30 de abril de 2008

Ejercicio de adaptación cinematográfica: un comienzo para 'Rojo y negro', de Stendhal


Guión cinematográfico
Adaptación de Le rouge et le noir
de Henri Beyle, alias "Stendhal"

*

La verdad, la amarga verdad.
DANTON

ABRE DE NEGRO:

SEC. 1. EXT. VERRIÈRES. DÍA
Vista general de la pequeña ciudad de Verrières.
Sus calles, sus casas, las montañas al fondo... y, junto al bosque, una serrería... la del Tío Sorel.
Irrumpe una voz estruendosa:
VOZ DEL TÍO SOREL
¡Julián!


SEC. 2. INT - EXT. SERRERÍA DEL TÍO SOREL. DÍA
En marcha, una ruidosa máquina de serrar.
Sentado en una de las vigas del techo, el joven Julián Sorel lee con sumo interés un libro. Es un joven delgado y poco fuerte.
Por la puerta aparece el Tío Sorel, descubriendo a Julián. Con el rostro lleno de rabia, lo llama bruscamente:
TÍO SOREL
¡¡Julián!!
Pero el ruido de la máquina y la concentración de Julián en su libro le impiden escuchar a su violento padre.
El Tío Sorel sube sobre un tronco de madera y, cercano a la viga en la que está Julián, lo agarra del pie. Julián reacciona, cayéndosele el libro de las manos y, acto seguido, cayendo él a escasos pies de la máquina.
TÍO SOREL
¡Maldito gandul! A leer por la noche con el cura, no aquí. ¡Tienes que estar en guardia en la serrería!
Julián, sangrando, tiene los ojos llenos de lágrimas. Su libro, el Memorial de Santa Elena, del Conde de Les Cases, esta roto en el suelo.
El Tío Sorel baja del tronco y se acerca a Julián, quien temeroso, se mueve dos pasos atrás.
TÍO SOREL
Ven aquí que yo te hable, animal.
El viejo y Julián salen de la serrería.
Afuera están los corpulentos y malvados hermanos de Julián cortando madera con hachas. Miran a Julián con odio.
Siguiendo a su padre, Julián entra en la casa.


SEC. 3. INT. CASA DEL TÍO SOREL. DÍA
El viejo Sorel pone su mano en el hombro del atemorizado Julián. Se miran cara a cara. La penetrante mirada del viejo resulta a Julián insufrible, quien, tembloroso, la evita mirando de vez en cuando al suelo.
TÍO SOREL
Bien, perro "lecturero", ¡escucha!
Una sonrisa maliciosa se marca en el rostro del viejo. Julián mira con desconcierto a su padre.
TÍO SOREL
Tus hermanos y yo nos vamos a ver libre de ti. El señor de Rênal te quiere colocar en su casa. Serás el preceptor de sus hijos. Te dará trescientos francos, además de comida y vestido.
JULIÁN
Yo, ¿un criado?
TÍO SOREL
¡No! Nadie ha dicho eso, maldito hipócrita. Yo no quiero que seas el criado de nadie. Vas a trabajar en casa del alcalde y punto. Todo está arreglado. ¡Coge tus cosas y vete!
Julián asiente.


SEC. 4. EXT. CALLES DE VERRIÈRES. DÍA
Julián camina despacio por las calles de la ciudad en dirección a Vergy. Su rostro trasluce tristeza. Todavía de sus ojos cae alguna lágrima.


