22 de abril de 2008

El sendero del profeta (Guión cinematográfico para cortometraje)


Sinopsis

En una época indeterminada, donde la desolación y el caos aparecen como lugares comunes, un viejo profeta realiza un largo viaje con el fin de expandir la Palabra de Dios y guiar a los desamparados... A lo largo de su viaje, el profeta sufrirá las inclemencias del tiempo y del espacio, caerá ante tentaciones materialistas y llegará a perder la fe en Dios, quien parece haberse olvidado de él. La llegada a una aldea arruinada por la peste marcará el final de su viaje: será allí donde, perdida toda esperanza, decida darse al sueño, olvidando así todas las miserias del mundo terreno.


Sec. 1. Exterior. Llanura. Amanecer
Bajo un azul cielo aparece un imponente y desolado paisaje de aire apocalíptico, salpicado de árboles de secano dispersos, pajares hundidos y postes eléctricos. Un sol violento asoma sus primeros destellos. El viento resopla ligero. No se adivinan señales de vida humana...
De pronto, en el suelo, descubrimos unas vías de tren oxidadas, en un pasado utilizadas, hoy pasto de la corrupción del tiempo. Las seguimos... y nos llevan a una estación de tren, cuya estructura, de dos plantas, todavía en pie, muestra un nefasto estado de conservación: sus tejados están caídos, sus paredes, agujereadas, dan señales de haber sufrido un bombardeo en alguna pasada guerra... Pese a que es un edificio majestuoso y espectacular, su decadencia es plena.

Sec. 2. Interior. Estación de tren. Amanecer
Dentro de la estación de tren, recorremos sus pasillos, sus rincones... El suelo, lleno de escombros y charcos de agua putrefacta... Las paredes, con muchos agujeros y pintadas... Los techos, casi hundidos... Y entre la desastrada construcción, terribles e improvisadas en su vuelo, aparecen las palomas... Vuelan, vuelan y vuelan y no van a ningún sitio... ¡Se mueven de arriba abajo!
¡Y en nuestro recorrido por el lugar encontramos una presencia humana! Tendido sobre el suelo, envuelto en mantas sucias y desgarradas, aferrado a un bastón de madera, yace un hombre viejo y cansado... Él es el PROFETA, paralítico y enfermo, que descansa, tranquilo y roncando, en su desnudo refugio.
De pronto, irrumpe fuerte y atronadora la VOZ DE DIOS:
VOZ DE DIOS
Buenos días... mi fiel hijo.
Más el PROFETA no responde... sigue dormido, roncando... ¡irrespetuoso ante la VOZ DE DIOS! Y el Altísimo, enfadado, sube el tono:
VOZ DE DIOS
¡Soy tu Padre! ¡¡Buenos días!! ¡¡¡Despierta!!!
Ahora sí. Impulsado, el PROFETA se pone en pie, con torpeza, tropezando en sus ropajes y manteniendo a duras penas el pulso sobre su bastón de madera. Ya firme y bien dispuesto, saluda al Altísimo:
PROFETA (Mirando al techo... al cielo.)
Buenos días... Maestro. Disculpa mi indisculpable impertinencia, pero sueños de pecado y efímero placer despistaban mi obligación en esa otra vida que rige el demonio y que es la del sueño.
Y el Altísimo, bueno y comprensivo, añade:
VOZ DE DIOS
Te perdono por esta vez, pero no olvides tu misión en este mundo. Con verga firme y dominadora, con arrebato y furia contenida, y en mi nombre difundirás la Palabra sobre este mundo en sombras como profeta, maestro y amigo.
A lo que el PROFETA, fiel y coherente con su maestro, alza el bastón al aire con cierta dificultad e increpa:
PROFETA
Con verga firme así lo haré... y no quedará sobre este tu suelo ningún hostil que dude de mi palabra, tu palabra, pues tú, Divino Señor, punto alfa y punto omega, tú... que eres base de las bases, estípite primero y último de la razón y sentimiento, ordenas y dispones, compones y destruyes a tu manera... ¡Oh, gran Hacedor! ¡¡Los hijos de Sodoma serán aplastados!!
Más el Altísimo, sereno, se despide, satisfecho:
VOZ DE DIOS
Sé que no fallarás a mi mandato... Mi buen hijo... En ti confío... ¡Lánzate al mundo degradado y limpia con mi palabra en tu boca las mezquindades que lo desfloran! ¡¡Lucha!! Y no te dejes reducir por los placeres materiales que corrompen el mundo. ¡Ve!
La VOZ DE DIOS desaparece. El PROFETA asiente:
PROFETA
Así se hará... ¡La gran Babilonia, la madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra... caerá!
El PROFETA, ya recibido bien el nuevo día, ajusta sus ropas y sus sandalias, agarra bien el bastón y comienza a andar. La parálisis de una pierna inútil que arrastra se ve compensada con la ayuda del bastón, su otra pierna.
Y sale al exterior.

