29 de enero de 2016

RESEÑA. "El milagro del cojo de Calanda. La génesis de un mito" (2015), de Ángel Briongos y Antonio Gascón

·

"Es basura, buena para un público de cerdos"
(LUDWIG VAN BEETHOVEN, a propósito de la excelente acogida entre el público de su Cuarteto de cuerda No. 4, Op. 18 nº 4; sentencia que bien podríamos aplicar, salvando la infinita distancia, al infecto libro en cuestión).



- ¿Dos historiadores? 
- No, dos pícaros amigos del éxito fácil.

[Foto: Efe]


El pasado 9 de noviembre de 2015, en la sala de conferencias de la zaragozana Biblioteca de Aragón, tuvo lugar un acto -primero de una serie de ídem- con tintes marcadamente politizados: la presentación de un libro titulado El milagro del cojo de Calanda. La génesis de un mito, cuya doble autoría es competencia de los señores Ángel Briongos y Antonio Gascón. Este grueso libro, de más de setecientas páginas, era presentado al auditorio cual “ensayo de investigación”. Como para legitimar la veracidad de sus presupuestos, los autores alegaban en su confección “diez años de investigación”. Pero lo más sorprendente del asunto no era tanto el objeto de estudio (abordado por cientos de firmas), como el nuevo enfoque negativo con el que éste iba a ser revisitado, en cuanto que el objetivo de este trabajo (como ya habrán adivinado ustedes) no es otro que el de “reescribir” la historia de los hechos, ya que, tal y como llegaría a decir uno de los preclaros autores de la obra, “más que del cojo de Calanda tendríamos que hablar del ‘pícaro’ de Calanda”. ¡Nada menos!

            Mas vayamos al “corazón de la cebolla” (y nunca mejor dicho): las tesis principales que postulan Briongos y Gascón (nada novedosas, en tanto son común divisa entre los detractores del Milagro, encocorados por las evidencias) son las siguientes: 

1) el Milagro fue una “farsa” (sic), impulsada por el “pícaro” Miguel Pellicer y el vicario de Calanda, que en ese momento “estaba siendo investigado por la Inquisición”; 

2) los más de 200 testigos del hecho extraordinario no pasaban de ser una turba de analfabetos, ignorantes y comprados sin escrúpulos -vamos, la gente que según estos iluminados debía predominar por la Calanda de entonces-; y 

3) lo que impulsó la “construcción” del Milagro no fue más que un vulgar cruce de intereses (“la lucha del clero como telón de fondo”), que llevó a los investigadores históricos a que las fuentes eclesiales fueran “interesadamente mal leídas”. 

¡Cuánta originalidad! Y para llegar a estas conclusiones dignas de un folletín por entregas de la peor estofa, los artífices del embolado necesitan de 735 interminables páginas, a través de un texto por momentos ilegible, mera retahíla de plagios inconfesados y manipulaciones dignas no de un historiador riguroso, sino de un “pícaro” del negocio de los estudios seudo-históricos. Pura antítesis, en definitiva, de ese excelente y rigurosísimo profesional -al que de forma malévola se cuestiona en el libro- que fue el difunto D. Tomás Domingo, quien con su monumental obra postrera El Milagro de Calanda y sus fuentes históricas (2006), producto de toda una vida dedicada a la investigación más seria, verificó lo que todos ya deberíamos saber y aceptar de buen grado: la irrefutable autenticidad del Milagro de Calanda.   

            Le guste o no, el tándem Briongos-Gascón ha sucumbido a la moda hoy imperante en la España oficial-institucional: su libro participa de la corriente que bien podríamos denominar odium Dei. Supone por tanto un libelo más contra el cristianismo en general (pues de cristianofobia se trata) y el catolicismo en particular, amén de un ataque intolerable a la persona de Miguel Pellicer, y por extensión a la villa de Calanda y a su Patrona, la Virgen del Pilar, amén de una ofensa sin precedentes a los calandinos de entonces -¡gentes honorabilísimas y de inquebrantable fe!- que son despachados en el libro cual simples patanes o meros embusteros (!).

            Todo el sectario discurso de Briongos y Gascón, en esencia, no apunta sino hacia la construcción de un RELATO antitético del original, una inversión negativa, sucia y sórdida, de los sucesos que realmente ocurrieron, y que los referidos cacógrafos niegan desde el comienzo, en tanto su “investigación” asume per se la falsedad del Milagro. Para ello (para la construcción de este nuevo Relato, decimos), la esclarecida pareja se escuda (con bastante astucia, por cierto) en una dilatadísima serie de documentos removidos artificiosamente y a menudo sacados de contexto (eso sí, cuando la cosa les facilita ir por su tenebrosa senda); es decir: ante la pétrea solidez del Hecho Extraordinario, el descreído dúo no ofrece a cambio sino papel y más papel.