SEC. 5. EXT - INT. JARDÍN Y CASA DE LOS RÊNAL. DÍA
Julián ha llegado a la casa del señor de Rênal. Se detiene frente a la reja de entrada, abierta.
En ese momento, sale al jardín la señora de Rênal. Es una mujer de unos treinta años, muy bella. Ella ve a Julián y se acerca a la reja.
SEÑORA DE RÊNAL
Hijo mío, ¿quiere algo?
Al ver a tan deslumbrante mujer, Julián ahoga su timidez y se limpia las lágrimas torpemente.
JULIÁN
Soy el preceptor de sus hijos, señora.
Sorprendida, la señora de Rênal, rió.
SEÑORA DE RÊNAL (Desconcertada.)
Pero, señor, ¿usted sabe latín?
JULIÁN
Sí, señora.
Muy contenta por el aspecto del preceptor, la señora de Rênal lo invita a pasar.
SEÑORA DE RÊNAL
Entre, entre.
Julián entra.
Cruzan el jardín.
SEÑORA DE RÊNAL
¿No pegará usted mucho a mis hijos?
JULIÁN (Extrañado.)
No, señora.
Llegan a la puerta de la casa. Se detienen.
SEÑORA DE RÊNAL
¿Qué edad tiene usted?
JULIÁN
Pronto cumpliré diecinueve.
Entran al interior. Están en el vestíbulo. El interior es encantador.
SEÑORA DE RÊNAL
Mi hijo mayor casi podrá ser su compañero. Tiene once años. Ah... ¿cuál es su nombre?
JULIÁN
Julián Sorel, señora... No pude ir al colegio al ser demasiado pobre. En mi casa tanto mis hermanos como mi padre me odian. Todo lo que sé se lo debo a mi primo, el cirujano militar, y al cura, el señor Chélan. Perdone las faltas que pueda cometer. Y tenga por seguro, señora, que no pegaré a sus hijos.
Y al decir estas últimas palabras, Julián coge la mano de la señora de Rênal y se la lleva a los labios. Extrañada, la señora de Rênal se escandaliza un poco.
Segundos después, sale de su gabinete el señor de Rênal. Es un hombre serio e imponente.
SEÑOR DE RÊNAL
Debo hablar con usted antes de que lo vean los niños. Acompáñeme.
La señora de Rênal hace gesto de marcharse, pero su marido la retiene.
Los tres entran a una habitación.
Ya dentro, se sientan a la mesa.
SEÑOR DE RÊNAL
Tengo muy buenas referencias de usted. El señor cura me ha hablado de sus dotes como latinista. Pero sepa que no quiero ver aquí ni a su padre ni a sus hermanos. Son gente grosera y sin gusto, nada convenientes para la formación de mis hijos.
El señor de Rênal saca de su bolsillo un fajo de billetes.
SEÑOR DE RÊNAL
Tenga treinta y seis francos para este primer mes, treinta y seis francos que son suyos y no de su padre.
Julián coge el dinero.
SEÑOR DE RÊNAL
Dicho lo cual, señor, y sepa que todo el mundo le llamará señor en mi casa, póngase esto.
El señor de Rênal le da a Julián la levita que llevaba en las manos.
SEÑOR DE RÊNAL
Y ahora, iremos a casa del comerciante de telas. Es preciso que vaya vestido como Dios manda.


SEC. 6. INT. HABITACIÓN DE LA SEÑORA DE RÊNAL. DÍA
La señora de Rênal mira pensativa por la ventana de su habitación al jardín. De pronto, cruzan la reja del jardín su marido y Julián, ya vestido de preceptor, todo de negro. Al verlo, la señora de Rênal sonríe.


SEC. 7. INT. VESTÍBULO. CASA DE LOS RÊNAL. DÍA
El señor de Rênal y Julián entran al vestíbulo de la casa.
SEÑOR DE RÊNAL
Ante todo, seriedad, señor.
Julián apaga su ligera alegría poniéndose serio.
SEÑOR DE RÊNAL
Bien, así sí impone respeto.