Sec. 3. Exterior. Llanura. Día
Por los desolados campos camina el PROFETA. Su andar, apoyado en el bastón, es lento y sereno. Mientras camina, habla para sí, reafirmando su voluntad, la voluntad del Altísimo:
PROFETA
En este mundo cruel e impío, en este mundo mezquino y ahogado, donde la podredumbre reina en majestad y de la sangre del cordero degollado se sacian las hambrientas hormigas... ¡A este mundo cruel e impío con verga firme habrá que domar y sangrar!
Sigue caminando.
MÁS TARDE:
El PROFETA detiene sus pasos y sorprende frente a él una gran montaña de escombros. Se acerca... Entre los restos descubrimos huesos, posiblemente humanos. El PROFETA pisa uno con el pie y lo parte en dos.
PROFETA
¡Cuán efímera es la máscara humana! ¡Cuán grotesco el que la lleva! De nada nos sirve en este mundo acumular riquezas pasajeras sino ganamos el Cielo amando a Dios nuestro Padre Creador.
Irrumpe una VOZ apagada de fondo... La voz proviene del interior de la montaña de escombros.
VOZ
Agua... Agua... Caminante, dadme agua... os lo suplico, por caridad...
El PROFETA, sorprendido, acerca los oídos y pregunta:
PROFETA (A la montaña de escombros.)
¿Eres mortal?
Y la VOZ responde, e insiste:
VOZ
Tan mortal como vos... Dadme agua... Un trago os pido para hacer más llevadero mi sufrimiento.
PROFETA
Mi agua es la Palabra del Señor. ¡Haz llevadero tu sufrimiento y ofréceselo a Él!
VOZ
¡Qué cruel destino el mío! Me muero... Llevó enterrado bajo esta montaña de horror siete días y siete noches... Me muero...
PROFETA
En ese caso... muere. Otra vida mejor después de muerto verás. Confía en mi palabra.
El PROFETA saca de su zurrón remendado una cantimplora de agua y bebe hasta apagar su sed.
PROFETA
Señor, apago mi sed egoísta y avivo mi rastrera naturaleza, ¿soy acaso digno de ti?
Ya repuesto de esa doble sed, vuelve al camino.

Sec. 4. Exterior. Montañas. Tarde
El PROFETA camina por las montañas, secas y escarpadas. Las irregularidades del terreno le impiden andar erguido con su bastón. Se arrastra como una serpiente, agarrándose a los pedruscos que cubren la montaña.
PROFETA (Mirando al cielo... esperando una respuesta.)
¿Voy por el camino adecuado? Acabaré por volverme loco... El Señor es cruel conmigo...
Le responde el silencio.
PROFETA
El Señor mi Dios parece haberme olvidado.
El PROFETA insiste:
PROFETA
¡Hazme una señal! ¡Oh, Señor!
Más el silencio, otra vez, aparece como respuesta.
PROFETA
Tu silencio es tu sabiduría... ¿qué puede ser sino?
Pero de nada sirven sus lamentaciones. El PROFETA se incorpora con gran dificultad. Ya erguido, vuelve su mirada a la tierra.
PROFETA
Nunca me abandonará el Señor mi Dios... ¡Perdona a tu hijo estúpido... Señor!
Seguro de sus pasos, aferrado a su imprescindible bastón, el PROFETA, lleno de valor, sigue su camino por la montaña.

