18 de abril de 2008

El mundo en sombras (Guión cinematográfico, 2004)


Sec. 1. Exterior. Ciudad. Amanecer
Una imagen tópica: la vista general de una gran ciudad, de tonos entre grisáceos y amarillentos, envuelta en ese ineludible perfume de gases nocivos...
Sobreimpreso en la imagen aparece este texto:
¿Queréis jugar?
¡Jugad!

Sec. 2. Interior. Apartamento 43. Día
De pie y mirando por la ventana, un HOMBRE, delgado, de unos treinta años... Vuelve la vista al interior del apartamento y se acerca a una mesa sobre la cual reposan varios sofisticados cuerpos, claramente identificables con artefactos explosivos. Tranquilo, sin el menor titubeo, se va agarrando al cuerpo los artefactos, uno a uno... Una vez ha terminado, saca de su bolsillo una carta y la deja sobre la mesa... Con una gabardina negra cubriendo su secreto y gafas de sol oscureciendo sus ojos, abandona el refugio.

Sec. 3. Exterior. Calles de la ciudad. Día
Solitario, abriéndose paso entre la masa anónima, el HOMBRE camina por la sucias y apestosas calles. El ruido, insoportable, amenaza a cada vuelta de esquina. Los gritos de unos niños desentonan entre el barullo acústico... Las luces rojas de los semáforos asaltan violentos destellos luminosos... Y él, quizá ajeno al inapreciable devenir, sigue su camino... Todo parece adquirir tintes apocalípticos.
Mientras camina va descubriendo ante sus ojos la invisible violencia que imperceptible despunta... Gente se agolpa violenta ante las puertas de un comercio... A lo lejos, rompiendo la monotonía, un coche estrella su morro contra una farola... Más próxima, una niña llora, y su madre, sin motivo alguno, la golpea con violencia en la cabeza... Y el subrayado continuo del ruido, realzado por tubos de escape sin fin, sirenas de ambulancias desafinadas, gritos rotos y llantos exaltados, prosigue... Todo es insufrible.
Pero de pronto... el HOMBRE detiene sus pasos y fija su mirada en un autobús urbano, cargado de personas, haciendo escala en la parada... Poco a poco y seguro de sus pasos, se aproxima. En su andadura va cruzándose con gentes de variopinta fisonomía, jóvenes y viejos, blancos y negros, alegres y amargados... Todo el circo cotidiano al completo. Y al fin, llega a las puertas del autobús... y entra, bien aferrado a su gabardina. El autobús cierra sus puertas y marcha, siguiendo su habitual trayectoria... pero, al poco, ¡estalla! Las llamaradas del fuego encienden las calles de rojo violento... La gente corre aterrorizada de arriba abajo... Los heridos van apareciendo... y con ellos, la sangre, pegada a sus rostros martirizados, matiza el sufrimiento colectivo... El horror es indescriptible, sentido y real.
FUNDE A NEGRO.

Sec. 4. Interior. Laboratorio fotográfico. Día
El laboratorio es amplio, rico en los materiales de rigor... Ninguna presencia humana parece adivinarse, pero, de pronto, suena el teléfono. De la sala de revelado sale un fotógrafo, sorprendido en medio de su trabajo... Su nombre es COSME, de unos treinta años. Descuelga el teléfono y se lleva el auricular al oído...
COSME
¿Diga?
Su rostro se ilumina: es algo importante.
COSME
Deme diez minutos y medio.
Cuelga el teléfono. Se acerca a su mesa de trabajo, coge el abrigo, agarra la cámara de fotos y un puñado de carretes.
VOZ EN OFF DE COSME
Nadie me enseñó los secretos de la fotografía... Miento, quizá me los enseñó la naturaleza... una vez, reflejada en las aguas putrefactas de una charca que encontré en un descampado.
Abandona el laboratorio.

Sec. 5. Exterior. Calles de la ciudad. Día
Tras el atentado, las calles de la ciudad aparecen en pleno movimiento. Las sirenas de los coches de policía, seguidas de las de los camiones de bomberos y las ambulancias, se presentan en el lugar del incidente.
VOZ EN OFF DE COSME
La naturaleza, la gran maestra e inspiradora, la que nos premia y nos castiga... esa Babilonia, madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra... esa zorra contradictoria fue mi maestra.
La gente curiosa se acerca multitudinaria a los restos carbonizados del autobús. De entre el tumulto de curiosos surge COSME, cámara de fotos en mano, fotografiando el suceso de forma compulsiva.
VOZ EN OFF DE COSME
¿Han intuido la esencia de la fotografía?
Cada vez más cercano al autobús, el fotógrafo sorprende por el suelo restos de éste, manchas de sangre, algún herido atendido por los médicos, y, finalmente... un muerto.
VOZ EN OFF DE COSME
La cara oculta tras un olor a cenizas, la gasolina quemada, aquello que el negativo nos negará.
Al llegar a este punto, COSME detiene sus pasos y mira el cuerpo a través de la lente de la cámara: es un niño de unos diez años, y sus ojos, endurecidos, aparecen abiertos. Atraído por la terrible imagen, la fotografía unas cuantas veces desde diversos ángulos. Al acabar el carrete, aparta la cámara de sus ojos, enfrentándose directamente a la imagen... Aturdido, vuelve atrás sobre sus pasos.
VOZ EN OFF DE COSME
No un tiempo detenido, tampoco una pose imperfecta, ni un silencio prolongado... nada de eso hace la fotografía.
Entre tanto, la policía va vallando la zona.
VOZ EN OFF DE COSME
Ni un recuerdo entre sombras, ni un grito quebrado... la nada inmortalizada.

Sec. 6. Interior. Sala de revelado. Laboratorio fotográfico. Día
Bajo la luz roja, COSME obtiene las fotografías tomadas tras el atentado... Dentro de una de las cubetas, una fotografía va tomando forma... y en la imagen aparece el rostro desencajado del niño muerto. El fotógrafo la saca del líquido y la cuelga de los hilos...
Detiene su mirada en esa fotografía, en esos ojos infantiles, en ese mismo instante...
VOZ EN OFF DE COSME
¿Se han parado a observar los ojos... de un muerto?

Sec. 7. Interior. Depósito de cadáveres y Pasillos. Hospital. Día
Los ojos de un muerto. Tendido sobre una mesa metálica reposa el insensible cuerpo del niño muerto en el atentado, fotografiado por Cosme, con los ojos cerrados... A escasos metros, de pie y envuelto en una bata blanca, el forense, cuarenta años, de nombre ERNESTO, observa el cuerpo, ligeramente cubierto por una sábana...
Un ENFERMERO aparece de entre las sombras del fondo de la habitación, acercándose al forense.
ENFERMERO
Doctor Ernesto...
El forense dirige su mirada al ENFERMERO.
ERNESTO
No puedo hacerlo... Será mejor que llamen a otro... Yo no puedo... Es demasiado. ¡Estoy asqueado de tanto horror!
ENFERMERO
Los padres del niño llevan una hora esperando... Es terrible, pero alguien tiene que hacerlo.
ERNESTO
No seré yo.
Y sin mediar más palabra, ERNESTO se quita la bata y decidido se marcha. El ENFERMERO le sigue sus pasos. Antes de llegar a la puerta de salida, ERNESTO se detiene, volviéndose al ENFERMERO, y diciéndole:
ERNESTO
¿Esperan ahí?
El ENFERMERO asiente.
ERNESTO
Salga usted delante de mí y diríjase a ellos... Dígales algo, lo que sea... Invítelos a una tónica... Recíteles uno de sus poemas... no sé... Yo los evitaré tomando el pasillo contrario... No me discuta... y gracias. Ya le debo dos... tres... ¿eh?
ENFERMERO
Perdí la cuenta...
El ENFERMERO, con un rictus de escepticismo en la mirada, sale.
Tras unos segundos de espera voluntaria, ERNESTO cruza la puerta y sale al pasillo. Vuelve su mirada a la derecha y descubre a cierta distancia al ENFERMERO hablando con los desfallecidos PADRES del niño muerto. Toma el pasillo contrario.

Sec. 8. Exterior. Calles de la ciudad. Día
ERNESTO camina por las calles de la ciudad... Y mientras caminamos con él vamos descubriendo ante nuestros ojos hechos violentos en los que ningún viandante repara, ni siquiera ERNESTO, hermetizado en sus pensamientos...
VOZ EN OFF DE ERNESTO
El gran hormiguero de la ciudad, donde todo está invisiblemente mecanizado, preciso como un reloj de arena, donde cada hormiga subsiste...
En la esquina de un callejón DOS TIPOS vestidos de manera grotesca y bufandas rojas al cuello asustan con una navaja a filo desplegado a una MUCHACHA en edad escolar, arrinconada en la pared... La MUCHACHA suplica, pero sus agresores insisten zarandeando la navaja...
VOZ EN OFF DE ERNESTO
...egoísta y estúpidamente, con su grano de arena, aferrado a ese pellejo que tanto estima, pensando para sí, esquivando la puerca colectividad que infalible amenaza...
Un gato es arrollado por un automóvil, resultando muerto de inmediato. Un BARRENDERO próximo al incidente se acerca y agarra al animal muerto de la cabeza, metiéndolo acto seguido en un cubo de basura...
VOZ EN OFF DE ERNESTO
...y a la que con su necia actitud respalda... No, no soy entomólogo... pero soy forense...
En medio de la acera dos NIÑOS se pelean a puño cerrado. No nos interesa adivinar el motivo, pues devendrán adultos en un futuro.
VOZ EN OFF DE ERNESTO
...y lo veo todo de cerca.
Entre tanta banalidad, ERNESTO sigue su camino, calle adelante...

Sec. 9. Interior. Apartamento 43. Día
Se abre la puerta de entrada y aparece COSME, con la cámara de fotos al hombro. Mientras se quita el abrigo y la cámara, pregunta algo a alguien que supone está ahí:
COSME
¿Llegaste ya? No pude encontrar el libro... Ah, tu prima sigue igual.
Nadie responde. Extrañado, recorre el apartamento... y descubre la carta sobre la mesa. Se acerca, la coge y la abre, sacando una hoja escrita a mano. Acto seguido, inicia su lectura.