SEC. 8. INT. SALÓN. CASA DE LOS RÊNAL. DÍA
Sentada en uno de los sillones está la señora de Rênal con sus tres hijos. El mayor de ellos, Adolfo, le pregunta a su madre:
ADOLFO
¿Cómo es él?
SEÑORA DE RÊNAL
No seas tan impaciente, hijo mío, pronto lo verás.
Al salón entran el señor de Rênal acompañado de Julián, muy serio.
SEÑOR DE RÊNAL
Niños, este es el señor Julián, vuestro preceptor. Señor, puede comenzar, le escuchamos.
Julián se acerca a los niños.
JULIÁN
Estoy aquí, señores, para enseñarles latín.
Julián, que tiene en las manos la Biblia, se la muestra a los niños.
JULIÁN
Aquí está la Santa Biblia. En el Nuevo Testamento se nos cuenta la historia de Nuestro Señor Jesucristo. Dado que yo les voy a examinar a ustedes, examínenme ustedes primero a mí.
Le acerca la Biblia al mayor de los niños, Adolfo.
JULIÁN
Ábralo por donde quiera y dígame la primera palabra de uno de los apartados. Yo les recitaré de memoria el texto hasta que ustedes digan basta.
Fiel a la proposición de Julián, Adolfo coge la Biblia y la abre al azar.


SEC. 9. EXT. JARDÍN DE LOS RÊNAL. TARDE
El señor y la señora de Rênal pasean cogidos del brazo por el jardín.
SEÑOR DE RÊNAL (Fascinado.)
Asombroso. Ni un error. No se equivocaba el señor cura. ¿Qué te parece mi adquisición?
Ante la pregunta de su marido, la señora de Rênal responde de forma hueca, pensando todo lo contrario:
SEÑORA DE RÊNAL
Si tanto lo alabas acabará por creérselo. Ya veo a ese campesino de aquí a un mes convertido en un impertinente al que tendrás que despachar.
SEÑOR DE RÊNAL
Ya iremos viendo.


SEC. 10. INT. HABITACIÓN DE JULIÁN. CASA DE LOS RÊNAL. NOCHE
A la luz de una vela, Julián lee tumbado sobre la cama.
Deja el libro sobre la mesilla y saca debajo de la almohada un retrato. Lo mira detenidamente: es Napoleón.
Vuelve a dejar el retrato bajo la almohada y apaga la vela de un soplido.


SEC. 11. EXT. JARDÍN DE LOS RÊNAL. AMANECER
Las primeras luces del nuevo día iluminan el jardín. Uno de los criados cuida las plantas.


SEC. 12. INT. COCINA. CASA DE LOS RÊNAL. AMANECER
Mientras la cocinera selecciona sobre la mesa unas hortalizas, Elisa, una joven criada, limpia los muebles. Surge la conversación:
COCINERA
¿Ya has visto al curita? En una semana que lleva aquí lo he visto dos veces... ¡parece invisible!
ELISA
¿Te refieres a Julián?
COCINERA
Claro.
ELISA
No es cura.
COCINERA
Pero es guapo, ¿eh?
Elisa se sonroja.


SEC. 13. INT. SALÓN. CASA DE LOS RÊNAL. DÍA
A la mesa, Julián da a los niños la lección. La señora de Rênal observa con disimulo tras la puerta, medio abierta, a Julián. Pero al apoyarse en la puerta, un ruido pone alerta a Julián: la ha descubierto. Procurando disimular su torpeza, la señora de Rênal entra al salón. Los niños se alegran ante la presencia de su madre. Julián se pone en pie.
JULIÁN
Señora, ¿quiere algo?
La señora de Rênal no puede ocultar una cierta timidez.
SEÑORA DE RÊNAL
Me preguntaba si el pequeño Estanislao-Javier estaría a la altura de sus lecciones. Es tan pequeño.
Dándose por aludido, Estanislao-Javier, el hermano menor, asiente.
JULIÁN
No se preocupe, ya me adapto yo a la altura de cada uno.
Conforme con Julián, pese a parecer dejarse algo por decir, la señora de Rênal sonríe y vuelve sobre sus pasos.
JULIÁN
Señora...
La señora de Rênal se da la vuelta, pero Julián se queda en silencio. La presencia de los niños parece reprimirle. La señora de Rênal y Julián se miran ardientemente durante unos segundos. La vuelta a la normalidad queda marcada cuando la señora de Rênal le da la espalda a Julián y abandona la habitación.