            Pero lo más significativo del asunto es la torpeza expositiva del discurso que vehiculan, puesto que se diría se creen en todo momento historiadores auténticos, cuando lo que practican no es sino especulación seudo-histórica de muy bajo voltaje (precedentes tienen, alguno tan mediático como el escéptico Brian Dunning, quien ya intentó “desmontar” en su día al Milagro, fracasando en el empeño). ¡Nada nuevo bajo el sol! Pues la Historia, la genuina Historia que habla a través de las piedras y los documentos legítimos, es disciplina que nada tiene que ver con la Exégesis de tendencia, con la Historia Relatada por las coyunturas, que a diferencia de la Matemática no es ciencia exacta, sino precario ejercicio de simulación en el que cada autor o escuela, con mayor o menor talento, pretende fijar sobre letras impresas una verdad que nunca podrá rubricarse como tal; ya que cada escuela aboga por un método, y cada historiador cede ante la coyuntura que lo constriñe (aunque aquí, por descontado, no haya ni historiadores auténticos ni método propiamente dicho). La Historia Relatada, al fin y al cabo, es la demostración temeraria de la soberbia del hombre, impotente e indefenso ante la incognoscible Totalidad. ¿Qué decir pues de un trabajo tan malintencionado como el que aquí nos lleva? ¿No es acaso producto lógico de una época como la nuestra, que repele sistemáticamente cuando de la Tradición procede, y que funda sus ansías presuntamente racionalistas sobre las bases del relativismo, la ideología de género (esa enemiga declarada de la Santísima Virgen María) y el laicismo? ¿Qué esperar pues de un discurso prefabricado que remueve y manipula a placer fuentes primarias y secundarias para llevar a su terreno una serie de hipótesis tan peregrinas como henchidas de mala fe?        
    
            Nos encontramos en definitiva ante un agravio “de guante blanco” acometido por dos sensacionalistas de biblioteca, amigos del éxito fácil (y de ese poderoso señor llamado “Don Dinero”). Y qué mejor cantera para la consecución de su propósito crematístico que atacar a la Iglesia Católica y a la Tradición, blancos perpetuos de tantos resentidos sin causa y apóstatas modernos, ebrios de ilustración francesa y materialismo marxista de andar en chinelas. Además de condenar tan monstruoso engendro de libro, nosotros, por nuestra parte, cerraremos esta reseña con una máxima de la sublime Doctora de España, Santa Teresa de Jesús: “La verdad padece, pero no perece”. 

Zaragoza - Calanda, 6-8 de enero de 2016


Véase:

El Milagro de Calanda (Apunte) - Escritos de José Antonio ...


 ·

19 de enero de 2016

EN LA MISIÓN. Homenaje a José Arbiol Sanz en el 25 aniversario de su muerte (1991-2016)

·

"EN LA MISIÓN.
Homenaje a José Arbiol Sanz en el 25 aniversario de su muerte"
Pluma libre y desigual, nº 115
 Zaragoza, 2015 - ISSN: 1136-422X.
·

15 de diciembre de 2015

RESEÑA. "El demonio del mediodía. La acedia, el oscuro mal de nuestro tiempo" (2013), de Jean-Charles Nault

·

Ed. BAC (2014), Estudios y ensayos (EE0167)
ISBN: 978-84-220-1756-1


La acedia: he aquí el concepto medular sobre el que se despliega este breve y brillante ensayo de investigación. Ensayo cuyo discurso en torno al concepto inmediatamente referido merece la más seria consideración, puesto que en nuestros días ha pasado a perder cualesquiera significación: la acedia, por así decir, no cuenta ya como problema espiritual en la existencia del cristiano (y ni siquiera figura como mero concepto en el grueso de los diccionarios manuales más completos).

Dom Jean-Charles Nault (1970), padre abad de Saint-Wandrille desde 2009, es el autor del opúsculo, ejemplar destilación y resumen de su tesis doctoral, La Saveur de Dieu (2005), que le hizo acreedor en su día del Premio Henri de Lubac.