Sec. 10. Exterior. Estudios de televisión. Día
En los Estudios de Televisión de la ciudad irrumpe con su vespa un joven de unos veinte años: BERNARDO. Deja la moto junto a la puerta y entra al edificio con un paquete en el que aparece escrito: “Frágil”.

Sec. 11. Interior. Restaurante. Atardecer
Sentados en una mesa, cara a cara, están COSME y un hombre ya mayor, de unos setenta años, el DIRECTOR DE LA REVISTA. Comen un dudoso plato de espinacas. Sobre la mesa están esparcidas las fotografías del atentado. El DIRECTOR las observa con detenimiento, centrando especial atención en una fotografía: la del niño muerto.
DIRECTOR
Perversas, directas y...
COSME intenta adivinar el adjetivo definitivo:
COSME
¿Físicas?
DIRECTOR
Reales... tan reales como... como un cabrito carbonizado en mi horno de leña a fuego lento... ¿Has probado el cabrito asado a fuego lento y arreglado con algo de moscatel y pimienta? Delicioso.
El DIRECTOR alza la fotografía del niño muerto. En ese momento se acerca el CAMARERO y pregunta al DIRECTOR:
CAMARERO
¿Saco el pollo?
DIRECTOR
Todavía no... (Al camarero.) Y ésta... la más poderosa, ¿verdad? Directa para la portada (A Cosme.)
El CAMARERO se retira.
COSME
Realmente poderosa, morbosa, autocomplaciente... muy a tono... repugnante. ¿Me dejo algún adjetivo?
DIRECTOR
Por eso la quiero... Es lo que nuestros carroñeros ansían.
COSME
Agonizan en deseos por ella. Es la perfecta carroña, prefabricada a la vieja manera... Enseñarlo todo para no insinuar nada, a tono con la mezquina mentalidad que rige nuestras vidas. Idas y venidas llenas de vacío... ¿Crees que vale la pena explotar la fotografía de un niño muerto?
DIRECTOR
Siempre te consideré un genio, un mero genio, pero no entiendes de negocios, amigo... y eso te aparta de este campo. ¡Claro que vale la pena explotar al niño muerto! Esa terrible imagen, por horrenda que sea, nos servirá para vender muchas más revistas y así... poder sobrevivir. Y eso, es hermoso.
Agradecido, COSME sonríe. El DIRECTOR saca un puro de su camisa y se lo lleva a la boca. El CAMARERO se acerca y le da fuego.
DIRECTOR (Al camarero.)
¿Le pagan bien aquí? Ah... ya puede traer el pollo.
CAMARERO
Muy bien.
El CAMARERO sonríe con escepticismo y se retira.
COSME saca de su bolsillo una carta: la carta que su compañero de apartamento le dejó sobre la mesa. El DIRECTOR la observa con interés.
DIRECTOR
Cosme, ¿tienes algo para mí?
COSME se la acerca.
DIRECTOR
A ver...
El DIRECTOR abre el sobre y comienza a leer:
DIRECTOR
Diez ratones tengo en el cesto, más he de matar a once si seguir vivo quiero. Un percance: si no puedo matar a todos no tengo derecho a matar ninguno. ¿Qué hago entonces?
Acabada la lectura, el DIRECTOR introduce la carta en el sobre y ríe agitando el puro en la boca.
DIRECTOR
Nada... Un estúpido juego de retórica para paranoicos... Que los deje en el cesto y espere a que se mueran de hambre, ¿no?
El CAMARERO, ante la sorpresa de COSME, llega con un pollo vivo en una bandeja. Agarra con cuidado al animal y lo pone sobre la mesa, el cual, instintivamente, comienza a devorar las migajas esparcidas sobre el mantel.

Sec. 12. Interior. Casa de Ernesto. Atardecer
En el salón, sentado en el sofá, ERNESTO pasa su anodino tiempo viendo el noticiario televisivo. En pantalla, el LOCUTOR del programa repasa con gravedad los sucesos de la jornada...
LOCUTOR
...Es difícil saber hasta que punto se intensificará el número de atentados, pero de lo que sí estamos seguros es de que son ellos, el sempiterno grupo terrorista “Querubines negros”, cuyo representante envió hace dos horas al Ayuntamiento el certificado de su actuación, apostillando al final de su comunicado la siguiente frase: “Ya os podéis preparar para la próxima, cabrones”. Palabras realmente terribles y nada esperanzadoras. El incidente de esta mañana...

Sec. 13. Interior. Plató. Estudios de televisión. Atardecer
Frente a la cámara, el LOCUTOR prosigue repasando las noticias:
LOCUTOR
...ha tenido consecuencias desastrosas para nuestra ciudad: doce muertos, cuarenta heridos graves y una multitud de leves, amén de incontables daños materiales. Las fuerzas de seguridad han prometido aumentar sus refuerzos. El miedo generalizado surte una pregunta de difícil respuesta: ¿Qué podemos hacer?
De pronto, se produce dentro del plató un ruido atronador... una gran explosión. El LOCUTOR, empujado por la fuerza de ésta, cae al suelo. Sobre él caen cascotes de techo... Las llamas del fuego asoman sus destellos... Todo el plató aparece envuelto en una nube de humo cada vez más densa... De fondo se escuchan gritos humanos...

Sec. 14. Exterior. Calles de la ciudad. Atardecer
Por las calles de la ciudad va BERNARDO en su vespa... En su rostro queda marcada una sonrisa ambigua.
Una vez ha llegado a su destino, aparca la moto en la acera y entra en un edificio, la casa de Ernesto, su hermano.

Sec. 15. Interior. Casa de Ernesto. Atardecer
BERNARDO entra al interior del piso, se despoja de su abrigo y... se lleva las manos a la frente. ¿Algo no cuaja?
BERNARDO
¿Ernesto?
La voz de su hermano le responde:
VOZ DE ERNESTO
Pasa... Estoy aquí.
BERNARDO, inseguro, entra al salón. Sentado en el sofá, ERNESTO. El televisor está apagado.
ERNESTO
¿Ya te has enterado?
BERNARDO se sienta en una silla.
BERNARDO
Dos atentados en lo que llevamos de día. ¿A eso te refieres?
ERNESTO
Sí... Y hoy no nieva sobre Madagascar.
BERNARDO
¿Qué insinúas?
ERNESTO, moderadamente enérgico, se pone en pie.
ERNESTO
¿Qué insinúo? ¿Qué insinúo? No... Nada... ¡Sí! Claro que insinúo algo... Insinúo que acostumbras a engañarme muy a menudo, hermano... Tú y yo sabemos muy bien para que hormiguero... trabajas... si es que acaso a esa clase de... violencias se las puede catalogar como tales.
BERNARDO, por no ser menos, también se pone en pie.
BERNARDO
Me patinan tus hipótesis de forense, hermano... Siempre me has dado asco... pero hoy has cruzado el límite... y por ahí no paso.
ERNESTO
Así que tienes límites... Yo pensaba que no.
ERNESTO se da la vuelta y se acerca hasta una estantería. Abre un armario. Y saca una caja.
ERNESTO
¿Te dice algo esta caja?
BERNARDO, decaído al haber sido descubierto, baja la cabeza.
ERNESTO
¿Tanta prisa tenías ayer por trabajar en lo tuyo que no te dio tiempo a esconderla bien?
ERNESTO abre la caja y saca de ella una libreta.
ERNESTO
Pude ver como la ocultabas... Los “Querubines negros”... ¡Qué irónicos!
BERNARDO le quita a su hermano la liberta de las manos, que no opone resistencia.
ERNESTO
Una lista con nombres, con direcciones, con teléfonos... con mucha información... Una lista de... objetivos a los que... eliminar... ¿es esa la palabra? Me lo olía de hace tiempo, pero nunca llegué a tomármelo en serio... ¡Imaginación!, me decía... Pero no, no andaba descaminado... Mi hermano, mi buen hermano, el técnico de televisión... Una semanita de trabajos varios, y...
Pero BERNARDO frena a su hermano:
BERNARDO
Eres un cretino... Y no es de extrañar vista la gente con la que tratas en esa nevera... Muertos y muertos... ¿Crees que estoy sacrificando mi vida en vano?
ERNESTO
¿Y a mí me lo preguntas? Me temo que ya es tarde para buscar alguna coartada sentimental... Sabes, Bernardo... me das pena.
Sin más, BERNARDO se da la vuelta, se pone el abrigo...
BERNARDO
Deja de pensar en pajaritos, hermano... somos adultos, y como adultos debemos... Con pena o sin ella seguiré adelante.
...y abandona el piso. Resignado, ERNESTO se sienta en el sofá y cierra los ojos.

Sec. 16. Exterior. Calles de la ciudad. Tarde
BERNARDO, sobre su vespa, recorre a cierta velocidad las calles de la ciudad...
Toma una bocacalle y sigue hasta el final de la misma, deteniéndose en la puerta de una cochera. Baja de la moto, y con la discreción de no ser visto, pulsa el timbre de la puerta tres veces. Al poco, la puerta se abre. BERNARDO agarra la vespa del manillar y juntos, él y su moto, entran. La puerta se cierra.