SEC. 14. INT. PASILLOS. CASA DE LOS RÊNAL. DÍA
La señora de Rênal camina por los pasillos. De pronto, se encuentra con Elisa, la criada, que lleva bajo el brazo un cesto de ropa sucia. La señora de Rênal detiene a Elisa amablemente.
SEÑORA DE RÊNAL
Elisa, ¿qué lleva en ese cesto?
ELISA
Es la ropa del señor Sorel, señora. Me la llevo para lavarla. Tiene tan poca.
La señora de Rênal, al oír estas palabras, palidece, conmovida ante la pobreza de Julián.
ELISA
¿Le ocurre algo?
SEÑORA DE RÊNAL
No, no es nada.
Y cada una sigue su camino.


SEC. 15. EXT. JARDÍN DE LOS RÊNAL. DÍA
Elisa sale al jardín. Allí se encuentra con un criado, el cual, violento, la agarra del brazo, tirándole al suelo el cesto con la ropa.
ELISA
¡Suéltame, desgraciado!
CRIADO
Usted ya no quiere hablar conmigo desde que ese mugriento preceptor entró en esta casa.
Julián, desde la ventana del salón, observa (y escucha) la escena.
ELISA
¡Suéltame!
Y el criado la suelta. Elisa coge el cesto de la ropa y sigue camino adelante.


SEC. 16. INT. SALÓN. CASA DE LOS RÊNAL. DÍA
Mientras los niños escriben en sus cuadernos, Julián, destrozado ante tan duras palabras, sigue mirando por la ventana.
Poco después, vuelve su vista a los niños y se acerca.
JULIÁN
¿Alguna duda?
Los niños niegan con la cabeza.


SEC. 17. INT. GABINETE DEL SEÑOR. CASA DE LOS RÊNAL. DÍA
La señora de Rênal habla con su marido. Están sentados frente a frente, y entre ellos se interpone la mesa del señor, llena de carpetas, papeles, mobiliario de oficina.
SEÑORA DE RÊNAL
He pensado que podríamos regalarle al señor Sorel algo de ropa.
SEÑOR DE RÊNAL
¡Tonterías! No tenemos que hacerle ningún regalo. Por ahora, cumple, y muy bien, con su trabajo. Eso tendría algún sentido si se descuidara, mujer.
Sumisa a las palabras de su marido, la señora de Rênal se pone en pie y abandona el gabinete. El señor de Rênal, tan ciego a los sentimientos de su mujer, vuelve a sus papeles.


SEC. 18. INT. PASILLOS. CASA DE LOS RÊNAL. DÍA
Al salir del gabinete de su marido, la señora de Rênal comienza a llorar. En ese instante, aparece por el pasillo Julián, quien la sorprende llorando.
JULIÁN
Señora, ¿le ocurre algo?
SEÑORA DE RÊNAL
No, amigo mío. Traiga a los niños y vamos a pasear.
La señora de Rênal se coge del brazo de Julián y se apoya en él, mientras comienzan a andar.


SEC. 19. EXT. CAMPO. DÍA
Por el campo caminan la señora de Rênal, cogida del brazo de Julián, y los niños, que corren y juegan en la hierba.
En la intimidad del campo, la señora de Rênal y Julián se acerca a un banco de piedra, donde se sientan.
SEÑORA DE RÊNAL
Ya sabrá usted que mi tía de Besançon es muy rica y yo soy su heredera. Tengo la casa llena de regalos suyos. En fin... mis hijos han progresado en estos días mucho con usted y... quisiera rogarle que acepte unos luises para que se compre ropa... pero...
Ruborizada, la señora de Rênal se calla.
JULIÁN
¿Y bien?
Con la cabeza baja, la señora prosigue:
SEÑORA DE RÊNAL
Pero no le diga nada a mi marido.
Indignado, Julián se pone en pie.
JULIÁN
Señora... Su marido es fiel a su palabra. Me paga, y estoy dispuesto a enseñarle mi libro de gastos si es preciso.
La señora de Rênal tiembla ante el repentino cambio de Julián.
SEÑORA DE RÊNAL
Pero...
JULIÁN
No soy su criado, señora. Disculpe.
Y ofendido, Julián se marcha, dejando a la señora de Rênal boquiabierta, sin comprender apenas nada.