Nault, prosista sin estro artístico perceptible (a juzgar al menos por la dinámica traducción de Julián Presa Prieto), no pretende en este ensayo sino poner en claro al lector no iniciado la realidad de un mal del que casi nadie nada sabe: ese mal demoníaco es la acedia, que como el título reza guarda una inequívoca relación con el llamado "demonio del mediodía", en tanto hace su aparición en las horas más intensas y luminosas del día (frente al lugar común que suele vincular los demonios con la noche). La acedia es ante todo un estado del espíritu, que si de ordinario se suele vincular con la pereza, el hastío, la apatía, el desánimo, la desesperanza, excede con mucho estos conceptos para abismarse de lleno en los más quebradizos terrenos metafísicos; en palabras del autor:

"La acedia está en el origen de la desesperación de nuestros contemporáneos, que consideran que sería mejor no existir: en verdad, ella es ese pecado contra el Espíritu Santo, por el que nos negamos a acoger el Amor y el perdón" (p. 80).

La acedia, pues, permanece activa: el gran grueso de la modernidad vive inmersa bajo los devastadores efectos de su brutal tiranía: la epidemia nihilista que asola Occidente, el relativismo consiguiente, el ateísmo bruto que todo lo pudre y anula, es la más evidente muestra del actual vigor del que ésta goza.

Nault, consciente de la dimensión histórica del problema, no olvida desarrollar en su libro una notable historia del concepto (y su consiguiente evolución a través de los tiempos); de los cuatro capítulos y la conclusión que conforman el contenido de éste, el autor dedica los dos primeros a presentar la historia de la acedia (akèdia) en el pensamiento de diversos autores; así, el primer capítulo se centra en la figura de Evagrio Póntico (y los Padres del desierto), mientras que el segundo hace lo propio con Santo Tomás de Aquino. Los dos capítulos finales no harán sino trasladar la realidad de dicho concepto al mundo actual, articulando el discurso desde presupuestos más prácticos.

Por lo demás, la obra es combativa: denuncia los errores en que incurrimos al tiempo que apunta remedios para aplacarlos. Su otro gran mérito estriba en haber devuelto a la olvidada acedia la actualidad que sin duda merece.


·

11 de diciembre de 2015

CINÉMA BIS. Joe D'Amato (1936-1999)

·


Realizador cinematográfico italiano, de nombre real Aristide Massaccesi. Fue el más prolífico destajista del cine italiano en el último cuarto del siglo XX, con alrededor de doscientos filmes como director en su haber; desempeñó asimismo cometidos de director de fotografía, guionista, montador, asistente de dirección y actor. La calidad cinematográfica fue ajena a sus intereses: indiferente al menor atisbo de puesta en escena, de posibilidad de estilo o de mera tentativa de factura industrial, D'Amato involucionó de un academicismo rutinario a las más profundas simas de abyección creativa, atrapado en sus últimos años en subproductos pornográficos destinados al vídeo. No obstante, una serie de singularidades, de aspectos insólitos y contraculturales, reivindican su figura entre algunos sectores de cinéfilos. 

Debuta como director en 1972. Su primera película destacable es La muerte sonríe al asesino (1973), dominada por la magnética presencia del gran actor Klaus Kinski. No obstante, tras este trabajo que apuntaba algunas maneras, D'Amato se hunde rápidamente en el cine de explotación más burdo. La flauta del éxito comercial le sonará con Emanuelle negra se va al Oriente (1976): se trata de la segunda entrega de una nueva serie en clave racial obviamente deudora de la execrable y germinal Emmanuelle de Jaeckin: la Emanuelle negra interpretada por Laura Gemser. Alentado por la buena acogida del filme, D'Amato volverá a la carga con un puñado de nuevas entregas sobre el personaje privadas del menor interés, con la excepción, quizá, de Emanuelle y los últimos caníbales (1977), imposible mixtura de erotismo y canibalismo, perpetrada con especial oportunismo tras el auge del subgénero "cine de caníbales". Su ritmo de trabajo se recrudece: en 1980 dirige nueve filmes. En consecuencia, la calidad de su cine sigue descendiendo. Y, contra todo pronóstico, la condición de "autor de culto" comienza a irrumpir entre los consumidores del vídeo: tras la sala de cine, sus películas parecen gozar de una "segunda vida" en los estantes del videoclub, auténticos balones de oxígeno del celuloide barato durante la década de 1980. Aunque suele firmar sus películas con seudónimos dispares, David Hills, Alexander Boroscky, James Burke, su no-estilo ya aparece plenamente codificado: realice un filme erótico del calibre de Calígula 3 o una seudo-fantasía heroica como Ator el poderoso (1982), el sello D'Amato persiste impasible: una absoluta incoherencia interna, un paupérrimo no-sentido del espacio fílmico, una perpetua sumisión a los golpes de efecto, sin mayor consistencia. Al igual que Lucio Fulci en sus inextricables filmes terroríficos rodados entre 1980 y 1982 (por lo demás los más valorados de su filmografía), la obra de Joe D'Amato gana en adeptos conforme sus resultados, en un sentido normativo, son cada vez más contrarios a la mera razón. 

