7 de marzo de 2008

DOS SONETOS


A LA LECTURA


Avanzo todas las noches, hundido
Entre líneas que ni el fuego traspasa,
Removiendo en tanto el polvo que amasa
La quietud de un espacio no vivido.

Queda en los libros un lerdo quejido,
Mas en su silencio todo fracasa,
Ilegible en cuanto mi mano pasa
Página a página, un sentir cosido.

Es el mundo que nos niega lo oscuro,
No estas palabras por las que torturo
Lo risible, de ver la nada viva.

Pues cierto es que mucho se dejó escrito,
Mas poco sobrevivió al manuscrito,
Triste pedazo, de memoria esquiva.



A LA ESCRITURA


Nada me asusta a través de la pluma.
En la lejana verdad de las cosas,

Nueva la desnudez, abro sus fosas
Dando por resuelta una cruda suma.

Todo secreto solloza en la bruma
Esperando ver abrirse las losas
Para acoger en su seno dos rosas
Que desmientan esta niebla que ahuma.

Está en el estudio la forma última
Y en el matiz de ésta, nuestro porvenir
Ya sean de luz las noches, negros los días.

Y puesto que la lección es íntima,
De todo goce responde el devenir:
Un miedo suave, por estas manos mías.

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