SEC. 20. INT. GABINETE DEL SEÑOR. CASA DE LOS RÊNAL. NOCHE
Los señores de Rênal hablan de pie junto a la ventana. El señor de Rênal está muy irritado. Su mujer por el contrario, está serena, aunque algo contrariada.
SEÑOR DE RÊNAL
¿Y te has dejado manejar por un criado?
SEÑORA DE RÊNAL
No es un criado.
SEÑOR DE RÊNAL
¿Y qué es entonces?
SEÑORA DE RÊNAL
Es el preceptor de tus hijos, ¿lo has olvidado?
SEÑOR DE RÊNAL
Muy bien. Es el preceptor de mis hijos, sí, pero también un criado... No lo olvides.


SEC. 21. EXT. BOSQUE. DÍA
Julián se pasea solo por un sendero del bosque mientras lee el breviario.
Pero de pronto, se detiene. Ve como por un camino se acercan corriendo hacia él dos corpulentos jóvenes. Los reconoce: son sus hermanos.
Julián cierra el libro y se marcha a paso ligero, pero ya es tarde: sus hermanos ya lo tienen entre sus manos. Sin mediar palabra alguna, y llenos de envidia ante la situación actual de Julián, le dan una paliza terrible.
Julián yace en el suelo, inconsciente y sangrando.
Más tarde, aparecen paseando por el sendero la señora de Rênal y el señor Valenod.
La señora de Rênal descubre el cuerpo de Julián. Al reconocerlo, su rostro palidece.
SEÑORA DE RÊNAL
Díos mío, ¡Julián!
Y corre hacia Julián. Por el contrario, el señor Valenod se acerca lentamente, nada preocupado por el herido.
La señora de Rênal limpia con un pañuelo el rostro ensangrentado de Julián.
SEÑORA DE RÊNAL
Amigo...
Julián reacciona y abre los ojos, quedando deslumbrado ante la belleza de la señora de Rênal.
JULIÁN
Es usted...
Valenod, lleno de envidia, se agacha junto a la señora de Rênal.
VALENOD
Le han dado una buena paliza.
Julián, al principio, no reconoce a Valenod, y le pregunta a la señora de Rênal:
JULIÁN
¿Quién es?
SEÑORA DE RÊNAL
Es el señor Valenod.
JULIÁN
Ah... sí...
Desesperada, la señora de Rênal se dirige a Valenod.
SEÑORA DE RÊNAL
Tenemos que llevárnoslo ahora mismo.
Valenod, con un rictus maligno, asiente con desgana.
VALENOD
Sí, será lo mejor.


SEC. 22. INT. HABITACIÓN DE JULIÁN. CASA DE LOS RÊNAL. DÍA
Julián se recupera de sus heridas en la cama. Sentada a su lado está la señora de Rênal. Ella, de vez en cuando, le pone la mano en la frente. Los ojos de Julián arden en deseos por la señora.
SEÑORA DE RÊNAL
Sus hermanos son unos malvados, ¡qué poca vergüenza!
JULIÁN
Sí, señora... Ellos me odian.
A la habitación entra la criada, Elisa, con una jarra de agua y un vaso.
ELISA
Señora.
Mientras deja sobre la mesilla la jarra y el vaso, Elisa lanza a Julián una sonrisa que no pasa inadvertida a la señora de Rênal.
ELISA
¿Está mejor el señor Sorel?
Pero Julián ni la mira. Sin duda, Elisa no le agrada.
SEÑORA DE RÊNAL
Elisa, ¿ya has comprado los tomates?
ELISA
A eso iba, señora.
SEÑORA DE RÊNAL
Pues adelante.
Elisa abandona la habitación molesta. La señora de Rênal coge la jarra y llena el vaso de agua. Se lo da a Julián.


