCHE
Sobre el catre, el cuerpo sin vida de Crémer... y bajo éste, en el suelo, una pluma, rota, de la que aún sale algo de tinta, esparciéndose por la superficie del piso.
VOZ EN OFF DE CRÉMER
Quizá sea la tinta brotar.

SEC. 117. EXTERIOR. BÓVEDA CELESTE. NOCHE
Las estrellas...
VOZ EN OFF DE CRÉMER
Quizá, quizá... Bueno, amigos, espero no haberles aburrido con tanto “quicerío”... pues es tarea difícil la de qué un muerto como yo... ¡resulte entretenido!... Buenas noches.
Mientras el Tango de Albeniz prosigue en su discurrir hacia su cercano final, la imagen funde en negro sobre las estrellas.

FIN

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