Sec. 17. Interior. Cochera, escalera y habitación subterránea. Tarde
Dentro de la cochera y ya aparcada su vespa, BERNARDO, y junto a un joven de unos veinte años, frío y calculador, JUAN, cruzan el local de extremo a extremo... bajan una estrecha y prolongada escalera apenas iluminada por una bombilla suspendida del techo... y llegan a una habitación subterránea, de blancas paredes y mala ventilación, en donde alrededor de una mesa llena de botellas de alcohol y tabaco festejan su triunfo en silencio los “Querubines negros”. Al advertir la presencia de BERNARDO, el jefe de la banda, RIPOLL, calvo, de unos cincuenta años largos y gafas de pasta que dan a su aspecto una apariencia “intelectual”, se dirige a él:
RIPOLL
¿Llevas la lista?
BERNARDO asiente y acto seguido la saca de su abrigo, entregándosela.
RIPOLL
Será destruida esta noche. Ya no necesitamos las almas de esos pobres diablos... Empezaremos mañana con un nuevo plan de atentados masivos... Por hoy ya vale. Te has portado bien, muchacho.
BERNARDO
Yo he nacido para luchar, Ripoll, y aquí me tienes.
Convencido, RIPOLL deja en su rostro una fugaz sonrisa y extiende los brazos hacia la mesa.
RIPOLL
Creemos en tu palabra. Ginebra y habanos te esperan... Adelante, luchador.
BERNARDO (Extendiendo su afirmación a los demás miembros.)
¡A ninguno os defraudaré! Podéis estar seguros.
Tras la exclamación, un silencio ambiguo la precede. BERNARDO se arrima a la mesa y se sirve un vaso de ginebra. Sin ningún aditamento, se la bebe de un trago.
Los demás miembros del grupo son: STEVE, de unos treinta años, rubio y de mirada inquietante; FANNY, jovencita de veinte años escasos, de apariencia ingenua; ESPERANZA, joven y ambiciosa, prototipo de la mujer moderna; NELSON, joven atlético de gran altura; PRÍNCIPE, con los cuarenta ya entrados, especialista en explosivos; MONIQUE, madura y dominante mujer francesa de dudosa moral; MARCEL, novio de la anterior, no menos maduro y siempre a su sombra; y DON JUAN ANTONIO, imponente y distante, de setenta y tantos años, coleccionista de arte, dadaísta y mecenas del grupo.
Todos, a excepción de DON JUAN ANTONIO, abstraído, miran a BERNARDO, con otro vaso de ginebra de nuevo en la mano... Pero de pronto, una voz cálida y amable rompe el silencio:
ESPERANZA
Buen trabajo, Bernardo.
BERNARDO sonríe.

Sec. 18. Interior. Apartamento 43. Anochecer
Luces tenues... Tendido sobre el sofá, COSME duerme... sueña...

Sec. 19. Sueño de Cosme
Insignificante en un extenso descampado de arena roja, COSME aparece allí en medio de pie, firme como una lanza. Frente a él se levanta una inmensa y vertical mole de cemento... Un edificio puramente onírico, opaco y brutalmente simple en formas, un poco en la línea de los proyectos utópicos de Boullée. De pronto, sin ninguna coherencia espacial ni temporal, COSME aparece dentro del bloque de cemento. La claridad es inmensa... La altura del edificio se pierde lejana e inverosímil allí arriba... COSME no ve apenas nada, dada la violenta luminosidad que enciende todo el espacio... pero, de pronto, a lo lejos, destacando por su oscuridad de entre la blancura que lo llena todo, aparece un cuerpo que avanza hacia él rodando como una pelota... cada vez más próximo, más definido, y finalmente reconocible... es un globo terráqueo. Éste, al llegar a sus pies, se detiene, como dotado de vida propia. COSME, fascinado, se agacha... pero al cogerlo le explota en las manos, masacrándolo por completo, reduciéndolo a sangre y restos...

Sec. 20. Interior. Dormitorio. Casa de Ernesto. Noche
ERNESTO duerme en la cama... De pronto, se despierta sobresaltado. Una pesadilla... posiblemente. Se levanta de la cama y va al escritorio, donde se sienta. De entre unos papeles, coge un folio en blanco. Lo mira con detenimiento.
VOZ EN OFF DE ERNESTO
Un picor molesto pero llevadero recorre los dedos de mis pies.
Toma un bolígrafo, pero no llega a utilizarlo.
VOZ EN OFF DE ERNESTO
Será mejor que me rasque... o de lo contrario tendré que meterme en la bañera...
ERNESTO se levanta de la silla y abandona el dormitorio.

Sec. 21. Interior. Apartamento 43. Noche
Sentado a la mesa, junto a una botella de anís y un vaso lleno a rebosar, COSME medita... Su vista, perdida entre las sombras de la habitación, parece vagar impertinente en un mar de imágenes difusas...

Sec. 22. Interior. Baño. Casa de Ernesto. Noche
Dentro de la bañera, de agua a rebosar, descansa vestido y con los ojos cerrados ERNESTO. Irrumpe al poco un leve ruido. La puerta del baño comienza a abrirse lentamente. ERNESTO sigue imbuido en sí mismo. Una sombra surge descollando en la luz. Unos pasos, lentos... y de la oscuridad aparece el NIÑO muerto al que ERNESTO no pudo practicar la autopsia. Su rostro, blanquecino y desfigurado, inclasificablemente expresivo, centra su mirada de muerto en ERNESTO, que sigue ajeno, con los ojos cerrados, dentro de la bañera. Pero de pronto, el rostro indiferente del NIÑO muerto cambia de expresión: una fría y terrible sonrisa aparece de improviso, maliciosa y perversa. Una de las manos del niño, ensangrentada y temblorosa, saca del bolsillo del pantalón un bisturí. Bisturí en mano, el NIÑO se acerca hasta la bañera. Ya allí, junto a ERNESTO, le acaricia el rostro con la mano libre, mientras con la otra le clava el instrumento en el pecho. La sangre brota.

Sec. 23. Interior. Dormitorio. Casa de Ernesto. Amanecer
Sobresaltado, ERNESTO se despierta de la terrible pesadilla, sentado en el escritorio. Las primeras luces del nuevo día asoman indecisas por las ranuras de la persiana. Sobre la mesa aparece el folio... pero transformado en una pajarita.

Sec. 24. Interior. Apartamento 43. Amanecer
Tumbado en el suelo, aferrado a la botella de anís, vacía, dormita COSME.

Sec. 25. Exterior. Colegio. Día
Una masa de NIÑOS entra al colegio...
Una vez todos han entrado, se produce en el interior una gran explosión... El humo comienza a salir al exterior, y con él, los supervivientes, algún profesor y algún niño, ensangrentados...
Al poco rato irrumpen las sirenas de la policía, los bomberos y las ambulancias. Entre todo el movimiento humano de policías, bomberos y médicos, descubrimos un rostro conocido: es STEVE, el terrorista, quien sonriente, abandona el lugar con certero disimulo.

Sec. 26. Interior. Iglesia. Día
De rodillas frente al sagrario, BERNARDO y ESPERANZA, disimulan rezar. La iglesia está vacía.
BERNARDO, en voz baja, rompe el silencio:
BERNARDO
Es el momento.
ESPERANZA
Pues no perdamos más tiempo.
Se levantan con sus bandoleras y se acercan al altar mayor. Inspeccionan el lugar con la vista. ESPERANZA señala con el dedo la cátedra del celebrante.
ESPERANZA
Ese es el lugar apropiado.
BERNARDO
Demasiado efectista... Será del gusto de don Juan Antonio... Será precioso ver a un obispo elevarse por los aires, jugando a ser Dios con la gravedad, arriba y no abajo... Será precioso... Un juguete hermético y apetecible, una fantasía perversa y pirotécnica... Un regalo de Satanás.
Los dos se acercan al lugar y, manos a la obra, instalan los explosivos, ocultándolos bajo la tarima...
Una vez han terminado el trabajo, abandonan la iglesia con las bandoleras vacías al hombro...
Justo en el momento de atravesar la puerta de salida, coinciden con un anciano SACERDOTE, vestido como tal. Respetuosos, los terroristas le dejan paso, y el SACERDOTE, muy amable, añade:
SACERDOTE
Gracias, hijos míos. Vuestra educación me da pruebas de que en el mundo todavía quedan personas de buen corazón.
La pareja de terroristas abandona, por fin, la iglesia.

Sec. 27. Interior. Casa de Don Juan Antonio. Día
En su lujoso salón, DON JUAN ANTONIO desayuna. Frente a él reposa sobre un caballete una “Magdalena” de Tiziano. En ese momento aparece en escena STEVE. De pie, salvando las distancias, dice:
STEVE
Don Juan Antonio, faena resuelta.
DON JUAN ANTONIO, complacido aunque previsible, como acostumbrado, añade:
DON JUAN ANTONIO
Bien, bien, muy bien, muy bien, muy... buen chico.
STEVE se percata de la valiosa tela.
STEVE
¿Es la Virgen María?
DON JUAN ANTONIO ríe, y responde:
DON JUAN ANTONIO
No, no, es un... Tiziano.
Y excitado, DON JUAN ANTONIO se pone en pie, empuña el cuchillo de la mantequilla y se acerca al cuadro...
DON JUAN ANTONIO
¡Un Tiziano de merde! La obra de un maldito genio... ¡Y sucumbirá en mis manos! Ya lo creo...
...e impulsado por sus tendencias dadaístas, le asesta a la tela media docena de terribles puñaladas. Acabada la faena, DON JUAN ANTONIO se arrodilla y contempla de cerca el despedazado cuadro.
DON JUAN ANTONIO
¿Te has preguntado cuál es el fin último de la obra de arte?
STEVE guarda silencio.
DON JUAN ANTONIO
Su destrucción, eso es, su destrucción. Nada está destinado en este todo de carbono a ser perpetuo. Por eso, el mísero ser humano, tarde o más bien pronto, acabará por autodestruirse. La vulgaridad reinante en este infame mundo respalda mi adorable tesis. El arte, Steve, ese gran placer de minorías, desapareció una vez se hizo de él puro mercado y divertimento de mayorías... Cultura dicen... ¡Y una mierda! No te dejes engañar... La cultura es patrimonio de muy pocos, y lo demás son cuentos, distracciones de feria para amas de casa y viejas de ganchillo y dentadura. En este mundo repugnante los auténticos triunfadores, los héroes, son los que han tomado la sabia decisión de quedarse al margen de la sociedad, abstraídos, cerrados, solitarios... únicos, únicos hasta llegar a la meta final que es la muerte... ¡Y hasta con la muerte es bueno disfrutar! Adoro el suicidio, joven ignorante, lo adoro, y más aún el atentado terrorista como forma de expresión artística. No olvides mis palabras, joven estúpido... y mata, pero mata por puro placer estético. La creación del instante, la gran instalación del momento... Esa, y no otra, es la razón por la que subvenciono... ¡Esa y no otra es mi arma de mecenas!
Conmovido e identificado, STEVE concluye:
STEVE
Soy yo su viva sombra, don Juan Antonio. Mis tendencias destructivas van parejas a sus exquisitos y refinados planteamientos de esteta postmoderno. De pequeño quemé la casa de mis padres, causando la muerte de mi abuela paralítica... El placer que experimenté entonces fue tremendo... Ya no digamos ahora con recordarlo...

Sec. 28. Interior. Apartamento 43. Día
COSME sigue tumbado en el suelo, borracho e inoperante. Suena el teléfono... Ni se inmuta.