SEC. 23. INT. IGLESIA DE VERRIÈRES. DÍA
El cura Chélan pasea por la iglesia con un libro en la mano. De pronto irrumpe una voz conocida:
VOZ DE JULIÁN
¿El señor cura de Chélan?
El cura se vuelve y descubre, emocionado, a Julián.
CURA CHÉLAN
Mi buen alumno Julián Sorel. Ven, ven aquí.
Cada uno va al encuentro del otro.
CURA CHÉLAN
Tengo que darte una noticia que seguro te entusiasmará.
JULIÁN
¿De qué se trata?
CURA CHÉLAN
Elisa, la doncella de los Rênal, vino a confesarse el otro día.
JULIÁN
¿Y bien?
CURA CHÉLAN
Quiere casarse contigo. Enhorabuena.
Frente a la alegría del cura, Julián palideció.
JULIÁN
No, no me interesa.
El cura frunció el ceño.
CURA CHÉLAN
¿No te interesa? Pobre muchacha. Ella te quiere.
Julián mira al suelo y guarda silencio. El cura se acerca a él y lo coge del brazo.
CURA CHÉLAN
¡Ay, Julián! La vocación no lo es todo, y mi experiencia así lo confirma. Soy cura de Verrières... desde hace cincuenta y seis años, cincuenta y seis, Julián, y ahora algo me dice que voy a ser destituido. ¿Así me lo agradecen? Cásate con esa joven y no te hagas ilusiones con el sacerdocio. Nadie nos agradece nada, nadie.
Julián levanta la cabeza.
CURA CHÉLAN
Si algún día llegas al sacerdocio... temblaré por tu alma.
El cura, emocionado, se retira.


SEC. 24. EXT. JARDÍN DE LOS RÊNAL. DÍA
En el jardín, la señora de Rênal y sus hijos corren detrás de las mariposas. Cada uno lleva un atrapa-mariposas. Julián observa sentado en un banco, fijando su atención en la señora.
De pronto, el pequeño Estanislao-Javier caza una y se la lleva a Julián, que tiene sobre sus piernas un cuadro de cartón con mariposas clavadas.
ESTANISLAO-JAVIER
¡Otro lepidóptero!
Le acerca a Julián la red y éste la saca con cuidado, observándola con detenimiento. Mientras Julián la atraviesa con una aguja para clavarla, la señora de Rênal se acerca, hablando a Julián:
SEÑORA DE RÊNAL
Mi marido sale para Verrières esta tarde. Tiene que resolver unos asuntos de la alcaldía. Esta noche vendrá a Vergy mi parienta la señora Derville.
Ya clavada, Julián la enseña en el cartón mientras mira con particular deseo a la señora de Rênal.


SEC. 25. INT. COMEDOR. CASA DE LOS RÊNAL. NOCHE
A la luz de las velas, terminan de cenar la señora de Rênal, sus hijos, la señora Derville y Julián. La conversación es trivial, pero el interés de Julián por la señora Derville es evidente.
SEÑORA DERVILLE
¡Qué locuras!
SEÑORA DE RÊNAL
¡Ay, querida! Aquellos años ya han quedado muy atrás.
SEÑORA DERVILLE (A Julián.)
Y usted, ¿qué opina al respecto?
JULIÁN
La verdad...
SEÑORA DERVILLE
¡Mozart!
JULIÁN
¿Mozart?
SEÑORA DERVILLE
Exacto. Subir a aquella montaña es como escuchar a Mozart. Créame.
Convencido, Julián asiente.
SEÑORA DE RÊNAL
¡Ay, amigos! ¿No les apetece con este calor salir a pasar la velada en el jardín bajo ese hermoso tilo?
SEÑORA DERVILLE
Muy buena idea. ¡Vamos!
Excitados, los niños secundan con sus voces la idea:
NIÑOS
¡Eso, vamos!
SEÑORA DE RÊNAL
No, no, vosotros os vais ahora mismo a la cama.
Adolfo protesta.
ADOLFO
¿Tan pronto?
Julián interviene:
JULIÁN
Señor Adolfo, por favor, no contradiga a su madre.
Los niños obedecen. Y dicho lo cual, todos se levantan de la mesa.
SEÑORA DERVILLE
Qué niños tan obedientes...


¿Continuará?

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