La década de 1990, en fin, supone la apoteosis de todos estos tics: va abandonando poco a poco el cine hasta instalarse en el vídeo, lo que le permite acoplarse a unas condiciones bien peculiares de trabajo: rodajes relámpago, presupuestos mínimos, absoluto desprecio de las reglas escolares del cine; pasión, en definitiva, por filmar, por practicar un voyerismo narcotizador y turbio, meramente respaldado por el pretexto industrial. De aquí a su prematura muerte, la existencia de Joe D'Amato se limitará a grabar plano tras plano, película tras película: en 1996, 23 filmes; en 1997, 26; en 1998, 22. 


En Epdlp:

Joe D'Amato


·

24 de noviembre de 2015

CARTA ABIERTA al autodenominado "artista" Abel Azcona, sacrílego profanador del Cuerpo de Cristo y parásito del "arte" oficialista español (anti-español)

·


Cortesía de www.youtube.com



Sr. Abel Azcona (lo de Sr. es un decir, léalo como SeRpiente):

Cuando un católico topa con un reptil de su pelaje (con perdón de los reptiles), lo mejor que puede (y debería) hacer, es detener el paso, santiguarse y proclamar a voz en grito: ¡VIVA CRISTO REY! 

Abel Azcona, usted no es un artista: usted es NADA. No gaste pues tanta saliva en hacerse llamar "artista": lo que usted supone, lisa y llanamente, es una infecta y apestosa excrecencia más de la España progre, izquierdista y proetarra; la España laicista y atea de Rodríguez Zapatero y sus secuaces; la España de la ideología de género y el movimiento animalista; la España de la cristianofobia institucionalizada, enemiga de Cristo y de la Santa Iglesia Católica; la España pútrida y satánica que hoy sufrimos, mixtura de mierda y retórica babosa, de la que usted, triste larva, no es sino pieza blanda e intercambiable.

Al desagraviar a Jesús Sacramentado, al injuriarnos con tamaño acto de vileza a nosotros, los católicos, usted (flanqueado por el impresentable Ayuntamiento de Pamplona) ha incurrido en un delito reiterado de profanación y un delito contra los sentimientos religiosos. Las consecuencias de su acción criminal, téngalo bien presente, no quedarán impunes (sí acaso queden libres de aplicación penal aquí en esta vida terrena y miserable, mas no así en la Otra, en la que usted sin duda no debe creer, pero de la que no podrá escapar).

Sepa, Abel Azcona, que su presunta "originalidad" como "artista" no es tal. Agotadas las tentativas del arte conceptual más burdo, el advenimiento del "todo vale", del relativismo en una palabra, ha terminado por sumir su seudo-discurso (como el de tantos otros fatuos pintamonas y mamarrachos del mal llamado arte posmoderno) en una cháchara insignificante y abyecta, de la que el primero en envilecerse es usted mismo. 

Usted no crea, meramente empuerca con su presencia un mundo ya de por sí muy puerco. 

Lo que usted necesita, al fin y al cabo, es una buena serie de exorcismos. Satanás está dentro de usted, ¿le resulta divertido, eh? El Maligno goza haciendo el Mal. Los malvados se regodean en el mal, pues participan de éste; usted sólo es su vulgar instrumento. Siga pues sirviendo a su señor. Pero sepa que tiene todas las de perder, y que este ultraje, más pronto que tarde, será desagraviado. Rezaremos por usted.
   
24 de noviembre de 2015




Firmas:

DENUNCIA ANTE LA FISCALÍA EL MAYOR 
ATAQUE CONTRA LOS CATÓLICOS
·

17 de noviembre de 2015

RESEÑA. "Hay un camino a la derecha" (2015), de Santiago Abascal & Kiko Méndez-Monasterio







En un subgénero tan efímero y poco estimulante como es el de los "libros de político", la aparición de este Hay un camino a la derecha merece cierta consideración. Si de algo carece la política española (al menos entre sus oligarcas y cabezas de lista), es de figuras carismáticas, capaces de articular (con las ideas) y defender (con los hechos) un ideario consistente y, ya de paso, llevarlo a cabo (no sólo con las "gestas" futuras, sino con el prosaico ejemplo del día a día). Abascal, hombre íntegro (por ahora y suponemos que por siempre), parece estar llamado a ser el político que llene este vacío humano.