Sec. 29. Exterior. Calles de la ciudad. Día
Por las calles de la ciudad camina ERNESTO. De fondo, amenazantes, se oyen las sirenas de las ambulancias.
VOZ EN OFF DE ERNESTO
¿He de seguir considerándome uno de los menos? No me puedo permitir el lujo acomodaticio de estar entre los más.
ERNESTO se detiene ante un quiosco. De entre las revistas descubre una que le sorprende y cuyo nombre es harto preciso: “El lado oscuro de la humanidad”. Sorprendentemente, en la portada aparece la fotografía del niño muerto al que no pudo practicar la autopsia.
VOZ EN OFF DE ERNESTO
Dios mío... ¿Cómo voy a estar entre los menos si mi secreto ya está en manos de todos?
Coge una de las revistas...
VOZ EN OFF DE ERNESTO
No pagando por el dolor de unos pocos.
...y se va sin pagar, más nadie se percata.
VOZ EN OFF DE ERNESTO
Anónimo es nuestro paso por esta insignificante vida... Anónimo es el niño muerto... Y anónimo fue el cretino que lo fotografió con placebo...

Sec. 30. Interior. Apartamento 43. Día
COSME, algo recuperado, se levanta con torpeza del suelo. A continuación, se tumba sobre el sofá. Pero recapacita... y suena entonces el teléfono. Lo coge.
COSME
¿Diga?
El rostro de COSME empalidece.
COSME
¿Despedido?... ¿De qué demonios me habla?... ¡Es absurdo! No puede hundir así mi obra... ¡¡Es absurdo!! Yo, un enamorado de la fotografía, un corruptor respetuoso del medio... Escúcheme atentamente... ¡Maldito capitalista! ¿Qué? No, no sueño yo con alcanzar el trono de la sabiduría, sueño con... Olvídelo.
Y violentado, cuelga el teléfono. Furioso, COSME agarra la botella de anís vacía y la lanza a la ventana, rompiendo el cristal, saliendo al exterior...

Sec. 31. Exterior. Calles de la ciudad. Día
...y estrellándose sobre la cabeza de ERNESTO, que casualmente pasa por la acera en aquel momento. Dada la magnitud del golpe, ERNESTO cae desplomado al suelo. Una multitud se acerca a socorrerlo. Sorprendido de sí mismo, COSME asoma la cabeza por la ventana, percatándose de lo ocurrido.

Sec. 32. Interior. Apartamento 43. Día
Sentados a la mesa, enfrentados cara a cara, evitándose de vez en cuando esquivando sus miradas, COSME y ERNESTO, en su primer y accidentado encuentro, mantienen las formas, mera rutina, puro sometimiento a la represión vital que rige sus vidas... El primero procura tratar con amabilidad por motivos obvios al segundo, ligeramente repuesto tras el golpe, que, herido en la frente, la cubre con un trapo rojo sangre...
ERNESTO
Ese niño muerto al que fotografió estuvo frente a mis narices sobre la mesa de despiece.
COSME
¿Disfrutaba con su oficio?
ERNESTO
Para nada, pero la voluntad de vivir nos lleva a las más bajas simas de estupidez. Soy un estúpido... No creo que resulte oportuno contárselo, pero hoy he perdido a mi único hermano.
COSME
No se torture, le comprendo muy bien. La pérdida de un hermano es algo terrible... Pero todos tenemos algo que perder en esta vida. Yo era fotógrafo de esa revista. Y es curioso, hoy me han despedido...
ERNESTO
Aguantaremos la marea.
COSME
No diga eso... nos queda el arte. El Arte.
ERNESTO
Ah... El arte... Le gusta el arte... Eso es bueno, aunque a mí dejó de inspirarme una vez crucé la barrera de los veinticinco. Mis preferencias son amplias, pero no por ello significativas... pero eso, amigo, no me distingue lo más mínimo de otro forense con...
COSME
Soy de los que opinan que la mejor forma de ver el mundo consiste en cerrar los ojos y abrir el grifo de la idea...
ERNESTO
No me soluciona nada...
Consecuente con los círculos concéntricos a los que se ve sumida la conversación, COSME, para variar, le pregunta:
COSME
¿Le apetece una copita de anís?
ERNESTO sonríe y asiente. COSME, agradado, le devuelve otra sonrisa.
VOZ EN OFF DE COSME
¿Saben de lo que es capaz de solucionar una sonrisa?
VOZ EN OFF DE ERNESTO
Lo dudo...

Sec. 33. Interior. Casa de Don Juan Antonio. Día
DON JUAN ANTONIO, de pie junto a la mesa, examina con detenimiento un fusil. Sentado en el sofá, bebiendo un vaso de leche, descansa el jefe de la banda, RIPOLL.
RIPOLL
Más de cincuenta muertos entre niños y maestros en la escuela.
DON JUAN ANTONIO
¡Es poco! Necesito algo más certero... ¿Cuánto falta para lo otro?
RIPOLL, sonriente, mira el reloj.
RIPOLL
Faltan... trece minutos para la explosión.
DON JUAN ANTONIO
¿Podremos llegar a los cien?
DON JUAN ANTONIO carga el fusil.
RIPOLL
Tenemos a un kamikaze cargado hasta las narices de nitroglicerina en la puerta...
Fusil ya cargado en mano, DON JUAN ANTONIO apunta al techo...
RIPOLL
Será... será el tapón perfecto. ¿Cien muertos? Quizá el doble, aunque no se sabe... Lástima por la iglesia... me gustó el interior...
DON JUAN ANTONIO
Sí... un exquisito barroco tardío. Vaya, no contaba con que a usted le tirasen los edificios sagrados...
...y baja el arma, apuntado a RIPOLL.
RIPOLL
Las cosas... las cosas grandes tienen que durar... don Juan Antonio.
Asustado, RIPOLL se pone en pie y derrama el vaso de leche sobre la alfombra.
RIPOLL
¿Qué quiere hacer? ¿Qué he dicho?
DON JUAN ANTONIO baja el arma, y le responde:
DON JUAN ANTONIO
Ripoll... eras mi mano derecha... y como jefe de la banda creía en ti... pero eso ya es agua pasada... y ahora no me sirves... Trabajas como un aficionado... y a mí me gusta trabajar con profesionales... A lo grande... No me temas... No te voy a matar... ¿o sí?
DON JUAN ANTONIO sube el arma, apuntando de nuevo a RIPOLL, que atemorizado, pide clemencia con parca lucidez:
RIPOLL
No me puede matar, yo... he sido su... su mano derecha... Yo he dignificado el arte de matar... Yo...

Sec. 34. Exterior. Iglesia. Día
Frente a la iglesia, en un velador de la otra acera, toman un café BERNARDO y ESPERANZA. Sentados a su lado, preparado y consecuente, espera su turno el KAMIKAZE, un decrépito anciano de ochenta años...
KAMIKAZE
La vida es una lucha continua. Yo he luchado en esta vida como un cerdo... y nunca nadie me ha dado las gracias. ¡Qué engañosa es la existencia! ¡Qué sufrimientos nos toca padecer! ¡Y qué rabia me da haber nacido!
BERNARDO mira el reloj.
BERNARDO (Al kamikaze.)
Se acerca la hora... Faltan cuatro minutos para la explosión... Ya puede ir hacia la puerta... y ya sabe, una vez dentro, tras la explosión del altar mayor, dele a la manecilla. El mecanismo hará el resto... Gracias.
KAMIKAZE
Gracias a vosotros, hijos míos, pues con este favor tan grande que me hacéis dais a mi vida algo de sentido ahora que se acerca el fin.
Los tres se ponen en pie.
ESPERANZA (Al kamikaze.)
Suerte, compañero... y dele a la manecilla con fuerza.
KAMIKAZE
Con fuerza lo haré, pero sobre todo con rabia.
Los dos terroristas marchan calle arriba, alejándose de la iglesia, lo contrario que el KAMIKAZE, que cruza la calle camino de la iglesia...

Sec. 35. Interior. Apartamento 43. Día
COSME y ERNESTO siguen a la mesa, con unas cuantas copas de anís bebidas, algo borrachos e incoherentes.
ERNESTO
Y créame, yo iba caminando por la calle tan tranquilo cuando, de repente, se me apareció un cardenal con bastón de hierro y todo... Reaccioné algo lento...
COSME
Le comprendo.
ERNESTO
No, no me puede comprender... Era un cardenal... Era inmenso... Gordo y repugnante... Tal fue la impresión que me causó que le llamé Dios mío...
COSME
¿Al cardenal?
ERNESTO
Al mismo. Me lo agradeció con una bendición.
COSME
Sabe, yo todavía no he visto a la Virgen María, pero quizá con el tiempo la vea. Acostumbra aparecerse a los más desgraciados... Pura fe.
ERNESTO, para celebrar la petición, alza la copa de anís.
ERNESTO
Que Dios te escuche, hermano.
De pronto, se escucha de fondo una gran explosión. Al poco, irrumpe con mayor fuerza otra explosión. Retumba la casa. ERNESTO, ligeramente menos borracho, reacciona.
ERNESTO
¿Qué ha sido eso?
COSME se levanta con torpeza de la silla y mira por la ventana.
COSME
Veo...
El rostro de ERNESTO queda roto.
VOZ EN OFF DE COSME
Veo un desierto de arena...
Y COSME, incapaz de mantenerse en pie, cae al suelo de una pieza. Nos acercamos a la ventana y descubrimos no la calle, sino un imponente desierto de arena sobre cuya resbaladiza superficie se arrastran, como reptiles, tres personas mutiladas y ensangrentadas.
VOZ EN OFF DE COSME
Veo tres luces... Un todo brillante y agónico de nada, ciega mi razón...