Sec. 5. Exterior. Campos. Amanecer
Bajo un árbol, duerme el PROFETA. Al poco, se despierta, agradeciendo a Dios un nuevo día:
PROFETA
Gracias por este nuevo día, Señor.
Y el Altísimo, agradecido, le responde:
VOZ DE DIOS
Buenos días... mi fiel hijo.
El PROFETA, preparado para enfrentarse al nuevo día, se pone en pie y agarra el bastón...
PROFETA
Por ti madrugo, Señor.
VOZ DE DIOS
¡Sigue! ¡¡Sigue!! Y no te dejes caer en las tentaciones del placer, gustosas en el momento, repugnantes una vez han pasado. Los frutos del árbol maldito son jugosos por fuera, más por dentro están podridos...
PROFETA
Por ti madrugo, Señor. Más por ello mismo no me dejaré arrastrar...
VOZ DE DIOS
Sigue entonces tu camino.
...y se marcha, campo abajo.
MÁS TARDE:
El PROFETA para junto a un árbol y coge un fruto. Lo mastica y saborea... Es delicioso... Pero, al poco, recapacita... y tira el fruto al suelo, pisoteándolo con violencia, reduciéndolo a líquido.
PROFETA
Más no nos dejes caer en las tentaciones. Amén.
De nuevo en marcha, sigue su camino.
MÁS TARDE:
El PROFETA, junto a un árbol, arranca varios frutos y los mete dentro de su zurrón remendado.
PROFETA
Mortal nací, mortal vivo y mortal moriré, más si por no catar un fruto he de morir... lo cato y vale. El Señor me perdonará.
El PROFETA vuelve al camino.

Sec. 6. Exterior. Valle. Día
El PROFETA camina junto a un río de pequeño cauce. Todo a su alrededor es verde. Se respira un ambiente limpio, y el PROFETA, consecuente, agradece a Dios su dulce devenir:
PROFETA
Gracias, Señor. Tu grandeza es inmensa. ¡Ni por mil orbes cambiaría tan grato destino!
Cansado pero feliz, el PROFETA detiene sus pasos y se tumba sobre la hierba que cubre el fértil suelo.
PROFETA (Estirándose de brazos.)
¡Ah!
MÁS TARDE:
El PROFETA duerme sobre la hierba. Mientras, a escasos metros...
...del interior de una cueva sale un ENANO al que apenas se le puede ver la cara, cuyo cuerpo, deforme y cheposo, muestra un terrible deterioro.
El ENANO se acerca al PROFETA. Da dos vueltas a su alrededor y le quita con mucho cuidado el zurrón. Lo abre, mira el interior y se lo lleva, de nuevo al interior de la cueva.
MÁS TARDE:
El PROFETA despierta. Al poco, ya en pie y con el bastón agarrado, se percata de la ausencia de su zurrón.
PROFETA
Mi zurrón... ¡Mis frutas! Mis placeres...
El PROFETA recapacita, mira al cielo temeroso... y cae al suelo, lamentándose:
PROFETA
¿Así me castigas, Señor? Mortal soy, y como hijo de mujer placeres necesito... ¡Perdóname! Esas frutas para comer las quería, no para obtener placeres impuros... ¡¡Perdóname!!
El Altísimo no ha respondido. El PROFETA se levanta, mira a su alrededor y descubre la entrada de la cueva.
El PROFETA se acerca al acceso de la cueva y entra.

Sec. 7. Interior. Cueva. Día
El interior de la cueva aparece ante los ojos del PROFETA como un lugar repugnante y abrasador. La oscuridad es prácticamente total. Da unos pasos y se adentra... Pero algo le impide seguir: tiene miedo a la oscuridad, al silencio... a lo desconocido.
Le resulta insoportable... Las paredes de la cueva le pesan... ¡No puede seguir allí!
Al poco, regresa sobre sus pasos y sale al exterior.