Si la política española de nuestros días es un pozo sin fondo de corrupción y envilecimiento, si los sofistas y demagogos han pasado a ocupar el lugar de los verdaderos teóricos y los políticos, no deberíamos buscar las causas de este viraje en la mediocridad humana de nuestros líderes, sino en ese fracaso comprobado que ha supuesto la democracia española en sus cuatro décadas de recorrido; pero no, no prolongaremos este argumento abordado ad nauseam. El malestar de los españoles ante la mera realidad de su existencia, ese cabreo reprimido sustentado en la falta de valores firmes, en el auge de un relativismo de bazar indiscriminado, en el catastrófico influjo de la ideología de género a través de las instituciones, en una sarta de inconvenientes y despropósitos que no pretendemos aquí enumerar, han terminado por hacer de la vida del grueso de los españoles un espantoso tránsito material entre su existencia terrena (insegura, precaria e irreligiosa) y su muerte inminente o futura (fijada por la estadística de pasado mañana). En mitad de este panorama tan poco apetecible, la voz de un discurso político consecuente está ausente. Y los poderes fácticos no están por la labor de que dicha voz se deje oír en la vida española. 

Hay un camino a la derecha asume la forma de una conversación entre gente civilizada, sin complejos: de una parte y como hábil "preguntador", Kiko Méndez-Monasterio; y de la otra, Santiago Abascal, presidente del partido Vox y ex-militante del PP. Como no podía ser de otro modo, el enfoque es positivo y electoralista. Pero, ¡ojo!, también sensato. Abascal, que como pensador político carece de originalidad (ni falta le hace), acusa empero una honradez (su biografía es ejemplar a este respecto) y un sentido común (en el discurso) insólitos en un político español de nuestros días. A diferencia de muchos estómagos agradecidos, Abascal no vende humo al hipotético votante de su partido, sino posibilidades bien razonables en un contexto que se ha tornado insensato e irracional.

El punto de partida del libro es simple: ¿dónde está la derecha en España? ¿Qué ha sido de ella? Abascal, sustentado en los hechos y el sentido común, es claro: la derecha no goza (en 2015) de representación en la Cámara Baja. Y la razón de ello es que el supuesto gran representante de ésta, es decir el PP, ha dejado de ser un partido de derechas (pp. 55-56): 

¿El PP es hoy un partido de izquierdas?

Indudablemente. Pero da igual, para mucha gente no es creíble esta afirmación. Hagamos la pregunta al revés. ¿Cuánto de derechas, conservador, liberal y nacional es el PP? ¿Cuánto si no defiende la unidad nacional y la aplicación de la Constitución en Cataluña? ¿Cuánto si dejan intacta la legislación abortista de los socialistas? ¿Cuánto si su ministro de Hacienda sube impuestos por encima de los deseos -expresados electoralmente- de los comunistas de IU? ¿Cuánto si no persigue (la) ilegalización de Bildu? ¿Cuánto si acepta la nociva y antipatriótica Ley de Memoria Histórica que consagra por ley la idea maniquea de derecha mala e izquierda buena? ¿Cuánto? Nada. Cero. El PP de Rajoy es la nada, es ideológicamente amorfo. En eso no se distingue de Ciudadanos, por ejemplo. 

La abdicación del PP con respecto a su ideario primitivo es uno de esos fenómenos que Abascal, con implacable precisión, confirma al lector no esclarecido. Ese desplazamiento hacia la izquierda, en cualquier caso, afecta a todas las formaciones políticas españolas. El PP de hoy, por así decir, ha pasado a ocupar en el mapa ideológico el lugar antaño ocupado por el PSOE. Éste, a su vez, se ha radicalizado, aproximándose a las posiciones de IU. La estruendosa irrupción de una formación antisistema como Podemos ilustra este recrudecimiento de la izquierda radical. Ubicado el PP en un anodino centro-izquierda del mapa ideológico español, la derecha por así decir queda huérfana y/o ausente, sin representación. En consecuencia, no hay derecha, en tanto que no hay nada con representación a la derecha del PP, que ya no es "la derecha".

Vox, "la (genuina) derecha", vendría pues a llenar este vacío. Y Hay un camino a la derecha, libro ameno y sin irritantes incoherencias, no aspira sino a ponernos en claro las claves de este proyecto que merece todo nuestro apoyo. Les deseamos la suerte que sin duda se merecen, léase lograr algunos escaños en las próximas Elecciones generales para así, y desde sus futuros sillones en la Cámara Baja, dar voz a los españoles sin voz.
·