Sec. 36. Interior. Casa de Don Juan Antonio. Día
Largo en el suelo, en medio de un charco de sangre, yace el cuerpo sin vida de RIPOLL, fusilado por DON JUAN ANTONIO. Éste, fusil en mano, reposa tranquilo en un sillón junto a una ventana, por la que mira el paso de las ambulancias, mientras exprime en su boca un puro. De pronto, aparece por la puerta STEVE, indiferente ante el cuerpo de su antaño jefe.
DON JUAN ANTONIO
Deshazte del cuerpo de ese cabrón defensor del arte lo antes posible.
STEVE se acerca al muerto y lo ata con una cuerda de los pies.
DON JUAN ANTONIO
Pero deshazte bien. No quiero tener luego problemas de conciencia ni cadáveres sobre las espaldas... Todavía somos europeos, Steve.
STEVE
Descuide. Ripoll ya tiene un agujero cavado a veinte kilómetros de la ciudad... Ya sabe, el foso provisional, siempre dispuesto a acoger a alguien. Ni los buitres podrán limpiarse el pico en sus zapatos.
DON JUAN ANTONIO
Y no les digas nada a mis esbirros... Yo me encargaré, ¿entendido? Ah, y coge el coche de los recados.
STEVE
Lo que sale de su boca va a misa, maestro.
DON JUAN ANTONIO
Steve, sigue así y llegarás muy lejos... Quizá logres incluso algún día dar con el valor de Pi...
STEVE
Eso sería maravilloso, ¿verdad?
Y sin más, STEVE agarra la cuerda y estira, llevándose al finado, y conforme se lo lleva, deja tras de sí un rastro de sangre. DON JUAN ANTONIO vuelve su vista a la ventana. Ahora ya no pasan ambulancias, y sí un extraño jinete vestido de negro montado en su montura que blande en las manos una afilada guadaña.

Sec. 37. Exterior. Descampado. Atardecer
Un paisaje desértico... En medio de un descampado aparece el ya excavado foso donde será enterrado el cadáver de Ripoll.
MÁS TARDE:
Llega en automóvil al lugar STEVE. Para a escasos metros del foso y saca el cuerpo sin vida de Ripoll. Lo mete dentro del agujero, de manera brusca y grotesca... Una vez el cuerpo está dentro del foso, STEVE agarra la pala y empieza a meter tierra.
MÁS TARDE:
Acabada la faena, STEVE fuma un cigarrillo sentado sobre el morro del automóvil. A los pocos segundos el automóvil explota, matando a STEVE de inmediato.
MÁS TARDE:
Pasado un tiempo indeterminado, el cuerpo carbonizado de Steve reposa a ras de suelo. Un grupo de buitres merodea alrededor.

Sec. 38. Espacio de fondo neutro
En un espacio de fondo neutro, DON JUAN ANTONIO posa de pie, imponente y vestido como un emperador romano, con la Gorgona alada adornando su coraza y el bastón de emperador a su diestra. De fondo se escuchan gritos de gente histérica, explosiones simultáneas, ruido de automóviles en movimiento, sirenas descollantes... Y entre tanto caos, inicia con voz firme su monólogo:
DON JUAN ANTONIO
Yo, el gran terrorista conceptual, el corruptor ético de los medios, mano diestra heredera del cetro de la sabiduría, emperador del saber, suprema elevación de las artes físicas y metafísicas... Yo, el heredero de los valores clásicos, el provocador por excelencia, hermosura academicista gestada de lo humano y al púlpito del héroe sublimado, elevado, en grandeza inoperante, adorno puro de los dioses, placer siniestro de los menos, maravilla única del gran puerco mundo sobre el que mis detritos florecen... Yo, el esteta de estetas, el terrorista público y asesino difundido, me proclamo, desde ahora, emperador y libre, creador y destructor, alma enferma y delirio autocomplaciente, gran corrupción elevada a su enésima corruptela... ¡Oh, dioses, arrodillaos ante el grande, futura raza purificadora! ¡¡Cuán grande es mi poder de destrucción!! Mas mi lucha tiene la palabra de arranque, y la historia, con puño dorado y letra de sangre, escribirá sus más grandes gestas empezando de la nada, punto primero y último, de mi gran presencia, inigualable, insuperable e imperecedera, en suma, etérea. Mas mi egolatría es justificada, hete aquellos doquiera que sean que crean ver en mí a un indigno sucesor de ese idolatrado ídolo de masas a asesinar que es el absurdo cotidiano, aquel quien mueve indolente los cables, los hilos ahora de platino, a mí dedicados, a mover mis vestiduras de santo, a engendrar por mí fieles adeptos amigos del caos y la distorsión apóloga. Hete aquellos que lancen su violencia contra mi imperio, pues serán flagelados y masacrados, calcinados y despedazados, y de sus cuerpos sanguinolentos, y antes de que su sangre coagule, mi paladar saciarse de ellos gustará, y mis dientes de león de hielo, fuertes y dolientes, machacarán sus carnes y sus huesos, saciándome del calcio último que conserven éstos antes de la putrefacción de sus carnes inferiores. La historia perpetuará mi obra y la razón obrará sobre mi ser... Yo haré el resto, quiera o no Dios.
Acabado el monólogo, DON JUAN ANTONIO desaparece, engullido por una extraña niebla progresivamente densa.
FUNDE A NEGRO.

Sec. 39. Interior. Apartamento 43. Día
De pie y mirando por la ventana, un HOMBRE, delgado, de unos treinta años... Vuelve la vista al interior del apartamento y se acerca a una mesa sobre la cual reposan varios sofisticados cuerpos, claramente identificables con artefactos explosivos. Tranquilo, sin el menor titubeo, se va agarrando al cuerpo los artefactos, uno a uno... Una vez ha terminado, saca de su bolsillo una carta y la deja sobre la mesa... Con una gabardina negra cubriendo su secreto y gafas de sol oscureciendo sus ojos, abandona el refugio.

Sec. 40. Interior. Casa de Don Juan Antonio. Atardecer
DON JUAN ANTONIO reposa tranquilo en el sofá mirando por la ventana. En las manos lleva un cuaderno, cerrado pero sin tapas, a mano escrito. Toda la habitación es silencio. Las sombras de los muebles estrellan sus falsas estructuras en el suelo. La calma.

Sec. 41. Exterior. Calles de la ciudad. Día
Solitario, abriéndose paso entre la masa anónima, el HOMBRE camina por las sucias y apestosas calles. El ruido, insoportable, amenaza a cada vuelta de esquina. Los ladridos de un perro desentonan entre el barullo acústico... Las luces verdes de los semáforos asaltan violentos destellos luminosos... Y él, quizá ajeno al inapreciable devenir, sigue su camino... Todo parece adquirir tintes apocalípticos.
Mientras camina va descubriendo ante sus ojos la invisible violencia que imperceptible despunta... Gente se agolpa violenta ante las puertas de un comercio... A lo lejos, rompiendo la monotonía, un coche estrella su morro contra una farola... Más próxima, una madre llora, y su hija, sin motivo alguno, la agarra violenta de la falda... Y el subrayado continuo del ruido, realzado por tubos de escape sin fin, sirenas de ambulancias desafinadas, gritos rotos y llantos exaltados, prosigue... Todo es insufrible.
De pronto... el HOMBRE detiene sus pasos y fija su mirada en un autobús urbano, cargado de personas, haciendo escala en la parada... pero algo le detiene... un olor, algo apetecible entre tanto horror... y gira la cabeza a un lado... y descubre una pastelería. Se acerca al escaparate, y sorprende expuesta sobre un mantel blanco una deliciosa torta de aceite. Por un momento se lo piensa... y, reblandecido ante el manjar, entra.

Sec. 42. Interior. Pastelería. Día
El HOMBRE entra. El ruido desaparece. Todo se torna silencioso y apacible. Se acerca al mostrador. La PASTELERA, una sonriente joven rubia, le atiende.
PASTELERA
¿Qué desea?
HOMBRE
Y aún me habla de deseo... Pregúnteselo a esa torta de aceite del escaparate...
PASTELERA
Ah... Las hicimos esta mañana... Son muy finas... de hojaldre. ¿Quiere una?
El HOMBRE asiente, y añade:
HOMBRE
Toda mi cabeza parece arder.
PASTELERA
¿Para tomar o para llevar?
HOMBRE
Nadie me escucha... Para tomar.
La PASTELERA se acerca a una estantería y coge una, sirviéndosela en un plato.
PASTELERA
Aquí tiene.
Con la torta de aceite en el plato, el HOMBRE toma asiento junto a una ventana. Agarra la torta, se la lleva a la boca... y muerde.

Sec. 43. Exterior. Pradera. Día
Una inmensa verde pradera. Tras ella, las montañas, con sus cimas nevadas... Un tópico paisaje de montaña, tan idealizado como apetecible. Y en medio de la planicie, recostado sobre la hierba, un NIÑO (cuyos rasgos físicos corresponden a los del niño muerto en el atentado). Junto a él, rojo y blanco, aparece extendido un mantel, sobre el cual hay unas tortas de aceite. El NIÑO coge una y empieza a comérsela.
Pero la placentera calma del momento tiembla... Dos ojos rojos y amenazantes se ocultan en la maleza del bosque, entre zarzas y arbustos, entre ramas partidas y rocas salientes...
VOZ EN OFF
Dicen que los niños y los lobos son buenos amigos... muy buenos amigos...
Es un lobo, negro... Y el niño sigue a lo suyo, ajeno al peligro, distante...
VOZ EN OFF
...tan amigos que confían incluso de su sombra.
Y en ese momento, el lobo, extrañamente, sale solitario a la pradera, con el objetivo fijado, en dirección al NIÑO, que de espaldas sigue comiendo la torta.
La escopeta de un cazador apunta al lobo y dispara. El NIÑO reacciona poniéndose en pie. El CAZADOR, un anciano de pulso firme, se acerca al NIÑO, y le pregunta.
CAZADOR
¿Te has asustado?
El NIÑO guarda silencio. La figura imponente del viejo CAZADOR le asusta.
CAZADOR
Era un decadente... Un asesino cruel, capaz de aniquilar a un rebaño en dos horas y cinco sin sentir el menor remordimiento. Casi siento placer por su muerte... tanto me había acostumbrado a sus movimientos... y es curioso, pues tras él adivino habrá otro, más perverso... y eso, me prepara a comulgar mañana.
Frente a ellos, muerto y ensangrentado, aparece el lobo muerto.

Sec. 44. Interior. Pastelería. Día
El HOMBRE termina de degustar la torta... Se levanta, y sin pasar por caja, camino a la calle...
PASTELERA
¡Oiga!
...abandona el lugar.
La PASTELERA, asombrada, mira como, tras el cristal, el extraño individuo se pierde entre la multitud de la calle.
FUNDE A NEGRO.