Sec. 8. Exterior. Valle. Día
En su camino por el valle, el PROFETA asiste maravillado ante la gran obra de Dios... La luz del sol llega al suelo apagada... Los altísimos árboles cubren el cielo... La maleza, imparable, parece transformar el paisaje en selva...
Un árbol de altura desproporcionada, que se erige de entre los demás árboles como árbol dominador, llama la atención del PROFETA, quien, sobre una piedra, y descollando como una escultura en medio de la maleza, exclama:
PROFETA
La obra de Dios es grande y extraña, imposible pero certera. ¡Qué desafortunado aquel mortal que ose dejar pasar su vida sin plantearse cuán grande es la mano de Dios! ¿Y qué puedo hacer yo, un insignificante mortal, para con verga firme guiar a los descontrolados que desconocen la grandeza del Altísimo? ¡Oh, Dios, dame una respuesta!
Y la VOZ DE DIOS, de improviso, irrumpe:
VOZ DE DIOS
¡Cuánta paciencia debo tener contigo! Eres mortal, y también un testarudo... Anda, mira allá lejos... Alza la vista...
El PROFETA así lo hace: ante sus ojos aparece imponente un viejo puente de piedra, de gran altura y robustas arcadas.
VOZ DE DIOS
...y no te detengas. ¡No te detengas! ¡¡Lucha!!
El PROFETA se arrodilla y agradece al Altísimo su generoso gesto:
PROFETA
¡Oh, Altísimo Señor mío, invisible e infalible es tu mano diestra! ¡Infalible será también mi lucha!
Se pone en pie y sigue camino adelante... hacia el puente.

Sec. 9. Exterior. Puente. Día
El PROFETA se dispone a cruzar el puente. Pero antes de hacerlo aparece por el otro extremo un VIEJO vestido con trapos sucios y rotos, con un bastón. Su parecido con el PROFETA es evidente. El VIEJO se acerca al profeta:
VIEJO
¡Deteneos! ¡Deteneos! No crucéis este puente. Más allá del otro extremo empieza la tierra del diablo. ¡Marchaos!
El PROFETA, interesado, le pregunta:
PROFETA
¿La tierra del diablo? ¿De qué tierra me habláis? ¿Acaso habéis visto al diablo?
VIEJO
La epidemia de peste lo arrasó todo. Allí encontraréis la muerte y la destrucción... Todas las calles del pueblo están llenas de cuerpos muertos, de niños y de ratas, de mujeres y de hombres... Todos están muertos. Si cruzáis el puente acabaréis como ellos... Yo me voy... Adiós.
El VIEJO se marcha...
El PROFETA, pensativo, decide arriesgarse y da el paso decisivo cruzando el puente.

Sec. 10. Exterior. Pueblo. Día
El PROFETA camina por las calles del pueblo...
En un principio no se advierten señales de destrucción, pero, conforme avanza, se va percatando de algo extraño: el silencio.
Y el silencio pronto se rompe: alguien llora. El PROFETA se acerca a socorrerlo, pero cuando llega, ya es tarde: ese alguien ha muerto.
Todas las calles están llenas de cadáveres...
El PROFETA, desesperado, cae al suelo y arrodillado suplica al Altísimo:
PROFETA
Señor, ¿a dónde me llevas?
Pero no recibe respuesta.
PROFETA
No entiendo tu silencio, Señor. Cuando en verdad te necesito me das la espalda. No te entiendo. Toda mi vida he estado a tu servicio. Ya sé que soy insignificante, y con mi miseria vegeto y sufro. ¿Tan caro es ganarse el Cielo? Tu hijo y esclavo soy, y te sirvo, pero una consideración necesito, por mísera que sea... ¡Tú, que eres tan grande y a la vez tan pequeño! Y yo... que no soy nada... ¿qué puedo hacer?
El PROFETA deja de insistir y se tumba en el suelo.
PROFETA
Me temo que nada...
Cierra los ojos y comienza a dormir... a soñar.

Sec. 11. Exterior. Fuente. Día (Sueño del Profeta)
Un paisaje hermoso y colorista... Junto a una fuente de piedra por cuyos chorros brota agua cristalina, descansa el PROFETA, tumbado, en plena naturaleza.
El PROFETA se pone en pie y dirige su vista a la fuente, a la que se acerca. Pone sus manos bajo el chorro de agua... y bebe. Y mientras bebe, su rostro se ilumina. En efecto, el PROFETA está bebiendo de la Fuente de la Vida.
Tras beber, ya purificado, se sienta sobre la hierba y contempla el espectacular paisaje que ante sus ojos se abre... Demasiado hermoso como para parecer de este mundo...
FUNDE A NEGRO.