Sec. 45. Interior. Casa de Don Juan Antonio / Plató. Atardecer
DON JUAN ANTONIO reposa tranquilo en el sofá mirando por la ventana. En las manos lleva un cuaderno, cerrado pero sin tapas, a mano escrito. Toda la habitación es silencio. Las sombras de los muebles estrellan sus falsas estructuras en el suelo. La calma es rota de un timbrazo inoportuno. Molesto, DON JUAN ANTONIO se levanta, acercándose a la puerta. La abre. Ante sus desconcertados ojos aparece el HOMBRE.
DON JUAN ANTONIO
¿Usted?
Sin mediar palabra, el HOMBRE entra dentro y cierra la puerta, él mismo. DON JUAN ANTONIO se presta amable por temeroso ante su invitado.
DON JUAN ANTONIO
Pase, pase al salón, pase... ¿Quiere una copita de anís?
Ya en el salón, DON JUAN ANTONIO se sienta a la mesa. El HOMBRE, frío, sigue en pie.
DON JUAN ANTONIO
¿No quiere tomar asiento? Bueno, en ese caso... hábleme... ¿ocurre algo? ¿No le parece bien?
Sin necesidad de abrir los labios, el HOMBRE se desabrocha los botones de la gabardina, la abre, y muestra a DON JUAN ANTONIO su contenido: los explosivos, perfectamente empalmados, dirigidos por una simple y pequeña cuerda de uso único e irreversible.
DON JUAN ANTONIO
¡Dios! ¿Qué quiere hacer aquí?
DON JUAN ANTONIO se pone en pie, y, tranquilizador, se acerca al HOMBRE, quien, en guardia, cierra la gabardina.
DON JUAN ANTONIO
¿Qué quiere que le diga?
El HOMBRE sonríe.
HOMBRE
Nada. No me diga nada.
Pero de pronto, irrumpe una voz ajena, distinta, desconcertante, fuera de lugar...
VOZ DEL DIRECTOR
¡Corten! ¡Corten!
Aparece en escena el DIRECTOR, pelo blanco, setenta años. DON JUAN ANTONIO y el HOMBRE, se transforman en lo que son, actores. Estamos en / durante el rodaje de una película.
DIRECTOR
Muy mal... Muy mal. Me esperaba de ustedes algo más consistente... Vean, vean una película de Max Ophüls y comparen... ¡Menuda mierda la m-í-a! ¡¡Y es que así no puedo!! Rodeado de mediocres como vosotros mi trabajo no puede concretizarse artísticamente.
En plena pausa de rodaje, van apareciendo los TÉCNICOS, los instrumentos... El DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA se acerca al DIRECTOR. Los ACTORES quedan al margen. En medio, de todos los lados, aparecen MÁS TÉCNICOS, OTROS ACTORES, etcétera.
DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA
Falla la luz, maestro.
DIRECTOR
Y los colores, amigo, ¿también fallan los colores? Necesitamos para esta secuencia unos rojos, pero sin abusar, que tengan capacidad de hablar en su silencio... Nada, el cine se suicidó olvidándose del blanco y negro. Detesto el cine como mercado... Soy contradictorio, ¿verdad?
DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA
No sé... Pensé en unas transparencias, un poco al estilo de su paisano Saura, el pobre: “Flamenco”, “Tango”, “Goya”... ya sabe, cosas por el estilo.
DIRECTOR
No... No lo veo nada claro. No lo veo. ¡Maldita mi suerte!
DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA
Podemos hacer algo más conceptual... ya me entiende.
DIRECTOR
¡No! ¡Maldito pedante! ¿Cómo te podría entender si yo soy aquí el autor?
El DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA, como irritado, se marcha. Aparece el PRODUCTOR, quien se acerca al DIRECTOR, cogiéndolo por sorpresa.
PRODUCTOR (A los actores.)
¿Os explota mucho mi cabrón asalariado?
Los ACTORES no dicen nada. El DIRECTOR añade:
DIRECTOR (Cambiando radicalmente el rictus de su rostro.)
Descuida, los cuido mejor que bien.
PRODUCTOR
Bueno, vamos al grano... Tengo que hablar contigo.
El DIRECTOR guarda silencio.
PRODUCTOR
Creo que no entendiste mis intenciones. Y eso nos afecta a los dos, pero más a mí, que por algo pongo la plata.
Los ACTORES, discretamente, se marchan, dejando al DIRECTOR en manos del PRODUCTOR, que sigue su discurso:
PRODUCTOR
En mi casa se hacen alpargatas y no zapatos. Mi lema es ese. Lo demás, sobra. ¿Me entiendes? Detesto tus productos pretendidamente intelectuales, y si acepté meterme en este barrizal fue para que me hicieses algo más comercial e interesante, pero, eso sí, con asunto cultural de por medio... Ya saber, para ir a Cannes.
El rostro del DIRECTOR empalidece.
DIRECTOR
Detesto ese festival. Todos los festivales de cine en sí son una aberración contra el gusto formado de todo autor que se precie. Pero, ¿cómo que más plano? ¿Convencional?
PRODUCTOR
Eso es. Estoy jugándome mucho dinero. He de apostar sobre seguro. El prestigio crítico lo quiero, pero la plata...
DIRECTOR (Progresivamente irritado.)
¡No! No es ése mi criterio. Y en ese caso, amigo, te equivocaste al contratarme. Uno de tus siervos lo hubiese transformado a tu manera... Me gusta ser libre al trabajar. Y esto es Europa, aunque a estas alturas de la historia...
PRODUCTOR
Estás tocando un tema delicado, y el terrorismo, europeo o no, es peligroso. El terrorismo no gusta a la gente. La gente quiere cosas tranquilizadoras, rosas. Quieren mierda, sí, pero mierda comestible...
DIRECTOR
¿Qué te han dicho esos? Dijiste que te gustaba mi guión. Que era una perla en un estercolero, lo más de lo más, y que lo habías escogido tras rechazar los guiones que Godard y Boorman te habían puesta en bandeja... ¿Acaso no te gustó?
PRODUCTOR
Me gustó, sí, pero a medias... Peca de pretencioso, deja muchas líneas abiertas. No, si he de serte sincero, no me gusta. Y me equivoqué al aceptar... Tu guión es mierda.
DIRECTOR (Estirándose del pelo.)
¿Y ahora me sales con esas? Guau, guau, miau.
PRODUCTOR
¿Todavía sigues así? Una cosa te digo: el montaje comercial será mío. Yo daré los cortes que considere necesarios.
DIRECTOR
¿Cómo?
PRODUCTOR
Como suena. Guau, miau, miau.
Sin más, el PRODUCTOR le da la espalda al DIRECTOR y abandona el plató. Este último, aturdido e indignado, agita lentamente la cabeza mirando al suelo.

Sec. 46. Interior. Automóvil del Director. Tarde
Al volante, el DIRECTOR. La velocidad, discreta. El tráfico exterior, considerable. En el asiento del copiloto, una carpeta: el guión cinematográfico. El DIRECTOR aparta su vista un momento de la vía y mira el guión. Al volver la vista, puede ver como un gato es arrollado por la rueda de su auto... Frena.

Sec. 47. Interior. Biblioteca. Casa del Director. Noche
Rodeada por estanterías con libros variopintos, aparece la mesa. El DIRECTOR, a ella sentado, contempla el guión, frente a él cerrado.
DIRECTOR
Veamos...
Lo abre por la primera página. Y lee para sí:
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
Secuencia 1. Ciudad al amanecer.
Antes de seguir, el DIRECTOR saca de un cajón de la mesa una botella de anís. A continuación, se sirve una copa. Y vuelve la vista al texto:
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
Una imagen tópica: la vista general de una gran ciudad, de tonos entre grisáceos y amarillentos, envuelta en ese ineludible perfume de gases nocivos... Sobreimpreso en la imagen aparece el texto de marras.
Da un trago.
DIRECTOR
Al texto, el subrayado de la ciudad contaminada... Ciertamente pretencioso. Y qué más da.
Otro trago.
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
Puede eliminarse, sí. Es una secuencia prescindible, también... Claro que si nos ponemos a eliminar...
Un nuevo trago. Copa vacía. La llena.
DIRECTOR
Sigamos...
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
Secuencia 2...

Sec. 48. Exterior. Apartamento 43. Día
De pie y mirando por la ventana, un HOMBRE, delgado, de unos treinta años...
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
De pie y mirando por la ventana, un hombre, delgado, de unos treinta años...
Vuelve la vista al interior del apartamento y se acerca a una mesa sobre la cual reposan varios sofisticados cuerpos, claramente identificables con artefactos explosivos.
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
Vuelve la vista al interior del apartamento y se acerca a una mesa sobre la cual reposan...

Sec. 49. Interior. Biblioteca. Casa del Director. Noche
El DIRECTOR prosigue...
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
...varios sofisticados cuerpos, claramente identificables con artefactos explosivos. Tranquilo, sin el menor titubeo...

Sec. 50. Interior. Apartamento 43. Día
El HOMBRE, tranquilo, sin el menor titubeo, se va agarrando al cuerpo los artefactos, uno a uno.
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
...se va agarrando al cuerpo los artefactos, uno a uno... Una vez ha terminado, saca de su bolsillo una carta y la deja sobre la mesa...
Una vez ha terminado, saca de su bolsillo una carta y la deja sobre la mesa...
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
Con una...

Sec. 51. Interior. Biblioteca. Casa del Director. Noche
El DIRECTOR...
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
¿Una gabardina negra? Qué ocurrencia...
Bebe de la copa hasta vaciarla.

Sec. 52. Interior. Biblioteca. Casa del director. Noche (Sueño del Director)
Sobre la mesa de la biblioteca reposan varios sofisticados cuerpos, claramente identificables con artefactos explosivos. Tranquilo, sin el menor titubeo, el DIRECTOR se va agarrando al cuerpo los artefactos, uno a uno... Una vez ha terminado, saca de su bolsillo una llave y la deja sobre la mesa... Con una gabardina ¡verde! cubriendo su secreto...

Sec. 53. Interior. Biblioteca. Casa del Director. Noche
El DIRECTOR despierta malamente. En efecto, el anís...

Sec. 54. Exterior. Ciudad. Amanecer
Una imagen muy tópica: la vista general de una gran ciudad, de tonos entre grisáceos y amarillentos, envuelta en ese ineludible perfume de gases nocivos...

Sec. 55. Interior. Biblioteca. Casa del Director. Amanecer
Ahora el DIRECTOR duerme largo en el suelo. Irrumpe el sonido del teléfono, pero el DIRECTOR no reacciona, sigue dormido...

Sec. 56. Exterior. Campo de lechugas. Anochecer (Sueño del Director)
En medio de un campo de lechugas, dormido a ras de tierra, aparece el DIRECTOR. De fondo se escucha el sonido de una flauta. Descubrimos al FLAUTISTA, quien, flanqueado por ESPANTAPÁJAROS vivos, se acerca al DIRECTOR.
VOZ EN OFF
Había una vez un flautista que tocaba a las lechugas, pero... ¡se cansó de las lechugas!...
De pronto, el DIRECTOR sufre una lenta transformación, convirtiéndose en una enorme SERPIENTE que, sumisa ante el encanto sonoro de la flauta, se deja, ente lechugas, llevar.

Sec. 57. Interior. Biblioteca. Casa del Director. Amanecer
Al igual que la serpiente, el DIRECTOR comenzará a moverse como tal...
VOZ EN OFF
...un día, centró sus intereses artísticos en una serpiente fea y retorcida...

Sec. 58. Interior. Plató. Estudios de televisión. Noche
Frente a la cámara, el LOCUTOR repasa las noticias:
LOCUTOR
...y el flautista consiguió sus propósitos, más no sin antes haber matado a la serpiente.

Sec. 59. Exterior. Campo de lechugas. Anochecer (Sueño del director)
Entre las lechugas, aparece... ensangrentado... y muerto... el DIRECTOR. De fondo se escucha el sonido de una flauta.
FUNDE A NEGRO.

Sec. 60. Interior. Restaurante. Atardecer
Sentados a la mesa, el DIRECTOR y el PRODUCTOR.
PRODUCTOR
¿De verdad que no te llegó el Rioja que te envié?
DIRECTOR
Si lo he visto no me acuerdo. La verdad es que últimamente no recibo mucha correspondencia.
PRODUCTOR
Es una lástima... Era un gran vino... Cosecha del 89.
DIRECTOR
Te creo.
PRODUCTOR
Puedes creerme. Yo nunca miento en serio.
El CAMARERO, un individuo de acento andaluz vestido con traje de esquimal, llega y sirve los segundos platos: pastel de nata y nuez con faisán.
CAMARERO
¿Quién se va a chupar los dedos?
PRODUCTOR
A ver...
El PRODUCTOR prueba el manjar.
CAMARERO
¿Está de su gusto?
PRODUCTOR (Al camarero.)
Mi gusto es poco al lado de este placer gastronómico... Todos tenemos frases de oro. Tome nota y apunte la mía: los placeres gastronómicos crean la felicidad. Es una máxima que heredé de la alta cocina francesa... Pues yo, aunque suene a chino, iba para maestro de cocina.
El CAMARERO toma nota y se retira.
DIRECTOR
¿Maestro de cocina? Mientes muy alto, camarada.
PRODUCTOR
Es cierto... Pero la vida es demasiado breve, por eso es preciso alargarla para así darle sabor, como si de un vino se tratase. Y la comida, amigo, es la llave del entendimiento. El productor come y produce sin levantar dedo...
DIRECTOR
Etcétera...
PRODUCTOR
Y bien, ¿sigues a tono con mis... planes?
Pero, de repente, algo hunde la atención del DIRECTOR.
DIRECTOR (Al aire.)
No.
PRODUCTOR
Si sigues así tendré que ponerme violento... ¿Quieres que me ponga violento? ¿Quieres que corte el presupuesto? ¿Quieres que me imponga?
Descubrimos que frente a ellos, en otra mesa, conversan, copa de champán en mano, BERNARDO y ESPERANZA.
PRODUCTOR
Espero una respuesta... ¡Ya!
Mediante gestos faciales, el DIRECTOR se expresa al PRODUCTOR.
PRODUCTOR
¿Esos? ¿Qué les pasa a esos? ¿Son acaso coproductores de mi proyecto? ¿Terroristas?
La última pregunta del PRODUCTOR suena demasiado alto... tanto que BERNARDO y ESPERANZA ¡se dan por aludidos!
DIRECTOR (En voz baja.)
Calla...
PRODUCTOR
¿Qué?
DIRECTOR
Cierra la b-o-c-a.
PRODUCTOR
¿Me mandas callar?
DIRECTOR
Sí.
El PRODUCTOR, tardo, entiende al DIRECTOR. Intimidados, BERNARDO y ESPERANZA se levantan de su mesa con discreción y abandonan el restaurante.
PRODUCTOR
Y ahora explícame el misterio.
DIRECTOR
Me considerarías un loco. Y los locos son desplazados de la sociedad, ellos que son los únicos que ven las cosas claras... No me creerías.
PRODUCTOR
Habla... y te creeré. Si creo en Dios y en el diablo... ¿acaso no he de creer tu palabra?
DIRECTOR
Bien... Esa parejita a la que tachaste de terroristas...
PRODUCTOR
¿Acaso lo eran?
DIRECTOR
Sí... y muy peligrosos, pero no me preguntes más al respecto. Mi caos vital va de la mano de la incoherencia de mi proyecto... Todo parece salirse de los márgenes del papel. ¡Es increíble!
PRODUCTOR
¿Qué?
DIRECTOR
Yo los creé. Son mis personajes... ¡Míos!
PRODUCTOR
Me sorprendes... cada día me sorprendes más con tus extravagancias de genio incomprendido. Explícate mejor o tendré que tacharte de loco.
DIRECTOR
Ellos son producto de mi mente enfermiza y degradada. Yo los diseñé para mi guión a imagen y semejanza de los demonios que laten en mi interior. Pero, mal que bien, creo que han salido del papel y han tomado cuerpo... y quizá también... alma.
PRODUCTOR
¿No será simple coincidencia de paranoico?
DIRECTOR
Algo me dice que no... Soy un paranoico, pero de andar en alpargatas de andar por casa. ¡Ojalá fuese una simple coincidencia! Pero es mucha coincidencia que dos rostros idénticos a los proyectados por los ojos de mi mente... coincidan juntos. Está claro... Celebraban un triunfo, su triunfo. ¿No viste el champán?
PRODUCTOR
Estoy ciego de espíritu, pero no de vista.
DIRECTOR
Te digo que acaba de producirse un atentado terrorista... y ellos han sido los responsables. ¿Me entiendes?
PRODUCTOR
Necesitaría una prueba visualmente certera.
En ese instante entra un HOMBRE ENSANGRENTADO al restaurante, pidiendo auxilio:
HOMBRE ENSANGRENTADO
Ayuda... Ayuda... Ha habido un atentado terrorista... en la iglesia... Los muchos muertos...
El HOMBRE ENSANGRENTADO cae desplomado al suelo. La GENTE del restaurante se acerca escandalizada a socorrerlo. Estupefacto, el PRODUCTOR observa lo ocurrido. Por el contrario, el DIRECTOR se lleva, tranquilo, un trozo de pastel a la frente, frotándoselo con fuerza.
DIRECTOR
Esa es la prueba.
Babeante, el PRODUCTOR se incorpora y acerca al HOMBRE ENSANGRENTADO. Le pregunta:
PRODUCTOR
¿Le gustaría ser actor?
Desconcertado, el HOMBRE ENSANGRENTADO se dispone a responderle, cuando de repente, muere. Un CURA, con sotana y acompañado de una sonriente JOVENCITA, delante de un fondo rosa, dice mientras devora una pata de pollo:
CURA
A ese pájaro no le iría mal de figurante..
La sonriente JOVENCITA añade:
JOVENCITA
No me seas violento, Charles, acabas de salir de dos extremaunciones.

Sec. 61. Exterior. Calles de la ciudad. Atardecer
Por la calle caminan a paso ligero BERNARDO y ESPERANZA.
ESPERANZA
¿Conocías a esos tipos?
BERNARDO
No... Pero creo que debe ser cosa de él.
ESPERANZA
Sabías que era peligroso y no lo mataste... Dame una explicación.
BERNARDO
No tengo que darte ninguna explicación: él es mi hermano... y antes de matarlo me quitaría la vida.
ESPERANZA
Hablas a la ligera.
BERNARDO
Yo nunca hablo a la ligera.

Sec. 62. Interior. Cochera, escalera y habitación subterránea. Tarde
BERNARDO y ESPERANZA cruzan el local de extremo a extremo... bajan la estrecha y prolongada escalera apenas iluminada por una bombilla suspendida del techo... y llegan a la habitación subterránea. Alrededor de una mesa con planos y ametralladoras, en silencio, los “Querubines negros”: JUAN, FANNY, NELSON, PRÍNCIPE, MONIQUE, MARCEL y, presidiendo la reunión, en un trono elevado sobre un pedestal, DON JUAN ANTONIO, con una sonrisa perversa en su rostro.
BERNARDO
Trabajo resuelto.
DON JUAN ANTONIO se pone en pie...
DON JUAN ANTONIO
Buen trabajo... Pero esto no es más que un principio... y bien pobre. Los cretinos que mandaron hacer esa porquería de Versalles no se podían permitir acabar el día sin llenar una carretada de muertos. La crueldad, Bernardo, siempre ha sido la razón de existir del hombre. ¡A joder al prójimo! Y a seguir adelante... ¡Maldito mundo de mierda!
...y se acerca a la mesa. Con su dedo indica un punto del plano...
DON JUAN ANTONIO
Mañana actuaremos aquí. Pero esta vez seremos directos. No, no quiero preparaciones estúpidas y lentas. Quiero una explosión de violencia teñida de rojo, salpicada de víctimas. Mi estética es la del miedo. Ese es mi objetivo máxime de placer.
...y desplaza el dedo hacia otro punto: las ametralladoras.
DON JUAN ANTONIO
No quiero cálculos imprecisos, no quiero objetivos irregulares... y sí quiero certeza de triunfo. Mataremos con ametralladoras y bombas de mano. Mataremos con arte. Y elevaremos nuestras instalaciones temporales de destrucción y sangre al más alto de los templetes de la sabiduría. Pues yo, el gran trasgresor, acabaré, y ya lo verás, inmortalizado en el Panteón de los grandes junto a Platón, Cervantes y Godoy... Así será.
Acabado su discurso, DON JUAN ANTONIO estalla riendo atrozmente. Todos, excepto BERNARDO y ESPERANZA, aplauden. BERNARDO, desconcertado, entra:
BERNARDO
Don Juan Antonio, pero... ¿no era Ripoll nuestra... mano militar? Él era el entendido en estrategias de guerra. Él era...
DON JUAN ANTONIO, divertido, añade:
DON JUAN ANTONIO
Ese traidor... ¿mano militar? ¡Y un cuerno de toro! Nelson, explícaselo, sí, explícaselo al compañero.
NELSON responde a BERNARDO:
NELSON
Primero: Ripoll y Steve nos han traicionado. Segundo: Esa pareja de hijos de perra estará ahora dándose la vida padre en algún casino de Las Vegas. Y tercero: Con lo chapuceros que son a lo mejor están ya enterrados en la frontera. ¿Quieres un cuarto?
Y subrayando lo dicho, DON JUAN ANTONIO, poderoso, se acerca la pareja.
DON JUAN ANTONIO
Así es. Nos han dejado... ¡Nos han jodido bien jodidos! Han dejado la lucha en beneficio del juego. ¡Malditos desgraciados hijos de la gran puta! Pero yo, amigo del artificio y del teatro griego, yo, el gran esteta de la corrupción... os guiaré por la buena senda.
BERNARDO y ESPERANZA no salen de su asombro.
ESPERANZA
Es increíble.
DON JUAN ANTONIO
Del todo increíble... pero cierto.
Pero BERNARDO, incapaz de creer las huecas palabras de DON JUAN ANTONIO, lo desafía:
BERNARDO
De Steve no digo nada. Pero de Ripoll... No me creo esa historia, don Juan Antonio, no me la creo... Ripoll, ¡por los muertos que llevo a mis espaldas!... era el más coherente de todos nosotros con su trabajo... Era mano fiable. Dudo mucho que sea ese traidor. Él disfrutaba matando... y dudo mucho que el juego sea el motivo de su fuga...
DON JUAN ANTONIO, molesto por las palabras de BERNARDO, reafirma lo antedicho:
DON JUAN ANTONIO
¡Era un traidor! Y lo demás, apariencias, meras apariencias, caldo de borrajas... ¡Copón!
Vista la presión, BERNARDO se somete. DON JUAN ANTONIO vuelve su vista al plano y empuña la ametralladora que tiene más próxima.
DON JUAN ANTONIO
No sé si me entenderéis, pero escuchad... escuchad mi proyecto artístico... Mañana, a las nueve en punto de la mañana, ni un minuto más... ni un minuto menos, asaltaremos los Estudios Cinematográficos de esta perra ciudad... Eliminaremos a todos esos hijos de puta uno por uno. A esos hijos de puta odiosos que quieren hacer de nuestra obra una película. Sí, a todos los que se nos pongan a tiro... Será la nueva caza del conejo. ¡Viva los “Querubines Negros”!
TODOS
¡Viva!
DON JUAN ANTONIO
Podéis ir en paz.
Acabado su discurso, DON JUAN ANTONIO ríe de gusto. La compañía le aplaude. BERNARDO, al margen, queda estático.

Sec. 63. Interior. Biblioteca. Casa del Director. Noche
Sentado a la mesa, el DIRECTOR repasa el guión.
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
Llegados a este punto, la narración deja de ser convencional... Es curioso... Cada palabra de diálogo que consumen mis personajes es un lastre que afecta al conjunto... Pero la imagen es insuficiente para alcanzar mis objetivos... Necesito algo más...
El DIRECTOR saca del cajón una botella de anís y se sirve en una copa.
DIRECTOR
...directo. Eso es.
Da un trago al anís. De pronto, entra por la ventana, abierta, una paloma mensajera. El ave se posa sobre la mesa. Atada al cuello, la paloma lleva un pequeño cordón del cual cuelga un minúsculo sobre. El DIRECTOR desata del cuello del animal el sobre y lee:
DIRECTOR
Diez ratones tienes en el cesto, más has de matar a once si seguir vivo quieres. Un percance: si no puedes matar a todos no tienes derecho a matar a ninguno. ¿Qué harás entonces?
Sorprendido, el DIRECTOR deja caer el papel sobre la mesa.
DIRECTOR
Es imposible... Vuela, paloma de la paz... ¡Vuela!
La paloma retoma el vuelo y abandona la biblioteca.

Sec. 64. Interior. Habitación subterránea. Noche
La BANDA terrorista al completo prepara sobre la mesa las armas: ametralladoras, pistolas, bombas de mano y lanzallamas. Presidiendo las labores, sobre la mesa, DON JUAN ANTONIO, sujeta una bomba de mano.
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
Me aburre lo convencional. Mis detractores siempre criticarán lo mismo...
De pronto, un ataque al corazón acaba con la vida de DON JUAN ANTONIO, quien cae al suelo, quebradas sus piernas.
VOZ EN OFF DEL DIRECTOR
...pero yo seguiré mi juego, romperé el tópico... y de la incoherencia haré sueño.
Pese al ataque fulminante de DON JUAN ANTONIO, la BANDA sigue a lo suyo.

Sec. 65. Interior. Dormitorio. Casa del Director. Amanecer
Suena el despertador. El DIRECTOR se levanta. A su lado sorprendemos un maniquí. La luz del nuevo día. El DIRECTOR desconecta la campana del despertador.

Sec. 66. Interior. Habitación subterránea. Noche
La BANDA terrorista se prepara para el atentado, vistiéndose todos de negro, con gafas de sol y boina sobre la cabeza. DON JUAN ANTONIO, vivo, quita el polvo de un lanzallamas.

Sec. 67. Interior. Cocina. Casa del Director. Amanecer
El DIRECTOR desayuna. Coge una tostada y la unta de mermelada, cayéndosele, en un gesto torpe de las manos, al suelo.

Sec. 68. Interior. Habitación subterránea, escalera y cochera. Amanecer
La BANDA, preparada, armas en mano...
DON JUAN ANTONIO
¡Adelante!
...sale de la habitación subterránea... sube las escaleras... y, ya en la cochera, se mete en un furgón preparado, puerta abiertas. Mientras, JUAN abre las puertas de salida a la calle.

Sec. 69. Interior. Recibidor. Casa del Director. Amanecer
El DIRECTOR se mira al espejo, retocándose el pelo con un peine. Acto seguido, abandona la casa.

Sec. 70. Interior. Apartamento 43. Amanecer
COSME, con la cámara de fotos al hombro, sale de su habitación. Se pone el abrigo y pregunta algo a alguien que supone está ahí:
COSME
Volveré muy tarde. No podré ir a buscar el libro... Ah, espero visitar a tu prima.
Nadie responde. COSME se marcha.

Sec. 71. Interior. Escalera. Casa del Director. Amanecer
El DIRECTOR baja por las escaleras hasta llegar al vestíbulo.

Sec. 72. Exterior. Calles de la ciudad. Amanecer
El furgón de la banda terrorista atraviesa una calle.

Sec. 73. Exterior. Calles de la ciudad. Amanecer
COSME camina por la acera.

Sec. 74. Interior. Baño. Casa de Ernesto. Amanecer
Dentro de la bañera, de agua a rebosar, descansa vestido y con los ojos abiertos ERNESTO. Al poco, se pone en pie.

Sec. 75. Exterior. Calles de la ciudad. Amanecer
Semáforo en rojo. Los automóviles se detienen, entre ellos, el furgón de la banda terrorista. El DIRECTOR y COSME, entre los peatones, cruzan el paso de cebra.

Sec. 76. Interior. Baño. Casa de Ernesto. Amanecer

Al salir de la bañera, ERNESTO resbala, rompiéndose el cuello.
VOZ EN OFF DE ERNESTO
Soy forense... y lo veo todo de cerca.
Tendido muerto en el suelo... de su cabeza comienza a brotar sangre.

Sec. 77. Exterior. Calles de la ciudad. Amanecer
El furgón terrorista se detiene frente a la puerta de acceso a los Estudios cinematográficos.

Sec. 78. Interior. Furgón. Amanecer
La BANDA, encapuchada en pasamontañas negros y perfectamente armada, se prepara para dar el gran golpe. DON JUAN ANTONIO, vestido como emperador romano y presidiendo el círculo, da las instrucciones finales:
DON JUAN ANTONIO
Atacaremos según las maniobras indicadas bajo mi cetro. Quiero la gloria... ¡El triunfo! No nos podemos permitir un fracaso... un fracaso de cobardes. Nosotros somos los vencedores, y como tales tendremos que actuar, convencidos de nuestra misión. Atentando contra esta Sodoma no hacemos más que reivindicar el mundo ideal. ¡Adelante!

Sec. 79. Interior. Plató. Estudios de televisión. Atardecer
Frente a la cámara, el LOCUTOR repasa las noticias:
LOCUTOR
Ayer el terrorismo golpeó, otra vez, nuestra ciudad. Fueron los Estudios Cinematográficos de Río Alto el objetivo de los “Querubines negros”. Un total de ochenta y tres muertos y dos heridos graves fueron los resultados de la masacre. Los terroristas entraron al edificio armados de ametralladoras, bombas de mano y lanzallamas, entre otros sofisticados instrumentos de dudosa procedencia. Dispararon sin contemplaciones, “como a matar conejos”, según palabras del dirigente máximo, Don Juan Antonio Autor, como sé autodenomina este criminal que tuvo esta mañana el detalle de enviarnos un comunicado oficial. Entre los fallecidos se encontraba el célebre director de cine Clemente Molinos, que estaba terminando de rodar su última película, precisamente un film sobre terrorismo. Se cree que esta pueda ser la causa del incidente. Pero además de las pérdidas humanas, los daños económicos han sido considerables y ascienden a la vertiginosa cifra de...
FUNDE A NEGRO.

Sec. 80. Interior. Biblioteca. Casa del Director. Noche
Sobre la mesa, a la luz de un flexo encendido, el guión cinematográfico abierto por una página cualquiera. Nos acercamos lentamente y descubrimos que no hay texto... todo está, efectivamente, en blanco.


Zaragoza, a 27 de febrero de 2004.